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¿Dónde están los desaparecidos?

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Nora Cortiñas presentó un hábeas corpus para que el Estado responda una pregunta antigua, sencilla y que todavía nadie ha amagado con responderle: “¿Qué pasó con mi hijo?”. Por qué lo hace ahora, la emoción en el juzgado y algunas ideas sobre los archivos nunca divulgados. Monopolios, gobierno y otras sorpresas.

“Quiero que me digan qué pasó con mi hijo Gustavo. Recurro al hábeas corpus como lo hice desde el mismo día en que se lo llevaron. Pero pasaron 35 años y hasta hoy no tuve respuesta. La diferencia es que hay un gobierno que sirve a los derechos humanos, con los juicios por ejemplo, y me parece un momento oportuno para presentarlo” dice Nora Morales de Cortiñas en el hall de Tribunales. A los 82 años sostiene que es “mínima, vital y móvil”. Va del brazo con Josefa “Pepa” Noia (92, también integrante de Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora), que ha firmado junto con ella el pedido que debería obligar a las autoridades a decir dónde está una persona detenida, aunque se sabe que lo que hizo el Estado fue secuestrar y desaparecer personas como parte de un plan sistemático.
Por eso una de las más antiguas consignas de las movilizaciones por derechos humanos fue: “Los desaparecidos, que digan donde están”. En el escrito el planteo es similar: “tengo el derecho absoluto e imprescriptible a conocer la verdad sobre la suerte y paradero de mi hijo Gustavo y, como consecuencia, tengo derecho a que las autoridades me proporcionen la información sobre su paradero”. La presentación coincidió con dos símbolos: lleva fecha del 10 de diciembre, Día Internacional de los Derechos Humanos, en el que además Nora fue nombrada Doctora Honoris Causa de la Facultad de Ciencias Económicas.
 

“Nosotros no torturamos”

El hábeas corpus resulta una interpelación al Estado, que como tal hizo desaparecer a miles de personas en tiempos de la dictadura, sin que se sepa muchas veces qué ocurrió en cada caso. Los militares y policías siguen guardando secreto sobre los archivos que, se estima, reúnen esa información: “Claro, nosotros no torturamos a los militares para que hablen. Depende de ellos. Y no hablan porque es parte de su culpabilidad y la demostración del crimen que cometieron”.
Nora agrega: “Lo mío es una pregunta sencilla y de madre. No tiene ninguna otra intención que saber dónde está mi hijo”.
Otro dato: “En otros gobiernos no hubiera hecho esto porque no tenía confianza. Ahora tengo confianza en que vamos a dar un paso importante. No es contra nadie sino a favor de que se sepa qué pasó”.

¿Existen archivos?

Ana Careaga acompañó a Nora a Tribunales. Ana fue secuestrada de adolescente, lo que llevó a su madre, Esther Careaga, a sumarse al grupo fundador de Madres de Plaza de Mayo. Esther pudo recuperar a Ana, pero siguió en Madres “hasta que encontremos a todos nuestros hijos”. La propia Esther fue desaparecida en el operativo en la Iglesia de la Santa Cruz –diciembre de 1977-, junto a Mary Bianco y Azucena Villaflor de Devincenti. Ana militó siempre en el movimiento por los derechos humanos, y dirigió estos últimos años el Instituto Espacio para la Memoria.
Dice sobre el tema de los archivos: “La desaparición forzada de personas fue el corazón del plan represivo, que perseguía generar terror en la sociedad para desarticular todo lazo solidario y crear las condiciones para implementar un modelo económico neoliberal. Pero esas fuerzas de seguridad en las que, como ellos mismos dicen, todos pusieron el dedito (la huella digital), no dan información, es un pacto de silencio que se perpetúa y es proporcional a la magnitud que tuvo la desaparición de personas. En los juicios me impactó el alegato de los fiscales Alejandro Alagia y Gabreila Sosti en el caso del Batallón 601 de inteligencia porque se explicó que allí se centralizaba la información, se abría un expediente o ficha de cada persona y todo en algún momento se microfilmó. Algo parecido pasó en la ESMA. Por eso creo que se puede investigar. No es lo mismo que las Madres y los actores sociales sostengan esa posibilidad, a que lo hagan los poderes actuales del Estado”.

Adolfo Mango y Ana Careaga acompañan a Nora Cortiñas

Justicia y monopolios

Además de Pepa Noia firmaron el hábeas corpus Mirta Baravalle (Madre Línea Fundadora) y Adolfo Pérez Esquivel (Premio Nobel de la Paz). Sus abogados son Verónica Heredia y Eduardo Soares.
Dice Nora sobre el tema de los archivos militares. “Hubo pruebas de que existen, y algunos se pudieron conocer. El tema es que se necesita una decisión política de que se presenten y se abran”. Esa decisión es del Poder Ejecutivo, que comanda las Fuerzas Armadas a través de la Presidente de la Nación. “Creo que si este pedido llega a la Presidente podremos saber dónde está Gustavo. Los juicios están caminando, pero no se aclara la situación y lo que ocurrió con los desaparecidos”.
En el hall de Comodoro Py el único medio presente fue lavaca, hasta que se acercó un movilero de TN. ¿Qué declaró Nora a dicho canal? “Le dije que queremos una justicia equitativa, aunque parezca una obviedad, y ética, le dije también que queremos que la Ley de Medios se instale definitivamente para que haya libertad y que no queremos que haya monopolios de ningún orden, ni de Clarín ni de los otros”.

El DNI y la lágrima

Por el sorteo judicial, hubo que ir desde Comodoro Py hasta el palacio de Tribunales en la calle Talcahuano. Por esas carambolas del destino, Nora presentó el hábeas corpus en el Juzgado de Instrucción n° 12 acompañada por el periodista de lavaca, ante el juez Ricardo Warley y la secretaria Miriam Halata.
El trato fue muy correcto, pero para Nora fue más que eso. “Nos trataron excelentemente. Estoy feliz” decía, en lo que quizás sea un reflejo de lo que era presentar hábeas corpus en tiempos de la dictadura. “Esos ni te dirigían la palabra, te hacían hacer cola, te maltrataban. Aquí nos podemos sentar y explicar” decía Nora, mientras la doctora Halata contestaba: “Es lo que corresponde”.
Le consultó por qué estaba presentando el hábeas corpus. “Es que sigo sin saber qué le pasó a mi hijo. Y yo quisiera que él, de algún modo…” La emoción hizo callar a Nora, que me miró con los ojos inundados haciendo un gesto con su mano, tipo “no puedo”. Hubo unos segundos de silencio. Nora se repuso: “Quisiera que él sepa que siempre lo buscamos”.
Luego Verónica Heredia daría esta explicación a tanta emoción: “Nunca vi llorar a Nora, pero creo que ella siempre puso delante lo colectivo, y ahora está con algo que es específico de Gustavo”. Cuando la secretaria Halata estaba sacando unas fotocopias Nora me dijo: “Nunca pensé que me iba a pasar esto en un juzgado. Yo ni siquiera sabía si nos iban a recibir. Mirá cómo son las cosas”. Hay cosas que no se piensan. Se sienten.
La doctora Halata quedó asombrada por el DNI de Nora: 0.019.538. Nora sonrió: “¿Viste? Fui de las primeras en la cola para sacarlo”.

Lo que contó Víctor Heredia

Acompañó también a Nora Adolfo Mango, del equipo de Derechos Humanos de la Iglesia de la Santa Cruz (donde desaparecieron tres Madres y dos monjas francesas tras un trabajo de infiltración realizado por Alfredo Astiz).
Adolfo: “Yo hubiera hecho lo mismo que Nora. No dejaría de buscar hasta el último momento de mi vida. La justicia se está abriendo a escuchar la inquietud del pueblo. Hubo gente que no estaba enterada, o no se animaba, y que con los años empieza a contar. El otro día vino a Santa Cruz Víctor Heredia y contó que después de tantos años apareció un testigo que vio dónde había estado secuestrada su hermana, y por eso también él iba a presentar un hábeas corpus”.

Lo que se traga la tierra

Ana Careaga: “La presentación que hizo Nora es algo que está madurando desde hace tiempo. Estuvo muy con movida y emocionada. Ella me decía que durante años se presentaron muchos hábeas corpus que caían como en un agujero negro, en medio de esa incertidumbre, como si se los hubiera tragado la tierra. Y lo quiso hacer ahora porque esta temática tiene otro lugar, otro espacio, y entonces apela a la sensibilidad oficial que hay sobre ese tema para volver a pedir una respuesta sobre el paradero de su hijo. Es un puente con su propia historia”.
En una de las esperas en los oscuros pasillos del palacio de Tribunales, Nora repasaba algunos no y algunos sí que luego plantearía al recibir el Doctorado Honoris Causa de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA: “No a la Ley Antiterrorista. No a Clarín ni a ningúntipo de monopolio. No a la megaminería a cielo abierto. No al glifosato, no a Monsanto. No a la discriminación a los pueblos indígenas. No al pago de la deuda externa inmoral, impagable y odiosa. Sí a la Justicia. Sí a la verdad. sí a la memoria.Sí al apoyo a los juicios hasta que se condene al último genocida. Sí a la recuperación de la identidad para todos los jóvenes que fueron niños apropiadospor el terrorismo de Estado. Sí a la reivindicación de la lucha de nuestras hijas, hijos, y del pueblo”.
Gustavo Cortiñas estaba casado, tenía un hijo pequeño. Militó en Juventud Peronista en la Villa 31 junto al padre Carlos Mugica. Cuando el sacerdote fue asesinado por la Triple A (1974), Gustavo pasó a trabajar socialmente en villas de Morón. Tenía 24 años cuando desapareció, el 15 de abril de 1977 a las 8.45, en la estación Castelar del Ferrocarril Sarmiento. Iba a su empleo en el INDEC, al que nunca llegó.

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Gráfica Patricios cumple 19: La rebelión de las máquinas

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Se los consideró usurpadores, delincuentes y otras adjetivaciones que la justicia no suele utilizar con los empresarios que vacían empresas y fugan capitales. Pero los trabajadores de Gráfica Patricios, imprenta de Barracas, lo lograron: hace 19 años ocuparon la planta que finalmente lograron recuperar formalmente, en la que funciona no solo la cooperativa de impresión, sino una escuela de artes gráficas y de reinserción de adolescentes que abandonaron sus estudios, un centro de salud y una radio comunitaria. Este jueves 19 lo celebran con un acto abierto a otras cooperativas y movimientos , y al barrio.

Plantean que ya no es solo la gráfica, sino un Mundo Patricios.

Como un homenaje, reproducimos aquí La rebelión de las máquinas, trabajo realizado por lavaca.org en 2003, cuando tomaban el establecimiento meses antes de la recuperación, y publicado luego en el libro Sin Patrón-Fábricas y empresas recuperadas en la Argentina (que tuvo tres ediciones en castellano y fue traducido y publicado además en inglés, portugués, italiano y alemán). Este artículo es anterior incluso a la revista MU que desde su salida a la calle, hace 15 años, se imprime en ese Mundo Patricios.

Esta es parte de la historia de la toma, desde adentro. Y un símbolo que -como siempre- invita a pensar y actuar con relación a muchos problemas del presente. Un retrato de la Argentina del siglo XXI: de sus miserias, sus locuras y racionalidades, y de lo que las personas son capaces de crear pese a todo.

La rebelión de las máquinas

por Sergio Ciancaglini

PRIMERA PARTE

Julio del 2003. Las paredes del edificio verde que ocupa media manzana en la Avenida Patricios al 1900, Barracas, Buenos Aires, podrían ser calificadas como murales informativos. Allí hay todo un tratado que detalla con pocas palabras la situación de los Talleres Gráficos Conforti. En letras blancas mayúsculas se relata:

* Trabajadores de Conforti por la fuente de trabajo. Nos deben más de un año de salarios. ¡¡No al vaciamiento!!
* Justicia para los trabajadores ¡¡Solución ya!!
* Más de 3 meses de lucha.
* Raúl Gonzalo, delincuente, pagá.
* No al vaciamiento de empresas.
* No al desalojo.

Aparece además una propuesta que, de acuerdo al efecto que provocan estas situaciones, resulta un dechado de precisión y armonía:

* Gonzalo, ladrón hijo de puta, pagá lo que debés.

Esta oración está desactualizada en su último tramo. Hoy los trabajadores de Conforti mantienen la primera parte del postulado, pero no parecen querer siquiera que les paguen lo que les deben.
Ahora exigen la expropiación definitiva de la empresa, para que se cumpla la ley y para hacer honor y poner en práctica las dos palabras más profundas pintadas allí, en blanco sobre verde:

* Queremos trabajar.

Barracas es uno de los barrios más originales de Buenos Aires, con sus manzanas en desnivel con respecto a la calle para no sucumbir a las inundaciones. Conforti está a media cuadra del Riachuelo. Las persianas bajas parecen los ojos cerrados de una empresa que está en coma, víctima de una inundación de otra clase y de uno de esos casos de corrupción empresaria tan emblemáticos de la llamada dirigencia nacional (si es que esas dos palabras conservan algún sentido).

Matar el tiempo

Una de las ediciones de Sin Patrón, con el prólogo de Naomi Klein y Avi Lewis, que incluye «La rebelión de las máquinas».

La reunión con los obreros de la Cooperativa Patricios es en un taller silencioso, oscuro, quieto, la mayor tristeza para cualquier gráfico o cualquier periodista.
En Terminator 3 se retoma una idea clásica de la ciencia ficción: la rebelión de las máquinas como un anuncio de la catástrofe humana. En la Argentina la catástrofe ya ocurrió, y la rebelión de las máquinas es, en todo caso, la que permitiría que fábricas y talleres como Conforti vuelvan a funcionar. Se trata de otro guión: las máquinas y los hombres aquí son aliados.
En el taller, las máquinas están en silencio, con sus ojos apagados. Los trabajadores estaban jugando a las cartas. En el fondo el juego es siempre el mismo: se trata de ir matando el tiempo, para evitar que el tiempo los mate a ellos.
Pero hay algo que se sobrepone al silencio: calculan que en unos 20 días esta situación puede cambiar definitivamente hacia un ambiente más ruidoso. Ellos, y las máquinas, recuperando su capacidad de trabajar.

La historia comenzó a desmoronarse entre 1998 y 1999 cuando el presidente de Conforti, Raúl Gonzalo, hombre más bien redondeado, decidido, veloz, de palabra fácil (“es de los que te convence que todo lo tuyo es de él, y le creés” dicen los obreros), siempre de barba y 4×4, comenzó a pagar poco y mal a sus obreros.
No faltaba trabajo.
Gustavo Ojeda, delegado gremial y ahora integrante de la Cooperativa Patricios que han conformado los trabajadores, recuerda que entre los clientes estaban El Cronista Comercial, las revistas de Cablevisión y Telecentro, Segundamano y Vía Aérea (que se entrega a los pasajeros de aviones) por nombrar unas pocas. Está dicho: no faltaba trabajo, faltaba pagarlo.
Había unos 80 obreros que aguantaban los retrasos y los recortes que consideraron un mal menor frente a las amenazas de despido o a los retiros voluntarios que cada vez fueron menos voluntarios. “Incluso muchos acuerdos homologados ante el Ministerio de Trabajo no se cumplían. O sea, se firmaba el acuerdo, y la plata no aparecía. Íbamos a reclamar al Ministerio, y la homologación no aparecía”.
En la Argentina el sistema de despidos fue privatizado para lograr una mayor eficiencia: despedir más y mejor con el disfraz del “acuerdo mutuo” entre trabajadores y empresas. Sin embargo, las homologaciones en este caso desaparecieron. Para Ojeda la única explicación a semejante enigma es un puño arriba de la mesa: “Alguien puso plata”.

Navidad con monedas

Siempre se puede estar peor. La Argentina lo supo en el 2001, cuando la recesión menemista y su empalme con la recordada gestión del señor De la Rúa y los suyos provocó un colapso absoluto de la economía. En ese ambiente, Gonzalo iba pagando cada vez menos. De sueldos cercanos a a los 1.000 pesos, pasó a pagar fracciones semanales de 150, luego de 100 y finalmente de 50.
De paso, humillaba: hacía que los trabajadores tuvieran que esperar hasta siete horas, fuera de su turno de trabajo, para cobrar esos 50 pesos.
Pero al mismo tiempo Gonzalo ensanchaba sus negocios, como propietario y presidente de Conforguías S.A., empresa a la que iban a parar clientes y contratos que funcionaban en Conforti.
Por eso los trabajadores empezaron a sospechar que ante sus ojos se producía un nuevo acto de magia negra: lo que estaba, desaparecía. Lo llamaron vaciamiento. A fines del 2001 quedaba un solo cliente para Conforti: el diario El País, de España, que tiene una pequeña tirada en Buenos Aires y Montevideo.
Raúl Gonzalo se presentó en convocatoria de acreedores. “Nosotros seguíamos trabajando” reconoce Juan José Rodríguez “y es más: los sábados y domingos trabajábamos gratis. Lo hacíamos pensando que iba a ser peor todavía si la empresa se cerraba”.
Cuando hacían asambleas reclamando pagos atrasados, Gonzalo bajaba a arengar a los gráficos. El señor Miguel Isidro Barrios todavía se asombra con los argumentos: “¿Sabe qué nos decía? Que la culpa de la crisis de la empresa era nuestra. Que hacíamos mal el trabajo y por eso los clientes se iban”.
Llegó diciembre del 2001. Corralito. Denuncia Ojeda: “Pero a éste el corralito no lo agarró. Iba a Uruguay a buscar la plata”. No se sabe cuánta, pero la Navidad de 2001 le pagó $10 (diez pesos) a cada uno de los obreros. A esa altura eran unos 80 empleados, así que Gonzalo invirtió 800 pesos para unas felices fiestas. Un dato curioso: pagó en monedas, porque fue el único cambio chico que consiguió.
A otros no les pagaba siquiera con diez monedas. La AFIP, los organismos previsionales, la obra social y el sindicato, sumados a los salarios caídos, generaron una deuda que –al estilo de la deuda externa argentina- iba siendo cada vez más inmanejable.

Para evitar pagar parte de esa deuda, el señor Raúl Gonzalo intentó un nuevo acto esotérico: declaró bajo juramento a la AFIP que no tenía empleados. Los esfumó.
Pero tiempo después, en marzo de este año, solicitó ante el Ministerio de Trabajo la apertura del Procedimiento Preventivo de Crisis para poder despedir a la mitad del personal.
Conclusión: no tenía empleados, pero iba a echar a la mitad.
Esta teoría sobre la subdivisión de la nada merecería un arduo debate filosófico, el Nobel de Física, o una reparación a las víctimas de la asociación ilícita entre este tipo de empresarios y un Estado neoliberal que los apoya como empresa prestadora de servicios.

La reactivación de la falsificación

A fines de febrero de 2003 los trabajadores se hartaron y comenzaron la llamada “retención de tareas”: al no cobrar, concurren a sus puestos de trabajo a no hacer nada. De todos modos colaboraban en lo indispensable para que siguiera editándose El País. Raúl Gonzalo informó que no podría pagarles ni los 50 pesos semanales que venían cobrando y el 10 de marzo comenzó el cese total de trabajo que continúa hasta hoy. El juez del concurso Juan José Dieuzeide nombró un veedor.
Gonzalo contraatacó iniciando una causa por “ocupación del establecimiento” exigiendo el desalojo de los trabajadores. La fábrica en realidad no estaba tomada ni ocupada, sino que los trabajadores concurrían en sus horarios. El propio veedor judicial elevó al juez un escrito describiendo que no había tal ocupación: el control de la planta –informó- lo realizaba la empresa de seguridad Libercoop y personal adicional de la Policía Federal Argentina, en contacto permanente con el propio Gonzalo.
Hubo más intentos de magia. Gonzalo sostenía que su deuda con los obreros era ínfima y que les había pagado todo el 2002. Para demostrarlo, hizo lo lógico: le presentó al Veedor judicial todos los recibos firmados por los trabajadores durante ese año.
Hubo sólo un detalle disonante: todas las firmas, en más de 300 recibos, eran falsas. A simple vista podía notarse que, además, la misma persona aparecía con firmas absolutamente dispares, cosa que pudo confirmar el propio juez comercial sin necesidad de revisa demasiado esos garabatos amorfos. Esto es algo que puede generar la indignación de cualquier ciudadano honesto, e incluso la de cualquier falsificador eficiente.

Justicia privada

Con el descubrimiento de la falsificación, y de todo lo que eso implica como delito, llegó la orden de detención.
Pero no para Raúl Gonzalo, sino para los obreros acusados de usurpación por la jueza del Juzgado Nacional Correccional número 2, Mónica Atucha de Ares. Esta señora demostró la velocidad de la que es capaz la justicia –a veces- aceptando la denuncia por usurpación, ordenando el desalojo de una fábrica que no estaba tomada, y dictando el procesamiento de 14 de los trabajadores que estaban en la planta el día que ella envió a un oficial de justicia a inspeccionar.
La jueza, como ocurrió con el juez provincial Marcelo Goldberg en el caso de Crometal, puso la defensa de la propiedad privada (aunque se trate de un evidente evasor y falsificador denunciado por vaciamiento) y el ejercicio del desalojo, por encima de cualquier otro interés y derecho. El juez Goldberg terminó pidiéndole disculpas personalmente a los obreros, apenas entendió que estaba poniéndose en la mira de un juicio político. Esta jueza, en cambio, sigue con la amenaza de desalojo pendiente.
Don Aniceto Sanabria, uno de los veteranos de la cooperativa dice en voz alta: “Aquí no hay justicia, ¿no?”. Ninguno de los que estamos con él en el taller tenemos nada nuevo que decir al respecto.

Los obreros presentaron la idea de una ley de expropiación, que tomaron algunos legisladores porteños.
Cuenta Gustavo Ojeda: “Nuestra intención es poner aquí una escuela de artes gráficas, un centro de salud para Barracas y La Boca, y un centro cultural”. El modelo de IMPA, contagiando a otras cooperativas.

Ghelco es contagioso

La idea de derivar el conflicto hacia una cooperativa surgió por el comentario que un policía le hizo al propio Gustavo. El agente les dijo: “Mirá: esta gente pasó por mil bolonquis y terminaron armando una cooperativa quedándose con la fábrica”. Le dio un número de teléfono. Gustavo se conectó así con Ghelco, a cargo de la Cooperativa de Trabajo Vieytes, productora de insumos para confitería y heladería. Luego Gustavo contó la experiencia en su sindicato gráfico, y allí lo conectaron con Eduardo Murúa, del Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas.
“Para mi es una metamorfosis. Fui nueve años delegado gremial, y ahora tengo que pensar más en que todos vamos a ser dueños de la empresa” dice un sorprendido Ojeda.
El sindicato (Federación Gráfica Bonaerense) fue el que en mayor medida los apoyó económicamente durante este tiempo (anteriormente, los obreros de Chilavert no habían recibido apoyo alguno).
Cuando se les pregunta qué efecto tuvo toda esta situación en las familias, los hombres de la cooperativa son parcos. Ojeda dice: “Las familias nos apoyan” pero Cristóforo Gramajo hace una mueca y dice: “Fue muy duro”.

Medios callados

El conflicto tuvo una repercusión anoréxica en los medios. Los casos más extraños (por llamarlos de algún modo) fueron los de Canal 9, que les hizo una nota que jamás emitió al aire, lo mismo que el periódico Página/12 (que hasta mediados de los 90 se imprimió en Conforti). Dice Gustavo Ojeda: “Los de Página nos vinieron a hacer una nota, pero después supimos que no la publicaron por la relación que tiene Gonzalo con los capos de ese diario”.
Los obreros siguieron cruzándose con Gonzalo en el Ministerio de Trabajo y en el propio taller, al cual el empresario concurre de vez en cuando, releyendo acaso las referencias a su persona pintadas en las paredes verdes. En una reunión en el ministerio, Gonzalo planteó las dificultades en que se encontraba, con riesgo incluso de no poder pagar el seguro de su 4×4, ni el de la su señora esposa. De todos modos, esa dura caída bajo niveles de subsistencia automovilística no parece haberse concretado. Los obreros, poco después, vieron que ambos llegaban a Conforti en sus respectivas camionetas, lo cual debe llevar tranquilidad a los allegados y amigos de la familia, y a los promotores de seguros.

¿Cuál es el futuro? Si sale la Ley de Expropiación, calculan que en cinco o seis días lograrían afinar y aceitar todo el funcionamiento de las máquinas. Gustavo: “Tenemos al menos tres clientes muy fuertes que volverían con nosotros. Con uno que se concrete, ya comemos los 28 que quedamos en la cooperativa, pero además podemos ir recuperando poco a poco nuestro mercado”.
Bajo la mirada de Lauro Vázquez y Gustavo Miranda, dos de los más jóvenes integrantes de la cooperativa (unos pocos de treinta y pico, y de allí para arriba) don Aniceto Sanabria vuelve a tomar la palabra: “Usted hizo muchas preguntas. ¿Puedo yo hacerle una? ¿Por qué este Gonzalo no está preso? ¿Hay justicia?”
Tal vez convenga dejar el interrogante abierto. Al igual que el de saber si Conforti pasará finalmente a manos de sus trabajadores. Todo está empezando. La fábrica está impecablemente mantenida por los obreros. Sobre la mesa del taller quedó el mazo de cartas. Mientras las máquinas sean sólo un adorno, el mazo tendrá como trabajo un acto de magia: ir matando al tiempo que falta para saber qué contestarle a don Aniceto cuando pregunta si hay justicia.

SEGUNDA PARTE

(Agosto de 2004)

La Cooperativa de Trabajo Patricios consiguió la Ley de Expropiación de los talleres el 27 de febrero de 2004. Ya no hay pintadas. Y cada vez más, el lugar es un rugido de rotativas. “Empezamos poco a poco. Pero ahora ya trabajamos toda la semana” dice uno de los obreros sonriendo, mientras uno de sus compañeros conduce un carro a motor que va entre las máquinas llevando y trayendo cargamentos de revistas y folletos. Ya no juegan a las cartas. No hay que matar al tiempo. Cambió el alma de este lugar.
La Cooperativa Patricios reinauguró la planta el 7 de enero del 2004 y en febrero comenzó a producir. Tiene 28 miembros pero ya hay 6 aspirantes más que trabajan día a día: “La idea es que al elevar el volumen de trabajo, se incorporen definitivamente” postula Ojeda, que trabaja en las máquinas cada turno noche.
Recuperaron clientes. Poligráfica del Plata, para la impresión de revistas como Mía, Debate, o los folletos del supermercado Auchan (sólo en este caso, se trata de tiradas de 400.000 ejemplares). Otra gráfica: IPESA. Productos como Enfoques Alternativos (del Partido Comunista), El Vocero Boliviano, El Descamisado, revistas barriales y derivaciones de trabajo de editoriales como Perfil.
“Hay que pensar que aquí se hacían Página/12, El Cronista Comercial y la impresión local de El País, de España” recuerda Ojeda para explicar el potencial de la imprenta.
Empezaron realizando retiros de 100 pesos semanales cada uno. Hoy ya llegaron a los 200, con la idea de llegar a 1.000 pesos mensuales. “Y después categorizar a los compañeros” plantea Ojeda: todos cobran lo mismo, pero suponen que con el tiempo habrá que reconocer distintos niveles de responsabilidad. “Si no, los compañeros se achanchan. Vengo más tarde, o no vengo, total cobro lo mismo”.
El sueño de la cooperativa es que la imprenta vuelva a tener entre 200 y 250 operarios, aprovechando al máximo su potencial.
Gustavo –que fue delegado sindical diez años hasta el conflicto- no alberga un falso optimismo con respecto a que el movimiento de recuperación de fábricas sea contagioso: “El asunto es concientizar al trabajador para llevarlo a una lucha. Pero la verdad es que es muy difícil, muy tremendo. Muchas veces los compañeros sólo quieren ir al trabajo, cobrar y volverse a la casa”.
Pero aún en esos casos, ¿qué preferirían los trabajadores si pudieran elegir? ¿Trabajar con patrón (privado o estatal), o lo que están haciendo ahora? “Los que están acá, no se van más. Pero los compañeros que no saben lo que es trabajar en una cooperativa, capaz que prefieren seguir como están y desentenderse de los problemas. Por eso es bueno que conozcan cómo son las cosas en las cooperativas”.

Otras novedades:

* La Secretaría de Educación porteña abrió en la planta una escuela especializada en técnicas gráficas, como parte de un programa de reinserción de adolescentes que abandonaron la escuela. Ya hay 140 chicos de 15 a 19 años estudiando.
* Se ha mudado la Biblioteca de Barracas, con 30.000 tomos.
* Funciona un centro cultural donde se enseña desde danza y teatro hasta ajedrez, con festivales los fines de semana.
* Planean instalar un merendero para los chicos del barrio y un centro de salud. Se trata de proyectos, pero teniendo en cuenta la efectividad que han tenido hasta ahora con cada una de sus iniciativas, la Cooperativa tiene crédito.

Dice Gustavo: “Estoy muy entusiasmado con todo este proyecto. Hace pocos años pensar en recuperar una fábrica era una utopía. Sinceramente creo que esto es histórico para el movimiento obrero”.
En términos cotidianos, observa que cambió el clima de trabajo: “Estamos todos más sueltos, más tranquilos, sin miedo al castigo. Eso genera más responsabilidad. A la vez, hay que concientizar más a los compañeros para que se comprenda que hay que defender cada puesto de trabajo, y demostrar que podemos administrar la empresa mejor que nadie”.
Lo hacen cada día, que Gustavo vive como pequeñas batallas ganadas dentro de un gran conflicto entre dos sectores que describe del siguiente modo: “Hay tipos que se levantan a la mañana pensando cómo cagar a la gente, y otros que piensan cómo reconstruimos a esta Argentina que la hicieron pedazos”.

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La marcha como espejo de lo que no se quiere mirar

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Miles de personas llenaron Plaza de Mayo en el cierre de la Marcha Federal de la Unidad Piquetera, un abanico que cubre desde partidos de izquierda hasta organizaciones de base, con cuestionamientos muy críticos al Gobierno. El plan social como necesidad y a la vez como impedimento, la discusión por trabajo digno, la falta de respuesta en los barrios, la necesidad, el hambre, la desconfianza a los medios de comunicación, la bronca, el rebusque. Más allá de los debates sobre cuánta gente marchó, la concentración es un reflejo de la situación de pobreza, desempleo y desigualdad vigente desde hace demasiado tiempo, y que hoy tuvo como marco la noticia del 6% de inflación mensual.

José tiene 50 años, un fierro que le torció la columna en el que transporta 250 algodones de azúcar todos los días, y una pieza en Montevideo 41 que alquila a 30 mil pesos por mes. “Una piecita -aclara-. Es lo que hay: algo más barato es tener que ir al baño con todas tus cosas porque te afanan todo”. Hoy tendría que haber ido a trabajar a la entrada de la Feria del Libro, pero lo mandaron a la marcha. “Cada vez más está todo mal con la gente”, dice, desde ese radar que construye todos los días caminando de Congreso a Palermo (casi ocho kilómetros) con ese fierro a cuestas. “La estamos rebuscando de mil maneras, porque la plata no alcanza para nada. Todos los días suben las cosas un poco más y lo que uno hace es ver si paga el alquiler, pero no comer; o comer, pero no pagar el alquiler. Así estamos”.

Fotos Martina Perosa

Un techo o comida es la cuestión, plantea José, como resumen de la Marcha Federal de la Unidad Piquetera, que cerró con un acto multitudinario en Plaza de Mayo una jornada de tres días de protesta, que inició en La Quiaca (Jujuy), pasó por actos en las ciudades de Córdoba, Rosario, Bahía Blanca y Mar del Plata, y llegó este jueves a Casa Rosada.

La consigna de las organizaciones -Polo Obrero, MST-Teresa Rodríguez, Barrios de Pie, fracciones del Frente de Organizaciones en Lucha y del Frente Popular Darío Santillán, entre otras- fue: “Por trabajo, por salario, contra el hambre y contra la pobreza”.

Algo que bien sabe José, que hace malabares con los 6.000 pesos que le depositan en la Tarjeta Alimentar: “Vas al supermercado y el kilo de carne está a 1200 pesos. El azúcar la comprábamos a 40, hoy está 100. Todos los días se va todo un poco más al carajo”.

Este jueves, además, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) dio a conocer el índice de inflación de abril, 6%, que implica un 58% de incremento interanual, y una acumulación del 23,1% en el primer cuatrimestre del año.

Por eso, José se despide, tiene que seguir trabajando: “Hoy come el que tiene”.

En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires hubo tres focos de concentración: Constitución, Once y Retiro, los puntos neurálgicos de conexión con el conurbano. Sobre 9 de Julio marcha una columna de la organización Esperanza, integrante del Movimiento Teresa Rodríguez (MTR). Federico tiene 25 años y llegó del barrio Atalaya, en el municipio bonaerense de Moreno: “No tengo trabajo. Estoy buscando, pero cuesta bastante. El barrio está muy pobre, faltan muchos recursos, a veces cortan la luz”.

A su lado está José, 51 años, del mismo barrio y la misma organización: “La situación es crítica. Los sueldos no alcanzan y los planes que dan es una ayuda, pero el tema es que no hay trabajo y cuesta conseguir”. No tiene un trabajo fijo, hace changas en la construcción, y se apoya en un Potenciar Trabajo (“Este mes vino de 19 mil pesos”) para llegar a fin de mes: “Si bien es una ayuda, no cubre ni el 10 por ciento de los gastos que uno tiene”.

Hace unos días vio por televisión cómo personas de traje y corbana los acusaban de “planeros” y hablaban de sacar todos los planes sociales como la respuesta a todos los males: “Me daba risa porque decían que los planes generaban vagancia. Si no hubiese sido por la ayuda de los planes habríamos tenido un estallido social tremendo. No tienen ni idea: para llegar a fin de mes tenemos que prohibirnos hasta de lo básico. Es una ayuda que aplaca un poco la situación, por eso lo que estamos pidiendo es trabajo formal”.

Federico está esperando cobrar su primer Potenciar, y también se ríe: remarca, como si hiciera falta, que está buscando trabajo, pero no consigue. “Según el punto de vista de ellos, somos así, planeros, pero lo dicen porque ellos la tienen toda y no sufren como la mayoría del pueblo. Estamos pidiendo lo que nos corresponde”.

En otros barrios, lo que corresponde, también es lo más básico y elemental. “No tenemos trabajo, pero tampoco luz y cloaca”, dimensiona Leyla, 38 años, de Villa Argentina, en Florencio Varela, sur del conurbano. “Lo que queremos es vivir como corresponde”.

Sobre avenida Corrientes, Susana -45 años , de Tendencia Guevarista, en campo Tongui, Lomas de Zamora- desconfía: pregunta en qué medio va a salir y cuáles son las preguntas. Luego, describe el marco que ve cotidianamente: “Hay muchísima necesidad. Todos los días se acercan a la cooperativa a pedir un plan porque no les alcanza. Si bien las escuelas están repartiendo mercadería, no alcanza, y el 80 por ciento de lo que nos entregan es polenta y arvejas. Después critican que venimos con las mamás y sus hijos, ¿pero cómo puede vivir un bebé con polenta y arvejas? Necesitamos vitaminas, proteínas”.

Por eso, subraya, es que desconfía: lo que dice no sale en los medios comerciales de comunicación: “Los medios burgueses tildan a los compañeros de piqueteros vagos, pero son trabajadores precarizados, informales, que trabajan en negro por un sueldo por debajo del registrado. Atacan a más débil, pero Mayra Mendoza (intendenta de Quilmes) fue denunciada por desviar 500 millones de pesos de las cooperativas, mientras hacían laburar a compañeros por el ingreso de un Potenciar. Somos críticos de Juan Zabaleta (ministro de Desarrollo Social de la Nación), porque destinan millones a intendencias corruptas pero no a las organizaciones que combatimos el punterismo y la corrupción”.

Las primeras columnas llegan a Plaza de Mayo. Juana (54) y Laura (47) se presentan como de la Asamblea Permanente de Guernica y dicen que están por tierra y trabajo: “Denunciamos al gobierno de la provincia de Buenos Aires porque firmaron un acta de compromiso para entregarnos los terrenos después de sacarnos violentamente hace dos años. Se tiran la pelota de un lado a otro, pero así estamos sin ninguna respuesta”.

Laura tiene cuatro hijos y paga un alquiler: “Son 12 mil pesos por una cucha de perro, en Quilmes. Vivo de changas en el horario en el que mis hijos están en la escuela. Cobro un Potenciar Trabajo que me ayuda para pagar el alquiler. No me considero planera, tampoco piquetera: lastimosamente no tengo trabajo digno, y no deseo que mis hijos estén en la calle reclamando como lo estoy yo. Quiero una vida digna para ellos”.

Las columnas siguen ingresando. Algunos de los carteles que llegan: “Por el cambio social, que se vayan todos”, “No a los ajustes del Gobierno y del FMI; la deuda es con el pueblo”, y “Por un trabajo genuino y un salario igual a la canasta familiar”.

Son miles y miles de personas que llevaron hasta la puerta de la Casa Rosada una agenda cada vez más caliente: pobreza, hambre, falta de trabajo, el plan social como un dique cada vez más tenso, desconfianza a los medios, descreimiento de la clase política, bronca.

Entre esa Plaza de Mayo camina César, vendedor de garrapiñadas de 51 años, que le preocupa hacia dónde fuga todo ese reclamo. Es de Rafael Calzada, en Almirante Brown, también sur del conurbano, y cuenta que hace unos años estaba “muy bien” (vendía globos y burbujeros), pero que cuando empezó “esa presidencia” se fundió. No quiere nombrar a Macri: “Aumentazo, aumentazo y aumentazo, la plata no rendía nada. Después, en pandemia y ahora, no puedo cobrar el IFE: como no entiendo Internet, no sé qué me decían de que no me coincidía el CBU. Yo la veo muy mal en breve”.

-¿Qué ves?

-La veo malísima, pero más miedo me da quién pueda entrar. Puede ser para peor.

César se despide.

También, tiene que seguir trabajando.

Fotos Martina Perosa

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Nota

Trincheras y opciones para que el teatro nos enriquezca la vida  

Publicada

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Magia, actuación, una vidriera iluminada para celebrar los diez años de la sanción de la Ley de Identidad de Género, una caminata performática que sucede en el ámbito inusual de la Chacarita, una obra sobre el impacto de trabajar, de la soledad y de lo inhóspito. El teatro está vivo, los espectáculos están palpitando: divierten, sorprenden y emocionan. Aquí, algunas propuestas para nutrir todos los sentidos y, de paso, compartir momentos de creación.

Magia & Sushi –  El increíble show de Nico Gentile

Este jueves 12 de mayo se inaugura un nuevo ciclo en MU Trinchera Boutique,  el lugar que fuera el Bazar de Magia del legendario mago inglés Fu Manchú y desde hace casi cinco años es la casa de la Cooperativa Lavaca. Tìtulo: Magia & Sushi:  El increíble show de Nico Gentile

Con traje y moño, Nicolás Gentile será el anfitrión de la velada, que incluye cena show, con entrada a la olla. Porta Nico dos saberes indispensables para alegrarnos la vida: es actor y es mago. Ambas ciencias de lo posible se abrazan, se potencian y el resultado es sorprendente: una reivindicación de la alegría. Teje historias, situaciones increíbles, las narra y también las muestra, porque las palabras se pueden convertir en objetos, en lo que parece imposible. Para eso está su magia.

Si alguien puede brindar algunas pistas de cómo encarar este tiempo incierto es aquel que logra transformar lo ordinario en extraordinario, la carencia en abundancia. Nico Gentile porta este conocimiento. Puede mostrar sus dedos pulgar e índice separados por unos centímetros. ¿Qué hay allí? Nada, aparentemente. Para él allí puede estar lo impensable. Si no hay, se inventa.  Si no existe, se crea.

En un mundo donde lo cotidiano tantas veces agobia, la magia y la diversión vienen al rescate. Detrás de este gesto de romanticismo moderno,  Nico aparece de la nada como héroe de lo distinto. De él puede decirse que es un estudiante dedicado, de distintas influencias mágicas, performer habitual en un sinfín de escenarios; y buscador incansable de complementos artísticos que supo encontrar en el clown, el humor, la música, y el teatro. Cartas que juegan, monedas que viajan, sogas que atrapan, luces que bailan, quizás algún conejo se atreva a guiñarnos un ojo.

MU Trinchera Boutique

Riobamba 143, CABA

Jueves 12 de mayo, 20 hs

Reservas: lavaca.org/trinchera

Cena – show. Entrada a la olla

@mu.trinchera

@magonicogentile

Pacífico

Una mujer y su soledad.  La batalla parece ser contra sí misma, contra la hostilidad de ese microuniverso que la circunda y la agobia: una cabina que es su oficina laboral, el espacio donde transcurren las horas a cambio de un sueldo, su trinchera  y su condena. La escuchamos hablar con alguien, como un modo de establecer contacto desesperadamente. Suena una canción y el ritmo brasilero que remite a playa y verano contrasta con el páramo patagónico, como una broma absurda.

La dramaturga, directora y docente Laura Fernández y la actriz y docente Daniela Salerno tenían el deseo de volver a trabajar juntas. Cuenta Laura: “Cambian las narraciones, quizás los roles, las poéticas de las obras, pero hay algo que lo une todo por debajo: ir un poco más lejos o más profundo en la búsqueda, o tirar de un hilo tangencial que quedó rebotando en el trabajo anterior y ver hasta dónde nos lleva. Eso es más fácil de hacer cuando ya se tiene un código con quien se trabaja”.

La madre y el padre de Daniela Salerno estuvieron exiliades en Suecia durante la dictadura, allí nació ella, quien conserva las cartas intercambiadas entre su padre y su abuela. Laura quería hacer algo con “esos documentos que no decían nada en la superficie y eran descarnados en lo que callaban”.  Pensaron entonces una ficción “que contuviera algo de esa circunstancia: una comunicación atrofiada por la distancia, por el clima adverso, por lo que no se puede decir con claridad. Ahí salió el monólogo (una carta, en un punto, ¿no es siempre un soliloquio?), el interlocutor (alguien en un punto distante, a quien hay que explicarle el contexto en el que se está, a quien hay que contarle algo difícil de narrar), un espacio (un puesto perdido de migraciones; un punto en el que el tránsito es mínimo y la extensión es inabarcable). Nos quedaba por delante la anécdota, pero estábamos entusiasmadas en descubrir primero todo lo otro y que el texto sucediera”.

“Pacífico” fue escrita por ambas y trabajaron con el eje del cuerpo en el espacio: ¿Cómo es un cuerpo adentro de una casilla de 2 x 2? Afuera, la naturaleza y su inmensidad. Adentro, el encierro demoledor. Laura: “Cumplir con las formalidades en una situación donde lo extremo, la supervivencia, es lo que prima. Cómo es un cuerpo expuesto al frío, al viento y a la inmensidad patagónica. Y qué pasa con lo emocional pendulando en esos opuestos. Qué pasa con un cuerpo que no está en contacto con otro por mucho tiempo. Y, claro, qué pasa si el encuentro sucede. Cómo se amplifica la percepción de la piel. Eso fue lo que más nos entusiasmó y nos dio la clave para tejer y escribir la historia (que fue pensada y escrita entre las dos): pensar en los motivos del cuerpo y, recién después, cómo la cabeza puede ordenar la tiranía de esos impulsos”.  La palabra como conjuro, el desamparo como destino. En una geografía desolada, la pequeña construcción  la resguarda del clima implacable pero la sumerge en otro abismo.

El Portón de Sanchez

Sanchez de Bustamante 1034, CABA

Viernes 20.30 hs, hasta el 27 de mayo

@elporton.desanchez

@pacificoobra

@soylaurafernandez

@danielalaurasalerno

Una obra más real que la del mundo


“Una obra más real que la del mundo” es el nombre con el que la compañía La Mujer Mutante bautizó a esta visita guiada ficcional que transcurre en el Sexto Panteón, en el cementerio de la Chacarita, una serie de galerías repletas de nichos, una especie de mini ciudad subterránea de hormigón donde predominan las figuras geométricas rectangulares, matizadas por el verdor de jardines cuadrangulares de pastos perennes, árboles añejos y tupidas enredaderas, que fue pensada y ejecutada por la arquitecta argentina Itala Fulvia.

La idea surgió cuando el espacio Roseti se ubicaba a pocas cuadras del cementerio, justamente en la calle Roseti (luego se mudaron a Gallo 760) y decidieron hacer caminatas a la deriva. Así llegaron al cementerio y descubrieron el Sexto Panteón. Cuenta Juan Coulasso, director de la obra: “En ese momento nos autoimpusimos  producir una experiencia que suceda afuera y que tenga que ver justamente con el encuentro directo con la realidad. La primera acción que hacemos como compañía es empezar a caminar por el barrio, sin tener ningún objetivo. Hicimos un relevamiento del barrio y llegamos al cementerio. A partir de ahí empezamos una investigación que tiene que ver con la historia de este lugar, la genealogía de este espacio”.

¿Nos animamos a caminar por el territorio de mármol donde el silencio abruma? La que reina se adivina a cada paso; el aroma, las flores frescas de tristezas recientes, las flores secas que pronto serán arrojadas al cesto de basura y las palomas que imprimen suciedad, arrullos y latidos. “Acá está el almacenero de tu barrio, el abuelo del almacenero, tu maestra de jardín, tu cantante de cumbia favorita, una tía, la vecina que cuidaba a tu tía; seguro conociste a muchísimas personas cuyos restos descansan en este lugar”, dice una bella adolescente mirándonos a los ojos. Los espectadores están juntxs, cercanxs, como un grupo que recorre un museo, como turistas conociendo un monumento.

Una chica aparece en el jardín. Con su mirada encendida enmarcada por una capucha, nos pregunta si sabemos que en la Edad Media la peste negra mató a casi el cuarenta por ciento de la población europea: setenta y cinco millones de seres humanos. Con verborragia contundente, tira dos datos:  1) la muerte arrasó con ricos, pobres, nobles, plebeyos, sin distinción, ninguna condición ni privilegio podía frenar lo inevitable,  2) ante la inminencia de la muerte, la gente dejó de obedecer. La inutilidad de “portarse bien” ante la certeza de dejar de existir en cualquier momento desató las urgentes ganas de vivir: rebeldía y desenfreno fueron las respuestas masivas ante un escenario altamente efímero. La suerte estaba echada, y un minuto de vida era la eternidad.

Una experiencia performática guiada por Flor Sánchez Elia, Ignacio Pereyra, Milva Leonardi, Nahuel Caputto y Victoria Roland. Cada personaje nos recibe con calidez y nos hace sentir cómodxs en un lugar que despierta distintas sensaciones. Gracias a sus relatos, la historia se va construyendo, nos envuelve con su cercanía y nos moviliza a cada paso. La viejita de negro desliza una frase, sin perder su pícara sonrisa: “La vida es un ratito”.

Cementerio de la Chacarita

Sábados a las 14 hs

Las entradas para cada sábado serán habilitadas el viernes anterior a las 14 hs. via #alternativateatral. La entrada es gratuita, con una colaboración voluntaria para el proyecto @lamujermutante

@lamujermutante

@rosetiespacio

@juancoulasso
@vicoroland
@flowersanchez
@ignacio_pereyraleon
@nahuelcaputto
@milvaleonardi


Yo soy Gilda

A diez años de sancionada la Ley de Identidad de Género la actriz y cantante Sofía Dieguez trae una propuesta: una performance en la vidriera de MU Trinchera Boutique. Para sumarle color a la tarde, desde las 18 hs, con sus botas altas y flores en la cabellera, Sofía nos invitará a sumergirnos en el universo de la inolvidable Gilda.

La ley de Identidad de Género fue sancionada el 9 de mayo de 2012. En una charla tiempo antes con las activistas Lohana Berkins, Diana Sacayán y Marlene Wayar, Lohana le decía a lavaca:  “Adentro mío no hay otra persona, no tenemos un cuerpo equivocado, porque ¿cuál sería el cuerpo correcto? Vamos a debatir solo con las instituciones democráticas. Vamos a hablar de derechos. Otro debate interesante fue el que plantearon las compañeras Marlene y Diana, cuando me preguntaron ¿qué va a pasar cuando te den el documento que diga que sos Lohana Berkins, mujer? ¿Qué va a pasar con todos estos años de construcción de identidad travesti? Y ahí me rompieron la cabeza. Entonces, el desafío es cómo relacionarnos con un Estado que sólo concibe la binaridad de sexos -hombre o mujer-, cómo negociamos y hasta dónde, para que no se pierda nuestra propia identidad”.

 Para celebrar lo conquistado y reclamar lo que falta, desde la vidriera de Riobamba 143 encenderemos las luces y con infaltable gratitud recordaremos, festejaremos y renovaremos la lucha. Sofía Dieguez será la encargada de darle musica y belleza a la tarde. A los 16 años Sofía tuvo la primera oportunidad para demostrar lo que venía aprendiendo: consiguió un papel en el musical El fantasma de Canterville, de Pepe Cibrian. Luego visitó varias ciudades del mundo haciendo obras de teatro infantiles. En 2017 participó de la serie Un gallo para Esculapio y luego la llamaron para El Marginal. Al poco tiempo llegó la novela de Telefé Pequeña Victoria, protagonizada por la actriz trans Mariana Genesio Peña, donde Sofía era una de las habitantes de “Casa Diana”, en homenaje a la activista trans Diana Sacayán asesinada en 2015.

Sofía hizo su transición  a los 25 años. “Soy una privilegiada, de las que nunca les faltó el amor de la familia, les amigues y fui abrazada por mis padres, siempre acompañándome, pese a que por ahí en algún momento alguno de los dos no supo entenderlo, pero jamás dejaron de estar a mi lado y eso fue fundamental”. Su espectáculo infantil “Magenta, una sirena más allá del mar”, se presentó en MU Trinchera Boutique con varias funciones durante el año. En este momento está en cartel en el Teatro Picadero el musical “Crianzas”, que protagoniza junto a Simón Diaz Fracas. La obra está dirigida por la actriz y directora Valeria Grossi y la música es del compositor y director musical Carlos Gianni, quien hizo la música de las obras del reconocido actor y creador de espectáculos infantiles, Hugo Midón.

“Crianzas” comenzó siendo un podcast semanal de tres minutos y 28 episodios realizado integralmente por la Cooperativa lavaca, en el que la “tia trava” Susy relataba sus vivencias junto a su sobrino Uriel. El micro radial proponía romper las distancias entre adultes y niñes, crecer en la diversidad y se actualizaba cada miércoles en la web. Luego “Crianzas” tomó la forma de libro de la mano de la cooperativa “Muchas Nueces”, con ilustraciones de Anahí Bazán Jara –hija de Susy, ilustradora y tatuadora- y prólogos de Marlene Wayar y la periodista Claudia Acuña.

Mu Trinchera Boutique

Riobamba 143, CABA

@mu.trinchera

@dieguezsofia

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La última Mu: ¿Dónde hay un mango?

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