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Encubrimiento tras un crimen: ¿Uno menos?

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Este lunes comienza el juicio oral al sargento Lucio Montero, acusado matar a Lucas Roldán, limpiavidrios de Lugano, y de ocultar el asesinato con una causa fraguada. Lo habría hecho con la colaboración de un emblemático sargento de la Policía Federal: Rubén Percha Solares, que será acusado, en otro juicio, por encubrimiento. Sebastián Hacher resume en esta crónica los íconos de este caso: la Brigada, los medios, la justicia y esa madre que planchando camisas juntó el dinero necesario para contratar los peritos que demostraron que los delincuentes eran los policías.

por Sebastian Hacher . El Sargento de la Policía Federal argentina Rubén «Percha» Solares es un icono de la limpieza social en la zona de Lugano, el extremo sur de Buenos Aires. En los pasillos de Villa 20 se volvió célebre por la impunidad de la que hace gala. Se dice que, incluso, llegó a firmar un fusilamiento dejando un pedazo de percha sobre el cadáver de su víctima.
Hoy su suerte parece haber cambiado. Otro sargento, Lucio Montero (que actualmente está detenido), comenzará a ser juzgado por el asesinato de Lucas Ariel Roldán, un joven de 28 años que limpiaba vidrios en un semáforo de la zona. Y Solares, en otra causa que involucra además a su Brigada, será juzgado más adelante por encubrimiento. Después de tres años de lucha de la madre de Lucas, el caso empezará -muy lentamente- a llegar a los tribunales.
La tarde del 6 de marzo del 2003, el cuerpo de Lucas apareció en un automóvil robado, con un arma a pocos metros de él y más de un kilo de cocaína debajo del asiento. Le habían pegado cuatro tiros. Los policías -todos miembros de la brigada de la Comisaría 52- declararon que cuando lo quisieron identificar, Lucas los atacó a balazos y tuvieron que repeler la agresión.
Preocupada por la ausencia de su hijo, Elvira recorrió comisarías y hospitales durante seis días, hasta que encontró una publicación barrial donde se hablaba de la muerte de un «peligroso narcotraficante». Tuvo un presentimiento y no se equivocó: el muerto era su hijo. Pronto se enteró que en el operativo había participado Percha Solares, y que las familias de otros jóvenes muertos -entre ellas las de «Pipi» Alvarez, «Cañito» Gramajo, Marcelo Barboza – también lo señalaban como verdugo. Con esos familiares, Elvira tejió la trama que este cronista intentó describir en agosto del 2004, en un artículo donde se daba cuenta que Solares parecía actuar como un asesino serial amparado por el Estado.
Esto es lo que decíamos en ese entonces, en cuanto al caso de Lucas:
La versión policial fue dada a conocer por la declaración del Sargento Rubén «Percha» Solares, que fue parte del operativo. Percha dijo que mientras se desplazaban por la zona junto al resto de la Brigada de la Comisaría 52, vieron un auto sospechoso. Al darse cuenta de que eran policías, el conductor aceleró la marcha y comenzó a disparar, todo al mismo tiempo. Luego de que el supuesto hampón le acertara a la rueda del Falcon en el que iba la Brigada, perdió control del auto y chocó contra un árbol. Los cuatro miembros de la Brigada se bajaron del coche para enfrentarlo. Estaban el sargento Lucio Montero (alias «el Paraguayo»), el inspector Morteyru, el sargento La Loggia (alias «el 22») y el citado Solares. Siempre según la versión de éste último, La Loggia se escondió detrás de la puerta, Percha y Morteyru cruzaron la calle para parapetarse detrás de un cantero y Montero, el héroe de la jornada, se paró de frente al agresor.
El joven murió de cuatro balazos; uno en el cuello, dos en el brazo y otro en el tórax. Unos días después, un diario de la zona publicaba una crónica titulada:
«Uno menos: cayó en tiroteo peligroso narcotraficante».
El diario barrial, que reproducía la primera versión policial, contaba que los agentes habían encontrado dentro del coche un kilo y medio de cocaína. La crónica difería un poco de lo que luego los policías declararían en la justicia; para el periódico, al intentar escapar, el joven había perdido el control del coche y huía a pie, «mientras se parapetaba detrás de las columnas de alumbrado». En la versión judicial, el enfrentamiento se había dado a menos de un metro del automóvil. El Sargento Montero, único de los policías que disparó, logró -además de darle cuatro tiros a Lucas- romper el parabrisas delantero del coche que éste en teoría manejaba.
En esa crónica también se señalaba que el asesinato de Lucas tenía muchas similitudes con otros ocurridos en la zona. En uno de esos casos, las víctimas también fueron dos jóvenes limpiavidrios, acribillados a balazos por agentes de la comisaría 52. La diferencia fue que uno de esos jóvenes sobrevivió a los once tiros que le pegaron y contó su versión: declaró que hombres de civil los habían reclutado para bajar cajas de una camioneta, pero que cuando llegaron al lugar para hacer el trabajo, los obligaron a entrar una casa de quiniela a punta de pistola, y a la salida los recibieron a balazos. Igual que con Lucas Roldán, antes de la ambulancia y los peritos, en aquella ocasión llegaron un móvil y un fotógrafo de Crónica TV.
No se trató de un acontecimiento extraño: las causas fraguadas son una constante en la Capital Federal, y se utilizan tanto para hacer negocios –generar estadísticas o ganar asensos- como salir en la televisión.
En la mayoría de ese tipo de casos, se utilizan drogas y armas de grueso calibre para montar escenas creíbles, aunque la desidia de la justicia y el hecho de que por lo general las víctimas resulten asesinadas, ayuda a que los posibles errores en el armado de las causas queden en el olvido. Por eso se suele elegir como blanco a limpiavidrios, mendigos o adictos a las drogas. Su casi nulo acceso a la justicia es la garantía de la impunidad policial.
Nuevas pruebas
Elvira aprendió a viajar desde Rafael Castillo hasta cualquier parte, siempre con las moneditas justas para el colectivo y un termo de mate para juntar fuerzas en las horas de espera. La causa recayó en el juzgado de Silvia Ramond (la misma jueza que tuvo 14 meses en prisión a los 15 hombres y mujeres que participaron de una manifestación contra el Código Contravencional y fueron sobreseídos en el juicio oral) si bien no la cerró, la mantuvo en estado comatoso. Pero Elvira nunca se rindió. Como la justicia no le daba importancia a su caso, salió a planchar camisas ajenas para pagarle a los peritos que ella y su joven abogada contrataron para que aporten nuevos puntos de vista y señalen las irregularidades de la causa.
Gracias esa infinita paciencia, y con cambio de juez mediante, se comprobó que el relato de los policías era inverosímil por donde se lo mire. Más de tres años después del crimen, el 12 de julio del 2006, Montero, Solares y Monteyru fueron procesados como partícipes necesarios del asesinato de Lucas Roldán. En la actualidad, los tres están detenidos en el penal de Marcos Paz.
Algunos de los elementos centrales para procesarlos fueron:

  • Según el relato de los policías, la ambulancia se pidió apenas terminado el enfrentamiento y llegó pocos minutos después. Los forenses demostraron que Lucas murió entre las 14:50 y las 15:50, pero en las actas del procedimiento figura que los peritos llegaron al lugar a las 18:50 y que la ambulancia fue pedida a las 17:51. En sus declaraciones, Montero y Monteyru dijeron que el enfrentamiento fue después de las 5 de la tarde, mientras que Solares sostuvo que fue alrededor de las 15 horas. Más allá de las contradicciones entre ellos, la diferencia de horas entre la muerte de Lucas y la llegada de médicos, peritos y testigos, es tiempo precioso para armar una escena del crimen a medida del relato policial.
  • Al momento de ser asesinado, Lucas Roldán estaba alcoholizado. Los expertos coincidieron en señalar que resultaba imposible, con el grado de alcohol que tenía en la sangre, que haya podido manejar el automóvil a gran velocidad con una sola mano, mantener firme el volante y hacer cambios bruscos mientras que con la otra mano disparaba con mucha puntería contra el móvil policial. Esto, aún en el hipotético caso de que supiera manejar, cosa que la familia niega sin que nadie haya probado lo contrario, porque Lucas nunca tuvo registro.
  • Tampoco hay marcas de frenadas u otros elementos que demuestren la existencia de una persecución. Según la versión de los imputados, el móvil policial se detuvo «como clavado» luego de recibir un disparo en el radiador, y pocos metros más adelante el auto que conducía Lucas también frenó. Varios peritos coincidieron en que el disparo que recibió el Falcon policial no pudo haber provocado su detención brusca. De haber existido una persecución, es imposible que no hayan quedado marcas en el asfalto y vainas servidas a lo largo del trecho recorrido. Además, de haberse frenado el auto policial, el perseguido hubiese aprovechado para escapar. Nada puede explicar por qué en vez de hacerlo Lucas prefirió estacionar en forma prolija para luego bajarse a los tiros.
  • El argumento de cómo se dio el supuesto intercambio final de disparos no serviría ni como guión para una mala película de acción de los años 80. Según los policías, la persecución comenzó porque tuvieron un «cruce de miradas» con Lucas Roldán al verlo circular en automóvil con el torso desnudo y una gorra que le tapaba parte de la cara. Cuando pusieron las sirenas, explicaron los policías, Lucas intentó escapar y comenzó a dispararles. Al frenar, Lucas se bajó del auto y disparó contra los policías, que también dejaron el Falcon donde venían y se abrieron en abanico para repeler la agresión. En el relato policial, Montero se paró frente a frente con Lucas y lo enfrentó a tiros. Sin embargo, los peritos comprobaron que las balas que mataron a Lucas fueron disparadas desde una distancia menor a cinco metros y mayor a cincuenta centímetros. Además de ser inverosímil que el policía se haya parado frente a su agresor sin protección alguna, la posición de los disparos que mataron a Lucas no coincide con su relato.

Según se desprende de las pericias, al momento de ser asesinado Lucas estaba sentado al volante del automóvil, con la puerta cerrada y de costado a su matador. Ni siquiera lo estaba mirando de frente.

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MU 214: Mujer maravilla

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Ella y sus dos hijos llevan glifosato en su sangre, al igual que muchos y muchas en
Pergamino, localidad contaminada por el agronegocio donde dieron batalla y hoy
protagonizan un juicio histórico contra productores y funcionarios. ¿Será justicia?




MU 214: Mujer maravilla

Ganar la vida: La historia de (no) ficción de Sabrina Ortiz

Su hijo Ciro tenía 120 veces más agrotóxicos que lo “admisible”. Su hija Fiamma, 100 veces más; ella, 58. Viven en Pergamino, llamada “la capital del veneno”, donde se encontraron pesticidas hasta en el agua de red. Bajo amenazas de muerte Sabrina inició una denuncia convertida en un juicio histórico que está por tener sentencia buscando terminar con la impunidad. La acompaña una abogada de lujo: ella misma se recibió como parte de su lucha, porque nadie se atrevía a representarla. No es una película sino un retrato de la Argentina actual: un modelo de contaminación, enfermedad y muerte, frente a la lucha de las comunidades que no se resignan a un presente tóxico.

Por Francisco Pandolfi




MU 214: Mujer maravilla

La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich

El teatro antidisturbios del presente: descontrol de las fuerzas represivas, cientos de heridos, detenciones arbitrarias, armado de causas, y un proceso judicial que poco tiene de justicia. Los casos de Milton Tolomeo y Eneas Gallo, aún detenidos por protestar el día de la Ley de Reforma Laboral, hablan de la impunidad con la cual se maneja el gobierno con aval de jueces y fiscales. Lo cuentan ellos, sus familiares y defensas en esta investigación especial.

Por Lucas Pedulla




MU 214: Mujer maravilla

Década perdida: Marta Montero, mamá de Lucía Pérez

“Estamos como el día 1”. La frase de la madre de la joven asesinada en 2016 remite a aquel año: cuando denunciaron que dos narcofemicidas habían abusado y asesinado a su hija, hasta hoy, dos juicios después, pues la impunidad sigue consagrada. De motivar el Primer Paro Nacional de Mujeres a la decisión que tomó Marta ahora: estudiar abogacía. La injusticia como una tortura y la lucha como un tejido social que sigue en Mar del Plata, con un centro cultural, un bachillerato y un movimiento que no se amilana.

Por Evangelina Buccari




MU 214: Mujer maravilla

La Cordobaza: 3J y el Ni Una Menos en la provincia de Agostina

La undécima edición del Ni Una Menos llegó a Córdoba con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. La gente salió a la calle bajo la lluvia once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta. Cómo se busca justicia.

Por Bernardina Rosini




MU 214: Mujer maravilla

El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión

¿Qué explica que una banda que rechazó las reglas de la industria se haya convertido uno de los fenómenos culturales más masivos de la Argentina? Desde la producción de sus discos hasta la organización de sus recitales, desde el vínculo con su público hasta la construcción de una comunidad capaz de sobrevivir a su propio fundador, la historia del Indio Solari y sus grupos también es la historia de una forma de crear, pensar, sentir y organizarse, con la autogestión como herramienta y filosofía de vida.

Por Francisco Pandolfi, Mariano Randazzo y Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Mundo Chueco: Jorge Chueco Romero, sacerdote de Ciudad Oculta

Es cura en Ciudad Oculta. Todos los miércoles acompaña el reclamo de jubilados en el Congreso, donde aguanta los palazos y el gas pimienta. No cobra la asignación de la Curia, sino que vive de su trabajo como obrero y albañil. Una “camicharla” entre los murales del barrio: qué hacer con la vida, Bergoglio, el Indio, el peronismo, y una lista de cosas importantes.

Por Sergio Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

El trava power: Las Simbióticas

Nacidas en las sierras cordobesas, mezclan cumbia, humor travesti y compromiso político. Entre canciones, risas y reflexión, sus integrantes reivindican la construcción de redes, la diversidad y la alegría como forma de resistencia.

Por María del Carmen Varela




MU 214: Mujer maravilla

Ser de luz: Nina Suárez

Acaba de sacar el disco El lado oscuro, donde enfrenta algunos fantasmas y ausencias familiares y amorosas, acaso dos versiones de lo mismo. Lo hizo con un power trío que se suena todo. Ella compone, canta y toca la guitarra de una manera conmovedora y que remite inevitablemente a su madre, Rosario Bléfari. Breve semblanza de una artista capaz de brillar con la oscuridad.

Por Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Crónicas del más acá: GPS

Por Carlos Melone

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La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

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Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.

Por Bernardina Rosini

El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.

Lo que no se puede creer

Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.

Varones

Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org

«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.

Dónde está Delicia

Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.

Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.

Justicia sin apellido

Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»

Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.

La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

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MU 213: Movete

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MU 213: Movete

Son personas que se organizan y se movilizan para defender derechos de toda la
sociedad. Son quienes sufren palos, gases y humillaciones por estar de pie. Quienes
crean respuestas donde hay impotencia y nuevas palabras para definir el futuro.
Nuestro homenaje: reunirlas y escucharlas.




MU 213: Movete

Mover el mundo: Cumbre de imprescindibles

Jubilados, discas, asambleístas ambientales, travas, familias víctimas de femicidios y el papá de Pablo Grillo: reunimos a quienes se movilizan y no abandonan la calle a pesar de los palazos y de la falta de respuestas. Quienes marcan una agenda por abajo que es a la vez un rumbo y un llamado a la acción, y también a la unidad. Frente a la dispersión, voces que hablan de un horizonte común, más acá de la política partidaria, para repensar la democracia y la forma en que resistimos.

Por Claudia Acuña




MU 213: Movete

Del dicho al hecho: Los crímenes de odio baten récords

En 2025 se produjeron 227 crímenes de odio contra personas de la comunidad LGTBIQ+: 60% más que el año anterior. El combustible: la violencia y discriminación desde el gobierno, empezando por el Presidente, y el desmantelamiento de políticas públicas. La precarización de la vida privada y lo que ocurre cuando el Estado se retira.

Por Evangelina Bucari




MU 213: Movete

Comunicacción: Unión de Medios Autogestivos

Siete medios de todo el país nos reunimos para crear transversalidad, proyectos y compartir ideas sobre cómo hacer periodismo en tiempos mileístas y más acá: el cooperativismo, las comunidades, el territorio, la agenda propia. ¿Cómo crear valor, generar puestos de trabajo y sostenerse cuando todo se cae? Lo que representan estos diarios, revistas, agencias y periodistas todoterreno que resguardan lo mejor del oficio, por fuera de Tik Tok y los streamings de turno.

Por Lucas Pedulla




MU 213: Movete

Ojos bien abiertos: Tadeo Bourbon, fotógrafo

Fue uno de los premiados por el World Press Photo por una imagen que podés ver en la página siguiente. La historia de Tadeo y de aquel día de marcha, represión, golpes y gas pimienta. De la moto, los casamientos y otros empleos, al contexto profesional y a la vez emocional que alimentó ese click al que llamó La Argentina de Milei.

Por Sergio Ciancaglini




MU 213: Movete

Alerta verde: MU en Misiones

Desde que asumió Milei, el precio que se paga a productores y trabajadores está desregulado. Cómo impacta esto en una industria ya precarizada, y lo que genera: éxodo rural, desarraigo, pobreza. Crónica de una época desde un territorio olvidado y en lucha.

Por Francisco Pandolfi




MU 213: Movete

Mondiablo: Juicios contra el Roundup de Monsanto/Bayer

Las pérdidas millonarias de Bayer por las demandas vinculadas al glifosato vuelven a poner en escena una historia que lleva décadas: evidencia científica, fraude corporativo, lobby político y daños sanitarios y ambientales a escala global. Mientras avanzan nuevos acuerdos judiciales y Trump sale al rescate de la compañía, el herbicida sigue presente en cuerpos, territorios y alimentos.

Por Anabel Pomar




MU 213: Movete

Anti algoritmo: Cineclub Mabuse

Hace 25 años que Uriel Barros proyecta películas en Súper 8 en festivales, centros culturales, escuelas, bares y espacios under. Una defensa artesanal y colectiva del cine frente a las plataformas, los algoritmos y el consumo individual. Terror, ciencia ficción, muñecos malditos y películas que todavía necesitan ser vistas.

Por María del Carmen Varela




MU 213: Movete

Monte Hermosa: Josefina Lamarre

Editó el álbum Yin Yang y también le cantó (en contra) al amor extractivista. De la tevé en piyamas a la comedia musical, la perfomance, el Hotel Faena y las coplas chismosas. Lo que surgió de una ducha y la convivencia entre lo tanático, lo erótico y lo vital.

Por María del Carmen Varela




MU 213: Movete

Biblias.

Por Carlos Melone

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