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Escuchar a quien escucha: la lección de Claudia Piñeiro en la apertura de la Feria del Libro.

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La escritora Claudia Piñeiro inauguró la 44 edición de la Feria del Libro con una clase magistral sobre literatura y política. Su discurso -que aquí puede leerse completo- trazó un panorama preciso sobre la relación entre producir textos y habitar esta época. Pero sobretodo, demostró cómo se crea un diálogo respetuoso en momentos en que demandas urgentes son ignoradas. Frente a la multitud de docentes y estudiantes que reclamaba que no se cierren los institutos de formación, la escritora fue la única ovacionada. Qué dijo, cómo lo dijo y por qué no pudieron ni hablar los funcionarios de Cultura.

Parada al borde del escenario, con un micrófono que no funcionaba y la obligó a luchar contra el mal sonido, la escritora Claudia Piñeiro dio una clase magistral de literatura y política. Ese acto se convirtió en histórico por muchas cosas: por el texto que escribió para recorrer todos y cada uno de los puntos que construyen la relación entre hacer literatura y ser parte de una época, por la forma en que definió ese rol a partir de considerar el oficio de escribir un trabajo y todas las consecuencias que esa definición implica en la actualidad, por la precisión con que trazó el rol de las mujeres en esa escena que las invisibiliza y en esta realidad que las convierte en protagonistas, por cómo regaló como final un listado de quince libros imprescindibles para pensar el derecho a la no maternidad “una cuestión clave en este debate sobre aborto”, pero sobre todo por el silencio que logró imponer en una sala alborotada por reclamos urgentes que tronaban allí para ser escuchados en algún lado.
La ceremonia comenzó puntual y solemne, con el discurso del presidente de la Fundación El Libro, Martín Gremmelspacher. Luego, cuando el locutor anunció que hablaría el secretario de Cultura porteño, Enrique Avogadro, la sala estalló. Avogadro nunca llegó a ocupar el lugar destinado a los oradores en el escenario porque quedaba claro que el reclamo de docentes y estudiantes de los 29 profesorados terciarios  –que un proyecto de ley de la ciudad quiere cerrar para centralizar la formación docente en una sola institución- no iba a cesar, sino todo lo contrario. Tras unos minutos de cantos a viva voz que clamaban “señor, señora no sea indiferente, nos cierran los terciarios en la cara de la gente”, todo parecía indicar que no había forma de retomar el control del acto. Entonces sucedió lo histórico: Claudia Piñeiro se paró al borde del escenario.
La multitud bramaba “retiren el proyecto” y fue entonces cuando, sin micrófono, Claudia Piñeiro miró de frente a los que estaban próximos al escenario y les dijo: “Yo fui al profesorado de matemáticas y por eso digo lo mismo que ustedes: retiren el proyecto”.
Volvió a repetirlo un minuto después, cuando la sala ya estaba habitada por un silencio de misa, con la multitud de pie, sosteniendo en alto sus carteles y reclamos.
Lo que siguió fue un diálogo, no un discurso.
Claudia Piñeiro le habló a esa multitud y esa multitud la escuchó porque ella la escuchó. Estuvo siempre atenta a establecer ese contacto, a dirigir sus palabras hacia esa necesidad de no ser invisibilizado.
Nunca les pidió que se callaran ni que la escuchen.
No hizo falta.
Sus palabras –que tal como acotó fueron escritas antes de saber que ellos iban a estar ahí- los contemplaba.
Al terminar Piñeiro, ovacionada al levantar en alto el pañuelo verde de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, el locutor anunció que era el turno del discurso del secretario de Cultura de la Nación, Pablo Avelluto. Fue directo al choque: “Los fascistas que gritan se pueden callar así podemos seguir con el acto”, ordenó.
La respuesta fue consigna, grito, abucheo.
Avelluto anunció entonces: “Uno de los fascistas va a hablar por el micrófono, así podemos continuar con el acto”.
Quien habló fue Juan Manuel Sánchez, consejero de Graduados del Instituto Lenguas Vivas. Fue breve; “Les pedimos que defiendan a los profesorados de formación docente. Les pedimos que defiendan la educación pública”. Avelluto intentó, entonces, advertir a los presentes que así se procede en democracia. La respuesta fue un grito: “Esto no es democracia”. Fue el final. El secretario de Cultura, ya desbordado, replicó: “No me vas a enseñar vos, maleducado, lo que es la democracia”. Y visiblemente alterado, se retiró.
Así, la apertura de la edición 44 de esta legendaria Feria del Libro, dejó un único recuerdo memorable: las palabras de la escritora Claudia Piñeiro.
A continuación, su intervención, completa.
Vale la pena leerla.
El resto, resta,
Discurso de la escritora Claudia Piñeiro en la inauguración de la 44 Fería del Libro:
Antes que nada quiero agradecer haber sido elegida para dar el discurso de apertura en esta Feria del Libro de Buenos Aires. La Feria es el evento literario más importante de la ciudad, del país y de la región. Y una de las ferias en español más destacadas del mundo. Vengo a esta feria desde antes de ser escritora. Valoro lo que tiene de literario y también lo que tiene de evento social, de lugar de reunión, de cofradía, de territorio por el que transitan infinidad de personas buscando un libro. Desde que fui convocada a dar este discurso me persigue una pregunta: ¿Qué se espera de un escritor? ¿Alguien espera algo de nosotros? Tal vez sí. O tal vez ni siquiera que escribamos un próximo libro.
Cuando hace ocho años Griselda Gambaro tuvo que dar su discurso inaugural en la Feria de Frankfurt citó a Graham Greene quien había dicho: «Debemos admitir que la verdad del escritor y la deslealtad son términos sinónimos (…) El escritor estará siempre, en un momento o en otro, en conflicto con la autoridad». Me atrae ese lugar para el escritor: el de conflicto con la autoridad. Entendiendo por autoridad –en nuestro caso- el Estado, la industria editorial y los intolerantes que pretenden imponer cómo debemos vivir. Me siento cómoda en un colectivo de escritores para los que la lealtad nunca deba ser con la autoridad, sino con el lector, con el ciudadano, con la literatura y con nosotros mismos. Y retomo el concepto tal cual lo expresó Gambaro: «Así debe ser por razones de sano distanciamiento en la preservación del espíritu crítico, de la disidencia como estado de alerta, si bien es preciso no confundir la disidencia – trabajo de pensamiento – con la estéril rutina del antagonismo sistemático.» Quiero apropiarme de esa frase de Gambaro: disentir como estado de alerta, no como antagonismo sistemático. La vida está llena de gestos que tienen un significado y tratamos de decodificar. Nosotros, como escritores, estamos atentos a los gestos que nos muestran la industria, el Estado y por supuesto, los lectores. Los nuestros también importan, pero solemos creer que alcanza con escribir. Sin embargo, hay determinadas circunstancias sociales frente a las cuales la falta de acción o la falta de gesto explícito también transmite un mensaje.
Quiero señalar algunos de esos gestos.
Los escritores somos parte de la industria editorial. Reivindico el ejercicio de la literatura como trabajo y nosotros como trabajadores de la palabra. Somos trabajadores dentro de una industria, pero a veces ni nosotros mismos tenemos conciencia de ese status. La confusión puede deberse a que trabajamos haciendo lo que más nos importa en la vida: escribir. Hay textos inolvidables de George Orwell, Marguerite Duras, Reinaldo Arenas, acerca de por qué escribimos. Dice Arenas: «Para mí, escribir es una fatalidad, no una razón; una fuerza natural, no una interpretación». Podría suscribir lo que dicen todos ellos, en especial sumarme a lo que dice Arenas porque creo que cualquiera de esas búsquedas del origen de la propia escritura son posteriores al acto. En el acto de escribir hay pulsión. Escribimos porque no tenemos más remedio, porque si no escribiéramos no seríamos quienes somos. Creo en la escritura como una marca ontológica.
Nosotros tenemos plena conciencia de la crisis que atraviesa el sector; somos parte de la cadena de valor tanto como lo son todos los otros eslabones: el accionista que invierte en el negocio, el editor, el imprentero, el librero, el distribuidor, los correctores, los traductores y cada uno de los que trabajan en la industria. Nos gusta lo que hacemos y tal vez, si tuviéramos de qué vivir, lo haríamos gratis. Pero el trabajo se paga. Se nos debe pagar en tiempo y forma lo que vale. Algunas editoriales lo hacen, algunas no. No se trata de tamaños: grandes, medianas o independientes, hay quienes hacen las cosas bien y quienes las hacen mal. En ese sentido yo me siento privilegiada. Pero tengo la responsabilidad de hablar no sólo por lo que me pasa a mí sino por mis colegas.
Más allá de que el 10% por derechos de autor – porcentaje que no tiene otra explicación que «porque siempre fue así»- se liquide semestralmente y sin ajuste por inflación, hay editoriales que pudiendo hacerlo no pagan anticipos y otras que proponen contratos infirmables que no resistirían un análisis ni jurídico ni ético. ¿Por qué los firmamos? Porque queremos ser publicados, porque sabemos lo difícil que es conseguirlo, pero también porque estamos convencidos como El mercader de Venecia, de Shakespeare, que aunque el contrato diga que deberemos pagar con una libra de carne, llegado el caso Shylock no será capaz de tomar el cuchillo y cortarnos un pedazo del cuerpo: error.
Y porque estamos solos. Hay un estado de indefensión ante ciertos usos y costumbres que deberían ser revisados. Algunos tenemos la suerte de contar con un agente que nos defienda. Algunos tenemos la suerte de trabajar con editoriales que cumplen con sus obligaciones. Pero muchos escritores no. Ante esas inequidades hay una ausencia del Estado. Es poco habitual encontrar diputados que estén pensando leyes que nos protejan. Los jueces no entienden nuestros reclamos. Los distintos actores del Poder Ejecutivo no dan respuestas a preguntas sobre la continuidad de premios nacionales y municipales, la Ley del Libro o la jubilación de los escritores. No pretendo que nos digan que sí a todo lo que pedimos, pero pretendo un intercambio de opiniones y una respuesta que demuestre que se nos escucha. La ausencia de gesto también es un gesto. Los dramaturgos y guionistas cuentan con Argentores, que con errores y aciertos, defiende sus derechos. El resto de los escritores no tenemos sindicato en el sentido estricto de la palabra. Tal vez porque somos seres muy solitarios y poco afectos a lo gregario es que nos cuesta reclamar en conjunto y este reclamo no puede ser individual. Tal vez porque sentimos que la literatura tiene que estar por encima de cualquier demanda. Y es cierto: la literatura debe estar por encima de cualquier demanda; pero hoy, en el 2018, los escritores somos un engranaje de una industria que genera bienes y servicios y nuestra tarea tiene que ser honrada como lo que es: trabajo.
Algunos gestos novedosos y positivos. Han surgido en los últimos tiempos colectivos con conciencia de la necesidad de visibilizar lo que nos pasa. Por un lado la Unión de Escritores, que en su razón de ser dice : «Somos un grupo de escritoras y escritores interesados en instalar el debate sobre la figura del escritor en tanto trabajador». Un grupo que iniciaron entre otros Selva Almada, Julián López, Enzo Maqueira, Alejandra Zina, y al que hemos adherido muchos más. Con ese debate, la Unión intenta lograr que escritores con menos experiencia adviertan que si alguien pide la libra de carne, no hay que firmar. Por otro lado está el nacimiento de Nosotras Proponemos literatura, una Asamblea Permanente de Trabajadoras Feministas del Campo Cultural, Literario e Intelectual que gestaron entre otras Cecilia Szperling, Florencia Abatte y Gabriela Cabezón Cámara. Ya adherimos más de trescientas cincuenta escritoras. NP literatura se define así: “Nosotras proponemos diez puntos para un compromiso ético y solidario en la búsqueda de la igualdad de espacios, visibilidad y puesta en valor de la mujer en el campo cultural, literario e intelectual».
Soy mujer y he tenido la suerte de hacer una carrera que me llevó a los lugares donde quería estar. Incluso a lugares que no había imaginado. Pero que en un grupo invisibilizado algunas logremos hacernos ver no invalida la oscuridad sino que la potencia. Me han hecho infinidad de entrevistas relacionadas con la Feria del Libro y en muchas me preguntan cómo me siento, dada mi condición de mujer, por abrir esta edición. Mi respuesta: «El año pasado la abrió Luisa Valenzuela». El error o el olvido denota la discriminación: es «exótico» que se le otorgue ese lugar a una mujer.
Cuarenta y cuatro ediciones, cuatro escritoras.
En estos días tuve la suerte y la amarga experiencia de escuchar numerosos ejemplos de discriminación e invisibilización de mujeres en el campo literario: en lo académico, en lo editorial, en lo institucional. No en la elección de los lectores. No en el éxito a lo largo del mundo. Voy a dar un solo ejemplo. Hoy los medios culturales a nivel mundial hablan de la literatura argentina nombrando, entre otros pero con mucha mayor frecuencia, a Samanta Schewblin, Ariana Harwicz –ambas finalistas del Booker Prize_ y Mariana Enriquez. Schewblin y Harwicz viven en el exterior, pero a Enriquez la tenemos a pocas cuadras. Si quieren oírla no la busquen en el programa de la Feria porque acá no estará. Van a tener que ir al Malba cuando converse con Richard Ford. Un afortunado Richard Ford. Quiero marcar esto no como reproche sino para que se vea. Como el mingitorio de Duchamp cada invisibilización grosera de una mujer trabajadora de la literatura debe ser sacada de su lugar y expuesta para que se tome conciencia. Los festivales de literatura y las ferias, salvo honrosas excepciones, están plagadas de mesas para debatir -entre mujeres por supuesto- si existe la literatura femenina, literatura y feminismo, el papel de la mujer en la literatura. Pero en las mesas de cuento, novela, lenguaje, crítica, las mujeres son minoría o no están. Así como hoy creo que a nadie se le escapa lo políticamente incorrecto que resultaría preguntarle a Obama qué siente haber sido presidente de los Estados Unidos siendo negro, o a Johanna Sigundardottr qué se siente ser presidente de Islandia y lesbiana, llegará un día en que dará vergüenza preguntar qué se siente ser mujer y abrir la Feria del Libro.
Pero más allá de los gestos acerca de nuestros derechos particulares, quisiera ahondar en un gesto que me parece trascendental para definir si se le da importancia o no a la literatura: la formación de lectores. Nadie nace lector. Se llega a ser lector transitando un camino de iniciación. ¿Qué estamos haciendo todos, la industria, los promotores culturales, nosotros escritores y especialmente el Estado para que haya cada día más lectores?
Sin lectores no hay literatura.
Lo dijo Sartre: «La operación de escribir supone la de leer como su correlativo dialéctico (…) Lo que hará surgir ese objeto concreto e imaginario que es la obra del espíritu, será el esfuerzo conjugado del autor y del lector. Sólo hay arte por y para los demás».
Permítanme repetirlo, si no hay lectores no hay literatura.
Hace no mucho escuché a Martin Kohan hablando de un autor argentino que él considera de los mejores escritores contemporáneos y a quien lee muy poca gente. Kohan decía que su trabajo en la Universidad es revertir la situación, formar lectores que aprecien esa literatura y quieran leerlo. No se quejó de que muchos no lo lean, sino que expresó la conciencia de la necesidad de formar un lector. No cualquier lector se podrá encontrar con cualquier texto si no se lo entrena. Esta misma necesidad se puede transportar a otros niveles de lectura y concluiremos que hay argentinos que no están preparados para leer ningún texto. La democracia necesita ciudadanos y la lectura forma ciudadanos con pensamiento crítico y diverso.
Aún sin la competencia con la tv, el cine, series o entretenimientos virtuales, si una persona no está entrenada para leer nunca elegirá esa opción. Está claro que si un chico sale de la escuela primaria sin poder leer de corrido no podrá ser lector. Y no hablo de operaciones básicas de lectura como la elipsis, la anticipación, comprender una metáfora, poder hacer relaciones en base a conocimientos previos. Hablo de leer de corrido. Como primer paso tenemos que exigir que los alumnos terminen la escuela primaria con las habilidades indispensables para ser lectores. Lo tenemos que exigir no por la literatura, sino por ellos. De otra manera estarán condenados a la exclusión. Es una deuda de la educación que lleva décadas. Luego buscar la manera de transmitir el entusiasmo por la lectura. Si de verdad un país cree en la importancia de leer, la promoción de la lectura debe ser una política de Estado.
Además de lo mucho que esta Feria hace por la promoción de la lectura, hay tres modelos muy exitosos que me gustaría destacar. Uno es el que desde hace años desarrollan Mempo Giardinelli y Natalia Porta López en el Chaco. No he visto nada igual. Cientos de maestros, profesores y promotores de lectura absorbiendo materiales, pero sobre todo energía para contagiarla a nuevos lectores. Es una actividad que emociona. El Estado debería apoyarla con vehemencia. Otro modelo de promoción de la lectura exitoso es la Conabip, tan reconocido que en este momento hay personal de esa institución trabajando en el proceso de paz de Colombia, enseñando el modelo de inclusión social que significan las Bibliotecas Populares. Lo que sucede con la Conabip, además de deslumbrarme por su tarea, me conmueve porque es una obra de años que pudo sostenerse a través de distintos gobiernos. Las políticas culturales tienen que ser persistentes en el tiempo para que surtan efecto. Si un nuevo gobierno borra lo que hizo el anterior estamos siempre en la línea de largada. He visto la gran labor de la Conabip desde los años en que estaba María del Carmen Bianchi, hasta hoy que la dirige con tremendo entusiasmo Leandro Sagastizabal. No hubo ruptura por cambio de gobierno, el que llegó lo hizo para sumar. Así debería ser siempre. Por último, el Filba Nacional de la Fundación Filba, que cada año se traslada a una ciudad del interior a llevar literatura. El festival está pensado en cada caso para el público local. No son los lectores quienes deben trasladarse sino los escritores; además de que visibiliza autores de la región. Federalismo puro, eso que vemos tan poco a pesar de lo que dice la Constitución.
Por último la pregunta inicial, ¿qué espera el lector de un escritor? ¿qué espera un ciudadano de nosotros aunque no nos lea? En el mejor de los casos, como dije, un próximo libro que satisfaga lo que cada lector busca: suspenso, manejo del lenguaje, personajes inolvidables, entretenimiento, incomodidad, inteligencia, ampliación del mundo propio. Cada lector exige a su manera. Pero además de un próximo libro, ¿se espera que opinemos sobre determinados asuntos de la realidad? Tenemos la habilidad de ver con un lente más fino y mostrar lo que vemos con palabras. ¿Debemos usar esa herramienta? ¿Esperan que lo hagamos? Hay escritores a los que no les interesa esta intervención. Hay otros a los que sí les interesa pero les da temor. Hay algunos a los que les interesa en exceso, tampoco es necesario opinar de todo. Hace un tiempo Juan Sasturain contó en la contratapa de Página 12 cómo trataba de mantenerse en silencio en reuniones familiares o con amigos para no entrar en discusiones. Hasta que de pronto alguien tocaba un tema y al hacerlo trazaba una línea que lo obligaba a dejar claro de qué lado estaba. Coincido con él. El año pasado vivimos acá, en esta Feria, una experiencia parecida cuando se convocó a una marcha para repudiar el intento de aplicar el cómputo de 2X1 a las condenas de militares por sus crímenes durante la dictadura. Muchos de nosotros y la misma Feria del Libro como institución decidimos suspender nuestras actividades para ir a la marcha. Hace pocos días, nos pasó lo mismo a cuatrocientas escritoras que acordamos defender con nuestra firma y con nuestro cuerpo la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. Yo sentí en la calle el agradecimiento por esos gestos en aquella oportunidad y ahora, la confirmación de que eran necesarios. Sin embargo nos cuesta apropiarnos de ese espacio de intervención pública. Tal vez sea porque nos incomoda la palabra «intelectuales», como definición del escritor que interviene en la sociedad.
Lo explica muy bien Carlos Altamirano en su artículo Intelectuales: nacimiento y peripecia de un nombre. Dice: «El concepto de intelectual no tiene un significado establecido: es multívoco, se presta a la polémica y tiene límites imprecisos, como el conjunto social que se busca identificar». El uso del término en la cultura contemporánea nace en Francia en el año 1898 con el debate por El caso Dreyfus. En 1894, el capitán del Ejército francés Alfred Dreyfus, alsaciano y de origen judío, fue arrestado bajo la acusación de haber entregado información secreta al agregado militar alemán en París. Con pruebas inexistentes o controvertidas, se lo condenó a cadena perpetua en la Isla del Diablo. Aunque luego quedó claro que era un error, los jefes militares se negaron a revisar el caso, sostenían que admitirlo afectaría la autoridad del Ejército. Pero como diría años después Graham Green, el lugar del escritor es el de conflicto con la autoridad y Émile Zola se involucró en el affaire. En enero de 1898 publica en L’Aurore su carta abierta al Presidente de la República francesa: Yo acuso. El título se lo debemos al jefe de redacción Georges Clemenceau. Zolá advierte sobre la violación de las formas jurídicas en el proceso de 1894 y exige una revisión. Muchas firmas de peso lo acompañaron: Anatole France , André Gide, Marcel Proust. También muchísimos desconocidos, profesores, maestros, periodistas. A los pocos días Clemenceau hizo referencia a quienes firmaron como «esos intelectuales que se agrupan en torno de una idea y se mantienen inquebrantables». Un nuevo actor colectivo -en palabras de Altamirano- » proclamaba su incumbencia en lo referente a la verdad, la razón y la justicia, no solo frente a la elite política, el Ejército y las magistraturas del Estado, sino también frente al juicio irrazonado de una multitud arrebatada por el chovinismo y el antisemitismo.» En cambio Maurice Barrès, en una editorial de Le Journal los descalificó diciendo: «Estos supuestos intelectuales son un desecho inevitable del esfuerzo que lleva a cabo la sociedad para crear una elite». Vuelvo a citar a Altamirano: «El debate sobre el caso Dreyfus deja ver que la apología del intelectual y el discurso contra el intelectual se desarrollaron juntos, como hermanos-enemigos. El conocimiento social es siempre impuro y la lucidez suele ser interesada.»
Quizás sea el elitismo la acusación que más nos incomoda. Pero si la palabra intelectual incomoda la solución puede ser usar otra en lugar de no actuar. ¿Cuándo y cómo hacerlo? Cuándo lo sabrá cada uno. Cómo: con nuestros propios recursos. Los escritores tenemos herramientas literarias y lingüísticas que no todos poseen. No se trata de elite, se trata de oficio. De ser trabajadores de la palabra. Voy a destacar hoy tres: la conciencia lingüística, el punto de vista, la composición de los personajes.
La conciencia lingüística es un término que tomo de Ivonne Bordelois en La palabra amenazada. Dice Bordelois: «Pero si esta cultura ataca la conciencia del lenguaje es, en gran medida, porque de algún modo se adivina que en ella, además de la fuerza refrescante de la poesía, reside la raíz de toda crítica. Para un sistema consumista como el que nos tiraniza, es indispensable la reducción del vocabulario, el aplanamiento y aplastamiento colectivo del lenguaje, la exclusión de los matices».
Nosotros tenemos conciencia lingüística y por lo tanto podemos señalar a la sociedad cuando el uso, la desaparición o la apropiación indebida de una palabra es parte de una operación del lenguaje para manipularnos. Hace poco hablé de la palabra vida en los debates por la legalización del aborto. Hoy quisiera traer otra palabra que creo que fue usada de una manera que nos hizo mucho daño: grieta. Todos sabemos lo que es una grieta. Pero la palabra se usó para definir la división de nuestra sociedad por pensar diferente. Si hay una grieta hay dos territorios separados por un vacío. No hay puentes. No hay comunicación posible. Si uno quiere pasar de un lugar al otro para dialogar se cae en una zanja. Los que no se sienten parte de ninguno de los dos sectores están condenados a desplomarse en ese tajo hecho casi de violencia: una grieta no se piensa, no se planea, desgarra la superficie de forma antojadiza. La democracia es pluralidad de voces viviendo en un mismo conjunto y espacio social. ¿Éramos una grieta o el lenguaje operó sobre nosotros y nuestras diferencias para que no haya diálogo posible? Tal vez, si hubiéramos hecho una advertencia desde la conciencia lingüística la historia sería diferente.
Tenemos otro recurso muy valioso: el punto de vista. Nadie mira el mundo desde la misma ventana y por lo tanto no hay una sola imagen posible. Cuando escribimos elegimos desde qué personaje contaremos la historia y eso es una decisión trascendental. El cuento En el bosque , de Akutagawa, nos muestra que, en ciertas ocasiones, ni siquiera en un crimen existe una única verdad. Entender el concepto de punto de vista, en vez de dibujar una grieta, podría ayudar a ponernos en la ventana del otro para mirar el mundo, aunque luego uno termine eligiendo la ventana propia.
Por último la composición de los personajes. Cuando creamos un personaje necesitamos que tenga lo que Mauricio Kartun llama tridimensionalidad, que el personaje no sea plano ni maniqueo. Ese requerimiento nos obliga a hacer un ejercicio de humildad: un personaje no piensa ni actúa como nosotros, lo hace desde su propia identidad. Cuando alguien lee también tiene que hacer ese ejercicio. Caminar con los zapatos de otro ayuda a comprender que ese otro vivirá su vida como lo indique su historia personal y su esencia. Y esa comprensión nos puede enseñar a no juzgar, a abrazar aún después de un acto que no compartimos.
En dos de mis novelas y en un cuento toqué la temática del aborto. Pero no me arrogué la vida de mis personajes, no los hice actuar como yo habría actuado. En Tuya, la adolescente que queda embarazada y concurre a un consultorio clandestino, finalmente decide no abortar. En el cuento Basura para las gallinas una madre le hace un aborto a su hija con una aguja de tejer tal como vio a su propia madre hacérselo a su hermana. En Elena sabe, una mujer es secuestrada por otra.
He mencionado muchos libros en esta tarde de apertura de la Feria. Esa tarea, la de prescribir lecturas como una entusiasta receta médica, es algo que aprendí de mi maestro, Guillermo Saccomano. Cuando empecé a trabajar con él me entregó una lista de más de cien libros imprescindibles que aún conservo, y a la que le fue sumando generosas recomendaciones a lo largo de los años. Me gusta recomendar lecturas también. Podría entusiasmarlos con distintos libros ahora mismo. Pero dado el debate que hoy nos atraviesa y en mi rol de escritora que sí desea intervenir en la sociedad quiero dejarles una lista de novelas, textos de no ficción y cuentos que plantean el tema no sólo del aborto, sino del derecho a la no maternidad, una cuestión clave en este debate. En la buena literatura no encontrarán verdad sino puntos de vista, personajes que frente a un abismo toman decisiones según su esencia y nunca, ojalá, preceptores de moralidad.
Va mi lista.
Anoten:
Lanús, una novela de Sergio Olguín.
Pendiente, una novela de María Dimopulos.
Hospital de ranas, una novela de Lorrie Moore.
Una felicidad repulsiva, un cuento de Guillermo Martínez.
Matame amor, una novela de Ariana Harwicz.
Colinas como elefantes blancos, un cuento de Ernest Hemingway.
Los príncipes de Maine, una novela de John Irving.
La importancia de no entenderlo todo, un libro de artículos de Grace Paley.
A corazón abierto, una novela de Ricardo Coler.
Santa Evita, una novela de Tomás Eloy Martínez.
Enero, una novela de Sara Gallardo.
Palmeras salvajes, una novela de William Faulkner.
Contra los hijos, un libro de no ficción de Lina Meruane.
El curandero del amor, un cuento de Washigton Cucurto.
Vía revolucionaria, una novela de Richard Yates.
Sumen los suyos y pásenmelos.
Antes de despedirme un especial recuerdo a Liliana Bodoc, una ferviente trabajadora de la palabra. Liliana fue una mujer que vivió dando gestos, hermosos gestos. Y en disidencia como estado de alerta. A ella también tendrían que leerla si aún no lo hicieron.
Buenas tardes: disfruten la Feria del Libro.


 
 
 

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Los dilemas de San Cayetano

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Trabajo, fe y peronismo. Planes, pan, paz, tierra, Dios, techo, los evangélicos. Los problemas de querer hacer en esta época, las esperanzas y una agenda para ampliar derechos en esta nueva marcha que fue de Liniers a Plaza de Mayo.

Son las ocho de la mañana, es domingo y Carolina Capristo vende espigas con estampitas de San Cayetano a 100 pesos en el paso a nivel de estación de Liniers, sobre Rivadavia. El sábado trabajó hasta las ocho de la noche, se fue a su casa de Ciudadela –del otro lado de la General Paz, la avenida que divide como portal el conurbano de la CABA–,volvió temprano, y a comparación de lo que vio en la iglesia en otros años suelta un diagnóstico:

-No hay gente. Se perdió la fe. Se hicieron todos evangélicos.

Frente suyo se están acomodando tres cuadras de columnas con banderas de la Corriente Clasista y Combativa (CCC), Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE), Barrios de Pie, Movimiento Evita, Frente Social 17 de Octubre, Frente Popular Darío Santillán, Federación Nacional Campesina, Unión de Trabajadorxs de la Economía Popular (UTEP), CTA.

Frente suyo, como hace seis años, está por comenzar la movilización por Paz, Pan, Tierra, Techo y Trabajo que, 15 kilómetros más tarde, cerrará con un acto en Plaza de Mayo.

Carolina, sin embargo, conserva la fe. “Yo era empleada, trabajé en una tienda de ropa de cuero por 15 años, y con Macri fueron cerrando todos los negocios. Me dijeron que le haga juicio pero cómo le voy a hacer juicio al patrón si se fue a la quiebra. Quedamos hundidos y encima después tuvimos la pandemia, que fue mundial. Por eso, no es que la crisis es sólo argentina; y estamos saliendo a flote, aunque se venga el dólar a 300 o llegue a 500”.

Eso sí es fe.

La marcha comienza.

Buscar el peso

Carolina corrige: “Se le tiene fe a Dios y al peronismo. El peronismo nunca va a dejar al pobre a un lado, nunca nos va a escupir en la cara, ¿escuchaste?”.

¿Siente que también al peronismo se le está escapando esa fe? “A mí no”, retruca.

¿Pero qué percibe en general?

El peronismo tiene que ser unido. Lo dijo Perón: lo peor para un peronista es otro peronista que se le ponga en contra. Lo que hizo Máximo (Kirchner) que dejó su banca no me gustó: tu mamá eligió a Alberto, llegaron de nuevo y tenemos que estar unidos. A mí Massa no me gusta, pero tengo que seguir apoyando porque yo los voté.

¿No teme el regreso de ese proceso que hundió su anterior trabajo?

-No tengo miedo ahora. Yo caí en una crisis depresiva en la era Macri. Sabía que mi trabajo iba a la quiebra y yo era una de las empleadas que iba al frente por la camiseta. Me enfermé, estuve ocho meses psiquiátrica, con médico privado porque la clínica de OSECAC (la obra social de empleados de Comercio) es malísima. Y estoy de pie. Ni en la pandemia me agarró depresión. En cuatro casas de familia llegué a trabajar. Se puede.

Cobra un Potenciar Trabajo (en agosto, por un bono de $11.000, percibió $33.770) y está agradecida. “Con eso metí 20 en la tarjeta porque tengo metido un calefón eléctrico, pude hacer arreglos en mi casa de a poquito, y siempre trabajando: siempre busco el peso para que mi hijo, que tiene 14, vea que mamá sale a flote”, dice.

Lo agradece y da su punto de vista sobre la discusión planes-trabajo: “Por mí que me den más trabajo, que pueda hacer algo más por la comunidad, que me llamen para más trabajo social”.

-¿Trabajo, fe y peronismo sería su plataforma?

-Exacto.

Política crónica

A lo largo de la marcha se irán repitiendo algunas de las consignas más urgentes, como incremento del Salario Mínimo, Vital y Móvil (el monto percibido en el Potenciar equivale al 50% del salario mínimo), generación de fuentes de trabajo dignas y Salario Básico Universal. Por allí se ve al secretario general de ATE, Hugo Cachorro Godoy, caminando junto a Juan Grabois. También al secretario de Economía Social, Emilio Pérsico. Por la calle marcha también otro integrante de ese núcleo al que se suele llamar «Los Cayetanos», el subsecretario de Políticas de Integración y Formación del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, Daniel Menéndez, a su vez coordinador nacional de Barrios de Pie.

“Hay una variable que hoy no se analiza que es el proceso de desestabilización de los sectores concentrados”, apunta como contexto de la movilización. “Hay una búsqueda de condicionar y extorsionar muy nítida a través de la debilidad de nuestro gobierno, de una dependencia clara de los sectores que traen dólares a la Argentina, concentrados en la exportación de granos. Sin duda la pelea es porque no nos lleven puestos con un proceso devaluatorio que significaría un salto enorme en términos de pobreza”.

Foto: Hernán Vitenberg

Entre los movimientos sociales también hay una discusión respecto de la salida por abajo de esa crisis: planes, trabajo, salario universal, con miradas contrapuestas. “Tenemos claro que hay un fracaso de la política social en el último tiempo que tiene que ver con la idea de plan social. Fracasó la idea básica que tenía que ver con subsidiar a aquel que está por fuera del mercado del trabajo hasta que pueda volver a integrarse al mercado. La experiencia de los últimos 25 años, con procesos de crecimiento en el medio, da cuenta que no se amplió la masa formal, entonces la idea de un subsidio temporal terminó siendo la de un subsidio crónico”.

Menéndez plantea como hipótesis un camino de inversión productiva: “Hay un hartazgo que se construyó, sobre todo en sectores medios, respecto a la idea de subsidiar al que no trabaja. Por eso hay que poner en valor la inversión productiva. En la actual coyuntura es importante construir respuestas que no estigmaticen la política social, porque ese es el paso previo para achicarla o desmantelarla. Hay que tener una política inteligente capaz de valorizarla”.

Operaciones y preocupaciones

Sara tiene 35 años, es referente de la CCC en la localidad de Virrey del Pino, en La Matanza, y camina de la mano con su bella hija Aimé. Lxs integrantes de la CCC tienen una pechera con el rostro de Freddy Mariño, histórico miembro de la organización, que murió en abril de este año. A los reclamos que se escuchan en la marcha, Sara además suma la criminalización a las organizaciones sociales: la CCC fue acusada de forzar a sus integrantes a aportar un porcentaje de lo que perciben desde el Potenciar Trabajo, y sufrieron allanamientos en 23 merenderos por una causa que se inició en tiempos del macrismo.

“Son todas mentiras y eso está quedando en evidencia: nuestros compañeros hacen un aporte voluntario porque así sostenemos a la organización para poder salir día a día”, explica. “Hoy los planes los necesitamos porque es la única salida para los desocupados que tenemos. Nosotros íbamos a no quedarnos en los planes, sino a generar trabajo genuino a través de cooperativas. Sobre todo pensando también en los jóvenes, que son una camada que quedó por fuera del trabajo en blanco: no los toman en ningún lado por no tener experiencia laboral. Pero hoy la situación está complicada. Por eso salimos a pedir techo, tierra y trabajo”.

Tania tiene 42 años y trabaja en una cooperativa del Frente Agrario del Movimiento Evita en el barrio 9 de abril, en Esteban Echeverría. “¿Qué me aporta la cooperativa? Trabajo y la posibilidad de ayudar al compañero”, responde. Trabaja en el rubro textil y en panificado, y de lunes a lunes está en un merendero que da de comer a 300 familias por día: “La sensación es de satisfacción por poder ayudar, pero también duele mucho”.

Por ese trabajo, también le duele cuando escucha por los medios cómo estigmatizan a las organizaciones: “Sería bueno que no pongan a todos en la misma bolsa. Lo que recibimos, lo merecemos”.

Nurit tiene 30 años y en la marcha del año pasado estaba embarazada: hoy, sobre sus brazos, lleva a Santiago, su hijo de 9 meses que ahora duerme con fuerte compromiso. Milita en el MTE en el acompañamiento de cinco centros barriales de Vientos de Libertad en los barrios porteños de Parque Patricios, Chacarita, Once, Barracas y la 31. Y subraya como urgente un Salario Universal: “Es un contexto crítico. Para nosotros el Potenciar es una política de trabajo dentro de la organización: las personas que lo cobran, trabajan, y te puedo asegurar que mucho más que aquellas personas que hablan por los medios de estas cuestiones. Y el Salario Universal es un ingreso mínimo que permita salir de la indigencia a quienes hoy no pueden llevar el pan arriba de su mesa. Discutir el hambre es una foto de cómo estamos hoy”.

Los centros de Vientos de Libertad son un crudo espejo de la actual situación: “Cuanto peor es el contexto, más trabajo tenemos. El nivel de complejidad que estamos recibiendo es dramático: se nota la degradación del tejido social en momento de crisis, porque hay compañeros y compañeras cada vez más complicados en relación al consumo, a la violencia, y a la violencia de género. La demanda es mucha”.

Y otro indicador: “Cada vez recibimos más gente sin techo. Y lo que se ve son los niveles de desidia estatal y abandono, porque los que llegan a nuestros espacios tuvieron antes un millón de derechos vulnerados. Los compañeros, hoy, están llegando devastados”.

Una agenda

El acto en Plaza de Mayo fue multitudinario. Las organizaciones leyeron un documento en el que detallaron varios puntos para recalcar: “Queremos aprovechar esta ocasión para visibilizar nuestro trabajo y romper el mito de que vivimos de un plan. Hace ya mucho tiempo que convertimos esos planes en trabajo genuino. En unidades productivas de costura, construcción, reciclado, integración urbana. En empresas recuperadas, agricultura familiar, campesina e indígena, en grupos comunitarios de cuidado, educación, deporte, recuperación de adicciones y reinserción de liberados. Hemos hecho miles de kilómetros de veredas, desagües, cloacas, tendidos eléctricos. Hemos recuperado miles de toneladas de plástico, de papel cartón, vidrio, metales. Miles de campera, calzado. Kit sanitarios y escolares. Hemos construido miles de viviendas, polideportivos. Hemos producido toneladas de fruta y alimentos para nuestro pueblo. Hemos alimentado barrios enteros durante la pandemia”.

Eso, destacan, es trabajo y es genuino: “No falta trabajo, nos faltan derechos laborales”.

Y expusieron una serie de puntos, en el marco de una Ley General de Tierra, Techo y Trabajo, que exigen al Congreso tratar de forma “urgente”:

  1. Ampliación de derechos: salario universal y desarrollo de la economía popular. Creación de Ministerio de la Economía Popular. Monotributo productivo. Fondo fiduciario para la promoción del crédito y la economía popular. Compras gubernamentales.
  2. Acceso a la tierra y protección de zonas estratégicas de soberanía alimentaria.
  3. Espacios sociocomunitarios y productivos. Tareas de cuidado y promotoras de género. Reconocimiento de trabajadora de cuidado y promotoras de género. Acompañamiento para víctimas de violencia en barrios. Educación cooperativa y gestión social cooperativa.
  4. Gestión integral de envases y reciclado social.
  5. Protección de humedales: inventario nacional y uso sustentable. Fondo nacional.
  6. Pueblos originarios. Prórroga de la ley 27160. Cronograma de finalización de relevamiento territorial indígena.
  7. Pesca artesanal. Registro nacional de pesca artesanal. Terminales pesqueras de proximidad. Permisos simplificados.
  8. Barrios populares. Prórroga de prohibición de desalojo. Plan nacional de viviendas populares y loteo social.
  9. Empresas recuperadas. Utilidad pública del proceso de recuperación de empresas por sus trabajadores. Proceso de expropiación de unidades inscriptas en RENACER.
  10. Emergencia en adicciones. Ampliación presupuestaria para casas comunitarias y convivenciales. Pauta publicitaria para prevención de adicciones.

Previo a dar la palabra a referentes de las organizaciones, cierran: “No al ajuste”.

La plaza aplaude.

Tal como dicen, en contextos con anuncios macroeconómicos inciertos y consecuencias aún más oscuras, esa agenda marca un camino: por abajo. Nurit, con su hijo de 9 meses en brazos, cierra entonces qué significa San Cayetano: “En un contexto difícil y desafiante, necesitamos motivos para juntar esperanza”.

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Informe América: dictamen del INADI establece que hubo violencia machista

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El Informe América fue elaborado por el colectivo Periodistas Argentinas en relación a la violencia laboral ejercida en el Grupo América hacia trabajadoras y trabajadores. A raíz de la presentación en distintos organismos del Estado, el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo, dictaminó que el periodista Antonio Laje tuvo conductas “violentas”, “cínicas” y “perversas” y que la conducción de dicho grupo de medios tuvo una actitud “reaccionaria, anacrónica y a todas luces ineficientes”. Los principales puntos y las recomendaciones del organismo.

El Informe América se presentó el diciembre pasado en la Sala II del Anexo de la Cámara de Diputados de la Nación para dar cuenta de un sistema y un modus operandi que se viene desarrollando a lo largo del tiempo en el multimedio Grupo América. 

El documento se presentó luego oficialmente en distintos organismos estatales: la Oficina de Asesoramiento sobre Violencia Laboral del Ministerio de Trabajo de la Nación, el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI), la Defensoría del Público y el Ente Nacional de Comunicación (ENACOM). Además se entregaron copias al Sindicato de Prensa de Buenos Aires (SiPreBA) y al Sindicato Argentino de Televisión, Servicios Audiovisuales, Interactivos y de Datos (SatSaid).

Luego de una investigación la Dirección de Asistencia a la Víctima del INADI, a cargo de Demián Zayat, emitió un dictamen técnico de opinión que confirma “la conducta violenta de género del Sr. Laje y la complicidad o aquiescencia de las autoridades y dueños del multimedios en el cual se desempeña”.

Esta situación fue denunciada por Periodistas Argentinas cuando enfatizó que no se trataba de una sola persona sino de una situación sistemática que se viene desarrollando a lo largo del tiempo.

El dictamen sostiene que se identifica “un modus operandi generalizado en el ámbito de los medios masivos de comunicación: el machismo imperante en ellos, materializado en el acoso, abuso, maltrato, intimidación y descrédito profesional al que son sometidas las mujeres”. Además remarca que ”mientras la violencia de género gana lugar y relevancia en los medios” son los propios medios  en donde “se perpetúan y reproducen conductas machistas contra las trabajadoras”. 

Sobre el modus operandi detallado en el Informe América, el INADI entiende que “dicha práctica tiene un aspecto cínico y otro perverso”. Y detalla cada uno: 

  • “El costado cínico reside en el principal argumento de defensa esgrimido generalmente por las personas acusadas, argumento que endilga a la vorágine de ‘la exigencia profesional’ la responsabilidad por ‘algún exceso’”. 
  • Respecto al costado perverso: “Anida en que los maltratos y abusos denunciados generalmente implican el desastre para la denunciante, su descrédito profesional, persecución o despido, que generalmente incluye también caer en una suerte de lista de vetados que impide trabajar en otros programas o medios del grupo en cuestión o, en casos graves, incluso en cualquier otro medio del país. Este rasgo ruin, montado sobre el temor e incertidumbre que genera la posibilidad de perder el empleo, es el que precisamente habilita su propia existencia y continuidad”. 

Además en el documento emitido hoy por parte del organismo se sostiene que «Laje se victimizó y denunció una “operación” para destruirlo. Más allá del egotismo del Sr. Laje, que al parecer se considera lo suficientemente importante e influyente como para que se instalen operaciones en su contra, con sólo apreciar las declaraciones de las mujeres implicadas, sus tareas y sobre todo las consecuencias que tuvieron en sus trabajos, basta para descartar la falsa ‘operación’ argüida por Laje»

Otra definición: “La defensa del Sr. Laje consistió en definir a esta situación no como maltrato, sino como exigencia. Más allá del nombre que le quiera poner, los hechos encuadran sin lugar a dudas en todas las definiciones de violencia

contra la mujer que establece la normativa internacional y nacional». 

Respecto al papel y responsabilidad de los dueños y autoridades del Grupo América el organismo remarca que “su actitud ante la situación resultó reaccionaria, anacrónica y a todas luces insuficiente. En relación a su intervención en este expediente, si bien puede entenderse el derecho a la defensa que toda persona física y jurídica tiene, la actitud aséptica y tecnicista evidencia en las presentes actuaciones un desinterés absoluto por la violencia engendrada contra las mujeres en el medio que presiden”. 

Subraya el INADI que “en el afán de defender a su conductor deja a la empresa en una posición de absoluta complicidad con los graves hechos denunciados y de espaldas a una realidad (el empoderamiento de las mujeres para terminar de una vez con prácticas y conductas violentas contra ellas) que no va a detenerse por más caso omiso que quiera hacerse. Con su actitud la empresa, además, revictimiza a las mujeres implicadas, ya que la inacción respecto a lo ocurrido, aún ante la presentación de denuncias formales, reafirma la postura tomada al despedir a las trabajadoras que no se sometían a los abusos de Laje, o al permitir su persecución y acoso laboral, sin garantizar los más elementales derechos laborales”. 

Como organismo estatal que actúa contra toda forma de discriminación, el INADI estableció en el dictamen una serie de recomendaciones con el fin de prevenir y reparar las acciones denunciadas. Las recomendaciones son: 

  • “Arbitrar los medios necesarios de manera inmediata para evitar la continuidad de conductas denunciadas, sin que se adopten represalias contra las víctimas y denunciantes”. 
  • “Establecer capacitaciones sobre violencia de género a fines de evitarlas en el futuro y lograr un estándar aceptable en cuanto a los derechos de la mujer”. 
  • “Establecer segmentos sobre derechos de la mujer para sacar al aire en el programa de las noticias de la mañana”. 
  • “Aprobar y poner en práctica, de un modo conjunto con los representantes sindicales, un protocolo para prevenir y sancionar la violencia de género, de acuerdo a lo establecido por el Convenio 190 de la OIT, y crear un área de género para prevenir este tipo de conductas que deberá tener intervención en la investigación que se lleve adelante en las denuncias de este tipo”. 
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No te quedes en casa: teatro, música y un stand up mágico

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Música, humor y teatro para espantar las penas y una suerte de stand up de la magia. Una agenda para ver, escuchar, sentir y divertirse más allá de las pantallas. El arte real y presencial para confirmar en la práctica que la maravilla es posible.

Andrea Bazán y su música para espantar las penas

¿Por qué ir a ver este espectáculo? Porque Andrea Bazán es una cantautora maravillosa, porque estarán también Caro Bonilllo y Solana Biderman, porque Susy Shock andará por allí y tal vez algo se cante, porque el clima de calidez se puede acompañar con buena comida y bebida, y porque la entrada es a la olla (ex gorra): a voluntad de las personas que deciden pasar este gran rato.

Este viernes MU Trinchera Boutique será nido del ciclo que se lleva a cabo una vez por mes. Andrea presentará Pa’ despenar, su primer disco solista, que reúne catorce canciones y un poema que vienen surcando distintas geografías desde hace tiempo, planteando el despenar como acto de resistencia. Estará en la Trinchera su hermana, Susy Shock, quien la impulsó y produjo el disco.  “Susy es mi primera referente”. En el disco Andrea le dedicó a Susy un tema, Mana, que dice: “Juntas en las andanzas, suceden brotes, vida de serenata, rompes vos mis amarras, canta voz hermanada”. 

¿Por qué despenar? Andrea admite que el tema debe haber nacido de algún desamor de momento. Pa’ despenar recorrió varias gargantas y guitarras y hoy regresa a quien le dio vida. “Soy de creer que la música sana. Conmigo lo hizo. Por eso no tiene que ver con la tristeza, de sacar penas, sino con una manera de ayudar a que resistamos. Habla del río, del cauce y de volver siempre, de volver a una misma: eso despena cualquier cosa”. 

MU Trinchera Boutique, Riobamba 143

Viernes 5 de agosto, 21 hs

Reservas: www.lavaca.org/trinchera

Entrada a la olla

@andrea_bazan

@caro_bonillo

@solanabiderman

@mu.trinchera

Shamrock

Un símbolo irlandés: shamrock es el trébol de tres hojas, un buen augurio para la cultura celta. En esta obra escrita en verso e impregnada por la comedia, Mary llega a Buenos Aires desde Irlanda para casarse con Dido, también irlandés ya afincado en estas tierras. Mary huye de la hambruna en su país por la cual miles de personas escaparon entre 1845 y comienzos del 1900.

La joven encuentra apenas llega un panorama desalentador: su prometido está flechado por una argentina que trabaja en el Hotel de los Inmigrantes y hará todo lo posible por salir airoso del embrollo. En un país extraño, con el corazón roto y sus sueños cayendo en picada, Mary intenta recomponerse.

Esta obra comenzó a germinar en un taller de dramaturgia dictado por Ariel Barchilón al que asistía la actriz y dramaturga Brenda Howlin en 2013. Ante la consigna de escribir una escena en verso, en la cabeza de Brenda se encendió la imagen: “La de una irlandesa que viene a encontrarse con su prometido fluyó con mucha naturalidad”.

Ese imaginario de barcos, inmigrantes, puertos, encuentros y desencuentros siempre estuvo presente para Brenda, descendiente de irlandeses por rama paterna y de italianos por rama materna. Después de un tiempo de elaboración, en 2018 tuvo la versión final. Convocó al actor, director y docente Nano Zyssholtz y a las actrices Carolina Setton, Justina Grande y a los actores Alejandro Gigena y Pablo Kusnetzoff. “Siempre me imaginé la obra en tono de comedia y clown. Si bien los personajes padecen algunas de las cosas que les van pasando,a mi me gusta el registro de la comedia y sentía que Nano era ideal para trabajar esta obra. Las actrices y actores también fueron proponiendo”.  Nano se sintió idenrificado con la temática elegida por Brenda: “Lo primero que me sedujo fue el combo obra escrita en verso mas la temática de inmigración. Yo también soy descendiente de inmigrantes (en mi caso de Polonia) y me parecía que llevar esa historia al teatro y en clave de humor era una manera de conectar con mi propia historia”.

Brenda tenía en claro que quería escribir una comedia y una vez embarcada en la hechura de la obra, puso el foco en explorar los mandatos que  recibían las mujeres en esa época. “En tiempos en los que había que salvarse, ya sea de la crisis económica, como en el caso de los irlandeses, o de la guerra como en el caso de los italianos, tenían que huir de su país natal, buscar un nuevo lugar para vivir y venían a la Argentina donde estaba la promesa de encontrar trabajo y tierras. ¿Qué hubiera pasado si una de esas mujeres se hubiera plantado y dicho: y si no quiero todo eso que supuestamente tengo que hacer?  ¿Qué pasa si una mujer no pone el eje ahí sino en otra cosa? Ella tiene un emprendimiento con  una amiga, les va bien. Me interesbaa una protagonista femenna cuyo objetivo no sea el amor, armar una familia, sino el desarrollo personal, la emancipación,  la busqueda de la independencia”.

El humor asoma de principio a fin. La obra tiene momentos desopilantes, que las actrices, actores, dramaturga y director fueron puliendo en cada ensayo: Mary y Rita (la novia argentina de Dido) protagonizan una escena que parece del mejor cine mudo. Ale Gigena despliega un gran trabajo corporal y Pablo Kusnetzoff apela a su oficio de mago para añadir la sorpresa.  Shamrock es un trébol de buen augurio para ir al teatro.

Teatro Beckett, Guardia Vieja 3556, CABA

Viernes 21 hs

@brendahowlin

@nanosisol

@carosetton

@pablo_kusnetzoff

@alechichena

@jusgrande

@teatrobeckett

Magia & Sushi, el increíble show de Nico Gentile

Como cada segundo jueves de mes,  Nico Gentile  estará a cargo del ciclo de magia que provoca asombro, aplausos y un interrogante que se repite una y otra vez: ¿Cómo lo hizo? La respuesta es muy simple: hace magia. El ritual se produce en un espacio —Riobamba 143— que fuera el Bazar de Magia del mítico mago inglés David Bamberg, más conocido como Fu Manchú, al decidir que solo quería vivir en Argentina. Gentile es el encargado de tomar la posta luego de que el lugar fuera ferretería y local partidario, para teñir de magia nuevamente al local que el próximo 18 de agosto cumplirá cinco años bautizado como MU Trinchera Boutique, la casa de la Cooperativa lavaca.

Nico ofrecerá primero un show de “magia de cerca” en la sala Trinchera, el desafío de hacer lo imposible delante de nuestras narices. Luego, escaleras arriba y en la sala Boutique, con la vidriera de fondo, el show completo, con una actuación imperdible. Además se podrá degustar el mejor sushi de la zona, hecho por una familia oriental que cada mes lo prepara especialmente para este evento. Además de vinos y etcéteras, como bebida de la casa, la propuesta es el kefir que combina sabor y salud, y se está convirtiendo en otra aparición inesperada en estas noches de magia.

MU Trinchera Boutique

Riobamba 143, CABA

Jueves 11 de agosto

Reservas: www.lavaca.org/trinchera

Entrada a la olla

@magonicogentile

@mu.trinchera

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La última Mu: La voz originaria

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