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Golpe al corazón: Damián Marino, el científico que reveló la contaminación generada por el modelo agrotóxico

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Su corazón dijo basta de modo absurdamente rápido: tenía 46 años. Damián Marino fue uno de los principales investigadores de las consecuencias de los agrotóxicos en el medio ambiente y la salud humana. Más abajo reproducimos completo su último posteo en Facebook (que acaso explica la tensión a la que se sentía sometido por los cambios políticos y económicos en el país), la nota hecha en su momento en la revista MU (https://lavaca.org/mu90/con-que-se-come/) y la semblanza que realizan figuras como la científica Alicia Massarini, el doctor Damián Verzeñassi y el abogado especializado en Soberanía Alimentaria y Derechos Humanos Marcos Filardi.  

Marino fue uno de los pocos científicos argentinos que dedicó su trabajo a investigar las consecuencias tóxicas del modelo productivo para la salud humana y el ambiente. Era licenciado en Química, doctor en Ciencias Exactas, promotor de grupos científicos de excelencia. Fue profesor en la facultad de Ciencias Exactas de La Plata e investigador del CONICET, donde su tema de trabajo figura así: “Estudio de la contaminación ambiental derivada de las actividades agropecuarias en la Región Pampásica”. Fue además inspirador del EMISA, el Espacio Multidisciplinario de Interacción Socioambiental, en Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de La Plata.  

Damián descubrió y reveló la presencia de agrotóxicos en la tierra, en los ríos (el Paraná y el Plata incluidos), pero también en frutas y verduras, en el agua de lluvia y hasta en los algodones de venta masiva en los supermercados, hechos a base de transgénicos.

Esta es la reproducción literal de su último posteo en Facebook, el 4 de diciembre:

“Luego de estar hace 10 dias mal y un fin de semana en cama, recién vengo de la guardia del sanatorio diagnostico: pico gigante de estres!, hablando con la médica y cómo no voy a tener un pico de estres? … tengo equipamiento comprado a un dolar oficial que va a llegar el 12 y no voy a poder retirar de la aduana por la devaluación que hará Milei, cuando ves caer los planes bianuales de proyectos a pedazos y lo peor y más conmovedor de todo cuando becarios y pasantes brillantes con los que uno trabaja vienen a preguntarte si sus becas continúan o cómo sigue su futuro, creanme que estoy muy indignado con quienes votaron a Milei con el andar se van a dar cuenta que arruinaron un país, que nunca el odio es buen consejero, y que los mas pobres son los que pagaran los caprichos de ese voto, nunca la casta…. ya que a a la vista esta la semejante fiesta de toma de poder que esta organizando y ni hablemos ya el viaje en avión privado a EEUU a cambio de regalar una embajada, vas a ser un numero en un excel, en un déficit que hay que reducir, nunca vas a ser un argentino con derechos de ascenso social con esta gente, lástima que el daño ya esta hecho!”

Golpe al corazón: Damián Marino, el científico que reveló la contaminación generada por el modelo agrotóxico

Marino fue un polemista, un investigador, y recorrió buena parte del país para informar en las legislaturas provinciales y los concejos deliberantes los resultados de sus investigaciones y comprometiéndose con los pueblos fumigados. En su perfil de X se definía así: “Trabajando de manera colectiva para que la ciencia acompañe a los pueblos…. “

Aquí, tres semblanzas sobre su personalidad y su trabajo.

Alicia Massarini (doctora en Ciencias Biológicas, investigadora adjunta del Conicet, profesora de la Maestría en Política y Gestión de la Ciencia y la Tecnología (UBA) y de la Maestría en Enseñanza de las Ciencias de la UNSAM. Coautora de la 7° edición de Biología de Curtis y una de las inspiradoras de la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad y la Naturaleza, UCCSNAL) 

“El trabajo de Damián es pionero en la Química Ambiental. Trabajó constantemente utilizando sus conocimientos y motivando al equipo de jóvenes que lo acompañaban en la detección de agrotóxicos en suelo, agua, aire, agua de lluvia demostrando cómo los agrotóxicos se desplazan en los territorios más allá del lugar donde son aplicados. Cómo son transportados por las nubes, caen sobre los territorios, sobre los cuerpos de agua y así se dispersan y atraviesan todas las dimensiones ambientales y por cierto también nuestros cuerpos.

Damián siempre mostró un apasionamiento con lo que estaba haciendo, aportando innumerables de datos a comunidades que así lo requerían, con una gran coherencia y sentir en su discurso sobre la necesidad de un cambio profundo de modelo productivo en el agro, no focalizándose en un único agrotóxico, sino en este modelo como modelo adicto y la propuesta de la agroecología como propuesta superadora. Vamos a extrañar muchísimo Damián su contribución su trabajo su pasión su compromiso son irremplazables. pero bueno, seguiremos acompañando las luchas desde los lugares en los que estemos y seguramente muchos jóvenes que han pasado por sus equipos continuarán con la tarea.

Damián Verzeñassi (médico, profesor universitario, director del Instituto de Salud Socioambiental de la Universidad Nacional de Rosario).

“El trabajo de Damián Marino y su equipo fue y va a ser para siempre un trabajo clave a la hora de cuantificar y de evidenciar lo que significa haber liberado los volúmenes de química venenosa, fundamentalmente de glifosato pero también de otros químicos, a partir del modelo industrial. Sus estudios de la contaminación del río Paraná de la contaminación del aire y del agua de lluvia, de lo que pasa con los suelos de los territorios arrasados por la agroindustria, son una referencia y lo seguirán siendo por mucho tiempo”.

“Entonces creo hoy no solo es la pérdida de alguien a quien queríamos. También es una pérdida de un sistema científico que, entrando en una etapa de crisis, como la que entramos ahora en Argentina, pierde a alguien que hubiera podido ser sin duda es uno de los defensores y militantes por la defensa de un sistema tecnocientífico nacional, al servicio de los pueblos y las comunidades, con la mirada puesta en quienes peor la están pasando. Ojalá su memoria sea dignamente custodiada por quienes quedamos acá”.  

Marcos Filardi (abogado especializado en Soberanía Alimentaria y Derechos Humanos).

“Damián fue un compañero imprescindible en esta construcción colectiva de la ciencia digna en Argentina. Una ciencia que se pone al servicio de las necesidades de nuestros pueblos y no al servicio de las empresas, al servicio de la reproducción y la legitimación del capital. Una ciencia al servicio de la vida.

Entregó su cuerpo, su inteligencia y toda su energía en pos de defensa de la vida, acompañando a los pueblos fumigados, poniendo datos duros al daño que los pueblos sufren en sus cuerpos y en los territorios. Caminando, pateando denunciando el carácter ecocida de este modelo agroindustrial que nos impusieron. Y sobre todo hablando claro, fuerte, de manera coherente. Le guste a quien le guste, le pese a quien le pese. Desafiando todo el tiempo. Y siempre pinchando donde hay que pinchar. Con mucha coherencia y mucho coraje.

Así que lo vamos a extrañar mucho porque ciertamente es inexplicable su partida y entiendo que el corazón se le partió en este país que estamos viviendo. A Damián le dolía la situación del país, le dolía le atravesaba los huesos la situación del país y y esto se lo llevó”.

Esta es la nota realizada por Franco Ciancaglini en 2015 para MU, con Damián y su equipo, en el marco del Congreso de la Ciencia Digna, en Rosario, un reflejo de la capacidad de este científico de crear equipos de trabajo como los que ahora sentía peligrar.  

Con qué se come

Golpe al corazón: Damián Marino, el científico que reveló la contaminación generada por el modelo agrotóxico

El Espacio Multidisciplinario de Interacción Ambiental de la Universidad de La Plata está compuesto por egresados y estudiantes, dirigidos por el profesor Damián Marino, que llevan adelante otra forma de hacer investigación científica, en la cual la comunidad es el centro y no el objeto de estudio. Un ejemplo: qué encontraron en las frutas y verduras del Mercado Central. Por Franco Ciancaglini.

La charla que sigue ocurrió inmediatamente después de que en el Congreso de Ciencia Digna hiciera su intervención Fabián Tomasi, peón rural gravemente enfermado por los agrotóxicos. Por eso hay tres jóvenes con los ojos llorosos, visiblemente afectados. Una es Agustina: “Antes de escucharlo, justo estábamos hablando cómo nos hacía ruido dar una entrevista… Era una situación extraña tener que andar difundiendo lo que hacemos, porque para nosotros es mínimo… Y entonces Fabián, que parecía saber qué nos estaba pasando, dijo: ‘Yo no escribo nada de lo que vengo a contarles, sino que les hablo desde el corazón’. Y me parece que tenemos que aprovechar esta instancia para también hablar desde nuestro corazón. Porque lo que nosotros hacemos es mínimo–creo que acá hablo por todos-, pero lo que nos motiva es enorme: la lucha por un ambiente digno, por una salud digna, por una vida digna. Y eso es lo que nosotros intentamos hacer desde una ciencia digna”.

Tomás, Cecilia, Santiago, Macarena, Agustina, María, Cecilia, Inti, Lucas, Camila, Lucrecia son jóvenes de la provincia de Buenos Aires y de distintos puntos del país. Tienen entre 20 y 25 años y  conforman EMISA: Espacio Multidisciplinario de Interacción Socio Ambiental. Se trata de un equipo de 30 personas de la Universidad de La Plata comandado por el doctor Damián Marino, que se dedica a intervenir en los territorios para proveer herramientas científicas, y el nunca bien ponderado “oído”, a los problemas de las comunidades.

La mayoría son estudiantes de la licenciatura en Química y Tecnología Ambiental de la Universidad de La Plata, pero también hay médicos, químicos, ingenieros y una socióloga recibidos en otras universidades del país, que llegan a La Plata para cursar su doctorado.

El EMISA es parte del Programa Ambiental de extensión universitaria de la Facultad de Ciencias Exactas, también en coordinación con el Centro de Investigaciones del Medio Ambiente del Departamento de Química, del que Marino forma parte. Pero más allá de la burocracia, se trata de un grupo de investigadores que venían trabajando por distintos lados y se reunieron para potenciar un trabajo multidisciplinario y comprometido.

Plaguicidas exprimidos

El EMISA se divide en siete líneas de trabajo. “Todas tienen el mismo espíritu, las mismas metodologías y la inclusión de los saberes populares”, dice Agustina, una de las integrantes del proyecto. Por ejemplo, la línea Plaguicidas en alimentos investiga, por un lado, el residuo de plaguicidas presentes en frutas y verduras del Mercado Central platense, que son llevadas a 82 comedores escolares, a través del Banco Alimentario de La Plata. Por el otro, diseñan estrategias para bajar esa carga tóxica. Los resultados del informe los presentaron en el Congreso:

El equipo analizó las siguientes variedades: lechuga, acelga, zanahoria, morrón, naranja y mandarina.

Los muestreos se realizaron entre noviembre de 2014 y abril de 2015 y en total se hicieron 60 muestras.

El 80% dieron positivas para al menos 1 compuesto agrotóxico.

3 de cada 10 tenían al menos 3 compuestos.

El más encontrado fue el endosulfán, que se encuentra prohibido, y el clorpirifós, que es un fungicida.

En cítricos: se encontró un nivel de residuos del 41,7% de endosulfán, 50% de clorpirifós y 58,3 ce cipemetrina.

En hojas verdes, 30% de endolsufán y 50 de clorpirifós.

En los morrones: 44 de endosulfán y 22 de clorpirifós.

En las zanahorias: 66 de endosulfán y 50 de clorpirifós.

El profesor Damián Marino contextualiza qué quieren decir estos números y los nombres raros: “Si comemos estos productos cada fin de semana, tenemos 4 exposiciones por mes, a las que habría que sumarle alguna que otra ensalada entre semana. Si tenemos un mínimo de diez consumos mensuales de este tipo de productos -asumiendo que cada diez posesiones, 5 serían positivas en agroquímicos- estaríamos 54 veces por año consumiendo cítricos con plaguicidas, 50 veces lechuga con plaguicidas, 52 veces pimientos y 70 veces zanahorias. Si esta cuenta la hago acumulativa, el resultado es que más de la mitad del año estoy consumiendo productos con plaguicidas”.

La otra comparación que establece tiene que ver con los límites regulatorios, es decir hasta qué punto la legislación permite el residuo de plaguicidas: el 8% de las muestras superaron el Límite Máximo de Residuos (LMRs) permitido. Pero, aclara Marino, de una gran cantidad de compuestos ni siquiera encontraron un límite preciso. “Que no excedan el límite no quiere decir que no tengan plaguicidas. De nuevo, contextualicemos: una ensalada de lechuga, con unas tiras de morrón no significaría una exposición cero. Y ni se les ocurra hacer más una torta con cáscara de naranja, ni hablar de un lemoncello: es como exprimir los plaguicidas para que los tomemos”.

El profesor advierte: “Se habrán dado cuenta de que no hablé de glifosato, sino de sus amigos, a los que también hay que hacerlos visibles”.

Otra línea de trabajo de este equipo se da junto a escuelas rurales fumigadas, donde además de tomar muestras hacen talleres participativos “para poder instalar la temática y problematizar una situación que para ellos es cotidiana”, cuenta Santiago. Camila, desde la Sociología, agrega: “En general son hijos, sobrinos de fumigadores o trabajadores rurales. Es tan imbrincado socialmente el problema que es complicada la solución”.

La vida bajo la lupa

El profesor Damián Marino los escucha orgulloso. Los jóvenes cuentan con detalle las interacciones que están haciendo y las que planean hacer en otras líneas todavía en desarrollo. Más ejemplos: trabajos junto al MOCASE (Movimiento Campesino de Santiago del Estero), investigando la presencia de plaguicidas en sangre de bovinos, o el acceso a agua potable en la Isla Paulina, en la localidad de Berisso.

Tomás: “Es nuestra forma de aportar desde nuestro lugar como científicos. Funcionamos como intermediarios, como una herramienta para que la comunidad tenga el dato”.

Sofía: “Conlleva mucha responsabilidad. Uno no esta hablando de un dato, está hablando de personas, está hablando de la vida. Por eso también nos daba un poco de miedo la entrevista. No queremos vender humo: somos lo que somos y hacemos lo que podemos, con el tiempo que tenemos para hacer esto. Muchos le dedicamos mucho tiempo, pero igual sentimos que es poco lo que podemos hacer para lo grande que es este tema y lo complejo que es trabajarlo”.

Agustina: “Creo que estas instancias de encuentro y en las que se va al territorio  son el motor para volver al laboratorio con más ganas”.

Según informan los pasillos, Damián insistió mucho para que la mayor cantidad de integrantes del EMISA puedan asistir a esta Semana de la Ciencia Digna, en la que pudo verse a los jóvenes en cada una de las charlas, desde las 8 de la mañana hasta las 18, de martes a viernes. ¿Por qué? Responde Damián: “Generalmente en los congresos científicos a los que uno está acostumbrado a enviar trabajos, sentís que permanentemente estás siendo evaluado: en qué te equivocaste, qué podrías haber hecho mejor, si ese resultado que estás mostrando tiene un nivel de incertidumbre. Un nivel de fineza que sólo sirve para sostener el ego. Cuando vos venís a este tipo de congresos, lo que venís a sentir y a poner en práctica es para qué sirve lo que hacés. Qué podés aprender del otro, cómo lo tuyo va a ser tomado por otro y, a su vez, cómo podés tomar un aprendizaje de otro grupo. No es común que haya espacios de este nivel de construcción”.

El afecto trabaja

La Facultad de Exactas de La Plata y la de Ciencias Médicas de Rosario están separadas por más de 300 kilómetros. En La Plata, a su vez, el área de investigación queda en otro edificio que el departamento de extensión universitaria. Y los laboratorios, en otro lado. ¿Cómo trazar puentes cuando todo tiende separarse? “Si bien están las instituciones, está la Universidad y uno intenta firmar los convenios dentro del marco institucional, pero el trabajo es entre personas. Acá, el trabajo es afecto. Si bien tenemos proyectos de investigación clásicos, tratamos de generar proyectos alternativos, porque la otra preocupación que tenemos es el financiamiento. Entonces siempre estamos buscando recursos para poder comprar insumos, viajar… Más de una vez la mayoría de los chicos ponen de su bolsillo. Esto también es un acto cooperativista”.

Al equipo de EMISA no le gusta hablar de “investigación”. Ya dijimos: es un equipo raro. Hay químicos, sociólogos, médicos, ingenieros que reúnen saberes no para hacer una investigación, sino para vivirla. “Venimos de una formación híper ortodoxa donde la investigación representa sentarse a escribir un objetivo, ponerse a trabajar, traducir lo que encontraste en una tabla de resultados y escribirlos en un paper para publicarlo en una revista internacional. Esto es otra cosa”.

Agustina: “A mí me marcó mucho la militancia estudiantil. Empecé a militar en un espacio que me abrió la cabeza con respecto al rol de la universidad pública y en función de eso me di cuenta de que la investigación, la extensión y la militancia es todo lo mismo. Me parece que ahora viene una oleada generacional que plantea temas de investigación contextualizada, con fines claros, que tienen que ver con necesidades populares”.

La interacción, como palabra, se separa de la idea de investigación clásica básicamente en relación a su objeto: no lo estudia desde adentro, sino que actúa en relación a él. Damián: “Inicialmente costó mucho entrar al territorio, porque es normal que la gente desconfíe de nosotros: han sido usados como objetos de estudio. Las universidades iban, generaban sus estudios y no aparecían nunca más, porque habían conseguido su objetivo. Nuestra lógica funciona distinto: estamos ahí dispuestos a escuchar lo que nos proponen, nos piden, nos sugieren. A veces ni tomamos muestras, simplemente hacemos una charla en una escuela. Y eso genera un círculo de confianza. Y significa una legitimación. Y te pone en un rol de responsabilidad muy delicada, porque uno está trabajando y generando informacion que significa, nada menos, la calidad de vida de la población”.

¿Cómo se pierde el miedo a salir del laboratorio? Responde Sofía: “Cuando ves que el resultado sirvió para algo”. Agustina: “Para mí es fundamental que quede claro que uno, como científico, no viene a legitimar la lucha de las comunidades. La lucha ya es legítima porque se están violando sus derechos”.

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Protesta social

Marcha de jubilados: medias, bochinches y ningún dólar en las orejas

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Un miércoles tranquilo en la ronda de jubilados en Congreso, que despierta dudas ante la necesidad de hacer “un poco más de bochinche”. Como homenaje al Día del Jubilado (domingo pasado) hubo un puesto de hamburguesas y choripanes de la UTEP. “El hambre es desesperante” dijo una de las mujeres que servía a esa cola ampliada con gente de la calle en busca de qué comer. Historia de cómo sobrevivir a una jubilación hiper mínima (porque encima se arrastra una deuda). Los alfajores, las medias, y la salud encontrada en el gesto de movilizarse. 

Por Lucas Pedulla   Fotos Juan Valeiro/lavaca.org

A sus 76 años, Luis Relinque tiene que vender medias para llegar a fin de mes.

–Si no trabajo, no como.

Y para comer tiene que trabajar, aunque hace once años que está jubilado. El único día que no sale a vender por la zona de Once es el miércoles, cuando camina las diez cuadras que separan su casa –Remedios de Escalada, sur del conurbano bonaerense– de la parada del 37 que lo deja en el Congreso de la Nación. 

Marcha de jubilados: medias, bochinches y ningún dólar en las orejas
Luis y la batalla cultural.

El dato, que solo en esta Argentina pareciera naturalizarse, lo explica fácil:

–Soy jubilado de la mínima. Cobro $400.000 limpios, justos. El mismo día de cobro pago la luz, el gas, el agua y con todo lo que tengo me quedan limpios, justos, $210.000. Si no trabajara, son $7.000 por día hasta el mes siguiente. ¿Cómo hacés?

La pregunta flota mientras alrededor se dispone la movilización de cada miércoles. La Rama de Trabajadoras y Trabajadores de Espacios Públicos de la UTEP (gremio de la economía popular), llamada “Lxs Parrillerxs”, puso un puesto para regalar choripán y hamburguesas por el Día del Jubilado, que fue el domingo. Se sumó mucha gente de la calle: “El hambre es desesperante”, dice una señora mientras corta el pan. Sobre la vereda se acomodan trabajadoras y trabajadores de la ANSES, que denuncian una “sangría por goteo” en el organismo encargado de las jubilaciones y pensiones: el Gobierno abrió un plan de retiros voluntarios, el segundo del año. Un trabajador dice a lavaca: “En el anterior se fueron más de 1.000 personas. Muchos agarran porque están muy endeudados. La idea es que quede un ANSES chico, si es que queda”. 

Marcha de jubilados: medias, bochinches y ningún dólar en las orejas
La evolución de las variables económicas.

Por su parte, Luis tendría que estar cobrando un poco más: en septiembre la mínima llegó a $498.633,20, contando el bono de $70.000, congelado hace 30 meses: según el Centro de Economía Política de la Argentina (CEPA), si fuera por movilidad Luis y cinco millones de jubilados y jubiladas más tendrían que percibir un bono de $223.148. Pero Luis cobra solo $400.000 limpios porque está endeudado: hace ocho años sacó un crédito.

–Se me cayó un árbol del fondo de casa en la cabeza. Tuve derrame cerebral. También me hizo pelota la rodilla: hoy tengo una prótesis. Mirá vos, es la misma rodilla que la policía me reprimió en una marcha el año pasado: la tengo peor. Me queda este año de crédito, así que espero para fin de año terminar de pagarlo y poder cobrar un poquito más.

Marcha de jubilados: medias, bochinches y ningún dólar en las orejas
Gadalupe y otros discas acompañando la marcha de jubilados.

Por eso todos los días –salvo los miércoles– sale a vender tres pares de medias a $1.000: camina mirando a todos lados para que los “parásitos con uniforme” no le decomisen la mercadería, como viene ocurriendo en la ciudad de Buenos Aires bajo la gestión de Jorge Macri. Antes Luis vendía alfajores y podía hacerle algún regalo a su nieta de 13 años, o darse un gustito como ir al teatro. Pero los alfajores subieron tanto que ya no es negocio. Cuenta que la idea de las medias le llegó mirando la televisión. 

–Veía a tanto operador político en la tele que pensé: si las medias me salen lo mismo que un chupetín, quizá la salida a esta crisis sea chupar medias, en serio te digo.

Luis habla y piensa con mucho humor, pero siempre aclara que lo dice en serio. Cuenta que fue la primera persona que puso un boliche gay en provincia de Buenos Aires – “Chelovecos, en 1974”–, que también tuvo una tanguería y que por muchos años se dedicó a cocinar en su casa para geriátricos o centros de jubilados. Como siempre trabajó por su cuenta, pudo jubilarse con una parte de aportes y otra de moratoria.

Marcha de jubilados: medias, bochinches y ningún dólar en las orejas
Congreso con atención de coiffeurs para jubilados y gente de la calle.

–Hoy el Gobierno la cortó, pero la moratoria ayudó mucho. Conozco gente que nunca aportó y ahora te dice: “Cristina chorra”. Bueno, entonces devolvé la jubilación o donala a un comedor. 

A diferencia de lo que dijo el presidente Javier Milei tras su discurso en Naciones Unidas en Nueva York, a Luis –como argentino– no le salen dólares por las orejas. Es una de las tantas razones por las que no se pierde ningún miércoles.

–Hace unos años me quedé viudo. Me pasaron todas, pero yo le aconsejo a la gente mayor que venga a la marcha. No sólo como protesta, sino porque es bueno para uno. Es una cuestión de salud. A mí me ayudó mucho porque me olvidé de mí: me acuerdo más de la madre de Milei que de mí. En serio, te digo. Algunos jubilados me dicen: “No, mejor me voy a hacer un estudio al médico”, pero es como un coche en el mecánico: algo siempre te van a encontrar. No digo que esté mal, ojo, pero hay gente que está todo el día en la casa mirándola por televisión y pensando en sí mismo. Con hacer un cartel o pensar alguna cosita, ya la cabeza se me despeja. 

Marcha de jubilados: medias, bochinches y ningún dólar en las orejas

La semana pasada, Luis trajo el “Desodorante Javo”, con una característica premium: “Te deja seco las 24 horas”. ¿Qué significa ese humor en la lucha de cada miércoles?

Luis es crítico:

–Yo vengo porque la jubilación me alcanza nomás para diez días. Me gustaría que hagamos un poco más de bochinche. Acá nos encerraron. Venimos y damos una ronda: no tenemos nada para festejar pero damos la vuelta olímpica como si fuéramos campeones. Luego, a casa. Hay que ir al Obelisco, a Corrientes. Acá no nos ve nadie. No estoy en contra, porque nos encontramos, pero haría un poco más de calle. Lo único que falta es que nos pongan mesas y nos hagan jugar a las damas: para eso voy a la plaza de mi barrio. En Lanús me preguntan: “¿Luis, no marchan más?”. 

La marcha –la ronda a la que Luis pide más bochinche– está por empezar.

¿Qué espera?

–Mirá, el día que no pueda caminar más ni vivir a medias, me amenazo al Presidente así me vienen a buscar: ya averigué que no me sacan la jubilación, me llevan en cana, y al menos tengo una lamparita para leer algún libro y amigos que me traerán algún sanguchito de miga. Lo mismo que haría en casa lo hago allá. En serio, te digo. 

¿Hay opción B?

–Que cambie el Gobierno. Eso daría un poquito de esperanza. La primera medida tendría que ser darnos un aumento. De mínima. Esta lucha que hacemos va a pasar a la historia como algo que era necesario hacer. El que no labura ni lucha, no come. 

Hincha de Independiente y fanático de Manal, Luis se despide y se mete a la marcha.

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Revista Mu

MU 216: Qué, cómo y cuándo cambió todo

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Con tupido árbol genealógico y privilegios de cuna, aprendió el valor de la diversidad y la rebeldía frente a un ambiente que “olía a odio”. Eligió su propia vida como decoradora, sin perder nunca de vista el contexto social. Sus pasiones: fomentar el trabajo y la creatividad del país, y combatir la idea de que las personas tienen la culpa si les va mal en estos tiempos. Conversación sobre bombas, estupidez, poder, Nerón y el arte de mantener los ojos abiertos.

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Carne de cañón: las víctimas travestis-trans de la dictadura

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Crónicas del Más Acá: Rambo al sur

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La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

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Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.

Por Bernardina Rosini

El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.

Lo que no se puede creer

Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.

Varones

Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org

«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.

Dónde está Delicia

Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.

Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.

Justicia sin apellido

Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»

Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.

La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

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