Nota
Kraft, palos y a la bolsa
Kraft Foods Inc. es una de las empresas de productos alimentarios más grande del mundo. Entre sus marcas se pueden encontrar Starbucks, Terrabusi, Rhodesia, Tita, Tang, Clight, Milka y Toblerone; su dedicación parece ser el engorde, no solo de sus clientes, sino también de sus ganancias. Réditos que llegan acumulados desde 155 países a lo ancho del mundo y que arrojan anualmente más de 37.200 millones de dólares en las manos de los grandes ejecutivos y su buffet de diligentes, abogados y demás aves de rapiña empresariales. A principios de este mes los magnates de Kraft se dieron el extremo lujo de ofertar 16.700 millones de dólares por la compañía Cadbury, anunciando que esa compra no requería de desinversión, y también, que la gran crisis financiera no había afectado sus arcas. En Argentina, Kraft tiene más de 3.500 empleados bajo su órbita. Una de sus fábricas, se ubica sobre un costado de la Panamericana, en el kilómetro 35, sobre el número 3500 de la avenida cuyo no-casual nombre es Henry Ford. Ford, quien se regodeó en vida entre la gran producción en cadena, el antisemitismo, y el logro de la paz vía consumo, puede estar contento; y es que tiene sus fieles sucesores posmodernos: Irene B. Rosenfeld es directora y CEO de Kraft Foods; en el 2006 ocupó el glorioso onceavo puesto entre las mujeres más fuertes del mundo, según la revista «Forbes». Dos años después, en el 2008, sus ingresos fueron aproximadamente de 16 millones dólares.
La peste
Jorge Penayo es obrero de la fábrica de Kraft Foods Inc. Trabaja allí hace 15 años, y hace 8 que es miembro de la comisión interna. Su sueldo es de 1.550 pesos mensuales por cumplir una jornada laboral promedio. Unos 18.000 pesos al año. Jorge debería trabajar 3378 meses, es decir, 281 años para poder ganar lo que Rosenfeld gana en un mes. Digamos que en esta historia los números no son los argumentos de peso, pero dan una idea del método y del procedimiento empresarial para con sus empleados.
El conflicto en Kraft se remonta a tiempos turbulentos, de pandemia y esquizofrenia mediática: por el foco de gripe H1N1, los trabajadores, en julio de este año, reclamaron a sus superiores mejoras en la higiene de la fábrica: jabón, papel para secarse las manos y la imposible panacea del momento: alcohol en gel. Pedido que no obtuvo respuesta y cuyo resultado fueron 5 días de paro general en la fábrica. Vericuetos judiciales de por medio, el Ministerio de Trabajo ordenó una conciliación obligatoria, por lo que a fines de ese mes – varias audiencias mediante- la salud estaba moderadamente cuidada en el establecimiento de Kraft. Para el día 19 de agosto estaba planeada otra audiencia con el fin de solucionar problemas en el comedor diario, cubrir los viáticos de los empleados y demás mejoras que se venían tratando hace tiempo. Jorge cuenta lo siguiente: «El día 18, antes de la audiencia, la empresa despide a 160 trabajadores, directamente. Sin presentar ningún papel, argumentando como causa solo la movilización que nosotros hicimos el día 3 de julio para exigir las medidas por la gripe A. Nos movilizamos casi 850 personas del turno tarde. Eso se hizo a las 18 horas. Del turno tarde despidieron 50, 75 del turno noche -que no estaban en esa movilización- y 34 del turno mañana.». El Ministerio de Trabajo, días después, emite un comunicado en el que exige a la empresa el reestablecimiento de los trabajadores a sus puestos habituales. Kraft tampoco acata esta resolución. (Breve digresión: el problema general parece ser que los ejecutivos, o bien por cuidar de sus desérticos bolsillos, bien por fallas auditivas o por graves problemas de comunicación -tengamos en cuenta que la cúpula prospera y comanda desde Estados Unidos- no reconocen a otros como sujeto de autoridad o al menos, de disputa. Sus establecimientos parecieran unidades feudales en las que hay que rendir tributo y respeto al señor o señores; nada hay más allá o por sobre el poderío kráftico).
La represión
La cuestión se desarrolla de la siguiente manera: los trabajadores, haciendo lícito reclamo de un comunicado institucional que los auxilia y que no fue cumplido, entran a la fábrica y se conservan en asamblea permanente. Jorge relata: «Cada turno que ingresaba discutíamos en asamblea porqué teníamos que continuar con el cese de actividades. Estábamos defendiendo una resolución que teníamos a favor. Por un lado no podemos quedarnos sin trabajo en un momento de crisis, y por otro lado es que los argumentos que utiliza la empresa para despedirnos no son válidos.» Los trabajadores vivieron 15 oscuros días dentro de la fábrica, hasta que el infalible fantasma de la represión tomó su firme báculo, sus caballos, envalentonó a su infantería y se hizo presente, no como espectro, sino como fuerza brutal que violenta cuerpos sin distinción alguna. Viernes 25 de septiembre: «A las 2 de la madrugada nos empiezan a llover mensajes diciendo que estaba la orden de desalojo. En ese momento empiezan a retirarse los líderes de la fábrica, los supervisores, y la gente se empezó a desesperar porque corría el rumor de que iba a haber represión.» En asamblea los trabajadores deciden no abandonar la fábrica hasta las 6 de la mañana, aguardando a sus compañeros del turno siguiente. Hombres y mujeres del turno noche se retiran a horario; los trabajadores desocupados se mantienen firmes en su posición hasta aproximadamente la una y media de la tarde, momento en el que llega una comisión de la seccional del Ministerio de Trabajo de Tigre planteando el vaciamiento físico de la fábrica. Obviamente, los empleados no aceptan. Minutos después irrumpe la policía con la misma orden. Los trabajadores pidieron un plazo de 10 minutos para discutir y tomar una decisión conjunta. «En ese momento empezaron a reprimir afuera, donde estaban nuestros familiares y, entre los gritos, se metieron adentro, nos cataron y nos molieron a garrotazos. A las trabajadoras, a las compañeras, les patearon la cabeza, les metían puntines en las costillas, fue tremenda esa represión. Nos detienen ahí dentro de la fábrica, incumpliendo nuevamente la empresa con las leyes y nos meten en los calabozos móviles que tiene la policía bonaerense. Por otro lado no le permiten ingresar a nuestros abogados porque es ‘una propiedad privada’. Pero nunca nos trasladaron a una comisaría ni a una fiscalía ni en un juzgado; hicieron todos los papeles que tenían que hacer en la comisaría, ahí. Desde las 5.30 de la tarde hasta la 1.30 de la madrugada nos tuvieron esposados y amordazados dentro de los camiones sin darnos agua ni nada. Nos sacan del calabozos cerca de las 12… y después nos empiezan a liberar a partir de las 3 de la madrugada.» Algunos -los que pudieron- volvieron a sus casas junto a sus familias. Otros, fueron directo al hospital a hacerse estudios, placas, curaciones y suturas en la cabeza.
«Y así el día lunes hicimos una asamblea a las 5 de la mañana en la puerta de la fábrica porque ya no nos permitían el ingreso. Había 300 policías del lado de adentro, con caballos perros garrotes y escopetas.» Ese día se hicieron los cortes que paralizaron la Capital y muchas otras ciudades, entre otras: Rosario, Chaco, Jujuy, Neuquén, aproximadamente 70 en todo el país. «Recién ahí intervino el Ministro de Trabajo la Nación y de Provincia. Plantearon a la empresa que para destrabar el conflicto tienen que dejar entrar a los 5 miembros de la comisión interna a los que no les permiten ingresar, que retiren la policía, que paguen la quincena que adeudan, y que no tomen represalias contra ningún trabajador.» Los problemas de entendimiento de los ejecutivos de Kraft por ahora no tienen una solución clara. Mientras tanto, la embajada estadounidense apuntala a su pichón de empresa -tan relacionada con los negocios estatales- pero también, según su comunicado «apoya la plena aplicación de los derechos y protecciones laborales, así como el respeto por los derechos de propiedad y las decisiones del sistema judicial». Hubo quien interpretó este mensaje como un oxímoron incontestable.
Jorge: «Estamos convencidos de que el único camino que tenemos es la pelea, no tenemos otra, no queremos arreglo, no queremos plata: queremos trabajar. Por otro lado, entendemos que esta empresa tiene que dejar de ganar un poquito menos de lo que viene ganando y mantener los puestos de trabajo de todos los trabajadores en un momento de crisis. Nosotros lo que esperamos en el día de mañana es que el Ministerio sea contundente contra la empresa porque se le ríe en la cara, viola toda clase de leyes que hay. Por lo tanto entendemos que tiene que ser contundente la reacción del ministerio de trabajo contra esta empresa norteamericana porque ellos tienen poder, tienen la plata y quieren hacer lo que se les antoja en Argentina y no se los pueden permitir, ni el gobierno nacional ni el gobierno provincial. Este es un problema de Estado en este momento, es un caso testigo.»
Nota
La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.
Por Bernardina Rosini
El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: Nanny Pelazzini/lavaca.org.
Lo que no se puede creer
Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.
Varones
Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema?
«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nanny Pelazzini/lavaca.org
La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.
Dónde está Delicia
Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.
Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.
Justicia sin apellido
Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»
Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.
La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nanny Pelazzini/lavaca.org
Nota
MU 213: Movete

Son personas que se organizan y se movilizan para defender derechos de toda la
sociedad. Son quienes sufren palos, gases y humillaciones por estar de pie. Quienes
crean respuestas donde hay impotencia y nuevas palabras para definir el futuro.
Nuestro homenaje: reunirlas y escucharlas.

Mover el mundo: Cumbre de imprescindibles
Jubilados, discas, asambleístas ambientales, travas, familias víctimas de femicidios y el papá de Pablo Grillo: reunimos a quienes se movilizan y no abandonan la calle a pesar de los palazos y de la falta de respuestas. Quienes marcan una agenda por abajo que es a la vez un rumbo y un llamado a la acción, y también a la unidad. Frente a la dispersión, voces que hablan de un horizonte común, más acá de la política partidaria, para repensar la democracia y la forma en que resistimos.
Por Claudia Acuña

Del dicho al hecho: Los crímenes de odio baten récords
En 2025 se produjeron 227 crímenes de odio contra personas de la comunidad LGTBIQ+: 60% más que el año anterior. El combustible: la violencia y discriminación desde el gobierno, empezando por el Presidente, y el desmantelamiento de políticas públicas. La precarización de la vida privada y lo que ocurre cuando el Estado se retira.
Por Evangelina Bucari

Comunicacción: Unión de Medios Autogestivos
Siete medios de todo el país nos reunimos para crear transversalidad, proyectos y compartir ideas sobre cómo hacer periodismo en tiempos mileístas y más acá: el cooperativismo, las comunidades, el territorio, la agenda propia. ¿Cómo crear valor, generar puestos de trabajo y sostenerse cuando todo se cae? Lo que representan estos diarios, revistas, agencias y periodistas todoterreno que resguardan lo mejor del oficio, por fuera de Tik Tok y los streamings de turno.
Por Lucas Pedulla

Ojos bien abiertos: Tadeo Bourbon, fotógrafo
Fue uno de los premiados por el World Press Photo por una imagen que podés ver en la página siguiente. La historia de Tadeo y de aquel día de marcha, represión, golpes y gas pimienta. De la moto, los casamientos y otros empleos, al contexto profesional y a la vez emocional que alimentó ese click al que llamó La Argentina de Milei.
Por Sergio Ciancaglini

Alerta verde: MU en Misiones
Desde que asumió Milei, el precio que se paga a productores y trabajadores está desregulado. Cómo impacta esto en una industria ya precarizada, y lo que genera: éxodo rural, desarraigo, pobreza. Crónica de una época desde un territorio olvidado y en lucha.
Por Francisco Pandolfi

Mondiablo: Juicios contra el Roundup de Monsanto/Bayer
Las pérdidas millonarias de Bayer por las demandas vinculadas al glifosato vuelven a poner en escena una historia que lleva décadas: evidencia científica, fraude corporativo, lobby político y daños sanitarios y ambientales a escala global. Mientras avanzan nuevos acuerdos judiciales y Trump sale al rescate de la compañía, el herbicida sigue presente en cuerpos, territorios y alimentos.
Por Anabel Pomar

Anti algoritmo: Cineclub Mabuse
Hace 25 años que Uriel Barros proyecta películas en Súper 8 en festivales, centros culturales, escuelas, bares y espacios under. Una defensa artesanal y colectiva del cine frente a las plataformas, los algoritmos y el consumo individual. Terror, ciencia ficción, muñecos malditos y películas que todavía necesitan ser vistas.
Por María del Carmen Varela

Monte Hermosa: Josefina Lamarre
Editó el álbum Yin Yang y también le cantó (en contra) al amor extractivista. De la tevé en piyamas a la comedia musical, la perfomance, el Hotel Faena y las coplas chismosas. Lo que surgió de una ducha y la convivencia entre lo tanático, lo erótico y lo vital.
Por María del Carmen Varela

Biblias.
Por Carlos Melone
Nota
MU 212: El fin de un mundo

MU en Tierra del Fuego: todo lo que se ve desde el sur del sur y nos ayuda a entender qué representa Argentina en el mapa geopolítico mundial. Un puerto intervenido, importaciones que matan a la industria, explotación sin control de recursos naturales. La puerta a la Antártida y el significado de Malvinas: lo que está en juego en tiempos de guerra.

El principio de todo: MU en Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur
Javier Milei intervino el puerto de Ushuaia sin provocar un rechazo opositor visible. Un sitio clave en la geopolítica y a la vez una caja de 30.000 millones de pesos anuales que mezcla industria marítima, turismo, y la puerta a la Antártida. Los testimonios sobre la falta de control . Hablan el gobernador, funcionarios, trabajadores, ex combatientes. Trump y el misterioso avión, China y los acuerdos, Gran Bretaña adentro, la forma de la crisis y la resistencia contra el vaciamiento de un país.
POR FRANCISCO PANDOLFI

El industricidio: Crónica desde el polo fabril de Río Grande
Un predio lleno de fábricas vaciadas. Trabajadores organizados resistiendo al desempleo, la apertura de las importaciones y la reducción de aranceles de promoción en una provincia que de 16.000 obreros pasó a tener 6.400. Una política que golpea a empresas de todos los tamaños y rubros: tecnológicas, textiles, metalúrgicas, electrodomésticas y electrónicas. Y todo esto sin que todavía se aplique la reforma laboral. Las propuestas para que los propios trabajadores se hagan cargo de las empresas en crisis. Los gestos de solidaridad, las donaciones de quienes todavía tienen empleo, el bingo provincial y cómo se va recuperando desde abajo una idea de hermandad para enfrentar estos tiempos.
POR FRANCISCO PANDOLFI

A contracorriente: La lucha fueguina frente a la industria salmonera
De espaldas a la sociedad y bajo presión del gobierno nacional, la Legislatura fueguina (la misma que en 2021 votó en contra) aprobó un proyecto que permite la instalación de megafactorías marítimas del salmón, uno de los productos que más se exportan al mundo. El impacto ambiental es conocido y hay un ejemplo cercano en la vecina Chile: peces hacinados, contaminación por antibióticos y heces, destrucción de otras especies, y una precarización total de las condiciones de trabajo. El cuadro de situación ante un “pescado químico”, la lucha de la asamblea, y el gobernador que responde sobre los principales contrapuntos.
POR FRANCISCO PANDOLFI

Agroecología en el principio del mundo: El modelo Panchito
Cultiva alimentos y medicinas en medio de temperaturas extremas, sin venenos y con semillas propias: “Una semilla viva significa una familia sana”, dice el productor agroecológico Francisco Pancho Barria. Cosechas asombrosas, zanahorias de 3 kilos, nabos de 12, acelgas de metro y medio de alto. Cómo volver posible lo inimaginable con ideas simples, ancestrales, trabajo a conciencia y sentimiento. La política para la foto, el lugar de los niños, la idea de agacharse, y los números que muestran que la vida sana es, además, rentable.
FRANCISCO PANDOLFI

La guerra invisible: la Antártida en la mira
Juan Rattenbach recoje el guante de su abuelo, autor del Informe Rattenbach que denunció a las jerarquías militares por los errores y delitos cometidos en Malvinas. El significado hoy, con Gran Bretaña ocupando el 25% de la superficie argentina. La Antártida y el Atlántico Sur en la geopolítica actual. El rol de Estados Unidos y China. El ataque a la industrialización fueguina. Dos cuestiones: ¿Cuál es nuestro centro geográfico? ¿Y cuándo nació el pueblo?
SERGIO CIANCAGLINI

Efecto Trump: Valeria Carbone y su mirada sobre EE.UU.
Es doctora y docente de la Cátedra de Historia de los Estados Unidos en la UBA y en la UNLP. Integra grupos de trabajo sobre EE.UU. en CLACSO y universidades en Alemania y México, además de coordinar programas de intercambio internacional. Y acaba de dictar un curso sobre el tema en MU. En esta entrevista explica las movidas de Trump intentando sostener un imperio en crisis en medio de una conflictividad que él mismo provoca o acompaña: Irán, China, Israel, petróleo, Ormuz, Venezuela, OTAN, Malvinas, Antártida. Y hasta el caso de Jeffrey Epstein.
POR LUCAS PEDULLA

Decolonizar el presente: Walter Mignolo y el pensamiento decolonial
En medio de conflictos geopolíticos, disputas culturales y crisis del modelo occidental, el pensamiento decolonial nos recuerda una serie de preguntas fundamentales. Aquí, una conversación breve y magistral sobre la esfera pública, la organización social y las formas de acción colectiva vistas desde una perspectiva para ampliar, o retomar, los horizontes propios.
POR CLAUDIA ACUÑA

Tierras raras: Florencia Levy, artista, y su trabajo sobre el litio
Trabaja con instalaciones visuales y materiales que representan y denuncian las distintas formas del extractivismo. Su trabajo sobre el litio es impactante, pero también investigó sobre el fracking en Vaca Muerta, el basurero del mundo en China y la relación entre el cáncer y el agronegocio en Entre Ríos, motivada por su padre oncólogo. Cómo hablar de temas que casi nadie conoce desde un video o una sala de exposiciones, y hacer algo para transformar miradas, sentimientos e ideas.
POR MARÍA DEL CARMEN VARELA
Patagonia rebelde
Crónicas del más acá por Carlos Melone.

Astrolo-guías: Elisa Carricajo y su nuevo libro sobre Tarot
Dramaturga, actriz y directora, plantea al Tarot como un objeto “popero” e invita a jugar y llenar de sentido ese lenguaje. Un modo de recuperar la espiritualidad capturada por el mercado, para sentir, entender y actuar en tiempos espantosos. Lo individual y lo comunitario. Los fantasmas y cómo imaginar un mundo mejor. Un libro que es un oasis y una invitación a re-pensar el arte y lo político, tirando las cartas.
POR FRANCO CIANCAGLINI
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