Nota
La educación movilizada contra lluvia, frío y ajuste
La Marcha Nacional Universitaria inundó literalmente el centro porteño en una masiva y conmovedora movilización que bajo la lluvia defendió a la Universidad pública en medio de un conflicto que lleva cuatro semanas de tomas, asambleas y clases públicas en las 57 universidades de todo el país. El rol de los jóvenes, la notable presencia de las mujeres. Los recortes en cifras, presupuestos e investigaciones. Los peligros de cierre. El abrazo entre docentes y estudiantes. Testimonios en una jornada histórica para la educación, mientras la devaluación no cesa. Nuestra crónica y reportaje fotográfico.
El 30 de agosto de 2018 podrá ser recordado como el día en el que cayó piedra sin llover, el dólar salto de 35 a 42 pesos, llovió sin caer piedra, salió el sol por el poniente y una multitud en defensa de la educación pública pareció marchar bajo un arco iris, y contra un viento helado en lo meteorológico y en lo político.
“No tengo dólares”, se apresura a decir Anabella Cadi, docente del departamento de Geografía y becaria del CONICET en la Universidad Nacional del Comahue, detrás de unos lentes empañados por la lluvia, con el pelo pegado a la cara, entre una marea de paraguas que circula por la Plaza de los Dos Congresos luego de viajar 18 horas en colectivo desde Neuquén hasta Retiro. Lo dice porque desde que partió junto 30 compañeros y compañeras desde una de las decenas de universidades tomadas en todo el país a participar de la masiva Marcha Nacional Universitaria que inundó la Plaza de Mayo, el dólar pasó de 35 pesos a superar los 40.

Foto: Nacho Yuchark
Anabella describe una situación bien concreta:
· Comahue está en ahogo presupuestario.
· La provincia tuvo que poner dinero de su caja porque hace seis meses que el Estado no manda las partidas presupuestarias.
· Sólo llegan los sueldos.
· “Luego, no se financia nada más”, sintetiza.
El impacto se traduce –cuenta- en ajustes en proyectos de investigación, en la infraestructura edilicia de los edificios, en los ingresos docentes, en el recorte de las becas.
Por eso –dice- la marcha en Neuquén tuvo 10 mil personas caminando 10 cuadras.
“Es muchísimo e histórico”, grafica. “Los que estamos acá somos de los que pudimos viajar, pero con la esperanza de que esto se solucione. Quisiéramos estar en el aula y no acá, cagándonos de frío. Pero es lo que nos toca. Y hay que salir y poner el cuerpo para luchar contra este ajuste que se está llevando puesto al sistema científico y tecnológico”.
Cuando Anabella termina de decir estas palabras, en una plaza llena y bajo la lluvia, el dólar llegó a 41 pesos. “Sí a la plata en educación, no al FMI”, dice una bandera gigante.

Foto: Nacho Yuchark
Lo esencial es invisible
Lo primero que impacta de esta movilización son los cuerpos. Se percibe mayoría de mujeres, cosa que se hace aún más ostensible cuando se canta.
El frío y los pies mojados recuerdan al 8 de agosto y la votación por la ley de aborto. “Lo esencial es invisible a Macri”, cuenta un cartel, como si fuera la voz de El Principito. El color de los pañuelos, esta vez, es azul. El enemigo es más preciso: los insultos son contra el presidente y contra María Eugenia Vidal. El hit del verano atravesó exitosamente el invierno y amenaza con seguir arrasando en primavera. Además, un graffiti retrata a la gobernadora con la nariz alargada de Pinocho: acá nadie olvida su promesa de campaña de que los docentes ganaría 40 mil pesos por mes.
Bajo paraguas –el 8 de agosto valían 80 pesos, ahora 100-, detrás de pecheras, con pilotos amarillos y rosas y celestes, pisando fuerte sobre un cemento mojado para que las banderas no se vuelen con un viento que azota, los cuerpos cantan y bailan a ritmo de bombos cuyo ritmo se traduce en una partitura que es mucho más interesante que la “alianza kirchnerotroskista” descrita por el ministro de Educación, Alejandro Finocchiaro, uno de los máximos responsables de un conflicto que ya lleva cuatro semanas de tomas, de asambleas masivas y clases públicas en las 57 universidades nacionales de todo el país, en rechazo al 15 por ciento de aumento propuesto en paritaria.

Foto: Nacho Yuchark
Iara -20 años, estudiante de Trabajo Social en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA- y Juana -21 años, de Ciencias de la Comunicación- lo explican a la perfección desde su visión estudiantil. “La educación nos hace más libres. Es un derecho que hemos ganado con lucha social y no puede ser que un gobierno tome políticas culturales que arrasen con toda esa historia que hemos conseguido para tener un país más inclusivo”.
¿Otra enseñanza para Finocchiaro? “La educación es un derecho, no un privilegio. Por eso es que vienen tantos estudiantes de otros países a nuestras universidades. No nos pueden encasillas a nosotros de esa manera”. El viento sigue destartalando los paraguas.
Juana no tuvo una clase en todo el cuatrimestre. “Estoy cursando cuatro materias: todas se adhirieron. Y las clases públicas sirvieron para dar visibilización y romper el cerco mediático de los medios hegemónicos. Por eso venimos: para pelear por nuestros derechos”.
Una pintada en el suelo Avenida de Mayo deja la pregunta: “¿Por qué tanto miedo de educar al pueblo?
Una canción le intenta responder: “Nos gobiernan egresados de universidades privadas. Así estamos”.

Foto: Nacho Yuchark
Primera generación
A las 18 la concentración ya era masiva. Salió el sol, por detrás del Congreso. Como seguía lloviendo, se formó un arco iris por encima de Avenida de Mayo. La marcha iba hacia Plaza de Mayo. Franco Méndez -25 años, estudiante de Ingeniería Química- y Stefano Leone –Ingeniería en Sistemas- son dos representantes del centro de estudiantes de la UTN de Rosario.
“Sólo a nuestra UTN le deben 2 millones de pesos”, sintetiza Franco.
¿Qué significa esa cifra en lo concreto? Stefano: “Recorte en becas. Deudas de casi todo el año a los becarios para obras a realizar. Tenemos la suerte de ser una facultad grande que se puede mantener por sí misma, pero otras no están en esas condiciones. Sí nos afecta, claro, en infraestructura, en gastos de mantenimiento. Tenemos miedo de no poder terminar este año académico. Y aún no sabemos cómo vamos a seguir el año que viene”.
Un duro panorama analizan los docentes de la Universidad Nacional Arturo Jauretche de Florencio Varela: “Muchos de los alumnos son primera generación universitaria. Al no haber clases, tememos la deserción. Pero saben que esta situación es difícil de sostener así”.

Foto: Nacho Yuchark
Aceitosos y satélites
Patricia Kandus, 57 años, es doctora en Ciencias Biológicas en la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), que ayer realizó un conmovedor y masivo abrazo para defender no sólo los puestos de trabajo y el presupuesto, sino el predio que el Gobierno les quiere quitar para cedérselo a una aceitera para instalar una playa de cargas. “El recorte impacta en la calidad de las clases, en los salarios: el panorama que vemos es negro. Nosotros hacemos investigación en ciencias naturales, ambientales, en ciencia y tecnología y en muchas otras líneas donde se apunta una merma con actividades que vemos deterioradas o se van cerrando”.
-¿Por ejemplo?
-En el grupo trabajamos usando herramientas de teledetección de imágenes satelitales para monitoreo de humedales y ambientes naturales. Hoy por hoy los becarios, que hacen parte de la investigación, tienen un sueldo que apenas les alcanza para vivir. Y los docentes que recién empiezan no tienen cargos o lugares donde desempeñarse. Por otro lado, tenemos subsidios del Ministerio de Ciencia y Tecnología. Un ejemplo: tenemos un subsidio de tres años que empezó en 2014, pero a fines de 2015 empezaron a darnos las primeras partidas y recién ayer cobré la segunda cuota del segundo año con un retroactivo del 17 por ciento. Eran 120 mil pesos. ¿Hoy el dólar a cuánto se fue? Iba haciendo el cálculo: empecé hace tres días con 3900 dólares, hoy ya tengo 3500 y vamos en descenso hora tras hora. Y eso implica tareas de campo, compras de equipamiento, análisis en laboratorios de calidad. Todo se reduce.

Foto: Nacho Yuchark
Pronóstico meteorológico
Carolina Vera es profesora investigadora en la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA y del Conicet. Tiene 56 años y trabaja en el Departamento de Ciencias de la Atmósfera. “Investigamos el clima, herramientas de pronóstico, trabajos de servicio meteorológico”.
-¿Cómo puede describir este clima en la calle?
-Te puedo decir que con el dólar en las nubes, nosotros tenemos que estar acá. Es una situación de mucha incertidumbre y a nosotros nos querían dar un 15 por ciento de aumento. Por eso, a pesar de la lluvia, prefiero pasarla con mis compañeros que escuchando las noticias.
-¿Qué pronóstico visualiza?
-El Gobierno está usando los fenómenos meteorológicos para bastardear a la tormenta. Pero no se da cuenta que una tormenta pasa, y esto que estamos viviendo es sólo una pendiente hacia abajo que, si no se revierte, nos va a seguir hundiendo.
La explicación de Carolina es técnica.
No hay metáfora.

Foto: Nacho Yuchark
A su lado, pasan Camila e Ignacio, con piloto rosa y otro celeste. Tienen 18 años y son estudiantes de Medicina en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Sostenemos un frágil paraguas para evitar que se vuele. Ignacio dice: “Las condiciones en nuestra facultad son malísimas. Los profes no dan clase porque no cobran, el boleto aumentó muchísimo”.
De repente, se escucha un trueno. No sabemos si lo que nos empuja es el viento, la lluvia o la tormenta que acaba de describir Carolina desde su experiencia meteorológica.
A Camila no le importa: “Estar acá es la única forma que tenemos de comunicarle al presidente que la gente está disconforme. Es un problema que nos afecta a todos”.
A Ignacio, tampoco: “A la gente la quieren burra, porque así es fácil controlarla. Pero hay que desarrollar el pensamiento para que cada uno sepa lo que tiene que ver. Y cómo. La lluvia no va a parar nada. Hubo peores tormentas y el pueblo se siguió levantando. Sólo es algo que moja y puede romper un papel. Luego, el cuerpo se seca, pero la fuerza no se apaga”.


Foto: Nacho Yuchark

Nota
MU 214: Mujer maravilla

Ella y sus dos hijos llevan glifosato en su sangre, al igual que muchos y muchas en
Pergamino, localidad contaminada por el agronegocio donde dieron batalla y hoy
protagonizan un juicio histórico contra productores y funcionarios. ¿Será justicia?

Ganar la vida: La historia de (no) ficción de Sabrina Ortiz
Su hijo Ciro tenía 120 veces más agrotóxicos que lo “admisible”. Su hija Fiamma, 100 veces más; ella, 58. Viven en Pergamino, llamada “la capital del veneno”, donde se encontraron pesticidas hasta en el agua de red. Bajo amenazas de muerte Sabrina inició una denuncia convertida en un juicio histórico que está por tener sentencia buscando terminar con la impunidad. La acompaña una abogada de lujo: ella misma se recibió como parte de su lucha, porque nadie se atrevía a representarla. No es una película sino un retrato de la Argentina actual: un modelo de contaminación, enfermedad y muerte, frente a la lucha de las comunidades que no se resignan a un presente tóxico.
Por Francisco Pandolfi

La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich
El teatro antidisturbios del presente: descontrol de las fuerzas represivas, cientos de heridos, detenciones arbitrarias, armado de causas, y un proceso judicial que poco tiene de justicia. Los casos de Milton Tolomeo y Eneas Gallo, aún detenidos por protestar el día de la Ley de Reforma Laboral, hablan de la impunidad con la cual se maneja el gobierno con aval de jueces y fiscales. Lo cuentan ellos, sus familiares y defensas en esta investigación especial.
Por Lucas Pedulla

Década perdida: Marta Montero, mamá de Lucía Pérez
“Estamos como el día 1”. La frase de la madre de la joven asesinada en 2016 remite a aquel año: cuando denunciaron que dos narcofemicidas habían abusado y asesinado a su hija, hasta hoy, dos juicios después, pues la impunidad sigue consagrada. De motivar el Primer Paro Nacional de Mujeres a la decisión que tomó Marta ahora: estudiar abogacía. La injusticia como una tortura y la lucha como un tejido social que sigue en Mar del Plata, con un centro cultural, un bachillerato y un movimiento que no se amilana.
Por Evangelina Buccari

La Cordobaza: 3J y el Ni Una Menos en la provincia de Agostina
La undécima edición del Ni Una Menos llegó a Córdoba con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. La gente salió a la calle bajo la lluvia once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta. Cómo se busca justicia.
Por Bernardina Rosini

El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión
¿Qué explica que una banda que rechazó las reglas de la industria se haya convertido uno de los fenómenos culturales más masivos de la Argentina? Desde la producción de sus discos hasta la organización de sus recitales, desde el vínculo con su público hasta la construcción de una comunidad capaz de sobrevivir a su propio fundador, la historia del Indio Solari y sus grupos también es la historia de una forma de crear, pensar, sentir y organizarse, con la autogestión como herramienta y filosofía de vida.
Por Francisco Pandolfi, Mariano Randazzo y Franco Ciancaglini

Mundo Chueco: Jorge Chueco Romero, sacerdote de Ciudad Oculta
Es cura en Ciudad Oculta. Todos los miércoles acompaña el reclamo de jubilados en el Congreso, donde aguanta los palazos y el gas pimienta. No cobra la asignación de la Curia, sino que vive de su trabajo como obrero y albañil. Una “camicharla” entre los murales del barrio: qué hacer con la vida, Bergoglio, el Indio, el peronismo, y una lista de cosas importantes.
Por Sergio Ciancaglini

El trava power: Las Simbióticas
Nacidas en las sierras cordobesas, mezclan cumbia, humor travesti y compromiso político. Entre canciones, risas y reflexión, sus integrantes reivindican la construcción de redes, la diversidad y la alegría como forma de resistencia.
Por María del Carmen Varela

Ser de luz: Nina Suárez
Acaba de sacar el disco El lado oscuro, donde enfrenta algunos fantasmas y ausencias familiares y amorosas, acaso dos versiones de lo mismo. Lo hizo con un power trío que se suena todo. Ella compone, canta y toca la guitarra de una manera conmovedora y que remite inevitablemente a su madre, Rosario Bléfari. Breve semblanza de una artista capaz de brillar con la oscuridad.
Por Franco Ciancaglini

Crónicas del más acá: GPS
Por Carlos Melone
Nota
La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.
Por Bernardina Rosini
El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.
Lo que no se puede creer
Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.
Varones
Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org
«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.
Dónde está Delicia
Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.
Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.
Justicia sin apellido
Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»
Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.
La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
Nota
MU 213: Movete

Son personas que se organizan y se movilizan para defender derechos de toda la
sociedad. Son quienes sufren palos, gases y humillaciones por estar de pie. Quienes
crean respuestas donde hay impotencia y nuevas palabras para definir el futuro.
Nuestro homenaje: reunirlas y escucharlas.

Mover el mundo: Cumbre de imprescindibles
Jubilados, discas, asambleístas ambientales, travas, familias víctimas de femicidios y el papá de Pablo Grillo: reunimos a quienes se movilizan y no abandonan la calle a pesar de los palazos y de la falta de respuestas. Quienes marcan una agenda por abajo que es a la vez un rumbo y un llamado a la acción, y también a la unidad. Frente a la dispersión, voces que hablan de un horizonte común, más acá de la política partidaria, para repensar la democracia y la forma en que resistimos.
Por Claudia Acuña

Del dicho al hecho: Los crímenes de odio baten récords
En 2025 se produjeron 227 crímenes de odio contra personas de la comunidad LGTBIQ+: 60% más que el año anterior. El combustible: la violencia y discriminación desde el gobierno, empezando por el Presidente, y el desmantelamiento de políticas públicas. La precarización de la vida privada y lo que ocurre cuando el Estado se retira.
Por Evangelina Bucari

Comunicacción: Unión de Medios Autogestivos
Siete medios de todo el país nos reunimos para crear transversalidad, proyectos y compartir ideas sobre cómo hacer periodismo en tiempos mileístas y más acá: el cooperativismo, las comunidades, el territorio, la agenda propia. ¿Cómo crear valor, generar puestos de trabajo y sostenerse cuando todo se cae? Lo que representan estos diarios, revistas, agencias y periodistas todoterreno que resguardan lo mejor del oficio, por fuera de Tik Tok y los streamings de turno.
Por Lucas Pedulla

Ojos bien abiertos: Tadeo Bourbon, fotógrafo
Fue uno de los premiados por el World Press Photo por una imagen que podés ver en la página siguiente. La historia de Tadeo y de aquel día de marcha, represión, golpes y gas pimienta. De la moto, los casamientos y otros empleos, al contexto profesional y a la vez emocional que alimentó ese click al que llamó La Argentina de Milei.
Por Sergio Ciancaglini

Alerta verde: MU en Misiones
Desde que asumió Milei, el precio que se paga a productores y trabajadores está desregulado. Cómo impacta esto en una industria ya precarizada, y lo que genera: éxodo rural, desarraigo, pobreza. Crónica de una época desde un territorio olvidado y en lucha.
Por Francisco Pandolfi

Mondiablo: Juicios contra el Roundup de Monsanto/Bayer
Las pérdidas millonarias de Bayer por las demandas vinculadas al glifosato vuelven a poner en escena una historia que lleva décadas: evidencia científica, fraude corporativo, lobby político y daños sanitarios y ambientales a escala global. Mientras avanzan nuevos acuerdos judiciales y Trump sale al rescate de la compañía, el herbicida sigue presente en cuerpos, territorios y alimentos.
Por Anabel Pomar

Anti algoritmo: Cineclub Mabuse
Hace 25 años que Uriel Barros proyecta películas en Súper 8 en festivales, centros culturales, escuelas, bares y espacios under. Una defensa artesanal y colectiva del cine frente a las plataformas, los algoritmos y el consumo individual. Terror, ciencia ficción, muñecos malditos y películas que todavía necesitan ser vistas.
Por María del Carmen Varela

Monte Hermosa: Josefina Lamarre
Editó el álbum Yin Yang y también le cantó (en contra) al amor extractivista. De la tevé en piyamas a la comedia musical, la perfomance, el Hotel Faena y las coplas chismosas. Lo que surgió de una ducha y la convivencia entre lo tanático, lo erótico y lo vital.
Por María del Carmen Varela

Biblias.
Por Carlos Melone
- Derechos HumanosHace 3 semanas
«Digan clítoris»
- Datos de la crisisHace 1 día
Una filtración revela quiénes son los miembros de la sociedad secreta fundada por Peter Thiel
- #NiUnaMásHace 3 semanas
La escena del crimen
- #NiUnaMásHace 3 semanas
Mujeres mapuche: la resurgencia
- El Indio SolariHace 2 semanas
Parece que los dioses mueren
































