Nota
Las dos CTA: lo que la calle une
Alrededor de 40.000 personas acompañaron la marcha de las dos vertientes de la Central de Trabajadores Argentinos. Las miradas sobre el gobierno y sobre la ausencia de la CGT.
Alrededor de 40.000 personas acompañaron la marcha de las dos vertientes de la Central de Trabajadores Argentinos. Las miradas sobre el gobierno y sobre la ausencia de la CGT.
-Atrás, compañeros, atrás: ya va a haber tiempo para la foto.
Los que gritan son los encargados de la organización y seguridad de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), que intentan que periodistas y fotógrafos no se abalancen para dejar registro del acontecimiento de la movilización que partió desde Avenida de Mayo y Piedras hasta la Plaza de Mayo: Hugo Yasky y Pablo Micheli, secretarios generales de la CTA de los Trabajadores y la CTA Autónoma, enfrentados y divididos hace años, caminan juntos y entrelazados en el medio de una cabecera que, según sus estimaciones, aglutinó a 40 mil trabajadores de los más variados gremios.
“Esto produce un resultado que va a ser histórico”, dice Yasky a lavaca. “Creo que esto demuestra que el pueblo argentino quiere salir a la calle a luchar. Desde las CTA, lo que hemos posibilitado es este encuentro de sectores tan diversos. Y creo que vamos camino al paro nacional, porque el pueblo sabe por historia que si no sale a luchar en este momento, en la calle, nos van a pasar por arriba. Hay que defender el trabajo, la unidad nacional, y hay que bancar a aquellos que están sufriendo, que están pasando hambre o que teniendo un trabajo no les alcanza para llegar a fin de mes”.
¿Qué dice Micheli? “La respuesta es muy buena. Es una política acertada salir a la calle frente a una política de ajuste tan tremenda como está sufriendo el pueblo argentino. Me parece que ese es el camino: la unidad de las CTA en la calle y de todos los que luchan. Obviamente esperamos que la CGT también nos acompañe para resolver un paro nacional”.
Más allá de la adhesión y movilización de algunos sindicatos que no están en las CTA, como bancarios y aceiteros, fue significativa la ausencia de las tres CGT después de la masiva movilización del 29 de abril por el acto del Día del Trabajador y luego del veto del presidente Mauricio Macri a la Ley Antidespidos. Ausencia simbólica, y también política. Micheli: “Es una decisión más lenta que la nuestra. Pero más temprano que tarde volveremos a estar en la calle y parando todos juntos”.
Yasky: “Creo que cometen un error. Pero hay que abrirles la posibilidad de que nos volvamos a encontrar. Nadie nos perdonaría no salir a pelear en este momento”.

Hugo Yasky y Pablo Miceli
Fin de mes
El clima no ayuda, pero miles de trabajadores comenzaron desde el mediodía a concentrarse bajo una intermitente lluvia en una movilización que unificó reclamos contra los tarifazos, el veto a la Ley Antidespidos, la represión a los trabajadores de Tierra del Fuego y Santa Cruz y la que vivieron durante la mañana del mismo jueves los empleados de seguridad de Ezeiza que habían cortado la autopista Riccheri, frente al acceso al propio Aeropuerto Internacional. Hubo movilizaciones en varios puntos del país.
Adrián Dávalos, secretario general de Rosario y secretario gremial de la Federación Aceitera, explica por qué marchan: “Si bien cerramos una paritaria con el 38 por ciento, que alcanzó un salario de 20 mil pesos, la situación y el contexto general es preocupante. El presente de muchos trabajadores es malo. La unidad va más allá de la dirigencia: es necesaria. Tenemos que hacer huelga y movilizaciones generales”.
¿Y la ausencia de la CGT? “Está claro que hay distintos intereses. Hay que decirlo con todas las letras. Es más, te diría que antes de exigir por la ley antidespidos, que está muy bien, esto se soluciona con huelga y movilización general. No la hicimos antes de ir a pedir la ley. ¿Qué más hace falta para hacerlo? Este es el mismo modelo que viene de los años 90. Y nosotros no queremos volver a cagarnos de hambre. Nosotros no militamos ni hacemos política, pero no somos zonzos: este gobierno es para los ricos y nadie más”.
Daniel Catalano, secretario general de ATE-Capital. “Esto comenzó con las reuniones de las cinco centrales obreras en el marco de la construcción de una herramienta que posibilitara conservar las fuentes de laburo. Fue el proyecto de ley. Habíamos pactado que si el Presidente la vetaba, íbamos a salir a la calle. Nosotros estamos cumpliendo con lo que nos comprometimos. No sólo en Capital: hay movilizaciones en Jujuy, Neuquén, Chaco. Se vulneraron nuestros derechos constitucionales. Es terrible porque nos estamos quedando sin elementos de supervivencia. La guita no alcanza. Los productos se han disparado. Se ha generado una nueva clase trabajadora que es una clase trabajadora pobre. Vas a un supermercado y está vacío. Los negocios cierran. Hay 30 mil empresas menos. Hay más de 2 millones de personas que pasaron a estar en un nivel de pobreza en cinco meses de gestión”.
¿Cuál es la situación en Capital? “Hay 11 mil trabajadores nacionales menos. Y fue muy poco lo que pudimos recuperar, por eso hicimos siete paros contando el de hoy. Es un capricho del Estado porque no es que están echando trabajadores para reducir la planta, sino que han echado selectivamente por sus vinculaciones con la política. Han hecho toda una persecución ideológica, revisando perfiles en redes sociales, correos, metiendo a la policía en lugares de trabajo. La semana pasada despidieron a 300 laburantes de ANSES y ayer llegaron 800 telegramas de RENATEA (Registro Nacional de Trabajadores y Empleadores Agrarios), de los cuales 200 son de Capital. Es muy serio lo que está pasando, y es importante que los dirigentes estén a la altura de lo que las bases están exigiendo, sin mezquindad política. Al laburante no le importa el color de la bandera, el sello, el logo: lo que quiere es una situación que le posibilite llegar a fin de mes”.
Pero la CGT está ausente. “Tienen otros tiempos. Están discutiendo cómo plantarse frente al gobierno. Pero hay mucha presión de las bases. Los tiempos no son los que quizá nosotros necesitamos, pero indudablemente, hoy, mañana o pasado, eso va a pasar porque se están perdiendo miles de puestos de trabajo”.
Los otros trabajadores
Uno de los que está trabajando durante la movilización es Carlos, vendedor de churros. ¿Cómo ve todo lo que está pasando? “Estamos hasta las manos. Y se va a pudrir todo. Se tiene que pudrir, porque esto no se aguanta más. Está todo mal, mal, mal. Mirá, yo pagaba 200 mangos de luz cada dos meses y ahora pago 850. Sin contar lo que me va a venir de gas. Y soy de San Miguel: tengo unos 40 pesos de ida y de vuelta en transporte. Además, me bajaron las ventas un 60 por ciento”.
Otro no sindicalizado es Sergio, de Villa Soldati, vendedor de choris y hamburguesas: “Todo mal. No nos alcanza para nada. Antes juntábamos una moneda porque nos sobraba algo. Ahora no. Cuando laburamos poquito se gasta todo en la nafta, o el carbón que aumentó, o el gas que es más caro. No hay margen. Y no podés subir la comida porque la gente no la compra”. ¿Cómo está el barrio? “Mirá, hay comedores. Ayudan mucho. Pero aumentó la necesidad, se ve mucha más gente”.
Pasa Claudio Marín, de FOETRA (Telefónicos). “Estamos los que estamos y los que no. Es un error político el de la CGT, creo, pero hay que respetar los tiempos de cada organización. Nosotros, en lo particular, pedimos un aumento del 39 por ciento y no tenemos despedidos porque estamos manteniendo a raya a las empresas. Hay mucha resistencia, pero nos falta ganar cada vez mayor articulación”.
Más cerca de Plaza de Mayo Abel, vendedor de diarios, pregunta de qué medio somos, y pide: “Quiero una de esas fotos que ustedes hacen”. ¿Cómo se ve el país desde el kiosco? “La venta cayó un 50 por ciento. Espero que se solucione para poder solventar a la familia. Tengo dos hijos que están en la universidad. Soy de Munro, una hora para venir, y pago un alquiler. Los servicios se me dispararon. La cosa está complicada”.
Julio, de La Matanza, hincha de Almirante Brown y de Boca, vendedor de banderas. “Desgraciadamente, esto recién empieza. Ya pasó con Martínez de Hoz y Cavallo. Esta película ya la vimos. Y lamentablemente va a ser peor. Imaginate, yo tengo que aprovechar un día como hoy porque en la semana está jodido vender. Y los aumentos de tarifas: ¿cómo le podés cobrar lo mismo a uno de Puerto Madero que a un laburante de La Matanza? Lo matás. O lo obligás a comer salteado”. ¿Cómo se sale de esto? Su hipótesis: “No hay que pagar la luz ni el gas ni nada. Hay que ponerse de acuerdo entre cuatro o cinco vecinos por cuadra y no pagar. Ahí se van a dar cuenta. Porque, legalmente, a los amparos los borran con el codo. O como hacen ellos: con decretos”.
Ante la cámara de fotos dice, con una bandera que busca especialmente: “Sacame con la del Che. Necesitamos uno así”. En un bar de Avenida de Mayo se ve una pantalla roja, con uno de los clásicos carteles de Crónica TV: “Ganaron las elecciones con el ‘se puede vivir mejor’ y gobiernan con el ‘vivían demasiado bien’”.
Para Beto Pianelli, secretario general del Sindicato de Trabajadores del Subte y Premetro, la marcha es una continuidad del escenario de movilización que vive Argentina. “Pasaron la marcha de la comunidad educativa, la del acto por el Día del Trabajador: todas contra las políticas antipopulares que viene tomando este gobierno desde que se instaló, que cada vez son más evidentes, porque empiezan a tocar el bolsillo y las condiciones materiales de los sectores populares. Algo que en campaña no dijeron que iba a hacer. Había necesidad de dar una respuesta, sobre todo después del veto a la ley. Lamentablemente no la pudimos hacer todos los mismos que estuvimos el 29”.
¿Cómo evalúa esa decisión? “No estar acá tiene un costo político. Es un error muy grande el de la CGT. Pero creo que, inevitablemente, vamos hacia un reagrupamiento de sectores importantes de los trabajadores. Y aquel que no se ubique allí, obviamente va a pasar a la historia”.
El sindicato logró una paritaria del 32 por ciento con una cláusula para abrir en septiembre en caso de un desfasaje. “Fue la tercer mejor paritaria del país. Todavía no hemos sufrido el ajuste de forma directa, porque es un medio de transporte, un servicio. Generalmente, somos los últimos, cuando la gente ya no tiene para viajar”.
La jubilada
Hubo muchas personas autoconvocadas. Mientras la locutora del acto llamaba a movilizar el viernes para #NiUnaMenos (“Para decir ni una víctima más de la violencia machista”), habla Blanca Gorosito, jubilada, vecina de Balvanera, pin de “Yo no lo voté” en el saco, tapa de olla en una mano, cuchara de madera en la otra. “Estoy cansada de este gobierno. No se fija en los pobres ni en aquellos necesitados que han echado de sus trabajos, que no tienen pan en la mesa. Eso me duele. Quisiera que este hombre recapacite. No puede aumentar la luz ni el gas como aumentó. No es justo para nadie. Todos tenemos derecho a comer y vivir. Esto es tristísimo”.
Al menos anunció un blanqueo para pagar a los jubilados.
Blanca suspira: “¿Vos le creés algo? No le creas nada, corazón”.
Fotos: Julieta Colomer/lavaca
Nota
MU 215: Sin chamuyo



Viaje a la vida en el Delta: Y la nave va
Mientras el gobierno nacional privatiza la principal vía navegable del país con un nivel de tráfico comercial gigantesco y opaco, quienes habitan el delta advierten sobre el impacto a una forma de vivir, al humedal que provee biodiversidad, y a una soberanía que se pierde río abajo. Viaje en barco de MU desde el bajo delta bonaerense, para conocer y escuchar a isleños, productores, docentes, ambientalistas y vecinos que resisten otra avanzada sobre un territorio en disputa.
Por Francisco Pandolfi

Gonzalo Giles, pensador y comunicador «disca»: Error en el sistema
Gonzalo Giles, activista del movimiento disca que resiste el ajuste.
Es mudo pero logra hacerse oír. Humor, creatividad y política:
“Necesitamos menos caudillos y más gente que construya”.
Es escritor, activista y referente de una generación que convirtió la experiencia de la discapacidad en una potencia de comunicación y acción. Ahora prepara un espacio propio para intervenir en política. Una conversación sobre prejuicios, salud mental, amores, liderazgo, y “lo disca” como una categoría desde la cual pensar –y reconstruir– un país.
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La dictadura en el delta: Los sonidos de El Silencio
La quinta El Silencio fue un centro clandestino en el que la dictadura escondió en 1979 a 40 personas secuestradas. ¿Cuánto se sabía y cuánto se callaba entre las islas y ríos del Delta? Un viaje a ese paisaje y a esa realidad: la alianza entre una vecina y una historiadora, lo que cuentan los sobrevivientes, los barcos de la muerte y la investigación de chicos de la zona, con sus preguntas y sus grabadores, para entender el pasado y mucho del presente.
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Violencia policial en Constitución: La ley y el orden
La Policía de la Ciudad asesinó a Víctor Vargas (foto) disparándole tres balazos por la espalda. Intentó ocultar la verdad del crimen pero la investigación judicial detectó a los culpables y se abrió una causa sobre la relación entre la venta de drogas y la complicidad policial. ¿Quién era Víctor? Constitución como tierra de nadie y la violencia institucional contra prostitutas, travestis y quienes tratan de sobrevivir a la crisis de cada día.
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El «Woodstock ambiental» contra los agrotóxicos: De película
Alarmados por los pesticidas y sus efectos de contaminación ambiental y humana, estudiantes y un maestro de una escuela pública cordobesa empezaron a componer canciones. Convocaron tímidamente a artistas, y se sumaron más de 300. Ya hicieron tres discos y un recital en el campo. Una canción para mi tierra es el film que relata esa aventura que empezó en una comunidad, siguió por decenas de escuelas y tiene contagios en defensa del ambiente y la vida desde España hasta el Amazonas.
Por María del Carmen Varela

Un biodrama del presente: Puta madre
La obra Putamadre muestra los mandatos, la soledad de las mujeres que crían solas, y una sociedad que las juzga antes de escucharlas. Lejos de la maternidad romántica, humor, amor y la historia real de una madre con su hijo todavía preso: ambos en escena, él a través de una filmación desde la cárcel. Lo que puede el arte para derrumbar prejuicios.
Por Evangelina Bucari

La Cogolla: Flor de cultivo
Yael Frida Gutman mezcla cabaret, transformismo, música y humor para hablar de cannabis, autogestión y libertad: una obra que crece desde hace cinco temporadas y convierte cada función en una celebración, una conversación y una invitación a pensar.
por María del Carmen Varela

Desentendimiento: Fingir demencia
Sabemos lo que pasa, pero no hacemos nada. La filósofa eslovena Alenka Zupančič escribió Desentendimiento-Una forma perversa de la razón en la crisis permanente, sobre ese rasgo que no es el “negacionismo” y que consiste en eso que llamamos “fingir demencia” (o normalidad). Las fake, el oscurantismo, y los que se creen por encima de la gente.
Por Franco Ciancaglini

Crónicas del Más Acá: Parlantes
Por Carlos Melone
Nota
MU 214: Mujer maravilla

Ella y sus dos hijos llevan glifosato en su sangre, al igual que muchos y muchas en
Pergamino, localidad contaminada por el agronegocio donde dieron batalla y hoy
protagonizan un juicio histórico contra productores y funcionarios. ¿Será justicia?

Ganar la vida: La historia de (no) ficción de Sabrina Ortiz
Su hijo Ciro tenía 120 veces más agrotóxicos que lo “admisible”. Su hija Fiamma, 100 veces más; ella, 58. Viven en Pergamino, llamada “la capital del veneno”, donde se encontraron pesticidas hasta en el agua de red. Bajo amenazas de muerte Sabrina inició una denuncia convertida en un juicio histórico que está por tener sentencia buscando terminar con la impunidad. La acompaña una abogada de lujo: ella misma se recibió como parte de su lucha, porque nadie se atrevía a representarla. No es una película sino un retrato de la Argentina actual: un modelo de contaminación, enfermedad y muerte, frente a la lucha de las comunidades que no se resignan a un presente tóxico.
Por Francisco Pandolfi

La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich
El teatro antidisturbios del presente: descontrol de las fuerzas represivas, cientos de heridos, detenciones arbitrarias, armado de causas, y un proceso judicial que poco tiene de justicia. Los casos de Milton Tolomeo y Eneas Gallo, aún detenidos por protestar el día de la Ley de Reforma Laboral, hablan de la impunidad con la cual se maneja el gobierno con aval de jueces y fiscales. Lo cuentan ellos, sus familiares y defensas en esta investigación especial.
Por Lucas Pedulla

Década perdida: Marta Montero, mamá de Lucía Pérez
“Estamos como el día 1”. La frase de la madre de la joven asesinada en 2016 remite a aquel año: cuando denunciaron que dos narcofemicidas habían abusado y asesinado a su hija, hasta hoy, dos juicios después, pues la impunidad sigue consagrada. De motivar el Primer Paro Nacional de Mujeres a la decisión que tomó Marta ahora: estudiar abogacía. La injusticia como una tortura y la lucha como un tejido social que sigue en Mar del Plata, con un centro cultural, un bachillerato y un movimiento que no se amilana.
Por Evangelina Buccari

La Cordobaza: 3J y el Ni Una Menos en la provincia de Agostina
La undécima edición del Ni Una Menos llegó a Córdoba con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. La gente salió a la calle bajo la lluvia once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta. Cómo se busca justicia.
Por Bernardina Rosini

El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión
¿Qué explica que una banda que rechazó las reglas de la industria se haya convertido uno de los fenómenos culturales más masivos de la Argentina? Desde la producción de sus discos hasta la organización de sus recitales, desde el vínculo con su público hasta la construcción de una comunidad capaz de sobrevivir a su propio fundador, la historia del Indio Solari y sus grupos también es la historia de una forma de crear, pensar, sentir y organizarse, con la autogestión como herramienta y filosofía de vida.
Por Francisco Pandolfi, Mariano Randazzo y Franco Ciancaglini

Mundo Chueco: Jorge Chueco Romero, sacerdote de Ciudad Oculta
Es cura en Ciudad Oculta. Todos los miércoles acompaña el reclamo de jubilados en el Congreso, donde aguanta los palazos y el gas pimienta. No cobra la asignación de la Curia, sino que vive de su trabajo como obrero y albañil. Una “camicharla” entre los murales del barrio: qué hacer con la vida, Bergoglio, el Indio, el peronismo, y una lista de cosas importantes.
Por Sergio Ciancaglini

El trava power: Las Simbióticas
Nacidas en las sierras cordobesas, mezclan cumbia, humor travesti y compromiso político. Entre canciones, risas y reflexión, sus integrantes reivindican la construcción de redes, la diversidad y la alegría como forma de resistencia.
Por María del Carmen Varela

Ser de luz: Nina Suárez
Acaba de sacar el disco El lado oscuro, donde enfrenta algunos fantasmas y ausencias familiares y amorosas, acaso dos versiones de lo mismo. Lo hizo con un power trío que se suena todo. Ella compone, canta y toca la guitarra de una manera conmovedora y que remite inevitablemente a su madre, Rosario Bléfari. Breve semblanza de una artista capaz de brillar con la oscuridad.
Por Franco Ciancaglini

Crónicas del más acá: GPS
Por Carlos Melone
Nota
La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.
Por Bernardina Rosini
El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.
Lo que no se puede creer
Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.
Varones
Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org
«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.
Dónde está Delicia
Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.
Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.
Justicia sin apellido
Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»
Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.
La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
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