#NiUnaMás
Le dan prisión domiciliaria al femicida de Lourdes Aragio por tener hongos en los pies
Los jueces de la Sala I de la Cámara de Apelaciones aceptaron el pedido de la defensa de Raúl Antonio Devias, alias «El Gitano», al concederle prisión domiciliaria por tener una infección en los pies. Devias está acusado de matar a su ex pareja Lourdes Aragio y descartar el cuerpo en la zona de Colegiales, donde fue encontrado envuelto en una frazada y en grado de descomposición. Por qué se había pedido la prisión preventiva del femicida y cuáles son los argumentos del nuevo vergonzoso fallo. La historia de violencia y drogas y el desesperado pedido de ayuda de Lourdes que terminó de la peor manera.
Por Lucrecia Raimondi
El acusado por el femicidio de Lourdes Aragio fue beneficiado ayer con prisión domiciliaria por tener hongos en los dedos de los pies. Raúl Antonio Devias, alias “El Gitano”, podrá residir en la casa de sus padres en Colegiales (situada en frente de la suya, donde habría matado a Lourdes) con una tobillera electrónica por tener “una micosis interdigital con erosión cutánea en pies”. Lourdes fue hallada muerta envuelta en una manta el pasado 18 de junio en ese barrio porteño y a Devias lo detuvieron como autor del crimen, junto a Gabriel Fernando Massara, acusado de encubrimiento por ayudar a descartar el cuerpo.
Los jueces Pablo Guillermo Lucero e Ignacio Rodríguez Varela, de la Sala I de la Cámara de Apelaciones, dieron lugar al pedido de la defensa y consideraron que el acusado podía ser beneficiado por “la singularidad del hecho investigado y las circunstancias extraordinarias de la conducta atribuida a Devias, las cuales aún no han sido completamente esclarecidas”. Además, plantearon en el fallo que “la gravedad del suceso que podría determinarse tampoco reviste carácter dirimente para decidir la cuestión”.
Para estos jueces, los hongos en los pies aplican a la excepcionalidad de la prisión domiciliaria como una enfermedad que no puede ser tratada dentro del penal -de Marcos Paz-. Y entienden que en este caso, aún no esclarecido, es necesario un “adecuado equilibrio entre la neutralización de los peligros procesales comprobados en autos y la aplicación del mínimo rigor estatal para garantizar la aplicación de la ley material en este caso concreto”.
Antonio Devias padece de Disipela, una infección en la piel que puede presentarse en diferentes partes del cuerpo y corre riesgo de muerte si se propaga y agrava una lesion. El juez de instrucción autorizó a que los familiares del procesado ingresen la medicación para su tratamiento.
La prisión preventiva la había dispuesto el juez de instrucción del Juzgado 26, Damian Kierszembaum, quien consideró que de estar en libertad “habría peligro de fuga y un detrimento del proceso de investigación que está en sus inicios”. Devias, según este juez, practicó un “ocultamiento siniestro” de la muerte de Lourdes y está procesado por el delito de “homicidio agravado por haber sido cometido por un hombre contra una mujer y por haber sido cometido por un hombre contra una mujer mediado violencia de género”.

Lourdes tenía 32 años y dos hijos.
¿Por qué la prisión preventiva?
Kierszembaum entendió que existe “la posibilidad que el imputado entorpezca las medidas pendientes encuentra especial fundamento en el hecho que la muerte de María Lourdes Arangio Frixione habría sucedido en el interior del domicilio del acusado, donde aún no se descarta la realización de nuevas pruebas. Además, Devias podría presionar a aquellos testigos que aún no han declarado en la causa para que sus testimonios lo beneficien en detrimento de la investigación”.
También, el juez de instrucción analizó el accionar de Devias e indicó: “Tal pronóstico encuentra fuerte sustento en la actividad que habría llevaba a cabo Devias tras la muerte de María Lourdes Arangio Frixione, en tanto el nombrado habría intentado descartar el cuerpo de la víctima con ayuda de terceros. Entiendo por tanto que los datos objetivos señalados permiten sostener que, de recuperar la libertad, tanto Raúl Antonio Devias como Gabriel Fernando Massara eludirán el accionar de la justicia y entorpecerán el proceso. Como esta circunstancia se da en el presente, la privación de libertad anticipada se justifica plenamente y por ello se dispondrá la prisión preventiva de los encausados”.
La investigación no detalló aún en qué condiciones murió Lourdes, pero sí que “la muerte de la víctima pudo haber sido provocada por medios violentos, la provisión insidiosa o el suministro excesivo de drogas con conocimiento del desenlace fatal que ello podría provocar”. Lourdes sufrió un edema pulmonar que le causó la muerte, en un contexto de grave adicción y probada violencia de género. Antonio Devia negó ante el juez tener con ella una relación de pareja. Pero en la causa quedó probado que sí, y también que le proveía las drogas.
Por último, el juez analizó el accionar de Devias e indicó: “Tal pronóstico encuentra fuerte sustento en la actividad que habría llevaba a cabo Devias tras la muerte de María Lourdes Arangio Frixione, en tanto el nombrado habría intentado descartar el cuerpo de la víctima con ayuda de terceros. Entiendo por tanto que los datos objetivos señalados permiten sostener que, de recuperar la libertad, tanto Raúl Antonio Devias como Gabriel Fernando Massara eludirán el accionar de la justicia y entorpecerán el proceso. Como esta circunstancia se da en el presente, la privación de libertad anticipada se justifica plenamente y por ello se dispondrá la prisión preventiva de los encausados”.
El fallo de procesamiento detalla los ocultamientos siniestros en los que se basó el juez para dictar la prisión preventiva. “No se trató de un plan espontáneo e improvisado de una persona bajo los efectos de estupefacientes, como pretende sostener Devias en su descargo escrito, sino que (aunque infectuoso) fue un plan consciente y elaborado, lo que abona a la hipótesis homicida”.
Devias declaró haber descubierto de forma casual el cuerpo, que al 18 de junio presentaba un avanzado estado de descomposición. Y declaró que lo descarto con ayuda de Massara (hermano de un policía y con una causa de restricción abierta por su ex pareja), sin consciencia de sus actos por “estar en vigilia” después de consumir. Esa estrategia se desarmó por lo poco creíble.
Según registró la cámara de un salon de fiestas, se deshizo del cuerpo en horas de la madrugada cuando no había gente en la calle y muy poca luz.
El juez de instrucción fue contundente: “Muy posiblemente Arangio Frixione haya muerto en el mismo cuarto que habitualmente utilizaba Devias. Ello me permite descartar que el imputado haya advertido el deceso de la víctima el mismo día que decidió ocultarlo. Por el contrario, lleva a considerar que Devias podría haber preservado, adrede, el cuerpo por varios días en su domicilio luego del óbito, con el fin de contar con la oportunidad justa para descartarlo o, incluso, para que su descomposición natural elimine los rastros que pudieran indicar las causales de la muerte”.
Además, la investigación determinó que Devias eliminó los rastros de la muerte que quedaron en el domicilio. Lavó compulsivamente sábanas, ropas, frazadas y alfombras. Limpió sectores de la casa donde se encontraron posibles rastros de sangre, como la cabecera de la cama donde dormía y probablemente falleció Lourdes entre el 15 y el 18 de junio.

Devias, alias «El Gitano», intentó pagarle a un vecino para que descartara el cadáver.
El testigo clave
El padre de Lourdes la buscaba con insistencia sin éxito. El 17 de junio, aproximadamente 15 horas antes de que el cuerpo fuera abandonado en la vía pública, le envió un mensaje a quien era la pareja de su hija:
“Antonio mañana a la tarde paso por su casa a buscar a Lourdes”, y le pidió que confirmara la dirección de la casa. Obtuvo respuesta al día siguiente.
“Buen día ya hace como 1 mes que no estamos más juntos esta con un chorro del bajo Belgrano yo estoy con otra chica”, mintió minutos después de abandonar el cuerpo.
Raul Antonio Devias ocultó muerta en su domicilio por 72 horas a su pareja y esporádica conviviente, y la descartó envuelta en una frazada, a pocos metros de su vivienda, el 18 de junio en el barrio de Colegiales. La encontraron debajo de un camión, con lesiones en el cuello, los glúteos y quemaduras en ambas piernas.
La última vez que vieron con vida a María Lourdes Aragio Frixione fue el 11 de junio. A las 14 le pidió ayuda a un desconocido de profesión psicólogo, que pasaba por la calle Céspedes, quien declaró intuir en ella un estado de “brote psicótico o intoxicación”. Y horas más tarde, otro muchacho la encontró a pocos metros de la casa del imputado temblando de frío, alterada y confusa. Ella le pidió un cigarrillo, él le ofreció ayuda.
A este último testigo, Lourdes le dio su nombre, le indico el número de Devias para que lo llamara por teléfono y le pidió repetidamente que no se fuera. Devias salió de su domicilio. Lourdes se puso de frente al desconocido, muy cerca, y le dijo: “Yo te dije mi nombre y apellido, si llego a desaparecer vos sabés mi nombre”.
Entró a la casa sobre la calle Céspedes. Nunca más salió.
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Mujeres mapuche: la resurgencia
Melisa Cabrapan Duarte es cantante, iba a ser diseñadora pero es doctora en Antropología, hija de un militar y una maestra. El crimen de Rafael Nahuel en 2017 la hizo “salir del clóset” y reconocerse como mapuche. Hoy integra la Confederación Mapuche de Neuquén, que enfrenta la invasión del fracking en Vaca Muerta. El concepto de “resurgencia”. Las mujeres mapuche frente al machismo y los abusos internos. El significado de vivir en comunidad. El ambiente y la gente. La construcción de otros horizontes y en qué cosas tener confianza frente a un 3J. Por Sergio Ciancaglini.
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Mayo 2026: Por qué el Estado es responsable de los femicidios

En lo que va de este año ya sufrimos:
95 femicidios y travesticidios
95 tentativas de femicidios
66 infancias quedaron huérfanas como consecuencia de estos crímenes
97 marchas se realizaron para exigir justicia
60 funcionarios fueron denunciados por violencia de género.
59 mujeres y niñas fueron reportadas desaparecidas.
5 crímenes en investigación están sospechados de femicidios.
En cada uno de nuestros padrones se puede acceder a los datos de los casos que componen estas cifras que expresan una realidad: la máquina de la violencia femicida. Interpretarlos en su complejidad es una tarea que la antropóloga mexicana Julia Monarrez define como “la hermenéutica social del sufrimiento” que pone de relieve “las formas en que las fuerzas sociales más amplias se unen para arruinar las vidas humanas individuales”. Entre esos signos a desentrañar el negacionismo de Estado es parte central.
El elemento que caracteriza al femicidio es la tolerancia y minimización estatal de la problemática. La impunidad con la que actúan los homicidas contiene un mensaje implícito de permisividad social a través de las múltiples formas en las que acciona el aparato del Estado –policías, fiscalías, funcionarios- y, en los momentos actuales, explícito en los discursos que emiten las más altas autoridades que encarnan su representación. Así, las formas de hacer y de no hacer que caracterizan al Estado abonan estos crímenes, tarea que se completa con la negación de su responsabilidad.
Ejemplos concretos de los que fuimos testigos este año:
- Córdoba: “No hacemos ninguna autocrítica”, sintetizó el fiscal Raúl Garzón en la conferencia de prensa donde anunció el hallazgo del cuerpo destrozado de Agostina Vega, la adolescente de 14 años buscada desesperadamente durante una semana por su familia, amigas y vecinas. El fiscal demoró cinco días en aplicar el protocolo obligatorio de alerta y cinco también en allanar la casa del principal implicado, pese a tener información fehaciente sobre su identidad, dirección y participación desde el mismo momento en que desapareció la menor. El imputado por el femicidio de Agostina ya tenía una condena por privación de la libertad agravada, pero el fiscal interviniente le otorgó la libertad condicional.
- Mar del Plata: La defensora del femicida de Lucía Pérez atacó a los gritos a la mamá de la víctima durante la audiencia de cesura que la Cámara de Casación bonaerense obligó a realizar al cambiar el delito de femicidio por el de violación agravada. En tanto, el otro implicado fue beneficiado primero con libertad condicional, pero la Cámara ordenó su revocación, aunque su regreso a prisión está pendiente en un laberinto de apelaciones. A casi diez años del crimen de la adolescente de 16 años que motivó el primer paro de mujeres el trámite judicial está, en los hechos, como el primer día: culpabilizando a la víctima por su asesinato, torturando a su familia y negando la figura penal, en beneficio de las estadísticas.
- Córdoba: El cuerpo de Cecilia Basaldúa fue, finalmente, encontrado en una fosa común, a seis años de su femicidio. La familia se enteró que no estaba en la morgue judicial cuando solicitó realizarle una pericia de parte. Nunca fueron notificados que la fiscalía había trasladado el cuerpo al cementerio sin su autorización.
- San Juan: “Siempre estamos abiertos a dialogar con la defensa para acordar un juicio abreviado”, declaró a la prensa el fiscal Emiliano Pugliese encargado de investigar el asesinato de Camila Nicole Bijinai, víctima de una balacera desatada el 4 de octubre de 2025 en la provincia de San Juan. Su crimen no fue calificado de femicidio, por lo cual las estadísticas de ese año –dadas a conocer hace apenas unos días- señalan que en esa provincia no se produjeron femicidios, a pesar de que toda la dolorosa jurisprudencia producida por las víctimas de balaceras en Rosario indican lo contrario. El dato importante: la tipificación penal de femicidio no admite los juicios abreviados. Evitar esa caracterización es una tendencia que alienta la impunidad, tal como ya sufrió la familia de la periodista Griselda Blanco, asesinada en Corrientes en 2023. Tampoco Griselda formó parte de las estadísticas de ese año y por eso mismo su femicida gozó de un juicio abreviado.
Los cuatro casos tienen un denominador común: son crímenes que nuestro Observatorio ha denominado “femicidios territoriales”. Se trata de femicidios que no se ajustan a los modelos epistémicos tradicionales de la teoría de género y que no hablan de vínculos de pareja e intimidad, sino de tramas de narcocriminalidad e impunidad territorializadas, con participación de agentes estatales, tales como policías, agentes penitenciarios, fiscales y funcionarios. Participación activa, en tanto que genera condiciones de posibilidad para estas muertes en esos territorios; y también participación concreta, al garantizar y perpetuar la impunidad de esos femicidios, demorando su investigación, falseando pruebas, entorpeciendo y eternizando procesos judiciales y criminalizando a las víctimas y sus familias. Marta Montero, madre de Lucía Pérez, prefiere llamarlos “narcofemicidios”. Sumamos a este concepto la referencia al territorio porque quizá nos permita enfocar los factores que los producen: los narco-femicidios se originan en narco-territorios concretos en los cuales la actividad delictiva ya cuenta con impunidad estatal.
Para poner en contexto los datos de femicidios que sufrimos en Argentina es conveniente analizar las estadísticas que realiza la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) de Naciones Unidas con las tasas que informan las fuentes oficiales de todos los países de América Latina:[1]
| AÑO | ARGENTINA | MÉXICO | CHILE |
| 2015 | 1.100 | O.700 | 0.400 |
| 2016 | 1.100 | 1.00 | 0.400 |
| 2017 | 1.100 | 1.200 | 0.500 |
| 2018 | 1.100 | 1.400 | 0.400 |
| 2019 | 1.100 | 1.500 | 0.500 |
| 2020 | 1.100 | 1.500 | Sin datos |
| 2021 | 1.000 | 1.600 | 0.400 |
| 2022 | 1.000 | 1.500 | 0.100 |
| 2023 | 1.100 | 1.300 | 0.400 |
| 2024 | 0.95 | 1.180 | 0.400 |
| 2025 | 0.85 | 1.080 | 0.46 |
La tasa expresa cuántos femicidios sufren estos países por cada cien mil mujeres mayores de 15 años. El femicidio de Agostina, por ejemplo, no formaría parte de esta ecuación.
Finalmente, queremos señalar que la escena del crimen de Agostina Vega que hoy nos está interpelando es la misma que se repite en las periferias urbanas de todo el país. Familias agobiadas por el multiempleo vecinas de familias rotas por el desempleo y el narcomenudeo. El Estado allí está muy presente, pero solo en su peor forma: la policía, que controla todos los movimientos, dejando hacer y dejando no hacer en una balanza que siempre se inclina hacia la impunidad de la criminalidad, que está organizada en eslabones muy débiles. Ningún capo narco vive allí y ninguna familia está preparada para soportar las consecuencias. En cada casa se sobrevive como se puede. Hasta que no.
Tal como señala Julia Monarrez, antropóloga mexicana y creadora del concepto “femicidio sistémico” para analizar, erradicar y prevenir esta violencia es necesario “concebir una unidad entre el sufrimiento individual de víctimas y familiares de víctimas, y las estructuras económicas, políticas y sociales que lo sostienen, requiere tener en cuenta que feminicidio es una palabra potente. Si dejamos de pensarla solo como producto de una relación cultural, que jerarquiza las relaciones desiguales entre hombres y mujeres en detrimento de ellas, y la comprendemos como una palabra capaz de describir los diferentes sistemas políticos, sociales y económicos que actúan en contra de la vida de las niñas y las mujeres, entonces podemos pensarla como una palabra antisistémica que denuncia los diferentes ensamblajes de opresión”. Y de esa opresión el Estado es responsable: todo femicidio es evitable.
[1] https://statistics.cepal.org/portal/cepalstat/dashboard.html?theme=4&lang=es
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La escena del crimen

Por Claudia Acuña
Como si fuera una respuesta de la realidad a las cifras, veinticuatro horas después de difundirse los datos oficiales que afirmarían la baja de femicidios, el cuerpo de Agostina Vega, de apenas 14 años, expone por qué el Estado es responsable de estos crímenes.
La escena del crimen de Agostina es la misma que se repite en las periferias urbanas de todo el país. Familias agobiadas por el multiempleo vecinas de familias rotas por el desempleo y el narcomenudeo. El Estado allí está muy presente, pero solo en su peor forma: la policía, que controla todos los movimientos, dejando hacer y dejando no hacer en una balanza que siempre se inclina hacia la impunidad de la criminalidad, que está organizada en eslabones muy débiles. Ningún capo narco vive allí y ninguna familia está preparada para soportar las consecuencias. En cada casa se sobrevive como se puede. Hasta que no.
Estamos entonces en el barrio Cofico, en las periferias de Córdoba Capital. En ese escenario el 5 de mayo de 2025 los vecinos vieron escapar corriendo de la casa de Claudio Barrellier -33 años, empleado en una agencia de seguridad que presta servicios a la municipalidad- a una joven desnuda y con las manos atadas. Llevaba puesta solo la bombacha y gritaba desesperada “Ayúdenme”. En el negocio de enfrente le dieron una remera para que se cubra. Llamaron a la policía y llegó el patrullero. Por ese acto de violencia Barrellier fue procesado por privación ilegítima de la libertad calificada y estuvo detenido veinte días. Al concederle la excarcelación, el juez interviniente le impuso una fianza y una serie de obligaciones. Entre ellas figuraba la presentación mensual ante la fiscalía, una condición que cumplió hasta mayo de este año. Se suma así el rol que cumple en estos casos el Poder Judicial, otra vez el Estado.
El sábado 23 de mayo Agostina salió de su casa a las 22.30 para encontrarse con él. Ariel, el remisero que la trasladó declaró que le llamó la atención que una chica de su edad viajara a esa hora hacia una zona considerada peligrosa y le preguntó el motivo. Agustina respondió que iba a encontrarse con el novio de su mamá. El motivo: iban a hacerle un regalo sorpresa. El remisero fue el último en verla con vida: Agostina desapareció.
Su cuerpo fue hallado una semana después en los pastizales de Ampliación Ferreyra.
Al conocerse la noticia las y los vecinos rodearon la comisaría, cortaron las calles y quemaron gomas. Señalaron así a quien consideran también responsable de su crimen: el Estado.
Tal como señala Julia Monarrez, antropóloga mexicana y creadora del concepto “femicidio sistémico” para analizar, erradicar y prevenir esta violencia es necesario “concebir una unidad entre el sufrimiento individual de víctimas y familiares de víctimas, y las estructuras económicas, políticas y sociales que lo sostienen, requiere tener en cuenta que feminicidio es una palabra potente. Si dejamos de pensarla solo como producto de una relación cultural, que jerarquiza las relaciones desiguales entre hombres y mujeres en detrimento de ellas, y la comprendemos como una palabra capaz de describir los diferentes sistemas políticos, sociales y económicos que actúan en contra de la vida de las niñas y las mujeres, entonces podemos pensarla como una palabra antisistémica que denuncia los diferentes ensamblajes de opresión para las mujeres.”
Por eso mismo, nos vemos en las calles este miércoles.

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