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Rafita, el chico que había intentado otro destino

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(lavaca en Bariloche*) En el barrio de Rafael Nahuel, el joven asesinado por la Prefectura, lo recuerdan con un chico tranquilo y maduro, uno más de los que cotidianamente crecen en la zona más azotada de esa ciudad. Retrato de vidas marcadas por la raíces, la pobreza y la discriminación. 
Rafita. Todos los amigos de Rafael Nahuel lo recuerdan con ese diminutivo que denota cariño. Es viernes, en Bariloche hay un sol que amaina el frío y decenas de jóvenes acaban de terminar la jornada en El Semillero, el espacio de formación que tiene la organización Al Margen en el barrio Nahuel Hue, el más populoso y azotado del alto Bariloche.

Rafita, el chico que había intentado otro destino

Foto: Eugenia Neme para lavaca.org


Rafael Nahuel venía participando de El Semillero desde este año, específicamente en el área de carpintería. Lo último que estaba haciendo eran unos maceteros, destinados a la venta para solventar un viaje a los paraísos que rodean Bariloche y al que los jóvenes del Alto rara vez acceden. Esos que los citadinos vemos solos en fondos de pantalla en la computadora.
Rafita esquiaba muy bien, aunque poco. Tan solo una semana al año la Municipalidad de Bariloche otorga a los más carenciados la oportunidad de un “pase libre” para ir al Cerro Catedral a hacer lo que todos los turistas y egresados de secundaria hacen: divertirse.
Su mejor amigo, Maximiliano, recuerda esas salidas. “Uno de los instructores también era mapuche; ya lo re conocíamos”. Lo dice en la casa de paneles de madera construida por Un Techo Para Mi País, donde vivía junto a Rafael hasta su muerte, el 25 de noviembre.
Maximiliano recuerda que se enteró que todo andaba mal vía la tía de Rafita, una de las lonkos que tiene la comunidad mapuche de la Lof Lawken Winkul Mapu. Ella fue, según Maximiliano, la que lo invitó a ir la última vez a las tierras que quedan en Lago Mascardi. “Me dijo que se iba a ir al campo, para despejar; me llamó desde el colectivo, yendo”, recuerda sobre la lomita del pasto recién cortado de su casa, entre flores amarillas de Retamos y una pelota de fútbol pinchada. “Él ya había ido y había vuelto, y me contaba”, dice Maximiliano, su principal confesor en toda esta historia. ¿Cuál? La del autoreconocimiento mapuche, incipiente proceso que transitaba Rafael Nahuel.
Rafita, el chico que había intentado otro destino

La casa donde Rafael vivió junto a su amigo Maximiliano, en el límite del barrio Nahuel Hue, Alto Bariloche.
Foto: Eugenia Neme


Rafael aún no había blanqueado que “irse al campo” significaba ir a una ocupación territorial que tenía en vilo a la provincia y al Ministerio de Seguridad nacional, que había impartido órdenes precisas a las fuerzas federales. Gendarmería Nacional y Prefectura Naval estaban asentadas en los alrededores del Lago y de las tierras donde la comunidad Lof Lawken Winkul Mapu se había asentado desde el 10 de noviembre. “El día que detuvieron a las mujeres y los niños Rafael se puso muy mal”, cuenta Maxi sobre los hechos del jueves 23. Esa habría sido la razón que precipitó su ida definitiva el viernes 24 al Lago Mascardi.
De hecho, la última foto de Rafael –tomada por la fotógrafa de Al Margen, Eugenia Neme–  fue en la marcha al juzgado en repudio de esa represión y detenciones. Al “Rafita” se lo puede ver tocando una trutuca, con un nene en brazos.
Rafita, el chico que había intentado otro destino

La última foto de Rafael Nahuel.
Por Eugenia Neme

Modelo extractivo

En la otra punta, el ministro de Hacienda Nicolás Dujovne (55 millones en el exterior) recibe a los equipos técnicos de los 30 países “más desarrollados” del mundo, como parte de la previa del G20, una reunión para debatir temas económicos, y políticos.
No hay metáfora.
La sede del encuentro mundial que explica –en teoría- la militarización de la ciudad es en el hotel Llao LLao (la habitación más económica cotiza más de 500 dólares la noche), que tiene también historia de disputa territorial.
Según relata el libro Argentina Originaria de Darío Aranda, el sábado 15 de septiembre de 2007 sus campos de golf tuvieron una visita inesperada: la comunidad Mapuche Takul-Kewche llegó en camionetas, con materiales y alimentos, y comenzó la construcción de su cabaña, a sólo 7 kilómetros de las habitaciones cinco estrellas. “Venimos a recuperar 625 hectáreas que le robaron a nuestra abuela en 1951. Somos parte de este lugar, que ahora recupera a sus originales habitantes, que no se han muerto y que todavía resisten”, explicó por entonces Ana María, nieta de Takul y vocera de la comunidad, compuesta por seis familias con 126 integrantes.
Fueron denunciados por “usurpación” y, finalmente, desalojados. Allí es donde hoy se despliega el evento mundial donde se cocina el modelo extractivo.
Todo ocurre al mismo tiempo y en la misma Patagonia donde también un día como hoy, hace 4 meses exactos, vieron por última vez con vida a Santiago Maldonado (27), quien fue velado la misma tarde en que el grupo Albatros de la Prefectura Naval asesinaba por la espalda a “Rafita”.
Por la tarde habrá una marcha de poca asistencia, en nombre de Rafita y de Santiago, aunque sin el llamamiento de sus dos familias a la convocatoria. La razón: el duelo y la espera de otra marcha menos convulsionada y que tenga en el centro un solo eje: “Justicia”.

Rafita, el chico que había intentado otro destino

Uno de los amigos de Rafael, con los muebles que se construyen en la carpintería del Semillero. De fondo, la foto de Santiago Maldonado.
Foto: Eugenia Neme

Cuchillo de palo

A esta altura, en Nahuel Hue todos saben que Rafita fue asesinado por la espalda por el Grupo Albatros de Prefectura Naval, saben que el gobierno nacional dijo que el joven era de la RAM, que fue parte de un ataque mapuche con armas y saben muchas mentiras más: conocen la ausencia y violencia de Estado a la perfección.
De un plumazo desestiman toda operación: “Rafita era re tranquilo”, dicen, y aclaran “el más tranquilo de todos nosotros”. Su amigo Maximiliano baja la línea: “Por eso la marcha que hagamos va a ser pacífica, porque era como a él le gustaba”.
El barrio Nahuel Hue es de los más humildes y populosos del alto Bariloche. Pegado a Frutillar y Malvinas, su historia remite apenas 10 años atrás, cuando una ocupación de película pobló los terrenos a la vera de la montaña. La necesidad se hizo carne: “Los que no tenían tierras son los mismos que desplazaron de otros lugares”, relata Alejandro El Duke Palmas, uno de los sostenes de Al Margen. Las cinco mil familias que viven hoy en Nahuel Hue tienen historias que remiten a apellidos originarios, aunque no todos se reconocen como tales.

Rafita, el chico que había intentado otro destino

La carpintería donde aprendía Rafael Nahuel, en El Semillero.
Foto: Eugenia Neme para lavaca.org


“Es un barrio muy nuevo, inclusive la gente es muy joven: pibes de 20 años con su familia”, relata El Duke. Rafael, de hecho, vivía junto a Maxi y se veía más con sus amigos que con su familia: todos lo reconocen como un gran cocinero de guisos. Según relatan, pasaron sus últimos años trabajando en distintos centros de formación en herrería y carpintería, donde los ayudaban con planes sociales.
Rafael, que había dejado la secundaria, era de los mejores alumnos de la carpintería a la que se había sumado en el último tiempo en El Semillero. Todos allí lo recuerdan cabizbajos, con pocas palabras, pero un mismo sentido: “Era el que daba consejos”, cuenta Nahuel, otro de nombre originario. “Decía que no vayamos a robar, ni nada de eso”, relata otro que prefiere reservar su identidad.
Todos – y son casi diez- describen a Rafael como el más maduro y el que no se metía con nadie. Uno de sus profesores de carpintería, Iván, recuerda su último día en la sala: “Hizo este macetero y dijo que estaba re cansado, y después se fue a jugar con el Monopoly con los más chicos”.
En el centro (que llaman ruka) que tiene el Ministerio de Desarrollo provincial, y que gestiona en gran parte la organización Al Margen, se hacen talleres de baile, de boxeo, de carpintería y hay otro incipiente: el de huerta.
A ese, ahora, prometen llamarlo “Rafael Nahuel”.
Rafita, el chico que había intentado otro destino

Profesores de Al Margen con algunos de los jóvenes que asisten a los talleres a los que iba Rafael.
Foto: Eugenia Neme

Re-conocerse

Según describe Darío Aranda en el libro Argentino originaria, una investigación de Daniel Corach – doctor en Biología, investigador del Conicet y director del servicio e Huellas Digitales Genéticas de la Facultad de Farmcia y Bioquímica de la UBA-, derriba el mito: “El 60% de los argentinos tiene antecedentes indígenas, componentes genéticos amerindios, de los pueblos nativos”. Y detalla que los antecedentes indígenas están más “presentes en el ADN que proviene de línea materna”, explicación que radica en que el mestizaje se hizo en gran parte por las violaciones sufridas por mujeres.
Está claro que en Nahuel Hue ese porcentaje trepa aún más alto que en el resto del país. «Un 80%», calculan en Al Margen.
“Para muchos durante un tiempo ser mapuche era algo mal visto”, señalan desde ahí. “Por todos los mitos que existen sobre si son chilenos”.
En Bariloche, decir “chilote” es un insulto.
El investigador Walter del Rio, investigador del Conicet y experto en los grupos originarios del sur, señala que dicha ofensiva contiene un error conceptual que es “la atribución de nacionalidades a pueblos existentes”. Según demuestra en sus trabajos, “la arqueología comprobó la ocupación territorial de ambas vertientes andinas como una misma área y no solo como cruces cordilleranos de población humana”. El rostro y los apellidos de los jóvenes en Nahuel Hue parecen bastar para demostrarlo.
Ser de Nahuel Hue significa en Bariloche no encontrar trabajo y hasta no poder cruzar las fronteras que los excluyen de la parte céntrica de la ciudad. “Si vas para allá enseguida te paran y te quieren llevar preso”, dice uno de los más jóvenes, que señala a los policías de la Comisaría N° 42. “Te barden desde la camioneta. Si sos mayor y les decís “ah”, vas para adentro. Si sos menor, te dicen: ´pendejo de mierda, andá para tu casa’. Te preguntan de dónde venís y vos le estás contando, y ya te quieren llevar”.
No hay metáforas.
Rafael Nahuel había intentado otro destino.
Fue entonces cuando una bala de la Prefectura Naval lo cruzó en un territorio en plena disputa.
El mensaje de esa bala parece ser el mismo que para Santiago Maldonado: “No te metas”.
En Nahuel Hue, el reino del revés, lo leen distinto: “Esto nos impulsa a involucrarnos cada vez más”.

Rafita, el chico que había intentado otro destino

Foto: Eugenia Neme para lavaca.org


Rafita, el chico que había intentado otro destino

Alejandro Dumas, de Al Margen. Foto: Eugenia Neme


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**Esta nota forma parte de la cobertura colaborativa de lavaca, revista Cítrica y el diario Tiempo Argentino

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MU 215: Sin chamuyo

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MU 215: Sin chamuyo
Este número 215 de MU ☝️viene con doble tapa, que podría ser una frase: Sin chamuyo, a remarla.




MU 215: Sin chamuyo

Viaje a la vida en el Delta: Y la nave va

Mientras el gobierno nacional privatiza la principal vía navegable del país con un nivel de tráfico comercial gigantesco y opaco, quienes habitan el delta advierten sobre el impacto a una forma de vivir, al humedal que provee biodiversidad, y a una soberanía que se pierde río abajo. Viaje en barco de MU desde el bajo delta bonaerense, para conocer y escuchar a isleños, productores, docentes, ambientalistas y vecinos que resisten otra avanzada sobre un territorio en disputa.

Por Francisco Pandolfi




MU 215: Sin chamuyo

Gonzalo Giles, pensador y comunicador «disca»: Error en el sistema

Gonzalo Giles, activista del movimiento disca que resiste el ajuste.
Es mudo pero logra hacerse oír. Humor, creatividad y política:
“Necesitamos menos caudillos y más gente que construya”.

Es escritor, activista y referente de una generación que convirtió la experiencia de la discapacidad en una potencia de comunicación y acción. Ahora prepara un espacio propio para intervenir en política. Una conversación sobre prejuicios, salud mental, amores, liderazgo, y “lo disca” como una categoría desde la cual pensar –y reconstruir– un país. 

Por Sergio Ciancaglini




MU 215: Sin chamuyo

La dictadura en el delta: Los sonidos de El Silencio

La quinta El Silencio fue un centro clandestino en el que la dictadura escondió en 1979 a 40 personas secuestradas. ¿Cuánto se sabía y cuánto se callaba entre las islas y ríos del Delta? Un viaje a ese paisaje y a esa realidad: la alianza entre una vecina y una historiadora, lo que cuentan los sobrevivientes, los barcos de la muerte y la investigación de chicos de la zona, con sus preguntas y sus grabadores, para entender el pasado y mucho del presente.

Por Lucas Pedulla




MU 215: Sin chamuyo

Violencia policial en Constitución: La ley y el orden

La Policía de la Ciudad asesinó a Víctor Vargas (foto) disparándole tres balazos por la espalda. Intentó ocultar la verdad del crimen pero la investigación judicial detectó a los culpables y se abrió una causa sobre la relación entre la venta de drogas y la complicidad policial. ¿Quién era Víctor? Constitución como tierra de nadie y la violencia institucional contra prostitutas, travestis y quienes tratan de sobrevivir a la crisis de cada día.

Por Claudia Acuña




MU 215: Sin chamuyo

El «Woodstock ambiental» contra los agrotóxicos: De película

Alarmados por los pesticidas y sus efectos de contaminación ambiental y humana, estudiantes y un maestro de una escuela pública cordobesa empezaron a componer canciones. Convocaron tímidamente a artistas, y se sumaron más de 300. Ya hicieron tres discos y un recital en el campo. Una canción para mi tierra es el film que relata esa aventura que empezó en una comunidad, siguió por decenas de escuelas y tiene contagios en defensa del ambiente y la vida desde España hasta el Amazonas.

Por María del Carmen Varela




MU 215: Sin chamuyo

Un biodrama del presente: Puta madre

La obra Putamadre muestra los mandatos, la soledad de las mujeres que crían solas, y una sociedad que las juzga antes de escucharlas. Lejos de la maternidad romántica, humor, amor y la historia real de una madre con su hijo todavía preso: ambos en escena, él a través de una filmación desde la cárcel. Lo que puede el arte para derrumbar prejuicios.

Por Evangelina Bucari




MU 215: Sin chamuyo

La Cogolla: Flor de cultivo

Yael Frida Gutman mezcla cabaret, transformismo, música y humor para hablar de cannabis, autogestión y libertad: una obra que crece desde hace cinco temporadas y convierte cada función en una celebración, una conversación y una invitación a pensar.

por María del Carmen Varela




MU 215: Sin chamuyo

Desentendimiento: Fingir demencia

Sabemos lo que pasa, pero no hacemos nada. La filósofa eslovena Alenka Zupančič escribió Desentendimiento-Una forma perversa de la razón en la crisis permanente, sobre ese rasgo que no es el “negacionismo” y que consiste en eso que llamamos “fingir demencia” (o normalidad). Las fake, el oscurantismo, y los que se creen por encima de la gente.

Por Franco Ciancaglini

MU 215: Sin chamuyo

Crónicas del Más Acá: Parlantes

Por Carlos Melone

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MU 214: Mujer maravilla

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Ella y sus dos hijos llevan glifosato en su sangre, al igual que muchos y muchas en
Pergamino, localidad contaminada por el agronegocio donde dieron batalla y hoy
protagonizan un juicio histórico contra productores y funcionarios. ¿Será justicia?




MU 214: Mujer maravilla

Ganar la vida: La historia de (no) ficción de Sabrina Ortiz

Su hijo Ciro tenía 120 veces más agrotóxicos que lo “admisible”. Su hija Fiamma, 100 veces más; ella, 58. Viven en Pergamino, llamada “la capital del veneno”, donde se encontraron pesticidas hasta en el agua de red. Bajo amenazas de muerte Sabrina inició una denuncia convertida en un juicio histórico que está por tener sentencia buscando terminar con la impunidad. La acompaña una abogada de lujo: ella misma se recibió como parte de su lucha, porque nadie se atrevía a representarla. No es una película sino un retrato de la Argentina actual: un modelo de contaminación, enfermedad y muerte, frente a la lucha de las comunidades que no se resignan a un presente tóxico.

Por Francisco Pandolfi




MU 214: Mujer maravilla

La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich

El teatro antidisturbios del presente: descontrol de las fuerzas represivas, cientos de heridos, detenciones arbitrarias, armado de causas, y un proceso judicial que poco tiene de justicia. Los casos de Milton Tolomeo y Eneas Gallo, aún detenidos por protestar el día de la Ley de Reforma Laboral, hablan de la impunidad con la cual se maneja el gobierno con aval de jueces y fiscales. Lo cuentan ellos, sus familiares y defensas en esta investigación especial.

Por Lucas Pedulla




MU 214: Mujer maravilla

Década perdida: Marta Montero, mamá de Lucía Pérez

“Estamos como el día 1”. La frase de la madre de la joven asesinada en 2016 remite a aquel año: cuando denunciaron que dos narcofemicidas habían abusado y asesinado a su hija, hasta hoy, dos juicios después, pues la impunidad sigue consagrada. De motivar el Primer Paro Nacional de Mujeres a la decisión que tomó Marta ahora: estudiar abogacía. La injusticia como una tortura y la lucha como un tejido social que sigue en Mar del Plata, con un centro cultural, un bachillerato y un movimiento que no se amilana.

Por Evangelina Buccari




MU 214: Mujer maravilla

La Cordobaza: 3J y el Ni Una Menos en la provincia de Agostina

La undécima edición del Ni Una Menos llegó a Córdoba con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. La gente salió a la calle bajo la lluvia once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta. Cómo se busca justicia.

Por Bernardina Rosini




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El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión

¿Qué explica que una banda que rechazó las reglas de la industria se haya convertido uno de los fenómenos culturales más masivos de la Argentina? Desde la producción de sus discos hasta la organización de sus recitales, desde el vínculo con su público hasta la construcción de una comunidad capaz de sobrevivir a su propio fundador, la historia del Indio Solari y sus grupos también es la historia de una forma de crear, pensar, sentir y organizarse, con la autogestión como herramienta y filosofía de vida.

Por Francisco Pandolfi, Mariano Randazzo y Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Mundo Chueco: Jorge Chueco Romero, sacerdote de Ciudad Oculta

Es cura en Ciudad Oculta. Todos los miércoles acompaña el reclamo de jubilados en el Congreso, donde aguanta los palazos y el gas pimienta. No cobra la asignación de la Curia, sino que vive de su trabajo como obrero y albañil. Una “camicharla” entre los murales del barrio: qué hacer con la vida, Bergoglio, el Indio, el peronismo, y una lista de cosas importantes.

Por Sergio Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

El trava power: Las Simbióticas

Nacidas en las sierras cordobesas, mezclan cumbia, humor travesti y compromiso político. Entre canciones, risas y reflexión, sus integrantes reivindican la construcción de redes, la diversidad y la alegría como forma de resistencia.

Por María del Carmen Varela




MU 214: Mujer maravilla

Ser de luz: Nina Suárez

Acaba de sacar el disco El lado oscuro, donde enfrenta algunos fantasmas y ausencias familiares y amorosas, acaso dos versiones de lo mismo. Lo hizo con un power trío que se suena todo. Ella compone, canta y toca la guitarra de una manera conmovedora y que remite inevitablemente a su madre, Rosario Bléfari. Breve semblanza de una artista capaz de brillar con la oscuridad.

Por Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Crónicas del más acá: GPS

Por Carlos Melone

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La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

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Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.

Por Bernardina Rosini

El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.

Lo que no se puede creer

Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.

Varones

Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org

«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.

Dónde está Delicia

Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.

Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.

Justicia sin apellido

Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»

Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.

La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

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