Nota
Rafita, el chico que había intentado otro destino
(lavaca en Bariloche*) En el barrio de Rafael Nahuel, el joven asesinado por la Prefectura, lo recuerdan con un chico tranquilo y maduro, uno más de los que cotidianamente crecen en la zona más azotada de esa ciudad. Retrato de vidas marcadas por la raíces, la pobreza y la discriminación.
Rafita. Todos los amigos de Rafael Nahuel lo recuerdan con ese diminutivo que denota cariño. Es viernes, en Bariloche hay un sol que amaina el frío y decenas de jóvenes acaban de terminar la jornada en El Semillero, el espacio de formación que tiene la organización Al Margen en el barrio Nahuel Hue, el más populoso y azotado del alto Bariloche.

Foto: Eugenia Neme para lavaca.org
Rafael Nahuel venía participando de El Semillero desde este año, específicamente en el área de carpintería. Lo último que estaba haciendo eran unos maceteros, destinados a la venta para solventar un viaje a los paraísos que rodean Bariloche y al que los jóvenes del Alto rara vez acceden. Esos que los citadinos vemos solos en fondos de pantalla en la computadora.
Rafita esquiaba muy bien, aunque poco. Tan solo una semana al año la Municipalidad de Bariloche otorga a los más carenciados la oportunidad de un “pase libre” para ir al Cerro Catedral a hacer lo que todos los turistas y egresados de secundaria hacen: divertirse.
Su mejor amigo, Maximiliano, recuerda esas salidas. “Uno de los instructores también era mapuche; ya lo re conocíamos”. Lo dice en la casa de paneles de madera construida por Un Techo Para Mi País, donde vivía junto a Rafael hasta su muerte, el 25 de noviembre.
Maximiliano recuerda que se enteró que todo andaba mal vía la tía de Rafita, una de las lonkos que tiene la comunidad mapuche de la Lof Lawken Winkul Mapu. Ella fue, según Maximiliano, la que lo invitó a ir la última vez a las tierras que quedan en Lago Mascardi. “Me dijo que se iba a ir al campo, para despejar; me llamó desde el colectivo, yendo”, recuerda sobre la lomita del pasto recién cortado de su casa, entre flores amarillas de Retamos y una pelota de fútbol pinchada. “Él ya había ido y había vuelto, y me contaba”, dice Maximiliano, su principal confesor en toda esta historia. ¿Cuál? La del autoreconocimiento mapuche, incipiente proceso que transitaba Rafael Nahuel.

La casa donde Rafael vivió junto a su amigo Maximiliano, en el límite del barrio Nahuel Hue, Alto Bariloche.
Foto: Eugenia Neme
Rafael aún no había blanqueado que “irse al campo” significaba ir a una ocupación territorial que tenía en vilo a la provincia y al Ministerio de Seguridad nacional, que había impartido órdenes precisas a las fuerzas federales. Gendarmería Nacional y Prefectura Naval estaban asentadas en los alrededores del Lago y de las tierras donde la comunidad Lof Lawken Winkul Mapu se había asentado desde el 10 de noviembre. “El día que detuvieron a las mujeres y los niños Rafael se puso muy mal”, cuenta Maxi sobre los hechos del jueves 23. Esa habría sido la razón que precipitó su ida definitiva el viernes 24 al Lago Mascardi.
De hecho, la última foto de Rafael –tomada por la fotógrafa de Al Margen, Eugenia Neme– fue en la marcha al juzgado en repudio de esa represión y detenciones. Al “Rafita” se lo puede ver tocando una trutuca, con un nene en brazos.

La última foto de Rafael Nahuel.
Por Eugenia Neme
Modelo extractivo
En la otra punta, el ministro de Hacienda Nicolás Dujovne (55 millones en el exterior) recibe a los equipos técnicos de los 30 países “más desarrollados” del mundo, como parte de la previa del G20, una reunión para debatir temas económicos, y políticos.
No hay metáfora.
La sede del encuentro mundial que explica –en teoría- la militarización de la ciudad es en el hotel Llao LLao (la habitación más económica cotiza más de 500 dólares la noche), que tiene también historia de disputa territorial.
Según relata el libro Argentina Originaria de Darío Aranda, el sábado 15 de septiembre de 2007 sus campos de golf tuvieron una visita inesperada: la comunidad Mapuche Takul-Kewche llegó en camionetas, con materiales y alimentos, y comenzó la construcción de su cabaña, a sólo 7 kilómetros de las habitaciones cinco estrellas. “Venimos a recuperar 625 hectáreas que le robaron a nuestra abuela en 1951. Somos parte de este lugar, que ahora recupera a sus originales habitantes, que no se han muerto y que todavía resisten”, explicó por entonces Ana María, nieta de Takul y vocera de la comunidad, compuesta por seis familias con 126 integrantes.
Fueron denunciados por “usurpación” y, finalmente, desalojados. Allí es donde hoy se despliega el evento mundial donde se cocina el modelo extractivo.
Todo ocurre al mismo tiempo y en la misma Patagonia donde también un día como hoy, hace 4 meses exactos, vieron por última vez con vida a Santiago Maldonado (27), quien fue velado la misma tarde en que el grupo Albatros de la Prefectura Naval asesinaba por la espalda a “Rafita”.
Por la tarde habrá una marcha de poca asistencia, en nombre de Rafita y de Santiago, aunque sin el llamamiento de sus dos familias a la convocatoria. La razón: el duelo y la espera de otra marcha menos convulsionada y que tenga en el centro un solo eje: “Justicia”.

Uno de los amigos de Rafael, con los muebles que se construyen en la carpintería del Semillero. De fondo, la foto de Santiago Maldonado.
Foto: Eugenia Neme
Cuchillo de palo
A esta altura, en Nahuel Hue todos saben que Rafita fue asesinado por la espalda por el Grupo Albatros de Prefectura Naval, saben que el gobierno nacional dijo que el joven era de la RAM, que fue parte de un ataque mapuche con armas y saben muchas mentiras más: conocen la ausencia y violencia de Estado a la perfección.
De un plumazo desestiman toda operación: “Rafita era re tranquilo”, dicen, y aclaran “el más tranquilo de todos nosotros”. Su amigo Maximiliano baja la línea: “Por eso la marcha que hagamos va a ser pacífica, porque era como a él le gustaba”.
El barrio Nahuel Hue es de los más humildes y populosos del alto Bariloche. Pegado a Frutillar y Malvinas, su historia remite apenas 10 años atrás, cuando una ocupación de película pobló los terrenos a la vera de la montaña. La necesidad se hizo carne: “Los que no tenían tierras son los mismos que desplazaron de otros lugares”, relata Alejandro El Duke Palmas, uno de los sostenes de Al Margen. Las cinco mil familias que viven hoy en Nahuel Hue tienen historias que remiten a apellidos originarios, aunque no todos se reconocen como tales.

La carpintería donde aprendía Rafael Nahuel, en El Semillero.
Foto: Eugenia Neme para lavaca.org
“Es un barrio muy nuevo, inclusive la gente es muy joven: pibes de 20 años con su familia”, relata El Duke. Rafael, de hecho, vivía junto a Maxi y se veía más con sus amigos que con su familia: todos lo reconocen como un gran cocinero de guisos. Según relatan, pasaron sus últimos años trabajando en distintos centros de formación en herrería y carpintería, donde los ayudaban con planes sociales.
Rafael, que había dejado la secundaria, era de los mejores alumnos de la carpintería a la que se había sumado en el último tiempo en El Semillero. Todos allí lo recuerdan cabizbajos, con pocas palabras, pero un mismo sentido: “Era el que daba consejos”, cuenta Nahuel, otro de nombre originario. “Decía que no vayamos a robar, ni nada de eso”, relata otro que prefiere reservar su identidad.
Todos – y son casi diez- describen a Rafael como el más maduro y el que no se metía con nadie. Uno de sus profesores de carpintería, Iván, recuerda su último día en la sala: “Hizo este macetero y dijo que estaba re cansado, y después se fue a jugar con el Monopoly con los más chicos”.
En el centro (que llaman ruka) que tiene el Ministerio de Desarrollo provincial, y que gestiona en gran parte la organización Al Margen, se hacen talleres de baile, de boxeo, de carpintería y hay otro incipiente: el de huerta.
A ese, ahora, prometen llamarlo “Rafael Nahuel”.

Profesores de Al Margen con algunos de los jóvenes que asisten a los talleres a los que iba Rafael.
Foto: Eugenia Neme
Re-conocerse
Según describe Darío Aranda en el libro Argentino originaria, una investigación de Daniel Corach – doctor en Biología, investigador del Conicet y director del servicio e Huellas Digitales Genéticas de la Facultad de Farmcia y Bioquímica de la UBA-, derriba el mito: “El 60% de los argentinos tiene antecedentes indígenas, componentes genéticos amerindios, de los pueblos nativos”. Y detalla que los antecedentes indígenas están más “presentes en el ADN que proviene de línea materna”, explicación que radica en que el mestizaje se hizo en gran parte por las violaciones sufridas por mujeres.
Está claro que en Nahuel Hue ese porcentaje trepa aún más alto que en el resto del país. «Un 80%», calculan en Al Margen.
“Para muchos durante un tiempo ser mapuche era algo mal visto”, señalan desde ahí. “Por todos los mitos que existen sobre si son chilenos”.
En Bariloche, decir “chilote” es un insulto.
El investigador Walter del Rio, investigador del Conicet y experto en los grupos originarios del sur, señala que dicha ofensiva contiene un error conceptual que es “la atribución de nacionalidades a pueblos existentes”. Según demuestra en sus trabajos, “la arqueología comprobó la ocupación territorial de ambas vertientes andinas como una misma área y no solo como cruces cordilleranos de población humana”. El rostro y los apellidos de los jóvenes en Nahuel Hue parecen bastar para demostrarlo.
Ser de Nahuel Hue significa en Bariloche no encontrar trabajo y hasta no poder cruzar las fronteras que los excluyen de la parte céntrica de la ciudad. “Si vas para allá enseguida te paran y te quieren llevar preso”, dice uno de los más jóvenes, que señala a los policías de la Comisaría N° 42. “Te barden desde la camioneta. Si sos mayor y les decís “ah”, vas para adentro. Si sos menor, te dicen: ´pendejo de mierda, andá para tu casa’. Te preguntan de dónde venís y vos le estás contando, y ya te quieren llevar”.
No hay metáforas.
Rafael Nahuel había intentado otro destino.
Fue entonces cuando una bala de la Prefectura Naval lo cruzó en un territorio en plena disputa.
El mensaje de esa bala parece ser el mismo que para Santiago Maldonado: “No te metas”.
En Nahuel Hue, el reino del revés, lo leen distinto: “Esto nos impulsa a involucrarnos cada vez más”.

Foto: Eugenia Neme para lavaca.org

Alejandro Dumas, de Al Margen. Foto: Eugenia Neme



**Esta nota forma parte de la cobertura colaborativa de lavaca, revista Cítrica y el diario Tiempo Argentino
Nota
Escritos sobrevivientes: Un nuevo libro escrito por ex detenidos desaparecidos
Este 24 de marzo, a 49 años del golpe, la editorial lavaca publica Escritos sobrevivientes, un libro creado junto a un grupo de personas que estuvieron secuestradas y desaparecidas en distintos centros clandestinos de represión durante la última dictadura militar. Se presenta el próximo viernes 28, pero ya podés pasar a buscarlo por MU (Riobamba 143) desde hoy. En este texto, Claudia Acuña cuenta qué representa esta obra parida en colectivo y en medio de aires negacionistas.
Por Claudia Acuña
Este libro representa muchas cosas y todas y cada una nos parecen decisivas para estos tiempos desesperados.
Ni sé por dónde comenzar a enumerarlas, así que sin orden de importancia ni cronológico enumero algunas, aunque sin duda me faltarán otras que invito a que completen quienes lo lean.
Lo primero, para mí, es reconocer el valor social, político, histórico y ético que merecen las personas detenidas-desaparecidas por la dictadura cívico militar que azotó este país desde el 24 de marzo de 1976. No olvidamos esa fecha gracias a ellas, pero no siempre se las nombra con la relevancia que han tenido para construir verdad, justicia y memoria.
A algunas de ellas he tenido el honor de escucharlas y verlas testimoniar en los juicios de lesa humanidad, pero también en los diferentes procedimientos contra la impunidad que crearon y sostuvieron para que esos juicios sucedan.
Una y otra vez.
Una y otra vez.
Una y otra vez.
Hasta lograrlo.
Solo a una pude agradecerle con palabras y lágrimas el esfuerzo, el coraje y el legado que recibíamos por su esfuerzo, pero fundamentalmente por sus vidas consagradas a hacer posible lo imposible. Fue en la puerta de los tribunales de Comodoro Py, mientras los altoparlantes transmitían la primera condena a los genocidas responsables del centro de detención clandestino y de tortura que funcionaba en la Esma. Ahora, con este libro queremos extender esas gracias a cada una, a cada uno.
Sé, porque comprendí la lección que nos daban, que no puedo afirmar que lo hicieron solo ellas, ellos. Esa es otra de las cosas que representa este libro: el saberse parte – y reconocerlo siempre- de algo más grande, más importante y más trascendente no solo del yo, sino incluso del núcleo colectivo en el que nos organizamos, reflexionamos y tomamos fuerza para resistir. Nuestras fuerzas individuales y nuestras construcciones políticas suman, activan, empujan, pero alcanzan sus objetivos cuando sincronizan con la necesidad social, con la época y con la Historia. Tienen alas porque tienen raíces y mueven al mundo hacia lugares mejores porque se sabe más grande y más poderosa que lo que nos rodea.
Eso que aquí las y los autores definen como “subjetividad sobreviviente” nos advierte eso: somos nuestros cuerpos y la sombra que proyectan, lo que hacemos y lo que soñamos, nuestras obras y nuestra imaginación, nuestros saberes y nuestra intuición, pero también y además aquellos cuerpos, proyecciones, hechos, batallas ganadas y perdidas, que nos anteceden y desbordan para fortalecernos y sostenernos de pie. Aquello que ilumina la oscuridad es la memoria sensible: de eso se trata este libro, además.
Otra: el valor de las utopías. En los momentos más aterradores hemos gritado “Aparición con vida y castigo a los culpables”. Bueno: la noticia es que hemos tenido éxito y aquí están las personas que cuando pronunciábamos esas palabras mágicas no podíamos abrazar. Algunas de ellas son las que el tercer sábado de cada mes vimos ingresar a nuestra trinchera durante el largo y desalentador año 2024. Para nosotros ese taller de escritura significó una cita con la esperanza, cada vez. Y una comprobación: el futuro se construye con el hacer colectivo, cada vez.
Por último: este no es un libro de testimonios sobre el horror de la dictadura, sino su contracara o quizá, lo que se puede pensar después de cruzar el abismo de la impunidad.
Quizá.
Me falta todavía superar la alegría de haberlo logrado, de sostener con las manos esta pequeña utopía realizada en tiempos de saqueo de recursos simbólicos y materiales, en las cuales sólo proponerlo sonaba casi irresponsable, para poder encontrar las palabras certeras, que expresen lo que representa que personas empobrecidas y violentadas podamos hacer lo que querramos financiadas sólo por el deseo y la convicción, que siempre es política.
Quizá la palabra exacta sea una sola: Argentina.
La presentación
Escritos sobrevivientes y compila una serie de textos producidos en un taller de escritura que tuvo lugar en MU durante 2024. Estos relatos abordan historias marcadas por lo que el grupo denomina «subjetividad sobreviviente». El resultado es un conjunto de textos poéticos, políticos y filosóficos, de una potencia y belleza conmovedoras.
Participan: Rufino Almeida, Margarita Fátima Cruz, Graciela Daleo, Lucía Fariña, Mercedes Joloidovsky, Eduardo Lardies, Susana Leiracha, María Alicia Milia, Claudio Niro, Silvia Irene Saladino, Stella Maris Vallejos e Inés Vázquez.
Así lo resumen sus autoras y autores: «Un grupo de compañeras y compañeros, ex detenidos desaparecidos por el terrorismo de Estado, nos reunimos en un taller de escritura para crear textos enfocados en la subjetividad sobreviviente, mientras la voz del poder alimenta el negacionismo y la reiteración del sufrimiento popular por variados medios».
El libro se presentará el próximo viernes 28 de marzo a las 20 horas en Mu Trinchera Boutique, Riobamba 143.
Podés conseguirlo desde hoy, 24 de marzo, también en MU.

Nota
La Justicia esquiva la causa por el disparo a Pablo Grillo: “Hasta ahora no se investigó nada”

La recuperación de Pablo “es muy rápida” pero la investigación sobre su intento de asesinato, muy lenta, o directamente inexistente. Qué dijo el padre hoy frente al Hospital Ramos Mejía donde Pablo sigue pelando por su vida, aún en terapia intensiva pero con avances prometedores, y las abogadas del caso que presentaron ante la Justicia: primero Servini de Cubría y luego el candidateado a la Corte Ariel Lijo rechazaron la causa, y ahora se sortea en la Cámara Federal de Casación a qué juez le tocará investigar a quien le disparó y a sus superiores jerárquicos. Los dichos de Adorni en conferencia de hoy, y quién cortó el diálogo con la familia; las pruebas que se pidieron y las que se aportaron; y el texto de la presentación judicial en la que la familia pide ser querellante, con las pruebas que aportamos desde decenas de medios, fotoperiodistas y organizaciones sociales.
Por Francisco Pandolfi
Pablo Grillo todavía no está fuera de peligro, pero la mejoría día a día, paulatina y constante, le permite a la familia hablar ya no sólo de su estado de salud. Hasta hoy, el único foco era la supervivencia de este fotógrafo de 35 años impactado por una granada de gas lacrimógeno, fuera de toda legalidad, por las fuerzas de inseguridad comandadas por la ministra Patricia Bullrich.
La pérdida de masa encefálica y la fractura de cráneo con la que llegó de urgencia al Hospital Ramos Mejía –el miércoles 12 de marzo, cuando se desató la represión en la marcha por las paupérrimas condiciones en las que viven las y los jubilados–; la primera operación esa misma noche en la que se bajó la presión intracraneal y se le reconstruyó algo del tejido. Las pupilas que empiezan a reaccionar bien. La merma en la sedación. Los primeros movimientos – prematuros e inesperados por los propios médicos–. Otra operación por un derrame que es revertido a tiempo. La baja de los glóbulos blancos como síntoma de la baja en la infección. Y a solo una semana del disparo, Pablo abre los ojos. Y le sacan el respirador para ver cómo reacciona y lo hace agarrándole la mano a la mamá. Y por si fuera poco le susurra las palabras más hermosas a su papá: “Hola, viejo”.
Pablo continúa en terapia intensiva, en estado crítico, pero respondiendo bien neurológica y físicamente. “Es asombroso el nivel de avance que tuvo”, dice Fabián, su viejo, con los ojos emocionados e incrédulos por la mejoría impensada en tan poco tiempo. Esa sucesión de buenas noticias las que posibilitan a la familia convocar este viernes a una conferencia de prensa «para contar novedades en la causa judicial».
Primero, habla Fabián, su papá, sobre la salud de Pablo: “Las novedades son que está estable, por lo tanto es bueno. Está con los ojos abiertos y sigue sin respirador”.
Fabián lleva puesta una remera azul, con letras blancas que dicen: “Justicia por Pablo Grillo”. Se lo nota cansado, pero más distendido. Se ríe cuando cuenta: “Tengo un video con saludos de (Ricardo) Bochini, veremos si los médicos nos permiten que se lo pasemos. Si lo escucha al Bocha, va a volver a hablar seguro Pablo”. Mantiene los pies sobre la tierra: “Todavía la situación es grave: está en terapia y con riesgo de vida. Pero en ese marco todo lo que estuvo ocurriendo es favorable. A todos nos sorprendió su evolución. Incluso los médicos manifiestan que la evolución que está teniendo es asombrosa. Es muy rápida”.
Este jueves, el vocero presidencial Manuel Adorni dijo que el diálogo con la familia quedó roto desde que el padre de Pablo acusó a Bullrich de ser cómplice. Fabián le responde: “Nosotros no cortamos nada porque nunca existió el diálogo. Lo mío fue una respuesta a una declaración mentirosa de Bullrich, por tanto si es que alguien cortó el diálogo fueron ellos. Yo estoy dispuesto a escuchar, si alguien me llama”. Y agregó: “A esta altura no lo espero (ese llamado). Espero poco. Pero demostraría que tienen todavía un grado de humanidad”.
En relación a las mentiras de Bullrich sobre el trayecto del proyectil, expresó: “Me da vergüenza la forma en que fue acomodando la mentira. La va acomodando a medida que la realidad se lo desmiente, es hasta absurdo, burdo, grotesco: no sé que palabra utilizar”. Cuando le preguntaron si le diría algo al gendarme que, según los elementos reconstruidos hasta el momento, sería quien disparó (presuntamente, el cabo Guerrero), afirmó: “Personalmente no le diría nada. Sí lo vamos a decir de forma jurídica. El mejor diálogo que podemos tener con esta gente es en lo judicial”.
La causa, sin avances
Fabián estuvo acompañado por Claudia Cesaroni, de la Liga Argentina por los Derechos Humanos, y a Paula Litvachky, del CELS, organismos que patrocinarán legalmente a la familia, que este 21 de marzo se presentó ante el Juzgado Criminal y Correccional Federal Nº 1 para ser tenida en cuenta como querellante en la investigación judicial.
Lo más importante de la causa hasta ahora: desde el 12 de marzo “no se investigó nada y reclamamos que se empiece a investigar urgente”. Las abogadas cuentan el por qué: “La causa iniciada por la denuncia de la Procuvin (Procuraduría de Violencia Institucional) que dio inicio a la instrucción estaba presentada en el Juzgado 12 de Ariel Lijo, quien se la devolvió a la Jueza Servini de Cubría, que otra vez la rechazó. Ninguno de los dos quiere hacerse cargo de la investigación. Ahora irá a sorteo para definir quién la sigue. La Cámara Federal de Casación Penal tiene que resolver”. Agregan: “Hasta ahora el Ministerio de Seguridad dijo que no hará sumarios internos por el accionar de su Fuerza, lo que refleja el encubrimiento”.
La causa aún no tiene carátula porque no está radicada en ningún juzgado. La denuncia presentada es por tentativa de homicidio agravado, por abuso de autoridad e incumplimiento de funcionario público.
Dice Paula Litvachky, del CELS: “Es muy importante que la causa salga de este limbo judicial y se inicie el pedido de pruebas antes de que pase más tiempo”.
Dice Claudia Cesaroni, de la Liga Argentina por los Derechos Humanos: “Esperamos que en estos primeros 9 días en los que no se hizo nada, no haya ninguna prueba que se haya destruido, modificado, alterado. Hay cámaras del Gobierno de la Ciudad que tienen un tiempo de duración determinado, o de negocios que también se van borrando y si no las pedís inmediatamente después ya no están. Es vergonzoso que un hecho así no lo esté investigando nadie”.
Las abogadas pidieron una serie de pruebas. Las más relevantes: “Quién dio las órdenes, cómo se manifestaron esas órdenes y cuáles fueron, antes y después del impacto; cuál fue el protocolo que se aplicó, quienes integraban el equipo donde estaba incluido el cabo Guerrero y qué órdenes se le impartió a ese grupo en particular; qué armas utilizaron”. También exigen que se lo llame a indagatoria a Guerrero. “Ya hay suficientes elementos para hacerlo”.
Completa Paula Litvachky: “Hicimos una presentación con los hechos, tenemos un montón de pruebas para que se reconstruya ese tramo del operativo de modo tal que se pueda tener la responsabilidad de quién disparó y de toda la cadena jerárquica”.
Concluyen ambas: “Las pruebas están. Nunca hubo tanto registro fotográfico y audiovisual. Necesitamos el acompañamiento social para empujar a que se haga justicia y que no quieran desviar el foco de la investigación”.
Nota
La causa de la caída: la denuncia de Beatriz Blanco, la jubilada gaseada y golpeada por la Policía

Traumatismo encéfalo craneano, herida cortante e irritación ocular: las heridas causadas a Beatriz Blanco (81 años) ya forman parte de una causa judicial que inició ella misma y también la Procuraduría de Violencia Institucional, y apunta contra dos efectivos que la gasearon y le pegaron, provocando su caída. También apunta a la responsable del operativo, la ministra Patricia Bullrich, que se desplegó el miércoles de manera feroz, pero que -plantea la denuncia- es parte de un “plan sistemático”. Beatriz fue golpeada a las 16:10, antes de los principales incidentes, mientras se manifestaba en una esquina: cómo fue el momento, según relata ella misma en la denuncia y cuenta su hija. Quién es esta jubilada que trabajó de todo. Cómo está: recuperándose, enojada y “con más fuerza que nunca”. La voz de una de sus hijas junto a quienes lucha por justicia, y paz.
Por Franco Ciancaglini.
La imagen de Beatriz Blanco cayendo en seco al suelo -tras ser gaseada y empujada por dos efectivos de la Policía Federal- dio la vuelta al mundo.
En el video se ve el fin de una secuencia más larga que inicia cuando la Policía Federal empuja de manera violenta a jubiladas y jubilados que se encontraban haciendo el clásico semaforazo de todos los miércoles en el Congreso.
“Ella lo que cuenta es que estaba con el grupo de jubilados, cortando Entre Ríos, para mostrar sus carteles. Y cuando el semáforo se pone verde se vuelven a la esquina. Y en ese momento vino la policía, apurando a todos los viejos a subirse a la vereda”.
La que habla es una de sus hijas, Paula.
El relato coincide con la temprana decisión de las fuerzas de abalanzarse sobre personas que hacen lo mismo todos los miércoles -un semaforazo, y luego una movilización que da la vuelta al Congreso-: Beatriz fue atacada a las 16:10.
Esta vez, por lo especial de la fecha, los Policías iban además con el gas apretado y el palo suelto. Cualquiera que estuvo en la manifestación pudo apreciar cómo apenas una persona se acercaba a los efectivos, o incluso estando a metros, sin hacer nada, podía ser gaseado. Incluso teniendo 81 años.

Los camiones hidrantes fueron parte de la cacería desatada. Foto: Lina Etchesuri.
El arma y la palabra
Beatriz Blanco no está afiliada a ninguna barrabrava ni milita en ningún partido político.
Es jubilada.
Trabajó toda su vida como empleada en cooperativa de fletes, empleada cuidando niños, costurera, y de casera hasta los últimos tiempos.
Tiene tres hijas.
Una de ellas, Paula Ippolito, cuenta que junto a su madre Beatriz y su hermana Paula suelen ir juntas a las marchas. “Esta vez fue sola porque justo yo estaba operada de la rodilla. Suele ir, no va todos los miércoles pero cuando puede va”.
Beatriz ya conocía a varios y por eso se acercó al grupo de jubilados que realiza los miércoles el semaforazo. Luego de que la empujaran a la vereda, se puso a hablarle a un cordón policial, una práctica habitual de jubilados anodados ante la violencia sin sentido que ejercen las fuerzas: “Ella siempre es de ir y hablar, de decir qué están haciendo, cómo no les da vergüenza; mi mamá siempre como que quiere hacer conciencia. Ella le debería estar gritando al policía que estaba de espaldas y lo toca con el bastón como diciendo ´mirame´. Ahí el chabón se da vuelta y le tira el spray, y el otro que le pega con el palo en la cabeza”.
Ese combo, que representa un ataque, de gaseo, empujón y golpe, hace que Beatriz pierda el equilibrio instantáneamente, y caiga al suelo.
La primera pregunta es cómo está: “Se está recuperando. Está en reposo, en observación por el golpe que recibió en la cabeza. Está con mucho dolor en todo el cuerpo, con un poco de inestabilidad, con el dolor en los ojos por el gas que le tiraron. Tiene los ojos muy hinchadas: le tiraron gas directo en la cara”.
Este dato del gas directo a sus ojos explica a la vez la pérdida del equilibrio, desechando por tierra las mentiras del Jefe de Gabinete, Guillermo Francos, que aseguró que se “cayó sola”. También el título de la empresa La Nación que habló de que la jubilada “atacó” a la policía previo a su “caída”: “Ella le tocó con su bastón para que se diera vuelta, para que la escucharan, no golpeó a nadie. Habría que mostrar los videos enteros donde la Policía increpa primero a los jubilados para que se suban a la vereda, con la agresividad que suelen tener”.

Beatriz Blanco, tras los gases recibidos y el golpe posterior. Foto: Lina Etchesuri.
El caso de Beatriz es uno de los dos -junto al del fotógrafo Pablo Grillo- denunciados por la Procuraduría de Violencia Institucional (Procuvin) ante la Cámara del Crimen. En esas denuncias a las que accedió lavaca, el organismo que se encarga de monitorear a las fuerzas -en estos tiempos, con menos entusiasmo- presenta como “pruebas” distintos recortes periodísticos alrededor del ataque a Beatriz. Y solicita a la justicia que requiera al Ministerio de Seguridad el personal policial afectado a los lugares de ambos ataques, así como los datos de la “sala de operaciones” a la que reportaban los agentes a cargo del operativo.
Por otro lado, la propia familia de Beatriz presentó una denuncia contra los dos agentes de la Policía Federal y contra la propia ministra Bullrich. Narra en su presentación lo mismo que refiere su hija en esta nota: “Siendo aproximadamente las 16:10 hs me encontraba en las inmediaciones de la esquina de las avenidas Entre Ríos y Rivadavia de esta ciudad (…) cuando fui rociada con una sustancia lacerante por un efectivo de la Policía Federal. Inmediatamente después, y también a manos de un efectivo de la PFA, recibí un golpe en la cabeza, con un elemento que creo se denomina ‘tonfa’, lo que provoca mi caída al piso”.
Tras el golpe, Beatriz fue derivada al Hospital Argerich, donde diagnosticaron lo producido por el ataque: traumatismo encáfalo craneano, herida cortante e irritación ocular.
Por eso, por un lado, reclama la identificación de los dos efectivos que la atacaron, plausibles de ser responsables de “delitos de lesiones leves” agravadas por tratarse de personal de la fuerza. Y por otro, califica a la ministra de Seguridad Patricia Bullrich como “autora mediata” por ser responsable del operativo y algo más: la valiente presentación habla de que estos hechos son parte de un plan sistemático.

Una síntesis del plan sistemático. Foto: Juan Valeiro.
“Como en los momentos más aciagos de nuestra historia, desde el Poder Ejecutivo se ha montado un Programa de Miseria Planificada cuya consecuencia natural es la Protesta Social. Y sabido es que este tipo de políticas socioeconómicas sólo resultan aplicables cuando se pone a disposición de las mismas al aparato represor del Estado”.
Firma toda esta historia la propia Beatriz, acaso poniendo en contexto lo que representan los golpes que sufrió, su historia y el futuro por el que pelea junto a sus hijas. “Nosotras somos fieles a las marchas que son para los derechos del pueblo”, cuenta Paula, una de ellas. “No militamos en ningún partido político, siempre vamos independientes y solas”, aclara por si hiciera falta.
Paula habla siempre en plural femenino, pensando en su madre y su hermana. Desde ese lugar cuenta: “Nos están sacando todo. Nos están metiendo miedo para que no salgamos a las calles. Están imponiendo todo lo que quieren imponer. Siempre estamos atentas a todas las luchas. Esto va a por todos, no es solamente por los jubilados. A mi me han robado plata con la AFJP a pesar de que ya tengo 30 años de aportes. Estos vienen por todo, por todo lo que conquistamos”.
Junto a Natalia, las jóvenes militan tocando tambores en Batuka, uno de los conjuntos que lleva el ritmo a la calle y es la banda de sonido de la protesta social y la lucha. Hoy, del lado de la víctima, Paula asegura: “Estamos luchando para que esto no vuelva a suceder. Para que tengamos memoria y el pueblo no se duerma. No tenemos miedo. Ya la verdad que queda poco por perder”.
Esta lucha incluye, claro, a Beatriz: “Está más fuerte que nunca. Está enojada, muy enojada. Pero está fuerte para seguir la lucha”.
La lucha, ahora, es por justicia: “Solamente queremos que los responsables tengan justicia, sean los policías o la ministra de Seguridad: que la justicia trabaje a favor del pueblo. Y que no salga nadie más impune”.
¿Tenés esperanzas? “Y no. Pero hay que hacerlo igual: nos corresponde”.
La esperanza tal vez siga estando en la calle, mientras estas jóvenes sin contención psicológica ni asistencia estatal de ningún tipo enfrentan los golpes: “Estamos nosotras, las hijas, para cuidarla y para que se reponga de esto”.
¿Necesitan algo? “Sí: paz”.
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