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Que no haya sido en vano el dolor: el conmovedor cierre de El Cuarto de Lucía en La Manzana de Las Luces

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La instalación El Cuarto de Lucía se despidió -tras un mes de exhibirse en La Manzana de Las Luces- con una ceremonia que combinó arte, música y reclamo de justicia. Las voces de Lula Bertoldi y Brenda Martin de Eruca Sativa, el hip hop de La cultura está en el barrio, las infancias de la organización Niñez y Territorio protagonizaron el cierre, que también contó con una llamada candombera por las calles de San Telmo. Las voces de familiares sobrevivientes de femicidios. Y las palabras de la familia de Lucía: “Este cambio lo vamos a lograr porque estamos unidoa”.

Realización audiovisual: gonzalo villalobos.

En la tarde de un viernes nublado, el histórico patio de La Manzana de Las Luces está muy concurrido porque es el último día en que se puede visitar El Cuarto de Lucía y se programó un encuentro de despedida. El patio dio cobijo a decenas de niñes que hicieron una larga fila para entrar al Cuarto: el movimiento Niñez y Territorio, que pone el foco en las infancias, trasladó a les niñes desde Fiorito. Sobre las baldosas dibujaron en una bandera blanca el rostro sonriente de Lucía Pérez y escribieron sus nombres alrededor. La ofrenda fue entregada a la familia. También están presentes integrantes de la Campaña Nacional Somos Lucía, el grupo de hip hop La Cultura está en el Barrio y la murga estilo uruguayo La Gorda Nelly, que llegaron en micros muy temprano desde Mar del Plata para asistir a la ceremonia final.

El director de la Manzana, Gustavo Blazquez, dio inicio: “Para nosotres es un orgullo haber reabierto La Manzana de las Luces con El Cuarto de Lucía. Este es un intento de reparar los propios daños que el Estado produce. Todo femicidio es evitable. Tenemos que trabajar y luchar para eso, el arte y la cultura sirven para eso”.

Tomó la palabra Marta Montero, la mamá de Lucía: “Un mundo mejor le queremos dejar a ellos —dijo, señalando a les niñes que estaban a su lado—. Este es el mundo mejor que necesitamos, este es el cambio que queremos. Por eso luchamos con El Cuarto de Lucía y por tantas Lucías que nos han llevado. La lucha es de todas y de todos, la lucha no tiene color político, es nuestra, es de las personas que todos los días salimos a pedir un mundo mejor. Queremos que ellos puedan salir, puedan ir a la escuela, ser felices, como era Lucía. Este cambio lo vamos a lograr entre todos”. Marta les agradeció el regalo de la bandera “que hicieron todos juntos con tanto amor”. Y aclara: “Con Guillermo hacemos todo desde el amor, no desde el odio. Pedimos justicia para Lucía, no venganza”.

Fotos: Lina Etchesuri.

Marta abrazó a Luna, hija de Analía Aros, asesinada en Mar del Plata y explicó que la mamá de Analía no pudo asistir. Luego fue pasando el micrófono para que les familiares se presenten. Gustavo, el papá de Natalia Mellman, se refirió al femicidio de su hija de 15 años raptada por policías en Miramar en 2001, por el que tres policías fueron condenados a reclusión perpetua y ahora están pidiendo la libertad condicional. “En este camino he conocido a muchos familiares y todos estamos en la misma situación, en la búsqueda de justicia. Esta lucha feminista va a ser transformadora”. Continuó Miguel Osorio, papá de Cristian, desaparecido en Mar del Plata en 2018 cuando se hundió el buque pesquero Rigel: “Seguimos peleando contra la injusticia, casi a tres años de la desaparición de mi hijo, no hemos recibido los certificados de presunción de muerte, ni las pensiones que corresponden por ley a las madres, a los hijos. Estamos con una herida abierta, vamos a luchar para que las cosas mejoren”.

Elena de la Hoz, familiar de Marcelo Islas, desaparecido hace más de cuatro años en el hundimiento del pesquero Repunte, cuenta que el juez no termina la etapa de instrucción. “El dolor es el mismo. Cada uno desde su lugar pide justicia por su ser querido”.

Fotos: Lina Etchesuri.

Matías, hermano de Lucía Pérez, se sumó al pedido de justicia “por nuestros muertos que desde algún lado nos deben estar viendo y para que no quede en el olvido”. Alfredo Barrera, el papá de Carla Soggiu, contó del martirio que sufrió su hija por parte de su ex marido. Carla fue encontrada en el Riachuelo, luego de activar tres veces el botón antipánico. Martín, hermano de Agustina Fredes, asesinada hace cinco años en Mar del Plata: “No existe la justicia, no la atienden a mi madre, pasan los años, estas chicas ya no están”.

Daniel Basaldúa, papá de Cecilia, asesinada en Capilla del Monte, dijo: “Cecilia era una viajera, una deportista. Viajó durante cuatro años y medio por toda Latinoamérica. Era una persona libre. Volvió un año antes de la pandemia, pasó las vacaciones con nosotros. Cuando empezó la pandemia se fue a Córdoba a escribir un libro y no pudo hacerlo. La estuvieron buscando durante veinte días hasta que apareció muerta. La justicia es corrupta, agarraron a alguien inocente que por ser humilde lo metieron preso. Los culpables andan dando vueltas por ahí. La unión hace la fuerza, pedimos que nos reciba el señor Presidente para que le contemos todo lo que estamos pasando”.

Carla Ventura contó que a su hermano Octavio le pegaron un tiro en el pecho para robarle el celular en 2018. Los jueces Pablo Viñas y Facundo Gómez Urso, los mismos que liberaron a los asesinos de Lucía, liberaron al asesino de su hermano. Susana Reyes, mamá de Cecila Basaldúa agregó que el cuerpo de su hija aún sigue en la morge de Córdoba y que la fiscal Paula Kelm quiere enjuiciar a una persona inocente. La hermana de Agustina Fredes, Diana, aseguró que “es una herida que nunca cicatriza, esto tiene que cambiar y es entre todos”.

Por último, Guillermo Pérez, papá de Lucía agradeció a la Mazana, a todes les presentes y gritó: “Fuerza que estamos unidos”. Los aplausos y los gritos repetidos de justicia retumbaron en el patio de la calle Perú: “Somos muchos, no nos van a derrotar”.

Llegó el momento de la música y la primera intervención fue la del grupo marplatense de hip hop La Cultura está en el Barrio, que con voces, guitarra, bajo y batería le pusieron ritmo de rap al atardecer de San Telmo. El primer tema fue Ella, y siguió Ya no nos calla nadie. Para el tercer tema Somos Lucía se acercó al escenario la murga estilo uruguayoLa Gorda Nelly e invitaron al público a sumar sus voces. Para ello, repartieron hojas con la letra impresa. Dice el estribillo: Danos fuerza que tu luz nos guía / alzamos la voz porque Somos Lucía / Estamos luchando como vos lo harías / Esto no se para hasta encontrar justicia.

Fotos: Lina Etchesuri.

Luego y a capella, se escuchó la voz de Lula Bertoldi, la cantante de Eruca Sativa, quien interpretó el tema de Fito Páez Yo vengo a ofrecer mi corazón. “Es para mí una emoción muy grande estar acá aportando música, arte y palabras que están en las canciones, para decir algo que no se puede decir. La música tal vez sea un canal para poder expresar algo de todo esto que se vivió hoy”, dijo Lula. Junto a Brenda Martin, también de Eruca Sativa tocaron y cantaron Creo, que dice: “Seremos primavera, que no haya sido en vano el dolor”.

El último tema fue un pedido de Marta. “Es una canción que nos acerca, como sobrevivientes, como personas que renacen. Lucía está renaciendo en cada une de nosotres, cada una de estas personas que hoy no están y lo único que necesitan es justicia”, afirmó Lula antes de cantar Como la cigarra, la emblemática canción de María Elena Walsh.

Fotos: Lina Etchesuri.

Apenas terminaron de cantar Lula y Brenda se acercaron a abrazar a la familia y comenzó a escucharse la clave de candombe desde la carpa ubicada detrás de la instalación del cuarto de Lucía. Algunas chicas repartieron pequeños carteles con el rostro de Lucía. En fila, las candomberas y sus tambores colgando, se fueron acercando e invitaron al público a seguirlas. Salieron a la calle con su música de raíz afrouruguaya, doblaron por Adolfo Alsina, luego por Bolívar, Moreno y nuevamente Perú. La vuelta a la Manzana incluyó danza y también los cantos de las chicas de la Campaña Somos Lucía que brotaron en las marchas que la marea verde emprendió para luchar por sus derechos. El derecho a elegir, el derecho a vivir.

La alegría de la percusión, a cargo de Kuyén Tambor, desembocó en el gran espacio empedrado contiguo al patio, donde se formó una ronda espontánea. Luego del candombe, cantó la murga La Gorda Nelly con el acompañamiento de redoblantes y platillos. Marta y Guillermo volvieron a agradecer, a pedir justicia por Lucía y la murga siguió cantando.

Fotos: Lina Etchesuri.

El cuarto de Lucía se despidió de La Manzana de las Luces con la certeza del valor indiscutible de lo colectivo. Las familias se saben acompañadas y eso las alivia y fortalece. Una vez más el arte es el soplido tibio que acaricia las heridas, el pequeño brote al extremo de la rama que parecía seca. Como cantó Lula Bertoldi, este encuentro selló una promesa: Seremos primavera. Y como aseguró el grito incontenible del rap: Esto no se para hasta encontrar justicia.

Que así sea.

Ni Una Más.

Fotos: Lina Etchesuri.

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7ma marcha contra los travesticidios, transfemicidios y transhomicidios, y una pregunta que es bandera: ¿Dónde está Tehuel?

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En vísperas de una nueva marcha que exigirá el fin de los crímenes de odio y políticas efectivas para una comunidad históricamente vulnerada, lavaca habló con la fiscal del caso que sigue la desaparición del joven trans Tehuel de La Torre. Por qué está caratulada como homicidio agravado por odio, aun sin haber encontrado el cuerpo. En qué está la búsqueda. Qué (no) dijeron los acusados. El juicio sin fecha. El pedido de información al RENAPER. Los nuevos indicios. Los rastrillajes. La falta de apoyo del gobierno. Estas son sus respuestas:

Mañana, 28 de junio, cuando se marche desde Plaza de Mayo al Congreso por séptima vez contra los travesticidios, transfemicidios y transhomicidios, Tehuel de la Torre llevará 474 desaparecido.

La última vez que se lo vio con vida fue el 11 de marzo de 2021, hace más de un año, cuando salió de su casa en San Vicente, provincia de Buenos Aires, a las 7 de la tarde, para encontrarse con Luis Alberto Ramos (37 años) quien, presuntamente, le había propuesto un trabajo de mozo para un evento.

Tehuel nunca volvió y Ramos está detenido junto a Oscar Alfredo Montes (46 años), quien se sospecha que el día de la desaparición estuvo también junto al joven. Una selfie encontrada en el celular de Montes avala esta hipótesis.

Recién ocho meses después de la desaparición, en noviembre de 2021, cuando encontraron una mancha de sangre en la pared de la casa de Ramos, la fiscal Karina Guyot, de la UFIJ-San Vicente pidió el cambio de carátula a “homicidio agravado por odio a la orientación sexual e identidad de género”.  Cuatro meses después, en marzo de este año, el juez de Garantías N°8 de La Plata, Martín Rizzo, pidió la elevación a juicio. 

Cuando Rizzo resolvió la elevación a juicio también resolvió desdoblar el expediente para que la búsqueda continúe. “La causa principal fue elevada a juicio. Y lo que tengo es el desdoble de la búsqueda”, dice a lavaca la fiscal Guyot. “En el desdoble de la búsqueda estamos pidiendo información al Registro Nacional de las Personas (RENAPER), para que nos informen en toda la provincia qué datos hay de gente desaparecida que sean NN. Estamos con oficios con ese tema, para ver si podemos hacer cotejos de ADN con esas personas que no han sido identificadas por nadie”. 

¿Cree que se puede encontrar el cuerpo de esa manera?

Yo lo estoy buscando, si lo voy a encontrar o no ojalá lo supiera. La búsqueda no se va a desactivar hasta que no aparezca, hasta que no aparezca va a estar abierta esa causa, por tiempo indefinido. Dios quiera que podamos encontrar algo, es el deseo. Hay dos situaciones: por un lado la búsqueda de la verdad y la justicia, que es lo que se pretende con la causa elevada a juicio, y la búsqueda del cuerpo. Si lo vamos a encontrar yo no lo puedo garantizar, depende de lo que hayan hecho los imputados con el cuerpo, que no lo dijeron. 

Durante meses se negaron a declarar, ¿lo hicieron?

La primera vez se negaron a declarar, la segunda declararon pero por supuesto que nada dijeron al respecto. 

¿Están elevados a juicio por homicidio aun sin cuerpo?

Por supuesto. Homicidio agravado por odio. 

¿Hay fecha para el juicio?

No, termina la etapa de instrucción y pasa a la etapa intermedia, el fiscal de juicio ahora tiene que prepararlo. No puedo dar fecha porque la desconozco. 

¿Y en la causa de la búsqueda además del pedido de información al RENAPER, qué más se está haciendo?

Hay varias cuestiones, no podemos comentar todo. Estuvimos haciendo nuevos rastrillajes en sectores más pequeños porque se habían hecho en lugares muy amplios, estamos sectorizando la zona, porque es muy grande y de descampados. Estamos profundizando sectorizado. 

Con lo que se hizo, ¿hay nuevos indicios?

Quedó pendiente una información que surgió de la causa que detectó la antena del teléfono en cercanía a la casa de Ramos. Y estamos trabajando sobre eso, que fue la noche que desapareció Tehuel. Fue entre las 4 y las 6 de la mañana, la antena detecta el teléfono de Ramos. 

¿Se sabe a quién llamo?

No hubo una llamada, hubo apertura de antena, en una zona donde no se acostumbraba a abrir el teléfono de Ramos, menos a esa ahora. 

¿Y en esa zona se hicieron rastrillajes?

Ya los hicimos y ahora los estamos profundizando más sectorizado. Yo tengo que agotar todos los recursos y hago lo que me gustaría que hagan si fuera un familiar mio: que sigan buscando. 

¿Es posible la desaparición durante más de un año sin complicidades territoriales? ¿Sin entramados en el barrio que lo permita?

Hay cosas que no puedo comentar. 

¿Se está recibiendo apoyo del Gobierno provincial en la búsqueda?

Si me pedis opinión te diría que no: en el rastrillaje último vinieron menos personas de las que esperaba, como los últimos rastrillajes. Esperaba más participación del Ministerio de Seguridad y la verdad es que es bastante escueto, más allá de que sigue en pie lo de la recompensa. Se debería enfatizar un poco más en la recompensa y en la búsqueda.

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Darío y Maxi: 20 años es todo (video)

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Se cumple este 26 de junio el vigésimo aniversario del asesinato de Darío Santillán (foto de portada, tenía 21 años) y Maximiliano Kostecki (22), producto de la represión oficial del gobierno encabezado por Eduardo Duhalde al creciente movimiento de trabajadores desocupados: los piqueteros.

Aquel oscuro día, las organizaciones movilizadas reclamaban no solo planes sociales (se exigía pasar de 150 a 300 pesos) sino que reivindicaban el apoyo para sus propios proyectos en los barrios: productivos, educativos y de salud. Por eso en ese momento no se hablaba de “planes sociales” sino de “planes de trabajo”.

En muchos sectores del movimiento piquetero (y Santillán era un claro referente), lo que se buscaba lograr era generar una situación de autonomía para evitar la cooptación –por parte del Estado y/o partidos políticos– de esa potencia social que planteaba el trabajo y el cambio social como foco de sus reivindicaciones. Ya no eran el peronismo ni el sindicalismo ni la izquierda quienes expresaban los reclamos, sino un sector social por nadie tenido en cuenta, que intentaba encontrar su propio camino, su propia voz.

La responsabilidad política por los homicidios sigue sin juzgarse, pese a que (o debido a que) incluye nombres como Eduardo Duhalde, Felipe Solá, Alberto Atanasof (ex jefe de gabinete) y todo un oscuro entramado de funcionarios y –como es habitual– servicios de inteligencia.

Los dos condenados a perpetua fueron los autores materiales de los homicidios, los policías Alfredo Fanchiotti y Alejandro Acosta. Aquel 26 J hubo además cientos de detenidos y heridos con balas de goma, y 32 heridos con balas de plomo que por casualidad no llegaron a elevar la nómina de muertes.    

Aquellos crímenes, las cooptaciones que finalmente han sido obvias, la inercia de un sistema laboral cada vez más precarizador y expulsivo, el desempleo, la desigualdad, la masificación del asistencialismo, entre otras ciénagas, le han ido dando forma, cristalización y a veces descomposición, al actual escenario.

A 20 años de esa tragedia habrá actos en el lugar del crimen (la antigua estación Avellaneda del Roca) el sábado desde las 10.30, con el objetivo de reclamar justicia completa: el juzgamiento de los responsables políticos. El domingo realizará grupos encolumnados en la izquierda harán su propio acto.

Pero el propio sábado por la tarde, en la vigilia habitual antes de cada 26 J, el director Patricio Escobar hará una presentación de media hora de lo que será la segunda parte de su notable documental La crisis causó 2 nuevas muertes. En esta secuela Escobar busca describir el tema de las responsabilidades políticas, y logró entrevistar a Eduardo Duhalde (ex presidente), Felipe Solá (entonces gobernador bonaerense), Juan José Álvarez (ministro de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos) y Jorge Matzkin (era Ministro del Interior).

Como antecedente, y para quien quiera conocer o recordar la realidad de lo ocurrido, volvemos a incluir La crisis causó 2 nuevas muertes, que refleja no solo los sucesos, sino también las trampas a las que está sometida una sociedad que se presume democrática por parte de los llamados “medios de comunicación” que en realidad (y el 26 J fue un fiel reflejo) se han convertido sistemáticamente en plataformas de operaciones políticas, económicas y de inteligencia. El título del documental es el mismo del diario Clarín aquella vez, cuando culpaba a “la crisis” (como han aprendido a hacerlo diferentes gobiernos) por desastres y crímenes cometidos por personas y sistemas institucionales concretos.

Para ver La crisis causó 2 nuevas muertes:

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Dai, la jugadora eterna

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En este perfil especial que es parte de una cobertura colaborativa de tres medios cooperativos, el Club Atlético Lilán de Laprida recuerda -y extraña- a la joven que apareció muerta en una comisaría de la ciudad, a la espera de conocer la verdad de qué pasó. Sus compañeras de equipo y el entrenador relatan anécdotas de afuera y adentro de la cancha que reflejan, acaso, lo mismo: «Ponía mucha garra y sacrificio”.

Segunda entrega de la cobertura colaborativa entre Perycia, Revista Cítrica y LAVACA.

Por Bernardita Castearena

Fotos: Mauro Arias

El día después de cada partido, el tendal de la casa de las Arias-Abregú estaba todo ocupado con las camisetas albirrojas del equipo de fútbol femenino del Club Atlético Lilán de Laprida. Incluso cuando el lavarropas estaba roto, Daiana Soledad ponía música en el parlante del living y se dedicaba a cepillar durante horas las medias de cada jugadora para recuperar el blanco que tenían antes de entrar a la cancha.

 —Si hay que seguir lavándolas, vamos a hacerlo nosotras por ella —dice Morena. 

De las once jugadoras del plantel, tres son hermanas de Daiana Soledad: Morena, Sheila y Kiara. Hasta el día en que perdieron a “La Sole”, como ellas la nombran, cada sábado a la noche empezaban los preparativos para el encuentro del día siguiente.

Lilán es uno de los clubes más grandes de Laprida, una ciudad de 12.000 habitantes ubicada en el centro-sur de la provincia de Buenos Aires. Fundado en 1936, hoy se dan clases de fútbol, hockey, cestoball, tenis, natación, patín y pádel. 

“¿Quién va a alentarnos ahora?” se preguntan desde el domingo en el que Daiana Soledad Abregú murió en el calabozo de la Estación de Policía Comunal en condiciones que todavía se investigan. La versión oficial aportada por la policía habla de suicidio, pero la familia, les abogades y los organismos de derechos humanos creen que puede haber sido víctima de violencia institucional. 

Desde el martes posterior a la muerte, día por medio, familiares, amigues y vecines se movilizan por el centro de Laprida para pedir justicia.

Jugadora en todos los frentes

Como desde la cantina visitante del Club Atlético Lilán no se pueden ver los partidos, Daiana Soledad convencía a sus compañeras durante toda la semana para que la dejaran atender la local. Un tiempo atrás, las chicas del equipo de fútbol femenino se habían organizado para tener responsabilidades en el club, y ella se encargaba de todo. Un día pidió prestada una máquina de coser y la devolvió con un bolso para guardar todas las camisetas del fútbol femenino que había hecho con sus propias manos.

En las fotos aparece Daiana Soledad con un equipo que le sobra por todos lados: ni el talle más chico podía ajustar su cuerpo flaquito y sus “patas de tero”. Los botines esperaban antes de cada partido en uno de los primeros estantes de la repisa donde los utileros del club tienen ordenado por talle el calzado que les jugadores donan a la institución cuando les van quedando chicos. Nadie sabe de quién eran los que ella usaba, pero probablemente los botines 35 de una edición limitada de Messi, con tres nudos en uno de los cordones, antes habían hecho feliz a un niño de las inferiores del club. 

“Las dos calzábamos lo mismo”, dice Morena, que cuenta una anécdota por cada lugar del club que recorre: “Ella era nuestra fan número uno, va a costar mucho no escucharla cada vez que salimos a la cancha”.

Gritaba cuando un conocido jugaba en primera, cuando creía que los árbitros cobraban algo mal, se escapaba de la cantina para alentar y volver. Arengaba al grito de “¡VAMOS LILÁN, CARAJO!” antes de salir a la cancha. 

Era la que más alentaba, y la tribuna empezaba a gritar detrás de ella. 

El último partido

Cuando el entrenador vio que no corría ninguna pelota y que de a ratos se tocaba las piernas, la sacó. A fines del 2021, Daiana se fracturó la rótula después de haber chocado contra otra jugadora y, aunque un yeso le inmovilizó la pierna, no paró: se subía a la tribuna para ver a las compañeras, dejaba que la levantaran a upa cuando ganaban, atendía la cantina mientras el resto le escondía las muletas. Esta vez le dolía la otra, la que todavía tenía sana. 

Por primera vez, ese 29 de mayo, aceptó el cambio sin quejarse y se comprometió a descansar para poder recuperarse bien antes de volver a jugar. Cuando el resto de las chicas terminaron y no había nada más para hacer en el club, cruzó como podía las dos cuadras que separan su casa de la cancha de Lilán, agarró la bici y fue a que la revisaran. 

Por cada minuto que esperaba en la guardia del Hospital Pedro Sancholuz, la rodilla se le hinchaba y le dolía cada vez más, hasta que en un momento encaró para el consultorio y obligó al médico a que la atendiera antes que al resto de la gente. El día siguiente lo pasó tirada en el sillón riéndose con su familia de cómo el médico de guardia la había tratado de hinchapelotas por no esperar su turno.

 —Ella era muy espontánea, si te tenía que decir algo, te lo decía. Y si tomaba una decisión, la ejecutaba —dice Inés, a quien Dai había apodado Tilín. Ahora, desde el vestuario visitante, se acuerda de las tardes que pasaron riéndose al sol y de la cantidad de temas que podían charlar en los 60 km que separan Laprida de General La Madrid cada vez que viajaban en colectivo. 

“Hacete unos mates, Tilín”, era la frase ritual cuando terminaban de jugar un partido.

Jugaron por ella

Cuando Agustín “Peye” Harismendi cumplió años, recibió una remera de parte del plantel con una dedicatoria de Dai que decía: “Gracias por enseñarme a patear”. El profesor se hizo cargo del equipo a principios de 2021, pero la conoció recién en mayo, cuando faltaba una jugadora para completar el plantel y Morena la animó para que se acercara a entrenar. Antes de formar parte del equipo, Dai pasaba tardes enteras jugando con sus hermanas en la plaza. 

Los primeros días se iba enojada de todos los entrenamientos porque le pegaba a la pelota con toda su fuerza y no podía levantarla del piso. Agustín le caía bien, y él lo sabía. Entonces le enseñó a jugar con las dimensiones de una cancha, y le puso la camiseta número 8 para que pudiera correr de un lado al otro durante todo el partido: “Dai no era de las más grandotas ni de las más fuertes físicamente, pero tenía mucha garra, mostraba la pasión por el club con sacrificio”, dice Peye, como lo apodan las jugadoras.

El día después de recibir la noticia, Agustín se acercó a la casa de la familia de Daiana Soledad para darles un presente y le dijo a las tres hermanas que decidieran a lo largo de la semana si iban a querer jugar o no en la fecha siguiente. Todavía no saben si jugar fue la mejor opción, pero lo hicieron, y con el ánimo por el piso perdieron contra Club Atlético Platense de Laprida por 3 a 0. 

“Ese domingo fue bravísimo, pero jugamos porque era un partido que ella estaba esperando”, dicen sus compañeras. Durante toda la jornada, todas las categorías de Lilán se sacaron la foto previa al partido con una bandera que decía “Es imposible no estar triste…su ausencia duele!! Pero tu recuerdo nos hará sonreír. Dai Presente”. Esa bandera ahora forma parte de la colección de trapos que todos los domingos dan la vuelta al alambrado del club. 

El caso

Daiana Soledad Abregú llegó a la comisaría de Laprida en las primeras horas del domingo 5 de junio por una contravención en la vía pública. Doce horas después, cerca de las seis de la tarde, dos oficiales tocaron la puerta de la casa de su familia diciendo que la joven de 26 años se había suicidado. A partir de ahí, una serie de sucesos hicieron que la familia empezara a sospechar que la policía escondía algo. 

La autopsia confirmó que Daiana murió por asfixia mecánica, pero eso no significa que solamente pueda haberse ahorcado. 

La Comisión Provincial por la Memoria intervino como Mecanismo Local de Prevención de la Tortura y pidió que la causa se investigue exhaustivamente, teniendo en cuenta que Daiana murió mientras estaba al cuidado de la Policía Bonaerense en una comisaría que no estaba habilitada para recibir detenides en sus calabozos. 

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La última Mu: Tenete fe

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