Nota
Teoría sobre el sismo: los desafíos urgentes del movimiento feminista
En nombre del feminismo se escriben y dicen muchas cosas, pero este texto de María Galindo no es uno más porque está construido desde el sudor de la batalla cotidiana contra el fascismo golpista y la carcajada irreverente que hace arder miedos y mandatos. De todos los feminismos posibles, este es el de la creación de futuros posibles, otros, diferentes, y por lo tanto, su horizonte es la utopía, lo imposible, lo que no hay: vidas sin violencias ni miserias, alegría y abrazo. De todos los feminismo posibles, este es el que propone construir ese futuro a partir de un pacto ético y no ideológico, es decir, unirse por las formas de hacer y en el hacer. Así lo explica Galindo en un momento muy oportuno y en una fecha clave para pensarnos.

Escribo desde Bolivia, un país donde la materia prima principal es la dulzura, donde el recurso renovable estructurante de la vida es la esperanza, un país que está hoy atravesando de nuevo un sendero turbio, incierto, sembrado de manipulaciones gigantescas, de miedos y de sangre. Nuestro feminismo, mi feminismo, es el pequeño banquito que me ha servido para apoyarme y descansar luego de interminables jornadas de lucha. El feminismo es el micrófono que me ha servido para gritar alto y fuerte. Son los códigos que me han servido para descrifar las trampas y no caer en ellas.
Es el feminismo que me ha permitido no ceder a una visión polarizante, binaria, simplificadora y fascistizante de la situación que vive el país.
Es por eso que ese feminismo desde el que hablo es un tesoro político, una carta de esperanza, un lugar donde seguir construyendo y habitando libertad frente a un panorama fascistizante que no halla salida social a un callejón oscuro, donde los heroísmos masculinos vuelven a hacer de la historia su escenario de exhibición.
El feminismo como alianza ética
Todos los movimientos políticos en la Historia han tenido que confrontarse con el desacuerdo, mucho más si son movimientos que se han masificado. En el caso del feminismo -y partiendo de que no hay un feminismo sino muchos feminismos con diferentes visiones, diferentes practicas políticas, diferentes composiciones sociales, con diferentes formas de concebir el propio feminismo- el desacuerdo es una constante, sino inclusive su mayor potencia política. No estamos de acuerdo, no pensamos igual y, sin embargo, confluimos en eso que se llama feminismo y cuya definición y límite no es propiedad de nadie. Esa es la potencia mayor y, al mismo tiempo, aparentemente su debilidad mayor.
Feminismo es la palabra que nos envuelve y acoge políticamente, pero cuyos límites estan diluidos y cuyas raíces son múltiples.
La idea de que hay una sola verdad y de que toda verdad se expresa en antagonismos basados en la lógica formal de que lo positivo para ser tal es contrario a lo negativo, lo negro a lo blanco, lo bueno a lo malo, nos instala en una lógica binaria donde la complejidad múltiple no es posible, es incorrecta e indeseable. Donde no es posible que convivan no solo tres sino 5 ó 55 posibilidades y combinaciones de todo.
Esa idea única, monolítica, esencialista y que es “propiedad de Dios”, es fundante del patriarcado mismo, de la forma de gobierno, de la concepción misma de la lucha social como la imposición de una única verdad posible que debe ser hegemónica.
Es urgente cuestionarnos esa visión al interior mismo de los feminismos y plasmar otras formas de discusión y de construcción política.
En ese contexto les propongo el desafío de comprender los feminismos no como una alianza ideológica donde el acuerdo sea el punto de cohesión al que necesariamente tengamos que llegar, sino como alianzas éticas donde lo que pongamos en discusión sean las bases de construcción y no las visiones ideológicas. No pongamos en discusión cómo entendemos el feminismo sino cuáles son las prácticas políticas que lo sustentan. Eso traslada la discusión exactamente a las formas como construimos feminismos.
Lo que les propongo es, ni más ni menos, cambiar de matriz de discusión del qué al cómo, no para sustituir un único contenido por un único modo, sino porque si el modo único de pensar está introyectado, el modo único de hacer es siempre inevitablemente múltiple y diverso. En el modo de hacer hay siempre muchas posibilidades, múltiples recetas, infinitas combinaciones.
Este traslado de la discusión feminista de lo ideológico a lo ético nos colocará la discusión en temas tan urgentes como la relación con el Estado, la relación con la ley, la relación con las grandes corporaciones, en lugar de buscar a la fuerza alguna esencia ideológica. No nos vamos a poner de acuerdo, no tenemos por qué hacerlo, ni mucho menos no tenemos por qué llegar a discusiones altamente destructivas que se repiten cíclicamente.
Para aterrizar voy a adentrarme en una de las cuestiones aparentemente más álgidas y dentro de la cual tengo ademas posición tomada: la cuestión abolicionismo vs. trabajo sexual o regulacionismo. Son discusiones que se reeditan en el tiempo sin lograr evolución alguna, donde las posiciones se defienden con beligerancia y sentido de verdad absoluta. Tengo posición tomada al respecto: soy co autora del libro Ninguna Mujer Nace Para Puta, conozco la historia real de Sonia Sánchez y no la que inventa para sus financiadores y la prensa sensacionalista; el libro mismo me ha sido robado porque mi co autoría ha sido borrada de la discusión porque resulto un personaje incómodo y porque no le sirvo al abolicionismo. Bien, tomando esa discusión como ejemplo: ¿qué pasa si decidimos no ponernos de acuerdo? ¿Qué pasa si decidimos que no hay dos posiciones, sino muchas posiciones distintas al interior del universo de la prostitución como situación y como trabajo? ¿Que pasa si decidimos no jugar a Dios y no definir cuál posición es correcta y cuál no? ¿Qué pasa si en lugar de que una mujer hable a nombre de todas nos preguntamos por la construcción de espacios donde muchas mujeres desde la explotación sexual hablen desde sí mismas? Lo dejo ahí como desafío.
Lo cierto es que el antagonismo ideológico no es ni más ni menos que aceptar una simplificación de la cuestión que no sirve sino para inflar el ego o la billetera de unas o de otras, pero no para transformar nada.
La confluencia feminista
¿Cómo constuir una confluencia feminista entonces? ¿Cómo construir un punto de cohesión, de contención? ¿Cómo construir eso que nos resuene a todas? Pienso en la performance de Las Tesis, que nos resonó en los corazones y sin discusión alguna nos pusimos a contemplar, ensayar, viralizar y sentir como representativo de todas.
El desacuerdo enriquece, la deformidad/no uniformidad de los feminismos enriquece,pero necesitamos un punto de confluencia, un hilo que nos conecte como movimiento planetario. Un hilo que nos permita leernos y reconocernos unas a otras y otras sin perder las diferencias, sin reducir las diferencias a una sola matriz, ni a una sola posibilidad. Necesitamos un punto de confluencia que nos sirva de espejo y que represente lo que yo llamo un sentido de época para nosotras y todas nuestras luchas. Un sentido de época utópico, largo, ancho, contenedor, revolvedor, provocativo, seductor, sedicioso, sediento.
Un sentido de época que no minimice, ni relativice lucha alguna, que no sienta hegemonía temática ninguna, que no implique señalamiento de vanguardia.
Ni la igualdad hombre-mujer, ni los denominados derechos de las mujeres funcionan como tales porque ambos han sido deglutidos por el sistema, por el capitalismo, por el neoliberalismo, por la lavadora de la Historia que los ha convertido en retórica desechable para uso conveniente del utilitario de turno.
Permítanme decirles que la DESPATRIARCALIZACIÓN es esa palabra que puede englobar, cohesionar, abrir un nuevo sentido de época, marcarse como utopía general, como utopía en la que bordar contenidos, como sentido colectivo en el que inscribir prácticas y saberes. Despatriarcar, en su forma de verbo, es lo que queremos hacer y hacemos las feministas con la familia, con la tierra, con la comida, con el trabajo, con el arte, con la vida cotidiana, con el espacio, con la salud, con el sexo. Lo nuestro no es un proyecto de derechos: es un proyecto de transformación de estructuras y la despatriarcalización como horizonte de época refleja precisamente eso. Es una gran puerta donde caben caóticamente todas nuestras luchas.
La despatriarcalización nos ubica, además como movimiento sediento insaciable que no se lo puede devorar ninguna conquista, ningún gobierno.
El feminismo intuitivo vrs. el academicismo
Esta es otra de las contradicciones presentes al interior del movimiento: un feminismo académico con teóricas salidas de las universidades y que construyen y manejan un discurso feminista académico, academicista en muchos casos, y que se presenta como el nucleo teórico del feminismo. Un feminismo que básicamente ha anclado su pensamiento en un feminismo eurocentrado, del cual este núcleo es agencia importadora de discusiones y que se alimenta de la legitimación de la academia en los centros del Norte, frente a un supuesto feminismo “sin discurso propio” que vendría a ser el feminismo de la movilización y de la calle, que parece no tener otra alternativa que consumir ese feminismo académico.
Lo que planteo es que ese feminismo de la calle tiene nombre y se llama “feminismo intuitivo”. No responde a una instrucción ideológica y no responde a una lectura académica, sino que responde a una decisión existencial y a una lectura directa y vivencial de su cuerpo, de la calle, del cuerpo de su madre, de su tierra, del barrio, de la cárcel, de los juzgados, del desempleo.
No es un feminismo carente de discurso, sino un feminismo cuyas protagonistas son voces silenciadas sin foro, ni micrófono. Es el feminismo intuitivo que está llenando las marchas, las asambleas. Es el feminismo intuitivo que está desestabilizando al patriarcado.
Ese feminismo intuitivo necesita escucharse a sí mismo. Necesita foros deliberativos para conectarse como cuerpo actuante. No necesita foros de expertas a quienes ir a escuchar, sino que necesita foros de otorgación de reconocimiento y escucha horizontal. Eso son lo que desde Bolivia hemos llamado Parlamentos de Mujeres: la capacidad de escucharnos sin representación y búsqueda de acuerdo, sino construyendo colectivamente un mosaico complejo de visiones diferentes que se integran por su complejidad. El Parlamento de las Mujeres construido desde el feminismo es hoy en Bolivia el único lugar deliberativo, el único lugar social abierto y transparente que el poder no sólo no puede controlar, sino que tampoco puede siquiera entender.
Las alianzas éticas no ideológicas nos empujan a repensar alianzas no explicitadas que son las que hoy circulan sin ser discutidas.
Estas alianzas son:
- Las alianzas identitarias cuando hablamos, por ejemplo, de un feminismo indígena cuyo sentido de confluencia es una supuesta esencia indígena anti blanca.
- Las alianzas generacionales que terminan o instalando una mirada gerontocrática sobre las jóvenes, o a la inversa un rechazo generacional por las mujeres jóvenes hacia las mayores.
- Las alianzas victimistas construidas en torno del dolor como lugar de enunciación política y que repiten una y otra y otra vez el mismo discurso, son las alianzas que funcionan por ejemplo unicamente en torno del femincidio, el acoso o la violación, pero no funcionan en torno de otros horizontes o no repiensan esos mismos lugares no desde la victimizacion sino desde la rebeldía.
- Las alianzas territoriales que no se conectan más allá de un contexto geográfico.
Todas estas alianzas pueden ser legítimas, pueden ser espontáneas, pueden ser coyunturales. La pregunta es si son subversivas, si nos permiten repensar los feminismos y construir nuevos lenguajes.
El desafío
El feminismo nunca debería convertirse en un singular, sino mantener una estructura plural que le da su marco infinito de acción.
El feminismo no debiera destruirse en discusiones ideológicas en las que participan unas pocas voceras, pero que rompen y fragmentan la posibilidad de confluir.
El feminismo no debiera ser devorado ni por un gobierno, ni por un partido, ni por una consigna, ni por la oferta de un derecho ni por una corporación y para que eso no pase debiera construir un punto de confluencia anti sistemo, utopico e insaciable.
El desafio frente al cual estamos paradas es el de la privatización de la política y la necesidad de inventar otros marcos, por tanto no deberíamos actuar como restauradoras de los viejos marcos, sino dejarlos caer.
El desafio frente al cual estamos paradas es el del fascismo que viene directamente destruir el espacio abierto por nuestras libertades, rebeldías, irreverencias. No necesitamos buscar un salvador o salvadora, héroe o caudillo que nos proteja, sino que necesitamos multiplicar a tal escala esas rebeliones para que precisamente ese fascismo fundamentalista no logre hacer nada.
El desafío frente al cual estamos paradas es el de convertirnos en una máquina de producción de justicia feminista, pasar del colapso en el que hemos dejado a los sistemas de justicia estatales a la producción de justicia feminista.
El desafío frente al cual estamos paradas es el de producir nuevos sentidos y formular infinitas utopías para colocarnos dos pasos por delante de la amargura, de la cooptación, de la repetición.
Dejar de hablar de derechos y empezar a hablar de utopías.
Dejar de hablar de inclusión y pasar a hablar de revolución.
Dejar de hablar de feminización y pasar a hablar de despatriarcalización.
Nota
Glaciares: audiencia en la calle contra la democracia derretida

Una audiencia pública espontánea y callejera resolvió hacer un encuentro en el mástil de Parque Centenario el próximo sábado a las 16, tras el comienzo de la audiencia en Diputados supuestamente destinada a tratar la reforma de la Ley de Glaciares. La reunión convocada por el oficialismo fue impugnada por distintos bloques de diputados al no ser audiencia, ni pública, ni cumplir siquiera con lo que se había planteado al permitir solo 360 intervenciones: el 0,3% de las 104.172 personas y organizaciones inscriptas para exponer. Lo que dijeron quienes pudieron hablar y lo que pasó en la calle frente a las vallas policiales que impedían el acceso al Congreso. La judicialización de la reforma, los cuestionamientos, los efectos ambientales, las 3E, y la hipótesis de una consulta popular.
Por Sergio Ciancaglini Fotos Juan Valeiro/ lavaca.org
El clásico anochecer de un día agitado se produjo este miércoles en la esquina de Riobamba y Bartolomé Mitre, donde una audiencia pública, popular y callejera formada por cientos de personas reunidas espontáneamente, instaló sillas y cortó el tránsito frente a las vallas policiales que impedían acercarse al Congreso, pero que funcionaron como paspartú para carteles en los que se leía: “La Ley de Glaciares no se toca” y “El agua vale más que el oro”.
La historia había cambiado a las 5 de la tarde, mientras continuaba la audiencia oficial presidida por los libertarios Nicolás Mayoraz y José Peluc (sic), que además habían restringido las restricciones al pasar de 5 a 4 minutos cada exposición. Pero a esa hora el médico Damián Verzeñassi, del Instituto de Salud Socioambiental de la Facultad de Ciencias Médicas de Rosario (uno de los que no pudo hablar) se planteó si no sería mejor abandonar la espera frente al Congreso, y trasladarse a Riobamba y Mitre (a metros de la sede de lavaca y MU). El grupo, pequeño al principio fue creciendo con el aporte de figuras políticas como Eduardo Valdés, Cecilia Moreau, Leonardo Grosso, Néstor Pitrola, Juan Grabois, Nicolás Del Caño, Paula Penacca, Sabrina Selva y Gabriela Estévez, que acercaron apoyo y sillas de plástico, consiguieron un megáfono y permitieron que la nueva audiencia fuera tomando cada vez más volumen, cortando el tránsito en toda la zona (en mucho menor medida que la policía, que es la que provoca el embrollo mayor de cada miércoles).

El inesperado punto de encuentro de quienes se manifestaron: Riobamba y Bartolomé Mitre, Buenos Aires, pero pensando en el país entero.
Con carteles que planteaban que “la democracia no se censura”, esa especie de asamblea resolvió una convocatoria para el sábado 28 en el mástil de parque Centenario para seguir discutiendo acciones frente al proyecto de modificación de la Ley de Glaciares que ya aprobó el Senado. A punto de volverse a Rosario, Verzeñassi planteó a lavaca: “Si no pueden escuchar a la cantidad de gente que se anotó porque no se supieron organizar ante un tema tan crucial como este, lo que podría zanjar la cuestión es una consulta popular”.

Néstor Pitrola, Nicolás Del Caño, Eduardo Valdés, Paula Penacca, Sabrina Selva, Juan Grabois, Leonardo Grosso, Lorena Pokoik, Cecilia Moreau, Fernanda Miño y Gabriela Estévez.
La política hipoacúsica
Desde el parlamento llegaba otra opción: la impugnación de la audiencia (exigida por Sabrina Selva, Gabriela Estévez, Lucía Cámpora, Abelardo Ferrán (UxP), María Inés Zirgaran (UCR-Provincias Unidas), Adriana Serquis (Fuerza Patria-Río Negro); Maximiliano Ferraro (Coalición Cívica), Pablo Juliano (UCR), Juan Brügge (Demócrata Cristiano) y Pablo Farías (Provincias Unidas). Los legisladores plantearon que se restringió la participación ciudadana y se vulneran normas como la Ley General del Ambiente, la Constitución Nacional y el Acuerdo de Escazú (que obliga a los países firmantes, como Argentina, a garantizar la participación pública en decisiones relativas al medio ambiente. Puede recordarse además el Convenio 169 de la OIT sobre la consulta previa, libre e informada a las comunidades originarias sobre proyectos que afecten sus territorios, cosa que –con la coherencia habitual– no se realizó en este caso.

Otra estrategia de quienes intentan impedir que se tumbe la Ley es la de judicializarla, planteando la invalidez tanto de su trámite como de sus contenidos.
En el recinto, tras casi 10.50 horas de exposiciones, Mayoraz declaró terminada la audiencia. Propuso que quienes no pudieron hablar ante los diputados “graben un video”, cuyo destino cualquiera puede imaginar entre legisladores que ya tienen definido su voto y en la sesión se dedicaron a provocar e interrumpir, o simplemente a no prestar atención. Hay casos como el del diputado Nicolás Massot quien ya declaró que votará favorablemente las modificaciones. Traducción: la “audiencia pública” (audiencia viene de oír, de escuchar) es irrelevante porque estos señores y señoras ya decidieron, sin escuchar si quiera a las personas y comunidades afectadas.
Tales actitudes explican que la gente que acudió a la convocatoria parlamentaria en la que nadie parlamentaba, haya utilizado conceptos como “parodia” o “farsa” para definirla.
Síntoma de peligro no solo para los glaciares sino también para una democracia sometida a la misma lógica inflamada y recalentada en la que se destruyen trabajo, territorios y lazos sociales, mientras no aparecen ideas para mejorar la situación.
Solo las tradicionales 3E: extractivismo, endeudamiento y especulación.

Motosierra contra los glaciares
La Ley de Glaciares 26.639 es de 2010. El Senado la modificó a fines de febrero de este año para reducir las áreas protegidas y permitir la actividad minera, a tono con las aspiraciones aceleradas del gobierno. Lo que está en juego es menos del 1% del territorio cordillerano al que las corporaciones mineras siguen acechando con llamativa facilidad para adquirir adhesiones de funcionarios y legisladores provinciales y/o nacionales.

Se buscar achicar sobre todo las zonas periglaciares: las que rodean a los glaciares o aquellas en las que hay hielo permanente. No se sabe (o sí) el efecto de la minería en esos lugares sobre las propias zonas glaciares ya afectadas por el cambio climático. Se afecta además a una de las principales fuentes de agua dulce del país, de la que dependen 7.000.000 de personas, sin contar el desastre ambiental que significaría la actividad según los cánones un tanto turbios de las compañías mineras, en un país en el que el actual presidente, en campaña, defendió a quienes contaminan y aseguró que “el agua sobra”.

El proyecto aprobado por el Senado en febrero pasó a Diputados, obligado a llamar a una audiencia pública. Este miércoles fue presencial, y jueves virtual.
La respuesta rompió todos los moldes: hubo 104.172 inscriptos. Los libertarios Mayoraz y Peluc (sic), quienes presiden la comisión de Asuntos Constitucionales y la de Conservación del Medio Ambiente (sic), permitieron que haya en ambos días apenas unas 360 exposiciones.
Para el resto (103.172 personas) queda la chance de mandar videos que serán subidos al YouTube de Diputados, lo que garantizaría que nadie los escuche jamás.

El Dr. Damián Verzeñassi, del Instituto de Salud Socio Ambiental de la Facultad de Ciencias Médicas de Rosario.
Regresión democrática
Habló Marta Maffei, ex diputada que elaboró la Ley aprobada en 2010 (tiene 85 vitales años, y fue también, como secretaria general de CTERA, una de las inspiradoras de la Carpa Blanca en defensa de los docentes en tiempos menemistas). Contó sobre glaciares: “Estuvimos un año trabajando la ley, consultando con académicos, con instituciones, con entes especializados (…) y también con las comunidades que siempre se quedan afuera, las asambleas y los pueblos originarios fueron consultados para la redacción de la Ley”.
Agregó que las modificaciones que buscan instalar “omiten rigurosamente todos los recaudos legales y constitucionales establecidos en la legislación vigente. Una profunda ilegitimidad que un puñado de diputados pretende sanear con esta farsa con pretensiones de audiencia pública. Es una farsa cuando solo el 0,4% de los inscriptos puede hablar y esto quiere decir que el 99,4% se quedaron afuera sin ninguna posibilidad de hablar”.

Hizo una aclaración crucial: “Mi participación acá no convalida esta aberración disfrazada de audiencia pública y me reservo el derecho de iniciar las acciones legales que correspondan en el tiempo que corresponda. Y voy a decir por qué esta ley no es conveniente para el pueblo y no respeta absolutamente nada de la legislación vigente”.
Definición sobre la intención de modificar la Ley de Glaciares: “Definitivamente no solo es regresiva en materia ambiental, es regresiva en materia jurídica y es regresiva en materia democrática, el pueblo afuera. Esto no es democracia de ninguna manera”.
Sobre los efectos que tendrían las actividades mineras en el agua: “En esa agua, en el agua nuestra de los glaciares, se derrite cesio, radón, estroncio, uranio, metales pesados. No se van más del agua. Esa agua queda inservible para toda la vida y para todas las vidas”.
A los diputados que le gritaban para interrumpirla los calificó como ignorantes. Y habló de la definición de Naciones Unidas: “Bancarrota hídrica porque el 75% de la población mundial vive en espacios donde escasea el agua, donde es insuficiente o donde está contaminada. ¿A dónde vamos? ¿Cuál es el colapso que van a generar para nuestro pueblo y para nuestras vidas? Por favor, Les pido que reflexionen. El pueblo tiene memoria. Lo que hoy van a hacer no se lo van a olvidar más”.

Palabras y acciones
Andrés Napoli, de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN) calificó como fraudulenta a la audiencia y como inconstitucional al proyecto de modificaciones: “Sepan una cosa, la única seguridad que van a tener es que va a haber cientos de demandas, que va a haber un litigio abierto por mucho tiempo, que por cada glaciar al que quieran sacarle la reserva estratégica de agua se van a presentar miles, los cientos de miles que quedaron afuera hoy. Porque además estas generaciones y las futuras van a seguir defendiendo algo mucho más importante que los minerales para su vida, que es el agua. La ley de glaciares no necesita ni modificarse ni interpretarse, necesita ser cumplida”.
Varias oradoras y oradores recordaron que “cuando se daña un glaciar no hay remediación posible. No es un bosque que se replanta, no es un río que se limpia, es agua milenaria que desaparece para siempre”.
Irina Armendáriz, de Catamarca, agregó algo de lo que se habla poco: “Nos dicen que sin minería no hay trabajo, o sin minería hay pobreza. En Catamarca tuvimos uno de proyectos más grandes del país (Bajo Alumbrera) y sabemos que para extraer minerales se utilizaron millones de litros de agua por día en una provincia donde el agua escasea. Sabemos que hubo derrames que afectaron ríos y producciones agrícolas (que fueron probados penalmente). Sabemos que la riqueza se fue y la contaminación quedó, quedó el cáncer, quedó la división del pueblo, quedó la represión. Entonces la pregunta es, ¿de qué empleo estamos hablando? ¿De qué inversiones estamos hablando cuando se debate la vida, cuando se debate el futuro del país? Esto no es solo un problema ambiental, es un problema social”.
La legisladora provincial de Río Negro Magdalena Odarda anunció “la decisión mayoritaria” de la legislatura provincial “en cuanto a defender la actual ley de glaciares y evitar cualquier tipo de modificación que altere su alcance y su espíritu”.
Sobre la idea de soberanía: “Si dejamos el agua en manos de las empresas extranjeras, estaremos entregando la soberanía nacional. Por eso, diputados y diputadas, a todos los ciudadanos que hoy están presentes y a todos los que quedaron afuera como los miles de rionegrinos que hoy no pudieron expresarse, les digo: esta ley la parió el pueblo, y la va a defender el pueblo”.
Mientras las intervenciones continuaban, en la calle la gente se seguía juntando y fluyendo para tomar decisiones sobre cómo continuar y cómo convertir esas palabras en acciones en cada lugar del país.

Documental a un año de la represión del 12 de marzo
Imagen sobreviviente: el fotógrafo, el hincha y la jubilada

El 12 de marzo de 2025, hinchadas de fútbol se autoconvocaron para acompañar la marcha de jubilados y jubiladas. Ese día la violencia desplegada por Patricia Bullrich hirió gravemente a Pablo Grillo, Beatriz Blanco y Jonathan Navarro. Este corto documental de Cooperativa Lavaca vuelve a esa jornada y a una imagen de solidaridad que sigue sobreviviendo.
Nota
MU 211: Método Pablo

Todo lo que le salvó la vida a Pablo Grillo, fotorreportero herido tras un disparo de Gentarmería hace un año. Lo que enseña su pelea contra la muerte, que terminó ganando gracias a la solidaridad y una red de salud pública y afecto que sigue viva.

Pablo Grillo: Salvar la vida
¿Qué le salvó la vida al joven fotógrafo atacado por la Gendarmería? La gente que lo ayudó tras el disparo, la que lo atendió cuando se preveía que lo suyo era quedar en estado vegetativo. Los familiares y amigos: la red que estuvo en los momentos más difíciles y armó un mapa de cuidados para salir con solidaridad y energía de la violencia y la oscuridad. Detalles de casi un año destinado a volver a ver esa sonrisa. La recuperación continúa: la vida le ganó a la muerte. Compartimos el QR para releer en lavaca.org la primera entrevista periodística brindada por Pablo. LUCAS PEDULLA

El bordado: Beatriz Blanco, la “jubilada patotera”
Fue agredida por un policía y cayó de nuca al asfalto durante una manifestación de jubilados. La escena se hizo viral como símbolo de la represión de cada miércoles. Beatriz pensó que había muerto pero sobrevivió al golpazo. Una causa instruida por la jueza Servini de Cubría avanza para condenar al policía que la atacó. Fue acusada por Bullrich de “jubilada patotera” y ella lo lleva con orgullo en una remera creada por sus hijas. Tiene 83 años, sigue yendo a la Plaza con su bastón y sus reclamos por una vida digna, y hace bordados para reflejar cosas alegres. LUCAS PEDULLA

El aguante: Jonathan Navarro, herido durante la represión
Un oficial de Prefectura le disparó a la cabeza durante la manifestación de hinchadas y jubilados, la misma en la que tiraron al piso a Beatriz Blanco e hirieron a Pablo Grillo. Perdió la visión del ojo izquierdo para siempre. Jonathan Navarro fue aquel día a la calle convocado por hinchas de su club, Chacarita, e indignado porque a su papá le habían sacado el acceso gratuito a los medicamentos. Hoy está desocupado. “Pero no me arrepiento de haber ido”. LUCAS PEDULLA

Renacer es posible: MU en Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur
Fue la fábrica Aurora Grundig, la del televisor “caro, pero el mejor”. Colapsada tras el menemismo, sus trabajadoras y trabajadores organizados en cooperativa la recuperaron para resistir el abismo del desempleo. Hoy enfrentan más de lo mismo. Pero son 133 personas, crearon un bachillerato, consiguieron 60 viviendas. El industricidio visto desde la óptica de quienes logran llevar adelante lo que la patronal hundió: otra forma de crear y sostener trabajo, en una isla que el gobierno busca despoblar. FRANCISCO PANDOLFI

En movimiento: Movilizaciones 2026
Más allá de todo el protocolo de represión oficial las calles fueron otra vez, durante este verano 2026, un lugar de expresión y reclamo frente a la crisis que está ocurriendo en el país y en una sociedad muchas veces vapuleada por las políticas del gobierno. Algunas imágenes para recordar estos días que todavía no sabemos qué historia terminarán escribiendo.

Crecer bajo el terror: Infancias y dictadura
Un grupo de hijos e hijas de desaparecidos comenzó un proceso judicial para que el Estado reconozca que la violencia ejercida sobre esas infancias también constituyeron delitos. Es un proceso inédito que llega luego de un análisis y reconstrucción de testimonios sobre cómo funcionó el terrorismo de Estado en sus operativos, cautiverios y crímenes. Una investigación crucial que reúne los testimonios de Teresa Laborde, María Lucía Onofri, María Eva Basterra Seoane y Dafne Casoy. EVANGELINA BUCARI

Carta abierta: Masacre planificada 2026
Retomamos la Carta de un Escritor a la Junta Militar –enviada por Rodolfo Walsh el mismo día de su desaparición– para trazar una sintonía con el actual modelo económico. Lo ya vivido, frente a un presente alucinado. Y algunas pistas para intentar encarar lo que se viene. SERGIO CIANCAGLINI

Politizate: La Kalo
Es actriz, performer, canta, baila y agita en las calles y en las redes para combatir al fascismo y a la política tibia. Es drag y “vieja bruja”. Habla sobre dopamina, lucha de clases, therians, cultura, haters y kiosqueros. Historia y terapias para pelearle a la tristeza. FRANCO CIANCAGLINI

No podrán: Luciana Jury
Cantante y compositora con base en el folclore, causó revuelvo en el Festival de Cosquín por sus críticas al gobierno. La sobrina de Leonardo Favio y cómo protegerse y tejer alianzas en tiempos de hate, para que la cultura popular no solo resista sino también haga florecer. MARIA DEL CARMEN VARELA
Cabo suelto: Crónicas del más acá
Carlos Melone

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