Sigamos en contacto

Nota

Tragate esta pila: denuncia de vecinos contra Klaukol

Publicada

el

Con poquito aportás muchísimo ¡Sumate!

Una nueva amenaza contra Susana Aranda, vecina de Virrey del Pino que viene denunciando a la empresa Klaukol por contaminación, hace que compartamos esta nota publicada en la revista MU de octubre. Hace un mes, dos hombres le hicieron tragar dos pilas y, ahora, se presentaron en su casa para darle la tercera: “Una por cada punta de la estrella de Mercedes Benz”, le dijeron en referencia a que los agresores aseguran que la contaminación es por una planta de la automotriz. “La próxima es plomo”, agregaron. Encerrada en su casa, Susana y la asamblea siguen denunciando las muertes por cáncer, problemas respiratorios y casos de niños con plomo en sangre en Virrey del Pino, según avalan distintos estudios y desoyen las autoridades municipales y nacionales.

Veinticuatro horas después del Día de la Madre alguien tocó el timbre de la casa de Susana Aranda, en el barrio Las Mercedes, Virrey del Pino. Junto a un grupo de vecinos, Susana viene denunciando desde 2009 a la multinacional Parex-Klaukol por la contaminación del barrio, y hace un mes denunció que dos personas la interceptaron en plena calle y le intentaron hacer tragar tres pilas a punta de pistola: “Elegí vos: un plomo de 9 mm o tragarte esto”.

Una la escupió.

Las otras se pueden ver en la radiografía que Susana sostiene en la foto.

Tragate esta pila: denuncia de vecinos contra Klaukol

Cuando sonó el timbre, Susana salió. Pensó que era un vendedor. Dice hoy a lavaca: “Era un señor. Me dijo que había hecho trampa, porque pensó que me había tragado tres pilas, una por cada punta de la estrella de Mercedes Benz”. La referencia tiene que ver con que los dos agresores le habían dicho que la contaminación provenía de la multinacional automotriz. “Es la última pila. La próxima es plomo”.

El hombre se fue “como si nada”, dice Susana.

“Es muy cruel porque me hacen ver su impunidad y que nosotros, los vecinos, estamos solos”, dice la mujer. “Hoy no puedo ni salir a comprar. Estoy presa en mi propia casa”.

Ante estos hechos compartimos la nota publicada en la edición de septiembre de MU, que incluye una entrevista con Susana después de tragarse con dos pilas, la voz de la empresa y de dos ,  una crónica por el barrioautoridades municipales, y una crónica del barrio del terror.

Tragate esta pila

Sospechas de contaminación, vecinos con graves enfermedades y una causa judicial que no avanza. Ahora se suma una vecina a la que obligaron a tragar dos pilas. ¿Qué pasa en La Matanza con Klaukol? ▶ LUCAS PEDULLA

Son las nueve y media de la mañana del lunes 26 de septiembre en una galaxia llamada La Matanza, y desde la Unidad Funcional de Instrucción N° 8 un joven emerge de la maraña de expedientes a un pasillo blanco, con sólo dos sillas, donde conviven a una distancia de cinco metros una mujer que llegó a denunciar violencia machista y otra mujer que llegó a denunciar que dos hombres le hicieron tragar dos pilas.

-Susana Aranda -llama el joven.

La mujer de las pilas mira y es invitada a pasar. Susana Aranda, 58 años, costurera, se levantó temprano y sólo tomó dos mates para salir a las ocho de la mañana de su casa en el barrio Las Mercedes, en la localidad de Virrey del Pino, para cruzar de punta a punta el municipio más grande del país y llegar a la ampliación de la denuncia que tramita bajo la carátula de intento de homicidio en banda. “Ya vine más de 30 veces por distintas denuncias”, dice Susana. “Si alguna se hubiera investigado, nada de esto habría pasado”.

Lo que pasó es una denuncia por contaminación a Parex Klaukol SA.

Lo que pasó es que dos hombres el 15 de septiembre pararon a Susana en plena calle, en plena mañana, a punta de revólver: “Elegí vos: un plomo de 9 mm o tragarte esto”, y le metieron dos pilas en la boca, que tuvo que tragarse.

Lo que pasa ahora es que está declarando Susana desde hace más de dos horas en esta fiscalía.

Cuando el sol se apagó

Parex Klaukol S.A. es la empresa multinacional líder en la fabricación industrial y venta de productos para la construcción. Klaukol S.A. se inició en 1972, se integró al Grupo Lafarge en 1999, que fue reemplazado en 2006 por ParexGroup, holding de morteros industriales que opera en 48 plantas distribuidas en 18 países. Una de ellas está ubicada en la galaxia matancera, precisamente en el kilómetro 44 y medio de la Ruta N° 3, frente al pequeño barrio Las Mercedes, en el que viven 300 familias.

“Antes había un tambo”, cuenta Susana Aranda, ya en el auto de su marido, de regreso al barrio. “Cuando se vendió a Lafarge y pusieron la bandera francesa empezó el movimiento. Más de 100 camiones por día. En cada loma de burro los camiones saltaban y les salía un humo blanco que era urticante para los ojos. Yo no sabía qué eran metales pesados ni que había emisiones gaseosas en el aire: nada. Hasta que en 2009 explotó la tolva” (una especie de embudo gigante).

La palabra explosión es literal.

“Fue como a las 10 de la mañana, pero quedó todo oscuro: el sol no se veía por el material y el polvo que flotaba en el aire. La tapa de la tolva salió volando y partió de punta a punta el techo de chapa de una casa. Los bulones se incrustaban en los árboles, en las paredes. A los 5 minutos vinieron con grúas, ingenieros y arreglaron todo. Pensamos que lo hacían de buenos que eran”.

La impresión duró poco: “Una tarde una vecina me avisa: ‘Susy, vamos a la sociedad de fomento porque Klaukol va a dar 5 mil pesos y artículos de limpieza y te hace limpiar toda la casa’. Fui: era mucha plata. Te hacían firmar un papel, pero algo me llamó la atención. Me pedían todos mis datos y planteaban que yo renunciaba a todo reclamo por contaminación de Parex Klaukol. ¿Contaminación? ‘No, es una formalidad para justificar los gastos’. No firmé. Miré a mi vecina: ‘¿Qué está pasando? No quiero plata ni nada, porque acá hay algo grave”.

Nadie firmó. Y empezaron a investigar.

Nacer sin rostro

Estudiaron qué materiales utilizaba Klaukol en sus productos. Hicieron rifas para pagar análisis del agua: “Encontraron metales pesados como plomo y cromo trivalente”. Los casos de vecinos enfermos y muertos en el barrio corrían de boca en boca, y comenzaron a asociar cada vez más esos relatos al material particulado que las tolvas de Klaukol emanaban día y noche. Un video grabado por un vecino impresiona: el polvillo forma una neblina difusa. Comenzaron acampes frente a la fábrica e incluso delante de la Embajada de Francia.

Como las Madres de Ituzaingo en Córdoba o los vecinos de San Salvador en Entre Ríos –que denunciaban las fumigaciones con agrotóxicos-, Susana improvisó censos caseros. Recorrió casa por casa para anotar cómo se formaba cada familia, sus enfermedades, qué remedios usaban, dónde se atendían. “Lo más didáctico posible”.

¿Qué vio? “Que era la misma historia en cada manzana. Problemas respiratorios, oftalmológicos, en la piel, broncopespasmos continuos, PAF. Y en cada familia, un fallecido por cáncer. No existe familia que no tenga casos de cáncer. Y si no está muerto, está terminal. Los Copotelli fallecieron papá, mamá y dos hijos. Toditos. En la familia Acosta fallecieron mamá, papá, un hermanito malformado y queda una sola sobreviviente que nació sin rostro. Sólo ojitos. Se le veían las amígdalas. Fue operada. Se fue. Y eso me da bronca. Nadie hace nada. Son muertes silenciosas”.

Seis meses de Soledad

Soledad Muñoz vive frente a la fábrica. “A mi nene le sangraba la nariz, tenía hematomas, vivía enfermo. Recorrí todos los hospitales. Le hacían pruebas de alergia. Lo internaron por neumonía, le dieron el alta, le agarró una recaída, y me dijeron que tenía leucemia. ¿Entendés que había estado 2 o 3 semanas internado y no dijeron nada? Lo llevé al Hospital Militar. Me preguntaron si vivía cerca de una fábrica. Les dije que sí y llevé una carta a la empresa para saber con qué químicos trabaja. Nunca contestaron. Mi nene estuvo seis meses internado, cumplió 5 años, y al día siguiente falleció”.

El nene de Soledad se llamaba Jonathan Gallegos y es uno de los cien nombres de personas enfermas o fallecidas que el abogado Jorge Taiah presentó ante el doctor Juan Pablo Salas, del Juzgado Federal N°1 de Morón, que instruye la denuncia penal de los vecinos. “En la causa no hay avances”, resume Taiah.

Salas emitió el sobreseimiento del único imputado en la causa (Jorge Daniel Hernández, director y vicepresidente de Parex Klaukol), pero la Cámara Federal lo rechazó ya que lo consideró “prematuro” porque aún hay líneas investigativas que no se han explorado.

Taiah y los vecinos exigen la recusación del juez Salas.

La investigación que falta

Una de esas líneas que impulsa la querella consiste en identificar insumos y materias primas que utiliza Klaukol, las hojas de seguridad de los materiales, indicar si se importaron insumos tóxicos y acreditar la presencia de fungicidas, pigmentos, antiespumantes y aditivos antihongos. También busca determinar el tratamiento de los residuos peligrosos: los vecinos afirman que son quemados y enterrados. La Autoridad de la Cuenca Matanza Riachuelo (Acumar) y el Organismo Provincial de Desarrollo Sostenible (OPDS) dieron cuenta de al menos 70 insumos utilizados por Klaukol, entre ellos sílice, cuarzo y fly ash (o ceniza volante). La querella adjuntó dos hojas de seguridad confeccionadas por Lafarge North America Inc, que advierten de su peligrosidad.

  • Irritación o inflamación ocular.
  • Irritación y quemaduras en nariz, garganta, pulmones e incluso asfixia.
  • “La inhalación prolongada o repetida de la sílice cristalina respirable de este producto puede causar silicosis, una enfermedad pulmonar gravemente in capacitante y mortal”.
  • “Las cenizas no figuran como cancerígenas en las listas de IARC (Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer) y NTP (Programa Nacional de Toxicología); no obstante, las cenizas contienen vestigios de sílice cristalina, que está clasificada por IARC y NTP como cancerígeno humano”.
  • Enfermedad renal.

Taiah: “Son todas enfermedades que denuncian los vecinos”.

Aranda completa la lista con un informe de la Acumar de 2014, que constató a partir de historias clínicas casos de dermatitis, conjuntivitis, bronquitis, broncoespasmo, rinitis, disnea. También relevaron anemia en embarazadas, trastornos de desarrollo psicomotor en niños y niñas. Todos  –todos- los chicos y chicas presentaron plomo en sangre, pero en 7 casos los valores superan lo permitido. Aranda: “Acumar nunca nos dijo quiénes eran. No los tenemos identificados”.

Estado mediático

En la foja 1.976 del cuerpo 10 de la causa (son 14 cuerpos), Parex Klaukol dice que “utiliza para su producción simple arena proveniente del río”.

MU pidió una entrevista con algún vocero de la empresa, pero el Gerente Institucional, Daniel Muñiz, la rechazó: “Nuestra voz es el juzgado”. ¿El juzgado? “La causa”, corrigió.

Dijo que los estudios de Acumar y OPDS sostienen que los valores están dentro de los parámetros establecidos y que la producción no tiene ningún secreto: “Es cemento, arena y cal. Ningún material pesa do. No hay un producto que tenga plomo”.

Muñiz rechazó por “maliciosas” las denuncias de los vecinos y destacó la “buena relación” que tienen con el barrio: “Si tuviéramos emisiones peligrosas estaríamos clausurados”.

El juez Salas tampoco aceptó una entrevista.

El secretario de Salud de La Matanza es el doctor Alejandro Collia, ex ministro provincial durante el gobierno de Daniel Scioli. Pese a los años del conflicto, no conocía el caso: anotó en un papel el nombre del barrio, el kilómetro, los reclamos y se comprometió a enviar un equipo epidemiológico para realizar un relevamiento.

Un piso más arriba, la secretaria de Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable, Karina Rocca, dice sobre Klaukol: “No hay ningún expediente que haya ingresado con una denuncia formal” y agrega que, sin desligar responsabilidades, la fiscalización del funcionamiento de la empresa corre por cuenta de la OPDS, al tratarse de una empresa de tercera categoría (es decir, peligrosa y de riesgo para la población) según la Ley de Industrias.

-¿Qué puede hacer la Secretaría?

-Intervenir en caso de que, como en esta situación, tome estado mediático la gravedad del tema. Uno puede actuar, como si dijera de oficio. Ahora pedimos la intervención de OPDS de manera urgente.

Rocca aclara que ha intervenido con clausuras de empresas de tercera categoría por contaminación. ¿Y si este caso se comprueba? “Puedo ir y clausurar”.

Rocca explica que Medio Ambiente aún no funciona mancomunadamente con el área de Industrias.

-¿El informe de impacto ambiental de Klaukol pasó por la Secretaría?

-No. Y por eso aparece una situación como esta, con vecinos que son a quienes te debés. Hay que asistirlos, escucharlos, dar respuestas.

Reitera que en el caso de Klaukol no hay expediente interno: “Pero esto está complicándose mucho, afectando aparentemente la salud. No tengo formalmente nada, porque si no sería la primera que iría a clausurar. Yo estoy del lado de los vecinos”.

Tragarse las pilas

Gisela Spinetta habla con su hija de tres años en brazos: “Tengo otro hijo de seis, y empezaron con sangrado en la nariz, vista irritada. Ya no me gusta nada. A ella la mandaba a un jardicinto acá cerca, pero no la mando más: salía siempre con diarrea, vómitos. Supuestamente tomaba el agua de la canilla. Está todo contaminado. Hace unos meses los de la empresa tiraron al costado de mi casa una camionada con la porquería que hacen ellos. No podía ni abrir las ventanas porque era terrible el olor. Mi hijo mayor, de 11 años, es asmático, vive con el padre en Capital. Prefiero que no venga porque cada vez que viene se me descompone”.

El abogado Taiah cuenta que uno de los argumentos de Klaukol sobre la contaminación del barrio es un supuesto entierro de baterías que Mercedes Benz hizo en los setenta. Algo de eso le mencionaron durante el atentado que sufrió Susana el 15 de septiembre.

Ese día había salido a ver si las tolvas de Klaukol estaban funcionando. Sacó algunas fotos. La interceptaron dos hombres.

La pesadilla: “Alguien me agarra del hombro, me abraza y me dice: ‘Hola, señora Aranda. Otra vez nos volvemos a ver. Me parece que le cuesta entender las cosas’. Era una persona que había visto una vez en el ascensor de la OPDS. Hablaba con tranquilidad. El otro le dice: ‘Cortala, apurate, dale’. Siento que me apoyan algo en el estómago. Me dijeron: ‘Elegí vos. Un plomo de la 9 mm que tenés en tu estómago o tragar esto’. Eran pilas de computadora, de esas redondas, como monedas de 2 pesos. Me las puso en la boca. Mordí una, sentí un gusto feo y me dieron arcadas. Me agarraron fuerte la cara para que no me moviera. Cuando se fueron me dijeron: ‘Ahora espero que sepas a quién pertenece lo que tenés en tu organismo’”. Le querían insinuar, piensa Susana, que la contaminación es por las baterías de Mercedes Benz. Cuando tragó las pilas le dieron un beso en la frente, y se fueron.

Ocurrió un jueves. “En el Hospital Posadas me dijeron que si evacuaba estaba todo bien, o tendrían que operarme. Estuve hasta el lunes con esto en mi estómago. Evacué a la madrugada. Mi hijo me dijo que me tendrían que haber puesto la antitetánica, porque si bien las pilas están bien selladas, corría el riesgo de una infección generalizada si mis jugos gástricos las oxidaban. En el PAMI no me creían: pensaban que había sido un intento de suicidio”.

Dice Susana:

“No puedo caminar sola, miro para atrás, tengo miedo a caerme, alguien se me acerca y siento que es sospechoso, me sobresalto. Paranoia, viste. Y no puede ser, yo quiero hacer las compras, mis cosas, pero tengo que estar dependiendo de los familiares. Tampoco quiero un guardia en mi portón. Quiero una vida normal: no hice nada malo. Yo al juez Salas le dije: ‘Métame presa, pero demuéstreme bien probado que yo estoy equivocada, y que usted hace bien su trabajo’. Me dolió salir a denunciar lo que me pasó. Si se hubiera investigado, nada de esto tenía que pasar. Si después de seis años estamos donde empezamos, algo está muy mal”.

Unos días después de esta charla con MU, Susana recibió una carta documento de Kaukol S.A. La empresa, a través de su apoderado, el abogado Gabriel Macchiavello, la intimó a que “ratifique o rectifique sus denuncias”. El mensaje no es claro, ya que Susana realizó las denuncias en sedes judiciales y gubernamentales, pero al menos sirvió para identificar al mensajero: es también asesor de Monsanto.

Tragate esta pila: denuncia de vecinos contra Klaukol

Nota

Entrevista al hermano de Luciano Arruga, a 17 años de su desaparición: “Los pibes no son lo que nos dicen”

Publicada

el

Con poquito aportás muchísimo ¡Sumate!

Sebastián Alegre es uno de los hermanos del joven desaparecido el 31 de enero de 2009 y finalmente encontrado enterrado como NN en el cementerio de Chacarita en 2014. Una parábola que solo deja en evidencia el encubrimiento por parte del Estado y que tiene a la Policía Bonaerense en el centro de las denuncias sobre el asesinato de este joven de 16 años, crimen que jamás se investigó a fondo. El pedido de memoria, verdad y justicia sigue intacto, y también la asociación de amigos y familiares empujando desde hace años un centro de memoria y arte, todo en un destacamento donde Luciano fue torturado, hecho por el que un policía fue condenado a 10 años de prisión. Este sábado recordarán a Luciano con una radio abierta, a las 16.30 horas, en Indart 106, Lomas del Mirador.

En esta nota -que recuerda a Luciano a 17 años de su desaparición y asesinato- repasamos el derrotero del caso que se convirtió en bandera de lucha contra la desapariciones en democracia en el país de los 30 mil, pero cuya impunidad persiste cada día. Sebastián, que tenía 13 años cuando Luciano, de 16 años, desapareció, recuerda a su hermano, cuenta quién verdaderamente era y lo conecta con los discursos actuales de la baja de imputabilidad.

Lo que cambió, y empeoró, en el barrio de 12 de octubre de Lomas del Mirador, con el avance del narco y la facilidad para conseguir armas. Lo que nunca llega: oportunidades y asistencia estatal para salir de la pobreza. Lo que ellos mismos encaran: organización y cultura “para darle otro camino a las juventudes”.

Por Lucas Pedulla

Su primera interacción con la policía fue a los 13 años. 

Estaba con su hermano Luciano y un amigo de él caminando hacia la Plaza del Cañón, en Lomas del Mirador. No hacía mucho que se habían mudado a esa localidad de La Matanza tras haber vivido en una pensión porteña de Flores y, luego, en la bonaerense Ciudadela. Sebastián sabía de la hostilidad de esos oficiales porque más de una vez lo habían amenazado sólo por estar jugando al rinraje en el barrio: “Pendejo, tomatelá, porque te voy a llevar”. 

Pero esa tardenoche fue distinta. Caminaban por avenida Mosconi cuando un patrullero los abordó a la altura de la Clínica del Buen Pastor, a tres cuadras de la plaza. “Me acuerdo que se bajó un oficial con la escopeta en la mano y se la pone en el pecho al amigo de Luciano. Le dice: Ponete ahí contra la pared. A Luciano le hace lo mismo. Vos también, me dice. Luciano se da vuelta y le dice: Él es menor. ¿Entendés? Él también era menor, nos llevábamos tres años de diferencia, según la época del año cuatro. Qué me importa, dice el policía y me pegó una patada que me hizo abrir las piernas y apoyarme contra la pared. Uno me palpaba, el otro seguía con la escopeta en la mano”.

Por esos años Sebastián (13) y Luciano (16) trabajaban juntos en una fábrica a pocas cuadras de su casa, en el barrio 12 de Octubre, un asentamiento de casas humildes que abarca una manzana. Uno de los límites del barrio da a una plaza que hoy lleva el nombre de su hermano. El otro límite, justo en diagonal a la casa en la que vivían, da a una zona residencial de clase media, vecinos que pidieron la creación de un destacamento policial ante la llamada “inseguridad” en la zona. 

Por esas calles caminaban Sebastián y Luciano para ir a la fábrica de hebillas para zapatos y cinturones, en la que trabajaban de ocho a diez horas al día. Hacían todo el proceso –tirar los moldes, lijar, pulir– menos la fundición, ya que era una máquina gigante que veían con mucho respeto. A los mediodías se iban a almorzar bajo algún árbol con sombra de la General Paz, la enorme avenida que divide a estos conurbanos de la Ciudad de Buenos Aires. Cuando llegaban los fines de semana, con sus salarios se iban a Liniers –frontera entre ambos mundos– a comprar ropa. Sebastián recuerda los consejos administrativos de su hermano: “Lu me decía: Comprate esto, comprate aquello y esto dámelo que lo guardo para casa. Todo pasaba así, hasta que hubo un momento en el que Luciano ya no estaba más…”. 

El 31 de enero de 2009, hace 17 años, Sebastián cruzó a su hermano mayor caminando por la calle Perú, la de su hogar. “Andá para casa, me dijo. Tengo el recuerdo que era de tarde, porque el sol le pegaba de frente. Fue la última vez que lo vi”.

Desde entonces comenzó un recorrido que tuvo a su mamá, Mónica Alegre, y a su hermana, Vanesa Orieta, haciendo lo impensado para saber dónde estaba y qué le había pasado. Sebastián empezó a ver cómo el nombre y el rostro de su hermano, Luciano Arruga, comenzó a imprimirse en carteles, pintarse en banderas, escribirse en paredes y gritarse en marchas. El pedido era “aparición con vida”, una consigna que se gritaba para los desaparecidos de la última dictadura militar, y congregó multitudes para saber qué había pasado con un chico pobre de 16 años. Su hermano, Luciano.

“Soy la mamá de un negro villero que se negó a robar para la policía”, escuchó Sebastián, de boca de Mónica, ese enero y cada enero en adelante, cuando se cumplían años de su desaparición. Y así, fue viviendo este doloroso camino a partir de los 13 años, la misma edad desde la que hoy quieren meter presos a los chicos con el nuevo proyecto de baja de imputabilidad, defendido por el Gobierno nacional y sus aliados. Su recuerdo de esa tardenoche camino a la Plaza del Cañón cobra entonces una triste actualidad, como las realidades que Luciano nos sigue revelando, a 17 eneros de su desaparición.

Entrevista al hermano de Luciano Arruga, a 17 años de su desaparición: “Los pibes no son lo que nos dicen”
Sebastián sostiene un dibujo con la cara de Luciano. «Aprendimos a luchar a través de Lu, gracias a él. Y también con su humanidad».

Racconto de un encubrimiento

Sebastián recibe a lavaca en el Espacio para la Memoria Luciano Arruga. El lugar está en Indart 106, en Lomas del Mirador, y es el mismo chalet donde funcionó el Destacamento Policial N°8, dependiente de la Comisaría 8°, un ex centro clandestino de detención en dictadura conocido como “El Sheraton”, una turbia ironía de los represores. El destacamento fue creado a instancias de un grupo de vecinos nucleados en la asociación Vecinos en Alerta de Lomas del Mirador (VALoMi). Su fundador, Gabriel Lombardo, sigue al día de hoy apareciendo en televisión reclamando “más seguridad” ante cada hecho del barrio. Sin embargo, esa dependencia, en verdad, sólo debía cumplir tareas administrativas porque no tenía las condiciones para llevar a personas detenidas, mucho menos un adolescente menor de edad. Pero allí detuvieron y llevaron a Luciano el 22 de septiembre de 2008, cuatro meses antes de su desaparición. “Vane, sacame de acá porque me están cagando a palos”, escuchó su hermana, Vanesa, que gritaba Luciano cuando lo fue a buscar a ese destacamento. Por ese hecho, en un fallo unánime, el Tribunal Oral en lo Criminal N°3 de La Matanza condenó al policía Julio Diego Torales a diez años de prisión por torturas físicas y psicológicas.

Familiares y Amigos de Luciano, la organización que encabezó la lucha todos estos años, logró también que ese destacamento se cerrara, aunque la Municipalidad de La Matanza, entonces encabezada -al igual hoy- por el intendente Fernando Espinoza, lo trasladó al predio Monte Dorrego, a tan sólo unas pocas cuadras. Para la familia, Espinoza y Daniel Scioli, el entonces gobernador bonaerense –antes peronista, hoy reconvertido libertario–, son los principales responsables políticos de la desaparición del joven. 

La expropiación del destacamento la consiguieron con acampes, radios abiertas y festivales multitudinarios. Allí abrieron un espacio para la “memoria social y cultural” de Luciano, que está pronto a comenzar sus jornadas de apoyo escolar para el barrio. “Queremos llenar de vida este lugar”, cuenta Sebastián, entusiasmado. 

Tras la detención de Luciano en septiembre del 2008, el hostigamiento y el verdugueo policial se acentuaron al punto de que el joven ya tenía miedo de salir de su casa. El 31 de enero de 2009, Luciano no volvió más. Según testigos, lo subieron a un patrullero y lo llevaron a la comisaría. La familia inició una denuncia en el fuero provincial que luego pasó al federal como “desaparición forzada de persona”. 

Cinco años y ocho meses después, el 17 de octubre de 2014, y tras presentar un nuevo hábeas corpus, la familia encontró el cuerpo de Luciano enterrado como NN en el Cementerio de la Chacarita. 

Según la reconstrucción, había sido atropellado en la madrugada de ese mismo 31 de enero luego de intentar cruzar –con ropa que no era de él– la General Paz por el medio, un lugar imposible siendo que la avenida tiene sus cruces peatonales. Herido por el atropello, Luciano fue trasladado en ambulancia al Hospital Santojanni, donde murió. Fue inhumado como NN, pese a que la familia de Luciano salió desde el inicio a denunciar su desaparición. La lupa de la familia se posaba sobre la Bonaerense, y luego la investigación les dio la razón: la persona que lo atropelló declaró que esa noche había visto una camioneta doble cabina sobre la colectora de la avenida. El conductor también dijo que Luciano “corría desesperado, como si estuviera escapando de algo”. Nunca se profundizaron estas líneas de investigación.

La autopsia de Luciano estuvo en el expediente desde 2010 pero ningún juez ni fiscal a cargo de la causa la vio. En cambio, pusieron la lupa en el entorno familiar. La fiscal Roxana Castelli derivó la investigación en la propia Bonaerense denunciada, incumpliendo el reglamento de la Procuración provincial, y el juez Gustavo Banco y la fiscal Celia Cejas pincharon los teléfonos familiares 15 veces, durante 1 año y 6 meses. Por ello, hace 12 años que Mónica y Vanesa iniciaron un pedido de destitución de estos tres funcionarios. Ni el jury ni la causa por la desaparición tuvieron avances ni detenidos. 

Palabras como negligencia, desorden burocrático, desidia o complicidad estatal son pocas para describir la impunidad que se construyó en torno a la causa de Luciano Arruga, en un país que evidenció, aún con 30.000 desaparecidos, la inexistencia de herramientas estatales para la búsqueda de personas desaparecidas.

Por eso, la familia afirma: “Lo mató la policía, lo desapareció el Estado”. 

Entrevista al hermano de Luciano Arruga, a 17 años de su desaparición: “Los pibes no son lo que nos dicen”
El Espacio para la memoria social y cultural «Luciano Arruga» funciona en un ex destacamento donde el joven fue torturado.

A través de Luciano

Sebastián, aquel niño de 13, hoy tiene 30 años. Trabaja en un vivero en Ramos Mejía y está por anotarse en las últimas materias para terminar el secundario. Hace pocos años que su voz se sumó a las de su mamá y su hermana para mantener viva la memoria de Luciano. Por eso accede a hablar con lavaca, y dice: “Hay algo muy tremendo que pasa cuando empezás a entender lo que es un desaparecido. Hace poco la pandemia se llevó a un montón de personas, pero a un amigo le podés decir: Che, tu abuelo está ahí, descansando. Lo viste, estuviste con él. Para nosotros, todos esos años fueron de un proceso de no poder darle nunca ese descanso, porque no lo tuvimos y hubo que aprender a lidiar con eso. 

Se te viene la frase nefasta de Videla: No está ni muerto ni vivo, está desaparecido. Es una mierda, porque es verdad. No teníamos forma de cerrar un ciclo. 

Por eso conseguir este espacio fue un hito, tenerlo para la lucha, darse cuenta que esto no era una problemática social, sino que abarcaba una problemática política más grande. Particularmente, con 13, 14, 15, 16, 17, 18 años, empecé a darme cuenta de que todo era parte de un problema sistemático: Luciano no era el único, no sería el último, y tampoco había sido el primero. Fue un camino de militancia entender eso. Y atravesar la adolescencia así. Fue muy groso ver a mi mamá y a Vane que supieron entender qué había detrás. No somos una familia que haya venido de la militancia. Mi abuela vino de Corrientes, del campo, con una mano atrás y otra adelante. Aprendimos a luchar a través de Lu, gracias a él. Y también con su humanidad, porque le gustaba la música, era hincha de River, estudiaba, alguna vez se enamoró. La lucha fue un simple acto de humanidad. Creo que por eso también se acercó tanta gente. Incluso hoy. A 17 años no tenemos una verdad concreta, una justicia absoluta de lo que pasó con Luciano. Seguimos reclamando el derecho a la verdad y a saber. Seguimos preguntándonos qué pasó. Es un hecho que sigue siendo doloroso, pero lo interpelamos desde otro lugar, proyectando cosas buenas, ideas para el espacio, para brindar oportunidades a los chicos del barrio”. 

Sebastián dice eso y mira las calles del barrio con preocupación: “Veo con urgencia que están queriendo aprobar la baja de imputabilidad. Llegué a escuchar gente que pedía la baja hasta los 12 años. Podemos, si querés, meterlos desde que tengan chupete, pero sacame una ley para que eso se revierta porque en diez años, si no, vamos a tener a todos los pibes presos. No estás ofreciendo otro camino para que los jóvenes no delincan, para que no se metan en el narcotráfico. Los 13 es una edad donde el pibe está forjando su vida, pero hoy está atravesado por toda una falta de instituciones hasta llegar, finalmente, al penal”. 

¿Qué ves que cambió de hace 17 años a hoy?

Lo narco avanzó mucho, y conseguir un arma es súper accesible. Pareciera que estamos en Estados Unidos, como si la compraran en WalMart. Hay muchos pibes con problemas de adicción, falta de contención, una población hecha mierda, otra pidiendo justicia, alguna gente que hace la diferencia y otra en situaciones cada vez más marginales. 

Sebastián trae el caso de Uriel Giménez, el chico de 12 años asesinado por la policía en medio de una persecución en Tres de Febrero. Por las redes se viralizaron fotos de Uriel con un arma, lo que trajo una cloaca de comentarios estigmatizantes: “Siento que el eje de la lucha se perdió. No pasa por si somos más de izquierda o de derecha, sino entender que un chico de 12 años no tendría que estar en esa situación. Hoy llega más rápido el narcotráfico y la delincuencia a la puerta de tu casa que el asistente social. No es azar, estamos en una sociedad muy individualista, carente de valores y necesidades. Antes la maestra podía hacer un acompañamiento, pero hoy tiene que agarrar tres turnos para cubrir un alquiler que le vale el doble que cuando empezó a alquilar. A la abuela de ese chico, posiblemente, ni siquiera le alcanza lo que tiene para ir al súper. Vivimos en el medio de un montón de violencias institucionales que terminan encadenando hechos represivos”. 

Lo que decís de Uriel me hace acordar a Santiago Beltrán, un chico de 15 años asesinado por una Policía de la Ciudad en Moreno. Las coberturas mediáticas y sus comentarios festejaban la muerte de un delincuente. ¿Cómo damos vuelta esa crueldad?

Hay que conectar con el de al lado, pensar qué pasó con este vecino, en vez de mirarlo por las redes, que te queman las neuronas. Hay que recuperar el contacto físico de acercarse al vecino. ¿Qué hubiese pasado acá si los vecinos decían lo que pasaba en este destacamento? Tendríamos que volver a las raíces, como comunidad, juntarnos para denunciar hechos violentos e institucionales. Que sean los vecinos los que se pregunten por qué en la escuela del barrio dejaron de ir 10 pibes. Uno, porque nos vuelve más empáticos. Dos, porque nos conecta con el otro. Y tres: porque es entender el barrio en el que vivimos. 

Familiares y amigos recordarán a Luciano este 31 en el espacio con una radio abierta, a partir de las 16.30. Piden a quienes se acerquen que traigan como donación alimentos para la merienda y útiles para las jornadas de apoyo escolar que están por comenzar. 

“No sé si encontrar a Luciano me dio justicia o paz, a mí lo que me da paz es esto”, dice Sebastián, señalando el espacio, y completa: “Saber que hay un lugar para la contención de los pibes, para que puedan venir a hacer una huertita, hacer una murga, hacer música. Que sepan que hay un lugar en el barrio donde se puede pensar la vida. Queremos enfocarnos a que haya infancias y juventudes. A transformar el dolor en más risas. A salir del negacionismo y del individualismo que plantea día a día esta sociedad. Los pibes no son lo que nos dicen, no nacieron así. Queremos otro camino para las juventudes. Y, acá, tienen ese espacio”. 

Seguir leyendo

Nota

Mariano Magnifico: Actor, bailarín y examinador del lenguaje

Publicada

el

Con poquito aportás muchísimo ¡Sumate!

Utiliza las redes para difundir ideas sobre cómo hablamos para hacer pensar y reír, pero también para «tejer comunidad» a través de discursos. ¿Educador o performer? Las malas palabras, el shock, la literatura y su marca «Hablen bien, forros»: vida y obra de este joven multidiplomado que estudió Letras y hace temporada en Mar del Plata.

Por Carlos Ulanovsky

Actor, músico (completó la tecnicatura en canto en el conservatorio Manuel de Falla), figura del teatro musical, Mariano Magnifico (sin tilde) es licenciado en Letras por la Universidad de Buenos Aires, tiene una maestría en Sociología de la cultura por la Universidad de San Martín y está a una materia de recibirse de filósofo.

Nunca se rindió porque, una vez, medio en broma, bastante en serio -y también siguiendo una inequívoca tradición familiar: padres y hermanos docentes – el bailarín (discípulo de Elizabeth de Chapeaurouge) sacó a bailar a la forma de hablar de los argentinos.

El performer se convirtió en comunicador, el dramaturgo y productor devino en un original examinador (algunos ya le endilgaron el hoy inevitable título de influencer) de la lengua”.

En Instagram y TikTok más de 700 mil seguidores consultan sus instrucciones. Pero, avisa, también está identificable en todas las redes con su nombre y apellido: Mariano Magnifico, sin tilde.

Mariano Magnifico: Actor, bailarín y examinador del lenguaje

Foto: @brunogreppi

Mal hablados

Una vez, explicando las diferencias entre sino y si no, se desayunó con la sorpresa de que su explicación se había vuelto masiva, o como ahora debe decirse, se viralizó. A salvo del virus, la fuerte repercusión lo enfocó en la nueva tarea.

No solo lo ponían de la nuca el uso inadecuado de ciertos términos (“Si tendría” o “Si podría”, ilustra) sino que, en alguna ocasión, explicando con glamour y documentación que “había un hacia con h y con c y un Asia que es escribe con mayúsculas, que lleva s y es el nombre de un continente”, cayó en la cuenta que entre el lenguaje cotidiano y él había algo personalísimo.

La coloquial frase de presentación – “Hablen bien, forros”- se convirtió en el 2022, post pandemia, en el libro La divina lengua (editado por Galerna); luego en un unipersonal que sigue representando; y más adelante en un canal de YouTube por suscripción, por el momento gratuito.

No admite que esta nueva actividad que desarrolla con esmero y conocimiento sea su lado B. “Soy todo Lado A e intento compartir con el público lo que tengo”, dice quién sigue en plena actividad artística. En años recientes integró los elencos de La selección musical y Benito de la Boca; de Teresita, una vida de mierda y de Kinky Boots; de Al bárbaro le doy paz, tributo a canciones de María Elena Walsh y de Pretty Woman en donde personifica a un celebrado recepcionista de hotel.

Es posible imaginar que todo pudo haberse iniciado por ser el portador de ese pedazo de apellido, original de la región de Molise, en el centro sur de Italia. Con seguridad apellidarse de ese modo no le ahorró explicaciones, o la necesidad ajena de acercarse con chistes como ‘¿Cuándo vas a Mc Donald’s comés la Mcnífica?’.

Lo magnífico de su Magnifico es que no lleva acento y proviene del verbo magnificar que, de acuerdo a un diccionario confiable, significa “engrandecer, alabar, ensalzar”. Una vez más aclara: “Mi apellido no lleva tilde, según la teoría, porque la tilde no existe en italiano. Pero yo creo más bien que es por la poca ortografía que tenían los trabajadores que anotaban a los inmigrantes”. Se ataja y afirma: “No me considero un educador. Ni a mí mismo me educo. Me cuesta decir que soy especialista en algo. Mi vida fue siempre una chicha y limonada a la vez. A partir de La divina lengua los senderos bifurcados se unificaron en una sola locura”.

Rechaza la presión de los saberes consagrados: “En lugar de erudito, soy eructito”. Relativiza: “Vivimos en una sociedad del shock y el lenguaje es representativo de ese modo de vida”. Lo cierto es que ahora no solo gasta zapatos sobre escenarios cantando, bailando y haciendo morisquetas, sino que sube a ellos para ofrecer charlas, talleres y presentaciones personales.

A la manera de los renacentistas del siglo 16 interesados en distintas disciplinas, Mariano es un representa siglo 21 de esa corriente. En el invierno de 2024 estrenó en el San Martín la obra Instrucciones para un mundo posible, una dramaturgia inspirada en la literatura de Julio Cortázar. Actualmente sigue trazando líneas de investigación para la cátedra de Literatura Francesa cuyo titular es Walter Romero y para el Instituto Artes del espectáculo que lidera Jorge Dubatti. Como si fuera poco sumó experiencias como coach vocal, co condujo programas de radio y escribió ensayos que publicaron distintas revistas culturales.

Malas palabras

Allí se lo ve en pantalla actuando animados y coloridos cortos a los que, con mucha solvencia, guiona, filma, edita e interpreta. A la manera de un locutor de informativo, con una botella como micrófono relata. Un ejemplo: “Terrible accidente en la autopista. Hubieron cinco damnificados. El verbo haber es un verbo impersonal, que quiere decir que solo se conjuga en su tercera persona del singular…De paso cañazo se escribe así (sobreimprime la palabra “haber”). Una de las formas del pretérito es el famoso “hubo”, que tantos problemas nos trae. Entonces, decimos “hubo un accidente” o “hubo muchos accidentes” …Pero qué, entonces ¿el hubieron no existe? Claro que existe: se usa estrictamente cuando viene acompañado de un participio”.

Del mismo modo, en otros recortes se mete a explicar las diferencias del verbo poner o los usos correctos de los sustantivos patronímicos.

En un recordado congreso internacional, Roberto Fontanarrosa reivindicó a la palabra “pelotudo”, como una de sus “malas palabras” preferidas “por su imbatible sonoridad”. En sus videos Magnifico no las evita. Ya el “Hablen bien, forros” es un slogan duro pero difícil de reemplazar “o cuando se interroga ¿por qué hablamos tan para el ortográfico?”.

También cuando canta La milonga de las porongas (en co autoría con Ernesto Biasotti) o al informar que “todas las palabras que terminan en culo llevan tilde”.

Cuenta que algunos docentes le dicen que sus videos son excelentes, pero como tienen malas palabras no los pueden compartir con los alumnos. Opina: “Yo los escucho y les digo, no te preocupes, los chicos también las dicen. Y ustedes, los maestros, también”. Sigue: “A mí me gusta Forro. La F, la O, la doble R, toda esa composición la vuelve genial. En el libro le dedico una sección a las malas palabras. Las reivindico. Son geniales, territoriales, nuestras. La mejor traducción de la emoción en palabras”.

N del R: No solo es una cuestión de infancias. Tenemos un presidente de la nación que con demasiada frecuencia apela a las llamadas malas palabras para retar a quiénes no pensamos como él. Y ni hablar de algunos encumbrados funcionarios que llegaron alto a pesar de su muy reducida dotación de palabras.

Mariano Magnifico: Actor, bailarín y examinador del lenguaje

Foto: @brunogreppi

Tejer comunidad

Magnifico seguirá actuando. Lo espera una temporada en Mar del Plata, que alternará con su propio unipersonal y el cuidado de su trío vocal, las marplatenses de Vox Popurri.

En otros tiempos, para ganarse la vida, ofició de estatua viviente, cantó cumbia, se metió dentro de un disfraz de conejo de pascua para una promoción y cantó a la gorra recorriendo algunas ciudades de Italia (“Fue un enorme entrenamiento. Creo que jamás habría podido hacer mi unipersonal si no hubiese sido por esa experiencia”). Pero no solo eso: ahora es, también, como su abuelo Sebastián, natural de Tortorici, Sicilia, ciudadano italiano. “Uno tiene una lucha personal para que las personas puedan usar la lengua en función de la comprensión comunitaria, de la escucha, de la opinión. Luchas que tienen muchas e injustas resistencias en estos tiempos”, se plantea quién se propone seguir aclarando aquellos eternos dilemas de gramática, sintaxis y ortografía.

¿Militancia? ¿Intencionada didáctica para intervenir en la batalla cultural? Explica: “Me interesa el lenguaje en general y la construcción de los discursos éticos. La gente está perdiendo la capacidad de desengranar esa trama. ¿Sabías que texto viene de trama, que significa tejido? El propósito es ayudar y hacerlo con humor. Una especie de gesto hacia la comunidad que se sigue haciendo preguntas como ‘¿esto va con v o con b?’ “.

Seguir leyendo

Nota

Matar por matar: la violencia policial porteña y el crimen en Lugano de Gabriel González

Publicada

el

Con poquito aportás muchísimo ¡Sumate!

Gabriel González, 45 años, pintor, fue asesinado por personal de la Policía de la Ciudad el jueves navideño en el barrio de Lugano, en un nuevo caso de gatillo fácil que además fue registrado por las cámaras de los vecinos. Gabriel intentó intervenir cuando la policía le estaba pegando a uno de sus hijos. Estaba sin remera, descalzo, desarmado. Lo fusilaron a corta distancia, las imágenes que aquí reproducimos están disponibles y se observa perfectamente quién le disparó. En el barrio sostienen que hubo violencia policial, además, sobre algunos de los testigos, para que hagan el silencio necesario para permitir la impunidad del y los autores.

En la foto de portada se ve a la derecha a Gabriel en el momento en el que es impactado por los disparos policiales.

Además de su trabajo como pintor, Gabriel se dedicó especialmente a la contención de jóvenes con consumos problemáticos. Presentamos la información publicada por el diario Tiempo Argentino, integrante junto a lavaca de la Unión de Medios Autogestivos, un símbolo y una realidad sobre la violencia institucional de estos tiempos.  

Amigos, allegados y vecinos de Gabriel González, el muchacho de 45 años que murió en medio de una violenta represión de la Policía de la Ciudad, ocurrida en Navidad en Villa Lugano, marcharon en reclamo de justicia. La familia aseguró que fue asesinado a mansalva y denuncia un nuevo caso de gatillo fácil. 

Matar por matar: la violencia policial porteña y el crimen en Lugano de Gabriel González

Las lágrimas de Nelly, la viuda de Gabriel González. (Foto: Gentileza Pablo Lecaros)

Nelly, la viuda de Gabriel, aún habla de su marido en tiempo presente. En diálogo con la prensa que se movilizó hasta Cruz y Escalada, en Lugano, donde se concentró la movilización, expresó: “Hace más de 25 años que comparto con él, que vivo con él, que la luchamos, salimos a laburar todos los santos días. Tanto él como yo, salimos a trabajar para tener las cosas que tenemos y lo que pudimos construir. La peleó siempre. No es una mala persona. No se merecía morir de esa forma. Quiero justicia por la vida de Gabriel”. 

La mujer recordó que llegó a la escena del crimen cuando a su pareja “ya le habían pegado. Tenía toda la cara ensangrentada. En todo momento traté de pararlo y que no le sigan pegando, porque lo estaban lastimando. Escuchaba cómo lo incitaban a pelear con ellos. Todo el tiempo lo incitaban a pelear. Él estaba enojado y ellos eran cada vez más. Le dieron un tiro muy de cerca”. Nelly también recibió heridas en las piernas y en los brazos. 

Matar por matar: la violencia policial porteña y el crimen en Lugano de Gabriel González

Foto: Gentileza Pablo Lecaros.

Entre sollozos, la viuda pidió a sus vecinos que no la dejen sola. “Luchemos. No es la primera vez que pasa algo así. Ellos vienen a matar, no vienen a apaciguar las cosas, a tranquilizar, sea lo que sea que esté pasando. Al amigo de él lo cagaron a palos, lo llevaron a la comisaría y le dijeron que no diga nada”. 

La mujer se refiere al amigo de Gabriel que en los videos, donde quedó registrada toda la secuencia, se advierte que intenta calmar a la policía. Gerardo, el hermano de la víctima, también mencionó “al muchacho que se llevaron preso, lo golpearon y lo amenazaron que lo iban a matar, le dijeron que conocían a su familia y a su casa. Para que no declare”.

Según pudieron reconstruir, el amigo de Gabriel fue liberado de la Comisaría 8A a eso de las 5 de la madrugada de este viernes. “Le aflojaron todos los dientes, le pegaron en las costillas entre el policía que disparó y había otro peladito. Todo para encubrir la cagada que se mandaron ellos”.

Matar por matar: la violencia policial porteña y el crimen en Lugano de Gabriel González

Foto: Gentileza Pablo Lecaros.

Por su parte, la abogada de la familia, Romina Ávila, precisó que “cuando le tiran a Gabriel, le tiran estando totalmente desarmado, indefenso y a una distancia prudencial del personal. Esto quiere decir que en ese momento no estaba agrediendo al personal. Tampoco se puede argumentar que hubo un exceso en legítima defensa, es lo que nosotros llamamos gatillo fácil”.

La asesora de la familia señaló en Radio Con Vos que esperan los resultados de la autopsia y las pericias, cuyos análisis preliminares deberían estar para este sábado. “Está documentado que quien dispara es un policía que bajó del patrullero. Tenemos su rostro, imagen por imagen. Ahora a pedido de la justicia, la Policía de la Ciudad, debería identificarlo”, esgrimió.

Matar por matar: la violencia policial porteña y el crimen en Lugano de Gabriel González

Foto: Gentileza Pablo Lecaros.

Gabriel era pintor y solía contener a los chicos del barrio que padecen consumo problemático. De hecho, comenzó con esa tarea social tras un contexto de abuso de drogas por parte de su hijo. “Era una persona humilde, hijo de migrantes, muy pujante, una persona que trabajaba y en ocasiones como esta, un festejo popular, participaba. Lo grave de su conducta ayer fue salir a la vereda a compartir con los amigos, sus vecinos. Es común eso acá. Los encuentros se comparten por más que a ellos no les gusten. Es parte de la cultura”, analizó la abogada. 

“Acompañaba a chicos con consumo, porque con su hijo dio una larga lucha por esa misma situación”, añadió Ávila, quien concluyó: “La Policía de la Ciudad sigue deambulando y caminando por acá. Son los mismos policías de la Comisaría Vecinal 8A que ayer estaban tomándole declaración a sus mismos compañeros que horas antes habían ido a herir de muerte a GabrielConviven con nosotros y el miedo es grande y está”

Respecto a la autopsia, la mujer indicó que los restos fueron trasladados este viernes a las 8 a la morgue judicial y que los resultados «van a ser sumamente clarificadores de lo que creemos y que sostenemos como teoría del caso, que para nosotros se trató de un hecho de violencia institucional. Que no tuvo ningún tipo de defensa, ni exceso en legítima defensa por parte del personal policial».

Matar por matar: la violencia policial porteña y el crimen en Lugano de Gabriel González

Foto: Gentileza Pablo Lecaros.

“Mi primo asesinado por la policía era un chico trabajador, nacido acá en el barrio, en la Villa 20. Era papá de Dante y Ángel de 21 y 25 años. Re familiero. En cumpleaños o reuniones familiares él siempre estaba en la parrilla haciendo el asado. Le encantaba compartir, era fanático de la pesca, un arquerazo del equipo del barrio que hace poco salió campeón. Cariñoso, amable, sencillo, solidario. Gabriel era muy valiente, no le tenía miedo a nada”, dijo a Tiempo Oscar Villaverde, primo de Gabriel y docente de la Escuela Técnica N° 13, Ingeniero José L. Delpini de Villa Lugano.

Fue el propio Oscar quien publicó en las redes en la tarde noche de ayer el asesinato de su primo: “Hoy en un forcejeo con la policía tras defender a su hijo asesinaron a quemarropas a mi primo Gabriel González e hirieron de bala a su mujer”.

El video filmado por un vecino dejó en evidencia el asesinato a quemarropa denunciado por quienes fueron testigos del brutal crimen. Se lo ve Gabriel sin remera, defendiéndose de los golpes contra media docena de efectivos policiales que lo golpean sin piedad.

De golpe, uno de ellos saca su escopeta y le dispara. La muerte fue instantánea y uno de los disparos hirió a la compañera de vida del asesinado y a otros vecinos que observaban con asombro la brutalidad policial.

https://twitter.com/mapadelapolicia/status/2004682374236569608?ref_src=twsrc%5Etfw%7Ctwcamp%5Etweetembed%7Ctwterm%5E2004682374236569608%7Ctwgr%5Eac1d97fec004d4b6f43c539db126fd40cbc95cf4%7Ctwcon%5Es1_&ref_url=https%3A%2F%2Fwww.tiempoar.com.ar%2Fta_article%2Fgatillo-facil-en-lugano-no-es-la-primera-vez-que-pasa-algo-asi-ellos-vienen-a-matar-no-vienen-a-apaciguar-las-cosas%2F

Seguir leyendo

Lo más leido

Anticopyright lavaca. Todas nuestras notas pueden ser reproducidas libremente. Agradecemos la mención de la fuente. ©2025 Agencia lavaca.org. Riobamba 143, Ciudad Autónoma de Buenos Aires - Argentina - Editor responsable: Cooperativa de Trabajo Lavaca ltda. Número de propiedad intelectual: 50682265 - [email protected] | Tel.: +54 9 11 2632-0383

Vistas el día de hoy: 37.032

Femicidios, narcotráfico y Estado