Sigamos en contacto

Nota

Una mesa de trabajo para frenar el tarifazo

Una movilización de fábricas recuperadas y cooperativas contra la suba de tarifas empujó a la conformación de una mesa de trabajo para definir qué hacer. Fue la primera medida que surgió luego de la conformación de la multisectorial en el Hotel Bauen. Las historias de los trabajadores que revelan el crudo impacto del ajuste del Gobierno.

Publicada

el

Una movilización de fábricas recuperadas y cooperativas contra la suba de tarifas empujó a la conformación de una mesa de trabajo para definir qué hacer. Fue la primera medida que surgió luego de la conformación de la multisectorial en el Hotel Bauen. Las historias de los trabajadores que revelan el crudo impacto del ajuste del Gobierno.

Una mesa de trabajo para frenar el tarifazo

Foto: Nacho Yuchark/lavaca


«Hablaron de pobreza cero y yo les creo: nos van a matar a todos», dice bajo el frío Angel Poggi, 53 años, presidente de la cooperativa La Nueva Unión, sosteniendo una bandera con los colores argentinos en Paseo Colón, al frente del Ministerio de Energía. La teoría de Poggi tiene su sustento en la práctica: la cooperativa pasó de recibir boletas de luz de 4 mil pesos a la arangunesca cifra de 11mil, «aún consumiendo la mitad de kilovatios que el año pasado», y reza por las boletas de gas y de agua que aún no llegaron. Todo queda resumido en otra tesis: «Es una carnicería».
Poggi es uno de los miles de trabajadores y trabajadoras de cooperativas y empresas recuperadas que este jueves marcharon hasta el Ministerio para denunciar el violento tarifazo aplicado por el Gobierno nacional. La medida fue la cristalización de una de las primeras acciones resueltas tras el encuentro del lunes en el Hotel Bauen, donde cooperativas, fábricas, pymes, comercios, clubes de barrio, centros de jubilados y sindicatos resolvieron la conformación de una multisectorial para diseñar estrategias colectivas ante el ajuste. La movilización al Ministerio no es azarosa, ya que los aumentos de tarifas significaron un incremento del 400%. En otros, la cifra trepó al 1000%. El impacto, en la mayoría de los casos entrevistados por lavaca, se registró de forma directa en los retiros mensuales de los trabajadores. Uno de los principales apuntados en la movilización fue Juan José Aranguren, ministro de Energía y Minería, que en las últimas horas se vio envuelto en un escándalo al ser denunciado por estar de los dos lados del mostrador: posee $16 millones en acciones de Shell (corporación de la que fue CEO hasta el año pasado) mientras es el funcionario público que impulsó la suba de tarifas, el aumento de los combustibles y la compra de gas a Chile por medio de una empresa que, según la causa judicial, es propiedad de Shell.
La marcha tuvo sus frutos: las cooperativas pudieron reunirse con Andrés Chambouleyron, subsecretario de Coordinación de Política Tarifaria, y se avanzó en la conformación de una mesa de trabajo para discutir el cuadro tarifaria para el próximo martes. “Tienen un desconocimiento absoluto de lo que somos nosotros como sujetos productivos, políticos, sociales y culturales”, dice a lavaca Federico Tonarelli, vicepresidente del Bauen y presidente de FACTA (Federación Argentina de Cooperativas y Trabajadores Autogestionados), tras la reunión. “No tienen ni idea de lo que es un trabajador autogestionado o cooperativa de trabajo. El primer planteo que nos hicieron fue: les dejamos pagar una parte de las tarifas para que puedan trasladar el resto a los costos. Nosotros dijimos que era imposible, porque hay un mercado interno restringido, pérdida del poder adquisitivo del salario, todo enmarcado en una política global del Gobierno. Entonces acordamos que se abra una mesa de trabajo y que, en principio, no se paguen las facturas, mientras nos garantizan que no va a haber cortes”.
Una mesa de trabajo para frenar el tarifazo

Foto: Nacho Yuchark/lavaca

La locura y lo atroz

“Las tarifas nos están dañando demasiado”, cuenta Alberto, síndico de la cooperativa Envases Flexibles de Mataderos. “Tenemos más de siete años de vida y jamás hemos pasado un momento tan malo como éste. Nos han cortado también todos los tipos de planes que en algún momento nos ayudaban. Estamos corriendo riesgo como fábrica recuperada. Somos 100 trabajadores. Y el impacto fue tremendo: estábamos pagando entre 80 y 90 mil pesos de luz, pero nos vino 350 mil. ¡Y por mes! Lo mismo nos pasa con el gas: de 60 mil pesos pasamos a 180 mil. Y con el agua: estábamos pagando 7 mil, pero vino cerca de 80 mil pesos. Además, con la retracción del mercado y la apertura de las importaciones, no sólo bajó la producción sino que todo el combo viene a jorobar los pocos retiros que estábamos haciendo semanales. Una locura total”.
¿Qué le diría a Aranguren? “Que no tiene sentimientos. Lo único que le puedo explicar es que nos está destrozando”.
Antonia Argota, de la Cooperativa 10 de Noviembre, textil: “Estamos preocupados por el tema luz. La verdad que nos está golpeando duramente. Nos preocupa. Imaginate: veníamos bien, trabajando, y si bien trabajamos a fasón, el tarifazo nos está bajoneando demasiado, y no podés aumentar los precios porque no te lo quieren reconocer”. ¿De cuánto estamos hablando? “En luz pasamos de $7500 a $47 mil. Realmente es una cosa atroz. De gas pagábamos 500 y ahora nos vino 2300. Y el agua, casi igual. No tenemos una cuenta bancaria, somos trabajadores que nos levantamos a las 4 de la mañana. No somos vagos, somos gente de trabajo y queremos seguir trabajando”.

Trabajar para pagar

El ruido y el color lo pusieron las cooperativas curtidoras, que cuentan con el respaldo del Sindicato de Curtidores, hasta el punto de que algunos trabajadores forman parte de la comisión directiva. “Tuvimos que recortar hasta 2 mil pesos de nuestros retiros”, dice Jorge Reish, presidente de Cuero Flex. Rubén Rodríguez, de Curt Impex (Piñeyro, Avellaneda): “Nos pega muy duro. Somos 20 compañeros y la mayoría superan los 50 años. Es muy difícil insertarse en el mundo laboral. Y el impacto de las tarifas fue letal. Hoy los compañeros no están percibiendo ni un peso porque todo va a los servicios. Además, la actividad de curtido de pieles está en baja, no solo en Argentina, sino en el mundo. En base a eso nos vemos muy afectados por los aumentos”.
¿De cuánto estamos hablando? “De luz pagábamos 2800 pesos y hoy estamos en 13 mil. Es una barbaridad. Gas: de 800 pasamos a 6500. Todo el dinero que entra va destinado a pago de servicios. Nos costó mucho poner la cooperativa en regla, con todos los papeles. Tenemos cuenta bancaria pero no tenemos dinero. A eso sumale el agua: de 700 pesos se nos fue a 6 mil. No les interesa nada, el ser humano en sí. No miran las medidas. Esto es autogestión: es una fuente de trabajo y gracias a ella podemos comer muchas familias. Pero a ellos no les interesa”.
Otro de los colores lo puso la Federación Gráfica Bonaerense -que nuclea a más de 30 cooperativas- y la Red Gráfica. Plácido Peñarrieta, de Cooperativa Chilavert: “Sufrimos el impacto entre un 400 y 500 por ciento en luz y agua. ¿El gas? 800 por ciento. Es lo que está sufriendo toda la ciudadanía”. Peñarrieta da en el clavo: a la suma sideral que sufre cada cooperativa se acopla la suma sideral que cada uno percibe en sus propios hogares. “Por eso estamos acá. Este es el resultado de encuentros que hicimos para hacer frente a varias propuestas del Ejecutivo de dejarnos en la calle. Veníamos ya sufriendo dos o tres meses y estábamos esperando una respuesta de nuestros dirigentes. Felizmente, llegamos después de seis meses a reencontrarnos. No significa que solo un sector está mal: todos estamos mal. Sobre todo, la clase trabajadora. Están tratando de cerrar nuestras empresas”.
¿Por eso es importante los encuentros como el del Hotel Bauen, donde se habló de dejar atrás las “mezquindades” de cada sector? “Lo triste de todo esto es que la necesidad es la que une. Siempre digo: acá debe haber algo más sublime que nos una como un sector de laburantes, esas mezquindades que salieron a la luz lo están diciendo ellos mismos. Las mezquindades existieron, porque no nos reunimos antes. Pareciera como que queremos seguir sufriendo, ¿no? Los dirigentes se dividen entre ellos. Nosotros, los trabajadores, no”.

Una mesa de trabajo para frenar el tarifazo

Foto: Nacho Yuchark/lavaca

Una pregunta

Rubén y Pablo, de La Litoraleña: “El tema no es sencillo. La suba de todos los importes nos perjudica a los trabajadores. No solamente a las cooperativas, a las empresas también. De 9 mil pesos de luz pasamos a pagar 60 mil pesos. De gas, pasamos de 200 a 5 mil. El agua: de 500 a 8 mil. Nosotros somos 67 trabajadores. Y hay que ver si los funcionarios quieren entender: esta gente se cierra solamente en amparar a ciertos sectores económicos del país, porque a las pymes las está haciendo pelota. Muchas tuvieron que cerrar. Antes, mal que mal, la rueda económica giraba, uno podía comprar. Hoy no sabés si podés comprarte un par de zapatillas porque no sabés si vas a comer. Toda esta política es para que el trabajador tenga miedo y sólo trabaje. Si un trabajador no consume, las empresas no venden, y si las empresas no venden, el trabajador tiene menos trabajo. No sé qué estudios tendrán los funcionarios, pero lo sabemos nosotros, que algunos tenemos primaria, nomás. En esta marcha también tendría que estar el trabajador activo, pero le metieron miedo diciendo que sólo puede salir bajo el sindicato que pertenece, porque si no te descuentan el día o te pueden echar. Si eso no es miedo, ¿qué es?”.
La pregunta, lector y lectora, la responde usted.

La memoria

Francisco Godoy, de Cooperativa Suárez, imprenta en Liniers: “La falta de trabajo en el mercado nos bajó la producción un 50 por ciento. Eso, sumado a las tarifas, hace que los retiros estén peligrando. Somos nueve trabajadores. Y los números implican un 500 por ciento de aumento”.
¿Cuánto? “En agua, pasamos de 800 pesos a 3200. El gas todavía no vino. Y de luz, pasamos de 800 pesos a 35 mil”. Es decir, en cuanto a la luz, de pagar casi 100 pesos por trabajador, la cooperativa paga ahora 4 mil pesos por cada obrero. “No tienen conocimientos de cómo sobrevivimos, de qué manera estamos trabajando para el país. No estamos acá porque nos gusta sino por algo que nos está impactando, y porque vemos que si no se frena, se dispara. Tengo 55 años y ya viví todo este proceso. Lo hemos charlado en la cooperativa previo al 10 de diciembre, pero no todos pensamos igual. Lo único que pido es que tengamos un poquito de memoria”.

El noticiero

Luego de la reunión en el Ministerio de Energía, la marcha siguió hasta el Ministerio de Trabajo, donde se pidió una ampliación de la Línea 1 de Trabajo Autogestionado (uno de los programas institucionales para las recuperadas) a todas las cooperativas y fijar el monto en más de $3000. Por las calles sigue caminando Ángel Paggi, de La Nueva Unión: “Somos una cooperativa de encuadernación, y todo se afectó también con la importación de libros: nuestra producción cayó en un 50 por ciento. Es un conjunto de cosas que no sé en qué va a terminar, porque el tarifazo se suma a la caída del empleo, del trabajo. Es una situación muy grave. El punto de equilibrio de la cooperativa está hoy en 150 mil pesos. Con este tarifazo calculo que va a llegar a 400, pero la facturación más alta fue en abril: 465 mil pesos. El año pasado, a está altura, estábamos facturando casi 600 mil, sin haber aumentado los precios. Lo que veo es que, a fin de mes, no sé si vamos a seguir cobrando”.
¿Cómo le explicaría al ministro Aranguren lo que es una cooperativa? La respuesta de Poggi se convierte en un noticiero del país:

  • “No nos escucharía porque no le interesa. La cooperativa es una forma de mantener las fuentes laborales, una forma de resistencia al sistema, que te va dejando afuera de la cadena productiva y son métodos que va encontrando la clase trabajadora para resistir el capitalismo. Pero bueno, ya sabemos que a Macri no las quiere las cooperativas. Nos vetó dos veces la misma ley de expropiación. Nos dejó desamparados, seguimos estando dentro de la quiebra, pero el juez no nos puede sacar porque legalmente existe la ley de quiebras. Acá lo que queremos es trabajar”.
  • “El ministro Aranguren, CEO de la Shell, está comprando el gas importado de Chile tres veces más caro que el de Bolivia porque lo está trasladando la compañía donde es accionista. O sea, la Argentina manejada como empresa. Y nosotros los trabajadores somos un número. Son ellos y nada más. Nadie pide que hagan la revolución, pero déjennos vivir”.
  • “Esto del sinceramiento es mentira, es un brutal traspaso de recursos del pueblo a los sectores más concentrados. En diciembre Macri sacó las retenciones al campo, la minería, los autos de alta gama sin ningún tipo de ley ni nada. Y cuando el Congreso sanciona la ley antidespidos, la veta. Fíjate que no iba a despedir a nadie y ya tenemos mas de 15 mil compañeros desocupados en 17 dias después del veto. Tremendo”.
  • “No tienen idea lo que es ser trabajador, estar desesperado, no te alcanza la guita, te aumenta la carne, los supermercados. Es la revancha. Ya lo hemos escuchado a Gonzalez Fraga decir que nos vendieron 12 años de mentira porque es imposible vivir así. Ni hablar que nos aliamos a la Alianza del Pacífico: eso es volver al año 1900, un país agroexportador, donde el campo exporte y todo lo industria nacional va a desaparecer porque se la van a dar todos a los yanquis”.

La pregunta, luego, es cómo se sale de esto.
La respuesta, esta vez, no se ve en los noticieros.
“Con la gente en la calle, movilizándonos, porque estos no tienen corazón”.

Fotos: Nacho Yuchark/lavaca

Protesta social

Marcha de jubilados: medias, bochinches y ningún dólar en las orejas

Publicada

el

Un miércoles tranquilo en la ronda de jubilados en Congreso, que despierta dudas ante la necesidad de hacer “un poco más de bochinche”. Como homenaje al Día del Jubilado (domingo pasado) hubo un puesto de hamburguesas y choripanes de la UTEP. “El hambre es desesperante” dijo una de las mujeres que servía a esa cola ampliada con gente de la calle en busca de qué comer. Historia de cómo sobrevivir a una jubilación hiper mínima (porque encima se arrastra una deuda). Los alfajores, las medias, y la salud encontrada en el gesto de movilizarse. 

Por Lucas Pedulla   Fotos Juan Valeiro/lavaca.org

A sus 76 años, Luis Relinque tiene que vender medias para llegar a fin de mes.

–Si no trabajo, no como.

Y para comer tiene que trabajar, aunque hace once años que está jubilado. El único día que no sale a vender por la zona de Once es el miércoles, cuando camina las diez cuadras que separan su casa –Remedios de Escalada, sur del conurbano bonaerense– de la parada del 37 que lo deja en el Congreso de la Nación. 

Marcha de jubilados: medias, bochinches y ningún dólar en las orejas
Luis y la batalla cultural.

El dato, que solo en esta Argentina pareciera naturalizarse, lo explica fácil:

–Soy jubilado de la mínima. Cobro $400.000 limpios, justos. El mismo día de cobro pago la luz, el gas, el agua y con todo lo que tengo me quedan limpios, justos, $210.000. Si no trabajara, son $7.000 por día hasta el mes siguiente. ¿Cómo hacés?

La pregunta flota mientras alrededor se dispone la movilización de cada miércoles. La Rama de Trabajadoras y Trabajadores de Espacios Públicos de la UTEP (gremio de la economía popular), llamada “Lxs Parrillerxs”, puso un puesto para regalar choripán y hamburguesas por el Día del Jubilado, que fue el domingo. Se sumó mucha gente de la calle: “El hambre es desesperante”, dice una señora mientras corta el pan. Sobre la vereda se acomodan trabajadoras y trabajadores de la ANSES, que denuncian una “sangría por goteo” en el organismo encargado de las jubilaciones y pensiones: el Gobierno abrió un plan de retiros voluntarios, el segundo del año. Un trabajador dice a lavaca: “En el anterior se fueron más de 1.000 personas. Muchos agarran porque están muy endeudados. La idea es que quede un ANSES chico, si es que queda”. 

Marcha de jubilados: medias, bochinches y ningún dólar en las orejas
La evolución de las variables económicas.

Por su parte, Luis tendría que estar cobrando un poco más: en septiembre la mínima llegó a $498.633,20, contando el bono de $70.000, congelado hace 30 meses: según el Centro de Economía Política de la Argentina (CEPA), si fuera por movilidad Luis y cinco millones de jubilados y jubiladas más tendrían que percibir un bono de $223.148. Pero Luis cobra solo $400.000 limpios porque está endeudado: hace ocho años sacó un crédito.

–Se me cayó un árbol del fondo de casa en la cabeza. Tuve derrame cerebral. También me hizo pelota la rodilla: hoy tengo una prótesis. Mirá vos, es la misma rodilla que la policía me reprimió en una marcha el año pasado: la tengo peor. Me queda este año de crédito, así que espero para fin de año terminar de pagarlo y poder cobrar un poquito más.

Marcha de jubilados: medias, bochinches y ningún dólar en las orejas
Gadalupe y otros discas acompañando la marcha de jubilados.

Por eso todos los días –salvo los miércoles– sale a vender tres pares de medias a $1.000: camina mirando a todos lados para que los “parásitos con uniforme” no le decomisen la mercadería, como viene ocurriendo en la ciudad de Buenos Aires bajo la gestión de Jorge Macri. Antes Luis vendía alfajores y podía hacerle algún regalo a su nieta de 13 años, o darse un gustito como ir al teatro. Pero los alfajores subieron tanto que ya no es negocio. Cuenta que la idea de las medias le llegó mirando la televisión. 

–Veía a tanto operador político en la tele que pensé: si las medias me salen lo mismo que un chupetín, quizá la salida a esta crisis sea chupar medias, en serio te digo.

Luis habla y piensa con mucho humor, pero siempre aclara que lo dice en serio. Cuenta que fue la primera persona que puso un boliche gay en provincia de Buenos Aires – “Chelovecos, en 1974”–, que también tuvo una tanguería y que por muchos años se dedicó a cocinar en su casa para geriátricos o centros de jubilados. Como siempre trabajó por su cuenta, pudo jubilarse con una parte de aportes y otra de moratoria.

Marcha de jubilados: medias, bochinches y ningún dólar en las orejas
Congreso con atención de coiffeurs para jubilados y gente de la calle.

–Hoy el Gobierno la cortó, pero la moratoria ayudó mucho. Conozco gente que nunca aportó y ahora te dice: “Cristina chorra”. Bueno, entonces devolvé la jubilación o donala a un comedor. 

A diferencia de lo que dijo el presidente Javier Milei tras su discurso en Naciones Unidas en Nueva York, a Luis –como argentino– no le salen dólares por las orejas. Es una de las tantas razones por las que no se pierde ningún miércoles.

–Hace unos años me quedé viudo. Me pasaron todas, pero yo le aconsejo a la gente mayor que venga a la marcha. No sólo como protesta, sino porque es bueno para uno. Es una cuestión de salud. A mí me ayudó mucho porque me olvidé de mí: me acuerdo más de la madre de Milei que de mí. En serio, te digo. Algunos jubilados me dicen: “No, mejor me voy a hacer un estudio al médico”, pero es como un coche en el mecánico: algo siempre te van a encontrar. No digo que esté mal, ojo, pero hay gente que está todo el día en la casa mirándola por televisión y pensando en sí mismo. Con hacer un cartel o pensar alguna cosita, ya la cabeza se me despeja. 

Marcha de jubilados: medias, bochinches y ningún dólar en las orejas

La semana pasada, Luis trajo el “Desodorante Javo”, con una característica premium: “Te deja seco las 24 horas”. ¿Qué significa ese humor en la lucha de cada miércoles?

Luis es crítico:

–Yo vengo porque la jubilación me alcanza nomás para diez días. Me gustaría que hagamos un poco más de bochinche. Acá nos encerraron. Venimos y damos una ronda: no tenemos nada para festejar pero damos la vuelta olímpica como si fuéramos campeones. Luego, a casa. Hay que ir al Obelisco, a Corrientes. Acá no nos ve nadie. No estoy en contra, porque nos encontramos, pero haría un poco más de calle. Lo único que falta es que nos pongan mesas y nos hagan jugar a las damas: para eso voy a la plaza de mi barrio. En Lanús me preguntan: “¿Luis, no marchan más?”. 

La marcha –la ronda a la que Luis pide más bochinche– está por empezar.

¿Qué espera?

–Mirá, el día que no pueda caminar más ni vivir a medias, me amenazo al Presidente así me vienen a buscar: ya averigué que no me sacan la jubilación, me llevan en cana, y al menos tengo una lamparita para leer algún libro y amigos que me traerán algún sanguchito de miga. Lo mismo que haría en casa lo hago allá. En serio, te digo. 

¿Hay opción B?

–Que cambie el Gobierno. Eso daría un poquito de esperanza. La primera medida tendría que ser darnos un aumento. De mínima. Esta lucha que hacemos va a pasar a la historia como algo que era necesario hacer. El que no labura ni lucha, no come. 

Hincha de Independiente y fanático de Manal, Luis se despide y se mete a la marcha.

Seguir leyendo

Revista Mu

MU 216: Qué, cómo y cuándo cambió todo

Publicada

el

MU 216: Qué, cómo y cuándo cambió todo




MU 216: Qué, cómo y cuándo cambió todo

Ley de Tierras y después: Cambio de tema

Durante meses el gobierno logró imponer los temas, los tiempos y las preguntas. Hasta que una discusión sobre la tierra parió otra cosa. Lo que apareció detrás y después de ese debate no es –solo– una disputa jurídica ni económica, sino una pregunta más profunda sobre la soberanía, la identidad y el futuro. De César Aira a Peter Thiel, una lectura de la actualidad para crear lo que falta.

Por Claudia Acuña




MU 216: Qué, cómo y cuándo cambió todo

Viaje a la vida en el Paraná II: En modo Costa Pobre

Los incendios y el dragado que rompen el ecosistema, los countries ocupándolo todo, el extractivismo de arena para el fracking, las privatizaciones, la contaminación masiva, la indolencia estatal: el Paraná debería ser un río de todos, pero parece un río de nadie. Navegación desde Escobar hasta las Lechiguanas, pasando por Costa Pobre, barrio popular amenazado, que simboliza mucho de esta historia. Voces e imágenes de quienes siguen defendiendo la vida del aire, el suelo, el agua y la justicia.

Por Francisco Pandolfi

Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org




MU 216: Qué, cómo y cuándo cambió todo

Atanor condenada por contaminación: La odisea

Más de 200 muertes en seis manzanas del Barrio Química, la contaminación probada del agua, aire y suelos, y el “daño irreversible” al Paraná en San Nicolás ratificado por la Corte Suprema bonaerense. La sanción económica es mínima para una multinacional (equivalente a dos camionetas) pero está por comenzar la causa penal a sus ejecutivos. Lo que cuentan el barrio y el abogado Fabián Maggi sobre este viaje de más de una década para que no haya impunidad.

Por Lucas Pedulla

Fotos: Sebastián Smok/lavaca.org




MU 216: Qué, cómo y cuándo cambió todo

Agroecología en Misiones: El libro de la selva

Una cooperativa agroecológica de quince familias produce alimentos sin químicos en medio de la selva misionera y muestra cómo cultivar de un modo sano y rentable. Unión Campesina, los secretos de la tierra, la casa de las semillas, y una decisión: hacer mucho y hablar menos. El método del Fukuoka misionero. ¿Cuál es la rueda que está girando?

Por Francisco Pandolfi

Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org




MU 216: Qué, cómo y cuándo cambió todo

Delia Tedín, decoración, política y clases altas: Mucho gusto

Con tupido árbol genealógico y privilegios de cuna, aprendió el valor de la diversidad y la rebeldía frente a un ambiente que “olía a odio”. Eligió su propia vida como decoradora, sin perder nunca de vista el contexto social. Sus pasiones: fomentar el trabajo y la creatividad del país, y combatir la idea de que las personas tienen la culpa si les va mal en estos tiempos. Conversación sobre bombas, estupidez, poder, Nerón y el arte de mantener los ojos abiertos.

Por Sergio Ciancaglini

Fotos: Juan Valeiro

MU 216: Qué, cómo y cuándo cambió todo

Carne de cañón: las víctimas travestis-trans de la dictadura

A 50 años del golpe de Estado, el Archivo de la Memoria Trans reunió en un libro testimonios individuales, relatos colectivos y el registro del Juicio Brigadas, el primero que toma como víctimas del terrorismo de Estado a mujeres travestis trans. El libro no habla solo de violencia, sino también del humor, la amistad, la resistencia y las formas que ellas inventaron para poder seguir vivas. Pistas sobre dónde encontrar claves para el futuro.

Por Evangelina Bucari




MU 216: Qué, cómo y cuándo cambió todo

El libro La nueva oligarquía: Tecnopoder

¿Quién gobierna el mundo? ¿Qué transformaciones y deformaciones de la democracia se están intentando? ¿Qué pasa con la soberanía? ¿A quién hay que vigilar? Temas de La nueva oligarquía, del sociólogo argentino Ariel Goldstein y editado por Marea. Aquí, fragmentos que invitan a su lectura para bucear varios dilemas del presente.

MU 216: Qué, cómo y cuándo cambió todo

Zoe Hochbaum: Comerse el mundo

Actriz, bailarina, escritora, productora: 27 años, una nueva película y un programa de radio. Zoe puede oscilar entre la comedia con flamenco, los monstruos literarios y la reconstrucción de los vuelos de la muerte. El homenaje al radioteatro, y el ejercicio de la amistad como salvavidas para los tiempos en los que la realidad parece querer fagocitarnos.

Por María del Carmen Varela

Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org




MU 216: Qué, cómo y cuándo cambió todo

Crónicas del Más Acá: Rambo al sur

por Carlos Melone

Seguir leyendo

Nota

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Publicada

el

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.

Por Bernardina Rosini

El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.

Lo que no se puede creer

Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.

Varones

Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org

«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.

Dónde está Delicia

Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.

Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.

Justicia sin apellido

Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»

Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.

La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

Seguir leyendo

Lo más leido

Anticopyright lavaca. Todas nuestras notas pueden ser reproducidas libremente. Agradecemos la mención de la fuente. ©2025 Agencia lavaca.org. Riobamba 143, Ciudad Autónoma de Buenos Aires - Argentina - Editor responsable: Cooperativa de Trabajo Lavaca ltda. Número de propiedad intelectual: 50682265 - cooperativalavaca@gmail.com | Tel.: +54 9 11 2632-0383

Vistas el día de hoy: 37.039