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Ver para creer: Entrevista a Silvia Federici

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Nació en Italia, vive en Nueva York y cabalga por el mundo montada en su libro para conocer experiencias sociales que resisten al capitalismo. En Paraguay presidió el encuentro de economía feminista que debatió cómo crear otras respuestas. Su inspiradora mirada sobre los conflictos que sacuden al mundo hoy. ▶ CLAUDIA ACUÑA
Nadie comenzaría presentando a Carlos Marx o a Michael Focault, ponele, describiendo su silueta, pero todos los retratos de Silvia Federici se detienen primero en su figura menuda y sus ojos vivaces. No es que quieran así alertarnos que las intelectuales tienen cuerpo (y lo ponen para producir teoría), sino una clásica manera de meterse con lo que ese cuerpo femenino representa: un territorio social, sobre el cual todos pueden opinar. Esta técnica de disciplinamiento está tan naturalizada que señalarla es irritante. Primera lección: si algo nos enseñó la enorme Silvia Federici es a romper las pelotas.
Ella comenzó a hacerlo en los años 70 cuando escribió un ensayo para discutir con los dos pesos pesados de la izquierda intelectual: Marx y Focault, precisamente. Su debate se centró en los puntos nodales que construyeron el pensamiento de cada uno, que es lo mismo que decir que los pateó directo a las bolas.
A Focault le cuestionó el concepto mismo de biopolítica. A Marx , “la acumulación originaria”, que es la que explica, nada menos, cómo el capitalismo logró suceder al feudalismo. Es decir, de qué forma se produjo ese proceso, cómo llegó al poder y a partir de qué.
Toda la importancia actual del pensamiento de Federici ya está presente en este ensayo crucial. Y así como leer hoy a Marx resulta nostálgico, cada línea del ensayo de Federici es tremendamente actual y se convierte en lupa y brújula: señala y orienta.
Sin embargo, aquel ensayo original de Federici no produjo ni furor ni polémica. Su garantía de invisibilidad se la dio la etiqueta: era feminista.
En los 80, Federici llegó a una Nigeria que soportaba el azote de esa peste llamada “política de ajuste” y ahí vio exactamente lo que había escrito. Actualizó con esa experiencia su ensayo y el resultado es un libro inspirador: Calibán y la bruja. Traducido al castellano recién en 2010 y disponible en la web libremente, comenzó a fermentar desde los márgenes, por fuera de la academia, alimentando grupos de lecturas, debates y acciones que conspiraron hasta crear una nueva generación de feminismos, paridos por este marco teórico central. Para decirlo rápido y fácil, El Calibán y la bruja es al feminismo moderno lo que El Capital al viejo marxismo.
Ahora mismo Federici está en Asunción del Paraguay, rodeada de varias docenas de académicas latinoamericanas que componen el Grupo de Estudios de Economía Feminista. Organizaron este encuentro para intercambiar investigaciones, miradas, información y estrategias, además de abrazos. Parada en el centro para la foto de cierre, Federici sonríe. Es una sonrisa pícara, divertida, que no parece dirigida a la cámara, sino a la Historia.
Es la imagen que nos enseña algo que ya sabemos: era por abajo.

Biopolítica es el útero

¿Qué escribió Federici que hoy resulta tan claro, tan fundamental y tan inspirador?
Lo primero que hay que decir parece básico, pero ha sido hasta ahora lo que más le han negado: su ensayo es una teoría económica. Explica cómo fue posible que el capitalismo se instale como sistema de poder y a partir de qué mecanismos lo hizo: la acumulación por despojo. El punto en que se separa del concepto marxista es ahora clave: el factor que permitió esa acumulación originaria no fue el trabajo asalariado, sino la tierra. Y así el sujeto a dominar, explotar y convertir en mercancía, deja de ser el obrero y pasa a ser una eterna olvidada por las teorías políticas, desde las más reaccionarias hasta las más revolucionarias: las mujeres.
Federici lo demuestra recordando un genocidio invisibilizado: la llamada “caza de brujas”, llevada a cabo durante los siglos 16 y 17, determinantes para el proceso de ascenso del capitalismo al poder. Las cifras de la masacre: entre 2 y 5 millones de mujeres torturadas y quemadas en la hoguera europea. Un par de ejemplos basta para dimensionar esta monumental cifra: 70.000 mujeres fueron quemadas en la plaza pública alemana y 35.000 en un solo pueblo de Escocia. “La caza de brujas está relacionada con el desarrollo de una nueva división sexual del trabajo que confinó a las mujeres al trabajo reproductivo”, señala Federici.
El porqué de este genocidio: para acabar con el feudalismo, el capitalismo necesitó aumentar el mercado de trabajo, eliminando la agricultura de subsistencia y cualquier otra práctica de supervivencia autónoma. La “caza de brujas” representó el brutal proceso de disciplinamiento social que convirtió a las mujeres en un “bien común” destinado a producir lo que la sociedad requería: futuros obreros.
Así los úteros de las mujeres “se transformaron en territorio político controlado por los hombres y el Estado: la procreación fue directamente puesta al servicio de la acumulación capitalista”.
Así se demonizó cualquier forma de control de la natalidad, se separó la sexualidad de la procreación –masificando la prostitución- y se esclavizó a las mujeres, “socializando” su aporte productivo al nuevo sistema de dominación. Ese trabajo de criar y sostener la vida no fue reconocido como tal. No tuvo nunca dimensión: ni salario, ni cálculo económico.
Así, sin valor ni reconocimiento, producir y reproducir vida fue un factor central para la instalación, consolidación y expansión de un sistema de poder basado en la explotación humana.
Esto es biopolítica, le enseñó Federici a Foucault.

Ver para creer: Entrevista a Silvia Federici

Federici junto a las disertantes del Congreso de Economía Feminista Emancipatoria en Asunción, Paraguay.
Foto: Nacho Yuchark

De qué lado estás

Federici nació en Italia, vive en Nueva York y cabalga por el mundo montada en su libro, que la lleva siempre a las periferias, porque es ahí a donde apunta su brújula. Aprendió, por eso mismo, a hablar en castellano para exponer su pensamiento sin traducciones, pero fundamentalmente para conversar: le interesa recoger experiencias concretas y de ellas habla
cuando expone su teoría. Entrevistarla supone, entonces, sintonizar un noticiero de luchas que no vio por tevé o leyó en los diarios –que por cierto, las ocultan-, sino que conoció a través de personas con las que conversó en esos viajes con los que zurce vínculos.
Para que quede claro: Federici no hace turismo intelectual, sino agricultura social. Siembra y cosecha.
La conversación, entonces, comienza con ella preguntando sobre qué quedó en pie, tras el cambio de gobierno, de política y de caja de reparto social, desde la última vez que visitó Argentina, hace dos años, y recorrió desde la Villa 31 hasta los bordes de la Patagonia. Recién cuando termina de recoger las noticias de las últimas batallas, comparte su mirada sobre el presente, tratándola de sintonizarla con las necesidades de quien la escucha y ahora, la lee.
Como en su libro, borda imágenes, experiencias, análisis y teoría.
Como en su vida, arriesga por dónde buscar horizontes.
Lo primero, entonces, es señalar el punto de partida: “Estamos en un momento en donde no hay lugar para estar en el medio. Se trata de elegir de qué lado estás: de la vida o de la muerte”.

Postales de la actualidad

¿Qué ve Federici? “Veo un proceso muy claro y muy complejo. Veo un sistema que está acumulando brutalmente todas las riquezas del planeta y que impide violentamente que las comunidades tengan acceso a esos recursos, porque no puede haber nada ni nadie que los utilice para otra cosa que no sea producir ganancias. Veo que es cada vez más difí- cil oponerse a este sistema si no hay capacidades diferentes de producción”.
Luego, literalmente, describe lo que ve: “En Costa Rica estuve siete horas para recorrer 100 kilómetros de una carretera, por la cantidad de camiones que la atascaban. Son los que transportan las mercaderías que importan desde China. Tuve mucho tiempo, entonces, para mirar por la ventanilla: durante las siete horas no vi otra cosa que plantaciones de bananas, envueltas todas las plantas con una camiseta azul, que contiene los pesticidas. Eso es el capitalismo actual: un país condenado a producir solo bananas envenenadas y a comprar todo lo demás a los favoritos del sistema, que son poquísimos”.
¿Cómo un país se convierte en esa apocalíptica postal?, nos interroga Federici. “El capitalismo siempre ha tenido fases –de la agricultura al comercio, del comercio a la industrialización, de la industrialización a la globalización- así como ha sido constante su política de despojar y privatizar. Sin embargo, esta etapa de apropiación y control de los recursos naturales tiene nuevos mecanismos. Uno fundamental es arrasar con la cultura y la historia. Arrasar hasta vaciarla. Es eso lo que estamos viendo en Libia, Somalia, Afganistán, Irak, Siria. Ciudades y barrios enteros destruidos, millones de poblaciones desplazadas por la violencia. Lo que queda es, literalmente, un desierto. Un desierto sin historia, sin raíces, sin memoria. Y allí donde nosotras vemos horror y tristeza, las grandes corporaciones ven un lindo espacio para diseñar lo que quieran”.
En esta postal, señala Federici, “el conflicto central es por la tierra”. Un sistema de agricultura sin campesinos y de campesinos sin tierra expulsa poblaciones a periferias urbanas. Un sistema que produce guerras para cultivar desiertos, convierte a millones de personas en mano de obra barata en los centros de explotación europeos. “Lo que veo, entonces, son zonas rurales con monocultivos y sin habitantes, y zonas urbanas superpobladas y militarizadas para controlar así a las poblaciones expulsadas”.
Esa es la imagen del capitalismo actual.
¿Cómo resistir estos horribles destinos?
Federici nos hace ver algunas señales. “He observado que las comunidades más resistentes, aunque sean pequeñas, son las que más memoria colectiva tienen. Y la memoria colectiva no es algo congelado: se enriquece con cada generación. Cuando en la comunidad hay un sentimiento de estar en suelo, calles, tierras de sus ancestros, de los que lucharon por una forma de vida mejor, de los que hicieron tantas cosas por hacer de este mundo otro mundo, eso te conecta con algo mayor a vos misma. Así, el lugar al que perteneces te interpela. Así, se crea un sujeto colectivo, un bien común, que te permite reinterpretar los hechos y tus acciones. Construir esa historia es hoy parte de la construcción social de la resistencia”.

La historia sin fin

“El capitalismo nace de una resistencia al feudalismo. Esto es parecido. Para construir esa resistencia el capitalismo apeló a las pequeñas parcelas de tierra que podían producir una economía de subsistencia por fuera del señor feudal. Así comenzó a tejer su autonomía. Sin tierra, entonces, sin materialidad desde dónde construir formas de vida diferentes, es difícil crear resistencia, porque no hay materialidad desde dónde hacerlo. El proceso de despojo hoy es múltiple, pero comienza por ahí, por el territorio, porque así destruye lo central, que es la posibilidad de sostener otra forma de vida. ¿Cómo hacemos entonces para producir otras formas de vida, autónomas, autosuficientes? Esa es la pregunta central”.
La respuesta es la que intenta bordar ese espacio parido por Federici, que bautizó Economía Feminista y que propuso definir como “la ciencia de la resistencia”. Los textos, videos y exposiciones que compartieron en este encuentro pueden ahora leerse libremente en www.lavaca.org.
Así se está criando una nueva generación que está pariendo teoría a partir de las prácticas de movimientos sociales que sostienen, aquí y allá, otra forma de ver lo que hay y pensar qué hacer, entre todas, con eso.
Por eso sonríe Federici.
Porque está viendo cómo se están construyendo respuestas, que no son fáciles ni todavía contundentes, pero ya fermentan.
Así Federici nos recuerda lo que ya sabemos: la vida siempre es más fuerte.

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El Paraná en venta: La extranjerización de la tierra en Misiones, Corrientes y Entre Ríos

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Mientras el oficialismo busca aprobar en el Senado, el próximo 6 de agosto, el proyecto que denominaron “Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada” que elimina -entre otros aspectos-, los límites a la compra de tierras rurales por parte de capitales extranjeros, los datos oficiales que analizamos y difundimos, muestran que el proceso de extranjerización ya golpea con fuerza a un corredor estratégico del país: la cuenca del río Paraná. Misiones, Corrientes y Entre Ríos —las tres provincias que se despliegan a lo largo de ese río, desde la Triple Frontera hasta el Delta— concentran algunos de los departamentos más comprometidos del país en materia de propiedad extranjera de la tierra.

Por Pablo Volkind, Matías Oberlin Molina, Julieta Caggiano, Gabriela Elias, Micaela Medero Larrosa, Maia Sol Ilutovich y Thomás Artopoulos

Misiones: la selva, el Paraná y el capital chileno

Misiones es la provincia más extranjerizada de la región: el 11,29% de su territorio —más de 325.750 hectáreas— está en manos de capitales extranjeros. A diferencia de otras provincias, donde la propiedad extranjera se reparte entre varias nacionalidades, en Misiones existe un claro predominio del chileno que controla prácticamente ocho de cada diez hectáreas extranjerizadas de la provincia.

Ese dato coincide con una empresa  puntual: la firma forestal chilena Arauco, que a través de distintas sociedades vinculadas —entre ellas Alto Paraná S.A.— es propietaria de más de 240.000 hectáreas en Misiones, lo que la convierte en uno de los mayores propietarios privados de tierra del país. Su negocio son las plantaciones forestales de pino y eucalipto para la producción de celulosa, un modelo de monocultivo a gran escala que desplaza la producción diversificada y el arraigo de los pequeños productores misioneros.

No es casual dónde se concentra esa presencia. Los siete departamentos misioneros que tienen frente sobre el río Paraná —Posadas (Capital), Candelaria, San Ignacio, Libertador General San Martín, Montecarlo, Eldorado e Iguazú— son, con la excepción de la propia Capital, los que exhiben los porcentajes de extranjerización más altos de toda la provincia: Iguazú encabeza el ranking con casi el 40% de su superficie rural en manos extranjeras (114.400 hectáreas), seguido por Montecarlo (18,4%), General San Martín (16,8%) y Eldorado (16,2%), los cuatro con fuerte presencia de capital chileno. El corredor forestal sobre el Paraná es, en los hechos, el corredor de la extranjerización misionera. Justamente el intendente de Puerto Libertad, ubicado en el departamento de Iguazú, afirmó que la localidad “es una prueba viva de que la extranjerización de la tierra trae complejidades para el desarrollo de los pueblos”. Al respecto, enfatizó que alrededor del 80% de las tierras útiles del municipio pertenecen a una sola empresa, situación que dificulta el crecimiento urbano y la planificación de nuevas obras. Una perspectiva similar comparten otros 20 intendentes de la provincia. 

Esta preocupación no es solo de un sector de la dirigencia política: un comunicado conjunto firmado por más de 30 organizaciones sociales, gremiales, productivas y políticas de Misiones —entre ellas APAM, la Federación Nacional Campesina, la CTA Autónoma, ATE, el MTE, la UTT, el MCL y varios partidos y frentes provinciales— rechazó públicamente el proyecto y aportó dos datos que confirman el diagnóstico: en la provincia, tres empresas concentran más del 20% de la tierra rural, y el 14% de las mejores tierras productivas misioneras ya pertenece a capitales extranjeros.

El resto de los departamentos misioneros, aunque con porcentajes menores, también muestra el mismo patrón. General Belgrano (11,1%) y San Pedro (9%), ambos con fuerte presencia chilena y alemana, completan el podio detrás de los cuatro departamentos del corredor del Paraná. En contraste, San Ignacio (9%) y la propia Capital (6,4%) combinan capital chileno con una porción menor de otras procedencias.

El Paraná en venta: La extranjerización de la tierra en Misiones, Corrientes y Entre Ríos

Corrientes: capital estadounidense, holandés y chileno sobre el arroz y la forestación

En Corrientes, la extranjerización alcanza el 7,63% de la superficie provincial, unas 554.000 hectáreas. A diferencia de Misiones, aquí el capital extranjero está más diversificado: el estadounidense lidera con más de 122.000 hectáreas, seguido por el chileno (95.400 hectáreas), el holandés (72.000 hectáreas) y el luxemburgués (69.400 hectáreas). Este último dato merece un comentario aparte: Luxemburgo es uno de los llamados “paraísos fiscales”, un país de apenas 660.000 habitantes cuya legislación favorece la radicación de sociedades pantalla y vehículos de inversión con baja o nula tributación. Que casi 70.000 hectáreas correntinas figuren bajo titularidad “luxemburguesa” —concentradas en los departamentos arroceros de Goya (39.600 hectáreas), Esquina (23.800 hectáreas) y Curuzú Cuatiá (6.100 hectáreas)— no necesariamente identifica al verdadero dueño de esa tierra, sino a una estructura societaria diseñada, entre otras cosas, para dificultar ese rastreo.

Los departamentos correntinos con mayor extranjerización son Ituzaingó, con casi el 34% de su superficie (93.850 hectáreas) en manos extranjeras —allí el capital holandés controla por sí solo más del 18% del departamento (50.550 hectáreas), y el estadounidense otro 8% (22.280 hectáreas)—, y Berón de Astrada, con un 32,7% (23.325 hectáreas), de fuerte presencia española. Les siguen Santo Tomé (14%), donde domina un fuerte bloque de capital chileno de 78.000 hectáreas —vinculado, igual que en Misiones, al negocio forestal—, Concepción (13,5%) y San Miguel (11,4%).

El peso del capital estadounidense en Corrientes no es un dato menor: coincide con la expansión de la agricultura de gran escala orientada al arroz, un cultivo en el que grandes fondos de inversión con capitales de Estados Unidos vienen consolidando una posición dominante sobre miles de hectáreas en el centro-oeste de la provincia, en muchos casos sobre humedales y zonas cercanas al Iberá. El caso más marcado es Mercedes, donde el capital estadounidense por sí solo suma más de 47.500 hectáreas, seguido por Curuzú Cuatiá (16.300) y San Miguel (16.700).

De los 24 departamentos correntinos, al menos ocho tienen frente sobre el río Paraná: Ituzaingó, Itatí, San Cosme, Capital, Empedrado, Bella Vista, Goya, Lavalle y Esquina. Varios de ellos —empezando por Ituzaingó, el más extranjerizado de la provincia— están directamente sobre la ribera del río.

El Paraná en venta: La extranjerización de la tierra en Misiones, Corrientes y Entre Ríos

Entre Ríos: entre el Paraná y el Uruguay, un mosaico de capitales europeos

Entre Ríos, la provincia mesopotámica más austral de las tres, tiene un nivel de extranjerización menor pero no despreciable: 3,23% de su territorio, unas 247.000 hectáreas. Allí el capital extranjero está repartido entre varias nacionalidades europeas y regionales: el uruguayo encabeza el ranking con más de 44.000 hectáreas, seguido por el italiano (40.700 hectáreas), el holandés (36.000 hectáreas), el español (34.600 hectáreas) y el francés (28.500 hectáreas).

Los departamentos con mayor extranjerización son La Paz (8,76%) y Gualeguay (8,57%), ambos sobre la cuenca del Paraná, seguidos por Concordia (5,68%) y Federal (3,78%), sobre el río Uruguay. De los 17 departamentos entrerrianos, seis tienen frente sobre el río Paraná: La Paz, Diamante, Paraná (Capital), Victoria, Gualeguay e Islas del Ibicuy —esta última, además, en pleno Delta—, mientras que Concordia, Federación, Colón, Gualeguaychú, San Salvador y Villaguay dan al río Uruguay.

El mapa de nacionalidades entrerriano también tiene su propia lógica territorial: en Concordia predomina el capital alemán (3.220 hectáreas sobre un total de 5.680), en Federal el italiano (más de 3.050 hectáreas sobre 3.780) y en La Paz y Gualeguay —los dos departamentos más extranjerizados— se reparten capitales holandeses, españoles y uruguayos, estos últimos históricamente vinculados a la compra de campos linderos con la frontera este de la provincia.

Juan Echeverría, exdirigente de la Federación Agraria Argentina e integrante de Bases Federadas, oriundo de Hernandarias (Entre Ríos), describió el mecanismo de desplazamiento que ya opera en su zona: “Los pools de siembra y los grandes actores financieros que hacen extractivismo con la agricultura van desplazando al pequeño productor de los campos que tienen alquilados. Hoy se está pagando en mi zona seis quintales fijos por alquilar un campo por un año y ya aparecen pools locales ofreciendo diez quintales”.

Uno de los principales argumentos con los que el oficialismo defiende el proyecto es, precisamente, que la apertura sin límites a la compra extranjera elevaría el valor de la tierra, en beneficio de sus propietarios. Así lo planteó el senador nacional Joaquín Benegas Lynch, para quien un campo que hoy vale 2.000 o 3.000 dólares la hectárea podría pasar a valer 6.000 o 7.000 si se elimina el tope a la demanda extranjera. La contracara de este argumento radica en que el aumento generalizado del precio de la tierra no es una buena noticia para quienes no tienen tierra propia, sino que la alquilan o dependen de ella para producir. Cuanto más sube el valor del campo, más suben también los alquileres y más difícil se vuelve competir con los capitales extranjeros y los grandes grupos locales concentrados que pueden pagar precios que ningún productor familiar puede igualar. Es exactamente la dinámica que describe Echeverría con los pools de siembra en Entre Ríos, y que en Misiones tiene un capítulo propio: la presión sobre los pequeños productores de yerba mate, ya golpeados por la desregulación del mercado yerbatero que impuso el gobierno de Milei, que ante campos cada vez más caros y una competencia que no pueden afrontar quedan en un lugar cada vez más débil frente al avance forestal de gran escala. Lo mismo ocurre con los pequeños campesinos de Corrientes y Entre Ríos donde terminan expulsando a quien no puede pagar el nuevo precio, mientras beneficia a quien ya concentra la escala suficiente para vender o para comprar más.

El Paraná en venta: La extranjerización de la tierra en Misiones, Corrientes y Entre Ríos

Un mismo corredor y un problema común de soberanía 

Lo que muestran estos datos es que la extranjerización de la tierra en la Mesopotamia argentina no se distribuye al azar: se concentra, con matices propios en cada provincia, sobre el corredor del río Paraná —una vía navegable estratégica, con acceso a mercados de exportación, recursos forestales e hídricos. Si el proyecto que impulsa el Gobierno nacional avanza, nada impediría que ese proceso, que ya es intenso en departamentos como Iguazú, Ituzaingó, La Paz o Gualeguay, se profundice sin ningún techo legal y perdamos  un recurso fundamental para nuestro desarrollo soberano.

A su vez, el corredor del Paraná no se agota en estas tres provincias. Un poco más al sur, en Garay, departamento santafesino también ribereño, la extranjerización alcanza el 16% de su superficie, unas 61.629,59 hectáreas. De ese total, 58.220,84 hectáreas —prácticamente la totalidad— están en manos de capital estadounidense, un dato que confirma que el fenómeno excede a la Mesopotamia y se repite, con la misma lógica, a lo largo de toda la cuenca del río.

Frente a este panorama, instituciones académicas y organizaciones sociales, gremiales, campesinas y ambientales de todo el país convocamos a movilizarnos el próximo 6 de agosto al Congreso Nacional, fecha en que el Senado tratará el proyecto. El objetivo es frenar en la calle lo que se discute en el recinto, y exigir a los legisladores que rechacen una iniciativa que, como muestran los datos de Misiones, Corrientes, Entre Ríos y también de Garay, ya viene entregando pedazo a pedazo el territorio nacional. La tierra y el territorio no se venden, se defienden.

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MU 215: Sin chamuyo

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MU 215: Sin chamuyo
Este número 215 de MU ☝️viene con doble tapa, que podría ser una frase: Sin chamuyo, a remarla.




MU 215: Sin chamuyo

Viaje a la vida en el Delta: Y la nave va

Mientras el gobierno nacional privatiza la principal vía navegable del país con un nivel de tráfico comercial gigantesco y opaco, quienes habitan el delta advierten sobre el impacto a una forma de vivir, al humedal que provee biodiversidad, y a una soberanía que se pierde río abajo. Viaje en barco de MU desde el bajo delta bonaerense, para conocer y escuchar a isleños, productores, docentes, ambientalistas y vecinos que resisten otra avanzada sobre un territorio en disputa.

Por Francisco Pandolfi




MU 215: Sin chamuyo

Gonzalo Giles, pensador y comunicador «disca»: Error en el sistema

Gonzalo Giles, activista del movimiento disca que resiste el ajuste.
Es mudo pero logra hacerse oír. Humor, creatividad y política:
“Necesitamos menos caudillos y más gente que construya”.

Es escritor, activista y referente de una generación que convirtió la experiencia de la discapacidad en una potencia de comunicación y acción. Ahora prepara un espacio propio para intervenir en política. Una conversación sobre prejuicios, salud mental, amores, liderazgo, y “lo disca” como una categoría desde la cual pensar –y reconstruir– un país. 

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La dictadura en el delta: Los sonidos de El Silencio

La quinta El Silencio fue un centro clandestino en el que la dictadura escondió en 1979 a 40 personas secuestradas. ¿Cuánto se sabía y cuánto se callaba entre las islas y ríos del Delta? Un viaje a ese paisaje y a esa realidad: la alianza entre una vecina y una historiadora, lo que cuentan los sobrevivientes, los barcos de la muerte y la investigación de chicos de la zona, con sus preguntas y sus grabadores, para entender el pasado y mucho del presente.

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Violencia policial en Constitución: La ley y el orden

La Policía de la Ciudad asesinó a Víctor Vargas (foto) disparándole tres balazos por la espalda. Intentó ocultar la verdad del crimen pero la investigación judicial detectó a los culpables y se abrió una causa sobre la relación entre la venta de drogas y la complicidad policial. ¿Quién era Víctor? Constitución como tierra de nadie y la violencia institucional contra prostitutas, travestis y quienes tratan de sobrevivir a la crisis de cada día.

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El «Woodstock ambiental» contra los agrotóxicos: De película

Alarmados por los pesticidas y sus efectos de contaminación ambiental y humana, estudiantes y un maestro de una escuela pública cordobesa empezaron a componer canciones. Convocaron tímidamente a artistas, y se sumaron más de 300. Ya hicieron tres discos y un recital en el campo. Una canción para mi tierra es el film que relata esa aventura que empezó en una comunidad, siguió por decenas de escuelas y tiene contagios en defensa del ambiente y la vida desde España hasta el Amazonas.

Por María del Carmen Varela




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Un biodrama del presente: Puta madre

La obra Putamadre muestra los mandatos, la soledad de las mujeres que crían solas, y una sociedad que las juzga antes de escucharlas. Lejos de la maternidad romántica, humor, amor y la historia real de una madre con su hijo todavía preso: ambos en escena, él a través de una filmación desde la cárcel. Lo que puede el arte para derrumbar prejuicios.

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MU 215: Sin chamuyo

La Cogolla: Flor de cultivo

Yael Frida Gutman mezcla cabaret, transformismo, música y humor para hablar de cannabis, autogestión y libertad: una obra que crece desde hace cinco temporadas y convierte cada función en una celebración, una conversación y una invitación a pensar.

por María del Carmen Varela




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Desentendimiento: Fingir demencia

Sabemos lo que pasa, pero no hacemos nada. La filósofa eslovena Alenka Zupančič escribió Desentendimiento-Una forma perversa de la razón en la crisis permanente, sobre ese rasgo que no es el “negacionismo” y que consiste en eso que llamamos “fingir demencia” (o normalidad). Las fake, el oscurantismo, y los que se creen por encima de la gente.

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MU 215: Sin chamuyo

Crónicas del Más Acá: Parlantes

Por Carlos Melone

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MU 214: Mujer maravilla

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Ella y sus dos hijos llevan glifosato en su sangre, al igual que muchos y muchas en
Pergamino, localidad contaminada por el agronegocio donde dieron batalla y hoy
protagonizan un juicio histórico contra productores y funcionarios. ¿Será justicia?




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Ganar la vida: La historia de (no) ficción de Sabrina Ortiz

Su hijo Ciro tenía 120 veces más agrotóxicos que lo “admisible”. Su hija Fiamma, 100 veces más; ella, 58. Viven en Pergamino, llamada “la capital del veneno”, donde se encontraron pesticidas hasta en el agua de red. Bajo amenazas de muerte Sabrina inició una denuncia convertida en un juicio histórico que está por tener sentencia buscando terminar con la impunidad. La acompaña una abogada de lujo: ella misma se recibió como parte de su lucha, porque nadie se atrevía a representarla. No es una película sino un retrato de la Argentina actual: un modelo de contaminación, enfermedad y muerte, frente a la lucha de las comunidades que no se resignan a un presente tóxico.

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La undécima edición del Ni Una Menos llegó a Córdoba con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. La gente salió a la calle bajo la lluvia once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta. Cómo se busca justicia.

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Nacidas en las sierras cordobesas, mezclan cumbia, humor travesti y compromiso político. Entre canciones, risas y reflexión, sus integrantes reivindican la construcción de redes, la diversidad y la alegría como forma de resistencia.

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