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Deuda externa, deuda ecológica y sobreexplotación humana y natural: donde pierde la vida y gana el dinero

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“Los pobres son mantenidos en un estado de subdesarrollo sostenible que tanto desde las izquierdas como desde las derechas ha sido mantenido de una u otra forma a través del tiempo”, escribe Walter Pengue, entre muchas otras cosas en este artículo especialmente para lavaca.dream.press. La deuda externa y la deuda ecológica (de la que no se habla) como caras de una misma moneda. La explotación humana y territorial, el consumismo, las claves para entender la época. Pengue es ingeniero agrónomo, doctor en Agroecología, miembro científico del Panel Internacional de los Recursos (Resource Panel) del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, integra el GEPAMA (Grupo de Ecología del Paisaje y Medio Ambiente de la Universidad de Buenos Aires), es profesor de Economía Ecológica en la Universidad de General Sarmiento, e integra el equipo docente del Diplomado Dr. Andrés Carrasco de Periodismo y Comunicación Ambiental de lavaca.
«No temo tanto a los de afuera que nos quieren comprar, como a los de adentro que nos quieren vender”,   Hipólito Yrigoyen
Walter A. Pengue
Uno de los problemas más serios que hemos venido enfrentando recurrentemente en la sociedad moderna reside en especial en la distinta y distorsionada mirada que la economía tiene sobre lo natural y la ceguera sustancial que la misma expone frente a los innumerables servicios a la vida dada por el entorno que rodea y provee a las sociedades: el sistema natural.
Basada en este nacimiento antinatural del sistema económico, subyace la enorme desproporción en la forma en que se utilizan los recursos naturales, el verdadero valor de los mismos y el fuerte impacto causado por el modelo, en especial el sistema capitalista occidental (pero también el modelo comunista actual, por ejemplo el chino), sobre la naturaleza y por supuesto también sobre muchas sociedades humanas.
Para la sociedad el dinero “vale”. Y vale también en función del tiempo. Y por su uso, se pagan tasas. No obstante, la naturaleza que tiene tasas de renovabilidad (para los recursos naturales renovables), o de reposición (para los recursos naturales no renovables), jamás puede emular a las tasas de mercado.  Generalmente estas son más altas y cuando más elevadas, más presión se ejerce sobre los recursos naturales.
En la mirada convencional, se someten a los recursos naturales a la silla eléctrica, se los transforma en dinero y estos fondos se colocan en el mercado financiero. Las tasas financieras elevadas son la cuchilla con la que cortamos la cabeza del sistema natural. Es imposible sostener la vida frente a un sistema ávido sólo de dinero.
Cuando en este dilema, además, incursionamos en un endeudamiento creciente a tasas leoninas, sabemos que estamos hipotecando la vida – todo tipo de vida – en beneficio de la circulación del papel, físico u electrónico y promovemos una enorme transferencia de recursos y la destrucción sistemática de otros.  Argentina, nuevamente se vuelve a enfrentar a este dilema y parece volver a repetir sus errores, cada vez, con un ambiente más y más degradado.

Una deuda odiosa

Las ventajas comparativas (recursos naturales) han sido para las economías emergentes, sus sociedades y en general sus administraciones gubernamentales, un salvavidas de plomo que más que permitir el verdadero desarrollo sustentable, las convirtió en polo de atracción – por sus recursos naturales disponibles (suelo, agua, energía y biodiversidad) y trabajo barato – de los países más desarrollados y en general sus grupos corporativos multinacionales.
La globalización abrió un proceso importante de acceso a estos bienes naturales, el uso de los servicios ambientales y la apropiación del espacio vital que lejos de terminar se ha intensificado en especial, en América Latina y África.
Mientras una parte del mundo -algunos pocos gobiernos se muestran realmente preocupados y otros hipócritamente se exponen como azorados, a pesar de tener mucha responsabilidad en ello-  frente a las migraciones internas y externas niega aún la consecuencia emergente del fracasado modelo global de crecimiento, ahora en la región sur volvemos a enfrentarnos a una nueva crisis financiera, económica, social y ecológica, que derivará consecuentemente en nuevas migraciones y enormes flujos transaccionales de recursos naturales estratégicos.  
Y ciertamente en la consecuente pérdida de vidas, ilusiones y sufrimiento para la parte más débil de una sociedad, recurrentemente golpeada.  Antes fueron las economías de Asia, África y América Latina. Luego les tocó las políticas de ajuste a las propias economías europeas como en Portugal o Grecia y ahora, nuevamente nos llega la cuestión a nosotros.  
Cuando en Abril del año 2002, escribía en Le Monde Diplomatique, “Lo que el Norte le debe al Sur: Comercio ecológicamente desigual y deuda ecológica” (Pengue 2002), advertíamos sobre los enormes costos históricos, ecológicos y sociales que la deuda externa estaría produciendo sobre los cuerpos y territorios de los países del tercer mundo, entre ellos por supuesto, la Argentina.  En la portada del mismo periódico se destacaba que “El establishment apuesta al caos”, en clara alusión al verdadero juego que practica el sistema financiero local e internacional.  Veinte años de diferencia, pero los mismos procesos de apropiación y posiblemente una mayor destrucción socioambiental.  Nos sigue dominando el establishment y no la producción sustentable y la mirada de mediano y largo plazo.  
Patricia Adams, una economista del Banco Mundial, renunciada luego de ver tantos atropellos y sinsabores, sumando con claridad a la forma en que se construyó una deuda ilegítima en muchas economías emergentes, lo advertía con claridad: son “deudas odiosas”.  Se preguntaba y nuevamente podemos preguntarnos ahora, porqué en este caso los argentinos, que declamamos derechos de manera incuestionable y somos capaces de movilizaciones masivas que nos enorgullecen y logran objetivos por algún tema específico, nos sometemos tan pasivamente, a los arbitrios de una ominosa deuda externa, construida tanto interna como externamente, sin cuidar ni preocuparnos, con el mismo compromiso, por nuestra gente, nuestros ancianos, nuestros niños y menos aún por nuestro ambiente. Un ambiente que venimos destruyendo sistemáticamente desde hace décadas de forma más intensiva.  Y aunque no degradamos nuestro entorno por malicia, lo aceptamos con la intrepidez de un pavo.  Si ningún agricultor sueña con dejar a sus hijos un campo destruido, con su capa fértil lavada, el agua contaminada y el terreno cubierto de cárcavas, ¿porqué permitimos tal destrucción de un modelo agotado? Si ninguna comunidad se somete voluntariamente a un desgaste azaroso, ¿por qué las sociedades toleran el cautiverio de la deuda externa, aun cuando su origen es distante de su cotidianeidad (Adams 1993) y alejadas además, de su responsabilidad?
Los investigadores y las miradas profesionales parciales también son responsables.  Objetivando el problema desde una perspectiva monocriterial, se soslaya siempre el impacto de las otras perspectivas. Recuerdo aún con tristeza una conferencia plenaria muchos años atrás, en un Congreso Regional de Ecología en Bariloche, donde un prestigioso ecólogo, pleno de lauros bien ganados,  respondía a una pregunta del público sobre su presentación acerca de las perspectivas futuras y los distintos escenarios frente a diferentes contextos económicos globales, que bueno, eso no es un tema nuestro, eso se lo dejo para los economistas”. 
Y así, académicos destacados, sea por impericia, desconocimiento o desprecio a una disciplina a veces considerada menor, dejan a veces de lado, en manos de muy pocos “expertos”,  los principales problemas que incumben a las sociedades actuales y a sus recursos: el impacto del sistema económico sobre todos los procesos, que son en primer lugar, complejos.  Una pena, pues desde allí se forman a generaciones de jóvenes que a veces escuchan con avidez, esperanza y respeto, a sus “sabios”.
Por otro lado, las recurrentes discusiones monetarias, ascensos y fracasos y de las economías y sus formas de explotación de los recursos, encuentran en la economía ortodoxa, las respuestas más impensadas, desde delirantes a premonitorias, cuando el barco siempre se está hundiendo. Y luego, sobre la destrucción de vidas y haciendas, vuelven a resurgir como el ave fénix, una y otra vez. Si un cirujano, un médico, o un ingeniero, equivocaran su pronóstico, la pena sufrida le sería grave. Cuando el economista previsiona y hasta promueve decisiones que serán desacertadas, impactando a millones de personas, y directamente las vidas de hombres, mujeres, niños y ancianos, sumado nuestro ambiente, el costo que enfrenta es prácticamente nulo. Dice cualquier cosa, o toman decisiones desastrosas, y no hay cargos por responder.  Y es claro además que existe en la sociedad, una prevaleciente mirada economicista por encima de todas las demás, como así sus impactos. Y la inequidad también, desde el vamos.
Sin embargo, es muy llamativo que las sociedades, no comprendiendo a cabalidad lo que se encuentra en juego y en especial, el cómo resolverlo, esperan con avidez la respuesta de algún nuevo gurú, que les llevará nuevamente al fracaso y aniquilará, como ya se ha experimentado el futuro de generaciones actuales y futuras, además de dilapidar recursos naturales renovables y no renovables.
El problema económico no es tal.  Es social y político. Amerita de una nueva perspectiva que incursione en el análisis de la complejidad, que no es propiedad de ninguna disciplina y se resuelve desde un cambio de paradigma, desde un cambio profundo del sistema económico, causante de la recurrencia cíclica de tales males. Y de una mirada especial de la ciencia de la complejidad, que maneja como la incertidumbre, la ciencia postnormal.
La lucha política y social por la apropiación de los recursos (naturales y humanos) y su explotación ha llevado claramente a desbalances permanentes, en los cuales para que unos pocos ganen, sean muchos los que pierdan.  Este sistema capitalista actual es una economía de rapiña y lo que enfrenta Argentina nuevamente es una transferencia brutal de bienes de un sector a otro en una nueva licuación no sólo de su moneda, sino de sus recursos tangibles, que llevan al país hasta el fondo.

Una economía marrón

La economía de rapiña, un proceso de destrucción sistemática de naturaleza, que además explota singularmente recursos naturales y humanos sin considerar el costo socioambiental, es en general promovida en nuestras sociedades, en especial para dar respuesta a la necesidad de ingreso de fondos externos que den cuenta del pago de intereses y capital de crecientes “deudas externas”. La fuerte expansión de un modelo de crecimiento de una economía marrón que por un lado fomentó y promueve el crecimiento y el consumo y por el otro lado, viene acompañado por importantes impactos ambientales y a la salud humana, encuentra en las miradas de las derechas o las izquierdas, de los de arriba y de los de abajo, un inmanente precepto que les sigue uniendo a todas: el de crecer.  Luego recién vendría la discusión de qué y cómo se acumularía y qué se distribuirá y cómo cada uno de los beneficios. De la distribución de costos sociales (externalidades), poco o nada se habla, desde prácticamente ninguna de las aristas políticas.
Ya desde la revolución industrial y actualmente con la nueva revolución consumista, la degradación no se hizo esperar y el sistema económico ha generado tremendos impactos tanto en los países periféricos como en los más desarrollados, con polos de degradación hoy en día imposibles de soslayar. En los últimos cincuenta años, la carrera por la transformación de naturaleza en producto se ha hecho aún mayor. 
El ritmo del crecimiento económico mundial es más acelerado que la propia expansión de la especie humana. Y ese proceso, además promueve una extracción sin precedentes de recursos naturales, en especial potenciado en las economías del Sur, de manera notable. Mientras entre 1950 a 2010 el PBI mundial pasaba de 10 a 80 trillones de dólares, y la población humana lo hacía desde los 3.000 a los más de 7.000 millones, lo que equivale a decir que mientras la economía global se multiplicaba casi ocho veces, la población del mundo solamente se duplicó. Los datos del Departamento de Estudios Económicos y Sociales de las Naciones Unidas informaron que la población mundial alcanzó en Junio de 2017 los 7.600 millones de personas que se proyectan a los 8.600 millones para el año 2030. Las previsiones siguen rondando llegar a 9.800 millones para 2050 y a 11.200 para 2100. Siempre que no se consideren guerras de aniquilación global o pandemias mundiales de enfermedades que incluso hasta ahora desconozcamos.  La tendencia continuaría a un ritmo de aproximadamente 83 millones de personas más cada año, pese a una disminución constante de los niveles de fertilidad. Las nuevas proyecciones (2017) indican, por ejemplo, que China e India seguirán siendo los países más poblados, pero cerca del año 2024, India superará a China, mientras que entre los diez países con más población, Nigeria es el que está creciendo a una mayor velocidad. Por ello, se estima que Nigeria superará en este aspecto a Estados Unidos antes de 2050.
La economía y el consumo (consumismo) de materiales, energía, agua y recursos naturales crecen mucho más que la propia expansión de la especie humana. Para hacer crecer estas economías globales, varios de los países en desarrollo se convierten en meros proveedores de estos materiales y cuando a este abastecimiento, se suman la necesidad por un lado de una demanda de  materiales sin valor agregado real y por el otro, la falta de ideas alternativas para el desarrollo, se potencia la extracción insostenible de los recursos y un creciente endeudamiento externo. Los países poseedores de ventajas competitivas (conocimiento, información, ciencia, tecnología, prospección estratégica) cuentan con la capacidad de apropiarse de estos recursos y pagar por ellos precios relativos cada día más bajos.  Y además, transferir sus pasivos ambientales.
La enfermedad holandesa parece erigirse por estos lares.  Poseemos recursos naturales. Pero no poseemos la capacidad y eficiencia para explotarlos de manera racional. Tenemos ventajas comparativas incuestionables y adolecemos de ventajas competitivas. Argentina, claro lo es, es la última frontera para la extracción de tierras de calidad, energía renovable y minería a gran escala. Y se la está aprovechando, no justamente en beneficio de la propia Argentina. En el país, entre 1970 y 2009 la extracción de materiales pasó de 386 millones a 660 millones de toneladas, con una tasa de crecimiento superior a la de la población misma.                 Esto significa que el aumento en la extracción de materiales no está impulsado por el consumo doméstico (interno en sí mismo) sino fundamentalmente por la exportación de commodities (agricultura, forestal, ganadería, energía y minería). En comparación con otros países exportadores de la región, Argentina tiene la mayor extracción de materiales per cápita: 16.46 ton/cap.

Recursos Naturales y Deuda Ecológica

América Latina, especialmente focalizada en los Andes y la selva amazónica, representa aproximadamente 17 % de las reservas mundiales de hierro, y cuenta con el 20 % de las de estaño, 25 % de la bauxita, zinc y níquel, además de contar con casi la mitad de las de cobre y plata y entre el 60% y el 70% de las de litio, uno de los elementos en los cuales los funcionarios políticos están poniendo muchas de sus expectativas, al verse utilizados no sólo en pilas sino en los autos eléctricos.  Brasil ocupa el segundo lugar como exportador de hierro del mundo y Chile, muy concentrado en minerales como el cobre es el primero. Respecto de nuevos elementos en el mercado mundial, el Brasil con más del 18 % del total mundial es el segundo país luego de China. También es considerado como un centro estratégico de reservas críticas, tanto por los Estados Unidos, China y la Unión Europea, al contar como informa el panel de los Recursos, el 90 % de las reservas mundiales de niobio.
América Latina es una gran reserva de energía. Según el World Energy Council, cuenta con el 22 % de las reservas recuperables de petróleo en el mundo, el 25 % del gs y más del 15 % de petróleo de esquisto y shale-gas.  Vaca Muerta es la nave insignia actual de la Argentina, y uno de los blasones con los que los sucesivos gobiernos de estos últimos tiempos la muestran como el potencial elemento dinamizador de una economía alicaída.  En los últimos 5 años, Vaca Muerta recibió u$s 50.000 millones de inversión y espera aún más para la explotación de las 19 nuevas concesiones de gas no convencionales. Evidentemente bastante alejado de la mirada real por energías renovables que recibieron a través del FODER, menos de u$s 500 millones.
En cuanto a la biomasa, América Latina nuevamente es un gran productor y exportador. La biomasa representa el 70% del flujo material, y se compone en un 71% por las pasturas y alimentos para el ganado, en un 2% por pesca y extracción maderera y en un 27% por cultivos.  Entendemos por biomasa a todos los elementos producidos tanto por la agricultura (granos, piensos), como por la ganadería (carnes, huevos, leche), la producción forestal o la horticultura o fruticultura por ejemplo.
Siendo la biomasa un producto muy importante en las cuentas de exportación de las economías latinoamericanas y en especial de Argentina, es llamativo que desde las políticas públicas, como también desde la investigación más integral que incumbe a los territorios, se haya prestado menor atención a los impactos y procesos que derivan en la cancelación de relevantes prestaciones ambientales. Entre estos impactos están los efectos sobre los ciclos biogeoquímicos y la contribución de Argentina y de la demanda mundial a estas alteraciones. Asimismo en un país que basa su desarrollo en el sector agropecuario, no hay reflexión sobre los efectos de contar con un territorio de altísima calidad productiva que es a la vez muy susceptible a las transformaciones.
La actual crisis de la deuda, que tiene a maltraer al actual gobierno, se suma a la escasa mirada que se tiene sobre los efectos invisibles de la extracción de esta agricultura minera. Si bien luego de la sequía enfrentada en la pasada campaña los principales granos sembrados (soja, maíz, girasol, sorgo, trigo, cebada y otros) pasarán de una superficie de 36,1 millones de hectáreas a 37,2 millones, los costos ambientales que les acompañan son crecientes.  En Argentina, un 37.5 % del territorio (unos 105 millones de hectáreas) está afectado por procesos de erosión hídrica y eólica, que movilizan a su vez, millones de toneladas de nutrientes. 
La sequía puede ser un problema climático, derivado o no de efectos antrópicos. El mal manejo de los recursos, la sobreexplotación del suelo, la monocultura minera, no lo es. Responde a la avidez privada y la promoción pública por este único modelo. La falta de ideas y la no construcción de alternativas, tiene enormes costos, que aquí ya también comenzamos a mensurar. Tener las métricas, deberían servir a los políticos, para cambiar sus miradas, y no repetir incertezas brindadas por actores interesados. A los que igualmente siguen.
Un proceso continuo de agotamiento de nutrientes del suelo ha estado en curso desde  los últimos 55 años de la dinámica de extracción de nutrientes. Los nutrientes estimados cosechados de 1961 a 2015 se mantuvieron en 113 Tg (Teragramos) de NPK (76 Tg N, 11 Tg P, 26 Tg K), igual a una extracción nacional promedio anual de 64 kg N ha-1, 9 kg P ha-1 y 22 kg K ha-1 (Pengue y otros 2018). Este agotamiento del suelo representa un «costo oculto» o intangible ambiental, ya que la exportación de nutrientes de los suelos como capital natural permanece sin contabilizarse (Pengue 2017). Esta compensación ecológica debe conciliarse para minimizar los impactos ambientales, evitar la degradación del suelo y mantener la capacidad del paisaje para producir alimentos.
En el último cuarto de siglo, fue la erosión hídrica la que más creció, pasando de 30 a 64,6 millones de hectáreas, lo que significa por otra parte, que la erosión eólica está alcanzando ya los 41 millones de hectáreas. Ambos procesos, son disparados especialmente por cuestiones antrópicas, sostenidos en el actual sistema de agricultura industrial.   A su vez, las regiones áridas y semiáridas del país, que cubren alrededor del 75%, albergan ecosistemas frágiles, vulnerables a la desertificación. Un 10% de la superficie de estas regiones, que abarcan el oeste y sur del territorio nacional, se ve afectado por una desertificación clasificada como muy grave, mientras que en un 60% ésta es de moderada a grave, a causa del pastoreo excesivo y el sobreuso de los recursos naturales.
La economía convencional ve sólo a los recursos, cuando estos ingresan en el sistema económico. Y le sostienen (Diagrama). No obstante, la economía se ha ido desprendiendo, alejando de sus tangibles físicos y la especulación financiera ha entrado con fuerza en el actual proceso económico. De una economía de la producción, sostenida en los recursos naturales, se ha pasado a una economía de la especulación, que sostiene y fundamenta la existencia de la economía financiera. “En Dios confiamos”, dice la moneda emblema, el dólar. Y sí, mientras, el mundo “crea”, la especulación se sostendrá.  Las tasas altas, “inventadas” o que responden a cuestiones sociales especulativas, matan la vida y sostienen solo al dinero. Que lamentablemente para los economistas, aún no es comestible.
Las tasas de la economía, sus tasas financieras, no son las tasas de la naturaleza. Por ello, esa “burbuja” que observamos en el diagrama es tal, puesto que lo financiero, meramente especulativo, está muy separado de los bienes físicos.

La Economía de los Recursos Naturales y la Economía Financiera (Pengue 2008)

La actual situación, enfrentada por la Argentina frente a la recurrente y creciente deuda externa, pone sobre el tapete, una desesperada presión interna, sostenida por la voracidad externa, por la extracción de recursos naturales y subvaluación y explotación de recursos humanos, que afecta a la generación actual y endeuda para siempre al menos, a tres generaciones de argentinos.  Esta destrucción del capital socioambiental del país, se enmarca entonces, en el actual concepto de deuda ecológica.
Desde la perspectiva Sur-Norte se puede definir la «Deuda Ecológica» como «aquella que ha venido siendo acumulada por el Norte, especialmente por los países más industrializados, hacia las naciones del Tercer Mundo, a través de la expoliación de los recursos naturales por su venta subvaluada, la contaminación ambiental, la utilización gratuita de sus recursos genéticos o la libre ocupación de su espacio ambiental para el depósito de los gases de efecto invernadero u otros residuos acumulados y eliminados por los países industrializados» (Donoso, 2000). La Deuda Ecológica podría entenderse también, como la obligación y responsabilidad que tienen los países industrializados del Norte con los países del Tercer Mundo, por el saqueo y usufructo de sus bienes naturales: petróleo, minerales, bosques, biodiversidad, bienes marinos; a costa de la energía humana de sus pueblos y de la destrucción, devastación, y contaminación de su patrimonio natural y las propias fuentes de sustento.
Entre la Deuda Externa y la Deuda Ecológica, existen relaciones todas, que incumben a enormes costos sociales y ambientales. Además de la convencional supeditación de la economía nacional a los designios del capital financiero internacional y las economías más poderosas, que implican un fuerte programa de ajuste estructural, que equilibre la balanza de pagos, garantice la devolución de capital y especialmente intereses, brinde acceso a recursos estratégicos del país (tierra, agua, energía, empresas), privatice la educación y los sistemas de investigación, debilite los avances en los beneficios sociales, pulverice las jubilaciones y sostenga solamente a aquellos activos que permitan mantener hacia el exterior el flujo de capitales.
               

                Fuente: Modificado de Pengue (2008).

La fuerte degradación ambiental en el Sur sostiene incluso a la protección ambiental en el Norte, y esto se nota por ejemplo en los números que muestran cómo estos últimos ahorran tierras y restauran sistemas degradados y los países del sur, de manera permanente aumentan sus extensiones para la producción creciente de biomasa (Pengue 2012). El intercambio ecológicamente desigual es un hecho, que al no medir los invisibles, las externalidades, no permiten que mensuren estos impactos (Pengue 2008).

Las retenciones ambientales y los recursos naturales

Los recursos naturales, renovables y no renovables, se han convertido a la luz de la enorme presión extractiva de las últimas décadas, en recursos agotables. Así la minería, el petróleo o la agricultura, los dos primeros,  no renovables y la tercera,  renovable, se transforman en las banderas de la extracción sin resarcimiento por daños en la Argentina.  Lejos estamos del cambio de mirada y de una matriz productiva nacional, cuando la coyuntura ciega la perspectiva política y falta una importante discusión sobre escenarios de desarrollo por al menos, las próximas dos décadas.
Las externalidades generadas por estas industrias extractivas van desde la propia licuación de montañas, hasta la contaminación por productos químicos y agroquímicos varios.  Impactan sobre el ambiente, sobre la salud y sobre las propias economías locales.  Una deuda ecológica social que a la luz de los planes de endeudamiento, y la única perspectiva en pagarse, al menos en sus intereses, con productos primarios, no cambiará.
En la década pasada, la desindustrialización del país dio pie a una intensa reprimarización de todo el sistema económico, apoyada casi exclusivamente en la soja y la minería.  Nuevamente hoy, la reprimarización de la economía argentina es un ejemplo de la dependencia del país por la explotación, prácticamente sin valor agregado, de sus recursos naturales. Extraemos, transformamos poco y exportamos.  Pero nadie reconoce, la relevancia de al menos resarcir en parte los daños producidos por esta degradación. En especial, la aplicación de impuestos a la exportación a estos recursos naturales extraídos, de manera diferencial, podrían al menos contribuir por un lado a un ordenamiento prolijo de su uso y a reinvertir estos fondos en otras prácticas sostenibles, hasta ahora no implementadas. En la gestión anterior, estos impuestos a la exportación, conocidos como retenciones, no fueron utilizados para reordenar un sistema degradado y su recuperación, sino que se implementaron para dar gobernanza y el sostenimiento de planes y programas asistenciales (pero sin perspectivas de mejora social real),  en lugar de inversiones productivas de fuerte impacto social.  La gestión actual redujo los porcentajes aplicados en el sector rural y quitó directamente las retenciones a la minería, bajo la equivocada premisa de aumentar su recaudación a través del impuesto a las ganancias.  Pero ambos, con sus decisiones alejadas del desarrollo sostenible, promovieron con sus prácticas, la única industria que lamentablemente les sostiene: la fábrica de pobres.
Por ello, en primera instancia, los países basados en recursos naturales como la Argentina, en donde es aún relativa, la mirada sobre la creación de riqueza a través del conocimiento y sigue esperanzada en la exportación de un commodities, es importante considerar en casos específicos, de manera relativa, la aplicación de una retención, que permita resarcir el daño ambiental y reordenar la forma en que los recursos naturales, son utilizados.
Las retenciones ambientales no son un impuesto a la renta extraordinaria obtenida por la explotación (¡o sobreexplotación!) de algún recurso, sino que deben considerarse como un monto leído en valores crematísticos para capturar parte de la renta ambiental obtenida por un determinado operador económico, que hace uso de un recurso no reconocido o “libre” hasta hoy, pero por el que más tarde o más temprano deberá también reconocer en su pago.
En nuestros días existe una “captura” por parte de sectores parcializados del mercado que se apropian de un bien ambiental, sin reconocer el valor intrínseco que tiene ese recurso. La retención ambiental es un concepto novedoso, que viene a obligar a reconocer el uso y abuso de bienes ambientales, no reconocidos por las empresas, pero de los que dependen sus ganancias.
La sobreexplotación de los recursos del suelo, del agua, de la biodiversidad, del paisaje, de los espacios productivos en territorios templados del mundo, ameritará un reconocimiento por su uso hasta hoy pobremente valorado. Dada la globalización actual, la aplicación de retenciones ambientales, pueden ser útiles para capturar y de alguna manera “regular”, la extracción de un determinado recurso natural.
Hoy en día la sobreexplotación del recurso es la moneda de cambio con la que se paga esta intensificación direccionada.  La pérdida de biodiversidad es un fenómeno creciente que amenaza a la mayoría de las ecorregiones argentinas. La biodiversidad es una propiedad de los ecosistemas y de las sociedades que es necesario preservar y utilizar en su beneficio conjunto. Los problemas de contaminación de los acuíferos, son un tema de preocupación especialmente en un país donde la intensificación de la agricultura industrial es un hecho exitoso, justamente porque no incluye ni paga ninguno de los costos ambientales y sociales que genera.
El acceso a las fuentes de agua y su utilización es otro problemática importante en tanto y en cuanto, unos capitales las quieren apropiar para sí y para su disfrute privado (nacientes de ríos patagónicos, humedales) o bien para utilizar los cuerpos de agua como receptores de contaminación, como el caso de las pasteras. Ambos conflictos han generado una fuerte respuesta social que superó y de alguna manera enseña caminos a funcionarios y técnicos.
La sobreexplotación de los recursos forestales y la pesca, genera conflictos socioambientales en distintas regiones del país por efecto generado por la desaparición del recurso, la contaminación del ambiente, efectos a la salud y el empleo.
La contaminación agroquímica en pueblos y ciudades nuevamente es un factor que hecho que varias comunidades se organizaran incluso por encima de sus decisores políticos, que por error u omisión u otros intereses menos santos, miran para otro lado.
Peor aún es la contaminación y depredación provocada por las minas a cielo abierto que nuevamente tienen a las asambleas y actores sociales como emergentes reaccionarios de este nuevo ecologismo de los pobres y los no tan pobres.
La extracción de recursos minerales, prácticamente subsidiados por legislaciones que atentan contra el país, lo mismo que las formas de producción y explotación de otros recursos no renovables como el petróleo o el gas, ameritan una profundización de los análisis y conocimiento de los temas por parte del Estado.
Evidentemente que estas cuestiones no se resuelven con más comercio. Sino, solamente con más justicia y democracia.
Todos los casos mencionados implican una importante renta ambiental, hasta hoy día pobremente estudiada y menos aún considerada en las cuentas y los cálculos de los economistas. Estos cálculos no sólo se sostienen por balances monetarios, sino por cuentas de mejoras o pérdidas del bien ambiental y en definitiva del sustrato o la base de recursos de estos bienes que detenta el país.
Es sobre renta esta ambiental, sobre el usufructo de un recurso que trasciende a la propiedad de un privado, sobre el que deberían calcularse las retenciones, y ser vistas no como un elemento único para apropiarse de una mejora coyuntural de precios internacionales, sino como un resarcimiento al país de la extracción del bien, de la remediación de parte de sus daños y, especialmente, muy especialmente, como una medida de restitución de fondos para el sostenimiento de un modelo productivo en el tiempo.
La aplicación correcta de una retención ambiental podrá ayudar a poner orden en el desproporcionado abuso de los recursos naturales (en general ubicados en territorios de países pobres que hasta ahora no tienen presión y poder suficiente para hacerse respetar) por parte de los países ricos y de los grupos corporativos que hoy expolian el planeta (Pengue 2008).
La discusión por el reconocimiento y pago de las retenciones ambientales, tiene especial repercusión en los análisis de los flujos globales de recursos naturales, utilizados hoy mundialmente por las economías sin reconocimiento alguno. Queda claro, que el sostenimiento y el crecimiento de la economía de los países en vías de desarrollo viene de la fuerza y la apropiación con que estos defiendan el uso de sus recursos naturales.
Los actores del mundo global (países desarrollados y grupos corporativos) han detectado hace tiempo esta capacidad de países como la Argentina, de producir bienes y de obtenerlos a costos bajos.
Los decisores de políticas (ambientales, agropecuarias, energéticas) de la Argentina, poco han tenido que ver, respecto de la instalación en la agenda nacional e internacional del país, de una línea que defienda y haga valer los bienes que nuestras economías exportan y las empresas o traders “toman a costos cero”. Lo mismo hacen hoy día, los grandes grupos financieros, devenidos en inversores en bienes tangibles como los alimentos o la energía.
O acaso, se valúan en las cuentas de nuestros bienes exportables (granos, carnes, leches, maderas, petróleo, gas, minerales), los recursos básicos sobre los que estos han sido producidos o extraídos, como el paisaje, el medio natural transformado, la extracción de los ricos nutrientes de suelos aún algo ricos de la tierra pampeana y chaqueña, el agua virtual, la irradiación solar por unidad de área o el clima que permite duplicar cosechas en el mismo tiempo.
Así como se escuchan los campos de sirena sobre las bondades de muchas nuevas tecnologías, algunas serán veraces y otras tantas, solo falacias habrá que escuchar aún con más atención, las consideraciones en este siglo XXI sobre el valor de nuestros recursos naturales (no sólo de los bienes exportables en el mercado mundial ¡!!), sino la base de estos recursos que les sostienen, y hasta ahora (sólo hasta ahora no hemos considerado).
Tampoco las economías más ricas, los grandes grupos económicos y los traders de los negocios agrícolas o energéticos, pagan a las naciones pobres, cuota alguna por este “alquiler” de su espacio vital. Pero es claro, que lo utilizan.
El pago de retenciones ambientales es un derecho de la nación a hacer valer y reconocer, el resarcimiento por el daño ambiental producido. Pero su producto, no puede derivar en el uso para cualquier fin, como otrora se hiciera, sino en rigor para resarcir, al menos en parte los daños ambientales producidos. Y por otro lado, regular, la forma en que se usan los recursos.

Problemas significativos y falta de miradas

Históricamente, unas sociedades, al mejor estilo parasítico, se nutrieron y crecieron en detrimento de otras. Desde el fondo de la historia, hemos enfrentado estos procesos. En realidad fueron escasos los países que sostuvieron los designios de su desarrollo solamente a través de la explotación de los recursos naturales propios. La economía colonial se nutrió de los recursos foráneos y la sangre de millones de seres humanos explotados tanto en África como en América Latina. El crecimiento de Europa se debió y debería agradecerlo más, a esta irracional explotación. Fueron también muy pocos países cortaron el nudo gordiano de apoyar su crecimiento con la sobreexplotación de materias primas para reincidir solamente en más deuda y dependencia. La mayoría nunca alcanzó a financiar su propio desarrollo, por falta de verdaderas políticas independientes. Por la recurrente dependencia y endeudamiento externo.  En las crisis anteriores de la deuda externa, como por ejemplo, las de 1875 y 1890, Argentina pudo salir con una combinación de pago de aranceles y aumento de los precios internacionales de la lana, pero nunca, ni en sus años dorados, ha podido o querido financiar su propio desarrollo.  Si antes fue la lana, en la primera década del presente siglo lo fue la soja, que por su valor de mercado internacional, permitió por un lado un viento de cola y una acumulación de recursos económicos que dieron gobernabilidad al gobierno anterior y que por otro lado, no permitió vislumbrar una salida distinta a la mirada de la explotación convencional de los recursos naturales como la tierra, bajo una perspectiva economicista que fue similar tanto desde las miradas de izquierdas como de derechas, solo diferenciadas de alguna manera en la forma en que se tensaba la discusión por la distribución de las migajas. Promovidas las retenciones a las exportaciones, las mismas sirvieron para sostener una alicaída, improductiva e ineficiente economía de la primera década y por el otro, fomentaron una mayor aún sobreexplotación de recursos naturales, tanto en las regiones productivas convencionales como en aquellas ecorregiones alejadas de la producción sojera.
Expresados en dinero, los componentes de esta «deuda ecológica» (Pengue 2002), responden a los enormes costos generados por la sobreexplotación de recursos renovables exportados y convertidos en agotables por sobreexplotación, los daños a la vida humana por el uso indiscriminado de agrotóxicos y fertilizantes, las contaminaciones con metales pesados, el relave de minas, la licuación de montañas, la apropiación del agua superficial y subsuperficial o el uso directamente del espacio vital de los ciudadanos con fines meramente monetarios por encima de la vida misma.  A ello se agregan por ejemplo, la enorme presión sobre las especies no humanas, cuya desaparición prácticamente nos enfrenta a una segunda extinción.
Otro costo no reconocido por los países desarrollados es el de los servicios ambientales. Un ejemplo es el proceso de cambio climático, debido a las emisiones de gases de efecto invernadero hacia la atmósfera, del cual son esencialmente responsables los países desarrollados. Los daños a la producción y economías de todo el mundo, la inestabilidad e incertidumbre sobre sus futuras e impredecibles consecuencias (desertización, inundaciones, daños a la biodiversidad), no son tenidos en cuenta.
Pero el más gravoso de todos, es el permanente sostenimiento y crecimiento, como he destacado,  de la fábrica de pobres. No es menor, que el único compromiso real con el capital internacional, sea el de al menos, garantizar la gobernabilidad a través del mantenimiento de planes sociales que atentan contra la dignidad y la vida plena misma. Los pobres son mantenidos en un estado de subdesarrollo sostenible que tanto desde las izquierdas como desde las derechas, ha sido mantenido de una u otra forma a través del tiempo y es lo único que se garantiza en los nuevos acuerdos condicionados a planes de ajuste estructural, se sostendría: Hay que garantizar la gobernanza de un modelo insostenible.
En Argentina, entre 1976 y el 2018 la deuda externa pasó de 7.600 a 350.000 millones de dólares, mientras que la pobreza pasó y osciló entre el 6 % en 1976, 11 % en 1985, 50 % en el 2005, 30 % en el 2013 y ahora y creciendo al 30 %. El trabajo permanente y preciso del ODSA de la UCA, nos da cifras aún más acertadas y alerta ciertamente sobre los enormes costos sociales de estos programas de crecimiento que estamos teniendo.
La cuestión que enfrentamos entonces es que cuando utilizamos las mismas recetas los resultados fueron los mismos: mayor degradación ambiental y pérdidas demostrables en la calidad de vida de los argentinos.
La deuda ecológica y la deuda externa, dos caras de una misma moneda, tienen dentro de sí al enemigo más oculto y que nadie quiere ver: la creciente e imparable deuda interna.
El problema grave que enfrentamos, no lo resolverán ni unos ni otros, con las mismas recetas. O con diatribas disonantes y bajo la construcción de una discordia premeditada.  Sufren y mucho, los pobres, la sociedad toda, el ambiente y las otras especies, siempre olvidadas, pero impactadas y desaparecidas para siempre.
El problema, como lo destacaba para su querida Colombia, el prestigioso académico Don Julio Carrizosa Umaña en su Colombia Compleja, necesita de una mirada y perspectiva de análisis desde la complejidad. Y aquí los científicos, quitados de sus ropajes disciplinares, pueden aportar desde la transdisciplina, desde la complejidad, un aporte que muchas veces es dejado de lado.
Como también ha sido dejado de lado, detrás de la coyuntura, la importancia de la educación de calidad y en todos los niveles. Amplia, diversa, plural, pero educación en calidad y profundidad. Solamente de esta forma, con una formación integral, tanto apoyada desde los sistemas formales como informales, lograremos una sociedad que pueda decidir por sus destinos y no sea llevada por las narices de la coyuntura.
La coyuntura nos ha traído a que, en este año 2018, a cien años de la Reforma Universitaria, estemos enfrentando la caída en un endeudamiento externo que prácticamente nos subsumirá en el subdesarrollo por décadas. Es llamativo cómo, a pesar de la gravedad de la situación, la discusión de la sociedad argentina, parece no ver con claridad la seriedad de lo que enfrenta: una creciente deuda ecológica, una destructiva deuda interna y una voraz deuda externa, que en un tris se llevará puestas a nuestras gentes y haciendas. José Ortega y Gasset, nos decía: “Argentinos, a las cosas…”, ojalá estemos a la altura. O si nuevamente no nos atrevemos, y no hacemos nada útil por nuestro país,  ojalá que quienes no lo hagan,  si se hagan cargo de las consecuencias. 

Referencias

  • Adams, P. (1993).  «Deudas Odiosas, Un legado de insensatez económica y saqueo ambiental», Editorial Planeta.
  • Donoso, A. (2000), Deuda externa, mecanismo de dominación y saqueo, Acción Ecológica, Quito, 2000.
  • Pengue, W. A. (2002).  “Lo que el norte le debe al sur: Comercio ecológicamente desigual y deuda ecológica”. Le Monde Diplomatique. Edición Cono Sur. Número 34. Abril, Buenos Aires.
  • Pengue, W.A. (2008). Fundamentos de Economía Ecológica. Kaicron Editorial. Buenos Aires.
  • Pengue, W.A (2012). Los desafíos de la Economía Verde. Kaicron Editorial. Buenos Aires.
  • Pengue, W.A. (2017). El vaciamiento de las Pampas. Editorial FHB. Santiago, Chile.
  • Pengue, W., Gemmill-Herren, B., Balázs, B., Ortega, E., Viglizzo, E., Acevedo, F., Diaz, D.N., Díaz de Astarloa, D., Fernandez, R., Garibaldi, L.A., Giampetro, M., Goldberg, A., Khosla, A. and Westhoek, H. (2018). ‘Eco-agrifood systems’: today’s realities and tomorrow’s challenges. Chapter 3.  In TEEB for Agriculture & Food: Scientific and Economic Foundations. Geneva: UN Environment.

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Las Criadas: acción ante la Embajada norteamericana en defensa del derecho al aborto

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Las capas rojas y cofias blancas volvieron a recorrer las calles de la ciudad de Buenos Aires en la tarde del jueves 30 de junio.  Vestidas como las protagonistas de la novela de Margaret Atwood, El cuento de la criada (convertida también en serie televisiva), doce mujeres caminaron en fila desde el Museo Eva Perón hasta la Embajada de Estados Unidos, donde el embajador Marc Stanley celebraba un cóctel con más de mil invitados por el aniversario 246 de la independencia de su país, que se festeja el 4 de julio.

Luego del fallo de la Corte Suprema de Estados Unidos que el pasado viernes 24 de junio anuló el derecho a la interrupción del embarazo en todo ese país revocando la histórica sentencia Roe vs. Wade, que data de 1973, cada estado tomará la decisión de legalizar o no el derecho al aborto. Con este panorama, la colectiva Las Criadas —cuya primera acción fue en junio de 2018, iniciativa que se repitió en CABA y en distintas ciudades del país hasta que se obtuvo la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo en la Argentina— encendió el alerta y volvió a ponerle el cuerpo al vestuario, al pañuelo verde y a la afirmación de este derecho adquirido. Y como tantas veces repitió la marea verde: “Si tocan a una, nos tocan a todas”.

Con la intención de acercarse a la puerta de la Embajada y permanecer allí sosteniendo en alto el pañuelo verde, Las Criadas se dirigieron en fila hacia la esquina de Av. Del Libertador y John F. Kennedy pero a pocos metros de la entrada fueron interceptadas por la custodia policial. Varios patrulleros, personal policial, perros y caballos formaban parte del operativo.

Las Criadas permanecieron en fila y en silencio sobre la plaza que está frente a la Embajada, durante cuarenta minutos. Frente a ellas, un cordón policial.  

La web de la Embajada estadounidense publicó el discurso que dio el  embajador Stanley ante sus invitados, en el que expresa que “es un buen momento para reflexionar sobre los principios que fueron la base de nuestro país: la igualdad, la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Estamos orgullosos de estos valores”. Y anunció que junto a su esposa Wendy prepararon un “programa maravilloso” que consistió en un video de fuegos artificiales y música en vivo.

La escritora Margaret Atwood escribió hace días una columna que reprodujo el diario español El País titulada: “Yo inventé Gilead. El Tribunal Supremo de Estados Unidos lo está haciendo realidad”, en referencia a esa geografía que imaginó de autoritarismo, fundamentalismo y sometimiento de las mujeres.

Continúa Atwood: “Cuando escribí El cuento de la criada creía que era ficción. Qué ingenua. Las dictaduras teocráticas no pertenecen solo al pasado remoto, hoy existen varias en el planeta. ¿Qué nos garantiza que Estados Unidos no sea una más?”. 

Inspiradas en esas mujeres que imaginó Atwood, Las Criadas en Argentina realizaron desde 2018 sus acciones en la puerta del Congreso de la Nación, en Tribunales, en la Feria del Libro, en la Casa Rosada, en el Centro Cultural Recoleta y la acción realizada en el Parque de la Memoria fue considerada por el sitio norteamericano de arte y cultura visual Artsy.net como uno de los hechos más importantes del fotoperiodismo mundial en 2018.

Ayer volvieron a estar en la calle, movilizadas por una lucha urgente, por un derecho de todas. Los pañuelos verdes se siguen agitando.  

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Teatro para recibir a julio: el juego, el súper, la alemana y el patriarcado

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La improvisación como disparador del juego. La historia de una astrónoma alemana fallecida, con el don de poder revivir durante cuarenta minutos sus mejores recuerdos. Dos cajeras de supermercado y un momento que transforma sus vidas para siempre. Y un biodrama escrito por una actriz y médica psiquiatra que denuncia los mecanismos del sistema patriarcal y deviene en un urgente grito colectivo. Cuatro propuestas para seguir disfrutando del teatro

Jam de Improvisación teatral

Noches agitadas por la imaginación y el talento, y el público que lo desee como protagonista para estas sesiones de improvisación con La Maura y Lenard, conductoras y anfitrionas. Ellas, además, brindan su propio show.

Cuenta La Maura:  “Los diferentes grupos que participan están muy predispuestos a los juegos y a las consignas que vamos proponiendo. Mucha gente viene solo a ver, pero en el momento se animan y terminan participando, incluso gente que nunca hizo nada escénico, termina pasándola bomba. Es muy ameno el ambiente como para animarse a pasar al escenario y a jugar. Las propuestas del público son geniales”.

Lenard: “Las Jam de impro son como un amistoso de fútbol entre amigues, pero la competencia es una excusa, lo importante del evento es poder encontrarse en el estado más sanador y negado de nuestra sociedad adulta que es el juego. El público no está ahí para juzgar, está para encontrarnos y celebrarnos. Celebrar que por lo menos esa noche el miedo y la vergüenza perdieron la batalla”.

MU Trinchera Boutique

Viernes 1° de julio, 21.30 hs

@mu.trinchera

@soylenard

@mauricarballidx 

Mía

Mía no es solo una obra teatral, es  grito y es abrazo. Y es un espejo. Mercedes Bertuzzi es actriz, médica psiquiatra, payamédica y autora de este biodrama que ayudó a sacar a la luz un hecho de violencia por parte de su ex pareja. Reconoce a la escritura como un recurso que la ayuda a transformar sus emociones. “Los primeros años luego de salir, fueron de mucha confusión, angustia y mucha bronca. Escribir me permitía depositar esas emociones en el texto. El primer objetivo fue descargar. Siempre estuvo el deseo de poder denunciar a través de ese texto que iba escribiendo, pero no estaba segura de si iba a encontrarle la forma. En el proceso empecé a entrenar con Marina Otero, ella hace autoficción, y ahí algo se destrabó, la vi, vi la obra”.

Cuando el texto estuvo listo, tomó conciencia de que no solo describía esa parte de su historia sino la de muchas otras y ese fue el impulso para animarse a mostrarla. “En cada función se me acercan decenas de mujeres emocionadas a abrazarme diciéndome ‘somos muchas’. Todas pasaron por una situación de violencia o acompañaron a otra mujer que la pasó. Siempre termino la función con ganas de gritar cada vez más fuerte el texto de esta obra. Siento que estoy entregando mi historia al colectivo y eso hace que ya no me pese, ya no lucho contra ella. Cada mujer que se identifica con la historia se la apropia un poquito y le va dando más cuerpo al personaje de Mía”.

Mercedes supo que esa exposición era necesaria y trató de hacerla de una manera cuidada y poética. “Yo intuía que sería sanador. Pero hoy, a tres semanas del estreno, puedo asegurar que está siendo muchísimo más sanador de lo que imaginé”. Es reparadora para ella y también para quien mira la obra: “Es impresionante cuando otra mujer te dice ´presencié ese mismo diálogo´, ´se siente exactamente eso´, ´estuve en pareja con un tipo igual´. Es escalofriante y evidencia que es un patrón social que se repite y hay que dejar de naturalizar”.

En escena están, además de Mercedes, la actriz Juliana Gotta y el actor Gonzalo Pungitore. Además de participar en la obra, comparten amistad, son quienes la sostuvieron y acompañaron en los momentos difíciles y lxs primerxs en leer el texto cuando apenas había escrito una escena. No hay golpes bajos, sí hay emoción, irónia, risas: dos niñas juegan a ser actrices, prueban vestuario y declaman en nombre del amor. Las palabras son extraidas de las típicas canciones románticas de cantantes famosos, las que hemos aprendido a lo largo de los años. El espíritu de “Mía”, explica Mercedes,  “es conmover para generar un movimiento de lucha en quien la ve, no de angustia. Que despierte las ganas de seguir denunciando y modificando este sistema patriarcal”.

Teatro Border, Godoy Cruz 1838, CABA

Sábados 19 hs, hasta el 30 de julio

@mia_la_obra

@mercedesbertuzzi

@juliana.gotta

@gonzalo.pungi

La luz que recorrió a Margarethe

¿Qué recuerdos de tu vida escogerías si tuvieras la oportunidad de volver a hacerlos carne en un lapso de cuarenta minutos?  Margarethe atesora los suyos. Esta astrónoma alemana que falleció hace 300 años, posee la virtud de sumergirse en sus recuerdos durante cuarenta minutos cada vez que llega la fecha de su cumpleaños. Los recuerdos vienen hacia ella con fluidez, les sonríe, los acaricia, los revive. Pero hay uno que la perturba, varias veces intenta transitarlo hasta que lo logra. Con paciencia y valentía quizás su misión sea mirarlo de frente para comprenderlo y enmendarlo.

Margarethe fue una apasionada de la astronomía, en ese ámbito conocíó a quien sería su compañero de vida y con quien le ha quedado una cuenta pendiente más allá del fin de sus existencias. Año tras año, la protagonista deberá desempolvar este recuerdo hasta echar luz sobre un acontecimiento trascendente no solo para la ella sino para la historia. La astrónoma que no pudo concurrir a la universidad por ser mujer y cuya actividad laboral estuvo eclipsada por la de su marido, regresa una vez más a poner cuerpo y voz a su pasado.

La actriz Stefanía Koessl tenía ganas de interpretar un personaje relacionado con la ciencia. Pensó en la meteorología, la física, hasta que llegó a la astronomia, que siempre le llamó la atención. Encontró a varias y dio con María Margarethe Wincklemann, nacida en 1670 en Leipzig, Alemania. Investigó sobre ella y creó un monólogo que presentó por zoom durante la pandemia junto a dos amigas actrices —Antonella Valese y Rosita Micale—que también interpretaron los suyos. En ese momento, Stefanía vivía en Madrid, al tiempo volvió a la Argentina y continuó con la elaboración de su primer unipersonal. Contactó a Antonella y le pidió que la codirija. “Trabajamos sobre varios ejes, uno fue el rol de la mujer en las ciencias, el no reconocimiento. También la necesidad de volver el tiempo atrás para pasar por el cuerpo sensaciones que quedan grabadas en la mente y en el alma”.

Antonella cuenta que es su primer trabajo como directora y que disfrutó mucho del aprendizaje. “Me interesó la temática tanto de la vida de esta astrónoma -que no conocía- como también la intención de recordarla y que la gente sepa que existió; poder reivindicar su papel en la historia”. Con su telescopio Margarethe observó el cielo y sus misterios: estrellas, cometas, auroras boreales. La destacada astrónoma a la que no le daban cargos por ser mujer, se apasionó con su labor y, pese a los intentos por opacarla, dejó su propia estela.

Itaca, Humahuaca 4027, CABA

Sábados 22.30 hs, hasta el 30 de julio

@laluzquerecorrioamargarethe

@itacacomplejoteatral

@stefaniakoessl

@antovalese

Caribe

Caribe es un nombre muy adecuado para un supermercado de los ´90, donde la primavera económica hizo ebullición y esa efervescencia artificial se desvanecía, sin remedio y con nefastas consecuencias,  hacia el final de la década. Fiorella y Cinthia trabajan como cajeras en el supermercado de nombre prometedor. En un recreo durante la jornada laboral, se esconden a fumar en el depósito y ese momento rutinario se vuelve crucial para ambas. Parodian a la dueña del local, con lo que encuentran a mano intentan copiar el esplendor de sus finas ropas y el impacto de su elegancia. Una infelizmente casada, la otra atosigada por su madre, ambas atadas a un trabajo que no les gusta, irán descubriendo secretos y corriendo sus propios límites.

Yanina Gruden y Stephanie Petresky se conocieron tomando clases de teatro y tenían ganas de actuar juntas. Al llegar la pandemia, no pudieron reunirse para improvisar y Yanina aprovechó ese tiempo para escribir un texto. Se le cruzaba la imagen de dos cajeras en un sótano, fumando durante la hora de descanso, y con Stefi recordaron  la obra de Jean Genet Las criadas. Inspirada en las dos hermanas que idolatran y aborrecen a la mujer para quien trabajan, Yanina ubicó esa trama en los años 90. “Yo soy muy fanática de la cultura de los 90 porque son los años de mi infancia y tenia mucha data de las telenovelas, siempre fui muy fanática del Palacio de la risa, del Parakultural, de Urdapilleta, de Tortonese”. Si bien “Caribe” parte de “Las criadas”, deviene en una obra singular, divertida, que da cuenta de una época, de sus ilusiones y sus miserias.

“Relacioné lo de la farmacia y el supermercado, ahora que consumimos tantos remedios. En los ´90 recuerdo ir con mi mamá al supermercado y estar rodeada de productos que hoy ya no existen en la Argentina. Todo te convocaba a consumir y siento que hoy pasa lo mismo con la industria farmacéutica. Me parecía interesante la relación entre farmacia, supermercado y la crisis, cómo los ´90 terminan en el 2001, prendiendo fuego todo”, afirma Yanina. Caribe, dirigida por Katia Szechtman, nos pone frente a los ojos una realidad  no muy lejana, fragmentos de una época cuyo fantasma tratamos de esquivar. En esta ocasión, siendo cómplices de una hora de delirio desatado por dos cajeras de supermercado que solo bajaban a charlar y fumar en su tiempo de descanso.

El Cultural San Martín, Sarmiento 1551, CABA

Sábados y domingos, 20 hs, hasta el 3 de julio

@caribe.obra

@elculturalsanmartin

@soyfifi

@yaninagruden

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«No estamos todes porque aún falta Tehuel»

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La 7º Marcha Plurinacional contra Travesticidios, Transfemicidios y Transhomicidios cruzó el microcentro porteño desde Plaza de Mayo a Congreso con exigencias bien concretas, como el cumplimiento de la Ley de Cupo, el reclamo de basta de violencia y la pregunta que nos interpela hace 474 días: ¿dónde está Tehuel? La voz de jóvenes, madres y el recuerdo de las Madres de Plaza de Mayo, en el marco del Día Internacional del Orgullo LGBTIQ+.

La Plaza de Mayo se fue poblando de personas que con cánticos, selfies, banderas y abrazos aguardaron hasta pasadas las seis, cuando la 7° Marcha Plurinacional contra Travesticidios, Transfemicidios y Transhomicidios arrancó hacia el Congreso de la Nación, en el Día Internacional del Orgullo LGBTIQ+. La exigencia del cumplimiento de la Ley de Cupo Laboral Travesti Trans, de la sanción de una ley que incluya en el Código Penal las figuras de travesticidios, transfemicidios y transhomicidios, el reclamo de basta de violencia y de odio hacia la comunidad LGBTIQ+, la prohibición en CABA del lenguaje inclusivo, y a 474 días la desaparición de Tehuel, fueron las consignas de la Marcha de este año.

“La de hoy es una fecha internacional por lo sucedido en Estados Unidos: en cada parte del mundo toma sus propias reivindicaciones y acá en Argentina se reivindica y fortalece la organización de la comunidad en base a la exigencia de políticas públicas, que no sea un slogan de los gobiernos de turno”, afirma Mavi. Su amiga Agustina agrega: “Hoy venimos por los travesticidios, los transfemicidios y los transhomicidios, la esperanza de vida sigue siendo muy baja para todes les compañeres y me parece que es la principal bandera.  Después nosotres tenemos el día del Orgullo en noviembre, pero hoy es principalmente por eso que estamos acá”. 

Un grupo de chiques charla mientras aguarda el inicio de la caminata, vinieron desde Tres de febrero y es la tercera vez que participan de la Marcha 28 J. “Es muy angustiante lo que está pasando —dice Luciano—. Tehuel no aparece, esto no puede pasar y tenemos que seguir reclamando. También por la Ley Integral Trans, con la misma energía que les compañeres en Stonewall y también que el Frente de Liberación Homosexual y el Grupo Nuestro Mundo, que fue la primera organización LGBT acá en Argentina”.  Alanis vence su timidez y suma: “Vinimos a apoyar a las disidencias de una manera que se note, si bien la lucha es día a día, estas concentraciones nos ayudan a dar más visibilidad de la que no nos da, por ejemplo, el gobierno”.

Según la información del Observatorio Lucía Pérez, en lo que va del año, los travesticidios registrados son:

  • Aldana Lorens, 35 años, asesinada a golpes el 3 de enero en el Barrio Yapeyú, Santa Fe. Aldana agonizó 10 días en el hospital. No hay ningún detenido.
  • Giaccobi, 46 años, apuñalada el 13 de enero en Beccar, provincia de Buenos Aires. Fueron los vecinos los que alertaron a la policía porque hacía días no la veían. No hay ningún detenido.
  • Fernanda López Sommer, 33 años, apuñalada el 30 de marzo en Concordía, Entre Ríos. Hay un sospechoso.

Viviana González, conocida como “La Karateka”, es la presidenta del Centro de Estudiantes del Bachillerato Mocha Celis, ubicado en el barrio de Chacarita. Llegó a la plaza junto a varies estudiantes del Mocha y comentó: “Si bien estamos gozando de nuestra identidad y de poder estar llevando nuestros nombres en nuestros documentos, para quienes hicimos los cambios registrales, todavía hay deudas que saldar como el derecho a la identidad, lo tenemos, ahora vamos por la ley integral. Todavía hay deudas que con el nombre solamente no se saldaron”.

Natanael, de Morón, suma: “Estoy acá porque creo que todavía no se han garantizado ciertos derechos. Como persona no binaria particularmente todavía me veo vulnerade en algunos ámbitos públicos y privados. Se nos ha inculcado no sentir orgullo por algo tan básico como ser quien sos”. Con respecto a la prohibición del lenguaje inclusivo en las escuelas de la CABA por parte del Gobierno de la Ciudad, Natanael dice: “Como persona no binaria me enerva que adolescencias, niñeces y profesionales que trabajan en la educación, que no se identifican dentro del binomio hombre-mujer no puedan ser mencionades. Lo que no se nombra, no existe. El hecho de haber conseguido gracias a la ESI el poder ser nombrades, poder ganar legitimidad como identidad, me parece que es algo que está siendo vulnerado por parte de esta medida”. 

Foto: Seba Smok

A partir de contar con su DNI X, surgieron un montón de inconvenientes a la hora de presentarlo en distintos lugares públicos y privados, como acceder al boleto estudiantil, ya que el sistema SUBE reconoce el DNI solo en femenino o masculino. Natanael describe: “Ni hablar de AFIP, ANSES, los procesos de incorporación de campos de géneros no binarios y la modificación de nombres, como es mi caso, avanza muy lento en sistemas sobre todo bancarios. Sacar un turno es un calvario para las personas no binarias, a la hora de comprar algo tenés que presentar el DNI junto con la tarjeta, te dicen que tu tarjeta no dice lo mismo que tu DNI y además nos enfrentamos a la falta de capacitación del personal público y  privado porque no se hace respetar la Ley Micaela”.

Ángel tiene 11 años y sostiene un cartel con la bandera trans sobre la que escribió: “Las vidas trans importan”. Su mamá dice: “Yo vengo a acompañar a mi hijo para que haya más igualdad, justicia, para todes. Hoy recibió su DNI con su cambio de género, así que es una mezcla de lucha y celebración y estoy super orgullosa de él”.

Foto: Seba Smok

Julia es actriz —participó de la telenovela “Pequeña Victoria”— y junto a otras compañeras recorre Avenida de Mayo: “Es una maravillosa oportunidad como todos los años de poner en agenda nuestras vidas, nuestras presencias, nuestra impronta y nuestro orgullo, para seguir reivindicando derechos, para seguir preguntando ¿dónde está Tehuel?, para seguir exigiendo que se implemente la Ley de Cupo Laboral Travesti Trans en todo el país y que también el sector privado se haga cargo. Es un granito de arena que podemos aportar para mejorar este mundo tan injusto, sobre todo en estos últimos tiempos que el avance de la derecha y del negacionismo y el mensaje violento avanza, en todos los sectores del mundo:  lo que pasa en Estados Unidos con el aborto, por ejemplo. Por eso y un montón de cosas que están pasando son por lo que hoy estamos en la calle”.

Foto: Seba Smok

Una de las integrantes del dúo “Carmelitas Clown” y de “Fakiiinh Señora”, Carmín Lupe, resalta que la participación en la marcha es fundamental “para hacernos visibles porque más allá de las leyes establecidas que conocemos todavia sigue habiendo transfemicidios, transhomicidios y travesticidios y estoy acá principalmente para eso”. Florencia, mamá de la Asociación Civil Infancias Libres, afirma que todavía “falta una mirada que no sea adultocéntrica, que no sea academicista, que no sea burguesa, con la infancia travesti trans, la infancia marrona, la infancia villera, la infancia gorda, la infancia conurbana, que desobedece a toda la heterocisnorma”.

Foto: Seba Smok

Un grupo de rugbiers caminan sonrientes: Caio tiene una bandera sobre sus espaldas, con los colores rosa y celeste que dice “Ciervo Pampa”: es el nombre del club de rugby al que pertenecen y con el que entrenan en el polideportivo de Parque Avellaneda. “Este es el primer club de rugby LGBT de América Latina. La experiencia existe hace diez años, como club estamos hace cinco, y estamos acá porque la lucha es colectiva, porque estar acá es luchar por el derecho al deporte para todes. Estamos acá para decir que otro deporte es posible”.

Foto: Seba Smok

Pocos minutos después de las siete de la tarde, el Congreso recibe a la multitud iluminado con los colores del arcoiris. El grupo de percusión Batuka ofrece el sonido de sus tambores y su danza, que hace disminuir el frio al compás de su ritmo. Desde el escenario, la actriz, directora y activista Daniela Ruiz decía: “Esta marcha es plurinacional, antirracista, es de todas nuestras hermanas que han muerto en esos pasillos de calabozo. Esta marcha es para reivindicar nuestra mirada sudaca, es para decir basta de matarnos”. La activista Alma Fernandez agregó: “Este es un grito contra todas las violencias, aguante Diana Sacayán, Lohana Berkins y toda la comunidad travesti trans de este país. ¡Furia Travesti!”. 

Hubo aplausos cuando se nombró a una de las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo, Nora Cortiñas, y el grito unánime: “Madres de la Plaza las travas te abrazan”. Luego se armó la ballroom debajo del escenario, les bailarines mostraron su arte con tres categorías diferentes. “Algunos pasos vienen del trabajo sexual, otros de cuando la policia nos llevaba presas”.

Los movimientos despertaron aullidos y los tacos calentaron el asfalto. Para dejar en claro los postulados de la jornada, se leyó un comunicado. Say Sacayán arrancó con la lectura: “El 28 de junio de 2016 después de años se volvió a esta marcha en invierno, tomamos la calle y descolonizamos esta fecha llenándola de territorio, activismo y militancia popular”.

El cierre fue con la música cumbiera de Sudor Marika. “Olé olé, olé olá, no estamos todes porque aún falta Tehuel”, cantó la banda, cantaron todes.

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La última Mu: Tenete fe

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