Nota
León Rozitchner y las desapariciones en democracia
Ante los casos de Julio Ángel Gerez y Jorge Julio López –de quien no se sabe nada desde hace más de cien días-, el filósofo habla del efecto psíquico del resurgimiento de la figura simbólica del desaparecido. También señala las consecuencias peligrosas de las conmemoraciones que alumbran sólo el horror pero no profundizan en las causas que le dieron lugar. «No se puede separar a la economía de los instrumentos y agentes del terror que la hicieron posible», subraya. El subsuelo tenebroso del Estado, el temor de los intelectuales y la vocación de fracaso de la izquierda. La salida colectiva como única herramienta para superar al miedo.
– ¿Se sorprendió con las desapariciones de López y Gerez?
– En última instancia no debería extrañarnos, porque el desparecido sólo es el extremo límite del quitar la vida a un ser humano. El gatillo fácil es también un eufemismo macabro, aunque obsceno en su ironía, para disfrazar el asesinato de cientos de niños y adultos cuyos autores, policías, permanecen impunes y protegidos por la justicia. Lo que sí extrañó es la vuelta de la figura simbólica del desaparecido, propia del genocidio militar, y justo cuando se los está juzgando. La amenaza social tiene allí un siniestro modelo para aterrar a la gente que resiste. Su efecto psíquico es eficaz: al desaparecido tenemos que darle nuestra propia existencia para poder imaginar su ausencia. Pero al ponernos en su lugar se produce una extraña confusión: darle vida con tu propia vida para llenar su ausencia hace que sea la tuya ahora también la amenazada. Al ocupar imaginariamente el lugar de un resistente la amenaza de muerte también te alcanza. Cada ciudadano ve reaparecer de nuevo el poder siniestro del terror, y la sociedad vuelve a quedar aterrada. La libertad que se ha ido ganando poco a poco vuelve de golpe a perderse.
– ¿Por eso prendió tanto la teoría del shock emocional cuando desapareció López?
– La teoría del shock emocional, disfraz psiciologista de la tragedia, es más tranquilizadora. Es una forma de no dar crédito a la realidad de un país donde su sociedad vive la inquietud de una amenaza constante. La propia familia de López no quería creerlo y esa negación expandida contribuyó también a que la gente lo negara. Pero el miedo a las fuerzas represivas que el Estado cobija se reaviva. Si hasta el concejal (Hugo) Cantero, cuando fue el móvil policial a buscarlo porque habían encontrado a su amigo Gerez, tuvo que llamar al gobernador (Felipe) Solá para saber si era cierto, porque tenía miedo de subirse al patrullero y que también a él lo desaparecieran. Las fuerzas que debieran protegerte son las que pueden matarte. La magnitud de esta amenaza tiene una gravedad enorme: cada uno se convierte en un blanco bajo la apariencia de vivir en democracia, pero ésta sigue organizada por el modelo genocida.
– ¿ A qué tiene miedo usted?
– No sé, es medio difuso. Pero yo también estoy dentro del sistema. A mí me corresponden las generales de la ley como a cualquiera. En ese sentido no escapo a lo que todos sienten. También en los sueños nos persiguen.
– En marzo, cuando se cumplieron los 30 años del golpe, una multitud salió a la calle, todos los medios de comunicación hicieron sus programas de homenaje y, sin embargo, ahora la sociedad no reaccionó de manera masiva ante la desaparición de dos personas.
– Es el terror expandiendo su eficacia al campo de los medios: varios de sus propietarios fueron cómplices del terror para obturar la verdad de lo que sucedía. Lo que pasa es que todos esos homenajes de los medios tienen una doble inscripción. Cuando vos ves en la televisión todo lo horrible que pasó, esas imágenes que muestran, ocultan al mismo tiempo que revelan: no nos dicen por qué se produjeron esos hechos, quienes fueron sus promotores nacionales e internacionales, los poderes económicos, religiosos y políticos que los prepararon en una estrategia a la que Menem y sus secuaces le dio su acabado: la venta de todos los bienes nacionales, la destrucción de una cultura de creación y resistencia, la miseria de millones. Al mismo tiempo, con esos relatos limitados a describir los hechos espantosos vuelve a surgir la amenaza, porque la gente queda atrapada por el impacto de los más terrible. Eso queda grabado. No los prepara para enfrentar a los responsables. Y en la figura del nuevo desaparecido sólo ratifican las imágenes del horror pasado, porque se les oculta su persistencia necesaria en el neoliberalismo, que es otra forma normalizada del genocidio en su producción de miseria, de enfermedad y de hambre. Repentinamente se ratifica lo traumático. Cada vez que la TV o la prensa te pone una imagen de terror para –se dice- demonizarlo, tiene un doble sentido. Esa es la estrategia: por un lado lo condenan, pero por el otro te hacen sentir de nuevo lo temido en la imagen que destella. Ocultan el fundamento del terror persistente en lo que muestran, porque no esclarecen lo que están mostrando. Es el efecto siniestro y tenebroso que se expandió por toda la culta civilización de occidente al inaugurar el año nuevo cristiano mostrando cómo un hombre era colgado en la horca. Otra que el crucificado.
– Esta doble inscripción da lugar a un debate político que siempre se da sobre este tipo de hechos: están los que dicen que no hay que dar a conocer las amenazas e intimidaciones porque hace el juego a los provocadores y aquellos que sostienen que hay que denunciarlos para aislarlos.
– Indudablemente, el camino es el segundo. Los que callan se guarecen en el miedo: es claro, si no hay reacción desde el Estado y la población para ponerles coto, hacen como si no pasara nada. La impunidad se ve ratificada. Hay que denunciar y presionar al gobierno y a las instituciones que protegen a los asesinos. Tiene que crearse una fuerza social colectiva solidaria frente al crimen. Ya tampoco alcanza con salir con carteles a la calle, tiene que haber una actitud activa. Tampoco alcanza con mostrar por mostrar, la televisión hemos visto que es obscena. Fijate: mostraron a Kirchner, todo serio, dando su discurso en cadena sobre la desaparición de Gerez y después siguieron los canales, como si nada, con toda su estúpida frivolidad: hasta el propio Canal 7 lo hizo.
– ¿Qué significa que tres décadas después se utilicen los mismos mecanismos del terror?
– Son los mismos mecanismos, pero ahora los desaparecedores pasan a la clandestinidad: esa es la diferencia. Sin embargo la represión está enquistada y visible en las instituciones del Estado mismo: hasta el presidente lo dijo en su discurso. Existe como un poder dentro de la democracia que se encuentra en el subsuelo del Estado y de las instituciones. Un poder que subsiste y que nunca ha desaparecido. Pensá en la ley sobre la llamada policía privada que está por votarse en la provincia de Buenos Aires promovida por Solá, tan conmovido él por Gerez.
– ¿Por qué las instituciones del Estado no han podido sanearse en dos décadas de democracia?
– Porque el Estado fue cómplice, vivían juntos. En ese sentido, Kirchner estuvo bien al principio respecto de los derechos humanos del pasado, pero respetó a los grupos de poder económico que crecieron sobre fondo del terror militar y hasta los subvenciona. Su compromiso con el pasado -la privatización del petroleo- define su presente. Miden el desarrollo del país por los grandes números de la economía, pero a la mayoría de la gente ese goteo de las ubres repletas no sacia ni el hambre de alimentos, ni de educación, ni de salud de las mayorías . Los de abajo no reciben salarios adecuados, no hay medicina social, no hay viviendas, hay trabajo en negro y mal pagado.Casi todos los profesionales de todas las profesiones se han convertido en empleados explotados y sometidos de las empresas privadas, que se han comprado todo. En ese sentido, Kirchner sigue el modelo clásico sin atreverse a recuperar lo que sobre fondo del terror nos expropiaron. No es verdad que si a la Nación le va bien económicamente, también le vaya bien a la mayoría. La riqueza la recibe cierto sector, que no supera los tres millones de habitantes. Mientras tanto, los precios aumentan, es muy grave lo que pasa, por ejemplo, con la medicina: no sólo en los hospitales públicos sino también en la medicina privada. No basta con haber ordenado sacar el cuadro de Videla del colegio militar. Nuestra economía neoliberal, que es la gran genocida, es la que atenta ahora contra los derechos humanos.
– Tras los casos de López y Gerez se puede decir que la bestia no está tan desarmada
– Sí, pero eso ocurre porque no hicieron mucho para lograrlo. Comenzaron, pero se quedaron ahí. No cambió la policía, no cambió la justicia, no cambiaron ni los medios de comunicación, ni la educación, ni la salud pública. ¿Qué pasa con el petróleo, con los ferrocarriles, el gas, la electricidad, los teléfonos, con toda la riqueza expropiada que el genocidio hizo posible? Eso no se toca. Son muchso miles de millones los que las empresas envían a sus centrales europeas o norteamericanas. Ese es el gran despojo. No se puede separar a la economía de los intrumentos y agentes del terror que la hicieron posible.
– Pero estas desapariciones se dan justo cuando la justicia comienza a actuar y condena a cadena perpetua al Turco Simón y a Miguel Etchecolatz.
– No, yo no digo que no se haya hecho nada, pero las limitaciones están en no realizar transformaciones sustanciales. Si se los juzga es porque al mismo tiempo ya no los necesitan del mismo modo. Los medios de sometimiento, control y represión también se transforman y se actualizan con los cambios políticos. Con Daniel Scioli como candidato, por ejemplo, no promovemos una transformación real del sistema: su persona es un desafío a la inteligencia pública. Por eso no pueden pedir -ni tampoco buscan- un apoyo desde abajo. Saben que de todas maneras tendrán los votos, porque no queda otra.
– ¿Cómo vio la reacción de los intelectuales frente a estas dos nuevas desapariciones?
– No podemos englobar a todos sino a la mayoría. Ellos también interiorizaron la persecución. Su modo de distanciarse es preocuparse, por ejemplo, por la excelencia académica. La vida cotidiana a “la ciencia” le pasa de costado, como también a los profesionales que la universidad prepara para las empresas. Si orientan el saber científico o teórico hacia la realidad que se vive, son desplazados y quedan excluidos. No son vistos como productores del “saber objetivo”. ¿Quién les va a dar una beca? ¿Quién les va a permitir escribir en revistas con referato? ¿Quiénes van a ser nombrados profesores titulares? ¿Qué medios los van a tener en cuenta? Mejor dejar la crítica de lado.
– Habló del miedo de la familia López, de su miedo, del de los intelectuales, del de la sociedad, ¿Qué mecanismos existen para superar el terror?
– Para vencer el miedo individual la mayoría tiene sólo una única salida: la creación de un poder colectivo cuya fuerza viva venza nuestro individualismo tenebroso, que permita sentir que cada uno está contenido por los otros. Y que esa participación puede tener un efecto real para modificar nuestras condiciones de vida y hacerlas más humanas.
– ¿Usted percibe a algún actor social que haya podido escapar del miedo?
– Nadie escapa al miedo, salvo quienes impunes lo producen o lo gozan. Al miedo se lo enfrenta: Lopez y Gerez son actores sociales. Bastante gente privada y colectivamente lo han hecho (las Madres por ejemplo), los que han levantando comedores populares, los organismos de derechos humanos, los que intentan elaborar vacunas en el Malbrán a pesar de la política oficial que las boicotea, los que trabajan y denuncian el estado de las instituciones públicas, los que salen a la calle para sentirse que no están solos y denunciar hechos aberrantes, la Correpi por ejemplo, y muchos otros.
– ¿En el 2001 se había logrado romper el miedo?
– Sí, porque la pequeña y algún sector de la burguesía mediana también salieron a la calle. Ni la amenaza del estado de sitio pudo detenerlos. Por un momento, aunque fugaz, se produjo una unidad inesperada y espontánea. Sus consecuencias fueron dispares, pero fue una experiencia inesperada la que vivieron muchos ciudadanos: una conquista breve que marca el imaginario político del país. Duró quizás, de manera visible, lo que un lirio. Una esperanza mustia de la omnipotencia imaginaria que se expresó en el pedido de que se fueran todos los políticos. Pero la izquierda, que casi siempre está presente y estimula a veces, en este caso aceleró la verificación de la fantasía transformadora. Yo estuve en las asambleas del Parque Centenario, y era lamentable ver cómo se peleaban por el micrófono y cómo querían bajar línea revolucionaria a los vecimos. Hay mucha vocación de fracaso en la izquierda. Espantan a la gente, pero no se dan cuenta: confunden el deber-ser con el ser. Es lo mismo que pasa con la Universidad, disolvieron la base estudiantil y se convirtieron en una patota fuerte por lo aguerrida, ante la indiferencia de la enorme masa de estudiantes. No vieron nunca a la Universidad como un poder real de transformación política. Como están preocupados en hacer la revolución afuera, perdieron un poder transformador posible y mayoritario adentro. Ya pocos los tienen en cuenta para las propuestas populares y políticas en serio. Pero lo más notable es que el peronismo hizo su enroque: luego de perder el cetro del poder político volvieron a ocuparlo saltando por encima de De la Rua.
– ¿Cree que Gerez apareció por la presión política o para reforzar el miedo?
– Para mí la desaparición de Gerez se produce por lo que viene ahora, el próximo juicio público contra Von Wenick, el primer hombre de Iglesia latinoamericano que será condenado y mostrado universalmente como un torturador y asesino, avalado por la curia para estimular el genocidio. Creo que con la desaparición de Gerez intentaron parar ese juicio público que está próximo. No creo que fuera obra de Patti, quien será un asesino y un torturador, pero era muy obvio que lo terminaba perjudicando a él. Que no podía ser obra suya, aunque sí de la cofradía que en función de intereses mayores y más poderosos le pasaron por encima.
Nota
Escritos sobrevivientes: Un nuevo libro escrito por ex detenidos desaparecidos
Este 24 de marzo, a 49 años del golpe, la editorial lavaca publica Escritos sobrevivientes, un libro creado junto a un grupo de personas que estuvieron secuestradas y desaparecidas en distintos centros clandestinos de represión durante la última dictadura militar. Se presenta el próximo viernes 28, pero ya podés pasar a buscarlo por MU (Riobamba 143) desde hoy. En este texto, Claudia Acuña cuenta qué representa esta obra parida en colectivo y en medio de aires negacionistas.
Por Claudia Acuña
Este libro representa muchas cosas y todas y cada una nos parecen decisivas para estos tiempos desesperados.
Ni sé por dónde comenzar a enumerarlas, así que sin orden de importancia ni cronológico enumero algunas, aunque sin duda me faltarán otras que invito a que completen quienes lo lean.
Lo primero, para mí, es reconocer el valor social, político, histórico y ético que merecen las personas detenidas-desaparecidas por la dictadura cívico militar que azotó este país desde el 24 de marzo de 1976. No olvidamos esa fecha gracias a ellas, pero no siempre se las nombra con la relevancia que han tenido para construir verdad, justicia y memoria.
A algunas de ellas he tenido el honor de escucharlas y verlas testimoniar en los juicios de lesa humanidad, pero también en los diferentes procedimientos contra la impunidad que crearon y sostuvieron para que esos juicios sucedan.
Una y otra vez.
Una y otra vez.
Una y otra vez.
Hasta lograrlo.
Solo a una pude agradecerle con palabras y lágrimas el esfuerzo, el coraje y el legado que recibíamos por su esfuerzo, pero fundamentalmente por sus vidas consagradas a hacer posible lo imposible. Fue en la puerta de los tribunales de Comodoro Py, mientras los altoparlantes transmitían la primera condena a los genocidas responsables del centro de detención clandestino y de tortura que funcionaba en la Esma. Ahora, con este libro queremos extender esas gracias a cada una, a cada uno.
Sé, porque comprendí la lección que nos daban, que no puedo afirmar que lo hicieron solo ellas, ellos. Esa es otra de las cosas que representa este libro: el saberse parte – y reconocerlo siempre- de algo más grande, más importante y más trascendente no solo del yo, sino incluso del núcleo colectivo en el que nos organizamos, reflexionamos y tomamos fuerza para resistir. Nuestras fuerzas individuales y nuestras construcciones políticas suman, activan, empujan, pero alcanzan sus objetivos cuando sincronizan con la necesidad social, con la época y con la Historia. Tienen alas porque tienen raíces y mueven al mundo hacia lugares mejores porque se sabe más grande y más poderosa que lo que nos rodea.
Eso que aquí las y los autores definen como “subjetividad sobreviviente” nos advierte eso: somos nuestros cuerpos y la sombra que proyectan, lo que hacemos y lo que soñamos, nuestras obras y nuestra imaginación, nuestros saberes y nuestra intuición, pero también y además aquellos cuerpos, proyecciones, hechos, batallas ganadas y perdidas, que nos anteceden y desbordan para fortalecernos y sostenernos de pie. Aquello que ilumina la oscuridad es la memoria sensible: de eso se trata este libro, además.
Otra: el valor de las utopías. En los momentos más aterradores hemos gritado “Aparición con vida y castigo a los culpables”. Bueno: la noticia es que hemos tenido éxito y aquí están las personas que cuando pronunciábamos esas palabras mágicas no podíamos abrazar. Algunas de ellas son las que el tercer sábado de cada mes vimos ingresar a nuestra trinchera durante el largo y desalentador año 2024. Para nosotros ese taller de escritura significó una cita con la esperanza, cada vez. Y una comprobación: el futuro se construye con el hacer colectivo, cada vez.
Por último: este no es un libro de testimonios sobre el horror de la dictadura, sino su contracara o quizá, lo que se puede pensar después de cruzar el abismo de la impunidad.
Quizá.
Me falta todavía superar la alegría de haberlo logrado, de sostener con las manos esta pequeña utopía realizada en tiempos de saqueo de recursos simbólicos y materiales, en las cuales sólo proponerlo sonaba casi irresponsable, para poder encontrar las palabras certeras, que expresen lo que representa que personas empobrecidas y violentadas podamos hacer lo que querramos financiadas sólo por el deseo y la convicción, que siempre es política.
Quizá la palabra exacta sea una sola: Argentina.
La presentación
Escritos sobrevivientes y compila una serie de textos producidos en un taller de escritura que tuvo lugar en MU durante 2024. Estos relatos abordan historias marcadas por lo que el grupo denomina «subjetividad sobreviviente». El resultado es un conjunto de textos poéticos, políticos y filosóficos, de una potencia y belleza conmovedoras.
Participan: Rufino Almeida, Margarita Fátima Cruz, Graciela Daleo, Lucía Fariña, Mercedes Joloidovsky, Eduardo Lardies, Susana Leiracha, María Alicia Milia, Claudio Niro, Silvia Irene Saladino, Stella Maris Vallejos e Inés Vázquez.
Así lo resumen sus autoras y autores: «Un grupo de compañeras y compañeros, ex detenidos desaparecidos por el terrorismo de Estado, nos reunimos en un taller de escritura para crear textos enfocados en la subjetividad sobreviviente, mientras la voz del poder alimenta el negacionismo y la reiteración del sufrimiento popular por variados medios».
El libro se presentará el próximo viernes 28 de marzo a las 20 horas en Mu Trinchera Boutique, Riobamba 143.
Podés conseguirlo desde hoy, 24 de marzo, también en MU.

Nota
La Justicia esquiva la causa por el disparo a Pablo Grillo: “Hasta ahora no se investigó nada”

La recuperación de Pablo “es muy rápida” pero la investigación sobre su intento de asesinato, muy lenta, o directamente inexistente. Qué dijo el padre hoy frente al Hospital Ramos Mejía donde Pablo sigue pelando por su vida, aún en terapia intensiva pero con avances prometedores, y las abogadas del caso que presentaron ante la Justicia: primero Servini de Cubría y luego el candidateado a la Corte Ariel Lijo rechazaron la causa, y ahora se sortea en la Cámara Federal de Casación a qué juez le tocará investigar a quien le disparó y a sus superiores jerárquicos. Los dichos de Adorni en conferencia de hoy, y quién cortó el diálogo con la familia; las pruebas que se pidieron y las que se aportaron; y el texto de la presentación judicial en la que la familia pide ser querellante, con las pruebas que aportamos desde decenas de medios, fotoperiodistas y organizaciones sociales.
Por Francisco Pandolfi
Pablo Grillo todavía no está fuera de peligro, pero la mejoría día a día, paulatina y constante, le permite a la familia hablar ya no sólo de su estado de salud. Hasta hoy, el único foco era la supervivencia de este fotógrafo de 35 años impactado por una granada de gas lacrimógeno, fuera de toda legalidad, por las fuerzas de inseguridad comandadas por la ministra Patricia Bullrich.
La pérdida de masa encefálica y la fractura de cráneo con la que llegó de urgencia al Hospital Ramos Mejía –el miércoles 12 de marzo, cuando se desató la represión en la marcha por las paupérrimas condiciones en las que viven las y los jubilados–; la primera operación esa misma noche en la que se bajó la presión intracraneal y se le reconstruyó algo del tejido. Las pupilas que empiezan a reaccionar bien. La merma en la sedación. Los primeros movimientos – prematuros e inesperados por los propios médicos–. Otra operación por un derrame que es revertido a tiempo. La baja de los glóbulos blancos como síntoma de la baja en la infección. Y a solo una semana del disparo, Pablo abre los ojos. Y le sacan el respirador para ver cómo reacciona y lo hace agarrándole la mano a la mamá. Y por si fuera poco le susurra las palabras más hermosas a su papá: “Hola, viejo”.
Pablo continúa en terapia intensiva, en estado crítico, pero respondiendo bien neurológica y físicamente. “Es asombroso el nivel de avance que tuvo”, dice Fabián, su viejo, con los ojos emocionados e incrédulos por la mejoría impensada en tan poco tiempo. Esa sucesión de buenas noticias las que posibilitan a la familia convocar este viernes a una conferencia de prensa «para contar novedades en la causa judicial».
Primero, habla Fabián, su papá, sobre la salud de Pablo: “Las novedades son que está estable, por lo tanto es bueno. Está con los ojos abiertos y sigue sin respirador”.
Fabián lleva puesta una remera azul, con letras blancas que dicen: “Justicia por Pablo Grillo”. Se lo nota cansado, pero más distendido. Se ríe cuando cuenta: “Tengo un video con saludos de (Ricardo) Bochini, veremos si los médicos nos permiten que se lo pasemos. Si lo escucha al Bocha, va a volver a hablar seguro Pablo”. Mantiene los pies sobre la tierra: “Todavía la situación es grave: está en terapia y con riesgo de vida. Pero en ese marco todo lo que estuvo ocurriendo es favorable. A todos nos sorprendió su evolución. Incluso los médicos manifiestan que la evolución que está teniendo es asombrosa. Es muy rápida”.
Este jueves, el vocero presidencial Manuel Adorni dijo que el diálogo con la familia quedó roto desde que el padre de Pablo acusó a Bullrich de ser cómplice. Fabián le responde: “Nosotros no cortamos nada porque nunca existió el diálogo. Lo mío fue una respuesta a una declaración mentirosa de Bullrich, por tanto si es que alguien cortó el diálogo fueron ellos. Yo estoy dispuesto a escuchar, si alguien me llama”. Y agregó: “A esta altura no lo espero (ese llamado). Espero poco. Pero demostraría que tienen todavía un grado de humanidad”.
En relación a las mentiras de Bullrich sobre el trayecto del proyectil, expresó: “Me da vergüenza la forma en que fue acomodando la mentira. La va acomodando a medida que la realidad se lo desmiente, es hasta absurdo, burdo, grotesco: no sé que palabra utilizar”. Cuando le preguntaron si le diría algo al gendarme que, según los elementos reconstruidos hasta el momento, sería quien disparó (presuntamente, el cabo Guerrero), afirmó: “Personalmente no le diría nada. Sí lo vamos a decir de forma jurídica. El mejor diálogo que podemos tener con esta gente es en lo judicial”.
La causa, sin avances
Fabián estuvo acompañado por Claudia Cesaroni, de la Liga Argentina por los Derechos Humanos, y a Paula Litvachky, del CELS, organismos que patrocinarán legalmente a la familia, que este 21 de marzo se presentó ante el Juzgado Criminal y Correccional Federal Nº 1 para ser tenida en cuenta como querellante en la investigación judicial.
Lo más importante de la causa hasta ahora: desde el 12 de marzo “no se investigó nada y reclamamos que se empiece a investigar urgente”. Las abogadas cuentan el por qué: “La causa iniciada por la denuncia de la Procuvin (Procuraduría de Violencia Institucional) que dio inicio a la instrucción estaba presentada en el Juzgado 12 de Ariel Lijo, quien se la devolvió a la Jueza Servini de Cubría, que otra vez la rechazó. Ninguno de los dos quiere hacerse cargo de la investigación. Ahora irá a sorteo para definir quién la sigue. La Cámara Federal de Casación Penal tiene que resolver”. Agregan: “Hasta ahora el Ministerio de Seguridad dijo que no hará sumarios internos por el accionar de su Fuerza, lo que refleja el encubrimiento”.
La causa aún no tiene carátula porque no está radicada en ningún juzgado. La denuncia presentada es por tentativa de homicidio agravado, por abuso de autoridad e incumplimiento de funcionario público.
Dice Paula Litvachky, del CELS: “Es muy importante que la causa salga de este limbo judicial y se inicie el pedido de pruebas antes de que pase más tiempo”.
Dice Claudia Cesaroni, de la Liga Argentina por los Derechos Humanos: “Esperamos que en estos primeros 9 días en los que no se hizo nada, no haya ninguna prueba que se haya destruido, modificado, alterado. Hay cámaras del Gobierno de la Ciudad que tienen un tiempo de duración determinado, o de negocios que también se van borrando y si no las pedís inmediatamente después ya no están. Es vergonzoso que un hecho así no lo esté investigando nadie”.
Las abogadas pidieron una serie de pruebas. Las más relevantes: “Quién dio las órdenes, cómo se manifestaron esas órdenes y cuáles fueron, antes y después del impacto; cuál fue el protocolo que se aplicó, quienes integraban el equipo donde estaba incluido el cabo Guerrero y qué órdenes se le impartió a ese grupo en particular; qué armas utilizaron”. También exigen que se lo llame a indagatoria a Guerrero. “Ya hay suficientes elementos para hacerlo”.
Completa Paula Litvachky: “Hicimos una presentación con los hechos, tenemos un montón de pruebas para que se reconstruya ese tramo del operativo de modo tal que se pueda tener la responsabilidad de quién disparó y de toda la cadena jerárquica”.
Concluyen ambas: “Las pruebas están. Nunca hubo tanto registro fotográfico y audiovisual. Necesitamos el acompañamiento social para empujar a que se haga justicia y que no quieran desviar el foco de la investigación”.
Nota
La causa de la caída: la denuncia de Beatriz Blanco, la jubilada gaseada y golpeada por la Policía

Traumatismo encéfalo craneano, herida cortante e irritación ocular: las heridas causadas a Beatriz Blanco (81 años) ya forman parte de una causa judicial que inició ella misma y también la Procuraduría de Violencia Institucional, y apunta contra dos efectivos que la gasearon y le pegaron, provocando su caída. También apunta a la responsable del operativo, la ministra Patricia Bullrich, que se desplegó el miércoles de manera feroz, pero que -plantea la denuncia- es parte de un “plan sistemático”. Beatriz fue golpeada a las 16:10, antes de los principales incidentes, mientras se manifestaba en una esquina: cómo fue el momento, según relata ella misma en la denuncia y cuenta su hija. Quién es esta jubilada que trabajó de todo. Cómo está: recuperándose, enojada y “con más fuerza que nunca”. La voz de una de sus hijas junto a quienes lucha por justicia, y paz.
Por Franco Ciancaglini.
La imagen de Beatriz Blanco cayendo en seco al suelo -tras ser gaseada y empujada por dos efectivos de la Policía Federal- dio la vuelta al mundo.
En el video se ve el fin de una secuencia más larga que inicia cuando la Policía Federal empuja de manera violenta a jubiladas y jubilados que se encontraban haciendo el clásico semaforazo de todos los miércoles en el Congreso.
“Ella lo que cuenta es que estaba con el grupo de jubilados, cortando Entre Ríos, para mostrar sus carteles. Y cuando el semáforo se pone verde se vuelven a la esquina. Y en ese momento vino la policía, apurando a todos los viejos a subirse a la vereda”.
La que habla es una de sus hijas, Paula.
El relato coincide con la temprana decisión de las fuerzas de abalanzarse sobre personas que hacen lo mismo todos los miércoles -un semaforazo, y luego una movilización que da la vuelta al Congreso-: Beatriz fue atacada a las 16:10.
Esta vez, por lo especial de la fecha, los Policías iban además con el gas apretado y el palo suelto. Cualquiera que estuvo en la manifestación pudo apreciar cómo apenas una persona se acercaba a los efectivos, o incluso estando a metros, sin hacer nada, podía ser gaseado. Incluso teniendo 81 años.

Los camiones hidrantes fueron parte de la cacería desatada. Foto: Lina Etchesuri.
El arma y la palabra
Beatriz Blanco no está afiliada a ninguna barrabrava ni milita en ningún partido político.
Es jubilada.
Trabajó toda su vida como empleada en cooperativa de fletes, empleada cuidando niños, costurera, y de casera hasta los últimos tiempos.
Tiene tres hijas.
Una de ellas, Paula Ippolito, cuenta que junto a su madre Beatriz y su hermana Paula suelen ir juntas a las marchas. “Esta vez fue sola porque justo yo estaba operada de la rodilla. Suele ir, no va todos los miércoles pero cuando puede va”.
Beatriz ya conocía a varios y por eso se acercó al grupo de jubilados que realiza los miércoles el semaforazo. Luego de que la empujaran a la vereda, se puso a hablarle a un cordón policial, una práctica habitual de jubilados anodados ante la violencia sin sentido que ejercen las fuerzas: “Ella siempre es de ir y hablar, de decir qué están haciendo, cómo no les da vergüenza; mi mamá siempre como que quiere hacer conciencia. Ella le debería estar gritando al policía que estaba de espaldas y lo toca con el bastón como diciendo ´mirame´. Ahí el chabón se da vuelta y le tira el spray, y el otro que le pega con el palo en la cabeza”.
Ese combo, que representa un ataque, de gaseo, empujón y golpe, hace que Beatriz pierda el equilibrio instantáneamente, y caiga al suelo.
La primera pregunta es cómo está: “Se está recuperando. Está en reposo, en observación por el golpe que recibió en la cabeza. Está con mucho dolor en todo el cuerpo, con un poco de inestabilidad, con el dolor en los ojos por el gas que le tiraron. Tiene los ojos muy hinchadas: le tiraron gas directo en la cara”.
Este dato del gas directo a sus ojos explica a la vez la pérdida del equilibrio, desechando por tierra las mentiras del Jefe de Gabinete, Guillermo Francos, que aseguró que se “cayó sola”. También el título de la empresa La Nación que habló de que la jubilada “atacó” a la policía previo a su “caída”: “Ella le tocó con su bastón para que se diera vuelta, para que la escucharan, no golpeó a nadie. Habría que mostrar los videos enteros donde la Policía increpa primero a los jubilados para que se suban a la vereda, con la agresividad que suelen tener”.

Beatriz Blanco, tras los gases recibidos y el golpe posterior. Foto: Lina Etchesuri.
El caso de Beatriz es uno de los dos -junto al del fotógrafo Pablo Grillo- denunciados por la Procuraduría de Violencia Institucional (Procuvin) ante la Cámara del Crimen. En esas denuncias a las que accedió lavaca, el organismo que se encarga de monitorear a las fuerzas -en estos tiempos, con menos entusiasmo- presenta como “pruebas” distintos recortes periodísticos alrededor del ataque a Beatriz. Y solicita a la justicia que requiera al Ministerio de Seguridad el personal policial afectado a los lugares de ambos ataques, así como los datos de la “sala de operaciones” a la que reportaban los agentes a cargo del operativo.
Por otro lado, la propia familia de Beatriz presentó una denuncia contra los dos agentes de la Policía Federal y contra la propia ministra Bullrich. Narra en su presentación lo mismo que refiere su hija en esta nota: “Siendo aproximadamente las 16:10 hs me encontraba en las inmediaciones de la esquina de las avenidas Entre Ríos y Rivadavia de esta ciudad (…) cuando fui rociada con una sustancia lacerante por un efectivo de la Policía Federal. Inmediatamente después, y también a manos de un efectivo de la PFA, recibí un golpe en la cabeza, con un elemento que creo se denomina ‘tonfa’, lo que provoca mi caída al piso”.
Tras el golpe, Beatriz fue derivada al Hospital Argerich, donde diagnosticaron lo producido por el ataque: traumatismo encáfalo craneano, herida cortante e irritación ocular.
Por eso, por un lado, reclama la identificación de los dos efectivos que la atacaron, plausibles de ser responsables de “delitos de lesiones leves” agravadas por tratarse de personal de la fuerza. Y por otro, califica a la ministra de Seguridad Patricia Bullrich como “autora mediata” por ser responsable del operativo y algo más: la valiente presentación habla de que estos hechos son parte de un plan sistemático.

Una síntesis del plan sistemático. Foto: Juan Valeiro.
“Como en los momentos más aciagos de nuestra historia, desde el Poder Ejecutivo se ha montado un Programa de Miseria Planificada cuya consecuencia natural es la Protesta Social. Y sabido es que este tipo de políticas socioeconómicas sólo resultan aplicables cuando se pone a disposición de las mismas al aparato represor del Estado”.
Firma toda esta historia la propia Beatriz, acaso poniendo en contexto lo que representan los golpes que sufrió, su historia y el futuro por el que pelea junto a sus hijas. “Nosotras somos fieles a las marchas que son para los derechos del pueblo”, cuenta Paula, una de ellas. “No militamos en ningún partido político, siempre vamos independientes y solas”, aclara por si hiciera falta.
Paula habla siempre en plural femenino, pensando en su madre y su hermana. Desde ese lugar cuenta: “Nos están sacando todo. Nos están metiendo miedo para que no salgamos a las calles. Están imponiendo todo lo que quieren imponer. Siempre estamos atentas a todas las luchas. Esto va a por todos, no es solamente por los jubilados. A mi me han robado plata con la AFJP a pesar de que ya tengo 30 años de aportes. Estos vienen por todo, por todo lo que conquistamos”.
Junto a Natalia, las jóvenes militan tocando tambores en Batuka, uno de los conjuntos que lleva el ritmo a la calle y es la banda de sonido de la protesta social y la lucha. Hoy, del lado de la víctima, Paula asegura: “Estamos luchando para que esto no vuelva a suceder. Para que tengamos memoria y el pueblo no se duerma. No tenemos miedo. Ya la verdad que queda poco por perder”.
Esta lucha incluye, claro, a Beatriz: “Está más fuerte que nunca. Está enojada, muy enojada. Pero está fuerte para seguir la lucha”.
La lucha, ahora, es por justicia: “Solamente queremos que los responsables tengan justicia, sean los policías o la ministra de Seguridad: que la justicia trabaje a favor del pueblo. Y que no salga nadie más impune”.
¿Tenés esperanzas? “Y no. Pero hay que hacerlo igual: nos corresponde”.
La esperanza tal vez siga estando en la calle, mientras estas jóvenes sin contención psicológica ni asistencia estatal de ningún tipo enfrentan los golpes: “Estamos nosotras, las hijas, para cuidarla y para que se reponga de esto”.
¿Necesitan algo? “Sí: paz”.
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