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El fin de la soledad

La marcha de cada miércoles de los jubilados tuvo esta vez otro acompañamiento, por la decisión de la CGT de sumarse al reclamo a través de muchos sindicatos movilizados, con el agregado cada vez mayor de organizaciones sociales y expresiones políticos. El «protocolo» fue quebrado por las propias fuerzas de seguridad que vallaron las calles alrededor del Congreso. Al no haber policías cerca, no hubo incidentes. Las imágenes y las emociones. El mensaje para el fotógrafo Pablo Grillo. Los relatos sobre las carencias cotidianas la destrucción de las jubilaciones, algunas lecturas electorales, y el concepto sobre dónde se genera la riqueza.
Por Lucas Pedulla y Francisco Pandolfi
Cada miércoles en las puertas del Congreso nacional es distinto y también es igual. Lo que se repite son las jubiladas y los jubilados con su reclamo permanente desde hace semanas, meses, años. Lo distinto son quienes acompañan, y este miércoles quienes acompañan son un montón.

Fotos: Lina Etchesuri para lavaca.
Tanto, que la Plaza de los Dos Congresos rebalsa de cuerpo sindical. Y eso también modifica el enunciado de las amenazas: son las 15:26 y el protocolo de la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, se convierte en casi un mito, la naturalización de un concepto que a priori asusta, pero en esta calle repleta apenas se ve algún gendarme o policía federal detrás de las vallas que tapan el Palacio. Las calles fueron cortadas por los propios vallados policiales que rodearon al Congreso. En las calles aledañas se instala la multitud sin fuerzas de seguridad a la vista para provocar la represión, y no hay incidente alguno.

Fotos: Lina Etchesuri para lavaca.
“Nos necesitamos todos”
Lo que sí se ve es otra cosa.
Guillermo Romero, jubilado metalúrgico, 76 años, del oeste bonaerense, ve una imagen que hasta hoy nunca había visto un miércoles en tiempos de Milei: “Los jubilados logramos despertar a la CGT de su siesta. Los obligamos a tomar medidas porque quedaron muy mal parados y tuvieron que moverse. Una infinidad de delegaciones sindicales en la víspera de lo que va a ser el primer paro nacional de verdad, porque aunque digan que es el tercero, los anteriores fueron parciales. Este tiene que dar inicio a un plan de lucha”.

Fotos: Lina Etchesuri para lavaca.
Zulema Palavecino, jubilada telefónica, 73 años, del sur bonaerense, ve esa imagen junto a la de todos los miércoles: “Hace años estamos marchando aquí, en Congreso, dando la vuelta y haciendo semaforazos en gran soledad. Luchamos por el derecho a la jubilación para todos los trabajadores, por el derecho al salario, porque si no hay derecho al salario no hay derecho a la jubilación. Luchamos contra la precarización laboral, contra el monotributismo, contra el trabajo no registrado. Tenemos que dar la batalla unidos. Nosotros, los jubilados, queremos decirle a todo el pueblo que nos necesitamos todos. Acá no hay viejos”.
Guillermo emociona.
Zulema emociona.
Hoy no son dos, ni veinte, ni cien: hoy son miles.

Fotos: Lina Etchesuri para lavaca.
Lo que se siente
Se ven gremios nunca vistos en estos miércoles de lucha (desde encargados de edificios hasta sanidad), al igual que dirigentes políticos que figuran por primera vez en este reclamo que unió océanos, como el caso de Felipe Solá. Los rodean carteles escritos para la ocasión: “CGT, no quiero tu solidaridad, quiero plan de lucha ya”; “El ajuste no se derrota en las urnas, se lo vence luchando”.
Se ve un operativo de las fuerzas de seguridad que desde temprano encierra al Congreso con vallas y corta la circulación de sus calles aledañas, rompiendo ellas mismas el protocolo. Que haya habido muchísimos menos efectivos que semanas anteriores, y que no buscaran reprimir, se explica por dos motivos:
- por un lado, la masiva convocatoria sindical.
- Por el otro, una historia que seguirá más allá de la marcha de hoy: el domingo por la noche, el juez porteño Roberto Gallardo le exigió al Gobierno porteño “que reasuma sus obligaciones constitucionales” y que organice el operativo de seguridad de la manifestación de hoy. Y exhortó al Estado Nacional y al Ministerio de Seguridad de la Nación que se “abstenga de intervenir e interferir en la autonomía de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en lo que a la seguridad pública respecta, más allá de los límites legales de protección de intereses federales”. La Cámara de Apelaciones de la Ciudad de Buenos revocó anoche la medida del juez Gallardo, que limitaba la actuación de las fuerzas federales en el distrito. La ministra Patricia Bullrich había anticipado que no acataría la resolución judicial y desplegaría el protocolo antipiquetes.
Pero lo que se ve y se escuchan son fuegos artificiales.
Y canciones que recuerdan lo (más) importante: “Se siente, se siente, Grillo está presente”.
Pablo Grillo, el fotorreportero herido con una granada de gas lacrimógeno el 12 de marzo, hace exactamente cuatro miércoles, avanza con su recuperación en el Hospital Ramos Mejía. Jorge, su amigo que lo acompañó aquel día en la ambulancia, está presente en la marcha e invita al festival en solidaridad que se hará el domingo en su Remedios de Escalada natal.
Y dice, con una sonrisa de oreja a oreja: “Pablo es un luchador”.

Fotos: Lina Etchesuri para lavaca.
La lanza y los derechos
Bien pegadas a las vallas, en Rivadavia y Callao, hay cientos de jubiladas y jubilados. Se escucha al pasar: “Los jubilados estamos concientizando”.
Se escucha a Graciela, que vive en Libertad, partido de Merlo, 68 años. “Está bien que la CGT venga a acompañar, pero no tendrían que haber llegado hoy. Debieron estar desde el primer miércoles cuando nos cagaron a palos”.
Con fibrón rojo y un cartón compuso su proclama de vida: “Los árboles mueren de pie, así vamos los jubilados, de pie y luchando moriremos”.


Fotos: Juan Valeiro para lavaca.
Justifica: “Escribí eso porque es lo que siento todos los días y no nos rendiremos. Antes de quedarme en mi casa y dejar que este señor (Javier Milei) nos mate con hambre y carencias, prefiero salir a luchar”.
¿Qué carencias? “Con mi jubilación apenas puedo comprar medio kilo de pan, un litro de leche y los remedios. Si no fuera por unos hijos espectaculares que me ayudan, ya no estaría viva”.
¿Qué representa hoy el movimiento de jubilados”. Dice Graciela: “Este señor (Milei) nunca pensó que los jubilados generaríamos esto en el resto de la sociedad. Se olvidó de que nosotros vivimos dictaduras, el 2001 y todas las crisis. Que sabemos pelear. Pensaron que ante la primera represión nos íbamos a ir a nuestras casas, y miren: hoy los jubilados somos la punta de lanza del resto de las luchas”.

Fotos: Lina Etchesuri para lavaca.
Uno de sus colegas punta de lanza es Raúl Maldonado, 68 años, de Monte Grande. Cobra “sólo un poquito más que la mínima”. Dice que se sumó a movilizarse los miércoles cuando sintió hambre. “Ya no se puede más, en quince días me quedo sin un peso; mis hijos no lo saben, pero estoy salteando los remedios que tomo porque estoy operado del corazón. Tengo presión arterial, antes tomaba 10 mg y ahora divido la pastilla en 5 mg”. Algo lo ilusiona en el presente: “Antes vinieron las hinchadas y hoy la CGT. Hay algo que es evidente: la lucha crece”. Y algo que lo ilusiona en el futuro: “Este gobierno olvida que los jubilados también tenemos fuerzas en las urnas: somos 7 millones de jubilados, que no subestimen nuestra fuerza”.
Se escucha a Adriana Zuliani, 72 años, porteña: “Acaban de ponerle fin a la moratoria previsional porque es lo que el FMI les exige como ajuste. Este gobierno no tiene idea de política y eso cae sobre todo en los jubilados, que trabajamos toda nuestra vida aunque no hayamos hecho aportes. Las mujeres que criaron hijos también trabajaron. ¿O acaso cuidar no es trabajo?”.


Fotos: Juan Valeiro & Lina Etchesuri para lavaca.
Dentro del Congreso, las comisiones de Previsión y Seguridad Social -presidida por la diputada Gabriela Brouwer de Konig, de la UCR- y de Presupuesto y Hacienda -presidida por José Luis Espert, de LLA- empezaron a discutir la prórroga de la moratoria previsional, luego de que la oposición lograra ayer el emplazamiento del proyecto.
Adriana muestra un cartel, con orgullo: “No pedimos favores, exigimos derechos”. Y piensa en el mañana literal, y en el mañana metafórico: “Es importante que haya venido la CGT, aunque lo hicieron por miedo a perder plata y a que las bases los bajen a golpes. Necesitamos que a la CGT la conduzca gente de las bases y no empresarios disfrazados, hay que barrer a toda esa burocracia asquerosa”.

¿Quién genera la riqueza?
En unas horas comenzará el paro general convocado por la Confederación General del Trabajo, al que también adhieren las dos CTA. Habrá que ver en cuánto afectará la circulación de colectivos: la Unión Tranviarios Automotor (UTA) determinó no sumarse a la medida de fuerza por estar en conciliación obligatoria establecida por la Secretaría de Trabajo, frente al conflicto salarial que mantiene con las empresas de la actividad. Roberto, jubilado, analiza: “Lo de mañana será un paro dominguero por culpa de la burocracia de la UTA que no quiso acompañar, pero igual lo celebramos, porque ni eso quería hacer la CGT”.
Zulema Palavecino ve la plaza gigante, llenísima, esa que todos los miércoles dan vuelta siendo los mismos de siempre, reprimidos y baleados y gaseados, con sol o con lluvia, y se emociona: habla del Fondo Monetario, de que el gobierno está preparando una nueva devaluación, de los trabajadores que no entran en la timba financiera, y sostiene que por eso hay que estar unidos.
“Contamos con nuestro trabajo, que es el que genera riqueza -dice Zulema-. Cuidemos la riqueza. Cuidamos el aire y el agua. Este es nuestro mundo. Así que compañeros, ¡firme la lucha!”. Y menciona algo que se confirma cada miércoles: “Aquí no vamos a bajar los brazos”.

Fotos: Lina Etchesuri para lavaca.


Fotos: Juan Valeiro para lavaca.

Fotos: Lina Etchesuri para lavaca.
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¿En qué se parecen Trump y Pluribus?

Por Sergio Ciancaglini
Pluribus es una serie maravillosa y flamante, que tal vez ya quedó vieja.
El último capítulo de la primera temporada se emitió el 26 de diciembre y días después empezó a rankear como pieza de museo debido a Donald Trump.
La serie de Vince Gilligan explota de modo increíble una hipótesis: una civilización del planeta Kepler 22-b, ubicado a 640 años luz, contamina a todos los pobladores de nuestro mundo, que sonríen felices y actúan con amabilidad, pero cuyo cerebro forma parte de una gran mente colmena.
Esto es: hay un solo cerebro. Nadie piensa ya de modo individual sino que están todos unidos y dirigidos y masificados por esa mente colmena que reúne a la totalidad de los cerebros y saberes humanos. La IA en modo lisérgico.
Hay un solo problema: 13 personas resultaron inmunes a esa especie de virus algorítmico/biológico que controla al resto de la humanidad.
A la mayor parte de los 13 inmunes la situación les parece aceptable. Notan lo felices que están los demás, y la mente colmena los trata con servicial cortesía.
Solo unos pocos de los 13 entienden que no: que detrás de esa felicidad masiva a las personas les robaron el alma, porque la inteligencia alienígena lo que en realidad busca es apoderarse del planeta y sus recursos.
Esos humanos contaminados morirán pronto pero sonriendo tras haberse comido a sus propios muertos, y el mundo será una estación más en el avance de la civilización del planeta Kepler 22-b para subsistir a costa de los otros habitantes y otros planetas de este extraño universo.
Una semana después del último capítulo de Pluribus, Estados Unidos invadió Venezuela (América Latina), abdujo a Nicolás Maduro y redondeó las acciones con las que el país sustento de lo narco en el mundo simula combatir al narcotráfico.
Luego llegó Trump a explicar todo. ¿En qué se parece la política que simboliza Trump, a Pluribus y los ignotos seres de Kepler 22-b? Una hipótesis: la idea del control.
Pero lo que en la mente colmena son acciones y deseos altruistas (mientras roban almas y bienes comunes) en Trump es transparencia pura: habla del petróleo, de los recursos, del dinero en juego, de las corporaciones, de los muertos. Aclaró que considera que esa riqueza de hidrocarburos y tierras raras es norteamericana (lo cual supera en términos de ciencia ficción a toda la temporada de Pluribus) y demostró que puede llevar a la práctica todas las amenazas, provocaciones y disparates que rompen con el mundo tal cual lo hemos conocido.
El de Trump no es el imperio amable, hipnótico, seductor y temible de Pluribus.
En el suyo rige solo lo temible, y la sonrisa impostada es reemplazada por escenas de violencia explícita.
El control no es a través de la contaminación cerebral sino gracias a acorazados y drones, generales, violencia y guerras. Las mismas que el señor Trump dijo que quería evitar pero que –negocios son negocios– reactivan la industria armamentística, que es casi tan poderosa como la industria narco, aunque no compiten entre ellas y tienen intersecciones considerablemente turbias.
La actitud de Estados Unidos simboliza una idea: basta de seducción y amabilidad. Es tiempo de abducciones, de odiabilidad.
Lo que se estaba gestando en las últimas décadas y se inauguró formalmente ahora es la era del sometimiento. Y quien no lo acepte lo va a pagar caro. Queda por verse en este caso si el uso estadounidense de la fuerza es un sinónimo de poder, o una demostración violenta de debilidad (como acaso ocurrió en Venezuela con el propio Maduro).
En la parte que nos toca de este espectáculo cloacal, el gobierno argentino juega el rol del sometimiento sonriente. Como el viejo consejo que se les daba a las mujeres violadas: relájate y goza.
Mensaje al señor Vince Gilligan: desde este rincón findelmundesco saludo su serie increíble, pero hay otra que describe de modo diferente estas desventuras. Es argentina, se llama El Eternauta, se estrenó en 2025 pero nació en forma de cómic hace casi 70 años.
También hay en ella una civilización que busca controlar el planeta y los recursos. La invasión genera zombis y personas-robots (menos sonrientes que las de Pluribus) pero que no omite todas las formas de violencia imaginables.
Lo tóxico no lo usan para robar almas sino para matar.
En todo caso, el personaje de El Eternauta, Juan Salvo (Ricardo Darín), y la de Pluribus, la inmune Carol Sturka (la magistral Rhea Seehorn), comparten una idea frente la situación: con dudas y contradicciones, finalmente buscan hacer algo, resistir, oponerse, rebelarse frente al estado de las cosas. Su desafío: preservar cuerpos, cerebros y almas para que la existencia deje de ser una mala copia de la vida, o su the end.
En una de esas dos series imaginan una tecnología ética y cotidiana para intentar hacerlo: nadie se salva solo.
En la otra, el control de lo humano se realiza mediante un arma terrible: el consenso de una humanidad alienada. Carol no se resigna y al fin de la temporada tiene al menos un aliado. Es un latino, Manousos, que rechaza a la imitación que la mente colmena le presenta de su propia madre que le muestra los dientes, inquietantemente maternal. Manousos le dice en castellano: “Usted no es mi madre. Mi madre era una cabrona”. Y huye de Paraguay para buscar a Carol en Abuquerque, Estados Unidos, desde donde había hecho un llamado a los inmunes: tenemos que salvar el mundo.
Carol en otro momento menciona algo que podría sonar a procrastinación (con perdón de la palabra), a postergación. Pero nunca se sabe hasta dónde pueden llegar las cosas con la gente cabrona, como se considera a cada persona del mundo que puede elegir no someterse. Aquí pasó en la peor dictadura, cuando entre las pocas personas inmunes había 14 mujeres, madres y abuelas, las únicas cabronas que rompían la pesadilla del consenso alienado.
La frase Carol puede leerse como una involuntaria propuesta de acción para las personas y comunidades y, quizás, para la política (aunque esto suene también a ciencia ficción o realismo mágico).
La escena demuestra, como tantas expresiones del arte en estos días, un llamado a despertarse, cosa que en esta época parece cuestión de vida o muerte.
Carol dice en el más puro spanglish algo que aquellas personas a las que no lograron robarles el alma merecen recordar a cada momento, cada latido y cada respiración, para moverse, para no resignarse, para no someterse.
Como ya es de noche en el mundo, ella le anuncia a Manousos:
We save the world mañana.
PD: Por suerte entre los cabrones del mundo todavía existe Stremio.

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Invasión a Venezuela: la verdad detrás del botín

Por Claudia Acuña y Lucas Pedulla
Lo dijo sin metáforas y con mayúsculas:
“Venezuela está completamente rodeada por la mayor armada jamás reunida en la historia de Sudamérica. Solo se hará más grande y el impacto que supondrá para ellos será algo nunca visto, hasta que devuelvan a los Estados Unidos de América todo el petróleo, las tierras y otros activos que nos robaron”.
El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, anunció así –a través de un mensaje publicado en la red Truth Social– su decisión de invadir ese país, sin siquiera avisar al Congreso.
El “robo” del petróleo al que alude es, sin embargo, la decisión de nacionalizar el petróleo que tomó Venezuela en dos etapas históricas que ahora conviene recordar.
La primera fue el 1° de enero de 1976, bajo la primera presidencia de Carlos Andrés Pérez, quien pagó a las corporaciones Exxon, Shell, Gulf, y Mobil 5.626 millones de dólares como compensación. El economista Carlos Mendoza Potellá –quien acompañó en ese proceso al fundador de la OPEP, Juan Pablo Pérez Alfonzo– sintetiza así cómo fue: “Las mismas concesionarias designaron de su seno a quienes asumieron la gerencia petrolera venezolana: el entonces presidente de la Compañía Shell de Venezuela se convirtió en presidente de la ‘Operadora Nacionalizada’ Maraven. El vicepresidente de la Creole Petroleum Corporation, filial venezolana de la Standard Oil–Exxon se transmutó en presidente de Lagoven, otra operadora nacionalizada. El mismo esquema se repitió once veces con los gerentes de las demás filiales transnacionales, travestidos en gerentes de empresas estatales”.
Durante su segundo mandato, Pérez dispuso un plan de “apertura petrolera” que permitió operar a las transnacionales del petróleo en nuevas áreas, que luego su sucesor, Rafael Caldera, amplió. Así se llegó a la segunda nacionalización, impulsada por Hugo Chávez en 2007, quien a través de un decreto impuso que la petrolera estatal tenía que tener participación mayoritaria en todas las explotaciones petroleras venezolanas. Esa medida originó una serie de demandas internacionales, entre ellas la de Exxon, a quien el régimen de Nicolás Maduro pagó 700 millones de los 985 reclamados.
Del robo, hay que decirlo, fue víctima Venezuela, saqueada por la corrupción de quienes durante el régimen de Maduro administraron los activos de la petrolera estatal. Un ejemplo: el 17 de marzo de 2023, se dio a conocer la desaparición de 3.000 millones de dólares provenientes de cuentas por cobrar de la venta de petróleo, lo cual derivó en la detención de 61 personas, entre ellas tres coroneles y otros cuatro militares que ocupaban puestos relevantes en PDVSA.

El botín
Venezuela tiene las mayores reservas de petróleo del mundo, incluso más importantes que las de Arabia Saudí. Los yacimientos situados en la faja del Orinoco albergan más del 15% de todas las reservas mundiales. Su petróleo, además, es especial y característico: es más pesado y costoso de extraer, pero su alto contenido en azufre lo hace especialmente codiciado por las refinerías más sofisticadas.
Socio fundador de la OPEP, produce actualmente poco más de un millón de barriles diarios, lejos de los 3,5 millones de barriles que producía al final de la década de los noventa, cuando el país era una potencia global del sector de los hidrocarburos, con el 10% de la producción mundial de crudo. Ahora la república bolivariana apenas representa el 1%.
Para hacerse una idea del declive del sector en Venezuela, la industria del crudo del país llegó a ser la mayor exportadora del mundo. Ahora ocupa el puesto 21 entre los productores mundiales. Y está a punto de ser superado por su vecino Guyana, un país mucho más pequeño, cuya economía controla la petrolera Exxon.
Pero no solo se trata del petróleo. Tal como anunció el presidente Trump en su explícito mensaje hay “otros activos” que busca controlar con esta operación militar. Están en juego, además, minerales y tierras raras. Venezuela es un país muy rico en recursos naturales: cuenta con importantes reservas de gas natural, oro, hierro, bauxita y coltán, uno de los minerales necesarios para las baterías. También posee grandes yacimientos de cobre, níquel, titanio y zinc.
De Monroe a Trump
Dos siglos antes – el 2 de diciembre de 1823– el entonces presidente de Estados Unidos, James Monroe, declaró como potencialmente hostil cualquier intervención de las potencias europeas sobre los asuntos políticos de una América que libraba sus guerras de independencia, bajo el tan estadounidense lema: “América para los americanos”.
El 2 de mayo de 1965, 142 años después, la Cámara de Representantes completó esa declaración con la “Doctrina Johnson”, tras la invasión a República Dominicana ordenada por el entonces presidente Lyndon Johnson, para evitar un gobierno comunista.
El 3 de enero de 2026, casi 58 años después, en una fecha sensible para Argentina porque coincide con la invasión británica a las Islas Malvinas en 1833, la región amaneció bombardeada por orden del actual presidente estadounidense, Donald Trump, quien invadió Venezuela y detuvo a su presidente, Nicolás Maduro. “Tras años de abandono, Estados Unidos reafirmará y aplicará la doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental”, dijo el documento de 29 páginas en el que EEUU redefinió la Estrategia de Seguridad Nacional, que denominó como “corolario Trump a la doctrina Monroe”. En un juego de palabras, se bautizó como “Doctrina Donroe”.
En declaraciones a la BBC, el investigador de Estudios Latinoamericanos del Council on Foreing Relations, Will Freeman, sintetizó: “Es una especie de justificación ideológica para la intervención de Estados Unidos o para la mano dura en la región. Pero el documento también menciona los cárteles de la droga y las incursiones extranjeras hostiles, lo que suena a la Doctrina Monroe en su versión original».
Si las viejas doctrinas buscaban la anexión violenta de una “América triguera” como si la región fuera el “caballo” y Estados Unidos el “jinete”, la actual doctrina Trump busca esnifar esa América narcótica que su país consume, abastece y fortalece en estructura, para su dominio geopolítico y el saqueo colonial de los bienes comunes, como dejó en claro Trump en su imperturbable y descarada conferencia: “Vamos a hacer que nuestras compañías petroleras de Estados Unidos, las más grandes en cualquier parte del mundo, entren, inviertan miles de millones de dólares, reparen la infraestructura petrolera gravemente deteriorada y comiencen a generar dinero para el país”.
¿Qué país?
En el nuestro y en los bordes más empobrecidos de esta ciudad –el Bajo Flores– la comunidad venezolana que está en la platea del club Daom mirando a los suyos disputar un partido de béisbol en un clásico contra Vélez Sarsfield lleva aferrada en cada mano, como un rosario, el teléfono celular, desde donde siguen las noticias de su tierra y de su gente. Me dice una joven que ya lleva ocho años en Argentina:
“Es un comienzo”.
Lo dice con ilusión y alivio.
Su mirada y lo que transmite, su biografía y lo que representa –estudió Historia en la universidad de la república bolivariana, trabaja limpiando casas por hora en Palermo– es la exacta dimensión del mayor fracaso del discurso progresista y sobre esa rotunda frustración ahora urge reflexionar.
Fracasar, fracasar, fracasar hasta triunfar.
Lo decía Mao, que tanto disgusta a Trump.
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Nuevo ataque a la prensa: robo en la redacción de la cooperativa El Ciudadano

Desconocidos rompieron un vidrio del frente del edificio e ingresaron al diario cooperativo de Rosario. El robo fue selectivo: se llevaron las dos consolas de sonido y todos los micrófonos, lo que impide que el medio siga transmitiendo y filmando. Todo en el contexto de un gobierno nacional que enarboló el eslogan «no odiamos lo suficiente a los periodistas». Desde la web de El Ciudadano (elciudadanoweb.com): «Nos vamos a levantar de este golpe pero nunca vamos a dejar de contar con espíritu crítico todo lo que vemos”.
El año comenzó con una noticia triste e inesperada para el diario El Ciudadano. Cuando volvieron a trabajar después del Año Nuevo, sus integrantes encontraron que la redacción del medio cooperativo de Rosario había sido robada. “Nunca vamos a dejar de contar con espíritu crítico todo lo que vemos”, señalaron desde el espacio autogestivo.

Imagen de las instalaciones saqueadas.
El episodio ocurrió durante la madrugada del primer día del año. Desconocidos rompieron un vidrio del frente del edificio e ingresaron al diario. “Se dirigieron directamente al sótano donde funciona el streaming y se llevaron las dos consolas de sonido, todos los micrófonos, lo que nos impide seguir transmitiendo y filmando”, contó El Ciudadano a través de una declaración en su web.
“Nos llama la atención lo selectivo del robo y lo simbólico del hecho de que se hicieran con los micrófonos”, agregaron desde la cooperativa y recordaron la compleja situación económico y de subsistencia que atraviesan en esta época de crisis.
El violento hecho, además, se da en el marco de un gobierno que promueve el odio a la prensa. Javier Milei repite de manera constante que no se odia lo suficiente a los periodistas, al tiempo que censura y reprime el ejercicio de prensa.
“Nos quisieron destruir muchas veces. Nunca lo consiguieron. Nos vamos a levantar de este golpe pero nunca vamos a dejar de contar con espíritu crítico todo lo que vemos”, concluye El Ciudadano, medio creado en 1998 y recuperado por sus trabajadoras y trabajadores en 2016.
El Ciudadano, junto al diario Tiempo Argentino, revista MU y Agencia lavaca, El Diario del Centro del País, revista Cítrica, agencia Tierra viva y Lawen, integra la Unión de Medios Autogestivos. Son siete cooperativas que se organizaron con el fin de promover el periodismo de investigación sobre temas sociales apremiantes. Su agenda hace foco en temas usualmente relegados por la prensa comercial como son la violencia institucional, el narcotráfico, el respeto por los derechos humanos y la diversidad de género, la soberanía alimentaria, los reclamos de los pueblos originarios y el cuidado del medio ambiente.
La cooperativa que edita El Ciudadano se llama La Cigarra. El diario dio la noticia con palabras de aquella canción de María Elena Walsh: «Tantas veces me mataron». Y publicaron: «Por algunos indicios que deberán investigarse, el hecho también asoma como clara amenaza a la libertad de expresión».

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