Crisis por el ajuste
La Ley de la calle: masiva movilización para que se aplique el financiamiento universitario

Pese a que el Congreso Nacional votó la Ley de Financiamiento Universitario 27.795, y rechazó con más de dos tercios de ambas cámaras la intentona de veto presidencial, y a que fallos judiciales ordenan su cumplimiento inmediato, el Gobierno de los Milei & los Caputo no la aplica. Para los organizadores de la movilización calculada en más de 1.500.000 personas en todo el país, esto no solo rompe lo relativo al presupuesto universitario “sino el contrato social que nos mantiene libres y en un Estado de derecho”. Todo lo contrario a lo que sucede hoy en la calle, donde la democracia queda expresada en la gente moviéndose en esta 4° marcha durante el período libertario, y de sectores que se plegaron y convocan a seguir resistiendo este tipo de políticas de daño social. Voces desde la calle que explican sin casettes por dónde moverse.
Por Franco Ciancaglini. Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org
Hay muchos jóvenes.
Muchos docentes, directivos, no docentes.
Egresados, profesionales.
Muchas personas en todo el país.
En Mar del Plata, Córdoba, en Ushuaia, en Rosario, en Bahía Blanca y así.
Hay una Plaza de Mayo repleta.
Hay gente que llega y gente que se va.
Gente que estuvo todo el tiempo.
Hay jubilados y jubiladas que marchan todos los miércoles.
Está el movimiento disca, también siempre presente.
Hay sindicatos, como la UOM o los Aceiteros, y parte de la CGT que brindó su apoyo y movilizó algunas columnas dispersas.
Hay carteles conmovedores.
Hay muchos jóvenes, de todos lados, sobre todo llegados de fuera de la Capital Federal.
Muchas personas que viajaron desde lejos para sumar su cuerpo, su cartel, su grito, su aplauso.
Que, a pesar del frío y la cascada de malas noticias, no se resignan y demuestran, hasta con alegría, que la única que queda hoy es la calle.
Y no callarse.

Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org
“Milei cumplí la ley”
Es la cuarta.
Las tres primeras Marchas Federales Universitarias fueron las más masivas contra el gobierno de Milei. Esta no fue la excepción.
Desde el escenario calcularon alrededor de un millón y medio de personas movilizadas en todo el país.
Lo incontable es todo lo que sucede alrededor de esta bandera argentina que significa la universidad pública.
Una bandera que cobija a miles de generaciones que se reunieron hoy en la Plaza de una manera conmovedora: relatando, en esta crónica, cómo el acceso a la educación libre, gratuita y de calidad “cambia vidas, motoriza el ascenso social y brinda soberanía a un país”. Así lo sintetizaron en un documento leído por la FUA (Federación Universitaria Argentina” que se tituló: “Cuarta marcha federal universitaria: 203 días sin aplicar la Ley. Por la universidad pública y en defensa de la democracia”.
El planteo central: “El Poder Ejecutivo, en un acto de desprecio institucional sin precedentes, ha decidido alzarse contra los otros dos poderes de la República: ignora la Ley de Financiamiento Universitario N° 27.795, sancionada y ratificada por amplias mayorías en el Congreso, y desoye los fallos de la Justicia que ordenan su cumplimiento inmediato. Cuando el Gobierno decide qué leyes cumple y qué sentencias acata, lo que se rompe no es solo lo relativo al presupuesto universitario: es el contrato social que nos mantiene libres y en un Estado de derecho”.


Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org
Algunos datos de contexto:
- Los salarios de quienes trabajan en las universidades argentinas bajaron el 34,5% en el mejor de los casos, o más del 40% según otros cálculos. Es como si en los últimos dos años no hubieran cobrado entre 8 y 10 salarios. Los números simbolizan lo presupuestario, pero tal vez no logren mostrar el daño institucional, social, familiar y personal que provoca la política del gobierno.
- El actual es uno de los menores porcentajes históricos que el Presupuesto Nacional asigna a las universidades, en las que el 57,6% de los graduados son primera generación de sus familias en llegar a los estudios superiores. Esa posibilidad es una de las cosas que se está quebrando, como lo señalaban los cartones manuscritos en los que se leía: “Sin educación no hay futuro”.
- La importancia que el gobierno de Milei le da a la educación se expresa en la aplicación de un nuevo recorte del Presupuesto Nacional de 3 billones de pesos en temas de energía, obras públicas, urbanización y hasta tratamientos contra el cáncer (63.021 millones de pesos que explican que la palabra crueldad tal vez ya no alcance para definir lo que está ocurriendo). Para el tema educativo, el recorte es de 78.768 millones de pesos.
- Ese incalificable decreto de ajuste fue firmado por el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, y el ministro de Economía, Luis Caputo. El lado B de la situación aparece en casos como el $LIBRA o el ANDIS, donde se detectaron sobreprecios en sillas de ruedas, andadores, medicamentos y tecnologías para diversos tipos de tratamiento del orden del 200% en los casos más leves, hasta productos sobrefacturados en un 4.239%. A lo que habría que agregar 3%, Spagnuolo, Esper, Nucleoeléctrica, Adorni, posibles sobresueldos oficiales, entre otras cosas.
- Volviendo a lo estrictamente universitario, esta licuación económica va generando, además, un éxodo permanente de docentes que está vaciando una educación de calidad históricamente reconocida a nivel continental y global.

Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org
Docentes Uber
Los testimonios desde la calle permiten entender de manera simple la complejidad de lo que está en juego.
Primero, pequeñas escenas concretas. Lucía Darandal, estudiante de la Universidad Nacional de La Plata, resume “lo más visible”: el salario de los docentes. “Cada vez les está costando más llegar a fin de mes. Muchos están teniendo más de un trabajo para poder sostenerse, muchos tienen familias que mantener. Ahí está el primer deterioro que se va acentuando. Lo mismo pasa con los trabajadores no docentes”.
Las becas: “La beca Progresar quedó congelada en 35.000 pesos y eso prácticamente no alcanza. Hay estudiantes a los que cada vez se les complica más pagar el alquiler, porque recordemos que también hay estudiantes que viajan desde otros lugares de la Argentina”. Y los horarios: “Faltan horarios en el turno noche. Entonces hay menos posibilidades para que el estudiante trabajador pueda cursar”.
Desde Rosario, el médico y director del Instituto de Salud Socioambiental de la Facultad de Ciencias Médicas, Damián Verzeñassi, lo traduce en una imagen todavía más brutal: “Más de la mitad de los trabajadores universitarios cobran por debajo de la línea de pobreza” y agrega que hay docentes “que con lo que cobran no pueden pagar siquiera el costo del transporte para llegar a dar clases”.
Rosario Kairuz, estudiante de Sociales UBA, cuenta cómo eso impacta directamente en las cursadas: “Las materias de la orientación en investigación prácticamente no cuentan con ningún tipo de horario. Se ofertan un cuatrimestre sí y otro cuatrimestre no”. Y agrega otro ejemplo síntoma del deterioro: “Quienes siguen la orientación de producción no cuentan con materiales ni con equipos para realizar los distintos talleres audiovisuales”.
Nicolás Núñez, docente de Sociales e integrante de AGD, completa la escena desde el otro lado del aula: “El incumplimiento de la ley y los dos años de profunda pérdida del poder adquisitivo de la docencia universitaria nos empujaron a todos a buscar otras formas de sobrevivir: desde las clases particulares hasta manejar Uber o hacer trabajo freelance”. Le pone una cifra al éxodo: “Hay 10.000 docentes que ya decidieron abandonar las clases”.

Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org
Plata para la deuda
Más acá de los números, lo que aparece en la calle es que el conflicto universitario dejó de leerse hace rato solamente en términos presupuestarios. Ya no se trata únicamente de números, partidas o balances, sino de una marcha que Gonza Giles, escritor, periodista y divulgador sobre Comunicación Aumentativa y Alternativa (CAA) y neurodivergencias, planteó,como “una defensa colectiva contra el descarte humano”.
Gonzalo habló en nombre del movimiento de personas discapacitadas: “Nos quieren convencer de que ajustar es gobernar, que destruir derechos es modernizar, que dejar gente afuera es eficiencia. Necesitan que la sociedad mire al otro con sospecha, porque cuando logran que el pobre sospeche del que tiene una discapacidad, que el trabajador sospeche del estudiante y que todos sospechen de todos, el ajuste entra más fácil”. Por eso insiste en que “no es un problema económico, es ideológico. Porque plata hay. Lo que no hay es humanidad. Hay plata para deuda, hay plata para represión, hay plata para departamentos que no pueden utilizar, pero no hay plata para que una persona con discapacidad viva dignamente, no hay plata para universidades, no hay plata para ciencia, no hay plata para salud”.

Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org
En la marcha volvió a quedar en evidencia que no solo la universidad es una consigna de unidad, sino que las luchas comienzan a entrelazarse unas y otras: los hospitales, la discapacidad, los jubilados, el trabajo. Por eso tuvo tanto peso simbólico la presencia de sindicatos como la UOM. “No es frecuente que los estudiantes y los laburantes estén juntados”, reconoce Darío Dani Román, metalúrgico, “pero en estos tiempos hace falta estar juntos”. Y agrega: “Estamos presentes en todas las luchas populares en las que haga falta estar para dar vuelta esta situación”. Desde la medicina, Damián Verzeñassi amplía: “Esto que está pasando con la universidad —que es lo mismo que pasa con los hospitales, con las personas con discapacidad y con los jubilados— debería ser un elemento más que suficiente para que todo el arco político no fascista se decida a organizarse, a unirse y a encontrarse”.
En Sociales UBA, Rosario Kairuz cuenta que ya empezaron a discutir cómo sostener esa articulación: “Hay que unir esa lucha con docentes y no docentes. Los reclamos estudiantiles no pueden darse solos”. Nicolás Núñez, de AGD Sociales, insiste en que “esta marcha no puede ser un punto de llegada sino un punto de partida” y plantea recuperar algo de lo que ocurrió en 2024 con las asambleas interclaustros y las tomas de facultades. Para él, que habla desde la academia, “nuestra suerte está atada también a los reclamos de discapacidad y a los reclamos de tantos sectores postergados por este gobierno, con los que tenemos que unirnos, como los jubilados”.


Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org
El contagio
Pero… ¿cómo? La respuesta más repetida en la calle vuelve a ser la movilización. “Hay que seguir viniendo a las marchas, hay que seguir visibilizando y exigiendo”, plantea Gonza, y agrega que tanto el Poder Judicial como el Legislativo “tienen que ponerle un límite a este gobierno”. Darío Dani Román de la UOM, coincide: “La única arma que tenemos nosotros es salir a la calle, manifestarnos y sostener la pelea hasta el final”. Milagros y Facundo, estudiantes, lo resumen todavía más simple: “Seguir marchando, seguir protestando, para que se den cuenta de lo que quiere la gente”. Damián Verzeñassi suma otra dimensión: “La marcha de hoy tiene que decirles claramente que no les vamos a dejar pasar ninguna más”. Pero además propone “avanzar en una estrategia jurídica muy fuerte por incumplimiento de las funciones de los funcionarios públicos, desde el presidente para abajo, contra todos los responsables de no cumplir con una ley aprobada por el Congreso de la Nación”.
La última imagen que brota en la calle no es solo la de la crueldad, sino la de una brutalidad planificada. Gonza Giles lo explica claramente: “Necesitan universidades vacías porque el pensamiento crítico molesta. Necesitan personas aisladas porque los derechos organizan. Necesitan trabajadores cansados y estudiantes endeudados porque así envían un mensaje”.
Lo mismo dicen Vladimir y Adriana, de 19 años, pero ya orgullosos técnicos químicos. Mientras hablan levantan dos carteles que llaman la atención de todos:
- “Cuando la educación sea privada, seremos privados de todo” y
- “No se puede adoctrinar un cerebro lleno de conocimiento”.
Las letras están prolijamente dibujadas, en colores, y recortadas con paciencia y dedicación. “Estuvimos haciéndolos desde ayer, buscando frases, viendo todo lo que dice la gente, juntando opiniones. Y quedaron estas”, cuentan ellos, que hablan sosteniéndose la mano uno al otro.

Foto: lavaca.org
Ella es de Moreno, él de José C. Paz. Egresaron de una secundaria técnica pública. Ella ahora estudia Ingeniería Aeronáutica en la UTN de Haedo. Él piensa anotarse en Agronomía. A ellos, además de todo, la universidad pública les dio el amor. Y desde ahí hablan:
“Vamos a ayudar a un comedor cerca de Cuartel V, en un barrio muy pobre. Hay familias a las que se les complica hasta estudiar. Regalamos hojas, útiles, lo que se pueda. Yo era de un barrio también muy humilde y mi primo no pudo estudiar, tuvo que dejar para ir a trabajar. Hacemos lo que podemos. Muchas veces no alcanza. Pero aunque sea una persona más que pueda estudiar, ya es una victoria”.
Él da vuelta el cartel y muestra la frase del otro lado: “Estamos acá también por vos, que pensás distinto”. Adriana dice: “Mucho se habla de que el odio se contagia, que vivimos una época de odio, que las redes muestran eso. Pero también el amor y la solidaridad contagian”.
Y sonríe.
Con esa sonrisa que contagia, y ese cartel colorido, revela que ella fue la responsable de que viniese su novio: “Esta es la primera vez que viene a una marcha. Yo ya había venido a la marcha antifascista. Así que bueno, ya traje a alguien más”.
Y la próxima, uno más.
Sí, sí. Ya hay dos amigos que querían venir y no pudieron por otros temas, pero tenían ganas.
Vladimir: ¿y qué te pareció tu primera marcha?
Nervioso al principio, la verdad. Pero estuvo muy bueno.
¿Por qué nervioso?
No sé, siempre las veía desde afuera y parecía otra cosa. Pero estuvo re bien la experiencia.
Ahora sonríen ambos.
Y saludan antes de desconcentrar por Diagonal Norte rumbo a tomarse dos micros y un tren para volver a su casa.
Sobre esa avenida céntrica, donde se recorta el Obelisco, pasarán
- junto a un joven con una remera de 2 Minutos y un cartel que dice: “Estéticamente superiores”, con la cara deforme del Presidente. Una ironía sellada con la firma de la Escuela Superior de Bellas Artes Antonio Berni.
- Cerca de Luna, de siete años, de la mano de Gloria, su mamá, chocha porque está caminando por la calle y no por la vereda.
- De una joven que tiene un cartel que da ganas de llorar: “Mi sabiduría viene de esta tierra”.
- De un ruidoso grupo de la Escuela Secundaria de la Universidad de San Martín que trajo varios hits. El mejor:
“Con las lágrimas de Adorni
vamos a hacer una cascada
para que se metan todos
los pibes de la barriada”.
La gente desconcentra y va cantando “eaea” y también:
“Si el presupuesto no está
qué quilombo que se va a armar”.



La sensación es, como decía Gonza, que este es un punto de largada y no de llegada.
Que la cosa sigue.
En la calle, pero también en los barrios, en los comedores, y en las aulas.
Sigue cada miércoles en el Congreso.
Y todas las veces que hagan falta.
Porque hay muchos jóvenes.
Docentes, directivos, no docentes.
Egresados, profesionales.
Muchas personas en todo el país.
En Mar del Plata, en Córdoba, Ushuaia, en Rosario, en Bahía Blanca.
Hubo otra Plaza de Mayo repleta.
Hay gente que, aun cuando todo terminó, sigue llegando.
Hay más carteles conmovedores.
Hay muchos jóvenes que, a pesar del frío y la cascada de malas noticias, no se resignan y demuestran, hasta con alegría, que la única que queda hoy es la calle.
Y no callarse.








Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org
Crisis por el ajuste
Toma de un frigorífico en Santa Fe: las cosas que hay que hacer para sobrevivir

Los dueños del frigorífico Euro de Santa Fe bajaron las persianas, vaciaron la empresa y desaparecieron del mapa en octubre de 2025. Sus 105 trabajadores decidieron tomar la planta, y varias familias viven allí porque dejaron de cobrar sus salarios y no pueden pagar el alquiler. Hasta comer se transformó en un calvario en ese lugar de Villa Gobernador Gálvez, “la capital de la carne”. La propuesta de armar una cooperativa para hacerse cargo de reflotar la producción, la política que no aporta soluciones, la comunidad que los apoya, y las claves para seguir resistiendo.
por Francisco Pandolfi
Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org
QUEREMOS TRABAJAR.
El grafiti en aerosol negro grita en mayúsculas sobre la pared blanca.
La fábrica del parque industrial de Villa Gobernador Gálvez, Santa Fe, pertenece al frigorífico Euro. En la década pasada albergó a más de 900 trabajadores hasta que a fuerza de crisis se redujo a 105. Euro es de la familia Salimei, que en 2023 se la adquirió al grupo Lequio..
El 30 de octubre de 2025 los Salimei bajaron las persianas, se llevaron parte de las máquinas y desaparecieron: se fugaron.
Las y los trabajadores definieron en asamblea tomar la fábrica. Ocho meses después, siguen esperando la única resolución al conflicto: volver a trabajar.

Ocho meses sin sueldo
Hay algo que no cambia en la fábrica: la permanencia 24 horas. Lo que se transformó es el modo. Si antes se trabajaba triple turno, mañana, tarde y noche, con la rueda de la tripería ovina y vacuna sin frenar, ahora las 24 horas corresponden a familias enteras de trabajadores viviendo en las instalaciones.
El motivo es doble:
–Que los empresarios no profundicen el vaciamiento.
–Dar cobijo a quienes ya no pueden pagar el alquiler.
Hugo tiene 43 años y trabaja en Euro desde su inauguración en 2003. Nació en Rosario –ciudad pegada al norte de Villa Gobernador Gálvez– y es uno de los delegados. Vive en el complejo habitacional Fonavi y da gracias que su mujer todavía tiene trabajo. “Desde noviembre acá no cobramos nuestro sueldo. Si en Argentina hoy es difícil llegar a fin de mes con laburo, imaginate así”.
Cuenta, además, que a principios del 2025 eran 400 operarios, hasta que empezaron los retiros voluntarios: “Más que voluntarios, obligatorios; achicaron la materia prima hasta cerrar. No presentaron un procedimiento de crisis, así que junto al sindicato decidimos tomar la fábrica para cuidar la fuente de trabajo”.
Hugo dice que quedaron en medio de un conflicto entre empresarios. Los Lequio, dueños originales, son una familia local que siempre se dedicó a la tripería. En 2019 se asoció con los Salimei, inversores de Buenos Aires que en 2023 se quedaron con la totalidad de la empresa por una deuda entre ellos. “A esta gente nunca le interesó la fábrica, no son del palo; como vieron que con el gobierno nacional actual no iban a tener rentabilidad, se fueron”.

Sin carne en la capital de la carne
A Villa Gobernador Gálvez se la conoce como la “capital de la carne” y de la “Industria Frigorífica». De hecho, en los alrededores de Euro se erigen varias empresas del sector: Paladini, Swift, Coto.
En estos meses hubo algunos empresarios interesados en hacerse cargo de la empresa, pero aún no hubo una solución. La traba principal: quieren desconocer los años de antigüedad de quienes trabajan. Mientras tanto, siguen acumulándose meses y sueldos sin cobrar. Los trabajadores describen la situación en una oración: “No comemos carne hace meses. Vivimos de pollo y de menudo”.
En asamblea definieron reactivar la producción con la mercadería que les quedaba y la están vendiendo en las carnicerías de la zona. El frigorífico se dedica a las tripas naturales para embutir salamín, chorizo, morcilla, salchicha parrillera. “Si nadie se hace cargo, estamos dispuestos a conformarnos como cooperativa, pero como la empresa nunca presentó la quiebra nos imposibilita constituirnos con esa figura”, explica Hugo.
Para volver a producir compraron algunos insumos faltantes: caños de luz, de agua y luminaria. Al vaciamiento provocado por los dueños se le sumaron otros robos, de personas que aprovecharon el tamaño de la fábrica –120 metros por 80–: “Se robaron cables, ventiladores, de todo, hicieron un desastre”. En la recorrida por las instalaciones, un elemento parece fuera de contexto, pero no: una gomera. “Es la única manera que tenemos de defendernos, los intentos de robos son diarios”.
Juntaron la plata para reactivar el frigorífico en una peña que hicieron el 1° de Mayo. Ahora trabajan desde la primera hora de la mañana hasta las 3 de la tarde, sin sueldo, claro.
Fabiana tiene 42 años y hace 19 que sus manos chacinan. “Nadie estaba preparado para esto”, dice. Explica a qué se refiere:
–Quedar sin salario.
–sin cobertura médica.
–Sin casa en muchos casos.
–Salir a protestar, a quemar ruedas, a golpear puertas.
“No estábamos preparados psicológica ni emocionalmente. Nuestra costumbre era venir a ganarnos el pan de cada día, no esto. Pero acá seguimos, las ganas de trabajar no las perdemos”.

Vivir en el trabajo
Del centenar de trabajadores que se quedaron sin salario desde octubre, la mayoría está haciendo changas o Uber. Entre 25 y 30 están revitalizando la fábrica. Algunos lavan autos y motos; otras hacen torta frita y torta asada. En conjunto organizan eventos donde juntan plata para un fondo común, con dos prioridades:
–Comprar lo necesario para vender la producción.
–Sostener a las familias más necesitadas.
Fabiana está sentada en la puerta junto a Sergio –el paisa–, Mauricio, Brian y Daniel. Toman mate, como forma de pasar el tiempo y amainar el frío invernal.
Sergio –el paisa– tiene 32 años y la voz tan grave como apagada. Vivió en la fábrica desde la toma hasta marzo, cuando empezó el colegio su nena de 6 años. “En mi casa ya no puedo pagar la luz ni el agua, todo se complicó. Es muy difícil lo que estamos pasando, no es vida”.
Hay 13 familias viviendo en el frigorífico. Usan los espacios que hasta el año pasado eran oficinas de recursos humanos, de logística y la enfermería. Brian tiene 21 años y es el más joven del plantel. “Vivo acá con mi pareja. Tratamos de llevarla de la mejor manera, luchando, pero si te digo que estoy bien, te miento”.
La fortaleza
Las y los trabajadores dicen que no tuvieron ayuda del gobierno provincial y menos del nacional. Que el único que los ayuda es el intendente Alberto Ricci, del Partido Socialista.
Pero la solución no llega. “Es como si no existiéramos –afirma Fabiana–. Luchamos contra los dueños y con la política, que mira para otro lado. Aunque estemos acá en la puerta, en la plaza o en las calles protestando, haciendo movilizaciones, cortes; aunque hayamos vuelto a trabajar sin un salario, parece que todavía no es suficiente, no nos ven”.
Sí los ve parte de la comunidad. Médicos que vienen a atenderlos y les traen medicamentos; personas que se acercan a darles una mano para la olla diaria.
Refuerza Hugo, por si hiciera falta: “Sabemos que nuestro cordón industrial está cada vez peor, con más despidos y suspensiones. Pero en Euro tenemos todo lo necesario para su funcionamiento: máquinas, capacidad, laburantes, clientes, mercadería. Y muchísimas ganas de trabajar”.
Fabiana explica otro dato crucial: “Lo que nos sostiene y fortalece es que somos un grupo unido. Si alguien se cae, otro lo anima. Solo buscamos recuperar nuestra vida normal y eso es trabajando acá. De todo este proceso sacamos muchas enseñanzas: que la vida no es fácil, que no hay que rendirse. Y la más importante: que no vamos a darnos por vencidos”.

Crisis por el ajuste
Chubut: más de 300 días sin cobrar, cubiertas quemadas y una propuesta: “Que nos den la fábrica”

Trabajadores textiles de la empresa Soltex realizaron una protesta en Trelew, Chubut, con quema de cubiertas para reclamar el pago de salarios adeudados tras acumular más de 300 días sin cobrar. El caso es otro símbolo de una época de destrucción de fuentes de trabajo. Ante la falta de respuestas tanto oficiales como del empresario Sebastián Santiago, los trabajadores proponen incluso hacerse cargo de la textil, como ha ocurrido en los últimos años con las empresas recuperadas por sus trabajadores en distintos lugares del país.
por El Ciudadano, de Rosario (elciudadanoweb.com)*
El conflicto de la empresa Soltex afecta a operarios de la planta textil ubicada en Trelew, Chubut. Según denunciaron los trabajadores, actualmente solo quedan 20 empleados de los 50 que tenía originalmente la fábrica.
Los manifestantes aseguraron que llevan 305 días sin percibir haberes y calificaron la situación como “insostenible”. Además, apuntaron contra el dueño de la empresa, radicado en Buenos Aires.
“Nos dice que no quiere cerrar, pero tampoco nos paga, es un sinvergüenza”, expresó Néstor Sajama, representante de los trabajadores, durante la protesta realizada este lunes.
En base a información difundida por el sitio Info Gremiales, los trabajadores reclaman la intervención de las autoridades provinciales y municipales para destrabar el conflicto laboral.
El conflicto textil en Trelew se agrava tras más de 10 meses sin pago
Desde la Asociación Obrera Textil realizaron distintas gestiones para intentar alcanzar un acuerdo con el empresario, aunque hasta el momento no hubo avances concretos.
Los empleados sostienen que algunos compañeros renunciaron y otros iniciaron juicios laborales ante la falta de respuestas y el atraso salarial que ya se extiende por casi un año.
“Estamos aquí esperando una solución, pero nuestro empleador al parecer quiere que nos vayamos o iniciemos juicio para que nunca nos pague”, denunciaron los trabajadores.
Los operarios también reclamaron que el dueño de la firma se presente personalmente en Trelew para definir el futuro de la planta textil.
“Si no quiere trabajar, que nos den la fábrica a los trabajadores y nosotros vemos lo que podemos hacer”, afirmó Sajama.
Los trabajadores advirtieron que continuarán con las protestas hasta obtener una respuesta concreta sobre el pago de salarios y la continuidad laboral.
*Esta nota es parte de la articulación de la Unión de Medios Autogestivos (UMA): El Ciudadano (Rosario), Revista Cítrica (Buenos Aires), El Diario del Centro del País (Villa María), Tiempo Argentino (Buenos Aires), Lavaca y Revista MU (Buenos Aires), Agencia Tierra Viva (Buenos Aires) y Lawen Documental (Buenos Aires).
Crisis por el ajuste
Movilización por la salud pública: los crímenes de la motosierra

Masiva marcha en defensa de la salud pública, en tiempos en que parece naturalizarse la destrucción del sistema sanitario por parte del gobierno de Milei. ¿Cuánto se ha recortado? Lo que pasó con las prepagas. Lo que cuentan trabajadores de la salud que se convierten en choferes de aplicaciones para compensar salarios aplastados. Los carteles, las imágenes y las voces que advierten de cuántos modos la vida está en peligro.
Por Lucas Pedulla y Francisco Pandolfi
Fotos Juan Valeiro/lavaca.org
Mientras miles de personas (60.000 según los organizadores) marchan con sus guardapolvos, sus carteles, sus cantos y sus incertidumbres por Avenida de Mayo en defensa de la salud pública que está siendo desguazada por el actual gobierno, un ejemplo viviente del valor de ese reclamo está también ahí, caminando.
Lleva una gorra de lana de Independiente, un pantalón de jogging azul, una campera abrigada, y una cámara colgada del cuello. “Caminando” es una forma de decir: da un paso y lo paran a sacarse una, diez, cien fotos. Camina otro paso, alguien lo reconoce, empiezan a corear su nombre y tendrá que hacer otras decenas de selfies.
–Más fotos que Axel– comenta riendo Pablo Grillo, pero ya un poco cansado del trajín.
Si no fuera por la salud pública, este muchacho de 36 años hoy no estaría caminando ni sacando ni sacándose fotos. Ni riendo. A Pablo Grillo le salvó la vida el Hospital Ramos Mejía, tras la granada de gas lacrimógeno que el gendarme Héctor Guerrero le disparó en la cabeza el 12 de marzo de 2025 en una marcha de jubilados.
Y este miércoles fue emblema tal vez involuntario de la marcha federal de la salud pública.
–¿Cómo no voy a venir? Soy un trabajador de la salud (del hospital Evita, de Lanús). Además, hay que seguir en la lucha– le dice a lavaca, entre la muchedumbre que lo envuelve.
Su papá Fabián, que lo escolta y lo cuida como siempre, agrega: «No hay otro lugar donde estar hoy. A la salud pública le debemos la vida de Pablo».
Y dice que le preocupa algo: “La estamos defendiendo. Conceptualmente, es un retroceso porque nos acostumbramos a estar a la defensiva. Debemos empezar a discutir el avance, el cómo mejorar. Como decía César Luis Menotti, la mejor defensa es el mejor ataque”.

Pablo Grillo en la marcha en defensa de la salud pública. Es fotorreportero, trabajador en un hospital, y su propio caso es un símbolo de lo que representa la salud pública para salvar vidas. Foto: lavaca.org.
Pablo se queda por unos segundos mirando a su alrededor y plantea sorprendido: “Cuánta gente que hay”.
63 mil millones menos
La convocatoria, replicada en distintas ciudades del país, fue realizada por el Foro por el Derecho a la Salud. El lema: “El derecho a la salud hoy no está garantizado”. Las principales problemáticas planteadas por el Foro:
- El cierre del programa Remediar, que garantiza el acceso a medicamentos esenciales.
- El desfinanciamiento del PAMI.
- El desguace del Programa Nacional de Inmunizaciones, que garantiza las vacunas.
- El retroceso en políticas de Salud Mental.
- El último recorte de 63.000 millones de pesos firmado por Manuel Adorni y Luis Caputo hace una semana en el área sanitaria a cargo del ministro Mario Lugones. Recorte que se suma a lo que el propio gobierno ya consideraba “el ajuste más grande de la historia humana”. No es difícil imaginar a quién perjudica.
Como en Bolivia
Hay un síntoma a la vista: lo que el martes pasado fue la movilización universitaria, este miércoles es la marcha federal por la salud pública.
Hay un remedio: salir a la calle.
En la ciudad de Buenos Aires se marchó desde el Ministerio de Salud nacional en 9 de Julio y Belgrano hasta la Plaza de Mayo. “Hagamos como en Bolivia, basta de cosas tibias”, canta un grupo de jubiladas y jubilados que aplauden a un costado mientras pasa una marea de personas de blanco. Se refieren a la rebelión boliviana de las últimas semanas encabezada principalmente por trabajadores, mineros, campesinos y comunidades originarias contra un ajuste que recién está comenzando implementado por el gobierno de Rodrigo Paz con el previsible apoyo de su vecino Javier Milei, que ante el problema humanitario envió un avión Hércules con parafernalia represiva.
Entre la multitud de este miércoles está Marta Álvarez, salteña, 63 años y 43 de enfermera. Lleva junto a Roberto y José Luis, sus compañeros, y una bandera con la cara de una mujer poniéndose un barbijo. “Enfermería Hospital Santa Lucía”, dice la inscripción que sostienen con orgullo y con la mirada hacia la Casa de Gobierno. Los tres son licenciados en el centro oftalmológico porteño.
–Cobramos un salario de un millón de pesos, pero hay colegas que por la antigüedad no llegan a los 600 mil. Casi todos los enfermeros tienen 2 o 3 trabajos para llegar a fin de mes.
Marta aporta una percepción que no figura en ninguna estadística oficial: “Crece el promedio de fallecimiento de los enfermeros entre 45 y 50 años. La salud lo es todo, pero los gobiernos nos esclavizan y nos precarizan. A nosotros no nos cuida nadie”.

Imagen de la marcha en defensa de la salud pública.
Uber de noche, enfermera de día
Nieves Villegas, 53 años, es un ejemplo: es enfermera por las mañanas, docente por las tardes y chofer de aplicación los sábados, los domingos “y hasta algunas noches de semana también”, cuenta. Marcha por Avenida de Mayo con sus compañeras del Hospital Magdalena Villegas Martínez, en General Pacheco, conurbano norte. “La situación es crítica. Un enfermero de planta puede llegar con todos los descuentos a 1.200.000 pesos por mes, pero un personal con beca no llega a los 500.000. Se suma a que los insumos son escasos, los tratamientos se demoran y eso hace que esté en juego la salud. Muchos pacientes no vienen al hospital porque no tienen para pagar el boleto”.
Sol no es paciente sino estudiante de Enfermería en la Escuela de Gobierno en Salud “Floreal Ferrara” (dependiente de la provincia de Buenos Aires) en el Hospital Alejandro Korn de Melchor Romero, La Plata, y el boleto para ir a cursar le subió a 1.800 pesos. “Menos que mal que estoy cerca”, dice, mientras llega a Plaza de Mayo con sus compañeras y docentes. “Tengo un hijo de dos años que crío sola. La Asignación Universal por Hijo me ayuda mucho, son 150.000 pesos por mes, pero imaginate que ya comprarle una campera me sale 60.000 pesos. Limpio casas de familia por la mañana y por la noche voy a estudiar para el día de mañana tener un trabajo en blanco: por suerte los apuntes me lo están mandando en PDF porque no puedo comprar las fotocopias”.
–¿Qué le dirías al Presidente?
–¿Qué le vas a explicar a un hombre que no tiene empatía? No sé si alguna vez estuvo en un barrio. Yo además tengo un comedor: todos los jueves hacemos una olla a la que vienen 45 familias. Me parte el alma.

Los efectos de la motosierra
El Instituto de Estudios sobre Estado y Participación de la Asociación de Trabajadores del Estado realizó un informe que entre otras cuestiones señala:
- La caída presupuestaria acumulada supera el 34%. A esto se adicionó un recorte administrativo directo de $63.000 millones de pesos en mayo de 2026.
- Más de 740.000 personas dejaron de tener cobertura de salud privada desde que comenzó la gestión Milei con subas de hasta 417% en las prepagas y un deterioro del empleo registrado. Quienes abandonaron el sistema privado pasaron obviamente al público, que está colapsado.
- La Fundación Soberanía Sanitaria publicó un informe que muestra las variaciones negativas en el financiamiento de hospitales de referencia como el Garrahan que sufrió una baja del 14%, El Cruce del 23% y el SAMIC de El Calafate del 32%
- Disminuyeron en un 62% los fondos remitidos por Nación a las provincias para sostener la atención sanitaria local, sobrecargando los sistemas sanitarios municipales y provinciales.
Sobre las bajas en programas críticos y falta de medicamentos, el ajuste presupuestario impactó directamente en tratamientos para patologías crónicas y graves:
- Cáncer y VIH: Se denunciaron recortes masivos en las partidas para la provisión de drogas oncológicas, tratamientos de VIH, tuberculosis y hepatitis C. El presupuesto del Instituto Nacional del Cáncer en 2025 se redujo un 61% comparado con 2023.
- Cierre de la DADSE, Dirección de Asistencia Directa por Situaciones Especiales, que interrumpió los subsidios para medicamentos de altísimo costo destinados a personas vulnerables sin cobertura médica.
- El programa Remediar, encargado de distribuir botiquines con medicamentos esenciales a los centros de atención primaria de todo el país, sufrió un fuerte vaciamiento, afectando la cobertura de más de 20 millones de usuarios.
- El PAMI experimentó un recorte del 41,3% en el primer trimestre de 2026 frente al mismo período del año anterior, limitando de manera severa la cobertura médica y farmacéutica de los jubilados.

“Nunca vi algo así”
En la calle proliferan los carteles:
–Los recortes en sanidad matan.
–Sin salud no hay salud mental.
–Al gran pueblo argentino salud.
Y un afiche totalmente en blanco, con una frase en el medio, casi ilegible:
–Vacío como presupuesto de salud.
En Plaza de Mayo no hay acto ni escenario. Muchos profesionales llegan, se sacan una foto con sus compañeros y compañeras, y se despiden rápido con un saludo común: “Tengo que volver al trabajo”.
Hay profesionales del Hospital Paroissien de Isidro Casanova (La Matanza) o del Hospital Zonal Especializado en Rehabilitación El Dique, del municipio de Ensenada. María Yezzi Herrera, 38 años, es la directora ejecutiva de la institución: “Somos 600 trabajadores haciendo malabares, poniendo turnos donde podemos. Vemos desde recortes en CUD (Certificados Únicos de Discapacidad) en personas amputadas que no tienen nada que demostrar hasta pacientes que pagan 30.000 pesos por un copago. Y es impresionante que estamos viendo de nuevo casos de ACV, diabetes o hipertensión que requieren una intervención que nos estalla. Nunca vi algo así”.
La manifestación está terminando. Un grupo de jubilados y jubiladas de Lomas de Zamora canta tres palabras que sintonizan con lo tan básico y elemental que cuenta María:
–¡Queremos los-remedios!, ¡queremos los-remedios!
Solo repiten eso: queremos los remedios, queremos los remedios, queremos los remedios.
El jubilado Walter Piriz, quien a sus 69 años recorre todos los miércoles –todos los miércoles– los 81 kilómetros que separan su Campana bonaerense del Congreso de la Nación porteño para marchar con sus pares, resume con su afiche blanco una situación que ya no alcanza con palabras, con voces, con notas, y que tal vez sea uno de los mejores editoriales políticos de estos tiempos:
“No puedo creer que tengamos que protestar x esto”.

Foto: lavaca.org
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