Crisis por el ajuste
Crece el reclamo docente en Chubut: “El sueldo no alcanza ni para comer”

Desde hace dos semanas la comunidad educativa autoconvocada está en las calles de toda la provincia exigiendo una suba salarial (el sueldo básico está apenas por encima de los 300 mil) y no “migajas”. Las mesas paritarias, las subas insignificantes y las palabras del ministro de Educación que colmaron la paciencia. El pan y el té que simula una cena, la falta de escucha de los sindicatos a las bases y un aviso: “Seguiremos en las calles hasta que el salario digno sea una realidad”.
Por Francisco Pandolfi. Fotos de Aníbal Aguaisol
–El sueldo no alcanza ni para comer.
Dora Palacios es profesora de Historia, preceptora y referente escolar en Trelew.
También es una de las –y los– miles de docentes chubutenses autoconvocados desde hace dos semanas en las calles de toda la provincia por un reclamo salarial que aún no tiene la respuesta esperada.
Un maestro de jornada simple, un preceptor, un profesor con 20 horas cátedras semanales tiene un sueldo básico de 304 mil pesos, que con los adicionales llega a 700 mil (con los aumentos prometidos en las últimas horas rondarán los 800). “Los alquileres en la Patagonia son altísimos, arriba de los 600 mil, y a eso hay que sumarle unos impuestos carísimos”, le cuenta a lavaca.
Enumera con la cadencia de quien tiene una carga enorme en la voz: luz, gas, agua, comida, vestimenta. De lo general va a lo particular: “Muchos docentes cuentan en las asambleas que no tienen un plato de comida en la mesa, que la cena es un pedazo de pan y un té, que les han cortado los servicios, que no tienen teléfono, que ya no pueden pagar el alquiler”. Y de lo particular a lo propio: “Otros estamos bicicleteando con la tarjeta, cobramos, pagamos, cobramos, pagamos, nos estamos endeudando permanentemente porque el sueldo no alcanza para comer”.

Fotos de Aníbal Aguaisol /lavaca.org
Salir a la calle
El salario docente de Chubut es el peor de la Patagonia y uno de los más bajos del país, junto a Buenos Aires, Mendoza, Entre Ríos, Misiones, La Rioja y Catamarca.
La primera manifestación surgió como surgen las cosas en Chubut, de forma exprés y cuando no se aguanta más. “Desde diciembre pasado la conducción de ATECh –la Asociación de Trabajadores de la Educación de Chubut, el sindicato más grande– se arrogó el triunfo de la paritaria permanente, que para las y los trabajadores no significó ningún logro. Se reunieron varias veces con el gobierno pero no nos ofrecieron nada”.
La gota que rebalsó el vaso –o una cristalería completa– fue la reunión del 29 de abril en la que el gobierno provincial –al mando de Ignacio Torres y cuyo ministro de Educación es José Luis Punta– ofreció un incremento del 1,3%. Dora estaba en la vereda, esperando junto a cientos de docentes: “Quienes estábamos afuera solicitamos la renuncia de las conducciones sindicales por aceptar un aumento insignificante, tuvieron que huir del lugar. A partir de ahí salimos a la calle todos los días con diferentes acciones”.
Marcha de antorchas, festivales, ruidazos, ollas populares, feria de emprendedores, asambleas y movilizaciones masivas que tienen en vilo a la provincia y al gobierno. “El 23 de abril realizamos un hito histórico: un faltazo masivo sin que los gremios llamaran al paro”. El 29, en la reunión de conciliación obligatoria dictada por la secretaría de Trabajo, la concentración masiva fue reprimida con gases lacrimógenos por la Policía. ¿La respuesta popular? Otra movilización. Y carteles, muchos carteles:
- Docentes con sueldos indecentes.
- Al que miente le crece la nariz (con la imagen –retocada– del gobernador Torres)
- Basta de mentiras, amenazas y presión.
- Se busca por precarizar al docente (con la cara del ministro Punta).
- Salud mental es llegar a fin de mes.
- Ratas.

Fotos de Aníbal Aguaisol /lavaca.org
Migajas
Las protestas no sólo suceden en la capital, sino en toda la provincia: Trelew, Puerto Madryn, en la meseta, en Chacay Oeste, Gan Gan, Las Plumas, Paso de Indios. Otro mojón que colmó la paciencia fueron las palabras del ministro Punta: “Buscamos que ningún docente cobre menos de 800 mil, de una manera solidaria, casi”, dijo balbuceando una frase que la comunidad educativa lo tomó como una burla.
–No vamos a aceptar migajas. Mientras a los docentes nos ofrecieron un 1,3%, le aumentaron a su planta política un 200%. No hay dudas: plata hay, pero no quieren ponerla donde corresponde” –dice Dora, que hace 48 años nació en La Pampa y desde hace 45 fue adoptada por Chubut.

Fotos de Aníbal Aguaisol /lavaca.org
Ante la masividad del reclamo, este miércoles 6 de mayo hubo una nueva reunión paritaria donde el gobierno ofreció un 3,4% –valor del Índice de Precio al Consumidor (IPC) del mes pasado, más un 4%: o sea, una suba del 7,4%. En junio, un punto más y en julio otro punto más.
–No satisface nuestra demanda para nada, es un aumento en el bolsillo de entre 60 y 70 mil pesos que terminaríamos de cobrar en agosto. Es una tomada de pelo. Siento mucha bronca contra los sindicatos que nos dejaron sin respaldo y sin escucha; mucha bronca contra un gobierno que nos dice violentos, cuando violencia es tener un sueldo básico de 300 mil pesos.
Los sindicatos cuestionados que se sientan en la mesa paritaria son ATECh, SITRAED –sindicato paralelo alineado al gobierno–, UDA –Unión Docentes Argentinos–, SADOP –docentes privados– y AMET –magisterio de enseñanza técnica–.

Fotos de Aníbal Aguaisol /lavaca.org
Tres escuelas, tres turnos, muchas deudas
-Queremos estar en las aulas con nuestros estudiantes, pero no con sueldos de hambre.
Reafirma Dora, que estudió en la Universidad Nacional de la Patagonia y desde hace 17 años es profesora de Historia del nivel secundario, además de preceptora. Trabaja en tres escuelas y en los tres turnos, mañana, tarde y noche. Dice que volvería a elegir esta profesión, pese al salario que no alcanza y otros condicionantes: falta de insumos, condiciones dignas para trabajar, escuelas sin calefacción donde llueve adentro. Otro ejemplo que lo dice todo: “Usamos manuales de la provincia de Buenos Aires, no tenemos un diseño de currícula propia”.
¿Cómo sigue el curso de esta historia?
Organizados de manera autoconvocada, decidiendo en asamblea. No vamos a bajar los brazos hasta lograr un aumento del 100% del básico como mínimo y un sueldo de bolsillo de un millón y medio. Desde hace quince días exigimos paro por tiempo indeterminado y acá seguiremos: hasta que el salario digno sea una realidad.

Fotos de Aníbal Aguaisol /lavaca.org

Crisis por el ajuste
Toma de un frigorífico en Santa Fe: las cosas que hay que hacer para sobrevivir

Los dueños del frigorífico Euro de Santa Fe bajaron las persianas, vaciaron la empresa y desaparecieron del mapa en octubre de 2025. Sus 105 trabajadores decidieron tomar la planta, y varias familias viven allí porque dejaron de cobrar sus salarios y no pueden pagar el alquiler. Hasta comer se transformó en un calvario en ese lugar de Villa Gobernador Gálvez, “la capital de la carne”. La propuesta de armar una cooperativa para hacerse cargo de reflotar la producción, la política que no aporta soluciones, la comunidad que los apoya, y las claves para seguir resistiendo.
por Francisco Pandolfi
Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org
QUEREMOS TRABAJAR.
El grafiti en aerosol negro grita en mayúsculas sobre la pared blanca.
La fábrica del parque industrial de Villa Gobernador Gálvez, Santa Fe, pertenece al frigorífico Euro. En la década pasada albergó a más de 900 trabajadores hasta que a fuerza de crisis se redujo a 105. Euro es de la familia Salimei, que en 2023 se la adquirió al grupo Lequio..
El 30 de octubre de 2025 los Salimei bajaron las persianas, se llevaron parte de las máquinas y desaparecieron: se fugaron.
Las y los trabajadores definieron en asamblea tomar la fábrica. Ocho meses después, siguen esperando la única resolución al conflicto: volver a trabajar.

Ocho meses sin sueldo
Hay algo que no cambia en la fábrica: la permanencia 24 horas. Lo que se transformó es el modo. Si antes se trabajaba triple turno, mañana, tarde y noche, con la rueda de la tripería ovina y vacuna sin frenar, ahora las 24 horas corresponden a familias enteras de trabajadores viviendo en las instalaciones.
El motivo es doble:
–Que los empresarios no profundicen el vaciamiento.
–Dar cobijo a quienes ya no pueden pagar el alquiler.
Hugo tiene 43 años y trabaja en Euro desde su inauguración en 2003. Nació en Rosario –ciudad pegada al norte de Villa Gobernador Gálvez– y es uno de los delegados. Vive en el complejo habitacional Fonavi y da gracias que su mujer todavía tiene trabajo. “Desde noviembre acá no cobramos nuestro sueldo. Si en Argentina hoy es difícil llegar a fin de mes con laburo, imaginate así”.
Cuenta, además, que a principios del 2025 eran 400 operarios, hasta que empezaron los retiros voluntarios: “Más que voluntarios, obligatorios; achicaron la materia prima hasta cerrar. No presentaron un procedimiento de crisis, así que junto al sindicato decidimos tomar la fábrica para cuidar la fuente de trabajo”.
Hugo dice que quedaron en medio de un conflicto entre empresarios. Los Lequio, dueños originales, son una familia local que siempre se dedicó a la tripería. En 2019 se asoció con los Salimei, inversores de Buenos Aires que en 2023 se quedaron con la totalidad de la empresa por una deuda entre ellos. “A esta gente nunca le interesó la fábrica, no son del palo; como vieron que con el gobierno nacional actual no iban a tener rentabilidad, se fueron”.

Sin carne en la capital de la carne
A Villa Gobernador Gálvez se la conoce como la “capital de la carne” y de la “Industria Frigorífica». De hecho, en los alrededores de Euro se erigen varias empresas del sector: Paladini, Swift, Coto.
En estos meses hubo algunos empresarios interesados en hacerse cargo de la empresa, pero aún no hubo una solución. La traba principal: quieren desconocer los años de antigüedad de quienes trabajan. Mientras tanto, siguen acumulándose meses y sueldos sin cobrar. Los trabajadores describen la situación en una oración: “No comemos carne hace meses. Vivimos de pollo y de menudo”.
En asamblea definieron reactivar la producción con la mercadería que les quedaba y la están vendiendo en las carnicerías de la zona. El frigorífico se dedica a las tripas naturales para embutir salamín, chorizo, morcilla, salchicha parrillera. “Si nadie se hace cargo, estamos dispuestos a conformarnos como cooperativa, pero como la empresa nunca presentó la quiebra nos imposibilita constituirnos con esa figura”, explica Hugo.
Para volver a producir compraron algunos insumos faltantes: caños de luz, de agua y luminaria. Al vaciamiento provocado por los dueños se le sumaron otros robos, de personas que aprovecharon el tamaño de la fábrica –120 metros por 80–: “Se robaron cables, ventiladores, de todo, hicieron un desastre”. En la recorrida por las instalaciones, un elemento parece fuera de contexto, pero no: una gomera. “Es la única manera que tenemos de defendernos, los intentos de robos son diarios”.
Juntaron la plata para reactivar el frigorífico en una peña que hicieron el 1° de Mayo. Ahora trabajan desde la primera hora de la mañana hasta las 3 de la tarde, sin sueldo, claro.
Fabiana tiene 42 años y hace 19 que sus manos chacinan. “Nadie estaba preparado para esto”, dice. Explica a qué se refiere:
–Quedar sin salario.
–sin cobertura médica.
–Sin casa en muchos casos.
–Salir a protestar, a quemar ruedas, a golpear puertas.
“No estábamos preparados psicológica ni emocionalmente. Nuestra costumbre era venir a ganarnos el pan de cada día, no esto. Pero acá seguimos, las ganas de trabajar no las perdemos”.

Vivir en el trabajo
Del centenar de trabajadores que se quedaron sin salario desde octubre, la mayoría está haciendo changas o Uber. Entre 25 y 30 están revitalizando la fábrica. Algunos lavan autos y motos; otras hacen torta frita y torta asada. En conjunto organizan eventos donde juntan plata para un fondo común, con dos prioridades:
–Comprar lo necesario para vender la producción.
–Sostener a las familias más necesitadas.
Fabiana está sentada en la puerta junto a Sergio –el paisa–, Mauricio, Brian y Daniel. Toman mate, como forma de pasar el tiempo y amainar el frío invernal.
Sergio –el paisa– tiene 32 años y la voz tan grave como apagada. Vivió en la fábrica desde la toma hasta marzo, cuando empezó el colegio su nena de 6 años. “En mi casa ya no puedo pagar la luz ni el agua, todo se complicó. Es muy difícil lo que estamos pasando, no es vida”.
Hay 13 familias viviendo en el frigorífico. Usan los espacios que hasta el año pasado eran oficinas de recursos humanos, de logística y la enfermería. Brian tiene 21 años y es el más joven del plantel. “Vivo acá con mi pareja. Tratamos de llevarla de la mejor manera, luchando, pero si te digo que estoy bien, te miento”.
La fortaleza
Las y los trabajadores dicen que no tuvieron ayuda del gobierno provincial y menos del nacional. Que el único que los ayuda es el intendente Alberto Ricci, del Partido Socialista.
Pero la solución no llega. “Es como si no existiéramos –afirma Fabiana–. Luchamos contra los dueños y con la política, que mira para otro lado. Aunque estemos acá en la puerta, en la plaza o en las calles protestando, haciendo movilizaciones, cortes; aunque hayamos vuelto a trabajar sin un salario, parece que todavía no es suficiente, no nos ven”.
Sí los ve parte de la comunidad. Médicos que vienen a atenderlos y les traen medicamentos; personas que se acercan a darles una mano para la olla diaria.
Refuerza Hugo, por si hiciera falta: “Sabemos que nuestro cordón industrial está cada vez peor, con más despidos y suspensiones. Pero en Euro tenemos todo lo necesario para su funcionamiento: máquinas, capacidad, laburantes, clientes, mercadería. Y muchísimas ganas de trabajar”.
Fabiana explica otro dato crucial: “Lo que nos sostiene y fortalece es que somos un grupo unido. Si alguien se cae, otro lo anima. Solo buscamos recuperar nuestra vida normal y eso es trabajando acá. De todo este proceso sacamos muchas enseñanzas: que la vida no es fácil, que no hay que rendirse. Y la más importante: que no vamos a darnos por vencidos”.

Crisis por el ajuste
Chubut: más de 300 días sin cobrar, cubiertas quemadas y una propuesta: “Que nos den la fábrica”

Trabajadores textiles de la empresa Soltex realizaron una protesta en Trelew, Chubut, con quema de cubiertas para reclamar el pago de salarios adeudados tras acumular más de 300 días sin cobrar. El caso es otro símbolo de una época de destrucción de fuentes de trabajo. Ante la falta de respuestas tanto oficiales como del empresario Sebastián Santiago, los trabajadores proponen incluso hacerse cargo de la textil, como ha ocurrido en los últimos años con las empresas recuperadas por sus trabajadores en distintos lugares del país.
por El Ciudadano, de Rosario (elciudadanoweb.com)*
El conflicto de la empresa Soltex afecta a operarios de la planta textil ubicada en Trelew, Chubut. Según denunciaron los trabajadores, actualmente solo quedan 20 empleados de los 50 que tenía originalmente la fábrica.
Los manifestantes aseguraron que llevan 305 días sin percibir haberes y calificaron la situación como “insostenible”. Además, apuntaron contra el dueño de la empresa, radicado en Buenos Aires.
“Nos dice que no quiere cerrar, pero tampoco nos paga, es un sinvergüenza”, expresó Néstor Sajama, representante de los trabajadores, durante la protesta realizada este lunes.
En base a información difundida por el sitio Info Gremiales, los trabajadores reclaman la intervención de las autoridades provinciales y municipales para destrabar el conflicto laboral.
El conflicto textil en Trelew se agrava tras más de 10 meses sin pago
Desde la Asociación Obrera Textil realizaron distintas gestiones para intentar alcanzar un acuerdo con el empresario, aunque hasta el momento no hubo avances concretos.
Los empleados sostienen que algunos compañeros renunciaron y otros iniciaron juicios laborales ante la falta de respuestas y el atraso salarial que ya se extiende por casi un año.
“Estamos aquí esperando una solución, pero nuestro empleador al parecer quiere que nos vayamos o iniciemos juicio para que nunca nos pague”, denunciaron los trabajadores.
Los operarios también reclamaron que el dueño de la firma se presente personalmente en Trelew para definir el futuro de la planta textil.
“Si no quiere trabajar, que nos den la fábrica a los trabajadores y nosotros vemos lo que podemos hacer”, afirmó Sajama.
Los trabajadores advirtieron que continuarán con las protestas hasta obtener una respuesta concreta sobre el pago de salarios y la continuidad laboral.
*Esta nota es parte de la articulación de la Unión de Medios Autogestivos (UMA): El Ciudadano (Rosario), Revista Cítrica (Buenos Aires), El Diario del Centro del País (Villa María), Tiempo Argentino (Buenos Aires), Lavaca y Revista MU (Buenos Aires), Agencia Tierra Viva (Buenos Aires) y Lawen Documental (Buenos Aires).
Crisis por el ajuste
Movilización por la salud pública: los crímenes de la motosierra

Masiva marcha en defensa de la salud pública, en tiempos en que parece naturalizarse la destrucción del sistema sanitario por parte del gobierno de Milei. ¿Cuánto se ha recortado? Lo que pasó con las prepagas. Lo que cuentan trabajadores de la salud que se convierten en choferes de aplicaciones para compensar salarios aplastados. Los carteles, las imágenes y las voces que advierten de cuántos modos la vida está en peligro.
Por Lucas Pedulla y Francisco Pandolfi
Fotos Juan Valeiro/lavaca.org
Mientras miles de personas (60.000 según los organizadores) marchan con sus guardapolvos, sus carteles, sus cantos y sus incertidumbres por Avenida de Mayo en defensa de la salud pública que está siendo desguazada por el actual gobierno, un ejemplo viviente del valor de ese reclamo está también ahí, caminando.
Lleva una gorra de lana de Independiente, un pantalón de jogging azul, una campera abrigada, y una cámara colgada del cuello. “Caminando” es una forma de decir: da un paso y lo paran a sacarse una, diez, cien fotos. Camina otro paso, alguien lo reconoce, empiezan a corear su nombre y tendrá que hacer otras decenas de selfies.
–Más fotos que Axel– comenta riendo Pablo Grillo, pero ya un poco cansado del trajín.
Si no fuera por la salud pública, este muchacho de 36 años hoy no estaría caminando ni sacando ni sacándose fotos. Ni riendo. A Pablo Grillo le salvó la vida el Hospital Ramos Mejía, tras la granada de gas lacrimógeno que el gendarme Héctor Guerrero le disparó en la cabeza el 12 de marzo de 2025 en una marcha de jubilados.
Y este miércoles fue emblema tal vez involuntario de la marcha federal de la salud pública.
–¿Cómo no voy a venir? Soy un trabajador de la salud (del hospital Evita, de Lanús). Además, hay que seguir en la lucha– le dice a lavaca, entre la muchedumbre que lo envuelve.
Su papá Fabián, que lo escolta y lo cuida como siempre, agrega: «No hay otro lugar donde estar hoy. A la salud pública le debemos la vida de Pablo».
Y dice que le preocupa algo: “La estamos defendiendo. Conceptualmente, es un retroceso porque nos acostumbramos a estar a la defensiva. Debemos empezar a discutir el avance, el cómo mejorar. Como decía César Luis Menotti, la mejor defensa es el mejor ataque”.

Pablo Grillo en la marcha en defensa de la salud pública. Es fotorreportero, trabajador en un hospital, y su propio caso es un símbolo de lo que representa la salud pública para salvar vidas. Foto: lavaca.org.
Pablo se queda por unos segundos mirando a su alrededor y plantea sorprendido: “Cuánta gente que hay”.
63 mil millones menos
La convocatoria, replicada en distintas ciudades del país, fue realizada por el Foro por el Derecho a la Salud. El lema: “El derecho a la salud hoy no está garantizado”. Las principales problemáticas planteadas por el Foro:
- El cierre del programa Remediar, que garantiza el acceso a medicamentos esenciales.
- El desfinanciamiento del PAMI.
- El desguace del Programa Nacional de Inmunizaciones, que garantiza las vacunas.
- El retroceso en políticas de Salud Mental.
- El último recorte de 63.000 millones de pesos firmado por Manuel Adorni y Luis Caputo hace una semana en el área sanitaria a cargo del ministro Mario Lugones. Recorte que se suma a lo que el propio gobierno ya consideraba “el ajuste más grande de la historia humana”. No es difícil imaginar a quién perjudica.
Como en Bolivia
Hay un síntoma a la vista: lo que el martes pasado fue la movilización universitaria, este miércoles es la marcha federal por la salud pública.
Hay un remedio: salir a la calle.
En la ciudad de Buenos Aires se marchó desde el Ministerio de Salud nacional en 9 de Julio y Belgrano hasta la Plaza de Mayo. “Hagamos como en Bolivia, basta de cosas tibias”, canta un grupo de jubiladas y jubilados que aplauden a un costado mientras pasa una marea de personas de blanco. Se refieren a la rebelión boliviana de las últimas semanas encabezada principalmente por trabajadores, mineros, campesinos y comunidades originarias contra un ajuste que recién está comenzando implementado por el gobierno de Rodrigo Paz con el previsible apoyo de su vecino Javier Milei, que ante el problema humanitario envió un avión Hércules con parafernalia represiva.
Entre la multitud de este miércoles está Marta Álvarez, salteña, 63 años y 43 de enfermera. Lleva junto a Roberto y José Luis, sus compañeros, y una bandera con la cara de una mujer poniéndose un barbijo. “Enfermería Hospital Santa Lucía”, dice la inscripción que sostienen con orgullo y con la mirada hacia la Casa de Gobierno. Los tres son licenciados en el centro oftalmológico porteño.
–Cobramos un salario de un millón de pesos, pero hay colegas que por la antigüedad no llegan a los 600 mil. Casi todos los enfermeros tienen 2 o 3 trabajos para llegar a fin de mes.
Marta aporta una percepción que no figura en ninguna estadística oficial: “Crece el promedio de fallecimiento de los enfermeros entre 45 y 50 años. La salud lo es todo, pero los gobiernos nos esclavizan y nos precarizan. A nosotros no nos cuida nadie”.

Imagen de la marcha en defensa de la salud pública.
Uber de noche, enfermera de día
Nieves Villegas, 53 años, es un ejemplo: es enfermera por las mañanas, docente por las tardes y chofer de aplicación los sábados, los domingos “y hasta algunas noches de semana también”, cuenta. Marcha por Avenida de Mayo con sus compañeras del Hospital Magdalena Villegas Martínez, en General Pacheco, conurbano norte. “La situación es crítica. Un enfermero de planta puede llegar con todos los descuentos a 1.200.000 pesos por mes, pero un personal con beca no llega a los 500.000. Se suma a que los insumos son escasos, los tratamientos se demoran y eso hace que esté en juego la salud. Muchos pacientes no vienen al hospital porque no tienen para pagar el boleto”.
Sol no es paciente sino estudiante de Enfermería en la Escuela de Gobierno en Salud “Floreal Ferrara” (dependiente de la provincia de Buenos Aires) en el Hospital Alejandro Korn de Melchor Romero, La Plata, y el boleto para ir a cursar le subió a 1.800 pesos. “Menos que mal que estoy cerca”, dice, mientras llega a Plaza de Mayo con sus compañeras y docentes. “Tengo un hijo de dos años que crío sola. La Asignación Universal por Hijo me ayuda mucho, son 150.000 pesos por mes, pero imaginate que ya comprarle una campera me sale 60.000 pesos. Limpio casas de familia por la mañana y por la noche voy a estudiar para el día de mañana tener un trabajo en blanco: por suerte los apuntes me lo están mandando en PDF porque no puedo comprar las fotocopias”.
–¿Qué le dirías al Presidente?
–¿Qué le vas a explicar a un hombre que no tiene empatía? No sé si alguna vez estuvo en un barrio. Yo además tengo un comedor: todos los jueves hacemos una olla a la que vienen 45 familias. Me parte el alma.

Los efectos de la motosierra
El Instituto de Estudios sobre Estado y Participación de la Asociación de Trabajadores del Estado realizó un informe que entre otras cuestiones señala:
- La caída presupuestaria acumulada supera el 34%. A esto se adicionó un recorte administrativo directo de $63.000 millones de pesos en mayo de 2026.
- Más de 740.000 personas dejaron de tener cobertura de salud privada desde que comenzó la gestión Milei con subas de hasta 417% en las prepagas y un deterioro del empleo registrado. Quienes abandonaron el sistema privado pasaron obviamente al público, que está colapsado.
- La Fundación Soberanía Sanitaria publicó un informe que muestra las variaciones negativas en el financiamiento de hospitales de referencia como el Garrahan que sufrió una baja del 14%, El Cruce del 23% y el SAMIC de El Calafate del 32%
- Disminuyeron en un 62% los fondos remitidos por Nación a las provincias para sostener la atención sanitaria local, sobrecargando los sistemas sanitarios municipales y provinciales.
Sobre las bajas en programas críticos y falta de medicamentos, el ajuste presupuestario impactó directamente en tratamientos para patologías crónicas y graves:
- Cáncer y VIH: Se denunciaron recortes masivos en las partidas para la provisión de drogas oncológicas, tratamientos de VIH, tuberculosis y hepatitis C. El presupuesto del Instituto Nacional del Cáncer en 2025 se redujo un 61% comparado con 2023.
- Cierre de la DADSE, Dirección de Asistencia Directa por Situaciones Especiales, que interrumpió los subsidios para medicamentos de altísimo costo destinados a personas vulnerables sin cobertura médica.
- El programa Remediar, encargado de distribuir botiquines con medicamentos esenciales a los centros de atención primaria de todo el país, sufrió un fuerte vaciamiento, afectando la cobertura de más de 20 millones de usuarios.
- El PAMI experimentó un recorte del 41,3% en el primer trimestre de 2026 frente al mismo período del año anterior, limitando de manera severa la cobertura médica y farmacéutica de los jubilados.

“Nunca vi algo así”
En la calle proliferan los carteles:
–Los recortes en sanidad matan.
–Sin salud no hay salud mental.
–Al gran pueblo argentino salud.
Y un afiche totalmente en blanco, con una frase en el medio, casi ilegible:
–Vacío como presupuesto de salud.
En Plaza de Mayo no hay acto ni escenario. Muchos profesionales llegan, se sacan una foto con sus compañeros y compañeras, y se despiden rápido con un saludo común: “Tengo que volver al trabajo”.
Hay profesionales del Hospital Paroissien de Isidro Casanova (La Matanza) o del Hospital Zonal Especializado en Rehabilitación El Dique, del municipio de Ensenada. María Yezzi Herrera, 38 años, es la directora ejecutiva de la institución: “Somos 600 trabajadores haciendo malabares, poniendo turnos donde podemos. Vemos desde recortes en CUD (Certificados Únicos de Discapacidad) en personas amputadas que no tienen nada que demostrar hasta pacientes que pagan 30.000 pesos por un copago. Y es impresionante que estamos viendo de nuevo casos de ACV, diabetes o hipertensión que requieren una intervención que nos estalla. Nunca vi algo así”.
La manifestación está terminando. Un grupo de jubilados y jubiladas de Lomas de Zamora canta tres palabras que sintonizan con lo tan básico y elemental que cuenta María:
–¡Queremos los-remedios!, ¡queremos los-remedios!
Solo repiten eso: queremos los remedios, queremos los remedios, queremos los remedios.
El jubilado Walter Piriz, quien a sus 69 años recorre todos los miércoles –todos los miércoles– los 81 kilómetros que separan su Campana bonaerense del Congreso de la Nación porteño para marchar con sus pares, resume con su afiche blanco una situación que ya no alcanza con palabras, con voces, con notas, y que tal vez sea uno de los mejores editoriales políticos de estos tiempos:
“No puedo creer que tengamos que protestar x esto”.

Foto: lavaca.org
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