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Derechos Humanos

Derechos humanos hoy: lo que está en juego

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¿Cómo pensar el panorama actual frente a la situación de los derechos humanos? Ana Tauil, de la organización Nietes, Carlos Sueco Lordkipanidse, ex detenido desaparecido y testigo en distintas causas, y Carlos Maco Somigliana, del Equipo de Antropología Forense y la Procuraduría de Crímenes contra la Humanidad del Ministerio Público Fiscal, conversaron con lavaca. Dudas versus certidumbres. Las políticas oficiales. El negacionismo. La velocidad y la lentitud de lo judicial. El trasfondo social y las enseñanzas para encarar formas de acción presentes y futuras inscriptas en la genética de una sociedad.

Por Sergio Ciancaglini

Ana Tauil integra Nietes, tiene 28 años, y cuenta cómo se plantan las nuevas generaciones frente a un tema que no es arqueología sino futuro, y cuál creen esos jóvenes que será el rol de las Rondas de Madres. Incluso con tan pocas que van quedando.

Carlos Maco Somigliana es antropólogo, formó parte del grupo de jóvenes que trabajó en la fiscalía durante el Juicio a las Juntas militares que se reflejó en la película 1985, es de los fundadores del Equipo Argentino de Antropología Forense y trabaja en la Procuraduría de Crímenes contra la Humanidad. Habla de cuestiones mal enfocadas y sobredimensionadas por gobiernos anteriores, y brinda algunas hipótesis sobre la práctica de comer vidrio.

El Sueco Carlos Lordkipanidse, ex detenido desaparecido, diferencia lucha contra la impunidad con despidos en el Estado, y propone mirar una fecha tan lejana y tan inminente como el 24 de marzo. 

Los datos que acompañan esas reflexiones provienen del Ministerio Público Fiscal.

En 2024, pese a los oleajes negacionistas o simplemente hostiles hacia las políticas de derechos humanos, hubo 17 juicios que llegaron a sentencia con 55 condenas y 14 absoluciones. 

Para 2025 el panorama es el siguiente.

  • 12 juicios orales y públicos llegarán a sentencia.  
  • Hay al menos 6 causas que deberían iniciar sus audiencias orales y públicas.
  • Otros 254 juicios se encuentran en diversas etapas de instrucción.
Derechos humanos hoy: lo que está en juego

Esta foto y la de la portada, ambas en la Ronda de Madres, de Nora Lezano.

Todo en medio de oleajes de hostilidad o negacionismo oficial, que chocaron esta semana contra un fallo del juez Ariel Lijo (propuesto por el propio gobierno para incorporarse a la Corte Suprema de Justicia).

“Requiérase a la secretaría de Derechos Humanos de la Nación se arbitren los medios necesarios con el objeto de garantizar una dotación de personal capacitado para que los espacios de Memoria que funcionan en los ex CCDT (centros de detención y tortura) ‘Olimpo’, ‘Club Atlético’, ‘Automotores Orletti’ y ‘Virrey Cevallos’ permanezcan en funcionamiento”, ordenó Lijo a la secretaría encabezada por Alberto Baños. Planteó además que «las actividades se encuentren abiertas al público en dichos sitios”, y que se “preserven los acervos y archivos que se han generado a la fecha y que se continúen llevando adelante las tareas de investigación y coordinación pedagógicas”. El reclamo había sido planteado por la legisladora porteña Victoria Montenegro (secuestrada de bebé, hija de desaparecidos, entregada a apropiadores militares y nieta recuperada desde 2001) junto a una denuncia penal contra el ministro Mariano Cúneo Libarona. La demanda se produce en defensa de la ley Nacional N° 26.691 –de 2011– que declaró Sitios de Memoria del terrorismo de Estado a “los lugares que funcionaron como centros clandestinos de detención, tortura y exterminio y aquellos en los que sucedieron hechos emblemáticos del accionar de la represión ilegal en Argentina, hasta el 10 de diciembre de 1983”.

El negacionismo y la hostilidad en colisión con las leyes y el poder judicial.  

La cuestión: ¿cómo interpretar este presente contradictorio?

Lo que importa y lo que se devalúa

Plantea Carlos Maco Somigliana: «En este momento está todo muy matizado por la cantidad de despidos. Es lógico que en este contexto uno piense que está todo mal, para atrás. Este gobierno no tiene un interés por los derechos humanos. Y además estos temas estaban sobredimensionados en gobiernos anteriores». El telón de fondo de sus palabras son los despidos, retiros voluntarios y crisis en ámbitos como el centro cultural Conti.

Aclara velozmente: «Hay personas que trabajaron maravillosamente, con una vida metida en esto, pero también hay un hastío de la gente porque se identificaba con derechos humanos temas que no necesariamente lo eran”. 

Derechos humanos hoy: lo que está en juego

Foto de Alejandra López.

¿Algún ejemplo concreto? «No quiero mencionarlo, pero hay plantas de personal que cualquiera que está al tanto del tema sabe que eran exageradamente grandes. Claro que yo lo digo manteniendo mí trabajo, frente a gente que lo ha perdido. Así que hablo con mucho pudor. Y a la vez quiero ser sincero, porque hay una política de derechos humanos que con todo lo que se puede haber hecho mal, con todo lo que se pueda haber intentado utilizar partidariamente, sigue siendo relevante para la sociedad: importa en serio”.

Pero siempre hay un pero: “Tampoco le gusta a la gente que un tema que valora se agita como una bandera. No hay que sacarlo todos los días porque se desgasta».

¿Se puede devaluar? «Claro, pero sigue siendo importante para la sociedad. Mi esperanza es saber que este gobierno no pueda ir más a fondo contra esta política. Nadie tiene el poder absoluto como para frenar procesos institucionales que están en marcha. Y los tiempos de la justicia, en particular, son exasperantemente lentos pero una vez que se pusieron en marcha son como un tren que es muy difícil de frenar de golpe».

¿Por qué cree que no pueden hacerlo? «Porque tendrían que pagar un costo enorme. Entonces vemos escaramuzas, amenazas, gente muy valiosa que se queda sin trabajo y eso me da mucha bronca y tristeza. Entiendo la injusticia, pero estoy intentando que ese no sea todo el análisis. Una de las pruebas de fuego en derechos humanos es que esas políticas sobrevivan a todos los que creemos haber hecho algo por ellas. Y van a seguir no por bondad de quienes gobiernan, sino por el precio político que tendrían que pagar: esta gente no come vidrio». 

Cree Somigliana que eso de todos modos no frena la intención de fondo que podría tener el gobierno: «La coyuntura es lamentable, es triste. No van a poder cerrar todo, pero tratarán de limitarlo a su expresión mínima. Entonces se tratará de poder demostrar que no es un lujo que una sociedad tenga parámetros básicos de humanidad. Eso significan los derechos humanos. Si no, estamos jodidos».

Diagnóstico: “Creo que eta gente en el gobierno se distingue por la brutalidad. No digo todos, pero es un rasgo distintivo. Lo que me preocupa es que esa brutalidad está teniendo niveles de aceptación para mí sorprendentes en la sociedad. En todo caso el mensaje que creo que hay que transmitir es que es una mierda que se estén perdiendo líneas de trabajo, como pasa también en el ámbito científico, donde se destruye con esa facilidad pueril. Y se pierden inversiones sociales de décadas. Mi apuesta es que nos demos cuenta de que eso que se llama política de derechos humanos no es algo diseñado para mirar el pasado –pensarlo así fue uno de los problemas- sino que sirve para el presente, para que no maten pibes en la calle, para defender nuestros derechos actuales. Es un reaseguro para no volver a comprar las mentiras de que las cosas se arreglan con ‘los argentinos de bien’, mientras pasan cosas terribles en la sociedad. Ese es el desafío actual del que llamamos movimiento de derechos humanos: tiene que servir para ahora, para el presente y el futuro”.

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Foto: Alejandra López.

Mirarse el pupo

Maco cree que la actitud para estos tiempos consiste en no dar respuestas automáticas ni obvias. “No podemos quedarnos en la cómoda, hay que buscarle la vuelta a todo lo que se está planteando. Sé que lo que te digo es un discurso complejo y contradictorio a veces, pero banco esa complejidad. No podemos seguir proyectando hacia adelante imágenes que ya fueron, que pudieron ser valiosas o útiles hace 15 años. Si ellos aprenden y nosotros solo repetimos, nos van a reventar. Tenemos que usar la imaginación, trabajar mucho, porque si no, ¿qué estoy haciendo? ¿Me estoy chupando el dedo, me estoy mirando el pupo? No, yo me rompo, como te pasará a vos, trabajando con cosas que me parece que son importantes más allá del resultado, te guste más o menos, pero son cosas serias. Entonces no podemos quedarnos en la cómoda porque es demasiado importante todo lo que está en juego”.

Nietes en ronda

Ana Tauil es socióloga, vive de un trabajo temporario y terminado el home office accede a la charla con lavaca. Se sumó a Nietes en tiempos pandémicos y concretó esa militancia apenas pudo poner los pies y el corazón en la calle. Nietes es una de las más flamantes organizaciones de derechos humanos integrada por nietos y nietas de personas desaparecidas. Reconoce que es tranquila, paciente, y trasunta una especie de juvenil sabiduría. “No creo que haya un ataque específico a los derechos humanos, sino que es un ataque en el marco de una política en la que lo más doloroso son los niveles de empobrecimiento que se ven en la mayor parte de la población, y donde también se atacan las políticas de diversidad, la obra pública, el trabajo, todo lo social. Electoralmente eso es doloroso porque parecería que hay un porcentaje de gente para la cual no es importante la política de memoria, verdad y justicia. No digo que sea un sector que defienda abiertamente a la dictadura,  sino que actúa de modo indiferente frente a estos temas, no le parecen relevantes”.

Derechos humanos hoy: lo que está en juego

Foto: Lina Etchesuri.

El punto que señala Ana marca una época: entre medios y redes, podría pensarse que nada es relevante, ni siquiera las personas indiferentes, ni el clima, ni la ciencia, ni las generaciones futuras, ni las pasadas (y así al infinito). “En medio de esa indiferencia el discurso de que vuelvan los Falcon, la defensa de la dictadura, es algo súper violento. Y viejo. Y se ataca tanto a los derechos humanos como al feminismo, que han sido expresiones de lo que en estos años fue el progresismo”.

¿Cuál es el problema, según Ana? “”hubo una asociación de los derechos humanos con el kirchnerismo que siempre lo hemos visto como un problema en Nietes. Nosotros buscamos la mayor independencia de lo partidario porque creemos que los derechos humanos tienen que ser universales a todas las identidades políticas. Y la otra asociación es con ‘lo zurdo’. Y la realidad es que movimientos como el nuestro son de diversidad ideológica”. Solo hay que recordar que Madres, Abuelas y distintos organismos contuvieron siempre a víctimas y afectados que distintas clases y procedencias, unificadas por lo que estaban sufriendo y lo que decidieron enfrentar juntas.

“Por eso para nosotros tiene que haber un arco amplio contra el fascismo, para que quede expulsado como propuesta política. Y apuntar a un movimiento de derechos humanos que recupere la diversidad y la potencia. Muchas cuestiones nos fueron quitando esa fuerza, porque esa vinculación con lo partidista vuelve más pequeño el universo que uno quiere interpelar” dice Ana, en referencia a un riesgo siempre de moda: quedarse hablando entre quienes ya están de acuerdo.

Para un acto de egreso del secundario, en 2013, varios compañeros de escuela planearon a Ana disfrazarse de militares y hacer bromas en favor de cosas horribles que la propia adolescente conocía y había sufrido familiarmente. Decidió no discutir, simplemente no aceptar. Con eso, sin hablar demasiado, mostró un ejemplo de actitud diferente. La propuesta pro militar se derritió. Algo de aquello trasladó ella a Nietes: “Nosotros creemos que más que bajar línea como ha hecho tanto el progresismo, lo que hay que hacer es escuchar mucho más. Comprender, pensar, trabajar, problematizar. Conectarnos con los demás desde un lugar de igual a igual. Entender que hay muchas interpretaciones de la historia. Y no puedo plantarme desde la visión de que yo tengo el conocimiento y vos sos un ignorante. Vamos mucho a escuelas y aplicamos esa actitud como un modo de intercambiar y generar algo entre todos. De golpe te tenés que bancar cuestionamientos dolorosos y falsos, pero bueno, hay que hacerlo sin subestimar y tratando de hacer entender cómo ocurren las cosas. Pero todo nace de una formación muy intensa que tratamos de hacer para estar lo más preparados que podamos”. Eso se trasunta en encuentros nada burocráticos, y muy conmovedores.

La posibilidad de la calle y del hecho de reunirse: “Es un modo de sobrellevar una situación horrible, saber que estamos juntos, que somos un montón, que existimos. Y a la vez saber que tenemos que salir de nuestra burbuja, comprender lo que los demás están diciendo, y entender que no se trata de discutir para ganar esa discusión, sino para comunicarnos y empezar a imaginar otros mundos, otras posibilidades”.

Nietes se ha incorporado con creciente frecuencia a las rondas de las Madres. ¿Cuál es la idea? Ana informa: “Como dice uno de nuestros compañeros y amigos, Lucas, queremos que la ronda sea un dispositivo para la continuidad de las luchas. Vamos a estar ahí”.

Derechos humanos hoy: lo que está en juego

Foto: Alejandro Carmona.

Los archivos secretos

Conoció el infierno. Fue un secuestrado en la ESMA (Escuela Superior de Mecánica de la Armada) durante más de dos años. A Carlos Lordkipandise el apodo Sueco se le pegó a la vida tras su exilio en Suecia, a donde pudo huir gracias al apoyo de Carmen Cobo, Madre de Plaza de Mayo, y de Adolfo Pérez Esquivel. Volvió al país en 1987 y ha sido testigo y querellante desde ese rol de ex detenido desaparecido, e integra actualmente el Archivo Popular de la Memoria. Al hablar transmite entusiasmo, intensidad.

«Dentro de la temática de derechos humanos hay incertidumbre, angustia, por lo que significa para mucha gente perder su puesto de trabajo en el Estado. Ahora, en cuanto a la lucha contra la impunidad para ponerlo en términos más amplios, lo que significan los juicios, las investigaciones y demás, bueno, qué decirte: hemos recuperado al nieto 138. Lo que quiero decir es que acá nadie baja las banderas”.

Cree que hay tema crucial entre los reclamos hacia adelante: ”Lo que nos convoca a todos es la apertura de los archivos de la represión. Porque existen, y porque eso permitiría dejar de buscar dónde están los desaparecidos, qué pasó en cada caso, excavando en todas partes y se podría determinar, en los casos que faltan, saber quiénes fueron responsables. Esa es la lucha que empezaron unas viejitas locas que dan vuelta alrededor de la Plaza de Mayo buscando a sus hijos y nietos, y eso no terminó con la dictadura ni con los gobiernos posteriores. Ninguno abrió los archivos secretos de la dictadura. Y por eso tenemos los 8.900 casos de desapariciones denunciadas durante un corto período en la CONADEP (Comisión Nacional para la Desaparición de Personas). Pero hoy podemos asegurar con certeza absoluta que ese número se ve totalmente rebasado solamente con los 5.000 secuestrados en la ESMA, otros 5.000 en Campo de Mayo, y hay que sumar 500 centros clandestinos de detención en todo el país”.

Partidos bajo la cama

¿Qué va a pasar cuando no haya madres? ”Las nuevas generaciones aprendieron lo que significa lo de Madres. Que haya ido tanta gente a apoyar al Haroldo Conti no es tanto por el propio accionar de ese centro, sino por el accionar de Madres de más de 40 años. Así que me parece eso: que hay que acordarse de dónde aprendimos las cosas, para seguir poniéndolas en práctica”.

¿Por ejemplo? “Entendiendo cuáles son las vías de reclamo contra la impunidad, las que han dado resultado. El testimonio del sobreviviente, del vecino, del familiar, y no creyendo que porque vino un gobierno negacionista hay que claudicar. Negacionista fue Menem con los indultos, Alfonsín con las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. Tuvimos 20 años de impunidad, pero todo lo que hicieron Madres, Abuelas y demás logró que los mismos que levantaron la mano para que hubiera leyes de impunidad, tuvieran que votar derogarlas”.

Muchas veces estos temas quedan como atrapados por lo partidario. “Claro, pero imaginate que cuando las Madres empezaron a movilizarse, en plena dictadura, los partidos políticos estaban todos metidos debajo de la cama. Entonces esas Madres nos mostraron un camino. Hasta hoy: el que se tome la molestia de ir un jueves a Plaza de Mayo las verá rondando alrededor de la Pirámide, pese a pérdidas irreparables como la de Nora Cortiñas o Mirta Baravalle, entre tantas. Pero ahí es que aparece el aprendizaje de las nuevas generaciones, la sabiduría para que no vuelvan a cometerse los mismos crímenes”.

Miami, Punta del Este y la comodidad

Comparación del Sueco: “Si se pudo derrotar a la dictadura más feroz que hubo en toda Latinoamérica con mucho esfuerzo y un costo altísimo, ¿cómo no vamos a poder enfrentar a este gobierno que tiene políticas de miseria para el 60 o 70% de la población, mientras el 30% se va de vacaciones a Miami y a Punta del Este?”.

No comparte la teoría del hartazgo: “Una cosa es la política de derechos humanos y de lucha contra la impunidad, y otra cosa la política general de la cultura, la educación y la economía. En el tema de derechos humanos, yo no veo el hartazgo. El punto referencial para mí fue el 2×1 en 2017, cuando el gobierno de Macri intentó consagrar la impunidad y salieron millones de personas a la calle. O la explosión en los cines que generó la película Argentina 1985, sobre el juicio a las Juntas Militares. Lo que sí veo es que hay sectores que están de acuerdo con lo que estamos diciendo, pero se quedan en una situación de comodidad. No salen a pelearla. Entonces ahí empieza a haber un reclamo de parte de la gente hacia su dirigencia”.

El cuerpo y el diluvio

“Salir a pelear no es que vayamos vos y yo, pero no se ve a la CGT, a las CTA, a los partidos. Hace falta ponerse los pantalones sobre lo que significa ser opositor a este gobierno. Los que salieron a enfrentarlo se han comido las corridas, los gases, pero no bajaron las banderas. Entonces ahí está la enseñanza de las Madres que hay que recordar. Las corrieron, las secuestraron, las tiraron vivas al mar”.

Ni siquiera aquellas mujeres tenían un discurso, sino que mostraban un ejemplo: “Claro, los discursos, las palabras, estaban vedadas. Lo que hacían era poner el cuerpo en serio. Me acuerdo cuando hubo un diluvio en Buenos Aires. La Plaza de Mayo estaba inundada. Las viejas fueron igual, con el agua hasta las rodillas, y la ronda no se suspendió ni se postergó. Entonces, muchachos, hay que poner el lomo porque acá lo principal es un plan económico que está poniendo en juego a toda la población, y el futuro de los chicos que son cada vez más pobres y sin comida en un país productor de alimentos”.

Los juicios hacia adelante: “Este año, pese a todo, hubo condenas ejemplares por ejemplo en la causa ESMA. Los juicios siguen y seguirán porque hay una cosa llamada Código Penal que hay que cumplir. Y nosotros no nos vamos a conformar con que se haya condenado a 1.100 represores de los más de 500 centros clandestinos de represión, porque no nos van a decir que cada centro lo manejaban dos tipos. Entonces la vamos a seguir, y aunque estén muertos van a ser juzgados en ausencia. Como te dije antes: acá nadie baja las banderas”.

Derechos humanos hoy: lo que está en juego

Foto: Martina Perosa.

Derechos Humanos

Genio y figura: Juan Gabriel González, el fusilado de Lugano

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El asombro y los recuerdos de familiares y amigos de Juan Gabriel González, asesinado por la Policía de la Ciudad la última Navidad en el barrio porteño de Lugano. En la foto de portada se lo ve en una fiesta familiar junto a Nelly, su compañera desde hace 24 años. Papá, pintor, asador, arquero y vecino que se dedicó a su familia y también a intentar rescatar a jóvenes de la droga (tarea institucionalmente abandonada por un gobierno que pone candidatos relacionados con lo narco).

Lo que ven en Lugano sobre consumos problemáticos de la policía. El ataque a un hombre indefenso de una absurda “Unidad Táctica de Pacificación”. Sueños, amores, cumbias, pesca, y el recuerdo de todo un barrio que busca al menos tres cosas frente a esta nueva expresión del ADN de la violencia institucional del país: memoria, verdad y justicia.    

Por Francisco Pandolfi

–Hijo, ¿qué hacemos el 24 a la noche? ¿Te parece si vamos a la casa de los abuelos? No sé cuántas fiestas más voy a pasar con mis papás.

Ramona y Chongo tienen cinco hijos (Daniel, Nené –fallecido en 1998–, Juan Gabriel, Gerardo y Romina). Cuando supieron que Juan Gabriel volvería a pasar la Navidad con ellos después de dos años lloraron con una alegría que les desbordaba el pecho.

Juan Gabriel González, 45 años, fue el primero de los hijos nacidos en tierra argentina. Hace medio siglo la familia viajó desde Paraguay al barrio porteño y sureño de Lugano. Gaby, como le dicen, respiró toda su vida en el mismo lugar: la Villa 20.

Genio y figura: Juan Gabriel González, el fusilado de Lugano

Gaby con sus hijos Dante y Ángel.

Allí se crio, estudió, se enamoró, tuvo dos hijos (Ángel, de 25; Dante, de 21), aprendió el oficio de pintor y quienes lo conocen dicen que sonrió mucho hasta el último día: el mediodía del 25 de Diciembre, en el centro de la Navidad, fue fusilado por la Policía de la Ciudad en un crimen filmado por sus propios vecinos. 

El arquero fusilado

Nació el 6 de junio de 1970 entre pelotas y escombros producidos por topadoras dictatoriales que, aunque lo intentaron, nunca pudieron erradicar su barrio. Desde chiquito el fútbol fue parte central de su vida, allá cuando el terreno pantanoso se compartía con infinidad de sapos y ranas. Salvo un par de excepciones bosteras, toda su familia es fanática de River: “Le quedó pendiente tatuarse el escudo”, dice Nelly, su compañera de vida y mamá de su segundo hijo. 

Iba a la cancha cuando podía y cuando no, era religión juntarse con sus hermanos y primos a mirarlo por televisión. “Era tan hincha de River como antiBoca”, cuenta Daniel, su hermano mayor con quien compartía equipo de fútbol barrial, El Bajo, porque eran de la zona de la Villa 20 denominada así.  Gaby era el arquero y le gustaba salir jugando: “No sabés cómo nos hacía sufrir”, ríe Daniel, ahora, sentado en un micro que lo depositará en un lugar que no esperaba estar, que le es totalmente ajeno: la puerta de la Legislatura Porteña, donde en una conferencia de prensa él y su familia exigirán justicia. 

Genio y figura: Juan Gabriel González, el fusilado de Lugano

La perrita Dana, Nelly y algunas de las imágenes de una vida. (Foto: Elena Gorocito)

Los hermanos coinciden en su intuición para atajar penales y en que pese a su estatura (más de 1.80) y su contextura (robusta) se destacaba por su agilidad. “Nos salvó muchísimas veces; no sabíamos cómo, pero se tiraba a los costados como si no tuviese ese físico. Ahora nos quedamos sin arquero”, dice Gerardo, también parte del equipo.

Otra clase de atajadas

Ariel, su primo, habla del verbo atajar pero con otro significado. Dice que siempre atajaba los conflictos y que cuando había una discusión ponía paños fríos.

“Nunca le gustó pelearse”, asegura y toda la familia coincide en este punto. Agrega Nelly: “Siempre mantenía la calma, que perdió cuando la Policía de la Ciudad lo increpó el 25 de Diciembre”.

Explica que el conflicto se originó tras una pelea entre vecinas por la basura, en la intersección de las calles Chilavert y Araujo, y que cuando su esposo llegó la Policía de la Comisaría Vecinal 8A no lo dejó pasar al pasillo por el que se ingresa a su casa. “Se prendió fuego con un oficial que primero le contestó mal y después lo invitó a pelear. ‘Dale, negro’; ‘Dale, gordo’, le gritaba el policía. Con su amigo Chávez le suplicamos a la policía que lo dejaran, que se calmaran, ya una oficial le había partido la cara con un casco y estaba todo ensangrentado. De repente frenó otra camioneta de la Ciudad, se bajó uno, gritó ‘ehhhh’ y tiró”.

Genio y figura: Juan Gabriel González, el fusilado de Lugano

Juan Gabriel, Gaby, fusilado el día de Navidad.

El oficial primero de la Policía de la Ciudad se llama Gastón Miño e integraba la llamada “División Unidad Táctica de Pacificación”. Fue detenido el 31 de diciembre en su casa de San Martín.

Cumbia y pesca

Ariel es primo y mucho más que eso. A los 8 años llegó desde Paraguay, y nunca más se separó de Gabriel. La infancia jugando por las tiras; la adolescencia y la juventud yendo a bailar a Radio Estudio, en el barrio de Constitución; y la adultez, trabajando juntos en las obras de construcción. “Le encantaba la cumbia, el cuarteto, el vallenato; su banda preferida era La Nueva Luna. Bailaba, disfrutaba, la música era una de sus grandes pasiones”.

Fútbol, baile, pero nada comparado a la pesca. Cada vez que podía, se hacía una escapada al río Paraná, sobre todo a Zárate, su lugar en el mundo. Comparte su hermano Daniel: “Le encantaba estar descalzo, en cuero, en el barro”. Aturde entonces el registro del momento del asesinato: descalzo y en cuero, como lo fusiló la policía. Agrega Nelly: “Era muy aventurero y viajábamos mucho, siempre en carpa; a Paraguay, donde tenemos familia; a Posadas, en Misiones; a Ituzaingó, en Corrientes, siempre con la caña como compañía. Nunca conocí a alguien tan fanático de la pesca. Su sueño era tener una lancha y hace poquito había empezado a armarla. Un día llegó todo entusiasmado y me dijo: ‘Negra, mirá, ya compré el motor’”.

Sacar a los chicos de la calle

Oscar vive justo frente a la cancha donde Gabriel gritó varias veces campeón con El Bajo. Habla en su terraza, mientras toma unos mates antes de ir a los tribunales donde la familia declarará en el Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Número 20, que investiga el gatillo fácil que los derrumbó de un momento a otro. “Él era el corazón de los encuentros, el que hacía los asados, el sostenedor de la familia. El protector de sus hijos y sus sobrinos, a quienes llevaba a trabajar para que aprendieran lo que él sabía: pintura, construcción, ceramista, hacía de todo”. 

Genio y figura: Juan Gabriel González, el fusilado de Lugano

El arquero de El Bajo junto a Nelly y su hijo. Dicen sus compañeros: «Nos hacía sufrir, le gustaba salir jugando».

De adolescente aprendió a pintar acompañando a su tío José, el hermano de su mamá, y cuando fue padre se largó solo. De a poco se fue armando su cuadrilla de trabajo. “Todo su equipo de laburo está shockeado. Él los pasaba a buscar todos los días en su camioneta y se iban a las obras. Tenía un criterio claro: que quienes lo contrataran estuvieran conformes”.

Ángel, el hijo mayor de Gabriel, ahora quedó con la responsabilidad de sostener el empleo de más de diez personas. “Me está costando dormir”, cuenta, mientras le toca la puerta a un vecino en la recorrida que hasta hace unas horas encabezaba su papá. Dice que esta vez no podrá ir a ver al juez por la responsabilidad heredada en la abrupta reorganización familiar. Luego se funde con Oscar, su tío, en un abrazo que no tiene consuelo.

La gente que lo conoció y lo quiso resalta una característica fuera de lo común. “No solo fue muy solidario al darle trabajo a mucha gente, sino que intentaba sacar a los chicos de la calle y del consumo, llevándolos a laburar con él para enseñarles un oficio”, pondera Oscar. Daniel se ríe al recordar cómo cargaba a su hermano: “¿Estás poniendo un centro de rehabilitación o qué?”. Dice que lo vio hacer lo que a nadie más. “Cuando podía económicamente, veía una persona en situación de calle, paraba la traffic que usaba para trabajar, le compraba algo y seguía laburando”.

Miriam es una vecina que conoce a Gabriel desde que eran chiquitos. “Mataron a una persona noble, leal, que ayudó a todo el mundo. La familia González es conocida en el barrio por ser buena gente”.

El enojo le brota en cada gesto, en la memoria reciente y recurrente: “Los policías toman merca en la esquina de los que venden la cocaína y bajan de la camioneta como robocop a matar y fusilar; así hicieron con él”. Desde el asesinato, ningún funcionario del Gobierno de la Ciudad se pronunció al respecto.

Ninguno.

Genio y figura: Juan Gabriel González, el fusilado de Lugano

De pie los hermanos: Romina, Gabriel, Daniel y Gerardo. Sentados los papás: Chongo y Ramona.

Cariñoso, sencillo y valiente, dicen de este hombre asesinado a mansalva: “No le tenía miedo a nada”, resume Oscar. Daniel y una anécdota: “Tenía 17 años y estábamos jugando un partido en la cancha con vidrios, cascotes, de todo. En una jugada se tiró y se lastimó; vimos que le sangraba, pero siguió jugando. Cuando terminamos, vimos que tenía un agujero grandísimo, hasta con pasto adentro: se le había clavado un hueso que estaba tirado por ahí. En el hospital le dieron seis puntos. Nadie entendía cómo había terminado el partido”. 

Nelly lo asocia con una cualidad profunda: el poderlo todo. Era joven cuando Gabriel se hizo el primero de sus dos tatuajes: un águila. Fue cuando conoció la mirada poderosa del ave, y sintió que se asemejaba a la suya. El segundo fue una obra colectiva que se hicieron con su banda de amigos: en el dedo gordo inmortalizaron una letra Q, pequeña, por la marca de cerveza helada que los acompañaba en cada encuentro.

El tereré y el mar

Nelly le abre las puertas de su casa y de su mundo roto a lavaca, una semana después de que le arrebataran a su compañero de vida. Casa que primero alquilaron y luego de mucho esfuerzo y ahorro pudieron comprar. Casa donde nació Dante, su hijo. Casa que era de chapa. En un noviembre tormentoso se inundó por completo y perdieron todo, excepto una mesita con las patas de caño. Casa que Gabriel reconstruyó en tres meses: “No teníamos un peso, ni uno eh, pero ya teníamos techo de loza”, dice ella, a quien le brillan los ojos cada vez que habla de él. Casa donde Gabriel cocinaba todas las noches con una copa de vino a su lado.

Se conocieron cuando él tenía 21 años (ya era papá de Ángel) y ella 18. Primero fueron amigos. “Siempre fue muy respetuoso. Aunque era de pocas palabras, solía contarme lo que sentía, hablábamos mucho y tuvimos una conexión desde el primer momento. Tomábamos tereré en la puerta de mi casa, ahí nació nuestro amor”.

Nelly dice que ese amor no morirá porque formaron “un equipazo” de cada instante compartido. “Gaby nunca decía que no a nada y te apoyaba”, entonces cuando ella le contó que quería terminar la primaria, él le dijo que sí, que obvio, que él se quedaba cuidando a Dante.

Y cuando ella le dijo que nunca había conocido el mar, se fueron a Mar del Plata: “Estaba acostumbrada al río y no sabía que el agua era salada, no saben cómo se río al ver mi cara. Cumplió mis sueños, mis caprichos, mis deseos, no le reprocho nada”.

Genio y figura: Juan Gabriel González, el fusilado de Lugano

La selfie de una pareja.

Quién nos quita lo bailado

Nelly cuenta las palabras que él más le susurraba: “No te preocupes”, con una serenidad que no perdía jamás. Cuando no tenía trabajo como contratista de pintura, se iba a la remisería de sus papás para hacer algún viaje. Siempre fue desprendido de la plata aunque no sobrara y repetía dos frases: “Cuando me muera no me voy a llevar nada de plata” y “Compartamos aunque no tengamos un mango, ¿quién nos quita lo bailado?”.

Dice Nelly, también, que siempre fue un padre súper presente. Dante, su hijo de 21 años, baja de su habitación. Saluda y explica que en unos días, cuando esté más tranquilo, va a poder hablar. Antes de volver a su cuarto, pide sacarse una foto con su mamá, recordando a su papá. Agarra la remera con la cara de su viejo que lleva  el lema “Gaby por siempre”. La besa y la abraza a su mamá, una y otra vez. 

A Nelly le cuesta mantenerse parada por los dos perdigones que aún tiene incrustados en su pierna derecha. Cuando a él lo llevaron herido al hospital Piñero, donde finalmente falleció, a ella la trasladaron al hospital Grierson. Tardaron más de ocho horas en atenderla y la Policía de la Ciudad la tuvo incomunicada por atribuirle –falazmente, como queda registrado en las filmaciones– la agresión a un oficial.

La autopsia al cuerpo de Juan Gabriel González confirmó que la causa de su muerte fueron “las lesiones en el abdomen y el tórax por proyectil de munición múltiple. Hemorragia interna y externa”, evaporando las versiones que hizo correr la propia policía. “Me llevaron detenido a mí también y me decían que yo lo había matado. ‘¿Cómo le pudiste hacer eso a tu amigo?’, cuenta llorando Chávez, a quien en la escena del crimen se lo ve pidiendo infructuosamente a la policía que frenara la represión.

Nelly: “La policía estaba sacada, nunca vi algo así; no trataban de calmarse, le pegaban con ganas, fue brutal”.

Genio y figura: Juan Gabriel González, el fusilado de Lugano

El barrio y la pelopincho: hay que pasar el verano.

Tiempo presente

Su compañera de vida dice que Gabriel siempre fue una persona justa, que no hay palabras para definirlo, aunque si tuviese que elegir una, la palabra sería “humano”. “Es atento y siempre trató de abrigarme. Es amoroso, cariñoso, dulce y no pasa un día sin decirme te quiero, sin decirme te amo”. Nelly mezcla los tiempos verbales y lo argumenta antes de ponerse a llorar: “Hablo en presente porque para mí sigue estando acá, conmigo”. A la escena se suma Dana, la perrita de 12 años que era el amor de Gabriel.

–¿Sabés por qué lo velamos a cajón cerrado?– pregunta–. Para que quede siempre el recuerdo de su sonrisa eterna, él amaba sonreír. Decía: ‘Estoy más gordito, no se me ven tanto los dientes’; aunque estuviese triste, la sonrisa no se le iba”.

En la nochebuena, la familia González había planeado empezar el 2026 en Zárate, al borde del Paraná. “Después de las 12, me dijo: ‘Negrita, tantas Navidades juntos’, y nos dimos nuestro último abrazo. No sé por qué, no me preguntes, pero no lo quería soltar”.

Genio y figura: Juan Gabriel González, el fusilado de Lugano

Nelly y Dante, en la cocina de la casa de Lugano. El comienzo de un nuevo reclamo de justicia frente a un crimen absurdo cometido por la Policía de la Ciudad.

Habrá un silencio y luego algunas palabras más: “No hay momento en que no lo piense. Va a ser duro, pero sé que me va a dar fuerzas porque Gaby confía a ciegas en mí. Si él decía algo, lo cumplía; si yo digo algo, lo cumplo. Y no voy a parar ni me voy a cansar hasta que se haga justicia”.

En su homenaje, la familia empezó el 2026 en Zárate, recordándolo. En el barrio ya están organizando la pintada de murales con su rostro. Y sus papás colgaron un pasacalle en el balcón de su casa: “Gaby por siempre en el corazón de la Villa 20, familiares, amigos y vecinos de Lugano”.

En la puerta, a Ramona y Chongo no les sale la voz. Ramona, saluda, con amabilidad y una tristeza inigualable. Dirá, con orgullo: “Yo soy la mamá de Juan Gabriel” y no hará falta decir nada más.

Genio y figura: Juan Gabriel González, el fusilado de Lugano
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Nota

Se confirmó el procesamiento del gendarme Guerrero por el ataque al fotógrafo Pablo Grillo

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Con poquito aportás muchísimo ¡Sumate!

El gendarme Héctor Guerrero será procesado por el ataque que hirió gravemente en la cabeza al  Pablo Grillo el 12 de marzo pasado (la foto de portada muestra a Pablo durante su recuperación, que aún continúa). La Sala II de la Cámara Federal porteña ratificó la decisión de la jueza María Servini que había sido apelada por el acusado. Además, pidieron investigar las posibles responsabilidades de quienes estuvieron a cargo del operativo. Presentamos aquí la información del diario Tiempo Argentino, uno de los integrantes de la Unión de Medios Autogestivos.

La Sala II de la Cámara Federal de Apelaciones confirmó el procesamiento del gendarme Héctor Guerrero por las lesiones gravísimas producidas al fotógrafo Pablo Grillo y por el abuso de armas en otras cinco oportunidades durante la manifestación de los jubilados del 12 de marzo pasado.

Se confirmó el procesamiento del gendarme Guerrero por el ataque al fotógrafo Pablo Grillo

El gendarme Héctor Guerrero el día de su declaración ante la jueza María Servini.

El fallo de la Cámara lleva las firmas de los jueces Eduardo Farah, Martín Irurzun y Roberto Boico. En su voto, Boico además, exigió que se profundice la investigación por las eventuales responsabilidades de las autoridades a cargo del operativo.

La situación del gendarme Guerrero había llegado a la cámara de apelaciones luego de un planteo de la defensa del acusado en la que pidió revocar el procesamiento como presunto autor del disparo con una pistola lanza gases contra Pablo Grillo, quien sufrió heridas gravísimas durante la represión policial a aquella protesta de jubilados en el centro porteño.

El planteo de la defensa se produjo en el contexto de varias resoluciones judiciales polémicas que se dieron durante en la semana posterior al triunfo electoral de La Libertad Avanza (LLA), que tuvieron como principales beneficiarios a Mauricio Macri y Javier Milei, y como principales perjudicados a Cristina Kirchner y Guillermo Moreno. Sin embargo, el oportunismo no funcionó y este viernes los tres camaristas le dio un revés al gendarme al entender que el acusado debe ir a juicio.

Guerrero, asistido por los abogados Martín Sarubbi y Claudio Nuncija, solicitó revertir el procesamiento que oportunamente había sido dictado por la jueza federal María Servini. La defensa sostuvo que no está acreditado que el gendarme haya sido el autor del disparo y afirmó que su conducta se ajustó a los protocolos vigentes para el uso de armas lanzagases.

En tanto, el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), que interviene como querellante, respaldó la resolución de Servini y la validez de las medidas de prueba, entre ellas el relevamiento en el lugar del hecho, un informe balístico de la Policía de la Ciudad y la reconstrucción denominada “Mapa de la Policía”, elaborada por realizadores audiovisuales y peritos forenses.

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Derechos Humanos

Eva

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Por Claudia Acuña

La CIDH en su informe anual de 1987 lo sintetiza así:

La Corte Suprema de Justicia de Argentina falló el primer caso llevado a la más alta instancia judicial en ese país y otorgó la tenencia de Laura Ernestina Scaccheri a la familia natural, con quienes vive desde marzo de 1986.  Los padres de Laura desaparecieron después de su detención y su paradero aún hoy se desconoce.  En 1985, las Abuelas de Plaza de Mayo ubicaron a Laura viviendo con una familia que la había recibido en julio de 1977.  En marzo de 1986, un juez federal ordenó la restitución a los parientes consanguíneos.  La familia apropiadora apeló y la Cámara Federal de la Plata revocó ese fallo; sin embargo los parientes de sangre presentaron recurso extraordinario ante la Corte Suprema la que falló a su favor en forma definitiva el 29 de octubre de 1987”.

Eva

Foto Julieta Escardo para el libro Mujeres y violencias/ libros Noveduc

La noticia de la muerte de Eva Giberti me llevó directo a aquel día y me obligó a buscar los datos más precisos en mi archivo, aunque los otros, los importantes, son imborrables. En aquellos años el periodismo me había permitido investigar algunas de las desapariciones de esas infancias secuestradas y por ese motivo había establecido una relación profesional con Leopoldo Schiffrin, por entonces secretario penal de la Corte Suprema.

Uno de esos días de la recién recuperada democracia me citó en su despacho y me pidió algo concreto: había llegado el primer caso de restitución y tenía un pequeño margen para completar la investigación que heredaba de las instancias judiciales anteriores. Lo que necesitaba, concretamente, era la opinión de una persona experta que pudiera analizar si la restitución beneficiaba o perjudicaba a la criatura. Lo dijo así y no fue necesario que pusiera esa afirmación en el contexto de la época: la mayor autoridad internacional en psicología infantil, la francesa Francoise Dolto, había manifestado públicamente su oposición y aunque años después pidió disculpas por su ignorancia –también lo dijo así– en aquel momento se transformó en un argumento de prestigio citado por quienes defendían a los apropiadores.

No tuve dudas en quien era la persona adecuada para la tarea. Había leído el libro de Eva sobre adopción, donde analizaba de manera profunda y sin maquillaje las preguntas y respuestas sobre la identidad que sembraba ese vínculo entre hijos, hijas y padres y daba un paso más allá: ponía bajo la lupa del psicoanálisis, la antropología y la filosofía el tema de la crianza en tiempos en los que nadie creía que los bebés tenían ni memoria ni sentimientos.

Con la facilidad que otorga el periodismo a las citas entre personalidades y desconocidos, la llamé. Fue la primera vez que iba a su coqueto piso de la calle Uruguay. No se sorprendió cuando le revelé la verdadera causa del encuentro, tampoco se maravilló. Simplemente me dijo: “Hay que trabajar mucho y en serio”. Así lo hizo.

No volví a ver ni a Schiffrin ni a Eva así que ignoro cómo fue el proceso que implicó su participación, pero cuando finalmente accedí al resultado lloré. Eva describía escena por escena el saqueo genocida que produjo las desapariciones. Luego se detenía en la situación descripta por lo apropiadores al encontrarse con la beba, que por entonces tenía dos meses. Estaba sola en una sillita arriba de la mesa de la cocina y debajo de una lámpara desnuda: del cable solo colgaba una bombita de luz. Los apropiadores eran vecinos que fueron convocados por la patota para que les den información sobre la pareja que vivía en esa casa. A cambio le ofrecieron “llévense lo que quieran”.

Se llevaron a la bebé y una garrafa.

En su declaración judicial la apropiadora narró que durante días y días la beba no paró de llorar. Agotada, tuvo una idea: ponerla en la misma situación que la encontró. La colocó entonces en su sillita arriba de la mesa de la cocina, justo debajo de la lámpara, pero recién cuando quitó el artefacto que la decoraba y dejó la bombita desnuda la beba paró de llorar. Eva dictaminó que esa lámpara era su mamá. Probó así que los bebés de dos meses tenían memoria y sentimientos. Dimensionó la herida que le produjo la desaparición de sus padres: era enorme, como ese llanto continuo e inconsolable.

Obviamente no fue lo único que evaluó la Corte para otorgar la restitución, pero sí lo que mejor describe el método Giberti: ser sensible es ser inteligente. Ser trabajadora “mucho y en serio” es ser profesional.

Podría recordar también a la Eva periodista, porque ese fue su origen –comenzó en el diario La Razón en los 60; en los 90 fue una de las diez aportantes que permitió fundar la revista El Porteño, donde también escribió- o resaltar la importancia que tuvo para la generación de padres y madres que se crio escuchándola en las tardes de Sábados Circulares, el legendario y ultra popular programa de televisión conducido por Pipo Mancera. La mía anotaba todo lo que decía Eva.

Pero para despedirla prefiero recordarla como mi psicoanalista. Recurrí a ella tiempo después de aquel primer encuentro, cuando ya tenía un trabajo de cierta jerarquía en Página 12, un diario que me hacía llorar la maternidad. La sesión era en su departamento a donde me esperaba con pañuelos descartables, un delicioso té servido en tazas de porcelana y masitas de diseño: la terapia perfecta para una madre agotada y una trabajadora maltratada. Un día, en un alto de mis lamentos, me señaló el retoño de un gingko biloba que crecía en su balcón. Me contó que es una especie milenaria que nació antes que los dinosaurios, que fue capaz de acumular experiencias para transformarlas en delicados mecanismos de defensa hasta convertirse en la única que sobrevivió a la bomba de Hiroshima: no solo volvió a brotar, sino que fue capaz de dar semillas para expandirse como símbolo de resistencia y esperanza. Además es hermosa.

Me quedo con eso.

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