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Capitán Frío: quién es Aranguren, el responsable del revés de los tarifazos

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Es el segundo más rico del gabinete, y el paradigma del CEO. Tiene su dinero en el exterior y no lo trae porque dice que no confía. Ganancias extraordinarias de empresas y menos producción. De Vaca Muerta a las energías renovables. Qué hay detrás de la cara de los tarifazos.

Nota publicada en la MU 124, No te va a gustar.

Juan José Aranguren, 63 años, nació en Entre Ríos y estudió en el colegio Marín de San Isidro. Tiene una formación católica que favoreció una relación más que de amigos con el Opus Dei, organización nacida en España que siempre albergó a sectores poderosos mezclando los negocios, las actividades religiosas y la po – sibilidad de ir ocupando espacios de poder.
Pero Aranguren tuvo una transformación personal reciente, a partir de su romance con una funcionaria de su Ministerio. La joven era la pareja de Lucio Castro, Secretario de Transformación Productiva del Ministerio de Producción, e hijo del periodista Jorge Castro, que supo ser Secretario de Planeamiento de Carlos Menem. Ocurrió en diciembre de 2016 y la noticia la dio Jorge Rial, a través de un twit. “Al ministro lo rajó su esposa de la casa. Lo enganchó con una joven funcionaria de su área. Ahora le está poniendo energía para volver”.
Esa meta no se cumplió, y Aranguren se mudó desde San Isidro (donde tiene una mansión de 1.150 metros cuadrados tasada en más de 2 millones de dólares) a la Capital. Esa nueva relación explica que cada tan – to se deje la barba, o empiece a renunciar a las corbatas. Las rupturas van más allá, y los que lo conocen se asombran porque Juanjo, ex Shell y ex hombre de misa dominical, ahora está de acuerdo con la ley de aborto seguro legal y gratuito.

De pasante a ministro

Esa modificación en lo personal no alteró su estilo inflexible en cues – tiones de trabajo de su Ministerio, que convive con una enorme flexibilidad para brindarle múltiples ventajas al sector empresario energético donde hizo carrera.
Aranguren, Ingeniero Químico egresado de la Universidad de Buenos Aires, entró co – mo pasante a sus 23 años a la refinería de Shell en Dock Sud (la misma refinería clau – surada en 2007, con Aranguren de Ceo, por contaminación de aguas y suelos) de donde se iría siete años más tarde directo a Australia, a otra refinería. Regresó al país en 1986, ocupó diversos cargos gerenciales en Shell, y en 1995 viajó a las oficinas centrales de Londres. Cuando volvió a Argentina en 1997 ya era un miembro del Directorio y en 2003, tras 26 años en la empresa, el pasante Aranguren llegó al cargo de Presidente de Shell Compañía Argentina de Petróleo SA.
Aranguren emergió como figura pública en 2005, cuando Shell se enfrentó abiertamente al gobierno kirchnerista. Fue cuando Néstor Kirchner llamó a un boicot tras el aumento desmedido de tarifas (donde intervinieron organizaciones sociales y piqueteras con escraches y bloqueos) para que los consumidores no fueran a Shell a comprar “ni una latita de aceite”. La guerra siguió: entre 2006 y 2007 Shell fue sancionada con cin – cuenta multas por “insuficiente provisión de gasoil al mercado”.
Juanjo salió a responder públicamente aguijoneado por Shell: jamás se hubiera expuesto a semejante protagonismo por cuenta propia. En 2011, un juez dictó la falta de mérito y sostuvo que “no se configuró el delito de desabastecimiento, porque no hu – bo una importante faltante de naftas”.
Enfrentado sobre todo con Guillermo Moreno, Aranguren se ganó el prestigio del empresariado opositor, que empezó a premiarlo de manera literal. En noviembre de 2008 recibió el Premio Konex de Platino como Ejecutivo de la Industria y la Asociación Dirigentes de Empresa (ADE) le otorgó el “Premio al Dirigente de Empresa”, edición 2009. Los medios del establishment también lo festejaron: su actitud durante el conflicto con el gobierno fue considerada un gesto “patriótico” por la revista Imagen (dedicada al ámbito de las relaciones públicas y la comunicación corporativa), que en un informe ponderó que era de los pocos empresarios argentinos que focalizaban una estrategia de comunicación. La revista Apertura, el diario El Cronista Comercial y la consultora PWC le otorgaron en 2013 el premio al CEO del año en un evento en el Hotel Plaza donde lo aplaudieron 450 ejecutivos, académicos, políticos y otros empresarios. Paradójicamente, esa noche Aranguren se recibió de político, parafraseando a Luther King: “Reivindico la toma de decisiones correctas, aunque no sean ni convenientes ni populares, para contribuir al desarrollo sostenible de nuestra nación”.
Dos años después recibió el premio mayor, al ser designado al frente del Ministerio de Energía y Minería de la Nación.

Aranguren por Byron Hasky.

Cuentas que no cierran

Durante los primeros meses de su gestión Aranguren impulsó un fuerte aumento en los precios de los combustibles. El gobierno lo justificó como un “paso necesario” para reducir el déficit fiscal y señaló que el sistema de subsidios “había arruinado el sistema de distribución de energía”.
Para Claudio Lozano, economista y político, el argumento parte de un supuesto falso: “El de que las empresas estuvieron perdiendo plata hasta ayer: es mentira. El problema no es que las empresas no tenían rentabilidad: el problema es que con los subsidios más la tarifa baja no invirtieron”.
Gerardo Rabinovich es el actual presidente del Instituto Argentino de la Energía y fue funcionario en el rubro durante el gobierno de Alfonsín, como hombre cercano al ex ministro Jorge Lapeña. Desde su oficina en el Abasto dice que coincide sobre la falta de control de la inversión, pero separa a las empresas que ganaron de las que perdieron: “Las empresas petroleras no tenían déficit, porque no invertían. Pero las empresas de servicios, de transporte y distribución de gas natural y energía eléctrica estaban prácticamente quebradas”, asegura.
Rabinovich es de los que está de acuerdo con el “sinceramiento”: “Era necesaria una recomposición tarifaria y una renegociación que construyera la arquitectura del sector que había sido destruida después de la crisis del 2002”, dice. Para justificarlo compara el período 2002-2015: “Aumentaron 70% las tarifas, 1500% los salarios y 1200% la inflación. Evidentemente hay un precio relativo de la economía que no responde”, cierra.
El gobierno nacional autorizó aumentos promedio a la luz y el gas del orden del 450% y 500% respectivamente, aunque según los consumos y usuarios muchos afrontaron tarifas con incrementos que duplican los valores promedio. Una cuenta clave es su comparación con los salarios: según datos del Índice de Precios al Consumidor de la Ciudad de Buenos Aires, desde 2016 hasta el año pasado los sueldos del sector privado aumentaron el 72%. Es decir que, en el me – jor de los casos, la diferencia entre los au – mentos de tarifas versus sueldos van del 150% al 450% según servicio. Los tarifazos se convirtieron así en el termómetro del humor social como parte de un combo que incluye dólar, inflación, aumentos de transporte, oportunidades laborales, y en medio de las reformas previsionales y laborales. También en el desestabilizador político que amenaza la llegada de inversiones.
En un reciente análisis del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas del que Lozano es coordinador, llamado “La verdad de los tarifazos”, las empresas energéticas son las que más ganaron en el tercer trimestre del año 2017. En el análisis de los balances que cotizan en bolsa de 53 grandes empresas “sobresalen 8 firmas que tienen relación directa con la política de tarifazos del gobierno nacional”. A saber: Edesur, Edenor, Metrogas, Camuzzi Gas Pampeana, TGS, Pampa Energía, Endesa Costanera, y Central Puerto. “Para estas empresas el crecimiento de su facturación fue del 99%, sus ganancias brutas se expandieron en un 209% y sus ganancias netas finales lo hicie – ron en un porcentaje aun mayor, un 772%. Comparado con el año 2016 una empresa como Edenor expandió sus ganancias brutas en un 2273,3% y Metrogas incrementó sus ganancias netas en un 1148,2%”. El informe cierra: “Se demuestra que los tarifazos no solo fueron para sustituir subsidios del Presupuesto Nacional sino para abultar las ganancias de estas firmas”.
¿Este crecimiento se tradujo en inversiones? Rabinovich asegura que hay dos indicadores que muestran que la calidad del servicio mejoró: cantidad de interrupciones y tiempo medio de interrupción. Pero los índices que empeoraron parecen ser los más importantes: los de la producción. Según estadísticas del propio Ministerio, el petró – leo cayó en 2017 un 6,3%, el peor retroceso desde 1999 y los niveles más bajos desde 1992. Por su parte, si bien en 2016 la producción creció un 4,99%, la de 2017 disminuyó un 1%, primera caída desde el 2014.
En sus análisis Lozano y Rabinovich coinciden en otra cuenta clave: los tarifazos no se explican sólo con el retiro de subsidios. Además de la baja de subsidios que encarecieron la tarifa, los precios unitarios de los kilowatts de energía subieron entre 500% y 1.000%, y el metro cúbico de gas entre 700% y 1.000%, según consumo y tipo de usuarios. “Hoy los usuarios pagan el gas a 7,5 dólares por millón de BTU (el equivalente a 27,8 m3 de gas), que es el precio referencia de exportación, y no por 2 dólares que es lo que sale sacarlo en Argentina”, explica Lozano. “La idea es paguemos el gas más caro de todos a las empresas para que Vaca Muerta sea rentable para las empresas”.
Rabinovich agrega: “Los especialistas en energía están discutiendo el valor del gas, que busca financiar las inversiones de las empresas para operaciones costosas, que es la recuperación de hidrocarburos no convencionales mediante fracking en Vaca Muerta. Eso lo paga la sociedad en la factura. Me parece que habría que repensar un poco cuál es el riesgo real que toman las empresas y cuál es el sacrificio que se le pide a la sociedad”.
Lozano asegura que el gobierno ve en Vaca Muerta “la meca con la que piensan la sa – lida de la Argentina” y supone que la idea oficial es transformar al país en exportador de gas convencional. Rabinovich no cree que ése sea la proyección: “Los precios actuales no autorizan a pensar en eso. A largo plazo hay mucha incertidumbre. Si se cumplen los objetivos del acuerdo de París sobre el cambio climático, la demanda de hidrocarburos va a tener que caer”.

Renovar energías

Aranguren puso un pleno en Vaca Muerta pero dejó pocas fichas para la cartera que dirige el ¿ex? kirchnerista Sebastián Kind subsecretario de Energías Renovables, cercano a Máximo Kirchner, ex Pan American Energy y asesor de energía eólica de British Petroleum. Según trasciende del propio gobierno, las energías renovables son otro de los ejes.
Kind es sindicado como el armador del esquema de la Ley de Generación distribuida de Energías renovables, a partir del cual se empezaron a hacer licitaciones y aparecieron inversiones para parques eólicos y solares, pero a precios altísimos. El modelo de negocios que siguen es el de Uruguay.
Con las licitaciones llegaron las polémicas: una de las empresas que se quedó con parte del negocio es la de la familia presidencial, SOCMA, que creó la empresa Gea dedicada a las energías renovables. Según un complejo sistema de triangulaciones, sin licitación el grupo Macri compró y luego revendió al menos seis parques eólicos.
Los mismos actores de siempre aparecen ante la falta de inversiones. “La gente que tiene que poner la plata –dice Rabinovichve lo que pasó en diciembre (la protesta social ante la reforma previsional) y dice ‘esperemos un poquito’. Están todos muy entusiasmados con las energías renovables pero las inversiones no aparecen, o aparecen a cuentagotas”, ilustra.
La falta de inversiones, la toma de deuda y la sed de dólares es el contexto estructural de la economía argentina, como lo demuestra el SOS al Fondo Monetario Internacional. No hay lluvia de inversiones, pero sí otra clase de tormentas.
El tercer eje energético es otro que parece ir a los tropezones: la eficiencia energética. Bajo este seudónimo importado hay que entender el latiguillo presidencial de poner el aire condicionado a 24 grados, o el furor de los leds. Aranguren parece predicar con el ejemplo: un diputado relata a MU que, durante una reunión sobre el tema tarifario celebrada durante febrero un día de 35 grados, en la oficina del ministro hacía más calor que afuera. Una pose que Juanjo, de prolijo saco negro, selló con un apretón de su mano fría.
Si bien Aranguren se especializa en gas y petróleo, la energía nuclear y a la minería también forman parte de su gestión, fundamentalmente por la atracción de inversiones. En el tema nuclear negocia con los chinos contratos leoninos. En el tema minero, se involucró personlamente para saltear el veto provincial para instalar proyectos en Chubut, reuniéndose con intendentes. En parte gracias a la resistencia de las propias comunidades, hasta ahora no le ha ido nada bien.

Incompatibilidades

Después del jefe de los espías Gustavo Arribas, Aranguren es el funcionario más rico del gabinete. Y al igual que muchos ministros PRO, tiene el 83% de su fortuna – calculada en 2017 104,7 millones de dólares- en dos cajas de ahorro en el exterior: una en Holanda con 27,6 millones de euros, y otra en los Estados Unidos con 60,3 millones de dólares. Tras dos años de gestión, su fortuna se había incrementado 20%. “Los tengo en una cuenta a la vista, soy muy malo como inversor, con un interés de 0,1% anual”, apuntó.
Aunque renunció a Shell para ponerle el hombro, aún mantuvo hasta septiembre de 2016 acciones por 16.3 millones. Ya su gobierno le había otorgado siete licitaciones de un total de ocho a su propia empresa.
Aranguren es otro de los argentinos relacionados al mundo offshore en Paradise Papers, un conjunto de documentos electrónicos relacionados con inversiones offshore. El hecho sería una anécdota del pasado si no fuera porque una las empresas en las que aparece involucrado es la principal adjudicataria por la compra de gasoil por parte del actual gobierno: en abril de 2016, Shell Western Supply and Trading se quedó con siete de los ocho cargamentos de gas oil licitados por CAMMESA, la Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico, que depende del ministerio de Aranguren.
Por este tipo de incompatibilidades fue denunciado ante la Oficina Anticorrupción, que después de analizar el caso le sugirió al Ministro vender las acciones de Shell. Aranguren consideró que no habría existido nin gún conflicto de interés, pero aun así terminó aceptando la sugerencia de Laura Alonso, y vendió las acciones. En una entrevista radial reciente reveló que mantiene en el ex – terior los fondos que embolsó por la operación: “Veré el momento de repatriarlos”, dijo y se escudó en una cuestión de falta de confianza en el país. “El que se quema con leche, ve una vaca y llora”.
La frase cayó pésimo en el gobierno pero no rompió el encanto de Macri con Aranguren, con quien tiene un puente aparte basado en cierta similitud de trayectoria, de estilos, de carrera universitaria y hasta de club de fútbol: son hinchas de Boca.
Juanjo es el caso emblemático del relato macrista. Si antes hubo un relato del militante, o en áreas no políticas hay un relato del científico, o del emprendedor, Aranguren es la expresión del relato del CEO pero también de otro más: el del ingeniero. Prolijo, pulcro, técnico, eficiente, racionalista: supersticiones que tantas veces se han estrellado contra la realidad en el país
El método se repite en otras áreas del gobierno, por ejemplo con el equipo económico Dujovne-Caputo, que sigue hablando de las “metas”, aunque muchos de sus planos y proyecciones ya se hayan evaporado.
Criticado por propios y ajenos, Juanjo mantiene el respaldo clave del Presidente en base al “relato del ingeniero”: plantea metas y objetivos, muestra planos y números. Es didáctico para explicar el cuadro tarifario a funcionarios PRO y a diputados opositores. Arma esquemas y modelos. Como método y como marketing.
Todo indica que si Macri no le corre el objetivo, la sociedad seguirá pagando, mientras los incentivos y las ganancias van a las empresas.
Mientras eso ocurra, el ingeniero habrá cumplido su verdadera meta.

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