Nota
La verdadera grieta: viaje a Allen, tierra de fracking
Casas fracturadas por las perforaciones del fracking. Barrios contaminados y enfermos. Productores sin tierras. Sospechas, políticos, dólares, pobreza, y vecinos que no se quedan quietos: cómo sostener la vida en medio de un modelo de muerte. POR SERGIO CIANCAGLINI
Jeremías tiene ocho años, se está quedando calvo, y me muestra la grieta.
Es una rajadura en la pared, de abajo hacia arriba, consecuencia de los temblores que emergen desde el fondo de la tierra hasta las casas del barrio Costa Blanco, en Allen, Alto Valle de Río Negro.
Hay más grietas que atraviesan los dormitorios, el baño, la cocina, cada ámbito de la vida. Ocurre en esta y en todas las casas del barrio, y de varios barrios de la ciudad de 35.000 almas. Allen es la Capìtal Nacional de la Pera, pero descubrió que está emplazada sobre la punta oriental de esa gigantesca formación subterránea de hidrocarburos llamada Vaca Muerta.
Jeremías sonríe, quiere ver cómo están saliendo las fotos. Le queda el 30 por ciento del pelo. Alejandra, su mamá, lo observa: “No sabemos por qué se le cae. Me dicen que puede ser un virus en el medio ambiente que se le pegó, o a lo mejor otra cosa. Tardaron dos meses en darme turno. Le recetaron pastillas re caras, pedí ayuda en Desarrollo social y no me dieron, conseguí comprarlas, pero nadie te dice nada seguro. No sé si los médicos no saben, o saben, pero no te quieren decir para no meterse en problemas”.
El paisaje de Allen va quedándose calvo de chacras, de álamos y de frutales que son desplazados por instalaciones cercadas en las que se ven hombres con cascos amarillos, camiones desmesurados, amasijos de cañerías que penetran la tierra, sistemas de válvulas a las que el vecindario llama “arbolitos de navidad”, y torres de hasta 50 metros de altura.
No existen aquí los clásicos guanacos petroleros: se acabó lo que se daba. El petróleo y gas que quedan en el país están atrapados en la llamada roca madre. Para capturarlos hay que romper esa roca.
Por eso de cada torre baja un trépano, taladro gigante que perfora la tierra hasta 3.000 o 4.000 metros de profundidad: un agujero equivalente a un edificio de 1000 pisos hacia abajo. La excavación genera parte de los temblores que rompen las paredes de las casas cercanas.
Cuando el trépano llega a más de 3.000 metros de profundidad, la perforación se ramifica horizontalmente para fracturar la roca madre que contiene los hidrocarburos fósiles. De la perforación original nacen 5 o 6 “pozos horizontales” con caños que se extienden bajo tierra en distintas direcciones a lo largo de 3 o 4 kilómetros en cada caso.
Se inyectan entonces un total de 30 millones de litros de agua a alta presión, un cóctel que incluye arenas de sílice y alrededor de 600 químicos para mantener abierta cada grieta, disolver los hidrocarburos, y extraerlos luego a la superficie como flowback, un reflujo de barro tóxico, gas y petróleo.
Esta destrucción y licuación de la roca madre a alta presión genera más temblores –entre otras cosas- y sólo en Allen se multiplica por 130 pozos. Jeremías, la pelota, su primo Santiago, la calle de tierra, las casas, y todo lo que se ve alrededor, está instalado sobre una gigantesca red subterránea de caños puestos allí para romper el subsuelo.
Esa es apenas una de las formas de entender cómo funciona el fracking o fractura hidráulica, la grieta que atraviesa territorio, agua, aire y vidas de la gente de Allen a la que demasiadas veces le cuesta entender dónde está parada.

Foto: Nacho Yuchark
Toxi tour
La idea de Vaca Muerta como la salvación nacional es una superstición nacida en 2010 durante la gestión kirchnerista, obviamente promocionada también por el actual gobierno. La geografía del asunto parecía centrarse en Neuquén, con un conflicto que sigue vigente: gran parte de la explotación involucra a comunidades mapuche que resisten como pueden amparados por la razón y por las leyes.
Pero en 2011 se instaló un pozo de fracking en Allen, en una chacra frutícola propiedad de un familiar de la socióloga Maristella Svampa, quien ha escrito el libro Chacra 51 sobre el tema. Nació la Asamblea Permanente del Comahue por el Agua Allen. La movilización vecinal logró que el Concejo Deliberante sancionara por unanimidad en 2013 una ordenanza prohibiendo el fracking. La intendenta Sabina Costa elevó el tema, el gobierno provincial reclamó, y el Superior Tribunal de Justicia provincial fracturó la ordenanza declarándola inconstitucional bajo el argumento de que el subsuelo lo maneja la provincia.
Fue un golpe de desaliento para la Asamblea, mientras las chacras de Allen iban siendo perforadas por decenas de pozos hasta llegar a los actuales 130 que exhibe la EFO (Estación Fernández Oro).
Del lado incansable de la historia de la Asamblea quedaron Luis Partearroyo y el matrimonio de Lidia Campos y Juan Carlos Ponce, quienes recorren barrios y juzgados decididos a no resignarse. Dice Juan Carlos, gasista matriculado: “Hubo muchísimos problemas, explosiones, incendios. Empezaron en 2014: se les trabó el trépano bajo tierra, y para sacarlo tiraron unos 40.000 litros de gasoil, cosa prohibida. Al destrabarse, algo hizo chispa y se armó el incendio. Acá nos destruyen para un beneficio que no se ve por ningún lado. Y lo que uno ve es problemas respiratorios, de piel, de tiroides, mucho cáncer”.
Lidia suma pistas: “Hay además muchos abortos espontáneos, y también muchas chicas y mujeres con menstruaciones largas, que terminan anémicas. El hospital no informa nada. Lo único que hizo Salud Pública la vez pasada fue empezar a regalar broncodilatadores”.
La palabra “muchas” indica una constante socioambiental argentina: la gente sabe lo que ocurre pero no hay estadísticas, salvo que las propias asambleas se pongan a contabilizar enfermedades y muertes.
Con el broncodilatador cerca anda don Rubén Ibáñez, paisano de 66 años. Vive a 40 metros de uno de esos explosivos pozos, apenas separado por un canal de riego. Es parte del “toxi tour” que proponen Juan Carlos y Lidia.
La grieta corre alrededor del techo de la casa de Ibáñez: “Es como que hubiera querido saltar por la explosión”. Otras grietas corren por dentro: sufre EPOC (enfermedad pulmonar obstructiva crónica). Explica Pedro, su hijo, agente penitenciario: “Además mi papá tiene laceraciones en los pulmones de 4 milímetros, y es por esto de los hidrocarburos”.
Ponce: “Pero los médicos sólo certifican EPOC, y no los tajos por respirar los polvos de sílice, que vuelan y te revientan al llegar a los pulmones: la silicosis. Las empresas tienen las montañitas de sílice, al aire libre”. El Observatorio Petrolero Sur ha calculado que Vaca Muerta requerirá 40 millones de toneladas de estas arenas tóxicas durante los próximos diez años. “Nos han dicho ignorantes, indios, analfabetos. Pero yo puse mi cuerpo, y esa es la verdad. De todo esto que hacen, ¿qué le queda a la gente? Pura porquería”.
Don Ibáñez tiene dificultades para respirar. “Mi hijo está sano porque se fue a vivir a otro lado. Yo no me quiero ir aunque a veces tenemos que salir corriendo cuando se les escapa una nube blanca de gas que nos tapa la casa. No somos limosneros. La dignidad no se vende por una garrafa. Ya se los dije a los de la empresa, para que sepan: voy a seguir. No le tengo miedo a la muerte”.
Manden fruta
Allen sigue siendo la ciudad más importante del país para la producción de peras (3200 hectáreas) y manzanas (2900), pero sufre desde hace décadas una crisis que el fracking está acelerando. En el Alto Valle había 6.000 productores en los 90, 3100 en 2005 y 2200 en 2015. Sólo en Allen había 412 productores hace diez años, 320 en 2016 y 219 actualmente. Belén Alvaro, socióloga: “Han sido décadas de concentración, se ha perdido el 60% del trabajo familiar en las chacras y los productores chicos desaparecen. Hay que decir que la fruticultura también fue contaminante y generadora de desigualdades. Pero las economías regionales han sido abandonadas pese a que son las que pueblan el campo. Cuando llega el fracking a chacras en crisis, muchos productores alquilan o venden la tierra productiva a la petrolera”.
Sebastián Hernández es presidente de la Cámara de Fruticultores de Allen y de la Federación de Productores de Fruta provincial. No vive en un barrio pobre como Costa Blanco, pero su casa también tiembla: “Tengo rajaduras y se me desmoronó cinco veces el pozo de agua bajo tierra”. La situación: “Hoy el productor de manzana o peras no recibe en promedio más de 4 pesos por kilo, pero le está costando 6,50 producir. Y la fruta se vende a dos cuadras en un supermercado a 60 pesos. Yo nunca le daría la tierra productiva al fracking, pero los productores van abandonando. Cada uno mira su nido”.
Para producir fruta, una chacra se alquila a 1.000 pesos mensuales por hectárea. Las petroleras ofrecen 30.000 por la misma superficie. Otra oferta: 200.000 pesos por un año y luego 25.000 por mes. “El tema es que la tierra queda arruinada” explica Hernández. Para afirmar las torres, instalaciones y que puedan circular los camiones, las petroleras instalan una capa de un metro o dos de suelo calcáreo sobre el suelo fértil, imposible de recuperar por décadas. La crisis y la desesperación de los pequeños productores agrandan a las petroleras, bajan los precios de las chacras, y para colmo las empresas han empezado a no pagar. Van a juicio, y queda armado el círculo vicioso perfecto. Graciela Vega, historiadora y creadora del sitio web Proyecto Allen: “Sé de varios casos, yo creo que hasta especulan con que se mueran, porque muchos de los productores son gente muy mayor”.
Hernández: “Las regalías que deja el fracking pueden ser altas, pero en la ciudad no se ven. Tampoco genera mucho trabajo, y menos para la gente de Allen”. El diario Río Negro informó que durante los próximos cuatro años Allen tendrá de manera constante tres equipos de perforación y dos de terminación “lo que representa unos 180 puestos de trabajo permanentes”, cifra aportada por el Secretario de energía Sebastián Caldiero quien reclamaba “que Allen ocupe puestos en los equipos”. Aunque se agreguen los empleados de empresas de operaciones y periféricas (unos 1.500 más), se entiende el razonamiento de Hernández. “La actividad que realmente mueve a la economía, que genera mucha mano de obra (de 10.000 a 15.000 personas) y movimiento comercial es la producción frutihortícola”.
Winners y perdedores
Cálculo fracking: YPF asegura que invertirá 598 millones de dólares en los próximos 93 pozos que perforará en Allen, que ya es el primer productor de gas de Rio Negro y asegura haber repartido 500 millones de pesos en regalías para la provincia durante 2017. “El problema es que no es posible la convivencia de los dos modelos, se pierde la tierra fértil, y se pierde una matriz productiva diversificada” dice Hernán Scandizzo, del Observatorio Petrolero Sur. Hernández: “Otro efecto es que Chile está vendiendo manzanas con la etiqueta ‘free frack’ (libre de fracking) como si nosotros hiciéramos algo contaminado. No es así. Todavía nuestras frutas son exportables y comestibles y de alta calidad. Pero el Estado no hace nada para defender la producción para tenernos débiles y caídos, y facilitar la entrada del fracking. Por eso aquí no hay una resistencia como sí hay en Mendoza”.
Edgardo Martin, concejal del Ari:”Todo esto tiene que ver con la contaminación. Aunque no puedo aseverar de forma directa qué efectos tiene el fracking, sí sé que es muy extraño todo lo que está pasando, lo asocio con las enfermedades,
y es posible que se lo pueda saber dentro de unos años, cuando el mal esté hecho, y ya se hayan ido. Porque el modelo del fracking es por muy poco tiempo. Después queda el desierto. Mientras tanto funciona la prepotencia del dinero, avanzan gracias a una oscuridad absoluta de toda información, y los controles no existen, aunque digan lo contrario”.
Un dato: la secretaria de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la provincia es Dina Migani, propietaria de la empresa Quinpe, dedicada a “servicios de apoyo para la extracción de petróleo y gas natural, la explotación de minas y canteras, ventas al por mayor en comisión o consignación de minerales, metales y productos químicos industriales”. Entre sus clientes están YPF, Petrobras y Skanska.
Claudio Correa, presidente del Concejo Deliberante de Fernández Oro, ciudad ubicada junto a Allen, era parte de Cambiemos pero se separó: “Yo hice una ordenanza contra el fracking, se aprobó y, como en Allen, la declararon inconstitucional. No soy de la política, trabajé siempre en un mayorista, y llegué hablando de transparencia. Si dicen que hay regalías y uno ve que todo está igual, ¿cuánto se llevaron los funcionarios que aceptaron esas regalías que dependen de las declaraciones que hacen las propias empresas? Yo lo que veo es que hay gobernadores que no quieren el fracking porque enferma y mata, y otros que son sobornados para aprobarlo. Pero de esa corrupción, la actual, no veo que casi nadie esté hablando” dice Correa quien agrega un dato curioso: se ha detectado otra roca madre bajo el monumento a San Martín en Allen. “Pero sacar gas de ahí les costaría más caro. Las petroleras están en las chacras porque el costo es cero y están cerca del agua”. El modelo cierra con las tarifas más altas de la historia, lo cual permite sospechar quiénes son los que ganan con la fractura.
La ley del benceno
No han entendido las posibles bondades del fracking en Alemania, Francia, Gran Bretaña, España, Italia y estados norteamericanos como Nueva York. Los datos que no están en este curioso país se encuentran afuera. La Sociedad Médica de Massachusetts estudió los químicos que se utilizan extraer hidrocarburo de las grietas. El 75% son tóxicos para ojos, piel, sistema respiratorio y gastrointestinal. Más de la mitad de esos químicos produce daños en el cerebro y en el sistema nervioso central. El 25% tienen la posibilidad de desarrollar en el ser humano algún tipo de cáncer o mutaciones. Las investigaciones científicas en los Estados Unidos detectaron elementos cancerígenos como benceno y formaldehido (el benceno especialmente ligado a las leucemias), neurotóxicos en dosis letales, hidrocarburos también cancerígenos, disruptores y perturbadores hormonales (otra vez el benceno y el tolueno) que provocan malformación del esperma, reducción del crecimiento fetal, padecimientos cardiovasculares, problemas respiratorios y asma. Detectaron además emisiones radiactivas, 40 % de aumento de nacimientos prematuros, malformaciones, contaminación de los suelos, del agua, del aire. Otro detalle: ninguno de los médicos y agentes sanitarios con los que intenté hablar aceptaron hacerlo.
En los barrios la vida se ve más clara. “Es un olor a huevo podrido que no se puede estar” cuenta Ingrid en Costa Blanco. Su hijo Santiago no ha perdido pelo, como Jeremías. “Lo que él tiene es miedo, por los ruidos a la noche”. El fracking funciona en cualquier horario, la luz permanente excita a las plagas como la carpocapsa, y el ruido puede ser insoportable: “Cuando están inyectando el agua a presión es como que tuvieras las turbinas de un avión arriba de tu cabeza”.
Ingrid:”Aquí muchos están con cefaleas y a otro sobrino, Leonardo, que empezó a ahogarse, ahora le van a hacer estudios de corazón y pulmones porque no saben qué le pasó. Tiene 11 meses”. Federico, el hermano de Gabriela, tiene diabetes. Además, se acaba de duchar y el agua le provoca una erupción en los brazos, el cuello, el abdomen: “Tardamos en darnos cuenta de esta desgracia. Empezó el fracking y empezamos a ver cáncer y la enfermedad. La muerte va más rápida. Los delincuentes son las empresas, pero si salimos a protestar, nos procesan a nosotros. Nadie nos escucha ni nos representa. Nos mintieron. Tendríamos que juntarnos, pero acá hasta muchos sindicatos juegan en contra, porque los pocos que trabajan ganan bien. Aunque les dura poco y después están igual que nosotros. Yo creo que la única solución es que haya algún desastre grande, o que nos den algún otro lugar donde vivir. ¿Cómo quiero vivir? Tranquilo”.
Ingrid (2 hijxs) y Gabriela (cuatro) decidieron no esperar recursos de amparo ni principios precautorios sino sostener la vida. Instalaron un merendero: “Ya vienen 35 chicos. Lo primero que hicimos fue arroz con leche. Acá te ayudan los negocios chicos. Los políticos y las empresas no solucionan nada, porque ellos son el problema. Lo que quieren es la plata, y que el tonto vote”. Cuentan que la falta de trabajo es absoluta. “Pero entonces, algo hay que hacer” dicen, mientras un puñado de chiquilinas del barrio corretean y ríen.
Epilepsia y laurel
Algo hay que hacer. En Allen existe un pequeño movimiento, el 23 de julio, que en 2001 fue uno de los Movimientos de Trabajadores Desocupados (MTD). ¿Qué problemas de salud detectan? Ivana Mamonde no duda: “Hay un alto índice de epilepsia”. En pocos minutos mencionan más de diez casos en el barrio Progreso. “Y diabetes, autismo, celiaquía, los temas respiratorios, dermatitis”. ¿Puede una enfermedad como la epilepsia relacionarse con el fracking? Desde Chaco, Horacio Lucero (jefe del Laboratorio de Biología Molecular de la Universidad Nacional del Nordeste) plantea esta hipótesis ante la consulta: “Hay un concepto llamado carga tóxica, sobre la sinergia entre diferentes mediadores químicos del ambiente cuando se mezclan. Nuestro cuerpo almacena químicos y se forman metabolitos que reaccionan en forma inesperada. Cuando hay una carga tóxica importante que el organismo no está pudiendo metabolizar aparecen enfermedades que ahora se pueden definir de
acuerdo a la medición de esos químicos. Está pasando con el autismo, que está aumentando en forma exponencial y alarmante. Si agregamos a lo que comemos la exposición a una actividad como el fracking, con antecedentes tremendos, y aparece la epilepsia por encima de cualquier estadística, hay que tomar registros porque todo lo relativo a neurotransmisores es tan delicado como el equilibrio que tiene que haber a nivel hormonal”.
En el 23 de julio René Irurzun, el Vasco, razona: “El fracking genera la enfermedad en el cuerpo que resiste cuando lo acorralan contra el sentido de la vida. Pero es también el símbolo de una tecnología que divide, mete toxicidad, miente, oculta, siembra desesperación, formatea la subjetividad, hace que a nadie le importe nada. Creo que es un error pensar en la salida individual, y también subordinarse y esperar que lo estatal lo resuelva todo”. Ivana: “La gente está atomizada. Por eso estamos reivindicando el encuentro, lo social y grupal”. Vasco: “Un ejemplo es el movimiento de mujeres, que le exige al Estado corporativo, pero no se queda en eso y sigue generando espacios de libertad social”.
En el barrio Progreso Ivana, su compañero Carlos, el Vasco y decenas de vecinas lograron instalar una huerta agroecológica con dos invernaderos, que ya alimenta a unas 300 personas y deja un excedente para venderle a unas 100 más: personas de ese barrio obrero, y otras que hacen kilómetros atraídas por la idea de comer una producción que además de sana es más barata que en las verdulerías convencionales. “Además de la autonomía que implica el autoabastecimiento, el propio trabajo está teniendo un efecto enorme incluso en esos casos de epilepsias y depresiones. Hay algo curativo en el trabajo en común para algo tan concreto como esto, y encima se está replicando en varias casas del barrio” explica Ivana.
Los invernaderos los aportó un productor de plantines hortícolas, Ernesto Wolfschmidt: “Vi lo que hacen, y creo que es fascinante. Yo soy un productor convencional que trato de usar lo mínimo de agroquímicos, pero aprendo de ellos que están haciendo algo natural, por fuera del sistema de las grandes corporaciones que te hacen totalmente dependiente. Es un sistema bastante perverso. Pero estas personas no se quejan, y hacen. Siempre vemos todo mal. Pero acá vemos cosas muy buenas que empiezan en una escala pequeña y se va a hacer grande, porque no vamos a parar”. No sé cómo este viaje pasó del fracking a las lechugas. Y al laurel, porque me cuentan que cuando todo es un bajón, el laurel es revitalizante.
En Allen se aprende que la grieta no es la de los balbuceos de los panelistas televisivos, ni la que define qué mal menor electoral votar en 2019. La verdadera grieta es la que produce miedo vital, indiferencia social y formateo cerebral. La fractura de los territorios y las personas. La atomización. La realidad que intoxica y vampiriza las capacidades humanas.
Pese a todo, en Allen hay personas, grupos y asambleas que no se resignan. Que apuestan cada día a que la vida sea una aventura posible. Lo enseñan en tres palabras: algo hay que hacer.
Nota
MU 214: Mujer maravilla

Ella y sus dos hijos llevan glifosato en su sangre, al igual que muchos y muchas en
Pergamino, localidad contaminada por el agronegocio donde dieron batalla y hoy
protagonizan un juicio histórico contra productores y funcionarios. ¿Será justicia?

Ganar la vida: La historia de (no) ficción de Sabrina Ortiz
Su hijo Ciro tenía 120 veces más agrotóxicos que lo “admisible”. Su hija Fiamma, 100 veces más; ella, 58. Viven en Pergamino, llamada “la capital del veneno”, donde se encontraron pesticidas hasta en el agua de red. Bajo amenazas de muerte Sabrina inició una denuncia convertida en un juicio histórico que está por tener sentencia buscando terminar con la impunidad. La acompaña una abogada de lujo: ella misma se recibió como parte de su lucha, porque nadie se atrevía a representarla. No es una película sino un retrato de la Argentina actual: un modelo de contaminación, enfermedad y muerte, frente a la lucha de las comunidades que no se resignan a un presente tóxico.
Por Francisco Pandolfi

La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich
El teatro antidisturbios del presente: descontrol de las fuerzas represivas, cientos de heridos, detenciones arbitrarias, armado de causas, y un proceso judicial que poco tiene de justicia. Los casos de Milton Tolomeo y Eneas Gallo, aún detenidos por protestar el día de la Ley de Reforma Laboral, hablan de la impunidad con la cual se maneja el gobierno con aval de jueces y fiscales. Lo cuentan ellos, sus familiares y defensas en esta investigación especial.
Por Lucas Pedulla

Década perdida: Marta Montero, mamá de Lucía Pérez
“Estamos como el día 1”. La frase de la madre de la joven asesinada en 2016 remite a aquel año: cuando denunciaron que dos narcofemicidas habían abusado y asesinado a su hija, hasta hoy, dos juicios después, pues la impunidad sigue consagrada. De motivar el Primer Paro Nacional de Mujeres a la decisión que tomó Marta ahora: estudiar abogacía. La injusticia como una tortura y la lucha como un tejido social que sigue en Mar del Plata, con un centro cultural, un bachillerato y un movimiento que no se amilana.
Por Evangelina Buccari

La Cordobaza: 3J y el Ni Una Menos en la provincia de Agostina
La undécima edición del Ni Una Menos llegó a Córdoba con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. La gente salió a la calle bajo la lluvia once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta. Cómo se busca justicia.
Por Bernardina Rosini

El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión
¿Qué explica que una banda que rechazó las reglas de la industria se haya convertido uno de los fenómenos culturales más masivos de la Argentina? Desde la producción de sus discos hasta la organización de sus recitales, desde el vínculo con su público hasta la construcción de una comunidad capaz de sobrevivir a su propio fundador, la historia del Indio Solari y sus grupos también es la historia de una forma de crear, pensar, sentir y organizarse, con la autogestión como herramienta y filosofía de vida.
Por Francisco Pandolfi, Mariano Randazzo y Franco Ciancaglini

Mundo Chueco: Jorge Chueco Romero, sacerdote de Ciudad Oculta
Es cura en Ciudad Oculta. Todos los miércoles acompaña el reclamo de jubilados en el Congreso, donde aguanta los palazos y el gas pimienta. No cobra la asignación de la Curia, sino que vive de su trabajo como obrero y albañil. Una “camicharla” entre los murales del barrio: qué hacer con la vida, Bergoglio, el Indio, el peronismo, y una lista de cosas importantes.
Por Sergio Ciancaglini

El trava power: Las Simbióticas
Nacidas en las sierras cordobesas, mezclan cumbia, humor travesti y compromiso político. Entre canciones, risas y reflexión, sus integrantes reivindican la construcción de redes, la diversidad y la alegría como forma de resistencia.
Por María del Carmen Varela

Ser de luz: Nina Suárez
Acaba de sacar el disco El lado oscuro, donde enfrenta algunos fantasmas y ausencias familiares y amorosas, acaso dos versiones de lo mismo. Lo hizo con un power trío que se suena todo. Ella compone, canta y toca la guitarra de una manera conmovedora y que remite inevitablemente a su madre, Rosario Bléfari. Breve semblanza de una artista capaz de brillar con la oscuridad.
Por Franco Ciancaglini

Crónicas del más acá: GPS
Por Carlos Melone
Nota
La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.
Por Bernardina Rosini
El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.
Lo que no se puede creer
Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.
Varones
Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org
«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.
Dónde está Delicia
Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.
Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.
Justicia sin apellido
Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»
Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.
La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
Nota
MU 213: Movete

Son personas que se organizan y se movilizan para defender derechos de toda la
sociedad. Son quienes sufren palos, gases y humillaciones por estar de pie. Quienes
crean respuestas donde hay impotencia y nuevas palabras para definir el futuro.
Nuestro homenaje: reunirlas y escucharlas.

Mover el mundo: Cumbre de imprescindibles
Jubilados, discas, asambleístas ambientales, travas, familias víctimas de femicidios y el papá de Pablo Grillo: reunimos a quienes se movilizan y no abandonan la calle a pesar de los palazos y de la falta de respuestas. Quienes marcan una agenda por abajo que es a la vez un rumbo y un llamado a la acción, y también a la unidad. Frente a la dispersión, voces que hablan de un horizonte común, más acá de la política partidaria, para repensar la democracia y la forma en que resistimos.
Por Claudia Acuña

Del dicho al hecho: Los crímenes de odio baten récords
En 2025 se produjeron 227 crímenes de odio contra personas de la comunidad LGTBIQ+: 60% más que el año anterior. El combustible: la violencia y discriminación desde el gobierno, empezando por el Presidente, y el desmantelamiento de políticas públicas. La precarización de la vida privada y lo que ocurre cuando el Estado se retira.
Por Evangelina Bucari

Comunicacción: Unión de Medios Autogestivos
Siete medios de todo el país nos reunimos para crear transversalidad, proyectos y compartir ideas sobre cómo hacer periodismo en tiempos mileístas y más acá: el cooperativismo, las comunidades, el territorio, la agenda propia. ¿Cómo crear valor, generar puestos de trabajo y sostenerse cuando todo se cae? Lo que representan estos diarios, revistas, agencias y periodistas todoterreno que resguardan lo mejor del oficio, por fuera de Tik Tok y los streamings de turno.
Por Lucas Pedulla

Ojos bien abiertos: Tadeo Bourbon, fotógrafo
Fue uno de los premiados por el World Press Photo por una imagen que podés ver en la página siguiente. La historia de Tadeo y de aquel día de marcha, represión, golpes y gas pimienta. De la moto, los casamientos y otros empleos, al contexto profesional y a la vez emocional que alimentó ese click al que llamó La Argentina de Milei.
Por Sergio Ciancaglini

Alerta verde: MU en Misiones
Desde que asumió Milei, el precio que se paga a productores y trabajadores está desregulado. Cómo impacta esto en una industria ya precarizada, y lo que genera: éxodo rural, desarraigo, pobreza. Crónica de una época desde un territorio olvidado y en lucha.
Por Francisco Pandolfi

Mondiablo: Juicios contra el Roundup de Monsanto/Bayer
Las pérdidas millonarias de Bayer por las demandas vinculadas al glifosato vuelven a poner en escena una historia que lleva décadas: evidencia científica, fraude corporativo, lobby político y daños sanitarios y ambientales a escala global. Mientras avanzan nuevos acuerdos judiciales y Trump sale al rescate de la compañía, el herbicida sigue presente en cuerpos, territorios y alimentos.
Por Anabel Pomar

Anti algoritmo: Cineclub Mabuse
Hace 25 años que Uriel Barros proyecta películas en Súper 8 en festivales, centros culturales, escuelas, bares y espacios under. Una defensa artesanal y colectiva del cine frente a las plataformas, los algoritmos y el consumo individual. Terror, ciencia ficción, muñecos malditos y películas que todavía necesitan ser vistas.
Por María del Carmen Varela

Monte Hermosa: Josefina Lamarre
Editó el álbum Yin Yang y también le cantó (en contra) al amor extractivista. De la tevé en piyamas a la comedia musical, la perfomance, el Hotel Faena y las coplas chismosas. Lo que surgió de una ducha y la convivencia entre lo tanático, lo erótico y lo vital.
Por María del Carmen Varela

Biblias.
Por Carlos Melone
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«Digan clítoris»
- Datos de la crisisHace 4 días
Una filtración revela quiénes son los miembros de la sociedad secreta fundada por Peter Thiel
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La escena del crimen
- #NiUnaMásHace 3 semanas
Mujeres mapuche: la resurgencia
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Parece que los dioses mueren



































