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Las 4 fantásticas: compañía teatral Piel de Lava

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Cuatro actrices, directoras y dramaturgas. Una retrospectiva de sus quince años, más una obra nueva sobre machismo y extractivismo. Un cuerpo colectivo que capta la sensibilidad de una época. Trayectoria y futuro del nuevo teatro argentino. Esta nota fue publicada en la edición 122 de MU. ▶ LUCÍA AÍTA

“Entrar en silencio: ensayo”, indica un cartel en una puerta del Teatro Sarmiento. Al entrar vemos un pasillo oscuro. El objetivo es llegar a la sala en la que el grupo teatral Piel de Lava se entrena con una misión maratónica: hacer una retrospectiva de todas sus obras, y producir una nueva creación.
Un sonido funciona como guía para llegar a destino. No es el canto de las sirenas que prometen las leyendas, pero es igual de bello: se escucha fuerte y claro que cuatro mujeres se ríen a carcajadas.
Caminamos, entonces, hacia las risotadas. Bingo.
Cuatro mujeres charlan y toman café mientras leen guiones. Son Pilar Gamboa, Elisa Carricajo, Laura Paredes y Valeria Correa, actrices, directoras y dramaturgas. Las cuatro se miran actuar unas a otras, dan indicaciones y se dan aliento mientras usan el nombre de sus personajes como si fueran personas reales. Transforman una sala del teatro oficial en una fábrica de arte que funciona durante más de seis horas seguidas de forma ininterrumpida. Y al mismo tiempo, se comportan como si estuvieran en una reunión en el living de una casa.
Las Piel de Lava no son sirenas pero sí una leyenda. Cualquiera que hable de investigación grupal las tiene como referencia. ¿Por qué? Porque no existen experiencias que se les parezcan en su particular forma de trabajar, producir, dirigir y escribir obras teatrales. Ni con tanta trayectoria, ni con tanto futuro. Las Piel de Lava no son sirenas: son obreras de la actuación. Y el detrás de escena de cualquiera de sus obras es, en sí, un espectáculo.
¿Cuáles son las particularidades de esta leyenda? Piel de Lava es un equipo de creación formado y comandado por mujeres. Son conocidas por ser fieles a la sensibilidad con la que sus cuerpos leen la época y por la forma en la que logran una voz colectiva de escritura.
El tiempo no para
Piel de lava comenzó en 2003 y lleva realizadas cuatro obras, una película y un libro que compila esa escritura grupal. El festejo de los quince años juntas tiene un fixture heroico:

  • Realizar nuevamente sus cuatro obras: Neblina, Colores Verdaderos, Tren y Museo.
  • Dictar un workshop de ocho clases en creación grupal.
  • Estrenar una obra nueva, que ya tiene nombre: Petróleo.

Durante esos días las actrices serán oficinistas, terroristas infiltradas en una banda pop, o mujeres que van a un congreso religioso. Las Piel de Lava dicen que hacer una retrospectiva implica revisitar muchos materiales que fueron producidos cuando tenían otros cuerpos y otras cabezas. “Esto nos llevó a hacernos muchas preguntas sobre qué había que recuperar, qué cambiaba con el tiempo y qué nos motivaba de volver a hacer estas obras”, dice Laura Paredes. “Cada obra habló de lo que queríamos hablar en ese momento y ahora pensamos cómo volver a hacernos esas preguntas hoy. Cómo hacer de nuevo esas obras sin forzar el papel carbónico porque hay otro peso y otra voz en cada una”, suma Pilar Gamboa.
No es la primera vez que este grupo de mujeres reflexiona sobre el paso del tiempo. Pilar, Valeria, Elisa y Laura son las protagonistas de la película La Flor dirigida por Mariano Llinás, un monstruo de experimentación cinematográfica que dura 15 horas y llevó 7 años de rodaje. En La Flor uno de los temas centrales es el registro del proceso del paso del tiempo en el cuerpo de estas cuatro actrices, mientras ellas actúan cinco historias en las que interpretan los roles más variados.
Con respecto a esos cambios, Elisa habla del paso del tiempo como un valor positivo: “Es buenísimo tener veinticinco años pero también está bueno que haya pasado todo lo que vivimos en el medio. Es algo bueno ser joven pero también es buena la experiencia acumulada, y hay que saberla valorar”. Las Piel de Lava reflejan así algo que las mujeres tenemos poco permitido: vivir el paso del tiempo con alivio. “El sistema pide que tapes el paso del tiempo, las arrugas, las ojeras. Y que si sos madre no puedas volver a trabajar. Nuestra forma de producir, en cambio, nos permite no maquillar el paso del tiempo y poder trabajar siendo madre. Mostrarlo ya es dar el mensaje de que nosotras lo estamos haciendo y se puede. Ni siquiera es un gesto apropósito: nos sale así”, dice Valeria, una de las tres del grupo que actualmente están en plena crianza de niñxs pequeñxs.
Las Piel de Lava suman la reflexión temporal al contexto de la marea feminista: no toda empezó hoy y con nosotras. “Los resultados de la lucha feminista empiezan a verse después de años de lucha. Piel de lava es eso: surgen estos resultados y esta forma de trabajo después de años de trabajar juntas. No es de un día para el otro”, dice Pilar.
Es entonces cuando, en pleno contexto de paro internacional y feminismo movilizado, las Piel de Lava le dieron la vuelta y agregaron un nuevo desafío: actuar de hombres.
Machos petroleros                        
“Vamos a ser hombres”, avisa Laura y lo explica en la pregunta de la nueva obra: cómo son cuatro hombres en la Patagonia trabajando en la industria del petróleo. Laura: “Nos pone muy en jaque buscar esos hombres. Lo primero que aparece a deconstruir es el imaginario que tenemos como masculino porque a veces está más cercano de lo que una cree, en una misma. Tiene que ver con ciertos usos del espacio, de la voz. O, por ejemplo, hasta sentarse más cómoda en la silla”.
Elisa: “Lo de travestirnos nos permite investigar el género desde lo físico. Pero las obras siempre cruzaron estos temas porque somos mujeres. Es nuestro cuerpo y nuestra historia lo que se pone en juego al investigar”. Laura agrega: “Todo el trabajo nos tira metáforas tremendas de las que no éramos ni conscientes y que empezaron a aparecer. Como la imagen de algo que perfora la tierra y la hace mierda. Como un sistema que ya fue y que está cayendo”.
Pilar cuenta que para ella es muy interesante permitirse esas preguntas para las que no tenemos respuestas aún. Laura: “Hay que pensar muy bien a partir de este nuevo paradigma cómo no volverse didácticas. Cómo abordamos esto que es nuevo sin generar una nueva moral y sin decirle al público lo que quiere escuchar”.
Es esa búsqueda genuina y grupal la que las llevó a investigar sobre lo más profundo del sistema, que plantean que está muriendo: machismo y extractivismo.
Humor, ansiedad, seriedad
Nos hicieron tantas veces la pregunta: “¿Entre mujeres y siguen juntas?”, dice Valeria con voz de hartazgo cuando se toca el tema de la obra. Y se autoresponde: “Sí, mujeres que trabajan juntas es una fiesta. Es al revés: porque es entre mujeres es que estamos juntas. Y justamente el feminismo es poder sostener esto entre mujeres cuando la vida te pide que te ocupes de tantas otras cosas. Hay que ponerle siempre el valor a tu grupo”. Pilar suma casi a coro: “El mundo te pide que compitas y te pelees, quiere batalla, por eso se sorprenden con la continuidad”.
Cuando tienen que definir cómo funciona el grupo, las Piel de Lava dicen que su motor es la risa y el disfrute que sienten cuando están juntas. “Las ideas al principio surgen por una cuestión lúdica. En el fondo, si nos cargamos de risa es que funciona. En el mejor sentido, el humor es una característica del grupo”, dice Elisa. Pilar acota: “Es lo que nos dice que estamos vivas. Es la nafta. Puede sonar naif pero el motor sigue siendo la carcajada que nos causa la pavada de la otra”.
Valeria: “Se puede entrenar cómo acomodar la pasión entre las cuatro. La pasión tiene que estar”. Laura suma: “Nosotras hacemos teatro porque es el lugar de goce y de disfrute. Aunque eso sea después lo más serio de mi vida. A otros grupos puede ser que los una otra sensibilidad. Es encontrar qué instrumentos toca cada grupo. Eso sí se entrena: es aprender a ver qué agudezas encontrás en las formas de relacionarte”.
Elisa cuenta que otra pregunta que les hacen mucho y les resulta rara es: “¿Quién dirige o quién escribe de verdad?” Y levanta la voz de verdad. “Lo plantean como si la idea de la grupalidad no funcionara o fuera una farsa. Como si en realidad hubiera alguien que toma las decisiones y se oculta. La idea en el workshop es compartir un poco algo de la anarquía que somos, que la vean en acción”. El resto señala que también ven como algo muy machista y retrógrado la idea de que sí o sí tiene que haber alguien que ponga orden. “Hay un erotismo repartido. Se reparte todo el tiempo ese deseo cuando no hay uno que toma las decisiones. Es aprender a ver que la respuesta casi siempre está en el medio entre lo que dice cada una. Nadie gana. Lo que gana es el resultado del trabajo en sí mismo”, dice Pilar.
Un ensayo de Piel de Lava es ver en seguida que se toman esa anarquía muy enserio. Por momentos son cinco personas hablando a la vez. Por momentos circula la dirección y todo se discute en rondas que parecen asambleas. “No hay jerarquías. Es cierto que se tarda más. Pero por ahí haya que tardar más en todo”, dice Elisa y vuelve a una concepción del tiempo distinta a la de las corridas actuales. Valeria remata: “Juntarse y hacer cosas es la única que nos queda. No hay otra salida”.

Las 4 fantásticas: compañía teatral Piel de Lava

Foto: Martina Perosa

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MU 215: Sin chamuyo

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MU 215: Sin chamuyo
Este número 215 de MU ☝️viene con doble tapa, que podría ser una frase: Sin chamuyo, a remarla.




MU 215: Sin chamuyo

Viaje a la vida en el Delta: Y la nave va

Mientras el gobierno nacional privatiza la principal vía navegable del país con un nivel de tráfico comercial gigantesco y opaco, quienes habitan el delta advierten sobre el impacto a una forma de vivir, al humedal que provee biodiversidad, y a una soberanía que se pierde río abajo. Viaje en barco de MU desde el bajo delta bonaerense, para conocer y escuchar a isleños, productores, docentes, ambientalistas y vecinos que resisten otra avanzada sobre un territorio en disputa.

Por Francisco Pandolfi




MU 215: Sin chamuyo

Gonzalo Giles, pensador y comunicador «disca»: Error en el sistema

Gonzalo Giles, activista del movimiento disca que resiste el ajuste.
Es mudo pero logra hacerse oír. Humor, creatividad y política:
“Necesitamos menos caudillos y más gente que construya”.

Es escritor, activista y referente de una generación que convirtió la experiencia de la discapacidad en una potencia de comunicación y acción. Ahora prepara un espacio propio para intervenir en política. Una conversación sobre prejuicios, salud mental, amores, liderazgo, y “lo disca” como una categoría desde la cual pensar –y reconstruir– un país. 

Por Sergio Ciancaglini




MU 215: Sin chamuyo

La dictadura en el delta: Los sonidos de El Silencio

La quinta El Silencio fue un centro clandestino en el que la dictadura escondió en 1979 a 40 personas secuestradas. ¿Cuánto se sabía y cuánto se callaba entre las islas y ríos del Delta? Un viaje a ese paisaje y a esa realidad: la alianza entre una vecina y una historiadora, lo que cuentan los sobrevivientes, los barcos de la muerte y la investigación de chicos de la zona, con sus preguntas y sus grabadores, para entender el pasado y mucho del presente.

Por Lucas Pedulla




MU 215: Sin chamuyo

Violencia policial en Constitución: La ley y el orden

La Policía de la Ciudad asesinó a Víctor Vargas (foto) disparándole tres balazos por la espalda. Intentó ocultar la verdad del crimen pero la investigación judicial detectó a los culpables y se abrió una causa sobre la relación entre la venta de drogas y la complicidad policial. ¿Quién era Víctor? Constitución como tierra de nadie y la violencia institucional contra prostitutas, travestis y quienes tratan de sobrevivir a la crisis de cada día.

Por Claudia Acuña




MU 215: Sin chamuyo

El «Woodstock ambiental» contra los agrotóxicos: De película

Alarmados por los pesticidas y sus efectos de contaminación ambiental y humana, estudiantes y un maestro de una escuela pública cordobesa empezaron a componer canciones. Convocaron tímidamente a artistas, y se sumaron más de 300. Ya hicieron tres discos y un recital en el campo. Una canción para mi tierra es el film que relata esa aventura que empezó en una comunidad, siguió por decenas de escuelas y tiene contagios en defensa del ambiente y la vida desde España hasta el Amazonas.

Por María del Carmen Varela




MU 215: Sin chamuyo

Un biodrama del presente: Puta madre

La obra Putamadre muestra los mandatos, la soledad de las mujeres que crían solas, y una sociedad que las juzga antes de escucharlas. Lejos de la maternidad romántica, humor, amor y la historia real de una madre con su hijo todavía preso: ambos en escena, él a través de una filmación desde la cárcel. Lo que puede el arte para derrumbar prejuicios.

Por Evangelina Bucari




MU 215: Sin chamuyo

La Cogolla: Flor de cultivo

Yael Frida Gutman mezcla cabaret, transformismo, música y humor para hablar de cannabis, autogestión y libertad: una obra que crece desde hace cinco temporadas y convierte cada función en una celebración, una conversación y una invitación a pensar.

por María del Carmen Varela




MU 215: Sin chamuyo

Desentendimiento: Fingir demencia

Sabemos lo que pasa, pero no hacemos nada. La filósofa eslovena Alenka Zupančič escribió Desentendimiento-Una forma perversa de la razón en la crisis permanente, sobre ese rasgo que no es el “negacionismo” y que consiste en eso que llamamos “fingir demencia” (o normalidad). Las fake, el oscurantismo, y los que se creen por encima de la gente.

Por Franco Ciancaglini

MU 215: Sin chamuyo

Crónicas del Más Acá: Parlantes

Por Carlos Melone

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MU 214: Mujer maravilla

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Ella y sus dos hijos llevan glifosato en su sangre, al igual que muchos y muchas en
Pergamino, localidad contaminada por el agronegocio donde dieron batalla y hoy
protagonizan un juicio histórico contra productores y funcionarios. ¿Será justicia?




MU 214: Mujer maravilla

Ganar la vida: La historia de (no) ficción de Sabrina Ortiz

Su hijo Ciro tenía 120 veces más agrotóxicos que lo “admisible”. Su hija Fiamma, 100 veces más; ella, 58. Viven en Pergamino, llamada “la capital del veneno”, donde se encontraron pesticidas hasta en el agua de red. Bajo amenazas de muerte Sabrina inició una denuncia convertida en un juicio histórico que está por tener sentencia buscando terminar con la impunidad. La acompaña una abogada de lujo: ella misma se recibió como parte de su lucha, porque nadie se atrevía a representarla. No es una película sino un retrato de la Argentina actual: un modelo de contaminación, enfermedad y muerte, frente a la lucha de las comunidades que no se resignan a un presente tóxico.

Por Francisco Pandolfi




MU 214: Mujer maravilla

La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich

El teatro antidisturbios del presente: descontrol de las fuerzas represivas, cientos de heridos, detenciones arbitrarias, armado de causas, y un proceso judicial que poco tiene de justicia. Los casos de Milton Tolomeo y Eneas Gallo, aún detenidos por protestar el día de la Ley de Reforma Laboral, hablan de la impunidad con la cual se maneja el gobierno con aval de jueces y fiscales. Lo cuentan ellos, sus familiares y defensas en esta investigación especial.

Por Lucas Pedulla




MU 214: Mujer maravilla

Década perdida: Marta Montero, mamá de Lucía Pérez

“Estamos como el día 1”. La frase de la madre de la joven asesinada en 2016 remite a aquel año: cuando denunciaron que dos narcofemicidas habían abusado y asesinado a su hija, hasta hoy, dos juicios después, pues la impunidad sigue consagrada. De motivar el Primer Paro Nacional de Mujeres a la decisión que tomó Marta ahora: estudiar abogacía. La injusticia como una tortura y la lucha como un tejido social que sigue en Mar del Plata, con un centro cultural, un bachillerato y un movimiento que no se amilana.

Por Evangelina Buccari




MU 214: Mujer maravilla

La Cordobaza: 3J y el Ni Una Menos en la provincia de Agostina

La undécima edición del Ni Una Menos llegó a Córdoba con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. La gente salió a la calle bajo la lluvia once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta. Cómo se busca justicia.

Por Bernardina Rosini




MU 214: Mujer maravilla

El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión

¿Qué explica que una banda que rechazó las reglas de la industria se haya convertido uno de los fenómenos culturales más masivos de la Argentina? Desde la producción de sus discos hasta la organización de sus recitales, desde el vínculo con su público hasta la construcción de una comunidad capaz de sobrevivir a su propio fundador, la historia del Indio Solari y sus grupos también es la historia de una forma de crear, pensar, sentir y organizarse, con la autogestión como herramienta y filosofía de vida.

Por Francisco Pandolfi, Mariano Randazzo y Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Mundo Chueco: Jorge Chueco Romero, sacerdote de Ciudad Oculta

Es cura en Ciudad Oculta. Todos los miércoles acompaña el reclamo de jubilados en el Congreso, donde aguanta los palazos y el gas pimienta. No cobra la asignación de la Curia, sino que vive de su trabajo como obrero y albañil. Una “camicharla” entre los murales del barrio: qué hacer con la vida, Bergoglio, el Indio, el peronismo, y una lista de cosas importantes.

Por Sergio Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

El trava power: Las Simbióticas

Nacidas en las sierras cordobesas, mezclan cumbia, humor travesti y compromiso político. Entre canciones, risas y reflexión, sus integrantes reivindican la construcción de redes, la diversidad y la alegría como forma de resistencia.

Por María del Carmen Varela




MU 214: Mujer maravilla

Ser de luz: Nina Suárez

Acaba de sacar el disco El lado oscuro, donde enfrenta algunos fantasmas y ausencias familiares y amorosas, acaso dos versiones de lo mismo. Lo hizo con un power trío que se suena todo. Ella compone, canta y toca la guitarra de una manera conmovedora y que remite inevitablemente a su madre, Rosario Bléfari. Breve semblanza de una artista capaz de brillar con la oscuridad.

Por Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Crónicas del más acá: GPS

Por Carlos Melone

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La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

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Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.

Por Bernardina Rosini

El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.

Lo que no se puede creer

Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.

Varones

Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org

«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.

Dónde está Delicia

Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.

Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.

Justicia sin apellido

Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»

Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.

La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

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