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Legado Bléfari: historia y futuro de una artista única

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Marcelo Zanelli, Flopa Lestani y la joven Montarosa repasan vida y obra de una amiga y referente. De los escenarios en Cemento a su última entrevista con MU. De Suárez a sus incursiones en el cine y la escritura: breve semblanza de Rosario Bléfari, una artista fundamental que marcó a generaciones. Por Manuel Palacios.

Foto: Lina Etchesuri

«Melodía, yo lo siento, voy a recuperarme con voz, el remedio del misterio en una canción”. “Melodía” es una canción hipnótica, onírica en su simpleza, incluida en Cara el debut solista de Rosario Bléfari en 2001. De una bella melancolía, la canción está construida sobre diferentes capas que conforman un paisaje sonoro de corte surrealista. Y si el surrealismo fue -entre otras cosas- la búsqueda de lo maravilloso en lo cotidiano podríamos decir que toda la vida Rosario Bléfari fue también, de alguna manera, surrealista.

Breve semblanza

La primera vez que vi a Rosario fue en Cemento en 1995. En el marco de un festival de lo que por aquellos años se llamó Nuevo Rock Argentino. Suárez era la primera banda en tocar; el show comenzó con un telón formado por gruesas tiras de papel que cubrían el frente del escenario. La música era una cortina de distorsión y la banda, cuyos músicos aparecieron tocando de espaldas al público, iba quedando a la vista a medida que la cantante iba cortando las tiras de papel con una tijera. Una concepción de puesta en escena que ella traía del teatro y que desconcertó a casi todos los presentes. 

Signo de otros tiempos: cinco grupos conformaron la grilla de ese festival. Con un promedio de cuatro integrantes por banda, Rosario Bléfari fue la única mujer que se subió al escenario aquella noche.

Nacida en Mar del Plata el 24 de diciembre de 1965, Bléfari vivió también de niña en Bariloche pero su música y en gran parte también su poética están ligadas a la ciudad de Buenos Aires. O mejor dicho, a una forma de mirar la ciudad, a una poética de lo cotidiano que nos permite compartir esa mirada de “niña grande” que ella solía desplegar ante cada situación. 

Música, actriz y escritora, con cuatro discos editados con Suárez entre 1994 y 1999, siete como solista, dos con Sue Mon Mont, uno con el dúo Los Mundos Posibles y varias colaboraciones más, Bléfari no solo se dedicó a la música. Actuó en 16 largometrajes, entre los que se destacan la icónica Silvia Prieto (1999), Los Dueños (2013) y la que fue su última incursión en el arte cinematográfico, Planta Permanente, película del 2019 que hasta ahora solo circuló por algunos festivales. Como escritora publicó relatos, crónicas y poemas. También fue una docente de la canción. La noticia de su temprana muerte en la mañana del 6 de julio inundó las redes de mensajes de cariño y admiración, recuerdos genuinos del entusiasmo y la generosidad que la caracterizaron hasta el final.

Aprendizaje permanente

Una de las personas que mejor la conoció es Marcelo Zanelli, guitarrista de Suárez y su amigo durante más de tres décadas. Cuenta a MU: “Rosario transmitía una seguridad que a mí, bastante inhibido, me venía bien. Y de a poco y cada vez más nos fuimos haciendo amigos. Así empezó un vínculo fuertísimo y profundo. Para mí, siempre, casi desde el día que la vi en acción, fue una persona especialmente magnética. Muy inteligente y muy aguda. Sucede que con Rosario, por algún misterio que no se resolverá nunca, la proximidad se producía con una naturalidad y nos sentíamos muy cómodos el uno con el otro. Yo hacía mucho que no participaba en un grupo y de pronto me sumo a Suárez. Había canciones, equipos, instrumentos, sala de ensayo en casa de Gonzalo (Córdoba). Al principio me costó un poco porque no sabía qué aportar. Pero ahí estaba Rosario para decirme tocá, para darme una pista o para dejarme hacer lo que se me cantara. Después empecé a mostrar mis canciones, que siempre se completaban en la sala tocando juntos”.

Flopa Lestani también es música. La cantautora y guitarrista, que en 2018 editó el notable disco “5 finales para el mismo cuento”, conoció a Rosario en los 90 por transitar la misma escena independiente, pero recién en los últimos años estableció una relación más cercana que la llevó a compartir escenarios con ella: “Mi percepción de Rosario como artista está ligada a la curiosidad y a la inquietud. Eso la llevó a pisar fuerte en distintos terrenos como son la actuación, la música y la escritura. Y que pudiera conjugarlos. De alguna manera todo era una convergencia en ella. En un estado de aprendizaje permanente. No es tan común encontrar a una persona con la experiencia y el recorrido de ella que se saliera de ese lugar de “yo me las sé todas”. A mí siempre me gustó de ella que hacía siempre lo que se le cantaba. Hacía camino por sus propios senderos y nunca por las grandes avenidas. Y eso se ve también en su lírica porque muestra un paisaje o un imaginario distinto. Quizá tal vez por eso no fue una artista masiva. No era eso lo que ella buscaba. Tenía la capacidad de alcanzar la profundidad a través de elementos en apariencia superficiales o cotidianos. Era una muy buena observadora. Era una persona diáfana, cálida, despierta, una gran conversadora. Tenía una mirada de las cosas como de una niña sabia. Me alegra de alguna manera saber que a partir de la obra tan contundente que deja haya nuevas generaciones que la conozcan, la disfruten y se nutran de ella a partir de ahora”.

Si hablamos de nuevas generaciones que la disfrutan y se nutren de ella podemos mencionar a Montarosa. La joven tandilense publicó este año un prometedor álbum debut llamado Fuega camina conmigo que no oculta su admiración por la cantante de Suárez: “Pienso en su belleza y su sensibilidad, que son únicas, y en cómo intento hace años que un estribillo abrace tanto como los suyos. Pienso en ella y aparece la posibilidad, diaria, de escribir, de mirar un verso difícil, de tallar un acorde hasta encontrar el sonido perfecto, la melodía justa. Su forma de habitar el mundo de la canción es total, una entrega completa. Esa enseñanza, la de darle todo el corazón a un verso. Pienso en ella en presente, guía de mi cantar desde siempre. Es la electricidad que me hizo armar una banda. Es la imperfección como método para componer o hacer silencio, para hacer de una rama torcida, una obra. La llevo en mis oídos que conocen sus pistas. Como una amiga que desmaleza el camino para abrir el paso”.

Foto: Lina Etchesuri

Canciones eternas

Suárez se separó en 2001 cuando estaban alcanzando cierto reconocimiento y proyección internacional. Ese año se presentaron en un festival al aire libre en la ciudad de Buenos Aires que fue transmitido a todo el país por la televisión pública. Rosario estaba embarazada de su hija Nina y que decidiera subirse al escenario con esa ostensible panza para cantar al frente de una banda de noise-rock motivó bastante revuelo. Incluso de parte de rockeros que intentaron disciplinarla al sugerir que lo mejor hubiera sido que guardara reposo. Pronto llegaría el momento de parir el primero de sus discos solistas, que mencionamos más arriba, donde ella aparece ya despojada de distorsión, con un puñado de canciones que navegan entre la electrónica mínima y sutiles arreglos de guitarras acústicas. La distorsión volvería, tanto en su disco Privilegio (2011) como en muchos de los temas que grabó junto a ese “súper grupo” del indie que fue Sue Mon Mont. Pero siempre en relación a lo que las canciones demandaban. Los arreglos como puesta en escena en función de la historia a contar y nunca como meros efectos especiales.

En 2016 Suárez volvió a reunirse. Motivados por la realización del documental Entre dos luces de Fernando Blanco, la banda volvió a los escenarios para una serie de shows. Marcelo Zanelli lo recuerda así: “Entre muchas cosas una suma de emociones y un descubrimiento asombroso: el cariño y el amor de muchas personas. No sé si se puede generalizar, pero uno no suele tener mucha noción de lo que pasa con lo que uno hace. Muchas gente no había visto Suárez en vivo o eran muy jóvenes cuando lo vieron”. 

En aquella ocasión realizamos una entrevista con Rosario para MU donde contó que ella lo había vivido como una revalorización, incluso propia: “Ninguno quería nostalgia. Lo que nos pasó fue al contrario: no es que vos te vas al pasado, sino que traés esas canciones al presente. Quien le tiene miedo a la nostalgia siente que va a ser chupado hacia atrás. Por lo menos yo tengo esa sensación, como si te olvidaras del momento presente. Pero en realidad muchas veces ejercitar la memoria y el recuerdo es eso. El hecho de que otras personas hayan estado escuchando esas canciones las mantuvo presentes. Entonces es más fácil. Las canciones están ahí”.

Y ahí seguirán, por siempre.

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El Chubutazo: iniciativa popular por una ley antiminera

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¿Nunca más? 100 días sin Facundo

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La desaparición de Facundo Astudillo Castro profundiza la vieja herida de la democracia argentina: cómo -no- se investiga una causa caratulada como “desaparición forzada”. La lupa sobre la Bonaerense. La desinformación como sistema. El Poder Judicial encubridor. El rol del Estado,  y el del gobierno. La memoria de las familias de Luciano Arruga, Daniel Solano y Santiago Maldonado como caminos para construir otras respuestas. Por Lucas Pedulla.

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Technópolis: qué es AgTech, la nueva avanzada transgénica

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