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Gestión del nosotros: el libro de Creciendo Juntos
La Comunidad Educativa Creciendo Juntos acaba de publicar Un proyecto que quiso ser escuela, libro que repasa la increíble historia de esta experiencia de gestión social de Moreno. No lo plantean como modelo ni una fórmula, sino como práctica que narra a través de hechos una construcción permanente de democracia y libertad junto a niños y jóvenes. En tiempos de sombras y autoritarismo, aprendizajes para compartir: solidaridad, autonomía, errores positivos, conocimiento, afecto y participación. Por Luis Zarranz.

Imaginate un viaje en el tiempo, a marzo de 1982. La dictadura sigue en el poder y todavía faltan unos días para la Guerra de Malvinas. Imaginate que estás en Barrio Parque Paso del Rey, Moreno, un barrio de casas bajas, terrenos baldíos y gente trabajadora que empieza a poblar cada vez más el lugar. Imaginate que en la Sociedad de Fomento las y los vecinos discuten propuestas para el barrio y la moción de construir un jardín de infantes se impone a la de instalar una cancha de bochas. ¿El motivo principal? El más cercano queda a veinticinco cuadras.
Imaginate que lo concretan y arranca, nomás, el ciclo lectivo de un jardín que no es cualquier jardín, sino que lo conciben como un proyecto colectivo, tanto en la organización administrativa y en su propiedad social, como en sus prácticas pedagógicas, en diálogo con lo que emerge del territorio. Hablamos de un proyecto autogestivo y cooperativo que procura una integración genuina (ver MU Nº10), donde las discusiones son horizontales y la comunidad educativa es parte central de la toma de decisiones. El objetivo es democratizar en serio y a fondo la educación (imaginate otra vez que estamos ¡en 1982!). Imaginate que todavía hay estado de sitio y otras minucias como personas detenidas-desaparecidas, presas políticas y el terrorismo de Estado está vigente. Imaginate que le ponen un nombre poético y preciso a ese proecto: Creciendo Juntos.
Imaginate ahora que volvemos a este presente que, nos guste o no, nos toca transitar a todxs y el Jardín ya lleva cuarenta y tres años de recorrido. Imaginate que luego del jardín, además, parieron la escuela primaria, en 1990 y, en 2018, la secundaria.
Creciendo Juntos.
Vaya si crecieron…
LA ESCUELA Y LA DEMOCRACIA
Imaginarse las cosas es el primer paso para realizarlas. Ninguna transformación se puede llevar a cabo, mucho menos si es colectiva, si primero no es imaginada, sentida, deseada e, incluso, necesitada.
Algo de eso dice Cristina de Vita, una de sus impulsoras, quien a la hora de reflexionar sobre los orígenes suelta dos palabras, como si fueran piedras lanzadas al agua que generan círculos que se expanden: “necesidad” y “deseo”.
De alguna manera de eso trata esta historia: de cómo necesidad y deseo pueden ser un recurso, o mejor dicho un impulso vital, para que –por más ampulosa, remanida, trillada y cursi que suene la frase– los sueños se hagan realidad.
Creciendo Juntos es una institución (lo dicho: jardín, primaria, secundaria) que no es de gestión estatal ni tampoco privada, sino de gestión social. Cuando surgió ni siquiera aparecía este tipo de gestión contemplado en la ley. Tuvieron que pasar muchos años para que, en 2006, aún con varias deficiencias, la gestión social comenzara a ser reconocida por parte del Estado (Ley Nacional de Educación N°26206).
En esta experiencia, esa impronta se manifiesta en la estimulación de prácticas democráticas dentro del aula (por ejemplo, se pide silencio levantando la mano; la escucha a lxs estudiantes es el punto nodal; las discusiones y problemas se resuelven en rondas de diálogo) y fuera de ella (existe un cogobierno con las familias). Uno de los aspectos centrales es la territorialidad. Eso significa la exigencia de poner el oído a lo que desea y necesita, otra vez, la comunidad.
Aquí, se pondera la concepción del “maestro-militante” y, por ejemplo, hay una Comisión de Familiares de la escuela, integrada por vecinas y vecinos, madres, padres, maestras, maestros. Es decir, es una escuela que no solo está en un territorio, sino que lo constituye y lo construye.

PARIR UN LIBRO
Imaginate que para celebrar las cuatro décadas de esta fabulosa experiencia emprenden la tarea de escribir un libro, de manera colectiva, que ahora está saliendo a la luz (ya está en modo preventa), y que también tiene un nombre exacto: Un proyecto que quiso ser escuela.
“Primero fue la palabra”, dicen que dice la Biblia y en charlas y conversaciones de todo lo que imaginaban hacer surgió una idea, un concepto, que quedó resonando como un eco que encuentra un rincón donde quedarse: no tenemos que dejar que nos escriban; podemos hacerlo nosotros mismos.
“Nos quedó picando la idea”, dice Juan Giménez, director de la escuela secundaria.
Y comenzaron.
Sigue Juan: “Teníamos un montón de cosas escritas: proyectos, propuestas que daban vuelta, hasta que un día pensé que podíamos organizar todo y darle forma. Entonces empezamos con pequeños escritos para empezar a contar esa historia, que es también la construcción de un nosotros”.
Hay un mundo dentro de la noción de “nosotros” y aún más si se trata de la construcción (y no en términos edilicios) de un jardín, una escuela primaria y una secundaria: hay familias, estudiantes, docentes, auxiliares: una comunidad. De ese tejido y de las experiencias y dilemas –pedagógicos, institucionales, de gestión, territoriales– refiere el libro, que sistematiza cada momento significativo, pero no como una sucesión de hechos, sino como aspectos para reflexionar sobre ellos y sus implicancias pedagógicas.
Así, a través de once capítulos, más prólogo y epílogo, Un proyecto que quiso ser escuela repasa los diferentes momentos que atravesó la Comunidad Educativa Creciendo Juntos. Lo hace a partir de reflexiones, preguntas e inquietudes que permitieron que aquel proyecto se pudiera materializar, primero, y con el paso de los años se fuera fortaleciendo, por supuesto, no exento de vaivenes, problemas, conflictos, dilemas.
De esta forma lo plantean en el fragmento que se rescata en la contratapa:
“¿Cuál es la frontera de una escuela? ¿Cómo pensar la relación entre generaciones cuando se está ante una aparente cesura sin resolución entre experiencias históricas tan diferentes? ¿Puede la escuela encontrar su ser en el mundo cuando las condiciones en las que fue imaginada han variado tan radicalmente? ¿Son los reconocimientos públicos y los progresos en materia institucional los que ayudan a enfrentar estos dilemas o se constituyen en obstáculos para asumirlos?”
“En Creciendo Juntos sabemos que estas preguntas no tienen respuestas conclusivas. No hay palabras milagrosas ni modelos pedagógicos que nos eximan de elaborarlas a fondo. Nuestra historia es la historia de estas preguntas. Alrededor de ellas se fue construyendo ese ‘nosotros’ inestable, de contornos imprecisos, que fue el modo de asumirlas”.
“Tal vez lo comunitario sea sencillamente eso: no dejar morir las preguntas, dejarse atravesar por la preocupación y la curiosidad, asumir nuestro carácter inacabado”.
El error constructivo
Dice Cristina: “Nuestro objetivo siempre es poner a la escuela en movimiento y pensarla como algo que constantemente se está pensando, creando, inventando”. Luego agrega: “Narramos nuestra experiencia, no es a título de ser modelo ni nada”.
Juan acota: “No queremos contar ninguna teoría, sino narrar nuestra experiencia, sabiendo que, tal vez, hay escuelas en las que aparecen problemas similares y quizá pueda servir para pensar, como nos sirven a nosotros otras experiencias educativas. En el libro no van a encontrar ninguna receta, no tiene un tono académico, ni nos valemos de lo teórico: la idea es que la teoría sea práctica, parte de esta experiencia, y es lo que venimos haciendo en estos ya 43 años”.
Efectivamente, el libro no arroja conclusiones, sino que todo el tiempo abre preguntas, disparadores, inquietudes. Es decir, enseña.
La palabra cumple, entonces, una función performática: sistematizar la experiencia, todo aquello que debieron sortear, justamente, para crecer juntos. En un capítulo, por caso, puntean algunos de los objetivos que trazaron para el proyecto educativo en el lejano 1982, cuando la democracia aún era parte del futuro. Dice así:
Reducir nuestro poder de adultos.
Demostrar con hechos que con la solidaridad se puede conseguir más que con el individualismo.
Animar al niño a ser cada día más autónomo moral e intelectualmente.
Basar todas las enseñanzas en el principio de “error constructivo”, es decir, admitir la equivocación como un acto del conocimiento.
Lograr que esta institución no sea una escuela para la vida, sino la vida misma.
Sembrar un clima de libertad y democracia que destierre cualquier sombra de autoritarismo.
Lo subrayo, le paso resaltador, le saco foto, pongo “guardar como” y lo atesoro, no como una guía sino como una brújula.
MIRAR, ESCUCHAR, PREGUNTAR
Actualmente, la comunidad educativa de Creciendo Juntos está conformada por alrededor de 450 familias. Una niña o un niño puede comenzar su trayectoria educativa allí a los dos años, en el jardín, y concluirla a los dieciocho, egresado del Bachiller con orientación en Artes Visuales.
La escuela no es ajena a las situaciones que ocurren en el territorio, ni un fragmento de aquello. En las páginas del libro se narra con claridad cómo se fue construyendo –cómo se construye– ese diálogo con el territorio, con las familias, con otras instituciones, con la época: “La Comunidad Educativa con el tiempo se transformó en una referencia de ese encuentro entre el territorio y la escuela, donde lo que ocurre afuera de la dinámica institucional pasa a ser materia de su propia preocupación y de una reflexión inherente al proceso educativo mismo. Adentro y afuera no son dos términos excluyentes sino dos dimensiones de lo mismo: la vida de los pibes en su barrio”, puede leerse en el libro.
Es Cristina la que ahora pide la palabra: “Yo creo que nos ayudaron tres verbos: mirar, escuchar y preguntar. Creo que ahí está el asunto”. Con esos verbos como premisa, Creciendo Juntos procura que las pibas y los pibes se encuentren. Sigue Cristina: “Tenemos espacios que son rondas de convivencia, que las hacemos cada quince días, y donde se habla mucho, se plantea un problema, se pregunta, se buscan soluciones genuinas, se intercambia, se promueve la cooperación. Está todo bien, pero si vos habilitás las condiciones, te pueden gustar los valores cooperativos, pero cada unx se agarra de lo suyo. Entonces intentamos ponerlo en práctica y en valor. Acá, por ejemplo, las chicas y los de primaria comparten los materiales, no hay cartuchera individual”
Continúa con una pregunta: “¿Qué es vivir lo colectivo? ¿Qué es cuidar lo de todos y los de todas?” Nuestra respuesta está en la práctica. Por eso digo, mirar, escuchar, preguntar. Y con lo que aparece todavía nos seguimos asombrando, y está bueno asombrarse, como hacen los niños y las niñas”.
PONÉ REC
Como si todo fuera poco y nada, en 2011, Creciendo Juntos parió la Radio Escolar Comunitaria (FM REC 89.5) en la escuela. Una emisora escolar, con fines pedagógicos y de comunicación, con relevancia para el protagonismo juvenil y perspectiva comunitaria.
En el capítulo que refiere a esa experiencia se afirma: “La radio nos abrió un nuevo camino para reformular el formato en la escuela a partir de una escucha abierta y porosa con el barrio y la comunidad. Si la escuela tenía mucho que aprender de las jóvenes generaciones, había que procurar los medios para que eso sucediera”.
“Cada experiencia, por fuera de lo escolar, pero dentro de la escuela, tejía otras relaciones con lxs adolescentes y asimismo generaba la construcción de una nueva empatía que les ofrecía la escuela misma como espacio de experimentación. Esa escuela viva, a partir de esos pliegues creativos, era la que marcaba el pulso y dibujaba un horizonte de qué puede una escuela en el contexto contemporáneo”, plantea el libro.
Juan suma otro dato para comprender esa interacción: “En la actualidad viene gente del barrio a hacer programas y los chicos y las chicas también ponen su voz ahí”. Otra cuestión se refiere a la actitud: “Creo que es importante dejar que la escuela no se amuralle, sino que esté abierta a la gente que la habita. La escuela es eso, no las paredes”, explica Cristina. “En alguna época tendremos más viento a favor, en otra irá más lenta, nos tendremos que correr al costado algunas veces, como ya nos pasó también. No todo fue viento en popa. Es la vida, me parece”.
A la hora de reflexionar sobre los próximos desafíos, Juan sostiene: “Que la escuela no se coma el proyecto, porque justamente lo interesante de una escuela de gestión social es cómo interviene la comunidad. Si no está la comunidad, si la comunidad no participa en las decisiones, si no participan las pibas y los pibes y solamente las decisiones las tomamos nosotros, no hay una verdadera comunidad educativa”.
Luego es el turno de Cristina: “Y tiene que ofrecer un espacio para pensar, para que no sea lo mismo lo que te dé una máquina o la inteligencia artificial. En estos tiempos de la rapidez, de la inmediatez, hay que volver a encontrar la escuela. Poder encontrarnos con una persona, discutir, enojarnos, pelearnos, no estar de acuerdo en ciertas cosas, pero poder encontrar aquellos puntos en común que nos permitan seguir avanzando”.
Es decir, seguir Creciendo Juntos como una manera de vivir.
Libro: Un proyecto que quiso ser escuela
Valor: $15.000
Alias: creciendojuntos2025
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