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Masi Mamani: elogio de la basura
La jujeña quedó seleccionada entre 60 artistas para realizar una residencia en el espacio Planta Inclán, de Parque Patricios. Su trabajo aborda la identidad nacional y originaria, desde la música y la expresión corporal, de una manera original y potente que rompe los moldes del estatuto del arte, de la belleza, de la masculinidad y de lo colectivo. La potencia de esta artista que crea arte con lo que los demás desechan. Por María del Carmen Varela.

Los ojos abiertos, la respiración vibrante. Sobre la tierra seca, una chola está acostada boca arriba. La música comienza, un latido la empuja y la pone de pie. El rosa viejo y el celeste de su vestuario contrastan con las terracotas de los cerros detrás. Las trenzas negras y largas, los flecos y el sombrerito bombín le imprimen color y movimiento a un paisaje de ensueño salpicado por el deterioro. Suena en las voces de Susy Shock y Mariana Baraj Ramita Seca, La colonialidad permanente, de la cantante, compositora y charanguista de raíz quechua Aldana Bello. Esta vidala habla de venta de bosques, de paisajes quemados, sequías, deforestación, plantaciones de soja, de mujeres prostituidas y niños durmiendo en la calle. “La tierra agujereada, implosionada y torturada. Los suelos muertos de toda la Argentina. Glifosato hasta en la sopa, lo que como contamina”, recita la rapera patagónica Sara Hebe mientras la chola continúa su danza entre los escombros con una máscara antigás y se oye lo inevitable: “Cuando explote todo esto, va a escucharse otra vida”.
Masi Mamani bailó en este video a través de su personaje drag queen Bartolina Xixa, lo subió en 2019 a su Facebook y tuvo gran repercusión. El escenario para su danza a cielo abierto fue la Quebrada de Humahuaca, entre Posta de Hornillos y Maimará, zona intervenida por la desidia. Un enorme basural empaña la belleza del paisaje y ni el título de Patrimonio de la Humanidad que recayó sobre este lugar norteño en 2003 impidió que se arrojaran toneladas de desechos. Bartolina Xixa recorre el territorio y su corporalidad inquieta se nubla por el humo traído por el viento. Cada tarde la basura es prendida fuego. Los párpados de Bartolina pintados de celeste, unas largas pestañas multicolores, la boca roja y brillante y las moscas invadiendo el rostro en un primer plano que testimonia una realidad tóxica. “Somos la basura que este higiénico y pulcro mundo no quiere ver”.
Bailar en el basural
Bailarina, docente, performer, Masi proviene del Pueblo nación Kolla. Se nutrió del folclore, cuestiona el colonialismo y la discriminación y propone herramientas del arte a favor de la identidad, la cultura ancestral andina y la disidencia sexual. Nació en Abra Pampa hace tres décadas y a los 4 años se mudó a Tilcara. “Es hija de la frontera”, dice acerca de Marisa, su madre, quien fue adoptada por una familia jujeña y suponen que nació en Bolivia. “Fue regalada”. Con respecto a Esperanzo, su padre, cuenta que nació en un lugar ubicado a una hora de La Quiaca que fue poblado por su familia y al que sus bisabuelos llamaron El Tolar. Algunas tardes Masi y su mamá iban caminando hasta el basural para ver qué encontraban. Solían llevarse latas “con flores, bien bonitas” para hacer macetas. De esas exploraciones surgió su idea de realizar un video bailando en el basural. “Todo lo que se graba en la Quebrada siempre tiene esa mirada romántica del indio alegre en un lugar bonito. La intención era bailar en este espacio de descarte. Así es realmente como está La Quebrada”. Las apachetas son montículos de rocas construidos como ofrendas y se encuentran en zonas andinas. Masi alzó apachetas de escombros. “Esas materialidades que no vuelven a la tierra de una forma orgánica como la madera, las piedras, sino que llevan el nombre de basura. Son objetos a los que no les vemos utilidad. Encontré mucha más familiaridad con estos objetos improductivos que con los productivos que la lógica de este sistema quiere que aspiremos. Por eso me es más familiar bailar en la basura”. Masi explica lo que sucede cuando el turismo exige lo que considera autóctono: “Las vestimentas típicas y otros elementos han sido gentrificados, por eso están caros. Si tú quieres construir tu casa con adobe, es más caro que el ladrillo hueco. Entonces hacemos las casas anaranjadas en Tilcara y el turismo se enoja porque quiere ver la casa tradicional de adobe. Empieza a pasar este fenómeno. Hacer un poncho tradicional lleva mucho tiempo y es caro. No tenemos ni tierra para criar llamas y sacar la lana para los ponchos y encima después te piden que tú justifiques tu indianidad vistiendo el poncho que no puedes hacer porque ya no tienes la llama”.
A los 5 años Masi descubrió la danza gracias a la profesora Estela, que abría las puertas de la sala de su casa e invitaba a todxs lxs niñxs a bailar. “Desde ahí no he dejado de bailar. He probado otras cosas, he bailado otros ritmos, he ido por otros lugares, pero no he dejado de bailar folclore”, aunque reconoce que es un terreno con mucho por desandar. “A veces bailo de gaucho, es la ficción que pide el folclore en el paisaje que quiere construir y me pongo a disposición”. Si de bailar se trata, Masi decide poner el cuerpo y apelar a la memoria. En el taller que vino a compartir surgieron experiencias en las que los cuerpos recuerdan sus primeras danzas. Encuentran anhelos, nostalgias, deseos y también violencia, como una forma de reconocer las propias heridas. “Los maltratos quedan impregnados en nuestros cuerpos. La idea es ir por ese lugar, que la gente se encuentre, se lea y diga “Yo soy esto, esto ha pasado en mí”. Hay una conversación bien gozosa, de mucha verdad. Se ha vuelto político el taller porque la gente encuentra así su verdad y necesita decirla, compartirla. Eso está en la memoria del cuerpo, los músculos, la carne, los tendones están hablando”.
Trans-mutar
Con el deseo de buscar otras femineidades más parecidas al mundo andino, Masi creó su personaje drag queen Bartolina Xixa, inspirado en Bartolina Sisa, la líder aymara de la resistencia indígena contra el colonialismo español que fue asesinada en 1782. “Mi madre traía libros de Bolivia para vender en el mercado y ella me ha dicho: ‘Te voy a comprar una pollera’. Así arranqué con la chola. Yo bailaba folclore tradicional, de varón, en el circuito de esa ficción heterosexual romántica del folclore. Quería hacer otra cosa y empecé a hacer drag”. En el video de Ramita seca, Bartolina está vestida de chola: “Más pulcra y todo el alrededor era basura. Ahora me sigo vistiendo de chola pero mi ropa está hecha con basura”, dice. El año pasado Masi decidió ponerle fin al derrotero de Bartolina. “El personaje servía un poco como Cajita Feliz. Era indio, travesti, del interior, morochito, tenía todos esos elementos que el arte tenía mucha sed de consumir. Sentí que se lo había tragado y me he peleado con mi obra”. Entonces decidió terminar con Bartolina Xixa y armó la obra El Funeral. Con sorpresa y hasta un poco de indignación, muchxs le preguntaban por qué iba a matar a su personaje. “En el mundo andino el funeral es un proceso de transición. No es un final. Yo estaba feliz de transformar esa energía y transmutar hacia otro lugar”.
Peleada con su personaje, Masi no tenía muchas ganas de hacer arte, hasta que pensó: “Tengo que trabajar” y buscó espacios donde habitar procesos creativos colectivos. “A veces el arte es un fenómeno de la propiedad privada. La autoría es propiedad privada. Entiendo al arte en el mundo occidental como una empresa. En esa empresa yo estoy de empleada en negro, me tienen tercerizada”.
En 2024, junto a la artista travesti de Humahuaca Quillay Méndez, Masi forjó “El último rito: la civilización ha muerto”, una performance que remite al monopolio de la violencia. “Los cuerpos se ordenan por tamaño y color. La última danza de rito antes de que la violencia vuelva a provocar el choque. ¿Bailar o agarrarse a piñas? Esa es la provocación”. Ambas reflexionaron acerca de que hay cuerpos habilitados para golpear y otros que no. “Este mundo ha creado ese tipo de políticas de formar ejércitos para pegarle a otros cuerpos y que se les pague por eso. ¿Quién es el dueño de violentar y cómo nos podemos defender?”. Lxs jubiladxs son hoy en día esa porción de la sociedad que encarna esta situación. “Esta vorágine de producción imagina esos cuerpos como descarte. Esos cuerpos ya no son productivos para la sociedad y no se reconoce la memoria”.
El mundo está feo
Con su propuesta artística Masi llegó a México, Alemania, Austria, Brasil, Bolivia y Bélgica y de alguna manera pudo comparar las distintas “formas de ordenar el mundo”.
Del norte del país destaca:
“Que la gente toma la calle. En las ciudades hay cemento, hay orden, es más difícil tomar la calle y está mal visto. Hay normas de cómo los cuerpos deben moverse. El proceso civilizatorio es bien duro y no nos damos cuenta de lo tóxico que puede ser”. ¿Qué te sirvió para deshacerte de todo eso? “El té de coca —ríe Masi— y bailar. Románticamente diría bailar. Bailar con enojo, con tristeza, con frustración. Bailar y ganar. Bailar y perder. Hacer algo que te haga sentir creativa”.
Evoca el Carnaval por su esencia comunitaria. “El fenómeno creativo es colectivo. El Carnaval no es un diablo, sino muchos. Hay algo bello en la masividad. ¿Cómo podemos provocar que haya mucha gente haciendo algo que tenga que ver con la creatividad? Que la calle sea un fenómeno creativo vivo, no encerrado en un teatro oscuro, sino que tenga sol, ruidos”.
Masi describe su punto de vista con respecto al arte que está encapsulado en otras lógicas que distorsionan su espíritu: “La industria artística ha monopolizado la creatividad”, asegura y da argumentos. “El proceso creativo en otras culturas es diferente. Muy diferente a ‘ Yo soy el artista y todos tienen que estar 40 minutos sentados en una butaca en silencio ’, como si quisiera tener toda la atención en algo que solamente yo me he mirado el ombligo para crear. El mundo occidental ha creado este fenómeno de hacer teatros, que la luz y el sonido de afuera no entren, que esté pintado de negro. Por lo menos donde yo vivo, son de carácter público. Ves la danza en la calle, en otra calle puede haber personas, una bici, perros, y eso hace que el fenómeno creativo tenga vida. No es encerrarlo en una caja negra. Permite que el público esté cómodo, que pueda mirar, que la atención no sea obligada. Es más amable con el público y se puede interactuar más. Esas relaciones son interesantes para empezar los procesos creativos, para sentirse parte también”.
En julio se postuló a la Residencia de Artes Vivas Sur Sur junto a más de 60 participantes de todo el país y quedó seleccionada de la mano de su proyecto “Hacia los territorios inmateriales de los cuerpos despojados”, que tuvo lugar en el espacio Planta Inclán, ubicado en el barrio porteño de Parque Patricios, desde fines de octubre hasta mediados de noviembre. Masi buscó sembrar preguntas acerca de la identidad nacional y originaria desde prácticas corporales y musicales y la elaboración de materialidades ancestrales con basura. ¿Por qué trabajar con lo que otrxs desechan? “Yo trabajo con la basura porque es el único elemento que el mundo occidental sociabiliza. Ellos producen ganancia y después dejan el desecho y el desecho sí es de todos. De la basura nos tenemos que hacer cargo todos. La basura no desaparece, la entierran, la queman”. Entonces Masi la rescata y la transforma. Hace ponchos de plástico, polleras de lona, instrumentos musicales con cajas de cartón, mantas con bolsas, sombreros con gomas de autos “como un mensaje de esperanza, un mensaje de futuro”.
Sin pudor, Masi asegura: “Mi obra es un poco fea”. Cuenta que su madre la mira trabajar y a veces no sabe bien si elogiar o no los objetos que fabrica. “Está bueno salir de lo bello y provocar otras situaciones. Mi madre piensa y dice: ‘Eso que hiciste está feo’. Pero realmente está feo el mundo. En el arte sobre todo está bien marcado eso. Lo bello parece que siempre es lo limpio. Yo voy por las estéticas de lo deforme, lo feo, lo sucio. Es un elemento bien difícil la basura porque la gente le tiene asco. Entonces está bien que no siempre visitar los lugares del arte tenga que ser una experiencia de la belleza, sino provocar otra situación. Me gusta la basura como elemento de provocación”.
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