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Sin berretines: Lo que nos cuenta la cárcel

Estudiantes de Sociología y Trabajo Social que cumplen condena en la cárcel de San Martín comparten sus reflexiones sobre la libertad, el encierro, y la actualidad más acá de las rejas. ¿Cómo funciona lo narco? ¿Qué implica buscar plata fácil? Lecciones sobre educación, berretines y prejuicios, el sentido de la vida, y la teoría de la bobalización.
POR SERGIO CIANCAGLINI
Jazmín dice que no se arrepiente de nada, que quiso tomarse venganza, que después de lo que llama “el hecho” vivió de un modo en el que se creyó la mujer de Pablo Escobar, y que ahora encontró formas de libertad inesperadas aunque todavía podrían faltarle diez años de condena.
M. cuenta que lo suyo solía ser el odio y el rencor, que su vida completa fue un tejido de delito, armas y violencia, y que el problema es cuando uno no tiene palabras para pensar y expresarse.
Nico me explicó cómo lo narco se está adueñando no solo de lo delictivo sino del sistema entero, incluido el supuestamente legal.
Las charlas ocurrieron un poco carambólicamente en la Unidad 48 de la cárcel de San Martín en la que funciona desde 2008 el CUSAM (Centro Universitario San Martín) donde actualmente se dictan las carreras de Sociología y Trabajo Social. MU y la Cooperativa lavaca fueron invitadas a mostrar sus revistas y libros y –acaso esencialmente– a compartir palabras, sándwiches y unos mates.
Estar allí es siempre un choque y una paradoja: el golpe metálico de las puertas cerrándose, las torres de vigilancia, los cercos de alambrados eléctricos, las rejas, las personas de guardia y las detenidas, la sinuosa creencia según la cual, fuera de esos muros, se está o se es libre.
La invitación provino de Ernesto Lalo Paret, ex niño ciruja, referente de las empresas recuperadas de la zona que –junto a su ya fallecida amiga, vecina y compinche Lorena Pastoriza– impulsó mucho de lo que existe allí: el barrio 8 de Mayo hecho sobre la basura, cooperativas de cartoneros y recicladores alrededor de las quemas y el CEAMSE de José León Suárez, toda clase de iniciativas barriales y comunitarias, bibliotecas populares como la de la villa La Carcova (sin acento) creada por el ex preso, estudiante del CUSAM y luego sociólogo Waldemar Cubilla.
Eso y tantos etcéteras forman un universo que Lalo y Lorena alguna vez bautizaron Quemaikén: el parque temático de la pobreza (en www.lavaca.org hay infinidad de materiales). Allí latió el germen de conectar a la Universidad de San Martín con la cárcel.
“Los que estaban adentro eran conocidos, amigos o familiares de la gente del barrio. La frontera era medio floja entre el adentro y el afuera” dice Lalo.
De esa alianza insólita de vecinos, universitarios, cartoneros y presos surgieron muchísimas cosas, incluyendo este CUSAM por el que MU ha pasado varias veces en esa zona del río Reconquista que está mapeada en un mural de la propia cárcel, también construida sobre un basural.
Hay actualmente 103 estudiantes (75 hombres y 22 mujeres), 17 cursando el ingreso, 10 en la Diplomatura de Arte y 100 en proceso de alfabetización en el que intervienen como docentes los propios detenidos.
Se creó además la biblioteca Juan Gelman y la radio Mosquito, homenaje al fallecido Oscar «Mosquito» Lagos, uno de los huéspedes de la cárcel que más influyó en que todo esto exista. Mosquito había explicado hace tiempo a MU: “Esto es como la flor de loto, que nace del barro y la basura”.
Estas son charlas nacidas entre el azar y la cortesía, entre documentales y presentaciones, como para romper alambrados y hielos, compartir historias y testear cómo se ve desde aquí adentro la propia vida y el considerado mundo libre.

¿DÓNDE ESTÁ EL PODER?
“Estoy detenida hace casi 8 años y me faltan 7 todavía” dice con una sonrisa tímida M (solo así la llamaremos). Tiene 27 años, es barbera, y estudia Trabajo Social. Las mujeres que intervienen llegan desde las Unidades 46 y 47 de la cárcel de San Martín.
Entre el antes y el ahora uno podría imaginarse dos M. “Sí. Re. Yo vivía en un estado natural extremo. Mi papá estuvo casi toda la vida preso, ya no. Crecí en esa ambientación. ¿Qué herramienta vas a usar si no conocés otra? Las armas. Toda mi vida fue violencia, odio, rencor. Lo mío era no hablar, o hablar desde lo físico, el golpe, la violencia, la jerarquía. En la lógica carcelaria una herramienta es un fierro o un arma corto-punzante. Acá ves otra cosa: un libro, aprender. O hablar, aunque parezca raro”.
No parece raro el relato: “Vine por un robo con homicidio, pero me saltaron otras causas y me unificaron la pena en 15 años. Y acá salí de la normalidad que vivía. Fue una lucha conmigo misma, porque son identidades que uno tiene. No es que esas identidades se fueron. Están dormidas. Me gustaría que se fueran pero… Es contradictorio lo que te digo, pero es enriquecedor saber que viniste de ese pozo y hoy lograste mejorar, ayudar, colaborar con otros cuando antes no podías vivir ni con vos mismo. ¿Me explico?”.
La clave: “Acá empecé un proceso de querer cambiar y formarme, más que nada por mi nena de 9 años. Y por mi hermanita de 15, y mis padres. A él le afectó mucho saber cuando yo caí. Y a mí me tocó el alma que mi nena tuviera problemas por lo que me pasó. Entonces pensé: todo lo malo tiene que servir para que se corte el linaje familiar, que no se reproduzca. O sea: salir de la caverna”.
M. no se refiere a la cárcel: la caverna es la normalidad que venía llevando. (Una duda molesta revolotea mientras la escucho: ¿habrá también una caverna en mucha normalidad no delictiva?)
Descubrió otra cosa: “El mayor poder es saber. Yo no podía ni hablar. Saber hace que encares la vida de otro modo. El Servicio Penitenciario necesita ignorante al preso, para que no sepas tus derechos ni cómo manejarte. Y lo mismo pasa afuera con el sistema político y social. Cuando uno está menos informado, tienen más poder sobre uno. Estás como ciega. Saber te abre los ojos”.
¿Qué es la libertad? “Es poder ser libre física y mentalmente. No hay mucha libertad, porque hay mucha manipulación por los medios de comunicación, me parece. Entonces la gente está como dormida. Y también usan nuestras debilidades para ponernos en contra entre nosotros mismos”.
Sobre lo narco en la delincuencia y ciertos crímenes perceptibles: “Siempre el chorro fue la mayor jerarquía. Pero hoy el narcotráfico manda hasta en el sistema carcelario, no digo aquí pero sí en general. Tenés chicas como las que mataron (Brenda, Morena, Lara) que no saben dónde se meten ni cómo las usan”.
Dice que le gustaría al salir tener un negocio, terminar sus estudios y que eso le abra otras posibilidades de trabajo. “Sabemos que tenemos muchas limitaciones por los antecedentes penales y encima por la crisis económica. Por eso es buenísimo tener distintas formaciones. Si Dios quiere me darían las salidas transitorias el año que viene. Y si no, bueno, seguiré hasta 2032 de la misma manera. Es una oportunidad única para crecer, nutrirme y cambiar esta historia”, comenta mientras parte a ver un documental sobre uno de sus compañeros que cumplió condena y fue liberado.
FACAS, SHAKESPEARE Y NARCOS
Hay un cartel en la entrada del CUSAM: “Sin berretines, amigo”. Nicolás Machado –gorra negra, remera blanca, camisa leñadora– lleva media vida preso, 16 años, y cumplirá su condena en 2026: “Sin berretines quiere decir sin mambos, caprichos, mañas, trampas. Y sin prejuicios. Puede ser un guardia que no quiere estudiar con un preso al lado, o un preso que no quiere ni cebarle un mate o saludar a un vigi. Es un término tumbero, pero el cartel te diferencia la lógica del CUSAM con la lógica carcelaria”.
El detalle es crucial: en esta carreras pueden estudiar tanto reclusos como sus guardias (hay 6 actualmente), lo que ayuda a transformar el ambiente interno no por discursos bienintencionados, sino por otras formas de convivencia.
“Para mí la policía fue siempre la yuta, como el enemigo. Y yo me defino también por mis enemigos. Acá en cambio somos compañeros, se alteró el paisaje. Un lazo social distinto. Con la educación y sacando los berretines se arma otra cosa: tratar de cambiar no solamente como persona sino también como comunidad”.
Dato técnico: los niveles de reincidencia se calculan del 30 al 60% a nivel nacional (según fuentes un tanto dispersas), pero se desploman hasta prácticamente desaparecer entre quienes intervienen activamente en este tipo de experiencias en las cárceles.
Nico da clases de Historia y está arrancando con su tesis para Sociología. “Yo siento que este espacio me salvó la vida. No romantizo el CUSAM en sí, sino la educación. No solo como contenido que se aprende, sino como intercambio, vínculo, contacto con los demás y con el mundo que hace que a vos te reconozcan desde otro lugar. Te reconocen como estudiante, o por tu trabajo, o por el título que te dan. Entonces esa identidad que traías se transforma, vas pariendo algo distinto”.
Nico lleva cicatrices de aquella identidad. “Me cortaron la cara en la Unidad 46, tengo escopetazos de la policía acá en las piernas, puñaladas… Y pensaba ¿cómo voy a estudiar en cana? Y acá estoy, te puedo decir que la educación no solo te hace cambiar como persona sino ser rebelde desde otro lugar”.
¿Qué lugar? “Entender que rebeldía no es tener una faca y agarrarte a puñaladas. Eso es lo más funcional para que el sistema justifique la violencia, que haya más tiros, más cárceles y una industria del miedo con leyes y códigos penales como quieren sacar ahora. Pero en este contexto ser rebelde es leer a Shakespeare, o a Borges o a Bourdieu. Porque empezás a salir de la ignorancia. Hay pobres económicos, pero hay pobres de salud, de alimentación. Y también de educación y cultura”.
Le cuento que acabamos de publicar un libro sobre femicidios y narcotráfico. “El delito siempre te enseñan que es contra la propiedad privada. Las personas robaban bancos, blindados, countries, camiones, autos. ¿A quién lastimaban? A gente de clase alta, o a gente que posee cosas. Pero el delito fue cambiando. Hoy las víctimas son también los pobres, que son a los que les venden la peor droga. Pero cambió otra cosa: el transa o el narco no van a robar a un banco, a un country, a una casa.
Entonces el empresario dice: prefiero el narco al chorro. El narco no me va a arruinar la empresa, es más, capaz que me compra una casa en el country, o un auto de alta gama, o viajes, y pone la plata en el banco. No me ataca, no hay un fierrazo: cuando hay violencia narco es entre bandas. No es la boleta de un ingeniero o un empresario: es la boleta de tres pibas de barrio.
Para el sistema esos son daños colaterales mínimos. Y cuanta más violencia de esa hay, más justifican la policía, las cárceles, agarran a unos perejiles, te pasan boludeces en televisión y se quedan todos tranquilos. Mientras tanto el negocio narco no para de crecer porque es inofensivo y funcional al sistema y a la propiedad privada. Por eso tenés encima una narco y vender droga”. Llaman a Nico a participar en una charla, pero antes se fotografía junto a un cartel pintado a mano con letras amarillas sobre una placa negra: “La mejor arma es el saber”.
TEORÍA DE LA BOBALIZACIÓN
“No me contextualizo en la cárcel” dice Jazmín Helfin, 23 años, mirada serena (“un poco la impulsividad sigue estando”, ríe), campera blanca y negra. Habita el pabellón de autogestión, hace trabajos de mantenimiento y cursa el ingreso a Sociología.
Breve historia: infancia en Entre Ríos y luego en Pilar. “Seis hermanos, mi papá nos tomaba medio de peones con la cría de animales y cortar leña. Me independicé a los 16 y vendía frutillas a la salida del country Cañada del Pilar y trabajaba de doméstica”.
El hecho: “Una persona a la que le di trabajo me robó todo. Era adicto. Quise vengarme. Yo tenía 18 años. Subió a un remis conmigo, y entonces dijeron que era secuestro extorsivo porque yo reclamaba que me devuelva la plata. Quería que se arrepintiera. No le hice nada. Otras dos personas que estaban conmigo después sí lo violentaron, pero terminaron acusándome a mí. Es mentira. Y de lo que hice, no me arrepiento de nada. Yo entiendo a la gente que quiere que los chorros vayan presos, porque a mí me pasó”.
Antes de caer presa en 2023, Jazmín estuvo en pareja: “Yo había estudiado Derecho en la UNPaz, pero andaba de acá para allá porque no sabía si la policía me estaba buscando. Conocí a este hombre de 30 años, en plan súper empático y libre. Era narco. De la nada, quedé embarazada. Yo me creía la mujer de Pablo Escobar. Él comercializaba y no se drogaba, y yo tampoco entraba ni en el comercio: era la mujer y punto”.
¿Qué pasó? “Me había acostumbrado a la plata fácil. Pero empecé a ver mucha cosa fea, tiros, muertos. Estaba embarazada y pensaba que estaba asegurándome el futuro. Pero nació Mateo hace tres años y me estalló todo. Creo que él me dio vida a mí, y no al revés. Entendí que tenía que salir de esa vida, independizarme, y ahí el padre de mi hijo empezó un círculo vicioso de violencia-amor, violencia-amor, y llegó a apuñalarme y torturarme de muchas maneras. Te toman como propiedad de ellos.
Iba toda golpeada a las comisarías, pero nada. Yo no creía mucho en lo de la violencia contra las mujeres. Se me cayó el velo cuando lo viví en carne propia. Y en ese momento caí por el hecho anterior. Te digo la verdad: agradecí estar acá y no muerta”.
Dice Jazmín que ahora entiende que no le importaba mucho la vida. “También entendí que la maldad no se paga con maldad”. Le plantean 12 años y medio de prisión de los cuales cumplió dos, aunque pronto habrá audiencias para ver si se confirma esa condena. De todos modos dice: “No me arrepiento”.
Se restableció la relación familiar y su mamá está a cargo de Mateo. Lo que ve desde la cárcel: “Hasta hace unos años trabajabas y vivías. Ahora veo que la gente no puede. Aunque trabaje la familia entera no alcanza, no se puede vivir”.
Ella misma ha contribuido a este tipo de economía: “Voté a Milei en la primera vuelta. En la segunda no, porque me detuvieron antes. No lo iba a votar porque vi que lo que había hecho era agarrarnos con esto” dice mostrándome su celular. “Esto es la bobalización de la gente, mucho Tik Tok, mucha boludez, y el chabón se dio cuenta de que por ahí podía entrarle a gente muy joven. Yo misma. El gobierno anterior había sido horrible, y medio jugando votamos al chabón. Pero los muy jóvenes somos muy influenciables. Ni siquiera sé si está bueno eso de que votemos a los 16 años, cuando no sabemos nada de nada”.
Teoría de Jazmín mirando más allá de los paredones de la cárcel: “Hablando a calzón quitado, si las mujeres quieren plata fácil tienen que vender el cuerpo o vender droga. Nosotras le damos el poder al hombre para que haga uso y desuso de nosotras. No nos damos cuenta. Menos, cuando somos más chiquitas. Y así terminamos presas, muertas o en el hospital.
No le encontramos sentido a la vida salvo por las cosas y la plata. Yo encontré el sentido por mi hijo, que me hizo como recordar lo que había hecho siempre: trabajar. Mi hijo me sacó del pozo. Y estar acá. La cárcel para mí es un cementerio de los vivos. Pero estudiar es lo que me hizo encontrar otro camino. Ojalá me hubiera dado cuenta antes.
Si me arrepiento de algo es de haber dejado a mi hijo sin tener al lado a su mamá. Pero bueno, si seguía como venía capaz que lo dejaba sin mamá directamente. O no estaría ahora pensando que puedo ser una futura socióloga.
Nota
MU 211: Método Pablo

Todo lo que le salvó la vida a Pablo Grillo, fotorreportero herido tras un disparo de Gentarmería hace un año. Lo que enseña su pelea contra la muerte, que terminó ganando gracias a la solidaridad y una red de salud pública y afecto que sigue viva.

Pablo Grillo: Salvar la vida
¿Qué le salvó la vida al joven fotógrafo atacado por la Gendarmería? La gente que lo ayudó tras el disparo, la que lo atendió cuando se preveía que lo suyo era quedar en estado vegetativo. Los familiares y amigos: la red que estuvo en los momentos más difíciles y armó un mapa de cuidados para salir con solidaridad y energía de la violencia y la oscuridad. Detalles de casi un año destinado a volver a ver esa sonrisa. La recuperación continúa: la vida le ganó a la muerte. Compartimos el QR para releer en lavaca.org la primera entrevista periodística brindada por Pablo. LUCAS PEDULLA

El bordado: Beatriz Blanco, la “jubilada patotera”
Fue agredida por un policía y cayó de nuca al asfalto durante una manifestación de jubilados. La escena se hizo viral como símbolo de la represión de cada miércoles. Beatriz pensó que había muerto pero sobrevivió al golpazo. Una causa instruida por la jueza Servini de Cubría avanza para condenar al policía que la atacó. Fue acusada por Bullrich de “jubilada patotera” y ella lo lleva con orgullo en una remera creada por sus hijas. Tiene 83 años, sigue yendo a la Plaza con su bastón y sus reclamos por una vida digna, y hace bordados para reflejar cosas alegres. LUCAS PEDULLA

El aguante: Jonathan Navarro, herido durante la represión
Un oficial de Prefectura le disparó a la cabeza durante la manifestación de hinchadas y jubilados, la misma en la que tiraron al piso a Beatriz Blanco e hirieron a Pablo Grillo. Perdió la visión del ojo izquierdo para siempre. Jonathan Navarro fue aquel día a la calle convocado por hinchas de su club, Chacarita, e indignado porque a su papá le habían sacado el acceso gratuito a los medicamentos. Hoy está desocupado. “Pero no me arrepiento de haber ido”. LUCAS PEDULLA

Renacer es posible: MU en Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur
Fue la fábrica Aurora Grundig, la del televisor “caro, pero el mejor”. Colapsada tras el menemismo, sus trabajadoras y trabajadores organizados en cooperativa la recuperaron para resistir el abismo del desempleo. Hoy enfrentan más de lo mismo. Pero son 133 personas, crearon un bachillerato, consiguieron 60 viviendas. El industricidio visto desde la óptica de quienes logran llevar adelante lo que la patronal hundió: otra forma de crear y sostener trabajo, en una isla que el gobierno busca despoblar. FRANCISCO PANDOLFI

En movimiento: Movilizaciones 2026
Más allá de todo el protocolo de represión oficial las calles fueron otra vez, durante este verano 2026, un lugar de expresión y reclamo frente a la crisis que está ocurriendo en el país y en una sociedad muchas veces vapuleada por las políticas del gobierno. Algunas imágenes para recordar estos días que todavía no sabemos qué historia terminarán escribiendo.

Crecer bajo el terror: Infancias y dictadura
Un grupo de hijos e hijas de desaparecidos comenzó un proceso judicial para que el Estado reconozca que la violencia ejercida sobre esas infancias también constituyeron delitos. Es un proceso inédito que llega luego de un análisis y reconstrucción de testimonios sobre cómo funcionó el terrorismo de Estado en sus operativos, cautiverios y crímenes. Una investigación crucial que reúne los testimonios de Teresa Laborde, María Lucía Onofri, María Eva Basterra Seoane y Dafne Casoy. EVANGELINA BUCARI

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Retomamos la Carta de un Escritor a la Junta Militar –enviada por Rodolfo Walsh el mismo día de su desaparición– para trazar una sintonía con el actual modelo económico. Lo ya vivido, frente a un presente alucinado. Y algunas pistas para intentar encarar lo que se viene. SERGIO CIANCAGLINI

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No podrán: Luciana Jury
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Cabo suelto: Crónicas del más acá
Carlos Melone
Nota
MU 210: La batalla final


El femicidio de Lucía Pérez a manos de dos narcos de Mar del Plata motivó el primer Paro Nacional de Mujeres. Tras una larga luchar familiar y social se logró la condena, pero ahora una nueva maniobra judicial puede dejar impunes a los culpables. Un ejemplo de que todo lo que conseguimos está en peligro. ¿Podrán?
Las notas de esta edición:

Negacionismo de Estado: Informe 2025 del Observatorio Lucía Pérez
¿Qué hay detrás de la avanzada oficial para negar los femicidios? Radiografía de cómo cada poder del Estado, por acción u omisión, busca ocultar las causas y consecuencias del asesinato de mujeres. Y por qué lo hace. Por Claudia Acuña

El Aleph (versión putas): Entrevista a Georgina Orellano
¿Cuánto cuesta la vida? ¿Cuánto vale? La dirigente de AMMAR y la actualidad desde la esquina: lo que se ve, lo que no se escucha, las falsas soluciones progresistas, lo que hay que abolir. Lo narco, la revolución, el cuerpo, la salida. Una recoridapor sus tatuajes, y todo lo que significa ser puta. Por Claudia Acuña y Lucas Pedulla

Carla Soggiu: La impunidad avanza
Carla recibió un botón antipánico por las agresiones de su pareja, que la ató, golpeó y violó delante de su hija de dos años. Semanas después de ese hecho, accionó cinco veces ese botón pero la policía no la encontró. Apareció muerta en el Riachuelo. Las complicidades, las burocracias, el rol de Diego Santilli y la lucha de una familia que define el caso como un femicidio de Estado. Por Francisco Pandolfi

Alma y vida: El femicidio de Lucía Pérez, hoy
¿Qué es la justicia? ¿Cómo enloquecer a una familia? ¿Por qué buscan eliminar la figura de
femicidio? ¿Cuál es el rol práctico del Estado y el negacionismo? El Tribunal de Casación resolvió que el de Lucía Pérez no fue un femicidio. La política de la misoginia como aversión hacia las mujeres y el paralelismo con lo narco que vende droga junto a las escuelas. Las “sumisitas”, la violencia y el sometimiento. Marta y Guillermo: una familia que trabaja en comunidad, y las claves para que las pesadillas no sigan asesinando a los sueños. Por Sergio Ciancaglini

Crónicas del más acá: Al trote
POR CARLOS MELONE

El Caliban y las brujas: La obra Fuerza mayor, protagonizada por jubiladas
La alianza entre Jubilados Insurgentes con integrantes del Teatro Caliban parió está obra que pone en escena lo que pasa todos los miércoles frente al Congreso. Una forma creativa de elaborar la actualidad con las herramientas del teatro, para hacer sentir, pensar e interpelar a los más jóvenes. Por Franco Ciancaglini

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Sin protección: Ley contra el Acoso y después
Perdió estado parlamentario el proyecto de ley de acoso en ámbitos laborales y académicos: una muestra de la desidia y el abandono de las políticas de género. Del caso Brieger a Milei, cómo sigue la organización de las mujeres para empujar lo imposible en tiempos de motosierra, fascismo y un Congreso estancado. Por Evangelina Bucari

Con horizonte: 38º Encuentro Plurinacional en Corrientes
Cien mil personas participaron del 38º Encuentro Plurinacional de Mujeres y Diversidades. MU lo registró con crónicas día a día, que pueden leerse en lavaca.org. Compartimos aquí parte del registro fotográfico y una mirada sobre la trastienda de debates que explican mucho de lo que pasó en un evento extraño y extraordinario. Por Claudia Acuña. Fotos de Line Bankel

Sin cuerpo: La ¿impericia? en la causa de Cecilia Basaldúa
A lo largo de este 2025 la nueva instrucción que investiga el femicidio de Cecilia Basaldúa, ocurrido en el año 2020 en la localidad cordobesa de Capilla del Monte, Cambió fiscales, tomó nuevas pruebas y amplió testimoniales. Sin embargo, en el marco de un proceso judicial que avanzaba, una noticia coronó la impunidad en esta causa: hace cuatro años que el cuerpo de Cecilia fue retirado de la morgue judicial sin el consentimientode la familia. Por María Eugenia Marengo
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Sin cuerpo: La ¿impericia? en la causa de Cecilia Basaldúa

A lo largo de este 2025 la nueva instrucción que investiga el femicidio de Cecilia Basaldúa, ocurrido en el año 2020 en la localidad cordobesa de Capilla del Monte, Cambió fiscales, tomó nuevas pruebas y amplió testimoniales. Sin embargo, en el marco de un proceso judicial que avanzaba, una noticia coronó la impunidad en esta causa: hace cuatro años que el cuerpo de Cecilia fue retirado de la morgue judicial sin el consentimientode la familia.
POR MARÍA EUGENIA MARENGO
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