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Delia Tedín, decoración, política y clases altas: Mucho gusto

Con tupido árbol genealógico y privilegios de cuna, aprendió el valor de la diversidad y la rebeldía frente a un ambiente que “olía a odio”. Eligió su propia vida como decoradora, sin perder nunca de vista el contexto social. Sus pasiones: fomentar el trabajo y la creatividad del país, y combatir la idea de que las personas tienen la culpa si les va mal en estos tiempos. Conversación sobre bombas, estupidez, poder, Nerón y el arte de mantener los ojos abiertos.
Por Sergio Ciancaglini
Fotos: Juan Valeiro
Anda de aquí para allá señalando cielos y represiones en las paredes de su departamento a media cuadra de la Plaza San Martín de Buenos Aires. Delia tiene 84 años y porta los apellidos Tedín, Uriburu, Iriarte, Udaondo, Guerrico, con árbol genealógico que incluye Bunge, Peña, Arriola, Tejada, Güemes, y los compuestos como Bunge Guerrico, Udaondo Peña, Tedín Uriburu, Iriarte Udaondo, Tejada Güemes (es descendiente de Macacha, la hermana de Martín Miguel de Güemes) y así sigue la cosa si uno se va por las ramas.
“Con tantos apellidos me decían que parezco la Filcar”, cuenta en referencia a la guía de calles que antecedió al GPS con la señora robótica que nos indica por dónde se supone que tenemos que ir. Delia transita con fluidez y cordialidad el oficio de vivir que incluye entre muchas aventuras ser mamá de cuatro hijos (el mayor, Horacio Mazza, publicista y esposo de Dolores Cahen D’Anvers, víctima de muerte súbita en 2014), abuela de diez nietos y una nieta, y decoradora de interiores con reconocimiento interno y externo que llegó a introducirla en las ediciones del Who’s who (Quién es quién) de EE.UU. con Elizabeth Taylor como vecina de página entre miles de empresarios, científicos, personalidades y celebridades.
Me muestra el libro: “También está Amalita Fortabat. Deben creer que soy millonaria”, calcula la dama que al menos luce la camiseta de River en su perfil de whatsapp junto a sus nietos en la cancha. Su trabajo ha embellecido casas, departamentos, edificios, oficinas, hoteles y urbanizaciones de Argentina, Nueva York, España, París y hasta Turkmenistán, entre otros lugares.
En la carambola existencial le tocó nacer en la clase alta, de poder, paqueta (definición de la era paleolítica), oligarca, de alcurnia, abolengo, cheta, alta sociedad o como cada quien prefiera nombrarla. Ella suele alborotar los lugares comunes sobre las alturas, poderes, riquezas y pobrezas y mientras sirve un café anuncia: “Pertenezco a una clase social totalmente fascista”.
Ríe y se cubre la cara con las manos: “¿Quién me dictará esas cosas que me sale decir?”
La niña, Wilde y las bombas
Cuando le pregunto por su infancia me muestra un cuadro. Se ve a tres personas en un balcón, la del centro es una mujer con un gran sombrero del siglo pasado. Observan la calle, donde hay gente marchando con una bandera argentina bajo la cual una niña nos mira muy seria. “Decidí que el balcón representa a mis bisabuelas, abuelas, tíos paquetísimos; por la calle marcha el peronismo y también esa chica, que soy yo” dice interpretando la obra La Madre (la del sombrero), de Emilia Gutiérrez, artista argentina a quien la psiquiatría sugirió que no siguiera pintando por las alucinaciones auditivas que le generaban los colores, y se dedicó al dibujo en blanco y negro para fugar de la locura. Su apodo era “La Flamenca”, título también de una novela de Ana Montes en la que un cuadro de Emilia con un atronador toque de rojo es protagonista crucial.
Delia: “Esa bandera y la mirada, soy yo sintiéndome de la calle… Vivíamos en Libertad y Santa Fe, mis abuelas me manijeaban con que había que vincularse con todo tipo de personas. Mis padres también hablaban de respeto, ética y amistad con gente diversa y no solo con la ‘gente bien’ como se decía. Me hacía amiga en la Plaza Libertad de las hijas y los hijos del zapatero, de los pizzeros de El Cuartito, de la mucama, de los chicos de un conventillo. Me echaban de los colegios privados por la conducta y fui a otros como el Onésimo Leguizamón o el Cinco Esquinas, porque a mi papá le pareció bien ir a una escuela pública. Ahí conocía a compañeras mucho más interesantes que en los otros”.
La niña Delia enlazaba en su mente al escritor inglés Oscar Wilde con el peronismo. “Leía El príncipe feliz, El gigante egoísta, todos cuentos maravillosos y morales que te hablaban de la libertad, de ser vos. Cuando tuve nietos lo primero que les regalé fueron libros de Wilde, que encima fue preso en Inglaterra por gente horrible que lo odiaba por ser gay. Murió exiliado”. ¿Y el peronismo? “Lo veía en la calle, en esas amigas y amigos de la plaza”.
1955: “Tenía 12 años. Me acuerdo de la marcha de Corpus Christi, con el crucifijo encima de una V. Cristo vence. Yo le decía a mi mamá: ‘Esto huele a odio’. A los pocos días (16 de junio) fue el bombardeo a Plaza de Mayo. Mucha gente de mi familia y de esa clase celebraba. Después pude ver lo que quedó porque me llevaron”.
Vio cráteres por las bombas en las calles, edificios baleados, vehículos estallados. Ya habían retirado los cuerpos de más de 300 personas asesinadas por la Aviación Naval y la Fuerza Aérea. Un ataque perpetrado por militares argentinos contra quienes por las carambolas existenciales caminaban, paseaban y trabajaban en la zona de Plaza de Mayo. No había guerra. Había olor a odio: “Y me acordaba de Wilde y de la violencia provocada por gente con poca capacidad de comprensión”.

Las bien y las cachudas
Papá Horacio Tedín, abogado, no usaba el Uriburu como segundo apellido. “No le gustaba, decía que era viejo. Éramos parientes del general que dio el golpe contra Hipólito Yrigoyen. Mis primos siguen usando el Uriburu. Papá tenía otra mentalidad, era culto, hablaba de ética”.
De su mamá Delia Iriarte Udaondo cuenta: “Nos explicaba a mí y a mis tres hermanos que había que tener personalidad, ser diferentes”. Era una familia poderosa, pero rayadísima. Teníamos institutrices alemana y francesa. Inglesa no, a mamá no le gustaban los ingleses salvo Wilde, y me decía: ‘Las Malvinas son argentinas’. Era muy inteligente, creativa, después estuvo mal, creo que la locura le vino por la impotencia de pensar diferente a lo que la rodeaba”.
Recuerda Delia que tanto en colegios privados como en el ambiente vastísimo de sus parientes y amistades se consideraba que estaba mal decir hermoso, y bien decir lindo. Mal decir rojo y bien decir colorado. “Y a las que decían hermoso o rojo, les decían cachudas porque eran cache, de mal gusto. Y yo me ponía del lado de las cachudas porque me parecía horrible todo eso. No tenían personalidad, copiaban una manera de pertenecer, de creerse encima del resto”. Salto en el tiempo: “Fijate que hasta Mauricio Macri era discriminado en el Cardenal Newman por ser el nuevo rico. Cuando se dieron cuenta de que era demasiado rico, y los otros no, no lo molestaron más. Se impuso por plata y después se casaba con gente de apellido. La mamá de Isabel Menditegui (exesposa de Macri) me dijo una vez: ‘esa gente es un horror’. Y él se igualó a los que lo discriminaban”.
A Delia la expulsaban metódicamente de las escuelas. “Decían que era capaz pero horrible de conducta. Me mandaron pupila al Sagrado Corazón de Almagro. Yo me escapaba a la casa de una amiga. Cuando me llevaban a la iglesia ponía la cabeza para atrás y decía que estaba poseída por el demonio. O llevaba un hilo atado a un papel, lo arrastraba por el piso y decía ‘guau, acá vengo con mi perrito’”.
Antes de ir por otro café consulta: “¿Te aburro con todo esto? Lo que me gustaría es que la gente joven que lea piense que no hay por qué portarse bien cuando las cosas son asfixiantes”.

De Mad men a Bulgheroni
Una biografía acelerada debería mostrar escenas de Delia Tedín figurando en la Guía Azul o Social (“por la sangre azul, te ponían para que te invitaran a bailes y presentaciones en sociedad de la clase alta”). Luego una juventud agitada con muchas noches en la mítica boite Gong: “Y yo terminaba recitando La casada infiel, de García Lorca”. Su matrimonio con el publicista Horacio Mazza: “Vivimos en New York y era todo idéntico a la serie Mad men”. Su divorcio cuando vivían en Perú: “Ya teníamos tres hijos y yo parecía la valija de Mazza, iba de acá para allá para acompañar, pero quería hacer mi propia vida. Había un peruano riquísimo que me seguía, pero dije: basta de ser valija”.
Su regreso a Buenos Aires y su vida con el abogado Mariano Noblía: “Decidí vivir en pareja, no casarme”. Puertas afuera celebró el retorno de Perón en 1972. “Fui a las manifestaciones frente a la casa de Gaspar Campos. Después voté a Cámpora. Tenía cantidad de amigos de la Juventud Peronista. No me gustaba la parte violenta de Montoneros, pero entendía que era una reacción por la violencia del antiperonismo. Y había gente que no me gustaba, como el que se terminó casando con una modelo en Punta del Este, Galimberti”.
Delia tenía hijos pequeños (Sofía, la menor, era de meses). “Mi papá nos había regalado dos monoambientes pegados en la calle Melo, los juntamos, los decoré pintándolos con lila, verde, puse cuadros, rearmé todo, venían amigos a verlo y mandaban a otros amigos y decoradores. Me pedían ideas. Entendí que ese podía ser un trabajo”. Su crecimiento: “Me llamaron para arreglar unos departamentos en la Avenida Alvear, y ya no paró la cosa, incluso en el exterior”. Con Noblía tuvo a su cuarto hijo (Tristán, hoy periodista y productor televisivo). Armó su estudio con arquitectos para que los arreglos pudiesen ser estructurales. Sus trabajos en Nueva York, por ejemplo en departamentos del edificio en el que Woody Allen tenía su productora, la consolidaron para ampliar los contactos a Europa.
El empresario Carlos Bulgheroni que comandaba Bridas (proveedora de componentes para los oleoductos en distintos países) y la petrolera Pan American Energy la conoció y no dejó de llamarla para trabajar en sus casas y corporaciones. Bulglheroni participó en la explotación de gas en Turkmejistán (ex Unión Soviética) y son famosas sus negociaciones con los talibanes en Afganistán para construir un gasoducto hasta Pakistán (gestiones que estallaron junto a las Torres Gemelas que desataron la invasión de Estados Unidos a Afganistán). Fue uno de los “capitanes de la industria”, de romance con la dictadura, Alfonsín y luego Menem. Entre denuncias y negocios, se le adjudica la frase “somos cortesanos del poder”. Murió en 2016.
La mirada de Delia: “Lo que puedo decir es que era un tipo que promovía el trabajo industrial del país. Me llevó a Turkmenistán para hacer urbanizaciones que permitieron que hubiera más de 400 arquitectos, técnicos, directores de obra argentinos trabajando allí. Apoyaba la cultura, en serio. Nos hicimos amigos. Para mí era alguien que buscaba no solo lo suyo, sino que quería que el país mejorara. No era lo que vemos ahora, gente poderosa a la que el resto de las personas no le importa nada”. Sobre el hermano, Alejandro Bulgheroni, a cargo actualmente de los negocios: «No, absolutamente nada que ver con Carlos» dice Delia, que en este caso prefiere el silencio.
En un quién es quién versión Tedín podrían estar Camilo Gancia; Gustavo Grobocopatel (“quiso que le hiciera arreglos en departamentos de Muerto Madero, como me enseñaron a decirle los taxistas, pero eran esos edificios que hacen para lavar plata, un desastre de construcción, y no acepté”); Susana Giménez (“nos hicimos amigas, jugábamos a dígalo con mímica con otras parejas, y cuando estaba con Monzón vivían arriba de mi casa, pero cuando escondió el auto para lisiados que compró para no pagar impuestos, no quise seguir viéndola, aunque le reconozco que nunca ocultó que lo que más le interesaba era la plata”); o Richard Handley, expresidente del Citibank y el Citicorp Equity Investments (CEI) en tiempos menemistas (“quería que le arregle la casa en el country y me dijo por teléfono ‘no tengo problema con tus honorarios pero apretame a los obreros para bajar el precio’ y le contesté: ‘no me gusta cómo hablás, no lo voy a hacer’ y le corté la llamada. En el estudio me decían ‘cómo te perdiste ese trabajo’, pero no me importó, no se puede hablar así de la gente”. Delia no quería jugar más a dígalo con mímica.
Otra disrupción: en 1997 la revista Trespuntos organizó una producción con el título «Yo aborté», en la que participaron con su testimonio Delia y también Beatriz Sarlo, Dora Barrancos, Graciela Duffau, Inda Ledesma, Divina Gloria, Tununa Mercado y Lía Jelin, entre otras. Decía Delia, en esa pelea y esa visibilización: «En este país y con la situación espantosa que estamos viviendo la legalización me parece urgente, necesaria y solidaria. Es justamente defender la vida, pero la vida en serio». Veintitrés años después, se logró.
¿De dónde viene la plata?
La decoradora tiene en su living cuadros de Fermín Eguía que muestran la represión del 20 de diciembre de 2001, o gente frente a los bancos tras el corralito. Hay un cielo inmenso de Oscar Bony, que en su momento presentó en el Di Tella la instalación La familia obrera, con una familia real en una tarima y la aclaración de que el hombre cobraba el doble por exhibirse allí que por su trabajo como matricero. Fue considerada subversiva y clausurada durante la dictadura de Onganía. En 1976 Bony se exilió velozmente. Delia: “La época de la dictadura la recuerdo dolorosa, falta de aire, como vivir en un zoológico”.
¿Cómo pensar a las clases altas? “Mamá decía: ‘yo creía que la plata salía del escritorio’. El escritorio era la oficina del contador que administraba el dinero de los campos familiares de mi padre o de mi madre. Y si no alcanzaba, los iba vendiendo. Hacíamos compras en las tiendas de ropa, de zapatos, de lo que sea, y ni nos cobraban. Mandaban la cuenta al escritorio. Pero empezó a haber menos y menos plata, y todas esas familias quedaron desorientadas, estúpidas, porque nunca habían trabajado. Su trabajo era heredar. Pero en el comienzo, las tierras y riquezas se las dieron con la violencia y los arreglos en las campañas del desierto. Mamá heredó miles de hectáreas de los Udaondo, pero habían sido una apropiación, un regalo que se hacían entre clases altas que gobernaban. Y Argentina fue siempre así, salvo con el peronismo. Vivir de prestado. En vez del escritorio, endeudándote con el FMI. La misma actitud, la misma decadencia”.
Otra pincelada a la idea: “¿Pero a quién le echaban la culpa de que no les fuera tan bien? A Perón y a los peronistas. No soportaban que hubiera gente que mejorara. Lo de ‘mi hijo el doctor’. Un resentimiento de la clase alta contra pobres que empezaban a subir, que iban a la universidad gratuita. No hay cosa más horrible que el resentimiento que después se convierte en venganza”. ¿Una especie de envidia al revés?: “Totalmente, no pueden soportar el crecimiento de los demás. Como si fueran los dueños de todo. Es un ensañamiento muy bruto, una decadencia cultural. Antes y hoy. Creo que mis padres eran distintos, pero nunca dieron el paso porque los descalificaban. Tampoco se opusieron a que yo lo diera”.
Tiene paredes de bibliotecas con cientos de novelas, libros de decoración, y muchísima política. Se reencontró con El horror económico, de la francesa Vivian Forrester (que en 1996 hablaba sobre la globalización de la miseria) y es lectora minuciosa del italiano Giuliano da Empoli: Los ingenieros del caos y La hora de los depredadores (sobre la casta de megamillonarios y tecnologías que buscan controlar mundo, mentes, sociedades y futuro).
¿Qué es el buen gusto? “No sé. Mi gusto son los libros, el arte, salir a la calle, ir a las marchas si puedo, acompañar las cosas en las que creo”. Va a cursos de filosofía, política, economía, lee siempre, se entusiasma: “Me gusta estar con gente, conversar, hacer cosas, tener proyectos. Acá pusieron al buen gusto como algo congelado, obligado. Yo me escapé de eso. Las clases altas ni siquiera saben tener fachada, todo es plata, copia, imitación para pertenecer. Para no ser cachudas”.

La pasión
«Trump que es Nerón” se asombra Delia. “Quiere incendiar Estados Unidos como quiso incendiar su propio parlamento y, si puede, al planeta. Se dio cuenta de que no puede con Europa, con Irán y menos todavía con China, y lo que quiere es América del Sur. Es peligrosísimo. Ya no tiene otro lugar que colonizar. Y acá tenés a estas clases altas que si repasás la historia nunca se sintieron argentinas sino europeas. Entonces, ¿en qué piensan? En ir vendiendo lo que queda, como antes hacían con el escritorio. Y la riqueza que tenemos que es de todos, la ofrecen peor que en una feria para salvarse ellos aunque se hunda el resto”.
“A toda la gente con la que hablo le digo: si no te está yendo bien, si andás con problemas económicos, si no encontrás trabajo, si sentís que no tenés futuro, no-es-culpa-tuya” cuenta Delia en borbotón, sacudiendo las manos. “La culpa es de esta falta de democracia que vivimos que es como Cambalache: qué falta de respeto, qué atropello a la razón. Nuestro horror económico es que destruyen la actividad, las industrias. Vino mi nieto con un amigo que nos contaba que la empresa del padre había fundido, y este hombre lloraba en su casa sin saber qué hacer. ¿Te imaginás qué va a pensar el hijo sobre el futuro? Y le pasa a la hija de mi peluquera, que estudió Historia y tiene un ataque de angustia porque cree que no le va a servir para nada en la vida”.
El problema: “Entonces les ofrecen juegos, apuestas, préstamos y todo es cada vez peor. Sé de gente que vende droga para tener plata para que la familia coma. Entonces es cierto: estamos en el caos y los depredadores. Por eso a la gente le va mal. La culpa no es de la persona, es de todo esto que están haciendo”.
¿Y entonces qué hacer? “Para mí hay que juntarse, hablar, no dejar que te destruyan el psiquismo. Pensar que es al revés de lo que dice toda esta gente que siempre subestimó al país. Argentina tendrá sus cosas, pero es un lugar maravilloso, con posibilidades enormes, con mujeres y hombres que trabajan y son los mejores que he visto en el mundo. Con una creatividad increíble que tenemos que usar cada vez más para salir de esto”.
¿La salida es política? “Me estudié a Maquiavelo y pensé: el príncipe surge del pueblo en la calle. Y una parte grande del pueblo le está diciendo al propio peronismo: basta de pelotudeces. Hay que hacer lo posible para que esto no siga como hasta ahora. ¿Pero sabés cuál es el príncipe? Para mí es la bandera de Malvinas. Eso juntó a la gente. Las Malvinas son argentinas, y Argentina no se vende. Eso es algo muy potente, no lo pueden entender los que se van a Uruguay para no pagar impuestos. Entonces la salida para mí es la estética, la ética, la moral y la pasión. La pasión es el interés, la distribución ética, lo justo, el reconocimiento a la capacidad enorme de la gente de este país. No es optimismo, que es como decir ‘todo va a estar bien’. Es más una cuestión de esperanza. Pero la esperanza es un trabajo. Cuando hacés ese trabajo, cuando la peleás y construís, te sentís muy bien y ves todo lo bueno que se puede lograr con la creatividad que tenemos. ¿Sabés por qué? Porque quedás con los ojos muy abiertos”.
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Atanor condenada por contaminación: La odisea
Más de 200 muertes en seis manzanas del Barrio Química, la contaminación probada del agua, aire y suelos, y el “daño irreversible” al Paraná en San Nicolás ratificado por la Corte Suprema bonaerense. La sanción económica es mínima para una multinacional (equivalente a dos camionetas) pero está por comenzar la causa penal a sus ejecutivos. Lo que cuentan el barrio y el abogado Fabián Maggi sobre este viaje de más de una década para que no haya impunidad.
Por Lucas Pedulla
Fotos: Sebastián Smok/lavaca.org

Seguir. Seguir.
Y seguir. “La única forma es la constancia”, dice Fabián Maggi, casi como una revelación de estos tiempos. Está remando una canoa por el Paraná a la altura de San Nicolás, municipio al norte bonaerense con más de 165 mil habitantes. Junto con sus vecinos Ramallo y San Pedro alguna vez explicó una Argentina con industria nacional y hoy explica una con industria extranjera, frente a un río privatizado –lo llaman hidrovía– y contaminado por empresas que señala Fabián con el remo.
Una de ellas es Atanor, fábrica del grupo Albaugh LLC de capitales estadounidenses y chinos –sin grieta–, que empezó produciendo ácido salicílico –un exfoliante– y terminó confeccionando tres herbicidas altamente tóxicos: glifosato, atrazina y 2,4D. En medio del Mundial, la Suprema Corte bonaerense le confirmó una condena por el “daño irreversible” a este río y la contaminación en aire, tierra y suelo en la comunidad.
Muchos vecinos esperaron esa sentencia toda su vida. Muchos murieron. Otros siguen enfermos.
A todos les dijeron locos. A Fabián, además, le dijeron “trucho”.
Abogado egresado de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), 55 años, capacidad de escucha y perseverancia infinitas, lleva adelante más de 70 expedientes junto a su compañera Gimena Viviani. Es representante legal del Foro Medio Ambiental San Nicolás (FOMEA), y rechaza que lo cataloguen de abogado ambientalista. ¿Por qué? “Te bajan el precio”. Es consciente de que en este tipo de luchas en todos los ámbitos y niveles hay algo más profundo y tectónico: “La soberanía”.

Dos caniches
Todo empezó cuando un amigo le dijo que lo querían echar de su casa en la Isla del Tonelero. Una empresa arenera iba a desplazar a los pobladores y arrasar el humedal y el bosque nativo. Maggi presentó en aquel 2009 su primer amparo ambiental. Hubo asambleas que impulsaron la participación de la comunidad. Allí, trabajadores de Atanor le contaron que los obligaban a enterrar o volcar a Paraná residuos contaminados. Fabián aceptó representarlos. “La empresa denunció penalmente a los trabajadores por coacción agravada. En el juicio el tribunal dijo que los trabajadores no cometieron delito, pero parecía que la empresa sí y ordenó que se abriera una investigación”.
Ese expediente se convirtió en un laberinto sin salida y Maggi decidió multiplicar las acciones: una causa penal federal, un amparo ambiental provincial y una denuncia ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).
Del otro lado había personas enfermas. Marta Roma guarda en su casa una remera blanca con el censo que hicieron los propios vecinos del Barrio Química. La prenda tiene dibujado el mapa de las seis manzanas donde se contaban 163 cruces negras, que hoy ya son más de 200. Otra vecina es Miriam González, 69 años, cuatro hijos, nueve nietos, la mitad de un riñón “completamente seco”. Dice: “Tengo mucho dolor continuo, porque la gente que uno quiere se muere, y no hay derecho de que nos quiten así la vida”.

El boca a boca en el barrio habla principalmente de cáncer de pulmón, de colon, leucemias y enfermedades cardíacas. Lina Abigail Ramírez tenía 6 años cuando le diagnosticaron rabdiomiosarcoma estadio IV. Murió en julio de 2016. Vivía enfrente de Atanor. Fabián recuerda la historia clínica de uno de los trabajadores de la multinacional: “Decía que se trataba de una muerte por contacto con nefrotóxicos: necrosis de riñón”. Otro extrabajador, Darío Álvarez, denunció a MU: “En la planta de salicílico todos fueron operados del ano, de apendicitis, tenían problemas estomacales, la piel quemada. Si se volcaba la cipermetrina no podías respirar”. Eduardo Ochoa agregó: “Muchos murieron. Mi tío de cáncer de esófago y mi hermana, a los 50 años, de cáncer de mama, hígado y cerebro”.
Todo tardaba: cada vez más cruces negras. La denuncia ante la CIDH tenía dos ejes jurídicos: la violación a la garantía de plazo judicial razonable, y a un ambiente sano. Fabián citó el caso de Victorio Spoltore, un italiano que sufrió dos infartos en una textil que no le pagó la indemnización. La causa tardó 12 años hasta que llegó a tribunales internacionales. Cuando la Corte IDH falló, dos décadas después, Spoltore ya estaba muerto.
La causa Atanor también tiene sus plazos irrazonables: la sentencia de la Corte corresponde al amparo presentado en 2014. En el medio se sumaron el incendio de 2016 y la explosión del reactor en 2023 que impregnó de cianurilo (“es decir, cáncer puro”, apunta Fabián) a toda la comunidad. Sandra Carreras, vecina, 61 años, anuncia: “Al día siguiente se me murieron dos caniches”.

Fue el knock out: ese estallido sucedió meses después del fallo de la justicia de San Nicolás que confirmó el “daño irreparable e irreversible” al Paraná y comprobó el marco de “ilegalidad manifiesta” en el que funcionó la fábrica durante todos esos años. La jueza del amparo, Luciana Bancalari –única mujer después de cinco jueces varones que tuvo el expediente–, ordenó el “cese inmediato” de todas las actividades de Atanor.
La empresa, sin embargo, apeló todo y sobre eso la Corte fijó postura mientras Argentina disputaba el pasaje a la final de la Copa del Mundo 2026.
El fallo tan esperado llegó después de tres mundiales.
Los nombres del delito
Fabián considera tres puntos centrales de la sentencia:
- “Reconoce la existencia de un daño irreversible: uno de los delitos que se tiene que comprobar penalmente es el daño al ambiente y acá ya lo dice la Corte”.
- “Plantea además que no importa la inexistencia de un parámetro específico que mida el nivel de contaminación si se puede probar, por otros medios, que hay una situación de riesgo para el ambiente”.
- “Se reconoce la deficiencia de controles estatales: parte de los imputados en la causa penal son funcionarios que incumplieron sus deberes legales”.
Ninguno de los tres fallos referidos al amparo –primera instancia, Cámara de Apelaciones y Corte bonaerense– se mete en la cuestión salud, si no en comprobar el “daño ambiental”, aunque en la primera sentencia la jueza Bancalari consideró que Atanor se encuentra ubicada en zona urbana, catalogada en la 3ª Categoría de la Ley de Radicación Industrial bonaerense “que incluye a los establecimientos que se consideran peligrosos porque su funcionamiento constituye un riesgo para la seguridad, salubridad e higiene de la población u ocasiona graves daños a los bienes y al medio ambiente” y destaca que Atanor “es una empresa que manipula productos peligrosos para la salud”.

De todos modos, a lo largo de las sentencias, sí se tuvo en cuenta:
- En 2020, el Centro de Investigación de Medio Ambiente de la Universidad Nacional de La Plata (CIMA-UNLP, coordinado por el científico Damián Marino, fallecido en 2023) detectó niveles de plaguicidas superiores a lo permitido tanto en agua como en suelo. Y se comprobaron vuelcos de atrazina al Paraná.
- Otro estudio de la UNLP, realizado por Lucas Alonso, investigó el material particulado atmosférico que cae con las lluvias. Fabián: “Aparecieron valores de atrazina en San Nicolás mil veces superiores a los de las zonas agrícolas”.
- Se consideraron los estudios de la genetista Delia Aiassa. La Cámara de Apelaciones citó su testimonio porque explica “la proyección dañosa genética en animales y células humanas expuestas al glifosato, cipermetrina y trifluralina, destacando la experiencia en poblaciones humanas expuestas a través del aire fundamentalmente, a estas sustancias tóxicas por las cercanías de su hábitat a lugares donde se pulveriza”.
¿Y los controles? La Corte bonaerense señaló: “Se encontró demostrada la carencia de autorizaciones administrativas al momento del inicio de este proceso, la demora en los trámites y la falta de verificación por parte de las autoridades administrativas provinciales”, haciendo énfasis en la Autoridad del Agua (ADA) y el Ministerio de Ambiente por no controlar los compuestos cuya toxicidad está descripta en informes públicos.
Por ese motivo, la Sala B de la Cámara Federal de Apelaciones de Rosario dispuso que el juez federal Carlos Villafuerte Ruzo indague a seis directivos de Atanor, a cinco funcionarios del Organismo Provincial para el Desarrollo Sostenible (OPDS, hoy Ministerio de Ambiente) y a tres presidentes de la ADA.
Los ejecutivos de Atanor son Agustín Herrera, Sebastián Canavese, César Rojas Ruiz, Roberto Goncebat, Raúl Alberto Lluy y Ángel Vergara del Carril.
Según el sitio fiscales.gob, el fiscal Matías Di Lello “les endilgó haber contaminado –por lo menos– hasta el 16 de julio de 2020, el curso del río Paraná, sus barrancas, el suelo y el aire, mediante ‘el esparcimiento de partículas en el ambiente y el vuelco de efluentes al río, los que contenían residuos peligrosos categorizados como desechos Y4 del Anexo I de la ley 24.051 [de Residuos Peligrosos]’, lo cual –sostuvo– puso en riesgo la salud pública y la de la población de los barrios Química y Ponce de León”.
Otra causa en la Unidad Federal de Investigaciones N° 1 de San Nicolás, apunta a tres directivos de Atanor por la explosión de 2023, que generó una nube tóxica en todo el barrio: pronto debería ir a juicio oral.
La “ilegalidad manifiesta” en la que operó la fábrica se produjo gracias al “mecanismo de impunidad” que describe Fabián, quien denunció al juez Villafuerte Ruzo por obstaculizar la investigación y al fiscal Rubén Giagnorio por “encubrimiento”. También focaliza en el abogado de Atanor Juan Carlos Marchetti, exjuez de menores de San Nicolás durante la dictadura, quien impidió durante 20 años que Manuel Gonçalves Granada (nieto 57 restituido) conociera su identidad tras entregarlo en 1977 a amigos del marido de su prima. Hace nueve años que la Corte Suprema de Justicia demora un recurso extraordinario para que se investigue a Marchetti, quien fue sobreseído por Villafuerte Ruzo sin ser siquiera indagarlo. Todo tiene que ver con todo: Marchetti también defendió a cinco de los acusados por la contaminación con agrotóxicos en Pergamino: dos de ellos, exfuncionarios municipales, fueron condenados a dos años de prisión condicional.
Este esquema de poder explica el ataque que sufrió Maggi meses antes del fallo. El diario El Norte publicó en tapa: “Mafia del Derecho Ambiental: el negocio de los mil millones”. Con las peores mañas del oficio periodístico dicen que, “en off”, los CEO y gerentes de “importantes empresas de la región” describieron al abogado como “un personaje capaz de cualquier cosa por dinero”, entre otras cosas. Explica Fabián a MU: “Fue una burrada, pero la gente se dio cuenta de quién venía. A los vecinos no les cobramos. Tampoco a las organizaciones ambientales. Quien sí debería pagar es Atanor: como en todo juicio, cuando alguien pierde tiene que pagar las costas, pero no pagó un centavo porque siempre apeló”.
El director del medio, Fernando Curas, es conocido por su relación con la familia Passaglia (gobiernan el municipio desde 2011, hoy a través de Santiago Passaglia), y denunciado por trabajadores gráficos de El Norte por querer echarlos para que pasen a trabajar al municipio. Ese nexo lleva el foco a Juan Manuel Ondarcuhu, primo del intendente y ahijado de Ismael Passaglia, histórico jefe del clan. Ondarcuhu es titular del holding Servicios Portuarios, con dos terminales en el puerto de Rosario. Se adhirió al RIGI para construir un puerto agroindustrial en Timbúes (San Lorenzo, Santa Fe) por más de 290 millones de dólares. En la preadjudicación a medida de la Hidrovía del gobierno de Javier Milei al consorcio Jan de Nul se quedó –junto al empresario Gustavo Elías, que controla la logística del puerto de Bahía Blanca– con las tareas de balizamiento. En octubre del 2025, el juez Daniel Rafecas lo sobreseyó en una causa por contrabando y lavado de dinero vinculada al Sindicato Obreros Marítimos Unidos (SOMU).
Del otro lado de toda esta odisea –sin cíclopes pero con empresarios, sin brujas pero con funcionarios, sin cantos de sirenas pero con exjueces de la dictadura– estaban los vecinos.

Lucha y pajaritos
Roberto Pereyra dice que vive “gracias a Dios y a los corticoides”. Tiene 58 años y heptacloro en sangre, herbicida prohibido en todo el mundo. Su papá murió de cáncer de pulmón. Recuerda la “niebla de veneno” a causa de la explosión en Atanor. Desempleado, reclama a la justicia alguna indemnización por lo que sufrió, porque “es complicado insertarse en el mercado laboral con estos problemas”. Agradece el fallo: “Todo se gana a través de la lucha y el sacrificio. Teníamos razón”.
Miriam va por su quinta cirugía de riñón: “No tengo palabras bonitas para nadie. El cuerpo me pasa factura todos los días. Esto no terminó con el fallo: nos dejaron la enfermedad, los dolores. Envenenaron el agua que tomamos todos, y por la situación no podemos comprar bidones. Digo, ¿no hay quien invente con la IA algún fertilizante para no contaminar más al mundo, que no nos mate a nosotros? La fábrica ya fue: con ver que les puedo dar de comer a los pajaritos que ahora me llenan el patio, ya siento que gané”.
Atanor tiene otras dos plantas en Pilar (Buenos Aires) y Río Tercero (Córdoba). En San Nicolás todavía hay trabajos de remoción del suelo contaminado –Fabián denuncia que se están haciendo mal–, y dudas respecto del destino de esos 500 mil metros cuadrados. La propia empresa comunicó el desmantelamiento de las instalaciones: el fallo la obliga a pagar 150 millones de pesos en “acciones de preservación y prevención vinculadas al cauce del río Paraná y su biota”, aunque finalmente deberá decidir la Corte Suprema de la Nación.
Son unos 100.000 dólares: un par de camionetas, para una empresa con propiedades y ganancias multimillonarias. ¿Qué plantea Maggi? “La cifra es irrisoria, y más para un daño irreversible. Estamos satisfechos con el fallo, pero no con esa indemnización. De todos modos, pagando no se soluciona el daño causado. Por eso recurrimos al derecho penal”.
Está previsto que en octubre (si no se reiteran las recurrentes postergaciones judiciales) comiencen las indagatorias penales a los directivos Herrera, Canavese, Rojas Ruiz, Goncebat, Lluy y Vergara del Carril.
¿Qué pedirá Maggi? “El máximo de pena. Voy a pedir por las muertes de las personas, por las enfermedades de quienes aún están con vida y que la condena sea con dolo eventual. Eso quiere decir que no hubo dolo directo, intención de hacer el daño, pero sí eventual, son responsables porque tenían reclamos, advertencias judiciales, condenas civiles, era todo evidente, y seguían haciendo lo mismo, siendo que los imputados además de directivos eran especialistas que sabían el daño que podían causar, y no se detuvieron”. La condena máxima en este caso, que es la que pedirá el abogado, es de 25 años de prisión. Mientras tanto, una decena de vecinos continúa su reclamo indemnizatorio de modo individual.
A Maggi lo acusan de estar en contra del progreso y del trabajo, dos puntas de lanza para cuestionar los reclamos ambientales. En un contexto donde se cierran industrias por la crisis, ¿cómo pensar el tema? “La dicotomía es falsa porque el cuidado ambiental requiere mayor mano de obra que un descuido. Atanor tenía un tratamiento orgánico de efluentes y para mantenerlo necesitaba un personal constante de cuatro o cinco operarios que estuviera en todos los turnos. Pero redujeron al personal”. La jueza Bancalari sentenció: “Es falsa la dicotomía entre la protección del medio ambiente y el desarrollo económico, ‘no puede haber crecimiento a expensas del medio ambiente, y no puede gestionarse el medio ambiente ignorando a nuestros pueblos y nuestras economías’”.
Lo ambiental y lo social
Mientras tanto Fabián rema. ¿El resultado tan leve hasta ahora no es de impunidad para la empresa? “Podemos pensar que es una injusticia que no todo sea cubierto o castigado como debería, pero creo que justamente hemos logrado derrotar esa impunidad total que tenía Atanor, con un escudo protector de fiscales, jueces e instituciones. Ese es un gran paso adelante”. El juicio ante la Corte Interamericana será contra el Estado argentino, responsable de no impedir el daño ambiental y social producido por Atanor.
Maggi trabaja con Gimena Viviani también en el equipo legal de la Asociación de Abogados Ambientalistas. Llevan demandas por el megaproyecto de gas fósil que amenaza el Golfo San Matías, por los desmontes en Chaco, y por el proyecto petrolero Sea Lion al norte de las Islas Malvinas, entre otros.
Plantea Fabián: “El extractivismo es la nueva forma de colonialismo. No hace falta una guerra, invadir un territorio o la conquista de América para llevarse el oro: los mecanismos son los del capitalismo moderno. Ante eso, hay que tener una respuesta soberana para defender lo nuestro. Del otro lado hay una voracidad enorme. Habrá que resolverlo con lucha y que la gente tome conciencia de que es un saqueo y una destrucción no solo ambiental, sino también social”.
La lucha por Atanor visibiliza ese entramado. Y un método.
¿Cuál es ese método? “La constancia. Hay mucho por caminar, pero lo único que sostuvo esta lucha fue seguir, seguir y seguir. Asimilar los golpes, levantarse, saber tejer redes y volver a caminar”.
MU216
Ley de Tierras y después: Cambio de tema

Durante meses el gobierno logró imponer los temas, los tiempos y las preguntas. Hasta que una discusión sobre la tierra parió otra cosa. Lo que apareció detrás y después de ese debate no es –solo– una disputa jurídica ni económica, sino una pregunta más profunda sobre la soberanía, la identidad y el futuro. De César Aira a Peter Thiel, una lectura de la actualidad para crear lo que falta.
Por Claudia Acuña
Fotos Colectivo Triada: Tadeo Bourbon, Lucía Prieto, Juan Valeiro
Uno
Todo cambio es un cambio de tema.
La frase pertenece a la novela Cumpleaños, de César Aira publicada en 2001 y por cierto hoy adquiere otra dimensión ya que fue la única señal que anticipó aquel ciclón. No debe entonces menospreciarse que ahora Aira nos permita leer en sus páginas de ficción lo que representa en estos días el relato de viajeros ingleses por la Patagonia. En su flamante libro Los viajes de Julius Brenchley la suerte de los aventureros británicos queda, por las derivas del clima y del relato, en manos de los pueblos originarios, y los conflictos de la trama se centran en la Guerra entre la Descripción y la Narración: en tanto la Descripción “es propia de los dueños del mundo que preferían pensar que ya está todo hecho, y bien hecho”, la Narración es la esperanza “del pueblo bajo, los explotados y los sometidos”. Así narrar es crear lo que no hay, lo que falta y lo que más necesitamos.
El paisaje que contiene toda esta historia es el que dibuja el colonialismo. Cuenta el narrador que cuando uno de los personajes pretende comprar un par de ejemplares locales para exhibirlos en las ferias del Norte “el patagón no se lo tomó a mal. Para su coleto pensó que los ingleses eran incorregibles. Colonialistas de alma, el mundo para ellos era una tienda de departamentos en la que podían escoger los productos nacionales, incluidos los vivientes”.
Todo este periplo que traza Aira está situado en el siglo 19, hay que aclararlo, quizá porque en estas tierras el pasado nunca se pisa: se transita.

Dos
El mismo día del tratamiento parlamentario del proyecto de Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada y cuando ya estaba caído el acuerdo para aprobar el capítulo que no imponía restricciones a la venta de tierras a capitales extranjeros, su autor, Federico Sturzenegger, ministro de Desregulación Económica, participaba de un programa televisivo en la República Dominicana, donde luego de los halagos recibidos pudo responder su pregunta favorita:
¿Qué es el Estado?
Es el instrumento que los intereses usan para darse privilegios a ellos mismos. Especialmente en nuestros países es un vehículo que el poder usa en beneficio propio.
Sturzenegger también confesó que dos años antes de que asumiera Javier Milei la presidencia ya habían comenzado a analizar las leyes que había que derogar, las que había que modificar y las que había que redactar, y que por eso antes de asumir ya tenían diseñada la arquitectura legal del plan económico: “El factor sorpresa es políticamente importante para modificar la realidad y por eso teníamos que tener todo preparado”. El uso del plural en todos los verbos que utilizó para describir este proceso es el misterio.
Luego cuenta que se formó en la universidad pública de La Plata, que gracias a esa formación accedió al MIT y que formó parte de tres gobiernos diferentes porque siempre combinó la vida académica con la política. “Los dos anteriores fracasaron y siempre me quedé pensando cómo podía ser que gente tan preparada fracasara. Y ahí fue donde desarrollé la teoría del Triángulo de las Bermudas: el país está atrapado por tres grupos que frenan el cambio. Sus vértices son la corporación empresaria, la corporación sindical y el partido peronista como gestor político de estos privilegios. Si no se desarmaba esa arquitectura legal no se podía cambiar nada”. Misteriosa es también la relación de este triángulo con los derechos, pero gracias a esa compresión estratégica implementó el plan que presentó al flamante Presidente electo. Ahora se jacta de que su ministerio lleva concretadas 16 mil desregulaciones que expandieron el Triángulo hasta el infinito y más allá, según se desprende del entusiasmo que suscitan sus palabras en sus interlocutores televisivos.
El programa completo puede verse en Youtube, donde en los cinco primeros días de emitido había cosechado 76 espectadores.

Tres
El ministro de Economía insiste en que Javier Milei ganará con holgura las elecciones del año que viene, pero los mercados ya no parecen estar tan seguros pese a la extrema confianza de Luis Toto Caputo. “El rebote del riesgo país de los últimos días da la impresión de ahora estar obedeciendo mucho más a factores locales que externos”, escribe el periodista Pablo Wende en Infobae. Es el mismo periodista que el 26 de abril de este año anunciaba: “La lluvia de dólares se intensificará y el peso seguiría fortaleciéndose en los próximos meses”.

Cuatro
Un informe realizado por la empresa QSOCIAL Big Data concluyó que la discusión pública sobre la reforma de la Ley de Tierras quedó ampliamente dominada por los sectores que rechazaban la iniciativa impulsada por el gobierno. El 70,2% de todas las interacciones registradas expresaron oposición explícita a la reforma, mientras que apenas el 0,9% correspondió a contenidos de defensa del proyecto. El resto de las publicaciones fueron catalogadas como informativas o neutrales.
El trabajo sostiene que la principal derrota del oficialismo se produjo en el terreno simbólico, ya que la oposición consiguió instalar la idea de “extranjerización” de la tierra como marco interpretativo del debate, desplazando la denominación oficial del proyecto vinculada a la protección de la propiedad privada.
Lo más relevante: el eje central de la discusión no fue jurídico ni ambiental, sino acerca de la soberanía territorial. En ese sentido, identificaron que numerosas publicaciones relacionaron la reforma con temas como Malvinas, la defensa del territorio nacional y símbolos asociados a la identidad argentina, una vinculación que generó altos niveles de participación en redes sociales. En particular, menciona una producción de Malena Pichot que disparó más de 582 mil interacciones y más de 10 millones de reproducciones.

Cinco
El fiscal federal Guillermo Marijuan presentó una denuncia penal contra Malena Pichot por el presunto delito de instigación a la violencia. El funcionario judicial actuó de oficio fundamentando su decisión en el carácter público, la gravedad de las expresiones y la masiva difusión del mensaje. Las víctimas señaladas en la presentación judicial, hacia quienes se dirigía de forma implícita la publicación, son los economistas, empresarios y funcionarios Luis Toto Caputo, Federico Sturzenegger y Peter Thiel.

Seis
Rodrigo Zarazaga es sacerdote, doctor en Ciencias Políticas, licenciado en filosofía y director del Instituto Universitario Centro de Investigación y Acción Social (CIAS), un polo de formación de cuadros políticos impulsado en su momento por el Papa Francisco. Dos días antes del debate parlamentario del proyecto de Ley que Cambió de Tema participó de un coloquio organizado por los diarios Clarín y La Nación bajo la ficción “Repensar la Argentina”, cuyo escenario fue un museo de arte, el Malba.
Una platea poblada de empresarios y vacía de políticos escuchó atenta su intervención que, a una semana de su emisión, había capturado en Youtube 10.666 espectadores. Una posible síntesis de su teoría, que bien podría interpretarse como otra mirada sobre el mismo Triángulo:
“Las instituciones terminan siendo un reflejo del poder de las elites. El problema es quién las captura: si las elites extractivistas o las que crean valor”.
“¿Quiénes son las elites extractivistas? Son aquellas que hacen riquezas a partir de privilegios que obtienen del Estado. Ahí radica el problema de Argentina y si queremos solucionar ese problema en lugar de preguntarnos cómo, lo primero que tenemos que preguntarnos es quiénes. Porque si quienes capturan al Estado son las elites extractivistas no hay posibilidad de que cambien su manera de hacer de negocios, porque sus privilegios están asegurados por las leyes que imponen”.
“Con algo de ironía diría que lo que nos falta es una coalición de Los Buenos que llegue al poder, porque sin poder no hay cambio”.
“El conurbano no me entra en Vaca Muerta. Entonces esa coalición generadora de valor, la de Los Buenos, tiene que pensar qué le puede ofrecer. Recuerdo una conversación con un chico llamado Matías. A los 7 años su mamá, jefa de hogar, le dice ‘no vayas más a la escuela: necesito que te dediques a cartonear’. A los 12 cae en situación de consumo. A los 14, en delincuencia y a los 15, preso. Lo conozco a los 18, en la cárcel.
Le pregunto:
¿Cómo te imaginás tu futuro?
Me responde: Yo no tengo más futuro.
Si la coalición de Los Buenos no tiene una propuesta de futuro para Matías lo que no tiene futuro es este país”.
Siete
El gobierno está en una deriva. Así lo define Gustavo Córdoba, analista político y director de la consultora Zuban Córdoba que realiza encuestas cualitativas para tomarle el pulso a la conversación social. En su último trabajo analizó justamente la irrupción de un cambio de tema que emergió con una palabra como abracadabra: soberanía. El 70% de sus encuestados manifestó que su voto está condicionado por esa perspectiva. “La sábana en el partido Inglaterra-Argentina generó una conversación que el gobierno no supo cómo responder ni cómo participar ni cómo reaccionar”. Funcionó como un knock out, pero también como un despertador. “El gobierno supo instalar la idea de que enfrente no tiene oposición y la cuestión Malvinas dejó en evidencia que enfrente tiene ahora a la sociedad”, sintetiza Córdoba.
¿Qué incidencia tiene este cambio en las proyecciones electorales?
Arriesga Córdoba: “Hoy por hoy la mayoría quiere un cambio. Eso significa que cualquiera que se le ponga enfrente al oficialismo tiene chances de ganar, pero todavía falta mucho para las elecciones. La sociedad va a agarrar lo que tenga a más a mano”.
¿Cualquiera?
Recuerda entonces Córdoba: “Para dar marco a cualquier proyección creo que hay que tener muy en cuenta dos cosas. La primera es que en nuestro país todavía todo se define políticamente en términos de peronismo o antiperonismo. Y lo segundo es que toda relección está condicionada siempre por el factor económico: si va bien se gana; si va mal, el voto es castigo”.

Ocho
Apenas once días después del tratamiento legislativo del Proyecto que Cambió de Tema fue el aniversario de la muerte del general José de San Martín, símbolo de la batalla contra el colonialismo, entre otras guerras argentinas. Luego de una larga reclusión, ese día reapareció en público el presidente Milei visiblemente impactado por los despechos que le depara esta nueva narrativa de la realidad. Fue en Rosario y en un acto en el que aprovechó para darle un fuerte y efusivo abrazo al ministro Desregulador-Extractivista Sturzenegger. A esa misma hora, pero en el capitalino Barrio Parque una treintena de jóvenes autodenominados Lxs Gandalfs del Sur se instalaron frente a la casa del lobista Peter Thiel con un cartel que proclamaba en idioma bilingüe:
“You shall not pass, la concha de tu madre”
Con atuendos negros, largas barbas grises y sombreros de punta cantaron:
“Peter, Peter compadre,
la concha de tu madre.
Vos tenés palantires para ver el futuro,
mirate en el espejo vas a ver un boludo”.
Peter Thiel, hay que aclararlo, es dueño de la corporación Palantir, dedicada a la inteligencia y el procesamiento de datos para que los gobiernos controlen a las sociedades, desaten sus genocidios y extraigan sus ganancias de manera eficaz y remota.
En la ficción de la literatura que creó John Ronald Reuel Tolkien con la saga El señor de los anillos los palantir son piezas de comunicación que, en manos equivocadas, permiten manipular la realidad.
Tolkien la tenía clara: la batalla final es por la Imaginación.
MU216
Agroecología en Misiones: El libro de la selva
Una cooperativa agroecológica de quince familias produce alimentos sin químicos en medio de la selva misionera y muestra cómo cultivar de un modo sano y rentable. Unión Campesina, los secretos de la tierra, la casa de las semillas, y una decisión: hacer mucho y hablar menos. El método del Fukuoka misionero. ¿Cuál es la rueda que está girando?
Por Francisco Pandolfi
Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org
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