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El profe

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David Harvey. Uno de los teóricos sociales más respetados del mundo cultiva su huerta y sus ensayos en Miramar. Ideas para pensar la crisis del sistema y el futuro, mientras se observan las hormigas.

El profeEl tema puede ser el neoliberalismo, el calentamiento global, el modelo extractivo y las formas en que los grupos sociales podrían ganar esas batallas. Pero el tema también pueden ser las hormigas de Miramar: “No logro sacarlas. He plantado tomates, zapallos, toda una huerta, pero ellas siempre están allí, y hasta entran a la casa. Dan mucho trabajo”, dice David Harvey en un claro inglés de inglés, tomando café con leche.
Es uno de los más célebres teóricos sociales del mundo, 76 años, doctor en Geografía, uno de los autores más citados por otros investigadores de ciencias sociales y humanidades –según Wikipedia y las estadísticas de Google–, marxista, graduado en Cambridge, profesor de Antropología en la Universidad de Nueva York, autor de 20 ensayos que le abonan el prestigio: Límites al capitalismo; El nuevo imperialismo; Breve historia del neoliberalismo, por nombrar algunos. Próximamente: Ciudades Rebeldes.
Está casado con Haydée, argentina y profesora de Geografía en los Estados Unidos. Viven en Nueva York, tienen una hija, pero todos los años llegan a Miramar, a la chacra de la familia de Haydée a 15 kilómetros del mar, en la que Harvey cambia sus exploraciones académicas por la pequeña agricultura familiar. “Siempre defendí la idea de que la gente tenga tiempo para hacer algo completamente diferente, y sentir las cosas de otro modo. Decidí venir, cultivar la tierra, disfrutar, y tratar de comer lo que produzco. La vida de un campesino. Se me acabó la lechuga, tuve que comprar durante un tiempo, pero ya volvió a crecer”, dice con orgullo tras un paseo por la playa y por la peatonal donde miles de personas trabajan de turistas.
La clave del modelo
Es posible que algunos imaginen que se trata de un vecino un poco excéntrico, pero Harvey es alguien que funciona para el mundo intelectual como un GPS (Global Positioning System, ya que la vieja brújula tiende al museo), que sigue considerando crucial para su vida “inventar ideas” y formas de explicar lo que ocurre en ese objeto giratorio y viajero llamado mundo.
Por ejemplo, inventó un concepto para explicar la actual etapa neoliberal: acumulación por desposesión. No es la “creación” de riqueza, sino la extracción de recursos a la naturaleza, a los países, a las sociedades y a las personas. No sólo la clásica explotación de los trabajadores, sino también la desposesión de las tierras y bienes comunes, sumada a las ficciones económicas que buscan mercantilizar cada aspecto de la vida. Algunas escenas de esa película: las privatizaciones, la financiarización de la realidad, la manipulación de las “crisis” capitalistas por parte de gobiernos y corporaciones, la concentración económica… y ahora, el modelo extractivo.
¿Cómo pensar la actual etapa neoliberal? Harvey es una celebridad humilde, que prefiere advertir cuando no sabe algo, y propone pensarlo (jamás será panelista de la TV argentina). “Durante los últimos 10 años, pero en especial después de la crisis de 2008, el modelo extractivo se ha transformado en algo mucho más fuerte y feroz. Una razón es la caída en la rentabilidad de sectores de inversión como el inmobiliario o los bancos. El estallido de las burbujas y el crash financiero. Por eso el gran capital se muda a rubros más seguros como minería o agricultura extractiva (que agota los suelos e instala el monocultivo), y para hacerlo tiene que atacar la propiedad local de cada país, y disciplinar al sector obrero”, dice en referencia a todo el mundo del trabajo. “Así buscan garantizar la mayor rentabilidad”. Harvey mira la taza: “Y a la rentabilidad suelen defenderla mediante la violencia”.
Violencia
Claves: “Hay una creciente conciencia de lo que está ocurriendo por las luchas que llevan adelante poblaciones indígenas y comunidades en muchos lugares del mundo, luchas que son cada vez más obvias y visibles para todos. La violencia contra los pobladores de esas zonas también está haciéndose evidente, y empieza a entenderse como una cuestión política”. Quienes hayan estado en Tinogasta, Andalgalá, Belén o Famatina este año, saben de qué habla. “Para mucha gente en las grandes ciudades se trata de algo lejano. No es muy fácil que esa gente se movilice para cuestionar una violencia y una situación que creen que no los afecta”.
Sin embargo Harvey percibe cambios favorables: “Hay mayor unidad internacional entre los movimientos de resistencia. Por ejemplo, grupos de la India que trabajan y se relacionan con campesinos brasileños y bolivianos. Esas cosas harán más difícil que las corporaciones mineras puedan operar tan libremente en el mundo. Publicaciones como ésta (señala a MU) pueden llamar la atención sobre estas situaciones, y eso es fundamental”.
Asado a la carretilla
En Miramar, Harvey fue protagonista de un documental de la futura señal televisiva de Internet Bioecon TV (ya hay imágenes en Youtube, y de paso se agradece a la periodista Cecilia Hecht su rol de puente e intérprete de esta charla en medio de los cafés con leche). Harvey me cuenta algo que no aparece en Wikipedia: se ha convertido en un experto en asar cordero a la carretilla (se usa el fondo de la carretilla para las brasas, y sobre ellas va la parrilla). “Aquí además cultivé chauchas, morrones, pimientos, berenjenas, tengo gallinas, un poco de todo”.
¿De dónde surge ese entusiasmo? “Me crié en Inglaterra en medio de la Segunda Guerra Mundial. Mi padre tenía una pequeña parcela. Hubo un movimiento muy grande para que la gente se autoabasteciera de frutas, verduras, aves de corral, cerdos. Lo llamaban ‘dig for victory’ (cavar para la victoria). Se calcula que el 15% de los alimentos de Gran Bretaña fue autoprovisto en esa época”.
¿Pasado o futuro? Hay corrientes de pensamiento en todo el mundo que plantean romper el hacinamiento urbano facilitando que grandes grupos ocupen campos para practicar ese tipo de agricultura familiar, totalmente diferente al imperio del monocultivo y la desertificación. Harvey: “Es una gran idea. Pero ¿todo el mundo podría o querría hacerlo? Tener tierra es muy bueno, pero es un trabajo duro. Tal vez no hay que hacerse fantasías, pero conviene pensarlo”.
¿Puede cambiar el modelo extractivo? “El capitalismo siempre ha demostrado mucha flexibilidad para modificar, si hace falta, algunos de sus aspectos más feroces. A través de las presiones sociales se puede obligar a las corporaciones a retroceder a una manera más civilizada de hacer las cosas. Han capitulado en asuntos como seguridad laboral y salud”, dice Harvey, aunque ello cunde más en países primermundistas que en territorios al uso nostro.
“Pero creo que el problema básico no va a desaparecer. Las empresas y gobiernos resistirán con mucha fuerza cualquier medida social que intente controlarlos, y ese es uno de los centros actuales de conflicto. El único mercado global que todavía no ha colapsado es el de los recursos naturales. Pero esto genera problemas de toda clase con respecto al calentamiento global, a migraciones masivas por la desposesión que son respondidas con leyes antiterroristas, militarización, control policial, desinformación por parte de los medios de comunicación capitalistas, y más violencia, para combatir el descontento de las personas a las que el sistema quiere convertir en prescindibles”.
Crecimiento vs. Desarrollo
¿Es lo mismo “crecimiento”, “desarrollo” o “progreso”? “El capitalismo siempre habla de crecimiento del producto bruto, pero un modelo de desarrollo para mí es el que busca maximizar las capacidades humanas, su potencial. Eso significa una combinación entre libertad y autonomía, por un lado, conectadas con ideas de justicia social por otro. Este es un mundo en el que crecimiento puede significar obtener mucha riqueza por medio de la manipulación financiera. Y esa manipulación destruyó a las ciudades industriales. Pero tampoco la industrialización es garantía de desarrollo. Bangladesh, Vietnam o Camboya están muy industrializados y son países tremendamente pobres”.
Pero entonces, ¿cuál es la salida, si nada parece funcionar? Harvey mira los nubarrones. “La pregunta leninista, ¿qué hacer? Yo no tengo una respuesta. Si alguien me la da, la escribo”. Le cuento que en Argentina algunas comunidades movilizadas, pueblos originarios, vecinos autoconvocados, movimientos sociales, son los únicos que ponen freno a los mega emprendimientos, y lo hacen cuestionando a los partidos políticos, incluso los de izquierda. “Hay ejemplos notables de esto, pero la historia sugiere que muchas veces son victorias temporarias. Se ganan batallas pero no la guerra. Por otro lado, la izquierda tradicional fracasó terriblemente en los 70 y la gente correctamente ha desconfiado del Estado, de los partidos políticos y los sindicatos. Pero creo que tenemos que seguir pensando en cómo ganar la guerra, no sólo contra una empresa. Entender que lo que llaman `crisis´ no es de un país, una industria o un mercado, sino del sistema, que se reorganiza mediante las propias crisis para seguir subsistiendo”.
Holloway, Negri y Wall Street
Harvey dice que simpatiza con las corrientes autonomistas de pensamiento (que buscan la horizontalidad y la independencia de los grupos sociales con respecto a los partidos políticos y al Estado), pero que no quisiera que sus estudiantes se tomen demasiado en serio a Toni Negri o John Holloway y las ideas de cambiar el mundo sin tomar el poder. “Pero como marxista sé que la izquierda fracasó. Entonces creo que debemos pensar en construir ideas y movimientos políticos alrededor de un modelo completamente diferente, mucho más de base y democrático, no hecho desde arriba sino desde abajo, pero que logre pensar no sólo la lucha local, sino que pueda interactuar con organizaciones a diferentes escalas. Es muy difícil que una asamblea comunitaria pueda operar con respecto al calentamiento global”.
Es todo un territorio nuevo, en el que Harvey se siente “un poco optimista, porque hasta hace 10 años en movimientos asamblearios como los que ahora ocupan Wall Street y muchas ciudades norteamericanas, había comprensible desconfianza hacia los académicos. No es que diga que alguien como yo comprende al mundo perfectamente, pero algunos aportes podemos hacer. Y tenemos mucho que escuchar y aprender de ellos o de gente como ésta (señala una foto del corte de Famatina que ilustra el número anterior de MU). Ahora hay diálogo, y eso es un gran progreso”.
Modelos
Sobre Argentina: Harvey cree que la sola idea de industrialización no alcanza para pensar alternativas al modelo extractivo. “Argentina puede industrializar algunas cosas, pero los chinos ya le han dicho que produzca materia prima (soja y minería) y sea un mercado para los productos chinos. Si se intenta alta tecnología, el problema es que Argentina saldrá a competir con Alemania, Estados Unidos, incluso Brasil. Y nada de eso genera trabajo, por los avances tecnológicos (alta productividad: se produce mucho con poca gente). Creo que es mejor moverse hacia áreas que requieren mayor mano de obra: salud, construcción, servicios”.
Eso defendería a países como Argentina de un posible estancamiento de la economía china. “Allí empieza a haber problemas, por lo tanto acá puede haber problemas. Ir de la hegemonía occidental a la china es como saltar de la sartén al fuego”. ¿La opción? “Creo que una regionalización real del mercado latinoamericano permitiría abrir industrias específicas orientadas a ese nuevo gran mercado y a exportar de modo más sólido”.
Sobre el mundo: “El poder de China es mayor que nunca. Brasil tiene una economía mayor que la de Gran Bretaña y es hegemónico en Sudamérica. Alemania lo es dentro de Europa. El poder global se equilibró, pero si hablamos de poder militar, Estados Unidos es hegemónico. Estamos viviendo en poco tiempo cambios muy rápidos, producto de las crisis que genera el capitalismo para reorganizarse”.
Sobre el futuro: “Yo sigo imaginando una revolución pero, como decía antes, en base a modelos surgidos desde abajo, democráticos y que partan de esas organizaciones locales. Y pensando que ya no son las fábricas el escenario de la transformación, sino las propias ciudades las que se agitan, como lo estamos viendo en tantos lugares del mundo. Allí está la lucha de clases. Me gusta imaginar una sociedad que permita que se desenvuelvan los poderes y capacidades humanas. Deberíamos ir hacia un mundo en el que todas las personas tengan un ingreso global garantizado aunque no trabajen, que les permita tener vivienda, comida, salud, estudios, como si todos fuésemos accionistas de una misma empresa, que es la Tierra, con cajeros automáticos a los que cada uno va a obtener lo que necesita. Sigo pensando en esas cosas, espero encontrar más respuestas, pero claramente es mejor debatir en esa dirección que en la actual, que lleva a la desigualdad, el empobrecimiento masivo y la violencia”.
Ideas sobre la vida
En Miramar, entre berenjenas, hormigas y El Capital, sin celular ni Internet en su casa (“voy a un bar con wi fi cuando quiero conectarme con mis estudiantes”) parecería que Harvey ha ido rumiando otros dilemas. “No me interesa mucho ser recordado. Creo que lo más importante es que la gente tenga una buena vida, y nada más”.
Otra cosa: “Me gustaría decirle a mi hija que ella fue muchísimo más importante para mí de lo que yo seré jamás para ella. Me parece que esa es la verdadera naturaleza del amor: una cierta unilateralidad”.
Una sensación: “Todos somos vulnerables, eso significa cierta inseguridad, y desconocimiento. Me gusta el florecimiento de la diferencia entre las personas. La fragilidad humana y su aspecto caótico implican también tensión creativa: si uno no fuera frágil no sabría cómo ser fuerte. Esa dialéctica hace que la vida sea tan fascinante”.
Y finalmente, no hay final: “No creo que haya tal cosa. Nunca me gustaron los finales de las películas o las novelas. Si son buenas quiero que sigan y sigan. Sólo hay nuevos comienzos. A los 76 años todavía me pregunto: ¿qué querés ser cuando seas grande? Y creo que ese pensamiento es una forma interesante de acercarse al mundo”.
 

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Expo Asco

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Cuando la fotógrafa Lina Etchesuri fue a Expo Agro trajo una cosecha, de la que aquí publicamos apenas una selección. El azar, que nunca es casual, nos entregó un link: Amador Fernández Savater, desde España, nos informaba de la salida de un interesante libro, Teoría de la Jovencita, editado por Acuarela. Se trata de un texto cosido a imágenes (a nuestro gusto, mucho menos reveladoras que éstas) donde se analiza la relación entre el uso del cuerpo femenino y la máquina que vende capitalismo en tiempos de crisis terminal. Lo interesante de este texto, además, es que no lo escribe ni un autor ni un colectivo: Tiqqun.
Expo Asco“Tiqqun es el nombre de un medio, un medio para construir enérgicamente una posición. Toda posición es una taxonomía, una topografía espiritual, una inteligencia política de la época: una toma de partido”. Este planteamiento encontró lugar en una bella revista publicada en francés de idéntico nombre y breve existencia: Tiqqun 1, en 1999 y Tiqqun 2, en 2001. Los contenidos pueden consultarse en su web.
Ahora, Tiqqun dibuja en este libro el campo de batalla: de qué modo un bolso, un culo, una sonrisa, un perfume, pueden ser armas en una guerra. Librada entre nosotros y en el interior de cada uno.
 

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El planeta soja

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Una vuelta por el campo según Expo Agro. Nuestro enviado especial, Darío Aranda, recorrió el escenario donde monta su marketing el agronegocio. Clarín y La Nación son los dueños del tinglado. Las corporaciones exponen allí ideología, marketing y estrategias. Y el Estado, también.
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Power Verde

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Jeremy Rifkin. Las empresas energéticas son dinosaurios que pronto van a desaparecer. Es la hora del poder de las calles y de Internet. ¿Quién lo dice? Un gurú del sistema.
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LA NUEVA MU. Dar pelea

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