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Los zombies del barrio

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Farsa Producciones. Cómo una productora independiente de zona Oeste encontró en YouTube una manera de obtener ingresos a través de las visitas y reproducciones de sus videos.

Corre 1997. La pantalla de televisión muestra la balanza de la Justicia. Arriba, a la derecha, el logo de Canal 13. Hay una voz en off que lee: “Los conflictos que se presentan en Forum son reales. Los participantes aceptan la resolución del doctor Luis Moreno Ocampo. Adelante las partes litigantes”.
Entra un flaquito con remera roja. La locutora presenta:
–Este es el demandante, Hernán Sáez, que reclama a Sebastián Muñiz que acepte filmar las últimas escenas de la película que filmaron juntos.
Otro joven, más grandote, aparece en escena.
–Este es el demandado, Sebastián Muñiz, quien aduce que no va a terminar la filmación si el demandante no cambia de guión.
El conflicto está instalado.
La farsa entró en acción.
 
 
Dos fotos
 
Qué es Farsa Producciones? En la página web hay dos fotos que resumen absolutamente todo.
Foto uno: dos purretes de 10 diez años se abrazan, sonrientes. El año es 1990. Pablo Parés y Hernán Sáez se conocieron en una guardería a los 2 años, hicieron el jardín de infantes juntos y quedaron como amigos para toda la vida. Había una influencia directa sobre ellos: el hermano de Pablo es historietista (Diego Parés, sus dibujos ilustraron MU) y, cuentan, sus cabezas se ilustraron con esas fantasías.
Parés y Sáenz crecieron con un nuevo boom de Tex Avery, Chuck Jones y con la película de animación de Robert Zemeckis, ¿Quién mató a Rogger Rabbit? Eso los cebó y comenzaron a producir sus propias animaciones. A partir de ese momento, la creatividad no se detuvo. Se sucedieron cortos, series. Salieron en revistas y hasta en un canal de televisión. Era un hobby, sí; pero también proyectaba un futuro. A los 15 años se creían Hollywood.
Foto dos: Cinco adolescentes –Walter Cornás, Sebastián Berta Muñiz (VJ Berta, de MTV, para los memoriosos), Hernán Sáez, Paulo Soria y Pablo Parés–, en el Haedo de 1997, durante una jornada de rodaje de su ópera prima, Plaga Zombie, que significaría un antes y después en el cine independiente y fantástico argentino. Tenían 17 años. Soria, que había sido invitado para hacer de extra como zombie, tenía 15. Y el universo fílmico se había ampliado: apareció el primer cine underground y los pibes quedaron alucinados con Mal Gusto, de Peter Jackson, o la saga Evil Dead, de Sam Raimi. Muchas estaban hechas con dos mangos. Y al verlas, pensaban: “Nosotros podemos hacer lo mismo”. La influencia en sus producciones resultaría vital. Pero como no había Internet o YouTube para conseguir esas películas, recurrían a otras fuentes. El videoclub Mundo Macabro era el lugar donde conseguían las producciones de terror. La ubicación: calle Corrientes, cerca del Obelisco.
Que no pase de largo: pibes de Haedo viajaban hasta Corrientes para alquilar una película de terror. Copiada. Pero esa era la única manera. Y así el VHS circulaba por todo el barrio.
 
 
Mundos paralelos
 
aulo Soria define que, en general, el método de financiación de FARSA fue la autogestión. La primera parte de Plaga Zombie tuvo una tirada de 500 VHS y fue todo un éxito. Luego, con Zona Mutante (segunda entrega), apelaron a nuevos nichos: la aparición de las convenciones de historietas de Fantabaires (fines de los 90) resultó clave. “Antes no había un punto de encuentro de los nerds. Estabas aislado. Hoy, con Internet, estás nucleado entre todos los freakies”, resalta Parés. Hacia aquellas convenciones partieron con un chanchito zombie para que los participantes colaboraran con lo que pudieran. Los que ponían se llevaban un certificado de productor de la película.
En otras palabras: financiamiento colectivo cuando aún no existían las plataformas virtuales de hoy en día.
La recaudación solventó un año y pico de rodaje. Una vez terminada, la distribución de los DVD en el exterior (Alemania, Francia, Italia y varios más) hizo el resto: el primer año de esta productora “más en serio” (se conformaron como SRL en 2004 porque la revista que editaba los DVD pedía una garantía de autenticidad) fue cubierto con esas ventas. Entre ambas Plaga Zombie trabajaron en un programa de Canal 13, donde pudieron recaudar algo más de plata.
La tercera parte de la saga, Revolución Tóxica, necesitó más dinero. “No podíamos tomarnos dos meses sin laburar. Por eso tuvimos que juntar guita para bancarnos nuestros propios sueldos y toda la producción”, dice Soria. Allí se invirtieron las ganancias que quedaron de otros laburos, más el aporte de una productora italiana. Pero el resto de las producciones también fueron autogestionadas: Filmatrón (premiada en el BAFICI luego de que rechazaran Plaga Zombie), Nunca asistas a ese tipo de fiestas (rodada en medio de Plaga Zombie 2) y su segunda parte. Por otro lado, 100% Lucha: El amo de los clones corrió por cuenta del INCAA, y Kapanga Todoterreno, por la discográfica. Altamente recomendable es uno de sus últimos trabajos, Daemonium, una película episódica de ciencia ficción situada cientos de años en el futuro. Y están a punto de presentar un proyecto para el Instituto, Fin de Semana Salvaje, una producción en 3D.
Los videoclips fueron otro recuso que explotarían: desde Árbol, pasando por Attaque 77 hasta los Pimpinela.
 
 
Éxito 2.0
 
a fuente de ingresos actual de FARSA es Youtube, en tiempos en que no tienen gastos fijos y las cabezas están puestas en futuras producciones.
Abrieron un canal propio para subir sus cortos, series y películas a un año de la creación del sitio web. No sólo eso: realizaron producciones exclusivas para este soporte, como Post, una excelente parodia de Lost, donde los personajes viven extraños sucesos en una isla de posproducción.
Las visitas son de a miles y miles. Plaga Zombie 2 encabeza el ranking con casi 2 millones de reproducciones. Una verdadera locura. De esta manera, el canal comenzó a tener suscriptores (tienen casi 6 mil) y, cuando la filial de Google arribó al país, hicieron los trámites para ser dados de alta como partner (una suerte de afiliado) de YouTube y poder obtener ingresos gracias a sus producciones. Las condiciones: subir videos con cierta periodicidad y que cuenten con la propiedad intelectual de los propios partner (para evitar que lucren a partir de las realizaciones ajenas). El monto se genera a través de la publicidad y de las reproducciones de los videos. “Te liquidan una vez que superás los 100 dólares”, explica Parés. “Vos vas acumulando y, cuando llegás a 100, te pagan y vuelve a cero. Lo cobramos por Western Union. Vas con el documento y el papelito que te manda Google, lo imprimís y te dan la plata. Es raro. Al principio me sentía medio un delincuente. Después me enteré de que son de las empresas más grandes del planeta y dejó de darme culpa”.
La cifra, por mes, varía. “Algunos meses cobramos 500. Otros, 300. Otros, 150. Depende el movimiento que tenga el canal”, dice Parés. “Vamos sacando un poquito por mes, pero al no tener gastos fijos en este momento, es toda plata que te queda para seguir filmando. Por eso le damos mucha difusión y le decimos a la gente que vaya a ver las cosas ahí. Lo que tiene es que es poco: Google la debe estar juntando con pala”. El destino del dinero no son los sueldos, sino los recursos: compraron un travelling, luces, discos rígidos y pagan a artistas como Gustavo Zala o Chimiboga para que continúen ampliando el universo Plaga Zombie a través de historietas y series animadas.
 
 
La farsa
 
hora la trilogía se exhibirá en la próxima edición del BAFICI. Cuentan que la primera Zombie se filmó desde la inconsciencia total. Comenzaron en quinto año de secundario y la concluyeron en los primeros meses de facultad. “Cuando la largamos tuvimos muy buena repercusión”, recuerda Pablo Parés. Pero ¿cómo lograron estos pibes de Haedo esa ´muy buena recepción´, en tiempos en que no existían las herramientas de difusión actuales. “Tratabas de mover las cosas de otra manera”, dice Parés. ¿Cómo? Un ejemplo: la participación en Forum. Reflexiona Parés: “Creo que ninguna película nacional tiene media hora hablando por Canal 13 en horario central. El hecho de no tener recursos te potencia a full la creatividad”.
Además, les pagaron 400 pesos a los participantes por el día de trabajo perdido. Y eso no es todo, amigos. Para la segunda película pensaron ¿por qué no? y lo hicieron de nuevo. Dos integrantes del plantel volvieron al programa, con otro conflicto: Walter Cornás denunció a Pablo Parés por haber plagiado sus personajes de historieta.
Levántense y aplaudan.

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