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Para abrir la cabeza

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Raúl Zibechi: Latinoamérica hoy, vista desde abajo. Una mirada sobre la actualidad geopolítica del continente que explica con una óptica diferente desde qué simboliza hoy Lanata hasta cómo se organiza el pueblo mapuche o los zapatistas. Los conflictos por el modelo extractivo, la falta de una alternativa productiva y el rol de Brasil, el gran estratega que domina la región. Si querés enterarte de qué hay de nuevo y por qué, entrá y compartí esta charla.


1: Ecuador
En Ecuador hay un gobierno que se proclama de la “revolución ciudadana” y tiene una Constitución de avanzada en materia ambiental, que habla del Buen Vivir y de los derechos de la naturaleza. Al mismo tiempo, hay unos 179 ó 180 militantes y dirigentes indígenas acusados de sabotaje y terrorismo, por hacer lo mismo que hicieron siempre: cortar rutas, ocupar espacios públicos, parar obras de la minería. El gran combate de esos movimientos sociales es por la defensa del agua y en contra de la minería a cielo abierto. Correa dice que son “pancitas llenas” que, como viven bien, se dedican, con apoyo de las oenegés imperialistas, a criticar al gobierno y combatir la minería. Hay que tener en cuenta que Ecuador tiene una economía cuya moneda es el dólar y por eso el tema del imperialismo está muy presente y relacionado con Estados Unidos.
También Evo Morales señala a las oenegés como organizaciones manejadas por el imperialismo con la intención de erosionar el poder de los gobiernos locales.
Correa y Evo acusan a los movimientos de estar manipulados por las oenegés, como si los indígenas fueran menores de edad. Hay varias cosas en común entre Bolivia y Ecuador: una, que los movimientos son fuertes; otra, es que los gobiernos son “revolucionarios” y que hay una pugna flagrante entre los proyectos modernizadores de los gobiernos y los movimientos, que son criminalizados y perseguidos. Pero el dato interesante que surge en la investigación que hice para este libro sobre Brasil: la clase dominante tanto en Bolivia como en Ecuador está cambiando muy rápido. La burguesía financiera de Guayaquil quebró y hoy es la burguesía financiera de Quito, del altiplano, la dominante. También los últimos trabajos que están publicándose en Bolivia hablan de una nueva burguesía, en la cual las dirigencias aymaras y quechuas tienen un papel importante. Esa fue la contradicción que se manifestó en el Tipnis, cuando una gran movilización indígena frenó el proyecto de hacer una carretera en ese territorio ancestral que es parque nacional. En el Tipnis el conflicto fue entre los cocaleros, que son parte de esa nueva burguesía, versus los indígenas. Ahí se vio claramente cómo la vieja burguesía va mutando y se le va acoplando una nueva. Y ese proceso está sucediendo en todos nuestros países.
¿Cómo es, entonces, el mapa del poder hoy?
Básicamente lo que tenemos es: por un lado, los viejos propietarios de los medios de producción –los Techint, por caso– y, al lado, lo que llamamos los gestores.
¿Qué representan esos gestores?
Son esa gente que apareció en estas películas de Hollywood, a raíz de la crisis de 2008. Gente que no es dueña de los bancos, pero gestiona los bancos. Los fondos de pensiones o de capital, que representan la materia prima de la especulación financiera, necesitan gestores, que ganan muy bien. Son parte de la burguesía, aunque no son propietarios de los medios de producción. Pero sí dominan el circuito financiero económico de la reproducción del capital. Entonces una de las contradicciones que vemos en estos países es entre los propietarios y los gestores, que están aliados en algunas cosas y en otras cosas no. Es interesante ver cómo se ha complejizado la clase dominante, y ver los conflictos que hay como conflictos dentro de la clase; cómo unos utilizan a los sectores populares y otros a otro sector, en función de sus proyectos e intereses, que tienen puntos de unidad y puntos de conflicto. Básicamente, estamos en una etapa de reconfiguración de las clases dominantes. Y en Bolivia y Ecuador es donde se ve muy claro.
2: Bolivia
En Bolivia es donde los movimientos sociales más fuertes son, a donde más lejos han llegado y donde más fuerte han interpelado la lógica dominante. Con una gran virtud: son movimientos muy diversos. Una cosa son los aymaras del altiplano, y otra los pueblos de tierras bajas. Muchas veces sus explotadores pueden ser multinacionales, pero otras, sectores aymaras y quechuas. Esto teje una trama de conflictos muy compleja, que hoy da como resultado que los que estén más abajo sean los pueblos de las tierras bajas. Ahí lo que tenemos es una reconfiguración interesante de la dominación, en la cual la burguesía no es aquella burguesía que hablaba gringo; apareció otra de poncho y de lengua aymara-quechua, que es la que encarna Álvaro García Linera, por ejemplo, el vice de Evo. Él es el teorizador de las nuevas prácticas de los dominadores, la bisagra entre lo occidental y lo indígena, por decirlo de alguna manera. Bolivia es el laboratorio ideal de todo este proceso, por eso se ve claramente cómo desde el poder, cuando aparece un movimiento indígena desafiante, el gobierno intenta crear uno paralelo. Es una política de clonación para introducir grados de confusión, de un hacer desde adentro, con líderes cooptados, con el propósito de crear una división brutal y enturbiar el agua. Así, hasta que las cosas decantan, ganan un tiempo para implementar sus proyectos. Son prácticas de dominación mucho más finas que las de antes.
¿Qué quedó, entonces, de ese concepto tan claro que desarrollaste en tu libro sobre Bolivia, el “dispersar el poder”?
Bolivia sigue teniendo esas prácticas. Por ejemplo, tenemos publicaciones, como una revista mensual llamada Pukará, tenemos la corriente katarista que atravesó un poco Álvaro García Linera, pero que hoy mantiene su desarrollo autónomo, tenemos grupos feministas como Mujeres Creando. Son los que están diciendo: “Esto sigue siendo un Estado colonial aunque lo llamen plurinacional”. Y es interesante este señalamiento porque nos muestra claramente la situación. Si uno mira el movimiento indígena latinoamericano nota que hay dos corrientes: la del Estado pluri, que es la más visible, pero que no ha refundado el Estado-Nación, sigue siendo el mismo Estado colonial, pero con un sellito multicolor; y la corriente autonómica, que representan los mapuches, los zapatistas, algunas organizaciones colombianas, y todos aquellos que no defienden la idea del Estado pluri.
¿Por qué?
Porque el Estado pluri ha sido la puertita para que el Estado-Nación colonial perpetúe sus prácticas. Porque el Estado no se refunda por redactar otra Constitución. El Estado son prácticas. Hay un trabajo del boliviano Luis Tapia muy interesante que lo expresa claramente. Se pregunta: “¿Cómo puede haber un Estado pluri si tenemos un gobierno más presidencialista que nunca, con triple reelección”. Entonces, si tus prácticas gubernamentales no dispersan ese poder centralista, ¿dónde está lo pluri? Bolivia es un escenario donde los de arriba intentan disfrazarse de poncho y los de abajo están denunciándolos permanentemente. Hay una corriente de acción y de pensamiento propio y eso le da una fuerza que, en el largo plazo, será más potente.
3: Perú
He estado recién en Perú y por eso puedo decir que hoy es el escenario principal de la lucha contra la minería. En Perú tenemos entre 30 y 40 conflictos mineros y unos 200 conflictos ambientales. El principal hoy es en el Norte, Trujillo, donde enfrentan al proyecto Conga, de minería aurífera, con mucha resistencia social. En Perú están las viejas organizaciones –Confederación Campesina, cuyo referente es Hugo Blanco, la Confederación Nacional Agraria, vinculada al APRA, la CGT– y están las nuevas organizaciones, como la Confederación Nacional de Comunidades Afectadas por la Minería. Ninguna juega ningún papel determinante en estas luchas. Las resistencias hoy están por fuera de todo lo instituido. Entonces, ¿quién las organiza? Las comunidades de altura, basadas en sus tradiciones. Un ejemplo: las rondas campesinas. Los comuneros organizaban rondas de vigilancia para protegerse de los ladrones de ganado, primero; después, para protegerse de los militares; después, de los paramilitares y de Sendero Luminoso, y hoy en día para luchar contra las empresas mineras.
¿Esas rondas se hacen con armas?
Así es: significan una comunidad en estado militarizado, con rondas nocturnas para protegerse. Es autodefensa. Y las rondas se reconvirtieron en los últimos años en una organización: los Guardianes de las Lagunas. Ahí está el punto principal del conflicto con las mineras. El gran problema de las lagunas es que la minería contamina sus aguas, que luego usan las comunidades. Entonces, para impedirlo, organizaron una autodefensa colectiva para defender sus lagunas de la contaminación.
¿Cómo?
Acampan en las lagunas para impedir que haya obras.
¿Y el gobierno cómo respondió?
El gobierno de Ollanta Humala se inclinó hacia las multinacionales. En dos años tuvo dos crisis fuertes y echó a todo su gabinete. Esas dos crisis fueron producidas por la resistencia antiminera. El gobierno trató de responderle con estado de sitio y militarización. Las mineras organizaron “guardias blancas”. Hubo todo un aparataje militar, paramilitar, mediático y gubernamental, y aun así no han podido doblegar la resistencia. Al contrario: la lucha antiminera está en su punto más alto. Junto con Guatemala, Perú es hoy es la punta de lanza de la acción popular contra la minería, es un ejemplo de los más importantes del continente.
¿Con qué resultado?
Han logrado frenar varios proyectos. El de Conga está parado. Es cierto que hay muchas comunidades que luchan contra la minería para conseguir beneficios, pero también que las que se han propuesto impedirlos están ganando. En el sur consiguieron frenar un mega emprendimiento brasileño de construcción de 5 represas en el río Inanbarí, que hoy está parado.
¿Qué característica define la potencia de esta resistencia?
Hay una resistencia popular sin partido, sin organización instituida, con lucha, local, comunera, fuerte, articulada a niveles intermedios, con juntadas para resolver temas puntuales, pero sin establecer grandes coordinaciones permanentes. Algunos que analizan esto dicen: “Es curioso que luchas tan potentes no hayan dado origen a organizaciones potentes”. ¿Les falta organización estructurada, o no quieren organización estructurada? Esta es una realidad hoy en América Latina: se generan luchas muy potentes que no generan aparato, estructura, por lo menos a nivel de la potencia de la lucha. Capaz que eso no es un defecto, sino un aprendizaje.
4: Chile
En Chile estuve este enero. Vi dos grandes luchas. La de los estudiantes secundarios, que ¡ojo!, no es la de Camila Vallejos, que ya es universitaria. Los secundarios tienen la Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios, que en el momento pico del reclamo por la reforma del sistema educativo, en 2011, coordinó a más de 100 liceos. Hoy coordina 60. Es un espacio de debate y de formación horizontal, enormemente participativo, donde tienen experiencias maravillosas de liceos autogestionados. Este año realizaron la campaña de “No, yo no presto mi voto” en las elecciones municipales y un 60% de los habilitados para votar no fueron. Y ahora un grupo de intelectuales tomó la misma campaña llamando a no ir a votar en las próximas elecciones.
¿De qué es síntoma esa abstención electoral?
De desobediencia. Un ejemplo micro: la evasión en el Transantiago –el sistema de transporte colectivo de la Capital– supera el 30%. Pusieron entonces pibes y pibas con camisetas rojas para vigilar y denunciar al que no paga. Y aun así, el no-pago es altísimo. Creo que estamos asistiendo en Chile a un proceso de desobediencia importante, por lo menos en Santiago. Protagonizado, básicamente, por jóvenes de barrios populares.
¿Cuál es la otra gran lucha con la que tomaste contacto directo?
La del movimiento mapuche, que es el paradigma de la dispersión del poder. No hay una organización mapuche: hay decenas. Quizá por eso han logrado que siempre haya un sector no cooptado. Hoy en día hay mucho dinamismo, creado por una nueva generación de luchadores e intelectuales mapuche. Por ejemplo, un colectivo de historiadores que tiene un nivel de producción alucinante. Hay que tener en cuenta que es quizás el único pueblo del mundo que tiene 5 siglos de resistencia y de triunfos. Mucha gente no sabe que los mapuche derrotaron militarmente a los españoles y los obligaron a reconocer la existencia de un Parlamento mapuche, en la ciudad de Valdivia. Durante dos siglos los españoles no pudieron cruzar BíoBío. Pero los mapuche no son agricultores: son ganaderos. Por eso no establecen aldeas grandes, sino caseríos dispersos. Tienen autoridades local-familiares, clanes. No hay una autoridad mapuche: hay un montón. Es una riqueza que recién estamos aprendiendo a ver.
¿Qué los diferencia de las resistencias indígenas que mencionabas?
Los mapuche no se sienten chilenos. En sus cabezas no está la idea del Estado -Nación. Ni Pinochet ni la democracia lograron domesticarlos. Es cierto que hay machismo, porque el patriarcado es muy fuerte, pero por todo lo demás este movimiento tiene una carga rompedora disruptiva muy fuerte. Lo que he notado es que hay ahora lazos entre los estudiantes secundarios y los mapuche: van a la Araucania y trabajan junto con ellos. No hacen solidaridad con los mapuche: van al territorio.
¿Cuál es la diferencia?
Es muy difícil trabajar con ellos. Si uno piensa que están fragmentados se equivoca aunque tenga razón. Hay un corpus histórico mapuche que se ramifica en mil tentáculos. Así aprendieron a luchar: no unificadamente. Por otro lado, en Chile hay ley antiterrorista, pero sólo se la aplican a los mapuche. Tienen muchos dirigentes presos, con condenas muy largas. ¿Por qué? Porque su lucha no es simbólica: es real. En Mehuin, por ejemplo, hay un pueblo mapuche de mar, pescador. Una empresa quería construir un mega emprendimiento y las autoridades les exigían un estudio de impacto ambiental. Los mapuche razonaron: “Si hacen el estudio ya perdemos”. Así que con sus canoas pesqueras rodearon el barco que traía a los expertos para realizar el estudio. No los dejaron llegar. Fue una batalla naval, canoas vs buque. Y la ganaron.
5: México
Yo soy pro zapatista. Y, desde esa simpatía, veo con entusiasmo que ellos estuvieron los últimos 6 años escondidos, “desaparecidos” para los medios. Pero en esos 6 años silenciosos se hicieron cada vez más autónomos: tienen su salud, su educación, su producción, su poder, sus fuerzas militares, propias. Son una sociedad otra. El pasado diciembre decidieron demostrarlo con una marcha: 40 mil militantes, con capuchas, sin emitir una sola palabra. 40 mil personas que se están movilizando desde muy lejos, a veces teniendo que caminar 2 ó 3 días para llegar a una cabecera municipal. Y lo han hecho. La logística no tiene precedentes y deja en claro la capacidad de organización: 40 mil personas haciendo todas lo mismo a la vez. Caminando en silencio, levantando el puño, y haciendo sonar el ruido de las botas contra las tablas, sin hablar, y hasta con los hombres cargando a los niños. Es una demostración de qué han estado haciendo en ese tiempo.
¿Qué es el zapatismo hoy, entonces, como organización social?
En el estado de Chiapas hay 5 caracoles, que son espacios de poder controlados por los zapatistas con desigual desarrollo. Los más conocidos son Oventic y La Realidad, que está en plena selva Lacandona, cerca de la frontera con Guatemala. Son espacios donde funcionan las Juntas de Buen Gobierno, las cooperativas, la escuela primaria y secundaria, el hospital. Son verdaderos municipios autónomos. Y la particularidad que tienen es la salud comunitaria: aunque no seas zapatista, podés atenderte gratuitamente. Todo eso lo han hecho sin dinero ni del Estado ni de la cooperación internacional: solamente de las sociedades civiles solidarias, y de su propio trabajo. Los caracoles, así, han construido todo lo que necesitan para vivir, y sus propios órganos de poder para administrarlo. A nivel de la comunidad, ese órgano es la asamblea. La reunión de 30 comunidades es un municipio autónomo. El conjunto de municipios conforma una Junta de Buen Gobierno, que funciona en un caracol. Así, el caracol es el espacio físico y la Junta de Buen Gobierno, el espacio de poder.
¿Cómo funciona la Junta?
A través de las personas elegidas en los municipios autónomos. Pero lo interesante es que cambian cada 15 días o máximo un mes. Cada Junta tiene entre 10 y 20 miembros, que deben ser tanto hombres como mujeres. Un caracol puede incluir hasta 200 comunidades, lo cual significa que estamos hablando de 20 mil personas, o más. Esas personas participan de un sistema de gobierno que es rotativo, no hay autoridades permanentes. Cada 15 días o mes el equipo de gobierno cambia y viene otro. Imaginate lo que significa en los hechos, calculá cuánta gente en todos estos años ha tenido una experiencia concreta de poder.
¿Qué es lo que te entusiasma tanto de la experiencia zapatista?
No diría que es una tendencia generalizada, sí digo que hay una tensión política de género antiestatal que no se expresa en ningún otro movimiento. Y que ahora dan un paso más que para mí es genial: organizan una escuelita zapatista para militantes. Pueden ir sólo los que ellos invitan. Y en la invitación dicen: “Bueno, vos que no hablaste mal de nosotros cuando estaba de moda hablar mal, podés venir. No te vamos a pagar el pasaje, pero una vez que estés acá podés compartir la comida y la casa con nosotros”. Y te explican que en la escuela los profesores van a ser los comuneros. “Ustedes van a escuchar y aprender”. Esos “invitados especiales” somos un grupo de intelectuales, sindicalistas, dirigentes sociales que, reconozcámoslo, ya no estamos tan acostumbrados a escuchar ni a aprender y menos, ir a una escuela. ¿Cómo no me voy a entusiasmar con una propuesta así?
6: Venezuela
Venezuela sin Chávez significa muchas cosas. Significa que el proceso ya tiene un tiempo, significa que han llegado a una meseta de madurez y significa, según mi mirada, un proceso de decadencia. Significa, fundamentalmente, que estamos ante una disyuntiva interesante: caminar solos o seguir mirando para arriba. Yo creo que es hora de caminar solos, hora de dejar de mirar para el poder y caminar con voz propia. Los procesos de cambio en América Latina, pero en especial los de Venezuela, Bolivia y Argentina, ya han dado de sí lo que podían dar. Desde un punto de vista liberador esto no va a dar más de sí. Han dado todo lo que se podía esperar. Ahora la gente tiene que elegir. Y yo creo que la gente tiene que auto organizarse y caminar, y después ver qué hace con los gobiernos. Creo que ya no se puede seguir esperando, y que ese es el mensaje de la muerte de Chávez.
7: Argentina
A Argentina la veo muy bien y muy mal. Veo que la sociedad, los poderes, los medios, están en una descomposición feroz. Creo que hay pocos países en la región donde los niveles de descomposición sean tan grandes. Pocos países donde haya estrellas mediáticas como Lanata, por ejemplo. Parece un chiste, ¿no? Parece algo maquiavélico, algo fuera de la realidad. Lo digo porque es algo que para mí refleja un nivel de discusión y un nivel de realidad que habla de una descomposición galopante. Pero por otro lado, veo que hay otra sociedad que está peleando contra eso. Y cuando voy a un barrio veo mucha mierda, pero también veo cosas muy interesantes.
¿Por ejemplo?
Estuve en una salita de salud en la Villa 31 bis que la crearon unos pibes de la facultad. Están formando promotoras de la salud y van militantemente. O sea: vi laburo, compromiso. Hay mucho de eso en todos los terrenos, y eso es para mí esperanza. Yo no sé quién va a ganar las elecciones, no me parece tan importante tampoco. Lo que me parece importante es constatar que hay un proceso rápido de descomposición que ningún gobierno va a poder frenar, porque es un proceso mucho más profundo. En un barrio como la Villa 31 lo ves claramente: algunos, en ese proceso, se van para lo peor, para los narcos. Se hacen transas. Pero otros se hacen constructores de nuevas realidades. Sin embargo, hay que entender que unos y otros son parte de lo mismo. Creo que estamos otra vez como a fines de los 90. Eso no quiere decir que haya un 2001, pero estamos otra vez en una encrucijada argentina. Eso me da mucha esperanza, porque veo que la gente, alguna gente, aprendió. Ya sabe qué hay que hacer en estos casos.
8: Uruguay
Uruguay es un país artificial. Yo tenía un profesor que decía: “Uruguay, en realidad, se tiene que llamar Ponsonbylandia”, en honor a Lord Ponsomby, que fue quien negoció la existencia de Uruguay para que Argentina y Brasil no se sigan haciendo guerras. Era un funcionario de la cancillería británica, que definió su estrategia con una frase paradigmática: “Coloqué un algodón entre dos cristales”. No dijo, en cambio, que de esa manera Uruguay garantizaba la navegabilidad, algo estratégico para los negocios ingleses. Hoy en día la historia se repite.
¿Por qué?
Uruguay va a construir un gran puerto en Rocha. Sospechamos algunos, sin ningún dato, que este puerto de aguas profundas es el lugar idóneo para que la Cuarta Flota tenga un lugar de anclaje. Y si uno mira el mapa, nota que este puerto que van a construir cerquita de La Paloma, es el lugar más cercano a las reservas petrolíferas brasileñas en el Atlántico. Entonces, es un puerto geopolíticamente idóneo para el imperialismo yanqui.
¿Cuál es la estrategia actual del imperialismo norteamericano con respecto a Latinoamérica?
La estrategia yanqui con Brasil es la misma que con China: rodearla de conflictos. Y por eso buscan descomponer a sus dos principales aliados, que son Venezuela y Argentina.
9: Brasil
Mi intención al analizar el rol de Brasil en la realidad actual apunta a varias cosas que considero importante señalar a los movimientos sociales. Una: alertar a los compañeros la importancia de la geopolítica. Hay que entenderla y hay que aprenderla porque tenemos que estar atentos a los cambios geopolíticos para comprender qué nos pasa hoy. La segunda: Brasil, en sí mismo y por sí mismo. Sobre todo, para entenderlo desde una mirada que no empiece con Lula. Lo que hoy es Brasil empezó mucho antes. Empezó, por ejemplo, cuando Fernando Henrique Cardoso, en el año 2000, diseña la IIRSA, la megaempresa de infraestructura e ingeniería. Luego, cuando se sumerge en el Mercosur, IIRSA se transforma en el COSIPLAN. Lo concreto: es un proyecto de integración de toda la infraestructura latinoamericana. Son 12 corredores interoceánicos entre Pacífico-Atlántico, y dos corredores verticales –entre ellos la hidrovía Paraná-Paraguay–, para acelerar la circulación de mercancías.
¿Qué representa este proyecto?
Es un proyecto de la burguesía paulista, con apoyo de la banca internacional, que inicia Cardoso y luego lo retoma Lula. Cambia algunas cosas, pero básicamente es lo mismo. Son corredores multimodales de carreteras, aerovías, puertos, fibra óptica, todo lo que es nodo de comunicaciones industriales. Funcionan ya varios. El concepto: son megaobras de infraestructura, y las únicas en la región que pueden hacerlas son las constructoras brasileñas. Y un solo banco tiene el dinero suficiente para financiarlas: el BNDES, de Brasil. Entonces es un negocio redondo.
Tu mirada expone que también es algo más: es el proyecto que mejor expresa al Brasil Potencia.
La burguesía brasileña no es cualquiera. Brasil es la sexta economía del mundo, por lo tanto su burguesía es la sexta del mundo también. Pero además, tuvo antes a su propio Perón, que fue Getulio Vargas, quien quebró a la vieja oligarquía terrateniente, desarrolló la industria, y trazó las líneas maestras del Brasil actual. Uno de los proyectos más importantes de Vargas es la Escuela Superior de Guerra de Brasil. Yo invitaría a que entren a la página web de esta escuela y vean qué van a encontrar. Hoy es el mayor thinktank del sur. Los temas que investigan y analizan: la globalización, el calentamiento global, el monocultivo de soja. En esa escuela se formó buena parte de la burguesía brasileña actual. Son burgueses que tienen pensamiento estratégico. Eso en Argentina no existe.
¿El neoliberalismo no penetró como ideología dominante?
Fernando Henrique Cardoso, que fue el gran privatizador de Brasil, no tiene nada que ver con el neoliberalismo argentino. Dos ejemplos:
Uno: Su ministro de Salud fue José Serra, expresión de la derecha brasileña. Pero él fue quien, en los 90, impuso los medicamentos genéricos contra la industria farmacéutica.
Dos: Todas las privatizaciones fueron a parar a manos de capitales brasileños.
¿Capitalismo de Estado?
No. Capitalismo de Estado es China. Brasil es un capitalismo más complejo, en el cual en la matriz de poder están insertos el Estado, los capitalistas brasileños, los militares y los sindicatos. Arriesgo: es el capitalismo de los gestores. Un capitalismo de alta gestión. Y ahí tenés la matriz de la Escuela Superior de Guerra: dan cursos de planificación estratégica.
10: Futuro
Mi intención es alertar sobre que hay que formarse en dos cosas:

  • Una: la planificación estratégica. Es la visión de largo plazo. Tenemos que pensar no en lo que vamos a comer mañana, sino en qué van a comer nuestros nietos. Ahí tenemos que trabajar. Cuando uno va a las villas y le hablan del Padre Mugica, o va a los barrios fabriles de Córdoba y le hablan de Tosco, se da cuenta de que esa gente no los conoció, pero comparten esa visión que ellos tuvieron sobre hacia dónde había que ir. Creo que estos son momentos en los que hay que pensar en eso: en qué dejamos.
  • Dos: la geopolítica. Es la mirada global, la que permite ver los cambios en el mundo. Dentro de 50 años el imperialismo yanqui será historia. Entonces estamos en ese momento en que podemos incidir en el futuro. Son momentos para pensar que podemos lograrlo. Sé que es un momento peligroso para Latinoamérica, por la gran crisis que sacude al Norte. No hay plan B para el modelo extractivo. Sé también que el Buen Vivir no tiene gancho electoral, pero también que del extractivismo no salimos juntando votos. Del extractivismo probablemente salgamos con una crisis brutal. Y de esa crisis saldremos si tenemos alternativas sólidas para ofrecerle a la sociedad. Hay pequeños espacios que nos están diciendo: es posible vivir autónomamente. Esos son los espacios que hay que sostener porque tienen el valor estratégico de decirnos: hay una alternativa. Necesitamos crear cosas distintas a las que hay.

¿Es posible cambiar todo desde una pequeña experiencia?
Yo estoy muy cansado de grupos que dicen: “Hay que dejar lo local para hacer política en la cancha grande”. ¡Ahí perdés con Lanata! Pero en lo local vos tenés que sostener una cooperativa, una emprendimiento, sin saber qué va a pasar mañana. Eso no es lo pequeño: es lo central. Lo central no es presentarse en las elecciones, hacer una buena campaña y sacar el 5%. Lo central es tener cientos de espacios que sean viables. Porque estos espacios, en el proceso de transición a una sociedad nueva, son potencialmente los núcleos regeneradores de una nueva sociabilidad.
El otro día, cuando estuve en la Villa 31 bis, Dora, una paraguaya de 50 y pico, me contó que están por inaugurar un centro de las mujeres, con cursos de defensa personal, entre otras cosas. Y me dice la tipa: “Esto es algo limpio”. Y me lo dice porque no había nadie condicionándolas con la financiación ni esas cosas. Dora, cuya familia vive en una de las peores casas de la villa, había creado “algo limpio”. Me lo dijo con una gran paz interior. Eso es lo que hace falta. Cosas limpias.

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