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9º encuentro de Familiares Sobrevivientes de Femicidios: «Solo queremos justicia por nuestras hijas»

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Como cada segundo miércoles del mes, Familiares Sobrevivientes de Femicidios fueron hasta la Casa Rosada a relatar cómo funciona la máquina impune de la violencia machista y a entregarle una nueva carta a Alberto Fernández, pidiéndole que las reciba. «Somos tan importantes como el Presidente de España», fue uno de los gritos de las madres y padres de Lucía Pérez, Carla Soggiu, Cecilia Basaldúa, Luna Ortíz que reclaman justicia por los femicidios y medidas concretas y urgentes. En la voz de las actrices del grupo Piel de Lava (Pilar Gamboa, Elisa Carricajo, Laura Paredes y Valeria Correa) y la música de la cantante Amalia Etchesuri estuvieron presentes las 132 mujeres, trans y travestis asesinadxs en lo que va del 2021, según los datos del primer padrón público y autogestivo de violencia machista, el Observatorio Lucía Pérez. Crónica, fotos y video del Noveno Encuentro de Familiares en Plaza de Mayo.

Son las tres de la tarde y Plaza de Mayo está vallada. A un costado de Casa Rosada hay movimiento de gente, autos, policías. Las banderas argentinas y españolas flamean entre mucha más custodia de la habitual. El grupo de Familiares Sobrevivientes de Femicidios irrumpe en ese escenario, bajo un cielo gris plomo, para gritar: 

“Justicia por nuestras hijas”

“Somos tan importantes como el Presidente de España”

“Estado cómplice de los femicidios narcos que hay en la Argentina”

“Basta de impunidad”

“Nuestras muertas tienen 13, 14, 15 años”

“Solo queremos justicia”.

Esta vez la novena carta dirigida al Presidente fue recibida por el encargado de recibir la documentación de la Casa Rosada – Juan Fernández- quien se comprometió a hacérsela llegar al primer mandatario. Marta Montero, mamá de Lucía Pérez, le explicó  durante más de quince minutos la situación que transita cada familia y le amplió sobre la necesidad de ser recibides también por el Ministro de Justicia.

El colectivo Familiares de Víctimas junto al grupo teatral Piel de Lava. Foto: Lina Etchesuri

El ritual

Como cada segundo miércoles de mes, el grupo de Familias Victimas de Femicidios volvió a reunirse al mediodía para pedir lo que hasta ahora no tienen: justicia. Es la novena vez que entregan una carta dirigida al Presidente de la Nación con la solicitud de una audiencia. En esta oportunidad y como consecuencia de la visita del primer mandatario español, Pedro Sánchez, la Plaza de Mayo estaba vallada y no era posible el acceso al lugar donde cada mes las madres y padres colocan las sillas negras –con la Casa Rosada detrás-  y se sientan a contar en qué estado se encuentran las causas de los femicidios de sus  hijas.

Al no poder ingresar a la Plaza, les familiares acomodaron las sillas sobre la vereda, en Avenida de Mayo frente al Cabildo. Allí ubicades, comenzaron a exponer cada une de elles.

Arrancó Marisa Rodriguez, la mamá de Luna Ortiz: “Luna apareció asesinada en Benavídez, en la casa de Isaías Villarreal, donde participaron de su asesinato también los amigos de Villarreal. No nos conformamos con cómo se caratuló la causa (abandono de persona) por el fiscal Fuensalida y el TOC (Tribunal Oral Criminal) N° 7 de San Isidro. Cuando llega a Casación los jueces Maidana, Carral de la Sala 1 Penal de La Plata cambian la carátula a homicidio culposo y esto quiere decir que el homicidio culposo tiene una pena máxima de cuatro años y este femicida estaría en la calle en libertad nuevamente. En el proceso judicial se revictimizó a Luna y se violaron todos los tratados y leyes internacionales con respecto a la violencia de género por eso también apelamos ahora como única instancia que nos queda para poder llegar a la justicia, a la Corte Suprema para que se revierta la causa a femicidio. Es importante no quedarse con estos fallos misóginos que sientan precedentes, por eso tenemos que demostrarle a este Poder Judicial que sus jueces no son intocables, que hay que enjuiciarlos, realizarles jury para que dejen de existir estos fallos misóginos. Estamos luchando para que se llegue a una verdadera justicia por nuestras víctimas donde siempre en estos casos de femicidio como el de Luna y de muchas pibas más está involucrado el narcotráfico y en muchos casos la explotación sexual. Basta de pericias que revictimizan a nuestras pibas. Justicia por Luna y por todas. Fue femicidio”.

Le siguió Alfredo Barrera, el papá de Carla Soggiu: “Estamos para pedir justicia, que se aceleren los tiempos porque las causas están dormidas y necesitamos que trabajen. En nuestro caso hace más de dos años que le estamos pidiendo los contratos de tercerización del botón antipánico al señor Larreta; se hicieron pedidos desde fiscalía, desde Legislatura y hace caso omiso a todo, no entregan esos contratos del botón antipánico que en el caso de mi hija no funcionó: tuvieron 90 minutos en Ciudad de Buenos Aires para encontrar a mi hija y no la encontraron. Que se hagan cargo de lo que hicieron mal, porque eso le costó la vida a mi hija”.

Susana Reyes sumó: “Mi hija, Cecilia Basaldúa, en el 2015 hizo un viaje a México y estuvo viajando durante cuatro años y medio por Centroamérica, con su mochila, con su artesanía; con su defensa personal -era primer dan de taekwondo- venía enseñando a las mujeres de las comunidades aborígenes a defenderse. Llega en diciembre de 2019 a la Argentina y en el comienzo de la pandemia ella viaja a Capilla del Monte a escribir un libro sobre las vivencias que tuvo en su recorrido. Ahí la contacta una supuesta artesana, que era una entregadora de Capilla del Monte, la lleva a la casa de un femicida y a mi hija la encuentran asesinada veinte días después de que se va de la casa de este hombre, Mario Gabriel Mainardi. La policia  la busca, nosotros hacemos la denuncia y veinte días después, el día que viajamos a Capilla del Monte a ver cómo era la búsqueda, al día siguiente encuentran el cuerpo de mi hija y a los dos días meten preso a un perejil, a un chico de 23 años. La policia de Capilla del Monte armó todo un circo, con drones, con perros y ellos mismos la asesinaron. La fiscal hace oídos sordos a nuestros pedidos, no nos recibe, están todos enredados. Esperamos que se investigue de verdad y se haga justicia”.

Tomó el micrófono Marta Montero, la mamá de Lucía Pérez, quien viajó especialmente desde mar del Plata, junto a Guillermo Pérez: “Lucía fue asesinada en 2016, una joven de 16 años, con  todas las ilusiones que tenía y hemos tenido todos a esa edad, como ella. Lamentablemente no hemos tenido justicia después de cuatro años y ocho meses, seguimos luchando por la justicia. Venimos a traerle una carta a nuestro señor Presidente explicando cuáles son nuestros pedidos, mostrándole lo que es un narcofemicidio, mostrándole cómo matan a nuestras hijas de 14, 15, 16 años, cada vez más chiquitas. Solo pedimos que nos atienda, esto es un gran problema de todos, es un gran problema del Estado. El Estado debe hacerse cargo de esto que nos está pasando, así que acá pedimos que nos reciba, así como nuestro señor Presidente atiende al Presidente de España, nosotros necesitamos el mismo respeto como familiares de una víctima de femicidio”.

A continuación, Daniel Basaldúa añadió: “Soy el papá de Cecilia y, como decía Susana, anduvimos mendigando justicia. En los pueblos es así, en los pueblos hay una justicia patriarcal: agarraron a un pibe humilde y lo metieron preso, cuando los verdaderos culpables están en el narcotráfico y eso hace que ellos sean impunes”. 

Sus palabras se vieron interrumpidas por el micrófono de un acto del Partido Obrero que arrancó sobre Av. de Mayo, por lo que les familiares levantaron las sillas y dieron la vuelta por la avenida hasta ubicarse nuevamente en la calle, entre la Catedral y el edificio municipal. Allí, Daniel retomó: “Que dejen de asesinar chicas, la vieron sola, ella en la casa del principal sospechoso vio algo y dijeron que se fue enojada y que dejó la computadora y el teléfono, mentira. Nunca se peritó nada, que renuncie la fiscal Paula Kelm, no es capaz. No investigan nada, nosotros estuvimso en Capilla del Monte e investigamos más que ellos. Lo que quieren es cansarnos y que dejemos de  hablar. Vamos a seguir luchando para que no haya ni una muerta más”.

Siguió Guillermo Pérez, papá de Lucía: “Hoy quiero hablar del jury, que ya está en sus últimas instancias para tener una audiencia. Queremos que salga a la brevedad, el Presidente de la Suprema Corte tiene que tomar una decisión y desafectar a estos jueces para que no sigan haciendo mal a esta sociedad. También estamos esperando que el Presidente de la Suprema Corte dé curso a la apelación de la queja y así nosotros podamos pedir un juicio nuevo. Hace mucho que venimos pidiéndole a nuestro Presidente que nos reciba, que si no hicimos un surco estamos por dejarlo marcado acá en Plaza de Mayo que vea lo que estamos pasando. Esperamos su pronta respuesta”.

Finalizó Facundo, el papá de Luna Ortiz: “el Presidente nos derivó a la Ministra de Mujeres y Diversidad, donde hemos presentado un petitorio en conjunto, de todas las victimas de femicidios, niñes que  han quedado huérfanos. Se centralizaron a atendernos individualmente, creo que acá es un reclamo colectivo y vamos a pedirle una respuesta con ese petitorio que presentamos. Insitimos en que nos reciba el Presidente”.

Foto: Lina Etchesuri

La lista interminable

En esta oportunidad, se acercaron a leer el listado de los 132 nombres y edades de las víctimas de femicidios y travesticidios en lo que va del año, las actrices de la compañía teatral Piel de lava: Elisa Carricajo, Valeria Correa, Pilar Gamboa y Laura Paredes. “Esta es la lista de los femicidios que se sucedieron a lo largo de este año. La lista es triste y enorme y acompañamos el pedido de los familiares de las víctimas para que tengan una audiencia como es debido y los atiendan personalmente, por favor”. Visiblemente conmovidas, se fueron pasando el micrófono para la lectura de los nombres, mientras sonaba el ukelele de la cantante Amalia Etchesuri.  Al finalizar, les presentes gritaron: “Ni una más”.

Los nombres:

Graciela Carolina Flores, 44 años – Elisa Robles, 36 años – Analía del Rosario Barbosa Martínez, 26 años – Noelia Albornoz, 32 años – Bebé de Elisa Robles, 1 día – Gabriela Verónica Lencina, 43 años – Mariana Madonna, 63 años – María Florencia Ascaneo, 41 años – Jaqueline del Carmen Pino, 43 años – Yésica Celina Paredes, 22 años – Ana Astorga, 29 años – Alicia Moreno, 72 años – Anabella Viviana Olmos, 26 años – Nancy Villa, 14 años – Marcia Dominga Acuña, 16 años – Natalia Maldonado, 24 años – Felipa Correa, 39 años – Yésica Viviana Palma, 23 años – Karen Jazmín Ponce, 19 años – Jacinta Ester Acosta, 81 años – Cintia Edith Romero, 37 años – Carla Yanina Gomelsky, 39 años – Corina Soledad Irazu, 24 años – María José Villalón Escudero, 41 años – Ivana Soledad Juárez, 32 años – Margarita Mercedes Zárate, 28 años – Nilda Peano, 57 años – Rosa Gabriela Vallejos, 51 años – María Belén Montenegro, 23 años – Rocío Macarena Quesada, 28 años – Esther Mamani Canaviri, 35 años – Melina Laura Rojas Urbano, 20 años – Noelia Vanina Sánchez, 36 años – Milagros Orieta, 21 años – Teresa Silvana Leguizamón, 41 años – Melisa Moyano, 40 años – Liliana Beatriz Stefanatto, 45 años – Ángeles Castañares, 80 años – Noelia Vanessa Lobo Noble, 35 años – Carmen López de Vargas, 62 años – Úrsula Bahillo, 18 años – Florencia Figueroa, 23 años – Vanesa Carreño, 29 años – Rosita Marina Patagua, 46 años – Mirna Elizabeth Palma, 44 años – Silvia Raquel Rojas, 31 años – Silvina Rojas, 35 años – Emilse Stefanía Gajes, 25 años – Miriam Beatriz Farías, 45 años – Ivana Módica, 47 años – Una mujer de la que no se informa el nombre, 25 años – Verónica Escobar, 22 años – Lorena Alejandra Franco, 41 años – Florencia Cañete, 27 años – Guadalupe Curual, 21 años – Gabriela Alejandra Frasoli, 24 años – Estefany Escobar González, 33 años – Sol Acuña Bilbao, 24 años – Graciela Noemí Funes, 41 años – Katherine Saavedra, 22 años – Julia Hortensia Ríos, 42 años – Claudia Alejandra Casmuz, 29 años – Fabiola Pamela Ramírez, 22 años – Macarena Sol Blanco Domínguez, 28 años – Vanesa Vera, 35 años – Nora Emilce Moyano, 73 años – Noelia Almada, 33 años – Noelia Eliana Maidana, 22 años – Margarita Carrizo, 40 años – Angélica Soledad Cardozo, 36 años – Flavia Ortiz, 30 años – Fabiola Andrea Echenique, 30 años – Paola Mirna Leiva, 38 años – Carolina Beatriz Díaz, 31 años – Norma Alicia Miller, 61 años – María Dolores Barceló, 79 años – Miriam Emilce Sombo, 32 años – Viviana Olga Sagastizabal, 58 años – Marcela Analía Maydana, 44 años – Violeta Argentina Fernández, 70 años – Nancy Florentín Karen, 30 años – Débora Jesús de la Pasión Barros, 30 años – Priscila Arce, 16 años – Sofía Micaela Catán, 24 años – María José Gramajo, 23 años – Josefina Cruceño, 28 años – Dana Berenice, 7 meses – Abigail Carniel, 18 años – Adela Rodriguez, 46 años – Isabel Monzón, 45 años – Victoria Morena Nieva, 37 años – Daiana Aballay, 24 años – Mayerling Mariana Blanco Bravo, 25 años – Analía Maldonado, 40 años – Andrea Alejandra García, 45 años – Yanet Carolina Aleman, 25 años – Marisol Elizabeth Alcaraz Martínez, 35 años – Roxana Romina Olivera, 40 años – María Cristina Ancatén, 38 años – Gimena Islas, 14 años – Florencia Sandoval, 23 años – Cielo De Lucca, 23 años – Ester Del Valle Correa, 61 años – Una mujer de la que no se informa el nombre, 67 años – Gabriela Daiana Juárez, 23 años – Gilda Estefanía Klocker, 20 años – Mirta Cardozo, 59 años – Laura Nancy Rodríguez, 36 años – Patricia Arroyo, 53 años – Agostina Gisfman, 22 años – Felipe Sainz, 13 años – Ramona Adriana Luque, 63 años – Johana Paola Díaz, 26 años – Jésica Maribel Solís, 29 años – Aylin Carolina Reyes García, 33 años – Ayelén Elizabeth Jara Gutiérrez, 20 años – Laura Sánchez, 45 años – Zoe, hija de Laura Sánchez, 9 años – Johana Galdeano, 28 años – Antonella Díaz, 29 años – María José Fernández, 35 años – Victoria, 6 años – Sandra Marilin Carricaberri, 43 años – Mayra Bustos, 32 años – Santiago Cancinos, 14 años.

La carta

Señor Presidente de la Nación ArgentinaDoctor Alberto Fernández

Nosotras, familias sobrevivientes de femicidios nos dirigimos a usted para reiterar con respeto y esperanza el pedido de audiencia. Creemos necesario y urgente ser escuchados por usted.

Adjuntamos los pedidos que entregamos en mano a la ministra de Mujeres y Diversidades, doctora Elizabeth Gómez Alcorta el pasado 12 de mayo a la espera de una pronta respuesta.

Desde ya, muchas gracias.

Atentamente

Marta Montero, mamá de Lucía Pérez

Mónica Ferreyra, mamá de Araceli Fulles

Guillermo Pérez, papá de Lucía Pérez

Alfredo Barrera, papá de Carla Soggiu

Rosana Andra Soggiu, mamá de Carla

Ana María Martinez, mamá de Melina Romero

Daniel Basaldúa y Susana Reyes, papá y mamá de Cecilia Basaldúa

Blanca Fredes, mamá de Agustina Fredes

Ezequiel Moscoso, tío de Katherine Moscoso

Facundo Ortiz y Marisa Rodriguez, papá y mamá de Luna Ortiz.

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Qué nos revela la palabra femicidio y por qué es necesario recordarlo hoy

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Presentamos el informe julio 2022 del Observatorio de Violencia Patriarcal Lucía Pérez. Se registraron 187 femicidios y travesticidios en todo el país durante el año, de los cuales 45 sucedieron en la provincia de Santa Fe, concentrados especialmente en Rosario. «En Santa Fe, se está feminizando la muerte», analiza en el informe la antropóloga Florencia Paz Landeira. Y agrega: «La expansión del crimen organizado y de economías ilegales en las sociedades latinoamericanas, en esos territorios de frontera -no en un sentido jurisdiccional, sino simbólico- donde el Estado se retrae y des-protege está profundizando la subordinación y violencia hacia mujeres racializadas y marginalizadas». El Observatorio Lucía Pérez realiza un registro diario de manera autogestiva de violencias patriarcales de todo el país para dar cuenta la dimensión de la violencia machista en Argentina.

187 femicidios y transfemicidios en lo que va de 2022 en todo el país. 187 vidas sustraídas y cuerpos que la violencia patriarcal apila de forma continua. ¿Cómo las miramos? ¿Cómo interpretamos esta violencia que sistemática y activamente desprotege las vidas de las mujeres y las personas trans para exponerlas a muertes violentas? 

La categoría de feminicidio/femicidio -y, posteriormente, la de transfemicidio- fue producida por activistas y académicas feministas que, desde hace décadas, intentan responder a estas preguntas. En palabras de la mexicana Julia Monárrez Fragoso, son categorías que nos proveen un medio para entender por qué ciertas mujeres son convertidas en sujetos asesinables y desechables. En este sentido, se trata de una categoría analítica y política para comprender las formas extremas y sistemáticas de la violencia de género, arraigadas en relaciones de poder y en nociones patriarcales de las mujeres como sujetos subordinados, como propiedad u objeto de los varones. Esta cualidad extractiva, apropiadora y cosificadora de los cuerpos aparece como una constante de la violencia femicida. 

La impunidad es otra de estas constantes. De hecho, aun cuando socialmente se encuentre más extendida la categoría de femicidio, la de feminicidio fue acuñada por Marcela Lagarde para enfatizar la implicancia estatal en estos crímenes, ya sea por omisión, negligencia, participación o complicidad. En este sentido, por su carácter sistemático, por estar imbricado con variadas formas de opresión y por este fracaso de los Estados en garantizar el respeto de la vida de las mujeres y sus derechos humanos se ha propuesto clasificar a los femicidios como crímenes de lesa humanidad y como una forma generizada de genocidio.

Femicidio es también una categoría jurídica, relativamente novedosa en términos históricos y con derivas particulares en distintos países. En este plano, el fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos frente al caso conocido como “Campo Algodonero” vs. México constituye un hito fundamental. Este fallo (noviembre de 2009) sentó las bases de una interpretación jurídica de los femicidios desde una perspectiva de género, en tanto vincula los homicidios y desapariciones de niñas y mujeres en Ciudad Juárez con la violencia misógina y la subordinación y discriminación estructurales por género. La expresión “homicidio de mujer por razones de género”, utilizada en el fallo, ha permeado legislaciones de numerosos países, incluida la Argentina. Se encuentra allí también una definición clave en términos del proceso judicial: “para determinar si un homicidio de mujer es un feminicidio se requiere conocer quién lo comete, cómo lo hace y en qué contexto”.

A nivel regional, otro instrumento importante es el “Modelo de protocolo latinoamericano de investigación de las muertes violentas de mujeres por razones de género (femicidio/feminicidio)”. Allí se señala que, para establecer la especificidad de estos crímenes, deben ser considerados como femicidios las muertes violentas de mujeres que denotan una motivación especial o un contexto que se funda en una cultura de violencia y discriminación por razones de género. Como indicadores, destacan que se trata de muertes violentas a través de las que se pretende refundar y perpetuar los patrones que culturalmente han sido asignados a lo que significa ser mujer, tales como subordinación, debilidad, sentimientos, delicadeza, feminidad, a la vez que reproducen asociaciones entre la masculinidad y el poder para determinar la vida y el cuerpo de las mujeres, para castigarlas o sancionarlas, y en última instancia, para preservar los órdenes sociales de inferioridad y opresión. El documento también ofrece claves para investigar y analizar una muerte violenta de una mujer desde una perspectiva de género: abordar la muerte violenta de las mujeres no como un hecho coyuntural y circunstancial sino como un crimen sistemático, cuya investigación requiere de la debida diligencia de las instituciones del Estado; ir más allá de posibles líneas de investigación que se centran en planteamientos individuales; evitar juicios de valor sobre las conductas o el comportamiento anterior de la víctima y romper con la carga cultural y social que responsabiliza a la víctima por lo que le pasó; visibilizar las asimetrías de poder y la forma en que las desigualdades de género permean los roles, las normas, las prácticas y las significaciones culturales entre hombres y mujeres; buscar alternativas legislativas en materia de prevención de los asesinatos de mujeres por razones de género, reconociendo que, históricamente, las mujeres han sido discriminadas y excluidas del ejercicio pleno y autónomo de sus derechos.

En Argentina, el entramado normativo que define el abordaje de la violencia de género y del femicidio lo constituyen la ley 26.485 (2009) de Protección Integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres y la ley 26.791 (2012), conocida como “agravante por femicidio”, incorporado en el inciso 11 del artículo 80 del Código Penal. Sin embargo, estas leyes no se traducen mecánicamente en la incorporación de una perspectiva de género en el procesamiento judicial de estos crímenes, sino que se trata de un proceso aún en curso de disputas simbólicas y políticas.

¿Qué nos permite pensar Rosario?

Hace diez días, en Rosario ocurrió algo inusual. Dos hermanas, Marianela y Estefanía Gorosito, fueron asesinadas y arrojadas en un basural. Este crimen, que se presume tendrían vinculación con el entramado narco de la ciudad, fue caratulado como femicidio por el fiscal Patricio Saldutti. Aquí lo inusual. Porque, como es sabido, el asesinato de mujeres de inusual no tiene nada. Pero sí es infrecuente que femicidios sin un componente de violencia sexual explícita, sin móvil claro y sin un vínculo de intimidad entre víctima y victimario sean calificados como tales por la justicia. Desde hace años los movimientos feministas y de mujeres han logrado visibilizar las formas de violencia de género más íntimas y la alta frecuencia en que familiares, parejas y conocidos resultan los victimarios. Sin embargo, esto no debe conducir a lecturas simplificadas de la violencia y, sobre todo, a interpretaciones jurídicas restrictivas de las figuras penales y los protocolos. En relación a las hermanas Gorosito, en la audiencia el fiscal argumentó que el protocolo de femicidio corresponde porque está claro que se trata de: «la muerte violenta de dos mujeres, víctimas vulnerables, madres con hijos menores (uno cada una), en un contexto de violencia de género de relieve, por la violencia y la atrocidad con la que se cometió y por la forma y lugar de descarte de sus cuerpos». 

En Santa Fe, se está feminizando la muerte. Desde que empezó el año, hubo 45 femicidios en la provincia, concentrados especialmente en Rosario. En comparación con el período 2015-2021, en 2022 se duplicó la proporción de mujeres asesinadas. Distintas voces asocian esta problemática con el narcotráfico, que configura a su vez escenarios de mayor crueldad y atrocidad en los crímenes. Sin embargo, lo que se empieza a conocer como narco-femicidios no son (solo) cosas de narcos. La expansión del crimen organizado y de economías ilegales en las sociedades latinoamericanas, en esos territorios de frontera -no en un sentido jurisdiccional, sino simbólico- donde el Estado se retrae y des-protege está profundizando la subordinación y violencia hacia mujeres racializadas y marginalizadas, como analizó Monárrez Fragoso en esta charla con Marta Montero, organizada por el Observatorio. Cuerpos en disputa en territorios en disputa. 

Hace más de diez años, la filósofa feminista de Tijuana, Sayak Valencia, publicó el libro Capitalismo Gore. Allí retoma el concepto de “necropolítica”, elaborado por el camerunés Achille Mbembe, para abordar la relación entre política y muerte y comprender cómo los Estados emergen, se consolidan y sostienen en la reproducción de la muerte. Retomando y discutiendo con la idea foucaltiana de biopolítica, Mbembe argumenta que la amenaza de muerte violenta sigue prevaleciendo como técnica de gobierno en escenarios contemporáneos. Desde este enfoque, la obra de Valencia ha contribuido a mostrar cómo el Estado-nación neoliberal engendra mundos cotidianos de muerte que incluyen formas de violencia ordinaria y normalizada de racismo y machismo. A partir de investigar espacios de frontera y subordinados basados en la violencia, el narcotráfico y el necropoder, Valencia denominó capitalismo gore a la forma de explotación atravesada de colonialismo, machismo, sexismo, crimen organizado y corrupción. Mundos cotidianos de muerte estructurados por lógicas coloniales y generizadas, donde el valor de la vida y la humanidad se distribuyen de forma desigual. 

Por Florencia Paz Landeira. Doctora en Antropología Social. Becaria posdoctoral del LICH-CONICET. Integrante del Programa de Estudios Sociales en Género, Infancia y Juventud (UNSAM).

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Terminó el no-juicio por el femicidio de Cecilia Basaldúa: el proceso reveló la complicidad policial y de la fiscalía

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¿Qué es la Justicia? La familia de Cecilia Basaldúa – joven asesinada en Capilla del Monte- debió soportar hasta ayer un juicio en el que se acusaba una persona, sin pruebas, señalada únicamente por la policía y el fiscal Sergio Cuello, que en el alegato dijo esto: “Señores del Jurado, me encantaría tener otras pruebas pero no las tengo. Pero lo que hay no es nada nuevo, en otros casos fue suficiente para llegar a una condena”. Finalmente, el jurado absolvió al joven y su madre y la de Cecilia Basaldúa terminaron abrazadas. Lo que reveló el proceso judicial fue que a metros de donde fue hallado el cuerpo, una familia denunció haber encontrado una habitación llena de sangre: eso nunca se investigó. Ahora la familia motoriza un nuevo proceso en el que se investigue esa prueba y las responsabilidades de quienes hospedaban a Cecilia, y también las de la policía y la fiscalía que buscaron armar este no-juicio. La movilización social, clave para desarmar la in-justicia.

Por Bernardina Rosini desde Cruz del Eje.

La gramática de la justicia explotó. Ésta es la noticia.

Cuando a poco más de las 18:30hs del viernes 1 de julio se anunció la absolución de Lucas Bustos, único imputado por el femicidio de Cecilia Basaldúa, la decisión fue celebrada por la familia de la víctima.

Tras la lectura del veredicto la madre de Cecilia vio a la mamá del acusado en el pasillo de Tribunales, y le dio un fuerte abrazo.

Si el imaginario de Justicia – por lo menos el que sobrevive raquíticamente entre quienes se mantienen vírgenes de estas experiencias infernales- es un juez o jurado imparcial dirimiendo entre dos partes en conflicto, eso ya no existe. Como ver estrellas en la noche que hace tiempo no están. Otros tiempos, y otras distancias.

Veamos esto de cerca.

El proceso judicial que se inició el 2 de mayo ya tenía otro encuadre: no había conflicto entre las partes, los padres de Cecilia jamás consideraron a Lucas como posible femicida. Sabían que el joven poblador rural de 24 años había sufrido aprietes por parte de la policía local para forzar una confesión. La consistencia de la investigación que debía sostener no sólo la imputación de Lucas como autor material sino también la necesidad de que permaneciera dos años presos a la espera del juicio, no contaba con la mínima carga probatoria. La supuesta confesión se basaba únicamente en el testimonio de cuatro policías que dicen haber escuchado dicha confesión. Eso declaró, por ejemplo, el oficial Ariel Zárate, quien participó de manera virtual de la audiencia por encontrarse detenido por otra causa, por “robo, lesiones leves calificadas y privación ilegítima de la libertad” a una joven de 21 años.

Nada más. No había testigos que incriminaran a Lucas en la escena del crimen, ni rastros genéticos. Tampoco en el cuerpo de Cecilia. No había pruebas siquiera de que Lucas y Cecilia se hubieran conocido. En las audiencias casi no se lo mencionaba, a él, a Lucas, a quien se supone que todo debiera señalar. Pero sí se mencionaba a otras personas: a la última persona que con certeza se sabe vio con vida a Cecilia, a Mario Mainardi. A quien nunca se investigó a pesar de que el luminol, sustancia que revela la presencia de rastros de sangre, diera positivo en 11 puntos de su casa. Por mencionar solo una de las líneas de investigación que claramente se presentaban y fueron descartadas, a pesar del pedido insistente de la familia de la víctima.

Las audiencias entraron en pausa en el mes de junio cuando la abogada de la familia Basaldúa, Daniela Pavón, presentó al Tribunal una denuncia realizada a pocos días de la desaparición de Cecilia en abril del 2020. Una familia se acercó a la policía de Capilla del Monte tras haber encontrado en una casa de su propiedad una habitación manchada de sangre.  Radicaron la denuncia, la policía se acercó y tomó muestras, pero la fiscalía no dio curso a la investigación y los análisis sobre las muestras extraídas nunca se realizaron. Casa ubicada a sólo 600 metros de donde se halló finalmente el  cuerpo de Cecilia. Quedó  tambaleante la definición del lugar del crimen.

Y así, repetidamente en las audiencias del juicio se exhibía la desprolijidad, el incumplimiento de los procesos y la deficiencia de la fiscal Paula Kelm. Y de una investigación llevada no judicialmente sino por efectivos policiales locales.

Tan trastocados estaban los roles y responsabilidades que en el alegato final, el fiscal Sergio Cuello expresó: “Señores del Jurado, me encantaría tener otras pruebas pero no las tengo. Pero lo que hay no es nada nuevo, en otros casos fue suficiente para llegar a una condena”. Seguidamente, repitió su solicitud de condena a cadena perpetua. Fue el abogado Gerardo Battiston, querellante por parte de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación que debió recordarle al fiscal que su deber no era forzar una condena sino exhibir una sucesión de hechos probados que constituyan el crimen juzgado. “No hay certezas sobre el lugar del hecho, se omitieron testimonios claves, se ha dejado de valorar pruebas determinantes. ¿Van a condenar a un joven con un fiscal que manifiesta el deseo de tener más pruebas contra él?»

Para el cierre, Susana, la madre de Cecilia, pidió decir unas palabras. Se paró en el medio de la sala, micrófono en mano dijo desilusión. Dijo que todo era un mamarracho. Giró hacia el fiscal y le dijo que rompió una promesa, el compromiso de ir hacia la verdad. Y le apuntó: “Voy a pedir juicio político para vos”.

Afuera del edificio, bombos, cantos, bailes y golpes sobre las ventanas. “Ahora, ahora, resulta indispensable, justicia por Cecilia, el Estado es responsable”.

Anunciaron el veredicto dos horas más tarde: “El Tribunal, integrado por jurados populares y jueces técnicos por unanimidad resuelve absolver a Lucas Adrián Bustos”. Y ordenó que se remitan las actuaciones para una nueva investigación y recomendó al Sr. Fiscal General de la provincia de Córdoba la designación de una nueva fiscalía de instrucción.

De este modo se celebró alegremente la absolución del acusado por el femicidio de Cecilia, se reconoció su inocencia y se logró abrir la puerta para una nueva investigación. Después de este estallido, puede que nazca algo nuevo.

Tal vez, luz.

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Las Criadas: acción ante la Embajada norteamericana en defensa del derecho al aborto

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Las capas rojas y cofias blancas volvieron a recorrer las calles de la ciudad de Buenos Aires en la tarde del jueves 30 de junio.  Vestidas como las protagonistas de la novela de Margaret Atwood, El cuento de la criada (convertida también en serie televisiva), doce mujeres caminaron en fila desde el Museo Eva Perón hasta la Embajada de Estados Unidos, donde el embajador Marc Stanley celebraba un cóctel con más de mil invitados por el aniversario 246 de la independencia de su país, que se festeja el 4 de julio.

Luego del fallo de la Corte Suprema de Estados Unidos que el pasado viernes 24 de junio anuló el derecho a la interrupción del embarazo en todo ese país revocando la histórica sentencia Roe vs. Wade, que data de 1973, cada estado tomará la decisión de legalizar o no el derecho al aborto. Con este panorama, la colectiva Las Criadas —cuya primera acción fue en junio de 2018, iniciativa que se repitió en CABA y en distintas ciudades del país hasta que se obtuvo la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo en la Argentina— encendió el alerta y volvió a ponerle el cuerpo al vestuario, al pañuelo verde y a la afirmación de este derecho adquirido. Y como tantas veces repitió la marea verde: “Si tocan a una, nos tocan a todas”.

Con la intención de acercarse a la puerta de la Embajada y permanecer allí sosteniendo en alto el pañuelo verde, Las Criadas se dirigieron en fila hacia la esquina de Av. Del Libertador y John F. Kennedy pero a pocos metros de la entrada fueron interceptadas por la custodia policial. Varios patrulleros, personal policial, perros y caballos formaban parte del operativo.

Las Criadas permanecieron en fila y en silencio sobre la plaza que está frente a la Embajada, durante cuarenta minutos. Frente a ellas, un cordón policial.  

La web de la Embajada estadounidense publicó el discurso que dio el  embajador Stanley ante sus invitados, en el que expresa que “es un buen momento para reflexionar sobre los principios que fueron la base de nuestro país: la igualdad, la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Estamos orgullosos de estos valores”. Y anunció que junto a su esposa Wendy prepararon un “programa maravilloso” que consistió en un video de fuegos artificiales y música en vivo.

La escritora Margaret Atwood escribió hace días una columna que reprodujo el diario español El País titulada: “Yo inventé Gilead. El Tribunal Supremo de Estados Unidos lo está haciendo realidad”, en referencia a esa geografía que imaginó de autoritarismo, fundamentalismo y sometimiento de las mujeres.

Continúa Atwood: “Cuando escribí El cuento de la criada creía que era ficción. Qué ingenua. Las dictaduras teocráticas no pertenecen solo al pasado remoto, hoy existen varias en el planeta. ¿Qué nos garantiza que Estados Unidos no sea una más?”. 

Inspiradas en esas mujeres que imaginó Atwood, Las Criadas en Argentina realizaron desde 2018 sus acciones en la puerta del Congreso de la Nación, en Tribunales, en la Feria del Libro, en la Casa Rosada, en el Centro Cultural Recoleta y la acción realizada en el Parque de la Memoria fue considerada por el sitio norteamericano de arte y cultura visual Artsy.net como uno de los hechos más importantes del fotoperiodismo mundial en 2018.

Ayer volvieron a estar en la calle, movilizadas por una lucha urgente, por un derecho de todas. Los pañuelos verdes se siguen agitando.  

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