Sigamos en contacto

#NiUnaMás

Sin fronteras. Femicidios, crímenes sexuales y terrorismo

Publicada

el

La socióloga mexicana Julia Monárrez Fragoso mantuvo un encuentro con Familias Sobrevivientes de Femicidios. Monárrez, creadora del término “femicidio”, es de las más prestigiosas especialistas en violencia contra las mujeres. Compartimos acá sus principales aportes durante el histórico encuentro, de Ciudad Juárez a Buenos Aires. 

Sin fronteras. Femicidios, crímenes sexuales y terrorismo
Familias Sobrevivientes de Femicidios en MU. Lo que surgió de un contacto histórico. Fotos: Lina Etchesuri

1.

El femicidio de sus hijas es parte de una historia de brutalización sexual. Una no puede leer esas historias sin estar dándose cuenta de esto. Y es un intento de aniquilación de mujeres. Las historias son parte de una historia de terror que, para nuestros países latinoamericanos y para otros países, tienen que ver con un proceso de larga data histórica de opresiones. 

2.

Me llama la atención el marco utilizado por los tribunales. Este marco gira, en todas las historias de sus hijas, en torno a las ideas de consentimiento, de víctimas propiciatorias, de que ellas se pusieron en su camino y por eso, por su conducta, por su mala suerte, por su forma de vestir, por las amistades que tenían, por eso fueron asesinadas. Y en una de sus historias, ustedes, no me acuerdo quién de las mamás, dicen que las han hecho sentir a sus hijas como parte de desechos, de que son descartables. Y dicen: si hubiese sido la hija de alguien que tuviese más dinero, hubiesen actuado de forma diferente. Y yo les puedo decir que sí es cierto en toda América Latina. 

Esta violencia que se ejerció en el cuerpo de sus hijas, que es una violencia sexualizada y que está en la carne de ellas, que es carne de su carne, nos muestra que hay varias cuestiones presentes: es un conglomerado, una maraña de categorías de discriminación que tienen que ver con el color de la piel, con su lugar de residencia, también con la clase social. Y esas categorías de diferencia y discriminación, de clase social, de raza, de residencia, no son para que una viva mejor, son para que las personas vivamos mal. 

3.

Cuando aparece el término de femicidio, lo primero que dicen las que empezaron a trabajar en ese concepto para visibilizar la forma distinta en que las mujeres son asesinadas porque son mujeres, dicen que la relación no importa: puede ser un hombre conocido, puede ser desconocido, puede actuar individualmente, puede actuar en grupo.  

4.

Es importante tener encuenta lo que yo llamo la situación de vida. Algunas de sus hijas dicen que es por la ingesta, consumo de sustancias tóxicas. Hay situaciones de vida, sobre todo en la adolescencia, cuando los y las adolescentes empiezan a conocer la vida y empiezan a conocer el mundo, y las sustancias tóxicas se usan para tres cosas: para cuestiones religiosas, para cuestiones de pertenecer a un grupo, y también se usan para el placer. Y eso ha sido a lo largo de los años. Eso no es razón necesaria ni suficiente para decir que no se le puede otorgar justicia a una chica, y en este caso a quienes quedan. Porque el femicidio no solamente victimiza a quien asesinan, sino que es una cadena de dolor que va hacia el padre, a la madre, a sus hermanos, y también a otras personas. 

5.

A la forma que han sido asesinadas se le llama tortura sexual. Va más allá de la violación, porque en el momento en que Ciudad Juárez se presentaron los casos de las tres jovencitas la jueza Quiroga dice que las niñas habían sufrido tortura sexual porque se había dado una pelea muy fuerte por parte de ellas para permanecer en vida. Eso se ve en como tenían en sus uñas la piel de quien las había agraviado, también el haberlas atado de manos y pies era porque ellas estaban luchando por su vida. Todo eso es tortura sexual. 

6.

Yo vivo en una de las ciudades más violentas del mundo que es Ciudad Juárez, tenemos a veces hasta 7 u 8 femicidios por día. Cruzando el río, la frontera, nos divide un puente, tenemos El Paso en Texas, que es Estados Unidos. Ellos no utilizan el termino femicidio ni violencia patriarcal, tienen un buen sistema de policías y los casos son investigados. Mientras que en mi ciudad son 2000 y pico de casos por año, ellos tienen 6 o 7. ¿En qué momento se desfondó la justicia en América Latina? En México los hombres tampoco tienen justicia. Es una economía de sombras, permeada por el narco: 144.000 personas desaparecidas en 16 años, 4.000 fosas clandestinas, cuerpos que aparecen todos los días mutilados. No tienen justicia. ¿Por qué en América Latina tenemos que ir a buscar abogados y abogadas, cuando en otras partes es el departamento de policías? Y cuando la policía no puede llaman a cuerpos especializados. Estamos en un desfonde de la justicia. Ni siquiera hemos podido poner la sentencia de Campo Algodonero: que no hablen de la vida de las niñas, de si el papá era bueno, esos son datos que no tienen que ver. Lo que tiene que ver es que hay alguien que ha muerto violentamente, en este caso es un femicidio, y tienen que investigar quién fue, sancionar, y aplicar la ley. 

7.

Lo que llamé femicidios sexuales sistemáticos quiere decir que primero hay un secuestro de las niñas y adolescentes, hay una tortura en su cuerpo, hay una serie de violaciones y luego ese cuerpo se tira. Y ese tirar del cuerpo de la niña o adolescente significa que de alguna forma u otra le muestran a la sociedad el daño que le han hecho a ese cuerpo, a esa niña y también a sus familiares. Pero al mismo tiempo también lo presentan como un espectáculo para la sociedad. No sé si a usted le han dicho que es una mala madre, es un mal padre, que por qué no la cuidaron. Eso no está permitido. Una no trae a las hijas o a los hijos al mundo para que mueran. Además del femicidio hay un daño que se hace, se llama adscripción de género: es la misma sociedad que le dice a uno lo que tiene que ser una madre o un padre, pero nadie somos madre o padre perfectos. Pero en cuestiones de un femicidio, hablar sobre su maternidad, sobre su adscripción de género, o si su hija fue mala mujer, mala estudiante, tampoco se debe permitir. En el femicidio hay muchos daños que se reproducen exponencialmente. Yo me imagino que todos ustedes, todas ustedes, pierden el patrimonio que tienen buscando a su hija, pierden las noches de sueño, la alegría de la vida, el tiempo de vivirla. Solamente hay una gran diferencia: a las mujeres sí se nos permite llorar en público, pero a los hombres no se les permite llorar en público aunque sean los padres, contra ellos las agresiones son muy fuertes. Y su hija vive, su hija busca justicia por usted y por su esposo, en el momento en que ustedes dejen de pedirla, en ese momento ella ya no estará presente. 

8.

Muchas personas intimidan diciendo: tú quieres lucrar con la muerte de tu hija. No, ustedes son jurídicamente víctimas, son víctimas de muchas fallas que ha habido en el Estado, y en los grupos que tienen poder económico, político, y de economías de sombra. Sé que, en Argentina, como en mi país, no hay ese acompañamiento a las víctimas, acompañamiento que contenga el dolor, aunque ese dolor va a estar siempre presente. El dinero no le va a volver a su hija, pero si ustedes son padres y madres que están en una lucha, su lucha va más allá de sus hijas, en algunos relatos dicen: queremos que no pase a nadie más; entonces ustedes se han convertido en quienes guardan la memoria de sus hijas pero al mismo tiempo es una memoria política, es una memoria de lucha, de liberación. 

9.

Sus nietos tienen también derecho a la justicia, al reclamo, porque se les privó de la madre. En esta sociedad que tenemos la madre es lo máximo, pero en el femicidio se les olvida que muchas son madres, y que a esas hijas o hijos que les dijeron que estaban aquí para desarrollarse no les han permitido tener una madre que los acompañe en el trayecto. Y los deja con el recuerdo de una muerte artificial, no por deterioro natural, sino que alguien se dio la libertad de quitarle la vida a ella. 

10.

En relación con las imágenes, esa es otra deuda que tiene el Estado; acá acaba de ser sacionada una ley, la Ley Ingrid, por la cual se castiga a quien difunda imágenes de víctimas de agresiones; ocurrió tras el femicidio de Ingrid en el que los agentes del Ministerio pasaron fotografías que no debían ser pasadas. Es muy complicado, ha habido una lucha muy grande. La normativa viene de Inglaterra, los años que ha durado un juicio de una joven que han publicado sus fotografías, aunque ganó el juicio y tiene una compensación, pero las fotografías todavía aparecen. 

11.

Hay una cosa que está sobrevolando aquí y me gustaría decirlo de esta manera. Describir los años sufridos en los genitales del cuerpo de la joven, las partes del cuerpo en cuestión revelan la situación de vida, de piel, de lugares donde se vive, están ligadas a la cosificación pública y sexualizada. A sus hijas las vuelven cosas. Cuando no hay una justicia expedita, y no queda la verdad completa para quienes han sido los principales dolientes, hay una cosificación. Y eso se refiere solamente a ese fragmento de su cuerpo. Otro caso: en Canadá hay más de 1.500 mujeres indígenas que han sido asesinadas por ser mujeres, por ser indígenas y por ser pobres. El Papa llegó hace unos meses a Canadá y pidió perdón por lo que la Iglesia católica le había hecho a los niños y niñas indígenas, pero más allá de la Iglesia católica hay todo un movimiento que está recuperando lo que ellas llaman asesinato por cuestiones coloniales, por la división que hay entre los europeos blancos que llegaron a Canadá y las mujeres indígenas que estaban ahí. Las mujeres asesinadas son aventadas a los ríos, a las carreteras, a los lotes baldíos, y a los basureros. Y hubo uno en el cual una mujer en prostitución es asesinada, y para darle más realce al juicio enseñan fotografías de la vagina de una mujer troceada por el hombre con una navaja. Esto, si hubiese sido una mujer blanca, una mujer de clase alta, no lo hubieran permitido, pero como era una mujer indígena lo permitieron. Pero al estarse enfocando en lo que le hicieron a ciertas partes de cuerpo, se olvida que hay un agresor. No es el cuchillo el que destrozó, es la mano que introdujo el cuchillo. No es el palo que se introduce en la vagina, es la mano que introduce el palo. Y esa mano es una extensión del cuerpo de un varón o varios varones que tienen una mentalidad misógina, una mentalidad de muerte, y que saben que asesinar a alguien, que darle una muerte cruel, no tiene ningún costo en América Latina. Eso es algo que duele a los padres y madres, porque lastimó gravemente el cuerpo de su hija, y lastima también gravemente el cuerpo del padre y de la madre. Hay cosas que son privadas, ¿por qué la otra gente tiene que enterarse? No tiene que enterarse. Son primeramente las víctimas, y las y los deudos de la víctima, solamente ellos y ellas los autorizados a decir qué es lo que sale o no a la prensa. 

12.

Yo siempre he dicho que las niñas y las mujeres son asesinadas por su sexo, por su género y por el lugar de residencia donde está. Pero además porque están inmersas en un contexto de bajos salarios. Es muy importante hablar de economía: porque una habla de violencia, de misoginia, del patriarcado, pero al patriarcado también se le debe decir que ha hecho sociedades completamente desiguales. Y al hacer sociedades desiguales ha hecho que se vulneren los derechos de niñas y mujeres. Esto no quiere decir que los hombres no sean vulnerados, pero ese es otro tema. Hay una economía de bajos salarios que produce personas con bajos valores. Especialmente para una economía de sombras que las incorpora para el tráfico ilegal de la prostitución y a otras para la industria del sexo. 

13.

En América Latina la justicia se basa en chivos expiatorios y en la cuestión de la palabra, no hay evidencias. Insisto en llamar a la muerte de sus hijas como femicidios, pero además, como terrorismo sexual. Yo no sé si en femicidio en Argentina prescribe. El terrorismo sexual que es el que se hace en contra de las mujeres, y esta violencia sexual, esta brutalización sexual siempre va a estar ahí presente para buscar justicia. 

14.

Yo lo que veo en el caso de su hija, como en los otros casos, es que para las mujeres sus cuerpos viven la muerte social. Si su hija anduvo en México, anduvo por todas partes, ella era una mujer que podría haberse cuidado ella sola. Dicen: no era tan inocente si estuvo de aquí por allá. Esto es la revictimización: volverlas a matar después de que han sido asesinadas. La muerte social es vivir en estos corredores de la muerte que llevan a estas niñas y a estas jovencitas a la muerte, y están de una forma u otra tolerados por el Estado. Todos los Estados y todas las naciones niegan que haya femicidios en sus países. Dicen: eso sucede en Ciudad Juárez. Y no, es igual. Todos los casos de ustedes, todos los asesinatos son individuales, pero al mismo tiempo es dentro de este gran sistema, que es un sistema diseñado para la muerte de las niñas y las mujeres. Y hablando en términos feministas, es una muerte sexualmente política porque se le está negando su derecho a transitar, a vivir su libertad. Los hombres temen menos que nosotras, temen menos una violación, un ataque masivo entre tres o cuatro hombres. En cambio la forma que es asesinada su hija y la forma que lo dan a conocer, les están diciendo a otras chicas: esto te puede pasar si tú quieres ser una mujer independiente, ser escritora, contar tu experiencia de vida, en tiempos de pandemia cuando hemos restringido a toda la población. 

15.

Si no hubiese sido por el movimiento feminista y de derechos humanos que se alía a Ciudad Juárez no hubiésemos podido sacarlo de lo local, llevarlo a lo estatal, a lo nacional y luego a lo internacional. Fueron muchas organizaciones feministas las que estuvieron apoyando a las madres. Veo una diferencia entre México y Argentina: allá están los papas. En Ciudad Juárez eran las mamás solas, por eso decían este es un asunto de mujeres, pero es un asunto de mujeres, es un asunto de hombres, es de toda la sociedad y es un asunto del Estado, sobre todo. Es muy difícil. Primero se juntaron 5.000 firmas y vino la Comisión Interamericana. Ya en 2009 estábamos envueltos en lo que al principio llamábamos guerra contra el narcotráfico y ahora llamamos conflicto armado interno. Dicen: las mujeres son asesinadas porque son parte del narcotráfico, y cuando una ve los motivos por los que son asesinadas, quiénes son los asesinos, qué violencia se ejerce en el cuerpo, es que se dice que esto es también femicidio. Estos hombres que vienen en camionetas blindadas, con vidrios polarizados, se bajan tres o cuatro con uniformes militares, se llevan a las mujeres públicamente, y después dice el gobierno que son ejecuciones porque son narco reclutadas, que se lo buscaron por ser narcas. Hay que desmontar otro mito del gobierno. Se fue a CEDAW, estuvimos con amicus curiaes, han sido muchísimas cuestiones que se han hecho. Quiero poner aquí junto a ustedes que acá quien busca a su hijo, a su hija desaparecida, sabe que va a morir. Y de hecho tienen que pedir permiso al crimen organizado, le dicen: pedimos permiso a los narcos para buscar los huesos de nuestras hijas. Se han formado organizaciones que están ahí luchando para la preservación de la vida ante un gobierno que prometió muchas cosas y que estamos en peores condiciones. 

16.

La memoria es algo que el cerebro guarda. La memoria nunca es igual. Cuando nos dicen: porque en ese momento dijo tal cosa, y hoy tal cosa. Una es selectiva con la memoria. Y al momento de hablar, lo hacen con los sentimientos de dolor que hacen que se acuerden de tal dato. No es lo mismo testimoniar desde el dolor y el sufrimiento que testimoniar desde el encubrimiento. El encubrimiento es una mentira, lo otro es el dolor que habla y que selecciona lo que cree que en un sistema de impunidad puede hacer accionar al Estado. 

17.

Quisiera volver a decir que hay una política de control de la sexualidad en las niñas y las mujeres en Argentina, y se extiende a muchos países. Son ustedes en Argentina quienes nos han enseñado el valor de la lucha desde el momento que pusieron la categoría de desaparición forzada como una categoría política. Son ustedes en Argentina quienes nos han enseñado que de un conflicto como el que tenemos en México podemos salir adelante, reintegrando eso que fue fragmentado y nos han entregado incompleto: el cuerpo de las hijas que fue mancillado y maltratado. Eso ustedes lo han enseñado. 

18.

¿Qué se hace para lograr justicia? En nuestros países se lucha, porque no es un derecho. Aunque sea un derecho, no está otorgado. 

#NiUnaMás

Del dicho al hecho: Los crímenes de odio baten récords

Publicada

el

En 2025 se produjeron 227 crímenes de odio contra personas de la comunidad LGTBIQ+: 60% más que el año anterior. En la Argentina mileísta, cada 38 horas una persona es atacada a causa de su orientación sexual o identidad de género. El combustible: la violencia y discriminación desde el gobierno, empezando por el Presidente, y el desmantelamiento de políticas públicas. La precarización de la vida privada y lo que ocurre cuando el Estado se retira.

Por Evangelina Bucari

En la Argentina mileísta, cada 38 horas una persona es atacada a causa de su orientación sexual o identidad de género. En Cañuelas, un hombre le prendió fuego a la casa de una pareja de lesbianas. En Recoleta, dos mujeres, de 26 y 24 años, caminaban de la mano cuando un hombre las frenó y las increpó: una terminó con la nariz fracturada; la otra, con lesiones en la mano. En Palermo, un joven gay fue brutalmente golpeado y le rompieron la mandíbula. En Neuquén, Azul Mía Natasha Semeñenko fue asesinada, sin haber podido “ser Azul del todo” porque no recibió su hormonización.

Ninguno de estos hechos violentos de 2025 fue excepcional. El año pasado se registraron 227 crímenes de odio contra personas lesbianas, gays, bisexuales, trans (travestis, transexuales y transgéneros) y otras identidades disidentes. Según el informe anual del Observatorio Nacional de Crímenes de Odio LGBT+, fue el año más violento desde la creación de este organismo, con un crecimiento de más del 60% respecto de 2024, cuando se habían registrado 140 casos. Se trata, dice el relevamiento, de un aumento “abrupto, excepcional y cualitativamente distinto a la progresión observada en los años anteriores”.

La violencia por odio hacia el colectivo LGBT+ se intensificó en un contexto de desmantelamiento de políticas públicas, vaciamiento de organismos de protección, paralización de la agenda legislativa en materia de derechos y consolidación de discursos fascistas que estigmatizan a la diversidad.

Para María Rachid, titular del Instituto contra la Discriminación de la Ciudad de Buenos Aires e integrante de la Federación Argentina LGBT+ (FALGBT), el drástico aumento de estos crímenes en Argentina no puede separarse de los discursos de odio que provienen del gobierno nacional. “Tanto el presidente como funcionarios y allegados se expresan de manera violenta y discriminatoria hacia la comunidad LGBT en general y, principalmente, hacia la comunidad trans”, describe Rachid. “Y eso –agrega– genera mayor violencia y discriminación en la vida cotidiana. Esos discursos terminan legitimando, avalando y fomentando la violencia hacia nuestra comunidad”.

Esa realidad se percibe en lo cotidiano. Ayito Cabrera, director y fundador de la organización Espacio Tolomocho –que nuclea a personas trans con discapacidad–, advierte que el aumento no se limita a los casos visibles, sino que se expresa en formas más silenciosas y estructurales de violencia, atravesadas por la precarización económica y el desfinanciamiento.

“Los pedidos de ‘apañe’ de personas trans se multiplicaron considerablemente”, resume. Ese crecimiento, explica, tiene directa vinculación con la dificultad de acceder a un trabajo que permita sostener condiciones básicas de vida: comer cuatro veces al día, estudiar y alquilar. Cientos de personas travestis, trans y no binarias perdieron sus empleos en ámbitos estatales y muchas se quedaron sin acceder a medicamentos o tratamientos.

RADIOGRAFÍA

El informe elaborado por la FALGBT y las Defensorías del Pueblo de la Ciudad y de la provincia de Buenos Aires permite visibilizar la violencia cotidiana y su naturaleza.

Más de un tercio de los casos corresponde a ataques contra el derecho a la vida, que incluyen asesinatos, suicidios o muertes vinculadas a condiciones estructurales, mientras que casi dos tercios son agresiones físicas que no terminaron en muerte. Rachid aclara que hay un subregistro, “porque hay casos donde no se desarrolla ninguna línea de investigación relacionada a la posibilidad de un crimen de odio”.

En ese punto aparece uno de los datos más significativos del período: las agresiones físicas se duplicaron en un año y pasaron de 73 a 147 casos, un incremento del 101,4%.

Las muertes vinculadas a crímenes de odio se mantienen altas y con un patrón sostenido. En 2024 se registraron 67 casos (17 asesinatos, 44 muertes por violencia estructural y 6 suicidios), mientras que en 2025 la cifra ascendió a 80 (16 asesinatos, 53 muertes por violencia estructural y 11 suicidios), es decir, un aumento del 19,4%. Ese crecimiento incluye un dato especialmente preocupante: los suicidios casi se duplicaron en un año.

Las mujeres trans siguen siendo las más afectadas y concentran el 62,56% de los casos registrados. En segundo lugar se ubican los varones gays (22,03%), seguidos por varones trans (7,93%), lesbianas (5,73 %) y personas no binarias (1,76%).

Pero el documento advierte algo más: es un fenómeno que se expande. Entre 2024 y 2025, los ataques contra varones trans pasaron de 5 a 18 casos. Y las agresiones contra personas no binarias, que ni siquiera aparecían en registros anteriores, se duplicaron.

Ayito Cabrera describe con crudeza cuando además hay intersección de violencias. “Quienes somos personas trans con discapacidad vivimos una doble vulnerabilidad y una discriminación estructural histórica”, advierte. En ese contexto, señala, la falta de políticas públicas agrava condiciones ya precarias y profundiza el abandono.

Para el fundador de Espacio Tolomocho, las identidades trans –en especial, las transmasculinidades– se convirtieron en blanco de discursos que buscan deslegitimar derechos conquistados. “En esta intersección, nuestra identidad se ha convertido en chivo expiatorio de una campaña internacional de las derechas globales. En nuestro territorio, eso se traduce en necesidades básicas –salud, vivienda, trabajo– gravemente afectadas: las hormonas se han vuelto prácticamente inaccesibles, la atención sanitaria se deteriora y la falta de empleo impide sostener una vivienda”, detalla Ayito.

En este sentido, las cifras no pueden interpretarse de forma aislada, sino como parte de un entramado de violencias estructurales, simbólicas e institucionales que impactan de lleno en las condiciones de vida.

Otro tema preocupante es un crecimiento sostenido de agresiones en comisarías y establecimientos penitenciarios, junto con un dato que marca un punto de quiebre: la participación de fuerzas de seguridad pasó de 17 casos en 2024 a 64 en 2025. Esto consolida a la violencia institucional como uno de los principales vectores de agresión, en especial contra la población trans y, en particular, contra las mujeres trans.

Rachid señala que esto no resulta sorpresivo. “Cuando aparecen o se instalan gobiernos de derecha, las fuerzas de seguridad se sienten más avaladas para ejercer su violencia hacia los grupos vulnerados en general y la población LGBT en particular”, explica.

LA ANTIAGENDA

El hecho de que el registro más alto de toda la serie histórica del Observatorio se produzca durante el gobierno de Javier Milei es un dato cargado de sentido. Desde que comenzó su mandato, siguiendo la agenda de ultraderecha de su amigo Donald Trump, el presidente argentino promovió discursos que cuestionan derechos, deslegitiman identidades de género diversas y contribuyen a habilitar formas más intensas de violencia contra las personas LGBT+, como quedó demostrado durante su intervención en Davos en enero de 2025.

Esa violencia simbólica vino acompañada de la eliminación de programas, organismos y dispositivos estatales que cumplían funciones centrales en la prevención de la violencia y el acompañamiento de las víctimas. La disolución del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI), por ejemplo, dejó a la población LGBT+ sin un canal institucional específico para denunciar actos discriminatorios. El informe lo sintetiza en una frase que funciona como advertencia: “Allí donde el Estado se retira, el odio encuentra condiciones para expandirse”.

Esa relación entre discurso y violencia también aparece en la experiencia cotidiana de las organizaciones. Para María Rachid, los informes no solo marcan un aumento de los crímenes de odio, sino que evidencian su vínculo con los discursos que circulan desde el poder.

Agrega que, a partir de expresiones públicas de funcionarios y del propio Milei, se produjo un cambio perceptible: crecieron las denuncias, las consultas y también la violencia cotidiana. “Hay evidencia de esa relación directa. Lo muestran los informes, pero también se puede ver en las redes sociales de cualquier organización LGBT”, plantea Rachid.

Ocurre que cuando esos discursos provienen de una voz de autoridad como lo es el Poder Ejecutivo Nacional, el impacto es concreto. No solo habilitan la violencia, también la legitiman.

Desde el Espacio Tolomocho explican que lo que antes circulaba como insulto marginal hoy es retomado por funcionarios y medios, ampliando su alcance y su legitimidad social, y habilitando agresiones físicas, institucionales y discursivas con mayor impunidad.

Las consecuencias de ese proceso también se observan en el acceso a derechos básicos, como la ley de cupo laboral. Los despidos en la administración pública y la falta de implementación efectiva de estas normativas profundizaron la exclusión de la población trans y empujaron a muchas personas a situaciones de extrema precarización.

En este contexto, espacios como Tolomocho adquieren otro sentido y se transforman en redes de contención y cuidado, un recurso fundamental en tiempos hostiles. “Somos personas trans con discapacidad profesionales en nuestras áreas, editamos libros, hacemos muestras de arte, damos clases, trabajamos en accesibilidad. Apostamos a la educación y al arte como formas de construir otra sociedad”, explican.

En un clima social marcado por el ascenso de los discursos de odio, la discriminación y el individualismo, la respuesta vuelve a ser colectiva. La organización, la denuncia y la presencia en las calles se tornan fundamentales ante una avanzada antiderechos que tiene en el propio Estado nacional a uno de sus impulsores.

Seguir leyendo

Nota

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Publicada

el

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.

Por Bernardina Rosini

El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.

Lo que no se puede creer

Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.

Varones

Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org

«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.

Dónde está Delicia

Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.

Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.

Justicia sin apellido

Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»

Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.

La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

Seguir leyendo

#NiUnaMás

El 3J porteño: Vamos

Publicada

el

Por Claudia Acuña

Fotos: Juan Valeiro

Muchas: eso fuimos. Muchísimas más que la última vez y ojalá que menos que la próxima, o mejor: que no sea necesario una próxima. Que al fin podamos descansar y dedicarnos a otra cosa en lugar de escribir con marcador en un cartón: “Ayer estaba viva. Hoy mi hermana es la foto de este cartel” o salir del trabajo donde estamos paradas ocho horas por dos pesos para sumarnos últimas, con lágrimas regando las mejillas y la convicción de exigir justicia por la compañera que acuchilló su novio hace dos días, en ese femicidio que en la tele informaron como resultado de “una infidelidad”. Con esa orfandad de sensibilidad y respeto, que abona el permiso social para carnear mujeres están hablando en los medios de Noelia, 30 años, de Temperley, la compañera de este grupo de chicas que no pueden decir dónde trabajan porque la firma se los prohibió. “Ella ya lo había denunciado porque sufría su violencia, se había separado y ese día iba a sacar sus cosas de la casa. Él le dijo que no iba a salir viva de ahí, la tomó de rehén y ella pidió ayuda al 911, la policía demoró y cuando llegó no supo cómo intervenir: fue peor”, cuentan temblando. Masacradas primero, criminalizadas luego, silenciadas después, lo que queda es estar ahí con los carteles escritos a las apuradas y el llanto incontenible, al final de la concentración que un grupo decidió que no sea marcha ni disponer de lugar donde el dolor de las familias descanse (aprendan de Córdoba, orgas porteñas), pero no importa porque no es lo importante.

El 3J porteño: Vamos

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org

A pocas cuadras y sobre Hipólito Yrigoyen están las madres de Brenda y Morena, dos de las tres masacradas en el triple narco femicidio agradeciendo que la multitud las abrace y sin esperar –ni ellas ni la multitud– ser referente de nada ni vocera de nadie: ser una más es ser Ni Una Menos.

El 3J porteño: Vamos

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org

A metros del cine Gaumont no es la casualidad sino la fuerza de esta marea la que hace chocar a la actriz Laura Paredes con Teresa Laborde. Laura interpretó a su mamá –Adriana Calvo– en la película Argentina, 1985. Teresa es lo que allí se contó: la nena que nació en un Falcon Verde, hoy una bella y luchadora mujer: su sonrisa es el símbolo de una victoria social y el abrazo entre ambas es la postal de la inquebrantable alianza entre el arte y la memoria. De ese caudal abreva esta marea. Somos las hijas y las nietas de la batalla por la justicia.

El 3J porteño: Vamos

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org

“Estoy en contra de todo gobierno que quiera sacarme mis derechos” enarbola una chica con capacidad para sintetizar lo que este movimiento expresa políticamente.

“Faltan 10 femicidios para que empiece el Mundial” es el mensaje impreso en una hoja A4 que reparte una señora.

El 3J porteño: Vamos

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org

“Merecemos vivir sin miedo”, gritan ambos carteles que traen desde Avellaneda Luna, 9 años, y Tatiana, 18, sobrina y tía, mientras caminan la Avenida de Mayo de la mano y cuentan que esta es su primera vez. “Hablamos ayer con mis hermanas. Nos escuchamos. La verdad es que este gobierno se está pasando de la raya con este tema. Yo le conté que todos los días camino por la calle con un ojo en la espalda. Ninguna queremos que ella crezca así. y decidimos que teníamos que estar. Ellas trabajan y no podían venir, pero decidimos que nosotras sí y ahora están pendientes del teléfono para saber si estamos bien. Y estamos bien porque hay mucha gente por suerte”.

El 3J porteño: Vamos

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org

Mucha gente, sí. Muy joven en su gran mayoría, más varones que otras veces, también y pocas columnas de organizaciones, la mayor parte ocupando la primera fila de lo que calculan el foco de las cámaras. El ancho resto, que desborda la plaza y riega Avenida de Mayo hasta la 9 de Julio, está poblada por las incontenibles gotas de esta marea que emerge con el grito que transforma el dolor y la tristeza en organización y rebeldía.

Quizá no sea una suerte, pero casi.

Quizá eso que grita Ni Una Menos sea la providencial expresión de un acto de fe en ese nosotras que nos impulsa a salir a las calles de todo el país sin especular con que esté garantizado de antemano para acudir: vamos.

El 3J porteño: Vamos

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org

Seguir leyendo

Lo más leido

Anticopyright lavaca. Todas nuestras notas pueden ser reproducidas libremente. Agradecemos la mención de la fuente. ©2025 Agencia lavaca.org. Riobamba 143, Ciudad Autónoma de Buenos Aires - Argentina - Editor responsable: Cooperativa de Trabajo Lavaca ltda. Número de propiedad intelectual: 50682265 - cooperativalavaca@gmail.com | Tel.: +54 9 11 2632-0383

Vistas el día de hoy: 41.080

Femicidios, narcotráfico y Estado