Nota
EITAR sin patrón: la olla, la lucha y el sueño de la autogestión.
La metalúrgica Eitar de Bernal quebró luego de 60 años de producción y los dueños vaciaron la fábrica. Los 240 trabajadores resisten junto a sus hijos en la puerta del lugar, donde venden comida y realizan trueques. Historia de una empresa que hace pocos años era líder en producción nacional y que ahora busca una salida autogestiva. Se puede colaborar con lxs trabajadorxs acercándose a la calle 189 – 950, Bernal Oeste, Provincia de Buenos Aires.
Por Néstor Saracho
Va cayendo la tarde del último sábado de mayo de 2019 en Bernal. Las avenidas comienzan a convertirse en diagonales y las calles, en cortadas y pasajes de tierra. Desde el portón de la calle 189 se ven la parrilla, las mesas con ropa, las banderas y algunos trabajadores y trabajadoras de la metalúrgica EITAR. A su costado, un grupo de peques juega a la pelota y otro a los jueguitos en los celulares de sus madres y padres.
Liliana tiene 18 años de antigüedad como supervisora del sector grupo magnético; Patricia, 16 años de antigüedad como operaria. Entre ambas rearman la historia reciente: “El martes (21 de mayo) a las once, doce de la noche empezaron los mensajes: ´se están llevando cosas, están robando la empresa´. Esa misma noche empezó a venir gente a ver si era cierto, y sí: se habían llevado las CPU, matrices, planos”.
La historia detrás del autorobo es, como en toda recuperada, la historia de un vaciamiento a espaldas de los trabajadores. Patricia: “El día anterior, el gerente de producción le había pedido las llaves a los chicos. ¿Qué hicieron? Se llevaron todas las matrices, todos los planos y de las CPU toda la información contable que se guarda acá en las oficinas y los programas de operación de maquinarias”. Un compañero suma: “Los planos de las piezas y cómo preparar las máquinas lo tengo todo acá, en la cabeza. Lo que sí es necesario son las matrices. Son muy caras de mandarlas a hacer”.

Foto: Néstor Saracho.
¿Cómo se llegó a esto? Los trabajadores hablan de “malos manejos” y de “falta de inversión” ante una crisis que empezó con la apertura de las importaciones, pero que no había impactado aún sobre el ritmo de producción. Patricia: “Se venía trabajando bien, no entendemos por qué de un día para el otro pasó lo que pasó. Jamás se hizo la cantidad de termostatos que se hicieron, había trabajo. Venían diciendo que había que esperar a que pase mayo porque después el trabajo se venía con todo. Hasta el último día se trabajó y se entregaron pedidos. El último martes estuvimos trabajando a reglamento para ver si pagaban, porque estaban apurados para preparar los pedidos. El jefe de producción me comunica: ‘Liliana, si la gente quiere irse, que se vayan, total el día no lo van a trabajar. Se le paga el día como una suspensión y que se vayan todos.’ Nosotros nos fuimos todos y nos suspendían hasta el lunes. Ese mismo martes a la noche se llevaron todas las matrices y archivos. Hasta último momento estuvimos con que se venía el laburo con todo”.
Hernán Sosa, operario del sector de quemadores y delegado desde 2009, repasa la historia personal, que es la de su trabajo en EITAR: “En 2003 terminé la secundaria y el 17 de febrero de 2004 empecé a trabajar en contrato por agencia. Estuve así por tres años y medio. Eso lo menciono porque empezaron a decir que hace diez años la empresa daba pérdida. Casualidad: hace diez años nos pudimos organizar sindicalmente. Hemos puesto delegados, luego los tuvieron los supervisores. Nosotros entendemos que la pérdida para ellos era la regularización de ciertos derechos que no se cumplían acá. Antes teníamos horas extras y premios en negro. La antigüedad por agencia también se fue reconociendo. Hemos tenido el caso de una chica que le reconocieron trece años de antigüedad por agencia. Los derechos que fuimos conquistando fueron las pérdidas para los dueños”.
Continúa: “El cambio de gobierno con la apertura de importaciones nos jugó totalmente en contra. Nosotros terminamos un 2015 siendo líderes del mercado, manteniendo el 92% de producción acá. En ese tiempo recién comenzaba a surgir Armengol en Burzaco. Lo que siempre destacó a EITAR es el tema de la calidad: nosotros siempre nos lo pusimos como objetivo. En los momentos que aumentaba la demanda, siempre tratamos de priorizar la calidad”.

Entre los clientes estaban marcas reconocidas como ORBIS, LONGVIE y DOMEC. Si bien llegaron a exportar, en los últimos tiempos la clientela es toda nacional. Una posible competencia, la empresa ARMENGOL en Burzaco, también le está pasando lo mismo: con la devaluación no podían traer material de afuera. Aclara Hernán: “Una cosa era competir con alguien interno y otra competir con el mundo. La apertura de las importaciones nos desbastó. Marcas grandes como ORBIS empezaron a comprar afuera. Arrancamos 2016 con setenta compañeros despedidos e iniciando un nuevo modelo económico y político. Se dejó un premio por presentismo. Las suspensiones comenzaron a tener una vía interna, no ministerial. El último año fue manejarse en el día a día”.
A fines de mayo, los dueños tuvieron una audiencia la Secretaría de Trabajo para ver si remontaban la situación. “Teníamos una esperanza de que ellos quisieran seguir. Pero no. Los trabajadores pusimos el hombro y más para sacar a EITAR adelante. No pagaron a la AFIP, vino el embargo y la quiebra, nos retuvieron los aportes. Nosotros dimos todo y ellos se fueron”.
‘Yo hasta acá llegué, dije. Luego pensé que tengo que seguir por los 17 años que llevo acá la mayoría que estamos acá´: ¿dónde vamos a conseguir trabajo? Hay gente que le falta poquito para jubilarse luego de treinta, cuarenta años de trabajar acá2, reflexiona Liliana.
La empresa, una vida
De un total de doscientas cuarenta personas, ciento cuarenta son mujeres. Dice Liliana: “La mayoría fueron mamás acá. No es un capricho seguir acá. Otras empresas dependen de nosotros.” ¿Cuál es la profundidad de la situación? “Nosotros en EITAR somos 240 personas, pero detrás hay otros proveedores. Nos llamó uno llorando, diciendo que el 90% de lo que produce, lo entrega para nosotros. Un delegado de ECOTERMO, nos llamó diciendo que ellos están mal, que tienen material para trabajar diez días y se le acaba. Entre los proveedores hay unas 20 empresas. Calcule usted cuántos puestos de trabajo se ven afectados por la quiebra de EITAR. La autogestión en este caso ayudaría a evitar que se profundice cada vez más la crisis actual.”
Cuentan que saben trabajar y están dispuestos a seguir. “Ya no habrá un jefe o dos gremios, ya somos todos iguales.” Consultadas sobre otras experiencias de fábricas o empresas recuperadas, Liliana comenta: “No conozco ningún caso”. Patricia: “Vinieron a hablar trabajadores de otras fábricas. Nos dijeron que no es fácil, una muchacha era operaria, otro clarkista. Hay que tener paciencia y aprender mucho. Nosotros venimos, trabajamos y nos vamos. Los que vendían eran otros”.

Foto: Néstor Saracho.
Se viene la temporada de aprendizajes. Sobre la nueva forma de organización: “Ya no seríamos delegados pero continuamos activos como una especie de referentes con la transparencia para informar. Aunque en la asamblea parezcamos ingenuos, lo importante es la transparencia.” Y remata: “En estos tres años, quienes estuvimos padeciendo, sentíamos que se venía venir la quiebra o la crisis de la fábrica pero no en este mes, los gerentes y los de ventas te mostraban los pedidos que había. No lo esperábamos ahora.”
La quiebra tramita en el Juzgado en lo Civil y Comercial Nº 14, del departamento Judicial de Lomas de Zamora, a cargo del Dr. Osvaldo Sergio Lezcano. Él es quien deberá contemplar la idea de la autogestión obrera.
Hernán: “Estamos totalmente en desacuerdo con el modelo de país que estamos teniendo, siempre apoyamos un modelo industrial. Hoy lo escuchamos al presidente diciendo ‘El país se hace trabajando’, nosotros somos los primeros en entender esa frase. Viendo las realidades, quien no entiende es él. Lo toma como un chascarrillo, una frase hecha y para nosotros es piel.”
No queriendo tener una postura electoralista, en algunas fábricas recuperadas el cambio de gobierno fue apoyado por hasta el cincuenta por ciento de los trabajadores. “No creo que hayamos llegado al 50 pero un 20 por ciento, seguro. Nos insistieron con la campaña del miedo y el miedo es lo que estamos viviendo hoy. Quienes reconocen que votaron el cambio se están arrepintiendo. La mayoría de los empresarios saben que se les viene la noche con la onda verde que les dieron. Este proyecto político y económico nos llevó a esto. El viernes recibimos una donación del Ministerio de siete mil quinientos kilos de mercadería.”
“No queremos un plan social, queremos trabajar”
Explica Liliana: “Acá hay gente con 40 años de antigüedad. Quienes menos antigüedad tienen están hace diez años. Tenemos que formar una cooperativa para trabajar, estamos capacitados para seguir. No queremos un plan social: queremos laburar. Produciendo barrales y válvulas de seguridad, para calefones, estufas y termotanques. Sí necesitamos que el Estado nos dé materia prima para empezar a trabajar, y eso es lo que nos va a hacer falta para empezar a producir”.

Foto: Néstor Saracho.
Patricia analiza: “No entiendo a este Estado. Te da aumentos todo el tiempo, la luz, el gas, la nafta, el boleto, la escuela. El sueldo siempre está en el mismo lugar. A estos (los empresarios) les permiten hacer lo que quieren, no les impiden nadie nada. Hoy dicen: ‘mañana quebramos, mañana echamos’. Somos juguetes porque se lo permiten, a partir de un Estado te deja sin trabajo, sin ingresos y te da aumentos… ¿Cómo hago cuando llegan las boletas de lo necesario? No te digo el cable, el teléfono o un celular: el gas, el agua y la luz. ¿Cómo duermo yo a la noche? Si tengo que comprar para comer y cuando llega la luz, tengo que pagar el aumento. Anteriormente cuando me lo aumentaste, mi sueldo siguió siempre igual. Aumentan 20% la luz y tu sueldo el 3%. Se lo comió tres veces ese aumento. Nunca podemos salir adelante. Para mí que hay algo que está mal: te sentís atado. No puedo creer que sigan cerrando fábricas y ellos quieren hacernos pensar que dejaron todo patas para arriba y nos hacen esto para solucionarlo. ¿Para sacarnos de dónde? Si cada vez me estás tirando más al fondo. ¿Cuándo voy a salir de esto? La cabeza nos explota de pensar. Las empresas siguen quebrando, prendés la tele y todos los días hay una empresa que cierra, que quiebra, que hizo reducción de personal, que no te quieren pagar tus años de indemnización: ‘te vas con lo que yo te doy, si no te gusta te vas con las manos vacías.’ A quien quiere trabajar, no lo dejan y quien tiene trabajo, tiene que trabajar por la mitad. A mi marido en diciembre le pasó lo mismo, está haciendo el mismo trabajo por la mitad del sueldo que tenía. De tener dos sueldos, ahora tengo medio sueldo.”
Sigue Liliana: “Aguantamos un montón de cosas. Que no nos paguen premios, aguinaldo, vacaciones y retroactivos. Seguíamos poniendo el lomo para seguir trabajando.”
Patricia: “Nos pesa en la cabeza las empresas que van a pasar esto, delegados de otras empresas que tienen trabajo para veinte días, ¿y después? Porque esto se va a hacer una cadena, unos van a tener trabajo veinte días, otros diez y esas familias van a padecer lo que nosotros estamos padeciendo. No somos 240 personas nada más, en diez, veinte o treinta días, empiezan a caer las otras empresas.”
“¡Esto tiene que empezar a funcionar cuanto antes!”, dice Liliana: “La AFIP embargó toda la plata que tenían para pagar los sueldos. El Estado tiene que hacer algo. Necesitamos un respiro para poder empezar con la cooperativa. Queremos que nos paguen lo que nos quedaron debiendo, mínimo, ya no pedimos la indemnización. Que el Estado tenga conciencia y nos dé un pequeño alivio. No estamos pidiendo una ayuda, es nuestra plata. Somos laburadores, estamos dispuestos a resignar cosas con tal de trabajar.” Y continúa: “Hemos dejado a nuestros chicos, no hemos ido a actos escolares, capaz que no es importante pero para los chicos es re importante. Siempre dijimos ‘nosotros tenemos que trabajar’, nos perdemos la crianza de nuestros hijos por dar todo acá.”
Los fines de semana vienen todos los chicos, la nieta de Liliana viene todos los días después del colegio. “No los podemos dejar solos. Los matrimonios vienen a la noche y al mediodía a comer acá.” Dice Liliana, quien hizo su casa. Su hija Débora que también trabaja allí tiene dos hijas: Sofía y Luna. Patricia crió a sus hijos Gabriel y Giselle.
Otro logro de la Macrisis, según Patricia: “Hoy estuvimos con las puertas abiertas, haciendo un trueque de ropa por comida. Se vende choripán, bondiola, pizza, tortilla, tortas fritas, pastelitos. Lo que se puede hacer, se vende. Se viene a comer acá. Hay muchos que viven acá cerca, entonces todo lo que vamos juntando es para bancar los boletos para que continúen viniendo quienes viven lejos. Hay más de 10 matrimonios que se conocieron acá, y nos dejaron en La Pampa y la vía. Los mensualizados trabajamos el mes completo y los quincenales tenían que cobrar la quincena. Ni esto pagaron. No tuvieron la dignidad de decir: ‘bueno, me mandé una cagada, nos vamos’… pero nos hubieran pagado el último mes. Nadie tiene un ahorrito, nos dejaron tirados y a la deriva”
El 25 de mayo hicieron un locro. “Los vecinos se portan de diez, apenas ponemos un cartel, vienen y compran. Cuando trabajábamos, habíamos conseguido que puedan entrar al comedor y vender.”
Va cayendo la noche en Bernal Oeste. Entre mates y reparto de bolsas de mercadería, es momento de la rotación. Algunxs compañerxs les toca descansar después de una larga jornada. Otrxs recién comienzan el turno.
Así reparten las energías para sostener la olla, la lucha y el sueño de la autogestión.

Foto: Néstor Saracho
Nota
MU 215: Sin chamuyo



Viaje a la vida en el Delta: Y la nave va
Mientras el gobierno nacional privatiza la principal vía navegable del país con un nivel de tráfico comercial gigantesco y opaco, quienes habitan el delta advierten sobre el impacto a una forma de vivir, al humedal que provee biodiversidad, y a una soberanía que se pierde río abajo. Viaje en barco de MU desde el bajo delta bonaerense, para conocer y escuchar a isleños, productores, docentes, ambientalistas y vecinos que resisten otra avanzada sobre un territorio en disputa.
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La dictadura en el delta: Los sonidos de El Silencio
La quinta El Silencio fue un centro clandestino en el que la dictadura escondió en 1979 a 40 personas secuestradas. ¿Cuánto se sabía y cuánto se callaba entre las islas y ríos del Delta? Un viaje a ese paisaje y a esa realidad: la alianza entre una vecina y una historiadora, lo que cuentan los sobrevivientes, los barcos de la muerte y la investigación de chicos de la zona, con sus preguntas y sus grabadores, para entender el pasado y mucho del presente.
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Violencia policial en Constitución: La ley y el orden
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El «Woodstock ambiental» contra los agrotóxicos: De película
Alarmados por los pesticidas y sus efectos de contaminación ambiental y humana, estudiantes y un maestro de una escuela pública cordobesa empezaron a componer canciones. Convocaron tímidamente a artistas, y se sumaron más de 300. Ya hicieron tres discos y un recital en el campo. Una canción para mi tierra es el film que relata esa aventura que empezó en una comunidad, siguió por decenas de escuelas y tiene contagios en defensa del ambiente y la vida desde España hasta el Amazonas.
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Un biodrama del presente: Puta madre
La obra Putamadre muestra los mandatos, la soledad de las mujeres que crían solas, y una sociedad que las juzga antes de escucharlas. Lejos de la maternidad romántica, humor, amor y la historia real de una madre con su hijo todavía preso: ambos en escena, él a través de una filmación desde la cárcel. Lo que puede el arte para derrumbar prejuicios.
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Yael Frida Gutman mezcla cabaret, transformismo, música y humor para hablar de cannabis, autogestión y libertad: una obra que crece desde hace cinco temporadas y convierte cada función en una celebración, una conversación y una invitación a pensar.
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Desentendimiento: Fingir demencia
Sabemos lo que pasa, pero no hacemos nada. La filósofa eslovena Alenka Zupančič escribió Desentendimiento-Una forma perversa de la razón en la crisis permanente, sobre ese rasgo que no es el “negacionismo” y que consiste en eso que llamamos “fingir demencia” (o normalidad). Las fake, el oscurantismo, y los que se creen por encima de la gente.
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Crónicas del Más Acá: Parlantes
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Nota
MU 214: Mujer maravilla

Ella y sus dos hijos llevan glifosato en su sangre, al igual que muchos y muchas en
Pergamino, localidad contaminada por el agronegocio donde dieron batalla y hoy
protagonizan un juicio histórico contra productores y funcionarios. ¿Será justicia?

Ganar la vida: La historia de (no) ficción de Sabrina Ortiz
Su hijo Ciro tenía 120 veces más agrotóxicos que lo “admisible”. Su hija Fiamma, 100 veces más; ella, 58. Viven en Pergamino, llamada “la capital del veneno”, donde se encontraron pesticidas hasta en el agua de red. Bajo amenazas de muerte Sabrina inició una denuncia convertida en un juicio histórico que está por tener sentencia buscando terminar con la impunidad. La acompaña una abogada de lujo: ella misma se recibió como parte de su lucha, porque nadie se atrevía a representarla. No es una película sino un retrato de la Argentina actual: un modelo de contaminación, enfermedad y muerte, frente a la lucha de las comunidades que no se resignan a un presente tóxico.
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La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich
El teatro antidisturbios del presente: descontrol de las fuerzas represivas, cientos de heridos, detenciones arbitrarias, armado de causas, y un proceso judicial que poco tiene de justicia. Los casos de Milton Tolomeo y Eneas Gallo, aún detenidos por protestar el día de la Ley de Reforma Laboral, hablan de la impunidad con la cual se maneja el gobierno con aval de jueces y fiscales. Lo cuentan ellos, sus familiares y defensas en esta investigación especial.
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Década perdida: Marta Montero, mamá de Lucía Pérez
“Estamos como el día 1”. La frase de la madre de la joven asesinada en 2016 remite a aquel año: cuando denunciaron que dos narcofemicidas habían abusado y asesinado a su hija, hasta hoy, dos juicios después, pues la impunidad sigue consagrada. De motivar el Primer Paro Nacional de Mujeres a la decisión que tomó Marta ahora: estudiar abogacía. La injusticia como una tortura y la lucha como un tejido social que sigue en Mar del Plata, con un centro cultural, un bachillerato y un movimiento que no se amilana.
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La Cordobaza: 3J y el Ni Una Menos en la provincia de Agostina
La undécima edición del Ni Una Menos llegó a Córdoba con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. La gente salió a la calle bajo la lluvia once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta. Cómo se busca justicia.
Por Bernardina Rosini

El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión
¿Qué explica que una banda que rechazó las reglas de la industria se haya convertido uno de los fenómenos culturales más masivos de la Argentina? Desde la producción de sus discos hasta la organización de sus recitales, desde el vínculo con su público hasta la construcción de una comunidad capaz de sobrevivir a su propio fundador, la historia del Indio Solari y sus grupos también es la historia de una forma de crear, pensar, sentir y organizarse, con la autogestión como herramienta y filosofía de vida.
Por Francisco Pandolfi, Mariano Randazzo y Franco Ciancaglini

Mundo Chueco: Jorge Chueco Romero, sacerdote de Ciudad Oculta
Es cura en Ciudad Oculta. Todos los miércoles acompaña el reclamo de jubilados en el Congreso, donde aguanta los palazos y el gas pimienta. No cobra la asignación de la Curia, sino que vive de su trabajo como obrero y albañil. Una “camicharla” entre los murales del barrio: qué hacer con la vida, Bergoglio, el Indio, el peronismo, y una lista de cosas importantes.
Por Sergio Ciancaglini

El trava power: Las Simbióticas
Nacidas en las sierras cordobesas, mezclan cumbia, humor travesti y compromiso político. Entre canciones, risas y reflexión, sus integrantes reivindican la construcción de redes, la diversidad y la alegría como forma de resistencia.
Por María del Carmen Varela

Ser de luz: Nina Suárez
Acaba de sacar el disco El lado oscuro, donde enfrenta algunos fantasmas y ausencias familiares y amorosas, acaso dos versiones de lo mismo. Lo hizo con un power trío que se suena todo. Ella compone, canta y toca la guitarra de una manera conmovedora y que remite inevitablemente a su madre, Rosario Bléfari. Breve semblanza de una artista capaz de brillar con la oscuridad.
Por Franco Ciancaglini

Crónicas del más acá: GPS
Por Carlos Melone
Nota
La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.
Por Bernardina Rosini
El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.
Lo que no se puede creer
Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.
Varones
Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org
«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.
Dónde está Delicia
Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.
Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.
Justicia sin apellido
Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»
Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.
La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
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