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El vaciador: Perfil de Hernán Lombardi

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Con los 357 despidos en Télam consagró una política de medios que se basa en el ajuste. De pasado progresista, fue también empresario hotelero y estuvo junto a De La Rúa la tarde del helicóptero. Verborrágico y tuitero, quién es y cómo piensa el Titular de Medios Públicos. Por Franco Ciancaglini.

Mientras los trabajadores de Télam se iban anoticiando de sus despidos mediante telegramas y rumores, y los delegados contaban unos 60 hasta el mediodía de aquel martes mundialista, Hernán Lombardi dio la primicia en el programa radial de Jorge Lanata: los despidos eran 357.

La cruel jugada contra los periodistas, fotógrafos y administrativos de Télam no empezó ni terminó ahí. Lombardi acompañó la cifra con un posteo en sus redes que tildaba de “propagandistas” del gobierno anterior a los trabajadores, y celebraba: “Hoy ganó el periodismo”. Hubo más: a los periodistas que sí seguían en la agencia les llegó un mail dándoles la bienvenida “a la nueva agencia Télam”.

El titular del Sistema Federal de Medios y Contenidos Públicos volvió a estar en el centro de la polémica, en la que se siente cómodo. Verborrágico, discutidor, tuitero, ocupó móviles de tevé para intentar explicar su decisión y hasta discutió con Nelson Castro en su programa de radio Continental sobre la causa del recorte. Sin embargo, el funcionario evitó ir a dar explicaciones al Congreso Nacional en una primera oportunidad por orden del propio gobierno; luego, finalmente, fue. Sin clases de coach y con un impacto creciente sobre la imagen presidencial, Lombardi quedó como perro sin bozal y, otra vez, sus palabras se transformaron en polémicos titulares. Para el gobierno ya daba igual: su tarea ya estaba hecha.

El que no baja las banderas

Hernán Santiago Lombardi es desde el 10 de diciembre de 2015 quien decide el rumbo de la Televisión Pública, las emisoras de AM y FM de Radio Nacional y la agencia de noticias Télam. Además, Macri lo premió dándole el control sobre los canales Encuentro, Paka-Paka y DeporTV, antes dependientes del Ministerio de Educación. Su área, bajo la órbita de la Jefatura de Gabinete conducida por Marcos Peña, es clave para el gobierno. Como con otros ministros, la frase interna que ilustra el desempeño de Lombardi habla más de su fidelidad que de su capacidad: “Es de confianza del Presidente”.

Êl hubiera preferido instalarse en el ministerio de Cultura de la Nación. No fue a Turismo porque ya había ocupado ese cargo durante la presidencia de Fernando de la Rúa: “Sería una mala coincidencia”, argumentó este ingeniero con un frondoso pasado como empresario hotelero. A diferencia de los CEO´s, hizo carrera política desde la secundaria en el Nacional Buenos Aires y luego en el Centro de Estudiantes de Ingenería, del cual fue presidente con la agrupación radical Franja Morada. Lombardi es cultor del chicaneo sobre la “falta de calle” de los “Cardenal Newman Boys” que ocupan los ministerios. Considera que él sí tiene los dos componentes: calle y cultura. Los Boys piensan que, al contrario, esa mezcla hace que no termine de ser ninguna de las dos cosas. Por las dudas, el ex Franja Morada se diferencia: no usa corbata y. a veces, ni siquiera saco.

Lombardi está afiliado al radicalismo desde los años 80, cuando formó parte de una suerte de ala de izquierda de la UCR llamado “El radicalismo que no baja las banderas”. Compañeras de aquellos años de militancia lo definen como “un cuadro” ya formado, comprometido y generoso para poner a disposición su casa para encuentros y reuniones. “Era de los piolas”, resumen.

Ese sector del radicalismo, crítico hasta con Alfonsín, mantuvo aliados inesperados. Fue en esos años que el documentalista José Luis García hizo un viaje del que Lombardi fue parte: poco antes de que se derribara el Muro de Berlín, la Unión Soviética organizó un Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes en Pyongyang, la capital de Corea del Norte. En una abultada comitiva argentina viajaron alrededor de 90 personas,  la mayoría del Partido Comunista, pero también del Partido Socialista y otros s que el PC consideraba “potenciales aliados”. Así aparecieron varios peronistas, y algunos radicales como Lombardi. En el plantel también estaban el periodista Eduardo Aliverti, y los músicos Juan Carlos Baglietto e Ignacio Copani, entre  otros.

En una entrevista brindada a La Nación en 2013, el propio Lombardi resumió su parábola militante: “Yo nunca me desafilié, pero hoy me siento muy parte integrante del PRO. Siento que defiendo hoy la misma escala de valores que defendía en el 83 cuando era presidente del centro de estudiantes de Ingeniería, adaptado a este tiempo, pero con los mismos valores esenciales”.

Negocios & política

Antes y después de su militancia, Lombardi hizo carrera como empresario hotelero, gracias al legado de su padre también ingeniero. Lejos de la cosa pública, Lombardi hijo cursó posgrados en manejo de marketing y economía e hizo carrera en Mar del Plata. A su militancia radical se sumó un trampolín social: el complejo Torres de Manantiales en la ciudad balnearia, negocio familiar que gerenció desde los 80 y del que fue director de 1992 a 1999. Según recuerdan en Página 12 fue ese emprendimiento hotelero el que puso el primer aviso en el diario ícono del progresismo. Lombardi fue el promotor de ese aviso, todo un símbolo. Por años los periodistas se hospedaron en sus torres para cubrir las temporadas de verano como parte del canje.

Allí, en 1989,  conoció a la actriz Soledad Silveyra. Al tiempo que avanzaba en los negocios, esa relación lo perfiló en el mapa social, empresario y político de una nueva manera.

Lombardi y Silveyra fueron pareja durante ocho años hasta que, según declaró él, la relación terminó ante la tensión de un embarazo frustrado. Actualmente se encuentra casado con la médica nutricionista Vivian Sanz, amor que floreció también en Mar del Plata, donde ella se desempeñó entre 1993 y 2011 como directora médica del Spa de Mar de Manantiales, del que Lombardi era dueño, y donde se casaron.

Sanz colaboró en hacerle bajar notoriamente de peso a a su pareja hace 3 años, gracias a una dieta que incluía ir al trabajo en bicicleta. Un artículo periodístico que defenestraba su gestión política fue de todos modos elogiado por el funcionario ya que, a la pasada, reconocía que estaba más flaco.

Como empresario hotelero Lombardi fue exitoso, y heredó de su padre cierta tendencia a innovar con los flujos turísticos: Torres de Manantiales fue en su momento el paradigma de los nuevos complejos de un balneario que buscaba alejarse de los hoteles –peronistas- sindicales y para jubilados. Años después, post 2001, promovió el hotel Axel en Monsterrat, Buenos Aires, enfocado en parejas homosexuales.

En el medio, en 1997, había comenzado a colaborar con Fernando de La Rúa, entonces jefe del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, que preparaba su carrera presidencial. Lombardi era el experto en turismo que lo acompañaría en su gestión, y así fue: con de De La Rúa triunfador, Lombardi fue secretario de Turismo de la Nación y, al igual que con Cambiemos, obtuvo yapa como interventor de la Administración de Parques Nacionales, área que puede haberle resultado clave para desembarcar con negocios turísticos en el sur patagónico.

Grupo helicóptero

Los meses antes de la debacle de diciembre de 2001, De La Rúa le dio más poder al unificar las secretarías de Turismo, Cultura y Deportes en un solo Ministerio. Para entonces se sabía que Lombardi era más que un ministro para Chupete. Su perfil cultural y su militancia radical lo llevaron a hacerse íntimo y motor del llamado grupo Sushi, el círculo de confianza y de generación de ideas del presidente, por así decir, que no evitó la recordada partida en helicóptero desde la Casa Rosada.

El grupo Sushi estaba conformado además por el hijo del presidente, Antonio De La Rúa; Darío Lopérfido (el ex secretario de cultura de la Ciudad que terminaría desplazado en 2016 tras su polémica postura sobre los desparecidos); y Darío Richarte, actual vicepresidente 3ª de Boca, y ex Side durante el gobierno de la Alianza. Todos Sushi que siguen vinculados al PRO.

Otros jóvenes Sushi fueron Lautaro García Batallán, hoy asesor de Cristian Ritondo en la provincia de Buenos Aires; y Cecilia Felgueras, ex interventora del PAMI junto a Horacio Rodrìguez Larreta; entre otros.

El otro personaje clave de este grupo era el Enrique “Coti” Nosiglia, siempre silencioso y poderoso radical con quien Lombardi había competido en la militancia universitaria. En este mapa, definen los históricos, Lombardi representa una militancia más progresista que la de Nosigilia, menos outsider que la de Lopérfido y menos conservadora que la de Ernesto Sanz y la de muchos correligionarios provinciales. “Tiene una mirada progresista en unos aspectos culturales, pero conservadora respecto del Estado”, definen quienes lo trataron. “Con los trabajadores siempre tuvo una actitud más bien patronal. Se dice progresista en el ámbito cultural, o incluso hablando sobre los más necesitados, pero en el fondo su concepto del trabajador es el mismo que el de un empresario”, impronta que le viene de su biografía hotelera en Mar del Plata, entre otras cuestiones.

Pero el lugar en el que se ubica Lombardi con mayor comodidad no es estrictamente el de un empresario. Una de las personas que ha trabajado con él desde hace años cuenta: “Se siente cómodo en el poder. La función pública es algo que le da importancia. Él le dijo ‘adiós’ a De La Rúa cuando se iba en helicóptero. Va a acompañar hasta el final la causa. Y la causa es ésta”.

Narrativas de la realidad

Después de 2001 Lombardi reapareció en la arena política de manera testimonial en 2003, como candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires con el partido de Ricardo López Murphy, otro ex Alianza, neoliberal y promotor como ministro del recorte del 13% a los jubilados. Lombardi obtuvo casi el 4% de los votos bonaerenses y se volvió a volcar a la actividad privada. Cuatro años más tarde, cuando Macri fue elegido como jefe de gobierno de la Ciudad, fue designado ministro de Cultura.

Su gestión se caracterizó por el cierre de centros culturales barriales, y por distintas situaciones de crisis en el Teatro Colón y el Teatro San Martín. La más recordada fue la toma de la Sala Alberdi del San Martín, que terminó con una represión con balas de plomo en plena Avenida Corrientes. Lombardi mantuvo una actitud confrontativa con los jóvenes hasta el último día y, si bien hasta en el PRO se habló de su mal manejo del tema, terminó festejando la represión como un triunfo personal.

Distintos trabajadores de Radio Ciudad recuerdan una feroz interna entre la cartera de Lombardi y la de Medios, a cargo entonces de Miguel de Godoy, (quien renunció en mayo pasado al ENACOM), y hombre de Larreta. La interna llegaría hasta las batallas poteñas del PRO, donde Lombardi se pondría del lado perdedor, apoyando a Gabriela Michetti. Con la vicepresidenta comparten, entre otras cosas, su simpatía por el papa Francisco.

“La acusación interna que le hacían en el mismo PRO es que juega solo, que es es un loco que se manda por las suyas”, recuerdan quienes compartieron su gestión porteña.

Su turbulento paso como ministro cultural porteño incluyó la entrega al Centro Cultural de España en Buenos Aires del edificio del Ex Padelai, que arrastraba a su vez una historia de desalojos y violencia. En 2003 la represión policial había obligado al desalojo de 40 familias, varias de las cuales volvieron luego ya que no tenían hogar. En agosto de 2009, la Legislatura dio trámite en tiempo récord -6 días -a la ley que cedió el uso gratuito y por 30 años del edificio al CCEBA.

Lombardi impulsó, ya con los españoles en la órbita porteña, diversas movidas culturales europeas y organizó durante su gestión una jornada que se le volvería un boomerang de l conflicto del Padelai.

En las paredes convocó a cooperativas de fotógrafos y movimientos audiovisuales independientes nacidos en 2001 a hablar sobre arte. Y organizó una mesa llamada Narrativas de la realidad con periodistas y editores de revistas, desde Rolling Stone a Barcelona. Fue precisamente uno de los editores de esa revista, Daniel Riera, quien leyó un texto llamado Yo no me sentaría en tu mesa que recordaba los muertos del 2001, las familias desalojadas y la entrega del ex Padelai a los españoles. La cara de todo eso era Hernán Lombardi.

Una de las últimas cosas que se recuerda de su gestión porteña fue un tweet. En la madrugada del 15 de abril de 2014, un personaje fake de polémicos mensajes xenófobos llamado Dra. Piñata, subió a su cuenta una foto de las personas que se convocaron a ver un eclipse lunar en el planetario. Era un mensaje que debía salir en la cuenta oficial del ministro Lombardi. El episodio reveló que Dra. Piñata era el perfil del responsable del manejo de las cuentas de Lombardi , promotor de mensajes discriminatorios. Ante un seguimiento de oficio en el INADI, Lombardi ensayó un descargo sobre la situación que pretendió ser chistoso: “En cuanto a su misión de observar conductas en personajes de ficción les sugiero algunas ideas. La discriminación que sufre el indio Patoruzú por parte de Isidoro Cañones, Micky Vainilla, etc.”. Malos chistes para xenofobias reales. En cualquier caso, todos coinciden en que su estilo de humor calza como guante para ese personaje.

Todos somos Télam

Su última chicana fue para los trabajadores de Télam. Al decir que los 357 trabajadores despedidos de la agencia son “propagandistas disfrazados de periodistas”, violó tres legislaciones que protegen a las y los trabajadores discriminados por razones ideológicas.

Los despidos no sólo afectan a la agencia de noticias, sino al sistema contralor de la pauta oficial, de la cual Télam es responsable. Desde hace años esa agencia es la encargada de ejecutar el trámite de las órdenes de publicidad que en forma arbitraria, discrecional y sin control social, reparte cada gobierno. Es decir, Télam no determina el reparto, sino que es la encargada de controlar el cumplimiento efectivo de lo otorgado por cada administración política del Poder Ejectutivo. Se trata del desmantelamiento de la agencia que controla la ejecución de 2.982.485.735 pesos, tomado como referencia la cifra que alcanzó la pauta oficial en 2017. Los despidos afectan, también, a las delegaciones provinciales, ya que se trata de la única agencia que, tras el cierre de DyN, mantenía un sistema de producción federal.

El desguace de la agencia Télam, además, ocurrió en la misma semana en la que se autorizó la fusión de Telecom y Cablevisión (Grupo Clarín), con lo que se conforma la empresa más grande del país y se consolida la dinámica de concentración y monopolización de los medios. Pero Lombardi siguió cargando contra los trabajadores: “Los propagandistas se quisieron esconder en el noble oficio del periodismo”, dijo. Y, como buen cultor de refranes, agregó: “Los lobos se disfrazan de corderos”.

Quizá esa metáfora lo defina a él, y resuma las vueltas inesperadas que puede tomar el llamado progresismo argentino.

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MU 215: Sin chamuyo

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MU 215: Sin chamuyo
Este número 215 de MU ☝️viene con doble tapa, que podría ser una frase: Sin chamuyo, a remarla.




MU 215: Sin chamuyo

Viaje a la vida en el Delta: Y la nave va

Mientras el gobierno nacional privatiza la principal vía navegable del país con un nivel de tráfico comercial gigantesco y opaco, quienes habitan el delta advierten sobre el impacto a una forma de vivir, al humedal que provee biodiversidad, y a una soberanía que se pierde río abajo. Viaje en barco de MU desde el bajo delta bonaerense, para conocer y escuchar a isleños, productores, docentes, ambientalistas y vecinos que resisten otra avanzada sobre un territorio en disputa.

Por Francisco Pandolfi




MU 215: Sin chamuyo

Gonzalo Giles, pensador y comunicador «disca»: Error en el sistema

Gonzalo Giles, activista del movimiento disca que resiste el ajuste.
Es mudo pero logra hacerse oír. Humor, creatividad y política:
“Necesitamos menos caudillos y más gente que construya”.

Es escritor, activista y referente de una generación que convirtió la experiencia de la discapacidad en una potencia de comunicación y acción. Ahora prepara un espacio propio para intervenir en política. Una conversación sobre prejuicios, salud mental, amores, liderazgo, y “lo disca” como una categoría desde la cual pensar –y reconstruir– un país. 

Por Sergio Ciancaglini




MU 215: Sin chamuyo

La dictadura en el delta: Los sonidos de El Silencio

La quinta El Silencio fue un centro clandestino en el que la dictadura escondió en 1979 a 40 personas secuestradas. ¿Cuánto se sabía y cuánto se callaba entre las islas y ríos del Delta? Un viaje a ese paisaje y a esa realidad: la alianza entre una vecina y una historiadora, lo que cuentan los sobrevivientes, los barcos de la muerte y la investigación de chicos de la zona, con sus preguntas y sus grabadores, para entender el pasado y mucho del presente.

Por Lucas Pedulla




MU 215: Sin chamuyo

Violencia policial en Constitución: La ley y el orden

La Policía de la Ciudad asesinó a Víctor Vargas (foto) disparándole tres balazos por la espalda. Intentó ocultar la verdad del crimen pero la investigación judicial detectó a los culpables y se abrió una causa sobre la relación entre la venta de drogas y la complicidad policial. ¿Quién era Víctor? Constitución como tierra de nadie y la violencia institucional contra prostitutas, travestis y quienes tratan de sobrevivir a la crisis de cada día.

Por Claudia Acuña




MU 215: Sin chamuyo

El «Woodstock ambiental» contra los agrotóxicos: De película

Alarmados por los pesticidas y sus efectos de contaminación ambiental y humana, estudiantes y un maestro de una escuela pública cordobesa empezaron a componer canciones. Convocaron tímidamente a artistas, y se sumaron más de 300. Ya hicieron tres discos y un recital en el campo. Una canción para mi tierra es el film que relata esa aventura que empezó en una comunidad, siguió por decenas de escuelas y tiene contagios en defensa del ambiente y la vida desde España hasta el Amazonas.

Por María del Carmen Varela




MU 215: Sin chamuyo

Un biodrama del presente: Puta madre

La obra Putamadre muestra los mandatos, la soledad de las mujeres que crían solas, y una sociedad que las juzga antes de escucharlas. Lejos de la maternidad romántica, humor, amor y la historia real de una madre con su hijo todavía preso: ambos en escena, él a través de una filmación desde la cárcel. Lo que puede el arte para derrumbar prejuicios.

Por Evangelina Bucari




MU 215: Sin chamuyo

La Cogolla: Flor de cultivo

Yael Frida Gutman mezcla cabaret, transformismo, música y humor para hablar de cannabis, autogestión y libertad: una obra que crece desde hace cinco temporadas y convierte cada función en una celebración, una conversación y una invitación a pensar.

por María del Carmen Varela




MU 215: Sin chamuyo

Desentendimiento: Fingir demencia

Sabemos lo que pasa, pero no hacemos nada. La filósofa eslovena Alenka Zupančič escribió Desentendimiento-Una forma perversa de la razón en la crisis permanente, sobre ese rasgo que no es el “negacionismo” y que consiste en eso que llamamos “fingir demencia” (o normalidad). Las fake, el oscurantismo, y los que se creen por encima de la gente.

Por Franco Ciancaglini

MU 215: Sin chamuyo

Crónicas del Más Acá: Parlantes

Por Carlos Melone

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MU 214: Mujer maravilla

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Ella y sus dos hijos llevan glifosato en su sangre, al igual que muchos y muchas en
Pergamino, localidad contaminada por el agronegocio donde dieron batalla y hoy
protagonizan un juicio histórico contra productores y funcionarios. ¿Será justicia?




MU 214: Mujer maravilla

Ganar la vida: La historia de (no) ficción de Sabrina Ortiz

Su hijo Ciro tenía 120 veces más agrotóxicos que lo “admisible”. Su hija Fiamma, 100 veces más; ella, 58. Viven en Pergamino, llamada “la capital del veneno”, donde se encontraron pesticidas hasta en el agua de red. Bajo amenazas de muerte Sabrina inició una denuncia convertida en un juicio histórico que está por tener sentencia buscando terminar con la impunidad. La acompaña una abogada de lujo: ella misma se recibió como parte de su lucha, porque nadie se atrevía a representarla. No es una película sino un retrato de la Argentina actual: un modelo de contaminación, enfermedad y muerte, frente a la lucha de las comunidades que no se resignan a un presente tóxico.

Por Francisco Pandolfi




MU 214: Mujer maravilla

La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich

El teatro antidisturbios del presente: descontrol de las fuerzas represivas, cientos de heridos, detenciones arbitrarias, armado de causas, y un proceso judicial que poco tiene de justicia. Los casos de Milton Tolomeo y Eneas Gallo, aún detenidos por protestar el día de la Ley de Reforma Laboral, hablan de la impunidad con la cual se maneja el gobierno con aval de jueces y fiscales. Lo cuentan ellos, sus familiares y defensas en esta investigación especial.

Por Lucas Pedulla




MU 214: Mujer maravilla

Década perdida: Marta Montero, mamá de Lucía Pérez

“Estamos como el día 1”. La frase de la madre de la joven asesinada en 2016 remite a aquel año: cuando denunciaron que dos narcofemicidas habían abusado y asesinado a su hija, hasta hoy, dos juicios después, pues la impunidad sigue consagrada. De motivar el Primer Paro Nacional de Mujeres a la decisión que tomó Marta ahora: estudiar abogacía. La injusticia como una tortura y la lucha como un tejido social que sigue en Mar del Plata, con un centro cultural, un bachillerato y un movimiento que no se amilana.

Por Evangelina Buccari




MU 214: Mujer maravilla

La Cordobaza: 3J y el Ni Una Menos en la provincia de Agostina

La undécima edición del Ni Una Menos llegó a Córdoba con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. La gente salió a la calle bajo la lluvia once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta. Cómo se busca justicia.

Por Bernardina Rosini




MU 214: Mujer maravilla

El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión

¿Qué explica que una banda que rechazó las reglas de la industria se haya convertido uno de los fenómenos culturales más masivos de la Argentina? Desde la producción de sus discos hasta la organización de sus recitales, desde el vínculo con su público hasta la construcción de una comunidad capaz de sobrevivir a su propio fundador, la historia del Indio Solari y sus grupos también es la historia de una forma de crear, pensar, sentir y organizarse, con la autogestión como herramienta y filosofía de vida.

Por Francisco Pandolfi, Mariano Randazzo y Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Mundo Chueco: Jorge Chueco Romero, sacerdote de Ciudad Oculta

Es cura en Ciudad Oculta. Todos los miércoles acompaña el reclamo de jubilados en el Congreso, donde aguanta los palazos y el gas pimienta. No cobra la asignación de la Curia, sino que vive de su trabajo como obrero y albañil. Una “camicharla” entre los murales del barrio: qué hacer con la vida, Bergoglio, el Indio, el peronismo, y una lista de cosas importantes.

Por Sergio Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

El trava power: Las Simbióticas

Nacidas en las sierras cordobesas, mezclan cumbia, humor travesti y compromiso político. Entre canciones, risas y reflexión, sus integrantes reivindican la construcción de redes, la diversidad y la alegría como forma de resistencia.

Por María del Carmen Varela




MU 214: Mujer maravilla

Ser de luz: Nina Suárez

Acaba de sacar el disco El lado oscuro, donde enfrenta algunos fantasmas y ausencias familiares y amorosas, acaso dos versiones de lo mismo. Lo hizo con un power trío que se suena todo. Ella compone, canta y toca la guitarra de una manera conmovedora y que remite inevitablemente a su madre, Rosario Bléfari. Breve semblanza de una artista capaz de brillar con la oscuridad.

Por Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Crónicas del más acá: GPS

Por Carlos Melone

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La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

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Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.

Por Bernardina Rosini

El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.

Lo que no se puede creer

Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.

Varones

Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org

«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.

Dónde está Delicia

Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.

Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.

Justicia sin apellido

Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»

Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.

La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

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