Nota
Chosmky: «¿Hacia dónde se dirige el mundo?»
Este texto es un extracto de la Lakdawala Memoria Lecture, pronunciada en Delhi, por Noam Chomsky. Casi una clase magistral, donde traza su análisis del mundo luego de la invasión a Afganistán.
El nuevo milenio ha comenzado con dos crímenes monstruosos: los atentados terroristas del 11 de septiembre y la respuesta a los mismos, que a buen seguro se ha cobrado un número mucho mayor de víctimas inocentes. Las atrocidades del 11 de septiembre se han considerado un acontecimiento histórico, y es cierto. Pero deberíamos dejar claro por qué.Esos crímenes representan quizá el más devastador tributo humano instantáneo jamás pagado, a no ser en la guerra. La palabra ‘instantáneo’ no debería pasarse por alto; es triste, pero cierto, que los crímenes no son en absoluto infrecuentes en los anales de una violencia que se acerca mucho a la guerra. Las consecuencias son una de sus innumerables ilustraciones. La razón por la que ‘el mundo nunca será igual’ tras el 11 de septiembre, usando la frase ahora tan en boga, es otra.
La dimensión de la catástrofe que ya ha tenido lugar en Afganistán, y lo que puede venir a continuación, sólo se puede suponer. Pero sí conocemos las proyecciones en las que se basan las decisiones políticas, y a partir de éstas podemos entender un poco la pregunta de hacia dónde se dirige el mundo. La respuesta es que avanza por sendas muy trilladas. Incluso antes del 11 de septiembre, millones de afganos se mantenían -apenas- gracias a la ayuda alimentaria internacional. El 16 de septiembre, el New York Times informó de que Washington había ‘exigido la eliminación de los convoyes que suministran buena parte de los alimentos y otros bienes a la población civil afgana’. No se detectó ninguna reacción en EE UU o Europa a la exigencia de que una enorme cantidad de desposeídos fuesen sometidos al hambre y a una muerte lenta. En las semanas siguientes, el principal periódico del mundo informó de que ‘la amenaza de ataques militares ha obligado a evacuar a los trabajadores de las organizaciones de ayuda internacional y ha paralizado los programas de ayuda’; los refugiados que llegaban a Pakistán, ‘tras un duro viaje desde Afganistán, describen escenas de desesperación y miedo en su país, mientras la amenaza de ataques militares dirigidos por EE UU convierten la miseria que padecen desde hace tiempo en una potencial catástrofe’. ‘El país pendía de una cuerda de salvación’, dijo un voluntario evacuado, ‘y acabamos de cortarla’.
El programa de alimentación mundial de Naciones Unidas, así como otras asociaciones, lograron hacer algunos envíos de alimentos a comienzos de octubre, pero, tras el bombardeo, se vieron obligados a suspenderlos para reanudarlos más tarde a un ritmo mucho más lento, mientras los organismos de ayuda condenaban ‘sin paliativos’ los lanzamientos aéreos de ayuda estadounidenses, ‘herramientas propagandísticas’ apenas disimuladas. El New York Times informó, sin comentarios, de que se preveía que el número de afganos necesitados de ayuda alimentaria aumentaría en un 50% como resultado del bombardeo, hasta llegar a 7,5 millones de personas. En otras palabras, la civilización occidental basa sus planes en la suposición de que pueden provocar la muerte de varios millones de civiles inocentes: no talibanes, sino sus víctimas. El mismo día, el líder de la civilización occidental volvió a rechazar con desdén las ofertas de negociación hechas por los talibanes y su petición de que les dieran pruebas creíbles que sustentasen las exigencias de capitulación. Su postura se consideró justa y adecuada, quizá incluso heroica. El relator especial de la ONU para el Derecho a la Alimentación rogó a EE UU que acabara el bombardeo, que estaba ‘poniendo en peligro la vida de millones de civiles’, y renovó el llamamiento de la Alta Comisionada de Derechos Humanos de la ONU, Mary Robinson, que advirtió de que se gestaba una catástrofe como la de Ruanda. Ambos llamamientos fueron rechazados, como los de los principales organismos de ayuda humanitaria. Y prácticamente no recibieron cobertura informativa.
La FAO había advertido a finales de septiembre de que más de siete millones de personas podrían morir de hambre a no ser que se renovase inmediatamente el envío de ayuda y se pusiese fin a la amenaza de acciones militares. Una vez iniciado el bombardeo, la FAO avisó de que se iba a producir una catástrofe humana todavía más grave, de que el bombardeo había interrumpido la siembra que proporciona el 80% de las provisiones de grano al país, de forma que los efectos el año próximo serán todavía más graves. Tampoco se publicó.
Estos llamamientos no hechos públicos coincidieron con el Día Mundial de la Alimentación, del que también se hizo caso omiso, como de la acusación del relator especial de la ONU de que los ricos y poderosos tienen los medios, pero no la voluntad, de superar este ‘genocidio silencioso’.
Los bombardeos aéreos han convertido las ciudades en ‘ciudades fantasma’, informaba la prensa, y han destruido las fuentes de energía eléctrica y de agua, una forma de guerra biológica. Se informó de que el 70% de la población había huido de Kandahar y Herat, la mayoría al campo, donde, en tiempos normales, entre 10 y 12 personas mueren o quedan lisiadas cada día por las minas. Esas condiciones son ahora mucho peores. Se han suspendido las operaciones de desactivación de minas de la ONU y las armas estadounidenses que no han explotado se suman a la tortura, especialmente la mortal metralla de las bombas de fragmentación, mucho más difíciles de eliminar.
Si nos fiamos de los precedentes, sabemos que nunca se conocerá, ni se investigará, el destino de estos desgraciados. Eso es algo que se reserva para las consecuencias de los crímenes imputables a enemigos oficiales. En tales casos, la investigación toma en consideración adecuadamente no sólo a los que han muerto inmediatamente, sino al número infinitamente mayor de los víctimas de las políticas que se condenan. En caso de investigarse, los criterios para nuestros crímenes son completamente diferentes. Los efectos de los actos criminales no se tienen en cuenta. Suceda lo que suceda en Afganistán, si se investiga, se culpará a cualquier cosa -la sequía, los talibanes- menos a los que consciente y deliberadamente han perpetrado unos crímenes que sabían que iban a causar una matanza masiva de inocentes.
Sólo quienes desconocen la historia contemporánea pueden sorprenderse de ello. Al fin y al cabo, las víctimas no son más que ‘tribus incivilizadas’, como dijo desdeñosamente Winston Churchill de los afganos y los kurdos cuando pretendía, hace 80 años, usar gas venenoso para inspirarles un ‘vivo terror’. Y tampoco en este caso sabremos mucho de las consecuencias. Hace diez años, Gran Bretaña tuvo la iniciativa de instaurar un ‘gobierno abierto’. Su primer acto fue eliminar del archivo público todos los informes sobre el uso de gas venenoso contra las tribus incivilizadas. Si hay que ‘exterminar a la población indígena’, que así sea, declaró el ministro de la Guerra francés al anunciar, a mediados del siglo XIX, lo que se estaba haciendo, y no por última vez, en Argelia. Es así de fácil. Lo que sucede ahora en Afganistán es clásico, forma parte de la historia contemporánea. Es normal que suscite poco interés o preocupación, y que incluso no sea noticia.
Los crímenes del 11 de septiembre son, de hecho, un punto de inflexión histórico, y no por su magnitud, sino por su objetivo. Es la primera vez, desde que los británicos quemaron Washington en 1814, que EE UU ha sido atacado, o incluso amenazado, en territorio nacional. No debería ser necesario revisar lo que les ha sucedido a los que se cruzaron en su camino o les desobedecieron en los siglos transcurridos desde entonces. El número de víctimas es enorme. Por primera vez, las armas han apuntado en sentido opuesto. Es un cambio histórico.
Lo mismo se puede decir, de manera más dramática, de Europa, que ha sufrido destrucción asesina, pero por guerras internas. Mientras tanto, las potencias europeas conquistaban buena parte del mundo de manera no muy cortés. Con raras y limitadas excepciones, no fueron atacadas por sus víctima
s extranjeras. El Congo no atacó ni devastó Bélgica, ni las Indias Orientales, Holanda, ni Argelia, Francia. La lista es larga, y los crímenes, horrendos. No sorprende, pues, que Europa se horrorizase ante las atrocidades terroristas del 11 de septiembre.
Pero, si bien éstas señalan un cambio drástico en los asuntos mundiales, la respuesta no representa cambio alguno. Los líderes estadounidenses y de otros países han señalado correctamente que enfrentarse al monstruo terrorista no es una tarea a corto plazo, sino de larga duración. Por tanto, deberíamos considerar atentamente las medidas a tomar para mitigar lo que se ha denominado, en las altas instancias, ‘el maligno azote del terrorismo’, una plaga extendida por ‘depravados que se oponen a la civilización’ en ‘una vuelta a la barbarie en plena edad contemporánea’.
Deberíamos comenzar por identificar la plaga y a los elementos depravados que están haciendo que el mundo vuelva a la barbarie. La acusación no es nueva. Las frases que acabo de citar son del presidente Reagan y su secretario de Estado, Shultz. El Gobierno de Reagan llegó al poder hace 20 años y proclamó que la lucha contra el terrorismo internacional sería el elemento central de la política exterior estadounidense. Respondieron a la plaga organizando campañas de terrorismo internacional de una escala y violencia sin precedentes, que provocaron incluso que el Tribunal de Justicia Internacional condenara a Estados Unidos por ‘uso indebido de la fuerza’ y que una resolución del Consejo de Seguridad hiciera un llamamiento a todos los países a observar el derecho internacional, resolución vetada por EE UU, que votó también en solitario con Israel (y en un caso, El Salvador) contra resoluciones similares de la Asamblea General. La orden emitida por el Tribunal Superior de Justicia de que se pusiese fin al terrorismo internacional y se pagasen sustanciales indemnizaciones fue rechazada con desdén en todo el espectro de opinión; los votos de la ONU prácticamente no recibieron cobertura informativa. Washington reaccionó multiplicando las guerras económicas y terroristas. También dio órdenes oficiales a las tropas mercenarias de que atacasen ‘objetivos fáciles’ -objetivos civiles indefensos- y evitasen el combate, algo que podían hacer gracias a que EE UU controlaba el espacio aéreo y proporcionaba un complejo equipo de comunicación al ejército terrorista que atacaba desde los países vecinos.
Esas órdenes se consideraban legítimas siempre que cumpliesen criterios pragmáticos. Un importante analista, Michael Kinsley, considerado el portavoz de la izquierda en el debate general, sostuvo que no bastaba con rechazar las justificaciones del Departamento de Estado acerca de los ataques terroristas a ‘objetivos fáciles’: ‘Una política sensata debe soportar la prueba del análisis de costes y beneficios’, escribió, un análisis de ‘la cantidad de sangre y miseria que se va a producir, así como las probabilidades de que allí emerja la democracia’ (‘democracia’ tal como la entienden las élites occidentales, una interpretación que los países de la región ilustran muy bien).
Se da por sentado que se tiene derecho a realizar el análisis y emprender el proyecto si se aprueban los exámenes. Y se aprobaron. Cuando Nicaragua cayó por fin ante el asalto de la superpotencia, los expertos de todo el abanico de opinión respetable aplaudieron el éxito de los métodos adoptados para ‘hundir la economía y llevar a cabo una guerra a través de intermediarios hasta que los exhaustos nativos depongan al Gobierno que se desea derrocar’, con un coste ‘mínimo’ para nosotros, dejar a las víctimas ‘con puentes destruidos, centrales eléctricas saboteadas y explotaciones agrícolas arruinadas’, proporcionando así al candidato estadounidense ‘una posibilidad de ganar’: poniendo fin al ‘empobrecimiento del pueblo nicaragüense’ (Time). Estamos ‘unidos en el gozo’ por este resultado, proclamó el New York Times, orgulloso de esta ‘victoria del juego limpio estadounidense’, según un titular del periódico.
El mundo civilizado volvió a sentirse ‘unido en el gozo’ hace unas semanas cuando el candidato de EE UU ganó las elecciones en Nicaragua después de que Washington advirtiera seriamente sobre lo que pasaría si no ganaba. The Washington Post explicó que el ganador ‘había basado su campaña en recordar al electorado las dificultades económicas y militares de la era sandinista’, es decir, la guerra terrorista y la estrangulación económica fomentadas por EE UU y que devastaron el país.
Entretanto, el presidente nos instruyó sobre la única ‘ley universal’: todas las variedades de terror y asesinato ‘son malignas’ (a no ser, claro, que nosotros seamos los causantes).
Las actitudes que prevalecen en Occidente respecto al terrorismo se revelan con gran claridad en la reacción provocada por el nombramiento de John Negroponte como embajador ante la ONU para dirigir la ‘guerra contra el terrorismo’. El currículo de Negroponte incluye su servicio como ‘procónsul’ en Honduras en los años ochenta, donde fue supervisor local de la campaña terrorista internacional por la que el Tribunal Internacional de Justicia y el Consejo de Seguridad condenaron a su Gobierno. No se detecta ninguna reacción. Hasta Jonathan Swift se quedaría sin habla.
Menciono el caso de Nicaragua sólo porque no es polémico, dadas las sentencias emitidas por los más altos organismos internacionales. Es decir, no es polémico entre aquellos que están mínimamente comprometidos con los derechos humanos y las leyes internacionales. Podemos calcular el tamaño de dicha categoría determinando con qué frecuencia se mencionan siquiera estas cuestiones elementales. Y a partir de este sencillo ejercicio se pueden sacar sombrías conclusiones sobre lo que se nos avecina si los centros de poder de ideología existentes se salen con la suya.
El caso nicaragüense dista mucho de ser el más extremo. Sólo en la era Reagan, terroristas de Estado patrocinados por EE UU dejaron en Centroamérica cientos de miles de cadáveres torturados y mutilados, millones de lisiados y huérfanos y cuatro países en ruinas. En los mismos años, las depredaciones surafricanas respaldadas por Occidente causaron un millón y medio de muertos y daños por valor de 60.000 millones de dólares. Por no hablar del oeste y el sureste asiáticos, de Suramérica o de tantos otros lugares. Y no fue una década especial.
Es un grave error analítico describir el terrorismo como un ‘arma de los débiles’, como se suele hacer. En la práctica, el terrorismo es la violencia que Ellos cometen contra Nosotros, independientemente de quién sea ese Nosotros. Sería difícil encontrar una excepción histórica. Y, dado que los poderosos determinan qué es historia y qué no lo es, lo que pasa los filtros es el terrorismo de los débiles contra los fuertes y sus clientes.
Revista Mu
MU 216: Qué, cómo y cuándo cambió todo


Ley de Tierras y después: Cambio de tema
Durante meses el gobierno logró imponer los temas, los tiempos y las preguntas. Hasta que una discusión sobre la tierra parió otra cosa. Lo que apareció detrás y después de ese debate no es –solo– una disputa jurídica ni económica, sino una pregunta más profunda sobre la soberanía, la identidad y el futuro. De César Aira a Peter Thiel, una lectura de la actualidad para crear lo que falta.
Por Claudia Acuña

Viaje a la vida en el Paraná II: En modo Costa Pobre
Los incendios y el dragado que rompen el ecosistema, los countries ocupándolo todo, el extractivismo de arena para el fracking, las privatizaciones, la contaminación masiva, la indolencia estatal: el Paraná debería ser un río de todos, pero parece un río de nadie. Navegación desde Escobar hasta las Lechiguanas, pasando por Costa Pobre, barrio popular amenazado, que simboliza mucho de esta historia. Voces e imágenes de quienes siguen defendiendo la vida del aire, el suelo, el agua y la justicia.
Por Francisco Pandolfi
Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

Atanor condenada por contaminación: La odisea
Más de 200 muertes en seis manzanas del Barrio Química, la contaminación probada del agua, aire y suelos, y el “daño irreversible” al Paraná en San Nicolás ratificado por la Corte Suprema bonaerense. La sanción económica es mínima para una multinacional (equivalente a dos camionetas) pero está por comenzar la causa penal a sus ejecutivos. Lo que cuentan el barrio y el abogado Fabián Maggi sobre este viaje de más de una década para que no haya impunidad.
Por Lucas Pedulla
Fotos: Sebastián Smok/lavaca.org

Agroecología en Misiones: El libro de la selva
Una cooperativa agroecológica de quince familias produce alimentos sin químicos en medio de la selva misionera y muestra cómo cultivar de un modo sano y rentable. Unión Campesina, los secretos de la tierra, la casa de las semillas, y una decisión: hacer mucho y hablar menos. El método del Fukuoka misionero. ¿Cuál es la rueda que está girando?
Por Francisco Pandolfi
Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

Delia Tedín, decoración, política y clases altas: Mucho gusto
Con tupido árbol genealógico y privilegios de cuna, aprendió el valor de la diversidad y la rebeldía frente a un ambiente que “olía a odio”. Eligió su propia vida como decoradora, sin perder nunca de vista el contexto social. Sus pasiones: fomentar el trabajo y la creatividad del país, y combatir la idea de que las personas tienen la culpa si les va mal en estos tiempos. Conversación sobre bombas, estupidez, poder, Nerón y el arte de mantener los ojos abiertos.
Por Sergio Ciancaglini
Fotos: Juan Valeiro

Carne de cañón: las víctimas travestis-trans de la dictadura
A 50 años del golpe de Estado, el Archivo de la Memoria Trans reunió en un libro testimonios individuales, relatos colectivos y el registro del Juicio Brigadas, el primero que toma como víctimas del terrorismo de Estado a mujeres travestis trans. El libro no habla solo de violencia, sino también del humor, la amistad, la resistencia y las formas que ellas inventaron para poder seguir vivas. Pistas sobre dónde encontrar claves para el futuro.
Por Evangelina Bucari

El libro La nueva oligarquía: Tecnopoder
¿Quién gobierna el mundo? ¿Qué transformaciones y deformaciones de la democracia se están intentando? ¿Qué pasa con la soberanía? ¿A quién hay que vigilar? Temas de La nueva oligarquía, del sociólogo argentino Ariel Goldstein y editado por Marea. Aquí, fragmentos que invitan a su lectura para bucear varios dilemas del presente.

Zoe Hochbaum: Comerse el mundo
Actriz, bailarina, escritora, productora: 27 años, una nueva película y un programa de radio. Zoe puede oscilar entre la comedia con flamenco, los monstruos literarios y la reconstrucción de los vuelos de la muerte. El homenaje al radioteatro, y el ejercicio de la amistad como salvavidas para los tiempos en los que la realidad parece querer fagocitarnos.
Por María del Carmen Varela
Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

Crónicas del Más Acá: Rambo al sur
por Carlos Melone
Nota
La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.
Por Bernardina Rosini
El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.
Lo que no se puede creer
Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.
Varones
Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org
«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.
Dónde está Delicia
Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.
Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.
Justicia sin apellido
Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»
Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.
La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
Nota
MU 213: Movete

Son personas que se organizan y se movilizan para defender derechos de toda la
sociedad. Son quienes sufren palos, gases y humillaciones por estar de pie. Quienes
crean respuestas donde hay impotencia y nuevas palabras para definir el futuro.
Nuestro homenaje: reunirlas y escucharlas.

Mover el mundo: Cumbre de imprescindibles
Jubilados, discas, asambleístas ambientales, travas, familias víctimas de femicidios y el papá de Pablo Grillo: reunimos a quienes se movilizan y no abandonan la calle a pesar de los palazos y de la falta de respuestas. Quienes marcan una agenda por abajo que es a la vez un rumbo y un llamado a la acción, y también a la unidad. Frente a la dispersión, voces que hablan de un horizonte común, más acá de la política partidaria, para repensar la democracia y la forma en que resistimos.
Por Claudia Acuña

Del dicho al hecho: Los crímenes de odio baten récords
En 2025 se produjeron 227 crímenes de odio contra personas de la comunidad LGTBIQ+: 60% más que el año anterior. El combustible: la violencia y discriminación desde el gobierno, empezando por el Presidente, y el desmantelamiento de políticas públicas. La precarización de la vida privada y lo que ocurre cuando el Estado se retira.
Por Evangelina Bucari

Comunicacción: Unión de Medios Autogestivos
Siete medios de todo el país nos reunimos para crear transversalidad, proyectos y compartir ideas sobre cómo hacer periodismo en tiempos mileístas y más acá: el cooperativismo, las comunidades, el territorio, la agenda propia. ¿Cómo crear valor, generar puestos de trabajo y sostenerse cuando todo se cae? Lo que representan estos diarios, revistas, agencias y periodistas todoterreno que resguardan lo mejor del oficio, por fuera de Tik Tok y los streamings de turno.
Por Lucas Pedulla

Ojos bien abiertos: Tadeo Bourbon, fotógrafo
Fue uno de los premiados por el World Press Photo por una imagen que podés ver en la página siguiente. La historia de Tadeo y de aquel día de marcha, represión, golpes y gas pimienta. De la moto, los casamientos y otros empleos, al contexto profesional y a la vez emocional que alimentó ese click al que llamó La Argentina de Milei.
Por Sergio Ciancaglini

Alerta verde: MU en Misiones
Desde que asumió Milei, el precio que se paga a productores y trabajadores está desregulado. Cómo impacta esto en una industria ya precarizada, y lo que genera: éxodo rural, desarraigo, pobreza. Crónica de una época desde un territorio olvidado y en lucha.
Por Francisco Pandolfi

Mondiablo: Juicios contra el Roundup de Monsanto/Bayer
Las pérdidas millonarias de Bayer por las demandas vinculadas al glifosato vuelven a poner en escena una historia que lleva décadas: evidencia científica, fraude corporativo, lobby político y daños sanitarios y ambientales a escala global. Mientras avanzan nuevos acuerdos judiciales y Trump sale al rescate de la compañía, el herbicida sigue presente en cuerpos, territorios y alimentos.
Por Anabel Pomar

Anti algoritmo: Cineclub Mabuse
Hace 25 años que Uriel Barros proyecta películas en Súper 8 en festivales, centros culturales, escuelas, bares y espacios under. Una defensa artesanal y colectiva del cine frente a las plataformas, los algoritmos y el consumo individual. Terror, ciencia ficción, muñecos malditos y películas que todavía necesitan ser vistas.
Por María del Carmen Varela

Monte Hermosa: Josefina Lamarre
Editó el álbum Yin Yang y también le cantó (en contra) al amor extractivista. De la tevé en piyamas a la comedia musical, la perfomance, el Hotel Faena y las coplas chismosas. Lo que surgió de una ducha y la convivencia entre lo tanático, lo erótico y lo vital.
Por María del Carmen Varela

Biblias.
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Punto de inflexión
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