Nota
Harvard: reclamo contra las inversiones de la universidad en monocultivos en el Iberá
Con reclamos como “Justicia para Corrientes” y “Paren las plantaciones madereras”, la Universidad de Harvard, en Boston, fue sede del acto de la Coalición para las Inversiones Responsables de esa institución, que cuestiona los monocultivos forestales en Corrientes a través de empresas como Evasa y Las Misiones que ocupan 87.000 hectáreas. Cuestionan el deterioro de suelos, producciones y vidas de la población rural de la zona que termina por ello siendo expulsada de su propio territorio. Aquí, la nota y el programa radial que describen cómo estudiantes de Harvard viajaron a Corrientes para interiorizarse con agricultores, campesinos y movimientos sociales sobre esa realidad.
En Harvard, la Coalición presentó un informe y una carta de los agricultores a la presidenta de la universidad, Drew Faust. Gabriel Bayard, uno de los integrantes del grupo que monitorea las inversiones de la Universidad planteó: «El flagrante desprecio por los valores de Harvard es chocante . Espero que detengan la expansión de las plantaciones de inmediato”.
El Instituto Oakland y la Coalición presentaron además un informe con los efectos dañinos desde el punto de vista ambiental y social de esas inversiones. Esta es la nota sobre la visita de uno e los integrantes de la Coalición, Sam Wohns, a Corrientes. Aquí, el Decí Mu desde los esteros del Iberá y la nota publicada en Mu de septiembre
Decí Mu en el Iberá: las inversiones poco éticas de Harvard, y el insulto que identificó a los guaraníes
Mu de septiembre: Master en contaminación
La mejor universidad del mundo es Harvard, al menos según fuentes diversas como el Academic Ranking of World Universities, Wikipedia, y la revista ¡Hola!.
Harvard es paga, aunque sin fines de lucro. Se ubica en Boston, Massachusetts, tiene casi 20.000 alumnos entre sus grados y posgrados. Se fundó en 1636 como New College pero en marzo de 1639 tomó su actual nombre cuando el clérigo británico John Harvard le donó 400 libros, 779 libras, y murió de tuberculosis. Las autoridades comprendieron que había que hacer rendir esas 779 libras para garantizar una educación de excelencia que llega hasta nuestros días. Este año, por ejemplo, estuvo brindando allí una conferencia la señora Valeria Mazza.

Cristian Pires y Emilio Spataro (Guardianes del Iberá), Adrián Obregón (Asociación Provincial de Pequeños Productores Correntinos) y el estudiante de Harvard Sam Wohns
30.000 millones
Pasaron 374 años y medio desde aquella donación. En el bar de una estación de servicio de San Miguel, Corrientes, el estadounidense Samuel Wohn, 22 años, estudiante de Harvard, mira un mapa en su notebook y comunica en perfecto espanglés: “La universidad tiene 30.000 millones de dólares invertidos en todo el mundo. Vine para estudiar los impactos de las inversiones aquí. En Corrientes Harvard tiene 86.000 hectáreas, 30.000 con monocultivos de pinos, y quieren llegar a las 47.000. Eso afecta a los productores y contamina el ambiente. Estoy preparando un informe en el que vamos a plantear que se trata de una inversión poco ética que está destruyendo la forma de vivir de las comunidades que trabajan aquí”.
Películas bonitas
Sam pertenece al grupo Responsible Investment at Harvard Coalition (Coalición para las Inversiones Responsables de Harvard), formado por alumnos, ex alumnos, profesores y trabajadores de la universidad que buscan “cambiar la forma en que Harvard invierte su dinero”.
Cientos de adherentes y sponsors que financian estos viajes de investigación. El contacto entre Harvard y Corrientes se hizo a través de la organización social y ecologista Guardianes del Iberá que descubrió que campos como Santa Julia, Santa Celina o Tranquerita son en realidad propiedad de Las Misiones y Empresas Verdes Argentinas (EVASA), compradas por Harvard Management Company, quien maneja los fondos de la universidad.
¿Por qué es una inversión poco ética? “Se trata de un sistema extractivo que hace mucho daño a los acuíferos como el Guaraní, por la cantidad de agua que chupan los pinos, que no son vegetación del Iberá, son exóticos. Además usan agroquímicos. Se perjudica a los pequeños productores locales que hacen cultivos agroecológicos. Esto no debe estar plantado junto a la gente. Y no son bosques como en las películas bonitas. Los bosques reales tienen diversidad”.
Emilio Spataro, de Guardianes de Iberá: “Dicen que estas plantaciones parecen militares, verdes, firmes y en hileras. Anulan la cultura y la biodiversidad y difieren de la variedad que tiene el macrosistema Iberá. Son plantaciones sin pájaros, sin animales. Usan glifosato, como con la soja. Producen madera de pino, que es de poca calidad, para aserraderos que exportan con poquísimo valor agregado, y sacrifcan las mejores tierras productivas de alimentos de Corrientes. El único valor agregado que nos queda es la contaminación”.
Andá a trabajar al campo
Adrián Obregón integra la Asociación Provincial de Pequeños Productores Correntinos: “Cada vez hay menos agua por lo que consumen estas plantaciones y se hace más difícil trabajar, como dice Sam. Pero además nuestra producción es ecológica, y esta gente usa todos los venenos junto a nosotros. Reclamamos que nos devuelvan esas tierras que lisa y llanamente nos han robado con complicidad del gobierno provincial. La mayoría de las forestaciones empiezan en nuestras colonias, el 80% son en tierras fiscales. Queremos la tierra para ganarnos el pan y salir del estancamiento económico”.
Su ecuación: “La gente es expulsada del campo y termina en las villas de las ciudades. Después hay inseguridad y problemas, y dicen que es porque la gente no quiere trabajar en el campo. Pero te están expulsando estas corporaciones y las políticas de los gobiernos”. Dato: el índice de población rural en esta zona es del 50%, muy alto en comparación con el resto del país.
Comparación: “El pino es peor que la soja. Sirve para dos o tres cortes nomás y después queda la base de los árboles, los estocones, totalmente contaminados y el suelo ya no se recupera. Un desierto”. Cristian Pires, del grupo de jóvenes ecologistas Ysyry: “Además de los esteros, lagunas y humedales ya secados, las napas que estaban a 7 metros de profundidad, ahora deben buscarse a 24 metros”.

Sam Wohns en una maderera Correntina
Progreso + Pasteras
Estas inversiones suelen prometer progreso, desarrollo y riqueza. Spataro: “San Miguel, Concepción y San Roque, donde están Harvard y las mayores inversiones forestales, son los departamentos más pobres, con más desocupación y analfabetismo de Corrientes, que es una de las tres provincias más pobres del país”.
Las empresas de Harvard tienen 250 empleados. Emilio y Cristian han calculado: “En los campos trabajan muchos menos, pero más de 200 de ellos son tercerizados que si no trabajan el día no cobran. Además, en 86.000 hectáreas, significa un empleado cada 344 hectáreas. En cambio las familias de productores ocupan un promedio 5 hectáreas cada una. Y son 3.000 pobladores rurales en la zona. Quiere decir que dan mucho más trabajo, que encima es sustentable, alimenta mejor a la sociedad y beneficia al ambiente”. Agrega Obregón: “Y hacemos alimentos para personas, no forraje para vacas chinas. Encima la provincia anunció que para aprovechar la producción de pinos, quieren poner dos pasteras para fabricar celulosa”. Cristian: “En Santo Tomé los vecinos lograron rechazarlo por ahora, en Villa Olivari es inminente”. Puede recordarse que Fray Bentos con su pastera sigue siendo el departamento de mayor desocupación del Uruguay, pese a contar con la inversión extranjera más grande de su historia.
¿Cuánto ganan?
Sam se asombra: “Entre las 6.000 personas que viven en San Miguel debe haber alguien malo o poco amable, pero yo no lo he encontrado”. Cursa el último año de Estudios Sociales, enfocado en Economía Política. “Un profesor muy neoliberal nos dijo que para estudiar Economía hay que dejar la ética fuera de la clase. Yo no creo que sea asi. Harvard mejora edificios, paga profesores, paga becas, pero si la universidad defiende valores, sus inversiones pueden ser con esos valores”. Descubrimiento: “En un documento plantean que las ganancias aquí serán entre el 17 y 32% anual. Pero para ganar tanto, tienen que trabajar de un modo cada vez más perjudicial. Nadie moriría si ganan solamente el 10% y tratan bien al ambiente”.
La Coalición de Harvard ha logrado desactivar inversiones de la universidad en hoteles norteamericanos donde no dejan sindicalizar a los trabajadores, en empresas de Africa que expulsan pobladores, y busca lo mismo con respecto a monocultivos en Brasil y Chile. La presidenta de la universidad, Drew Faust, les ha escrito que le importan los temas ambientales, pero Sam prefiere ver más hechos concretos. “Estamos orgullosos de estudiar en Harvard. Pero por eso mismo no queremos estas inversiones que hacen daño a gente real y al ambiente real. No pueden ignorar esto, presentando los beneficios que luego le dan a la universidad”.
Spataro: “Lo bueno es que estamos llegando al lugar donde realmente se toman las decisiones, que no es Corrientes ni Buenos Aires, sino Boston”.
Pornografía y transgénicos
El proyecto: “Vamos a hacer una campaña con los pequeños productores, Guardianes del Iberá y otros grupos, para que dejen de forestar hasta que se haga un estudio de impacto ambiental” explica Sam. “No vinimos de visita, publicamos un informe, y adiós. Vamos a seguir trabjando para garantizar que sean consultados los productores, las comunidades y todas las personas afectadas, que quiten los pinos al menos a 2 kilómetros de las zonas pobladas, que deje de hacerse un uso indiscriminado del agua”.
Corrientes le hizo ver la idea de su tesis sobre Economía Política: “Hay una tendencia de las grandes empresas del mundo a buscar lugares con el mínimo control, no sólo para extraer los recursos naturales, sino también para explotar a los pobladores de la zona. Pero no es suficiente pedirle a las empresas que sean responsabes. Debe haber políticas de los gobiernos para mejorar la situación que nos dan un neoliberalismo y una globalización sin control, que busca que las empresas tengan impunidad para poder hacer cualquier cosa”.
El grupo (responsibleatharvard.wordpress.com) rechaza que se hagan inversiones en: petróleo, gas y otros combustibles fósiles, energía nuclear, pornografía, juego, armas, organismos genéticamente modificados en la agricultura.
Proponen no invertir en compañías con el siguiente historial: malas prácticas con relación a emisiones de gases de efecto invernadero, toxinas, residuos peligrosos o la justicia ambiente; violaciones a los derechos humanos y al derecho internacional; apoyo a regímenes represivos; que pongan en peligro el acceso de la población rural a los recursos de tierra, agua y otros de los que depende su subsistencia; que violen leyes laborales y practiquen abusos y maltratos a los trabajadores; que discriminen por la orientación sexual, el género, la raza, la etnia, la edad o la discapacidad; que restrinjan el acceso a los medicamentos a precios accesibles. Al contrario, proponen invertir en empresas que respeten la diversidad, la dignidad de los trabajadores, la relación con las comunidades, y sean transparentes en sus negocios.
Protesta social
Marcha de jubilados: medias, bochinches y ningún dólar en las orejas

Un miércoles tranquilo en la ronda de jubilados en Congreso, que despierta dudas ante la necesidad de hacer “un poco más de bochinche”. Como homenaje al Día del Jubilado (domingo pasado) hubo un puesto de hamburguesas y choripanes de la UTEP. “El hambre es desesperante” dijo una de las mujeres que servía a esa cola ampliada con gente de la calle en busca de qué comer. Historia de cómo sobrevivir a una jubilación hiper mínima (porque encima se arrastra una deuda). Los alfajores, las medias, y la salud encontrada en el gesto de movilizarse.
Por Lucas Pedulla Fotos Juan Valeiro/lavaca.org
A sus 76 años, Luis Relinque tiene que vender medias para llegar a fin de mes.
–Si no trabajo, no como.
Y para comer tiene que trabajar, aunque hace once años que está jubilado. El único día que no sale a vender por la zona de Once es el miércoles, cuando camina las diez cuadras que separan su casa –Remedios de Escalada, sur del conurbano bonaerense– de la parada del 37 que lo deja en el Congreso de la Nación.

El dato, que solo en esta Argentina pareciera naturalizarse, lo explica fácil:
–Soy jubilado de la mínima. Cobro $400.000 limpios, justos. El mismo día de cobro pago la luz, el gas, el agua y con todo lo que tengo me quedan limpios, justos, $210.000. Si no trabajara, son $7.000 por día hasta el mes siguiente. ¿Cómo hacés?
La pregunta flota mientras alrededor se dispone la movilización de cada miércoles. La Rama de Trabajadoras y Trabajadores de Espacios Públicos de la UTEP (gremio de la economía popular), llamada “Lxs Parrillerxs”, puso un puesto para regalar choripán y hamburguesas por el Día del Jubilado, que fue el domingo. Se sumó mucha gente de la calle: “El hambre es desesperante”, dice una señora mientras corta el pan. Sobre la vereda se acomodan trabajadoras y trabajadores de la ANSES, que denuncian una “sangría por goteo” en el organismo encargado de las jubilaciones y pensiones: el Gobierno abrió un plan de retiros voluntarios, el segundo del año. Un trabajador dice a lavaca: “En el anterior se fueron más de 1.000 personas. Muchos agarran porque están muy endeudados. La idea es que quede un ANSES chico, si es que queda”.

Por su parte, Luis tendría que estar cobrando un poco más: en septiembre la mínima llegó a $498.633,20, contando el bono de $70.000, congelado hace 30 meses: según el Centro de Economía Política de la Argentina (CEPA), si fuera por movilidad Luis y cinco millones de jubilados y jubiladas más tendrían que percibir un bono de $223.148. Pero Luis cobra solo $400.000 limpios porque está endeudado: hace ocho años sacó un crédito.
–Se me cayó un árbol del fondo de casa en la cabeza. Tuve derrame cerebral. También me hizo pelota la rodilla: hoy tengo una prótesis. Mirá vos, es la misma rodilla que la policía me reprimió en una marcha el año pasado: la tengo peor. Me queda este año de crédito, así que espero para fin de año terminar de pagarlo y poder cobrar un poquito más.

Por eso todos los días –salvo los miércoles– sale a vender tres pares de medias a $1.000: camina mirando a todos lados para que los “parásitos con uniforme” no le decomisen la mercadería, como viene ocurriendo en la ciudad de Buenos Aires bajo la gestión de Jorge Macri. Antes Luis vendía alfajores y podía hacerle algún regalo a su nieta de 13 años, o darse un gustito como ir al teatro. Pero los alfajores subieron tanto que ya no es negocio. Cuenta que la idea de las medias le llegó mirando la televisión.
–Veía a tanto operador político en la tele que pensé: si las medias me salen lo mismo que un chupetín, quizá la salida a esta crisis sea chupar medias, en serio te digo.
Luis habla y piensa con mucho humor, pero siempre aclara que lo dice en serio. Cuenta que fue la primera persona que puso un boliche gay en provincia de Buenos Aires – “Chelovecos, en 1974”–, que también tuvo una tanguería y que por muchos años se dedicó a cocinar en su casa para geriátricos o centros de jubilados. Como siempre trabajó por su cuenta, pudo jubilarse con una parte de aportes y otra de moratoria.

–Hoy el Gobierno la cortó, pero la moratoria ayudó mucho. Conozco gente que nunca aportó y ahora te dice: “Cristina chorra”. Bueno, entonces devolvé la jubilación o donala a un comedor.
A diferencia de lo que dijo el presidente Javier Milei tras su discurso en Naciones Unidas en Nueva York, a Luis –como argentino– no le salen dólares por las orejas. Es una de las tantas razones por las que no se pierde ningún miércoles.
–Hace unos años me quedé viudo. Me pasaron todas, pero yo le aconsejo a la gente mayor que venga a la marcha. No sólo como protesta, sino porque es bueno para uno. Es una cuestión de salud. A mí me ayudó mucho porque me olvidé de mí: me acuerdo más de la madre de Milei que de mí. En serio, te digo. Algunos jubilados me dicen: “No, mejor me voy a hacer un estudio al médico”, pero es como un coche en el mecánico: algo siempre te van a encontrar. No digo que esté mal, ojo, pero hay gente que está todo el día en la casa mirándola por televisión y pensando en sí mismo. Con hacer un cartel o pensar alguna cosita, ya la cabeza se me despeja.

La semana pasada, Luis trajo el “Desodorante Javo”, con una característica premium: “Te deja seco las 24 horas”. ¿Qué significa ese humor en la lucha de cada miércoles?
Luis es crítico:
–Yo vengo porque la jubilación me alcanza nomás para diez días. Me gustaría que hagamos un poco más de bochinche. Acá nos encerraron. Venimos y damos una ronda: no tenemos nada para festejar pero damos la vuelta olímpica como si fuéramos campeones. Luego, a casa. Hay que ir al Obelisco, a Corrientes. Acá no nos ve nadie. No estoy en contra, porque nos encontramos, pero haría un poco más de calle. Lo único que falta es que nos pongan mesas y nos hagan jugar a las damas: para eso voy a la plaza de mi barrio. En Lanús me preguntan: “¿Luis, no marchan más?”.
La marcha –la ronda a la que Luis pide más bochinche– está por empezar.
¿Qué espera?
–Mirá, el día que no pueda caminar más ni vivir a medias, me amenazo al Presidente así me vienen a buscar: ya averigué que no me sacan la jubilación, me llevan en cana, y al menos tengo una lamparita para leer algún libro y amigos que me traerán algún sanguchito de miga. Lo mismo que haría en casa lo hago allá. En serio, te digo.
¿Hay opción B?
–Que cambie el Gobierno. Eso daría un poquito de esperanza. La primera medida tendría que ser darnos un aumento. De mínima. Esta lucha que hacemos va a pasar a la historia como algo que era necesario hacer. El que no labura ni lucha, no come.
Hincha de Independiente y fanático de Manal, Luis se despide y se mete a la marcha.
Revista Mu
MU 216: Qué, cómo y cuándo cambió todo


Ley de Tierras y después: Cambio de tema
Durante meses el gobierno logró imponer los temas, los tiempos y las preguntas. Hasta que una discusión sobre la tierra parió otra cosa. Lo que apareció detrás y después de ese debate no es –solo– una disputa jurídica ni económica, sino una pregunta más profunda sobre la soberanía, la identidad y el futuro. De César Aira a Peter Thiel, una lectura de la actualidad para crear lo que falta.
Por Claudia Acuña

Viaje a la vida en el Paraná II: En modo Costa Pobre
Los incendios y el dragado que rompen el ecosistema, los countries ocupándolo todo, el extractivismo de arena para el fracking, las privatizaciones, la contaminación masiva, la indolencia estatal: el Paraná debería ser un río de todos, pero parece un río de nadie. Navegación desde Escobar hasta las Lechiguanas, pasando por Costa Pobre, barrio popular amenazado, que simboliza mucho de esta historia. Voces e imágenes de quienes siguen defendiendo la vida del aire, el suelo, el agua y la justicia.
Por Francisco Pandolfi
Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

Atanor condenada por contaminación: La odisea
Más de 200 muertes en seis manzanas del Barrio Química, la contaminación probada del agua, aire y suelos, y el “daño irreversible” al Paraná en San Nicolás ratificado por la Corte Suprema bonaerense. La sanción económica es mínima para una multinacional (equivalente a dos camionetas) pero está por comenzar la causa penal a sus ejecutivos. Lo que cuentan el barrio y el abogado Fabián Maggi sobre este viaje de más de una década para que no haya impunidad.
Por Lucas Pedulla
Fotos: Sebastián Smok/lavaca.org

Agroecología en Misiones: El libro de la selva
Una cooperativa agroecológica de quince familias produce alimentos sin químicos en medio de la selva misionera y muestra cómo cultivar de un modo sano y rentable. Unión Campesina, los secretos de la tierra, la casa de las semillas, y una decisión: hacer mucho y hablar menos. El método del Fukuoka misionero. ¿Cuál es la rueda que está girando?
Por Francisco Pandolfi
Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

Delia Tedín, decoración, política y clases altas: Mucho gusto
Con tupido árbol genealógico y privilegios de cuna, aprendió el valor de la diversidad y la rebeldía frente a un ambiente que “olía a odio”. Eligió su propia vida como decoradora, sin perder nunca de vista el contexto social. Sus pasiones: fomentar el trabajo y la creatividad del país, y combatir la idea de que las personas tienen la culpa si les va mal en estos tiempos. Conversación sobre bombas, estupidez, poder, Nerón y el arte de mantener los ojos abiertos.
Por Sergio Ciancaglini
Fotos: Juan Valeiro

Carne de cañón: las víctimas travestis-trans de la dictadura
A 50 años del golpe de Estado, el Archivo de la Memoria Trans reunió en un libro testimonios individuales, relatos colectivos y el registro del Juicio Brigadas, el primero que toma como víctimas del terrorismo de Estado a mujeres travestis trans. El libro no habla solo de violencia, sino también del humor, la amistad, la resistencia y las formas que ellas inventaron para poder seguir vivas. Pistas sobre dónde encontrar claves para el futuro.
Por Evangelina Bucari

El libro La nueva oligarquía: Tecnopoder
¿Quién gobierna el mundo? ¿Qué transformaciones y deformaciones de la democracia se están intentando? ¿Qué pasa con la soberanía? ¿A quién hay que vigilar? Temas de La nueva oligarquía, del sociólogo argentino Ariel Goldstein y editado por Marea. Aquí, fragmentos que invitan a su lectura para bucear varios dilemas del presente.

Zoe Hochbaum: Comerse el mundo
Actriz, bailarina, escritora, productora: 27 años, una nueva película y un programa de radio. Zoe puede oscilar entre la comedia con flamenco, los monstruos literarios y la reconstrucción de los vuelos de la muerte. El homenaje al radioteatro, y el ejercicio de la amistad como salvavidas para los tiempos en los que la realidad parece querer fagocitarnos.
Por María del Carmen Varela
Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

Crónicas del Más Acá: Rambo al sur
por Carlos Melone
Nota
La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.
Por Bernardina Rosini
El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.
Lo que no se puede creer
Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.
Varones
Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org
«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.
Dónde está Delicia
Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.
Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.
Justicia sin apellido
Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»
Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.
La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
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