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Hijos de Pity

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Qué representa el Pity Álvarez detenido por homicidio. La fiesta de los medios que, salvo ocasiones, siempre se rieron del personaje sin reparar en el artista. Las entrevistas más o menos históricas, aquello que el rock no fue, la muerte del rock. Y las vanguardias. Larga semblanza para salir del morbo, por Pablo Marchetti para lavaca.dream.press

Por Pablo Marchetti

En 1909, el poeta italiano Filippo Tommaso Marinetti publicó el Manifiesto futurista, primer manifiesto artístico del siglo XX. Lo publicó en francés, en el diario Le Figaro, en París, entonces epicentro de la vanguardia artística europea y occidental.
El futurismo dio comienzo a un montón de ismos (dadaísmo, surrealismo, constructivismo, etc) que, a diferencia de otros ismos pictóricos, musicales o literarios, iban a abarcar todas las artes. Y también la política.
       El Manifiesto futurista no sólo inaugura el formato de texto-guía de la vanguardia artística, siguiendo el ejemplo de lo que había sido, en 1848, el Manifiesto del Partido Comunista, escrito por Karl Marx y Friedrich Engels. El texto de Marinetti representa también, como ningún otro, las contradicciones profundas que encierran las vanguardias.
       ¿Hasta dónde lo revolucionario es realmente revolucionario? ¿Cuándo la defensa de esa revolución se vuelve conservadora? ¿O será que la revolución precisa un determinado orden que, si se torna demasiado estricto, se corre el riesgo de volverse reaccionario? Todas estas preguntas son intrínsecas y constitutivas de las vanguardias. Pero el futurismo fue más allá, desde su fundación.
       El manifiesto de Marinetti hablaba del “desprecio a la mujer”, de la “purificación de la guerra” y de “destruir los museos”. Además de unas reglas muy precisas sobre cómo se debía concebir el arte. Las cuestiones estéticas tenían que ver con una lectura política extremadamente autoritaria. Por eso no sorprendió a nadie que, años después, Marinetti terminara siendo primero, simpatizante fascista. Y  finalmente, funcionario de Mussolini y poeta oficial del régimen.
       Como sucede con las vanguaridas artísticas, suele asociarse al rock con la contracultura, con lo contestatario y con lo disruptivo. No se trata de discutir aquí los alcances de la relación entre arte y mercado. Ni en la vanguardia ni en el rock. Hablo de aquello que es constitutivo de estas expresiones, al menos desde la teoría.
       Si hay algo que debemos reconocerle al futurismo es haber sido claro desde el comienzo. Si bien se presentó como vanguardia, no ocultó nunca su vocación opresora.
Se sabe: una cosa es Ricardo Iorio diciendo barbaridades desde la marginalidad más absoluta, y otra bien distinta es transformar esas barbaridades en política de Estado. Del mismo modo, no es lo mismo un poeta italiano marginal publicando un manifiesto artístico en un diario, que ese mismo poeta dándole soporte teórico y estético al Duce.
       La irrupción de la cultura rock permitió visibilizar determinados valores que estaban por fuera de la moral burguesa: el uso de drogas, el libre ejercicio de la sexualidad, la ruptura con toda idea de uniformidad estética, el desprecio por la sociedad de consumo. Sin embargo, como sucede muchas veces con los ideales, las cosas, en la práctica, se presentaron de otro modo.
       Las drogas se volvieron un territorio de autodestrucción más que de introspección; la ruptura con la uniformidad estética derivó en el establecimiento de otra uniformidad estética; y esto último derivó no en el fin del consumismo, sino en un reemplazo de consumos.
En cuanto a la pretendida libertad sexual, el sistema de idolatrías por las nuevas estrellas de la contracultura hizo que la libertad sexual fuera una potestad de los nuevos monarcas. Que, como en toda sociedad machista, eran hombres. Si la mujer quería participar del festín, podía hacerlo como groupie.
       En los últimos tiempos, el rock argentino se cayó a pedazos. Si Cromañón marcó el fin de una forma de producción y también de una poética, lo que vino después tuvo que ver con la caída del patriarcado. Y, por ende, del patriarcado del rock. Muchos rockeros pasaron a ser noticia por denuncias de acoso y abuso sexual, por violaciones o por apología de estos hechos aberrantes.
       La caída del rock tiene que ver con muchas cuestiones. Pero hay una no menor que en general se pasa por alto: el hecho de que aparezca un elemento más disruptivo, algo que “lo corra por izquierda”, por decirlo en términos tradicionales. Uso el término adrede, como una forma de cuestionar las nociones tradicionales de izquierda y derecha.
       El feminismo vino a correr por izquierda al rock. ¿El rock es de izquierda? ¿El feminismo es de izquierda? No. O no necesariamente. Digo que el feminismo corre al rock por izquierda porque lo cuestiona, señalándole aquello que se suponía que el rock era pero no fue. Aquello que el rock venía a representar desde el ideal, pero que dejó de hacerlo desde que se burocratizó.
       En un panorama donde el rock argentino sólo es noticia por las denuncias de violencia hacia la mujer, el caso de Pity Álvarez no deja de llamar la atención. Pity mató a una persona de cuatro balazos.
       Pity forma parte del zoológico del rock. Pity, como pasa con Iorio, es un rockero que es conocido por fuera del rock. Pero no por su música, sino por lo que dice o lo que hace. Más aún: por el imaginario que esto genera.
Anoche, en su programa Periodismo Para Todos, Jorge Lanata emitió una entrevista que le hizo a Pity Álvarez. Muy buena entrevista, hay que reconocerlo. Allí Pity habló de la vida, de la muerte, de que no se veía en ningún lado dentro de 20 años porque seguir 20 años en este mundo le parecía demasiado. Habló también de su formación católica, de una nueva idea de Dios y de sus ganas de trabajar en la NASA.
El detalle es que la entrevista a Pity era del año 2012, el primero de Lanata en Canal 13. La sensación que daba era la siguiente: en su momento Lanata creyó que aquello era un buen material periodístico porque el personaje lo era. Pero al no tener un anclaje en la agenda cotidiana, no daba para transformarse en una nota para el programa.
Anoche, seis años después de que hizo la entrevista, la coyuntura acomodó las cosas. Y entonces Lanata puso al aire su entrevista con Pity. Una entrevista que no tuvo el clásico formato del periodismo amarillo que busca en Pity el detalle macabro. Se habló de drogas, claro. Pero se habló de consumos, de malos cortes y la diferencia entre tomar y fumar. Pero de lo que no se habló fue de música, de arte.
La entrevista a Pity Álvarez en PPT dejó en evidencia cuáles son hoy los nuevos tabúes: se puede hablar de la muerte, se puede hablar de drogas, se puede hablar de todo aquello que, se supone, es macabro. De lo que no se puede hablar es de arte. Para un artista lo que importa es ser un personaje. Y si es un personaje autodestructivo, mejor.
Los periodistas entrevistan a Pity por el personaje que es. Pero Pity jamás sería ese personaje si no fuera músico, si no fuera un artista. Un buen artista, un tipo con una poética cruda, de barrios bajos, de marginalidad. Un artista al que le creés todo.
¿Por qué nos fascinan tanto esos personajes? ¿Por qué tenemos más avidez por consumir el personaje Pity que el artista Pity? ¿Cuál es el gusto por el morbo? No tengo idea. Pero intentaré ensayar algunas posibles respuestas.
Los artistas son aquellas personas que nos enseñan lo imposible. Que nos hacen conmover porque nos activan sentidos que sólo los humanos podemos decodificar. Porque saben activar mecanismos de sensibilidad colectiva construidos socialmente pero decodificados de manera individual.
La capacidad de los artistas para decodificar la abstracción para generar sentimientos concretos aunque intangibles, los vuelve mágicos. Y esa magia los transforma en seres capaces de vivir una vida que pocos se atreven a vivir. Las cosas se vuelven públicas porque hay un público esperando ver cómo lo hacen de nuevo. Y si no son capaces de hacerlo, ver cómo caen. O sea, nos confirman que son humanos.
Conversé muchas veces con Pity Álvarez hace 15 años, para una extensa entrevista para la edición argentina de la revista Rolling Stone. En ese momento (julio de 2003), Pity tocaba con su banda Intoxicados. Fue la primera entrevista larga que le hacían en esa publicación, así que pasé con él varias tardes y noches.
Estuve en la casa de Pity, en la sala de ensayo, en un par de shows y en el estudio donde estaban grabando el disco No es solo rocanrol. Una tarde fui a la sala de ensayo y Pity estaba durmiendo en una alfombra mugrienta, acurrucado junto a dos chicas y a un perro. Durmió 15 horas seguidas, luego de pasar cinco noches sin dormir.
Cuando se despertó, saludó y, medio dormido, agarró una pipa de agua hecha con una botella de plástico de Coca-Cola de 600cc, la prendió, fumó un poco de crack y se fue a ensayar. Pity me convidó vino, café, porro, lo que quisiera, menos crack. “Es una porquería”, se excusó, casi con vergüenza.
Pity podía haber tomado cocaína. Pero prefería fumar crack. Para aclarar: la cocaína es una droga. Que, como es ilegal, puede venir cortada. Pero es una droga. El paco (o crack, o pasta base), en cambio, es basura. Llamar droga al crack es como llamar comida a esos restos que tiran todas las noches las cadenas de comidas rápidas. Hay gente que fuma crack, como hay gente que come esos restos. Pero eso no es comida, es basura. Lo mismo pasa con el crack.
En su casa, Pity me mostró un pote de queso blanco todo verdoso, lleno de hongos, que tenía en la heladera. Y me contó que lo mezclaba con fideos o con arroz y que lo comía porque le permitía crear anticuerpos.
El crack, la comida podrida, el agua de la zanja que decía que tomaba, todo eso forma parte del mito fundante de Pity como personaje. No del rock, sino del circo del rock. O del circo a secas. Del morbo freak que alucina a una televisión que está en una agonía más patética que la del rock. Y se iba a replicar desde entonces en cada entrevista.
Cuando publiqué lo del crack, la encargada de prensa de Pity me llamó para putearme. “¿Cómo vas a publicar eso?”, me preguntó. Le respondí que lo había consultado con Pity y que él me había dicho que no había problema, que pusiera lo que quisiera. “Pity está enfermo, no le podés hacer caso”, insistió la encargada de prensa.
Me había quedado claro que Pity no estaba bien. Pero, ¿qué se hace en esos casos? ¿Se lo oculta? La nota no hablaba sólo de eso: contaba sobre el proceso creativo del disco y hablaba de los nuevos rumbos estéticos que estaba emprendiendo Pity.
En el departamento de Lugano, en el monoblock del barrio Samoré, Pity no sólo me mostró el queso blanco podrido que comía. También me mostró unos cuantos temas de hip hop (estaba fascinado haciendo bases electrónicas sobre las que rapeaba) y composiciones propias de tango y folklore. Me habló de su admiración profunda por Mercedes Sosa y María Marta Serra Lima. Y en el estudio, tuve el placer inmenso de verlo grabar Una vela, un hip hop increíble, de intenso pulso barrial.
Hoy recuerdo aquella entrevista, miro la que le hizo Lanata, vuelvo sobre las noticias de los últimos días y no tengo dudas: hacer un reportaje a Pity sin dar cuenta de su autodestrucción infinita es ocultar las cosas. Pero también es ocultar las cosas hablar sólo del personaje, sin tener en cuenta al artista, al enorme artista que es Pity Álvarez.
Las vanguardias pusieron en evidencia la tensión entre aquello que viene a romper con las estructuras y aquello que pretende ser sólo una nueva estructura. Distinta pero tan arbitraria como la que se pretende reemplazar. Pero el arte nos enseñó, mucho antes, que existen otras muchas contradicciones en la existencia humana.
No sé si Marinetti fue un gran poeta o no. Pero sí estoy seguro que Giacomo Balla o Carlo Carrá sí fueron dos grandísimos pintores. Ambos fueron futuristas, ambos formaban parte del grupo de Marinetti, y ambos, como su mentor, también fueron militantes fascistas.
Una gran artista puede ser una persona espantosa, aunque tenga ideas nobles. O puede ser una persona buena, con ideas reaccionarias. Lo mismo ocurre con los artistas menores, mediocres o los malos artistas. Pity puede ser un asesino y ser, al mismo tiempo, un gran artista. Pero hay algo más importante que eso.
Pity es Pity porque representa todo lo que no nos animamos a ser. Y, al mismo tiempo, es el portador de todos los miedos de aquello que nos puede llegar a pasar. Es el esperpento que nos devuelve el espejo distorsianado, el deforme, el monstruo que todos llevamos dentro.
Un día de aquellos meses de 2003 estaba entrevistando a Pity en el barrio Piedrabuena, en la sala donde ensayaba Intoxicados. Terminamos, Pity me acompañó hasta la puerta y nos quedamos charlando un rato sobre cómo era el barrio. Estaba anocheciendo y me dijo que a esa hora se empezaba a poner picante.
Le pregunté entonces dónde paraba el colectivo 50, porque tenía que volver a mi casa, en el barrio de Constitución. Me dijo que a unas tres cuadras y me preguntó si me iba a volver en colectivo. “Sí”, le respondí. “¿La Rolling Stone no te da guita para viáticos?”, preguntó Pity. Dudé un segundo hasta que finalmente le contesté la verdad: “Sí, pero me vuelvo en bondi y me quedo con la guita del tacho”, respondí con una honestidad tan brutal como la de él para prenderse una pipa de crack.
Era la verdad. En ese momento estaba en la lona, con los coletazos del tsunami de 2001, con una hija de un año y medio, con Barcelona que recién empezaba pero no sabía a dónde iba, y cuidaba cada moneda como si fuera la única. Pity me miró asombrado y me di cuenta de que yo no era el más indicado para sentenciar nada sobre el reviente, la autodestrucción o la marginalidad.
¿Quién era el paria en aquella historia? ¿Quién estaba en la lona, con un pie afuera de los límites del sistema? ¿Quién era el verdadero expulsado del paraíso? Hoy, 15 años después, no nado en plata, pero puedo darme el lujo de no ahorrar en un taxi si salgo de un barrio picante en un horario complicado.
Pity, por su parte, acaba de matar a un tipo de cuatro balazos, tres de ellos en la cara. Las cosas, 15 años después, parecen presentarse de un modo distinto. Se supone que ahora sí es más evidente de qué lado está cada uno, quién está bien y quién no. Y así y todo, las cosas tampoco me quedan claras.
Debería disfrutar de esto que tengo pero no puedo. No puedo sentirme bien. Veo a Pity y no puedo sentirme bien. Escucho a Pity, a la mamá de Pity, y no puedo sentirme bien.
No se trata de que las vanguardias sean tan sólo un buen recuerdo en la historia y en los museos. Tampoco de que el rock agonice en la pipa de crack que está fumando un demente. Es la vida lo que me hace mal.
Me hace mierda esa necesidad ineludible de amplificar la vida de un tipo que se autodestruye. El morbo de no poder evitar ver, comentar y analizar el sufrimiento. De hacer de la vida un meme. Eso es lo que me hace mierda. Darme cuenta que el erotismo del poder de la muerte es más poderoso que el erotismo del poder del arte.
Las vanguardias murieron. El rock murió. La revolución agoniza. Pero el poder de encantamiento de ver morir a un tipo que decide hacerse mierda de a poco pero violentamente, eso está más vivo que nunca. Y eso es muy jodido para quienes seguimos creyendo en algún tipo de utopía.
Hoy la utopía no pasa por la revolución, ni por el rock, ni por la vanguardia. Las metas son más modestas. Y aún así, siguen siendo inalcanzables. No pido anular la muerte. Me conformo, apenas, con poder zafar del morbo. Pero la cosa está jodida, Pity. Era más fácil cuando era sólo rocanrol.

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Bloqueo a Vaca Muerta de comunidades mapuche y pobladores de Añelo que buscan dos cosas: derechos y agua

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Esta semana hubo cinco cortes a los principales yacimientos de fracking, organizados por el pueblo mapuche de Vaca Muerta en reclamo de relevamientos territoriales ya acordados que permitirían además el reconocimiento de 14 comunidades. El bloqueo se agregó a los cortes de ruta de pobladores de Añelo (localidad central en el área de explotación) que reclamaban por la ausencia de agua. Jorge Nawel, de la Confederación Mapuche de Neuquén dice a lavaca: “Estamos contra la fractura hidráulica porque sabemos lo que genera, como lo saben los países la prohibieron como Francia, Inglaterra, varios estados de los Estados Unidos, que sin embargo mandan sus empresas para que hagan el fracking aquí”. Los efectos reales de la “inversión extranjera” y el negocio de las empresas que solo son rentables si tienen subsidios estatales.

Esta semana las comunidades mapuche de la zona de Vaca Muerta bloquearon los cinco principales yacimientos de fractura hidráulica. A ese conflicto se sumaron los cortes de rutas protagonizados por vecinas y vecinos de la ciudad de Añelo, desesperados por la ausencia de agua, entre otras cosas.

Jorge Nawel, logko (autoridad política) de la Confederación Mapuche de Neuquén planteó a lavaca el panorma y derribó los mitos publicitarios sobre los supuestos beneficios del fracking.

“La situación empieza por tres grandes temas pendientes. Por un lado la obligación de Consulta Libre e Informada a los pueblos originarios, tema refrendado por Argentina en los tratados internacionales. Estamos todavía discutiendo un articulado que es el que le dará forma al proceso de consulta sobre cualquier actividad que se haga en territorio indígena”.  

“Por otra parte la necesidad de las personerías jurídicas de las comunidades, que no tienen ese reconocimiento por parte del Estado. Es una deuda que el Estado no termina de resolver”.

“Y el tercer tema es el relevamiento de las tierras, porque si no tenemos delimitados los territorios, ¿a quién van a reconocer?”.

¿Un pueblo originario es un club?

Sostiene Nawel que el tema de la consulta está cerca de poder resolverse tras cuatro meses de negociaciones para el establecimiento de un protocolo de 15 puntos ante cada proyecto que pretenda realizarse en territorio indígena. “Posiblemente la semana próxima podamos dar buenas noticias”.

Le da especial importancia, también, a la cuestión del registro “porque saca a las comunidades de la órbita de una simple asociación y les da el estatus que corresponde, con una personería que es carácter público, no privado. Eso significa que una comunidad no tiene control del Estado ni es tratada como como si fuese un club o una asociación, sino que se trata de un pueblo. No es parte de la órbita privada sino de la pública”.

¿Y por qué el bloqueo? “Principalmente por el tercer tema, el del relevamiento territorial. Se formó un equipo técnico, jurídico y catastral hace más de un año para concretarlo, pero notamos animosidad oficial contra las comunidades de Vaca Muerta porque somos las que protestamos y nos movilizamos. Ese mismo equipo existe como respuesta a una de las acciones directas que hicimos en 2021. El equipo lo forman Nación y Provincia, pero nunca funcionó como corresponde y en más de un año no hubo relevamiento de una sola de nuestras 14 comunidades en esa zona. Por eso decidimos bloquear Vaca Muerta”.

Llamar la atención vs embarrar la cancha   

El bloqueo se concretó el lunes pasado, 28 de noviembre. “Cerramos el acceso a los cinco yacimientos más importantes en los que trabajan empresas como Techint, YPF, Shell, Tecpetrol y Pluspetrol, entre otras. Eso significa ingresar a las 5 de la mañana antes del turno que empieza a las 6. Se arman colas de 200 camiones y máquinas de la industria, o más, que no dejamos que circulen”.

El fondo del tema, según Nawel: “Es la única manera de llamar la atención de un gobierno al que la protesta social no le va ni le viene, y te lo digo porque hay protestas y reclamos todos los días, y una total indiferencia oficial frene a eso”.

“Lo único que hace que te presten atención es cuando le tocas la matriz económica que es la explotación de Vaca Muerta. Somos conscientes de eso y cada vez que queremos ponernos en una posición firme tenemos que bloquear la producción”.

La acción mapuche logró llamar la atención: “Convocaron a un diálogo y se planteó crear un equipo especial que resuelva la cuestión del relevamiento territorial. Hay que ver si el gobierno cumple su palabra. Lo que estamos reclamando es que se cumplan las leyes”.

Funcionarios y medios, sin embargo, plantean que el trasfondo del reclamo mapuche es la búsqueda de un beneficio económico. Responde Jorge Nawel: “Es el argumento cuando el Estado quiere confundir las cosas. Plantea un trasfondo económico, peero vos ves las demandas que hacemos, ninguna tiene carácter económico sino de derechos. Carácter político y de respeto a los derechos”.

“La Consulta es algo que está normado desde 2001. Que se reconozca a las comunidades es algo que está escrito en las constituciones de Nación y Provincia. El relevamiento de tierras está ordenado por la Ley 21.160. O sea que estamos reiterando viejas demandas que jamás se responden. Una forma de ensuciar y embarrar la cancha es darle a lo que reclamamos un carácter económico, cuando en realidad les estamos diciendo que cumplan las leyes: cumplan con lo que ustedes mismos aprobaron”.

Progresismo y felicidad extractiva

El debate sobre el modelo extractivo del cual el fracking es apenas una muestra, incluye de modo cada vez más entusiasta a sectores que se autoperciben progresistas que pregonan avanzar con un tipo de modelo que lleva más de 500 años no excesivamente exitosos en el continente.

Reconoce Jorge: “Vaca Muerta es sin duda una salvación económica, pero ¿de quién? Para nosotros, para la sociedad, es una fuente de saqueo de recursos naturales, de empobrecimiento social y de contaminación de todo tipo”.

“Sin embargo es cierto que es una salvación económica para las corporaciones, que pueden derivar a sus casas centrales millonadas de dólares de manera permanente. Argentina lo único que hace es darles prebendas, subsidios, beneficios impositivos, para que el señor inversor no se vaya y siga explotando la meseta y la tierra mapuche”.

Nawel advierte: “Todo ese contagio de felicidad y bienaventuranza para nosotros es una absoluta farsa. El fracking solo les da ganancias a las empresas. La propia industria del fracking ha planteado en distintos informes que la actividad no es rentable sin la cantidad de subsidios y prebendas que le da el Estado. Lo más grave para nosotros –y debería serlo para la sociedad– todo se hace a costa del ambiente, la salud y la seguridad de la población”.

La descripción: “El fracking genera un enorme impacto ambiental por las toneladas de basura que genera, por el tema de los sismos (debidos a las excavaciones), por los millones de litros de agua que consume en una zona árida como la nuestra. La industria no se ocupa no responde porque si tuviera que hacerse cargo de los costos ambientales y sociales, ya no sería rentable. Por eso es una farsa”.

Lo prohibido y la deuda

El rechazo mapuche, según Nawel: “Rechazamos el fracking desde el primer día porque sabemos las consecuencias que genera. Es el mismo conocimiento que tienen los países del primer mundo que por eso lo prohíben, como Francia, Gran Bretaña, varios estados de los Estados Unidos, y Colombia también se sumó a una moratoria”. La moratoria es el modo de dejar en suspenso cualquier aprobación a la actividad, un modo elegante de prohibición. De todos modos en Europa se sumaron Alemania, Bulgaria, Italia, Suiza y República Checa.  

“El fracking solo es rentable si los Estados subordinados, empobrecidos, entregados, renunciando a su soberanía permiten que esas multinacionales ingresen”.

¿Y cómo ven a los funcionarios? “Lo que pasa es que esto es un cúmulo de errores de políticos cortoplacistas que al subir solo pensaron en terminar su mandato y ganar reelecciones en lo posible, y para eso capturaron el recurso era el petróleo y lo dilapidaron. Neuquén es una provincia petrodependiente desde hace décadas”.  

“Los políticos piensan siempre en el corto plazo, nunca pensar en la sociedad, en el futuro, en las nuevas generaciones. Pero es increíbe: ya en 1956 la constitución de Neuquén decía que toda la renta petrolera que se obtuviera no debía ser utilizada en gastos comunes, que es lo que hoy se hace para sostener el aparato del Estado y el empleo púbico. La renta debía reinvertirse en la búsqueda de energías alternativas para romper la dependencia del petróleo, que ya en ese momento se veía que era una industria con impacto ambiental y no sustentable. Esa inversión de renta en la búsqueda de energías alternativas nunca se hizo. Nunca”.

Jorge relaciona el tema con el de la deuda externa: “El país, por sus políticos, queda preso de una deuda escandalosa que exige acumular dólares para pagarla. Pero la última beneficiada de todo esto va a ser la población Y los primeros benericiados van a ser los dueños de la deuda externa y las empresas que obtienen ganancias vergonzosas que giran al exterior, a sus casas centrales. Las migajas quedan para la población y sobre todo queda un impacto que va a convertir a a estas tierras en un cementerio si todo sigue así”.

¿Agua o petróleo?

La tremenda propaganda alrededor de Vaca Muerta, sus inversiones, sus ganancias, podría inducir a pensar que la provincia, o al menos las localidades cercanas a la explotación, están pasando épocas de bonanza (sea lo que sea que tal cosa signifique).

Nawel informa: “Cuando hicimos el bloqueo se sumó el propio pueblo de Añelo que hace días no tiene una gota de agua en la canilla. Es más. Nosotros levanamos el bloqueo cuando empezamos a obtener respuesta, pero ellos siguieron hasta el miércoles. Y solo reclamaban agua, ¿te das cuenta? Están planteando obras que permiten llevar agua desde el río Neuquén para las empresas, y el pueblo supuestamente beneficiado no tiene ni agua. Esa es la realidad. Neuquén es una provincia endeudada con la banca internacional y el Estado nacional, y nos venden todos los días titulares hablando de un ritmo acelerado de Vaca Muerta o de aumento de la producción”.

La contracara: “Lo que se ve en la práctica es que lo que aumentó es la pobreza, el endeudamiento de la provincia, y Añelo, que era la Dubai argentina, no tiene ni agua”.

La situación: “Hacen tanta propaganda y hay una crisis tan grande, que todos los los días llegan familias a Neuquén con la expectativa de conseguir un trabajo digno en esta supuesta gran gallina de los huevos de oro. Como no lo logran, porque la industria es muy selectiva, se van incrementando las periferias urbanas con familias empobrecidas. Si esa es la salvación del país, estamos en problemas”.

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16va Marcha de la Gorra: “Ocupar las calles: Libres o nada”

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Ayer, martes 29 de noviembre se llevó a cabo la 16va edición de la Marcha de la Gorra en la ciudad de Córdoba. La reconocida marcha contra el gatillo fácil y la violencia institucional sucede a dos semanas de conocerse públicamente -en el marco del juicio por la muerte del adolescente Blas Correa- los mensajes intercambiados por Whatsapp entre el ex Ministro de Seguridad Alfonso Mosquera y el ex comisario Gonzalo Cumplido en el que manifestaban su preocupación por las repercusiones que provocaría la muerte de “un rubito” “de clase media”. Conversación mantenida a primera mañana de los 6 disparos de la noche de agosto del 2020.

Por Bernardina Rosini

desde Córdoba

Tal vez resuene fuerte fuera de la provincia, pero en la calle no causó ningún escozor.

Soledad Aciar, la madre de Blas, ausente en la marcha, hace unos días refirió sobre los policías locales «disparan sus armas como si estuvieran jugando en la Play”.

No se mencionó el indignante intercambio entre los ex funcionarios en la tarde de ayer, pero sí se mencionaron las 9 horas que estuvo encadenada la mamá de Rodrigo Sánchez en las rejas de Tribunales. Ella, Gabriela Sanso, tomó el micrófono y fue dura contra la justicia y los uniformados azules. “7 años sin que avance la causa, sin respuestas, sin que me digan nada», dijo. «No puede ser que nos tengamos que encadenar para ser escuchados. Mataron a mi hijo por la espalda, 17 años. Ellos sueltos mientras que a mi hijo no le dieron oportunidad. No dan oportunidad de vivir, fusilan”. Sólo tras haberse encadenado, la Fiscalía General la recibió y se comprometió con la resolución de la causa.

Se suceden madres en el micrófono que relatan y enumeran, una vez más, todas las atrocidades del mecanismo de impunidad: disparos por la espalda, fiscalías inertes, investigaciones nunca iniciadas, encubrimientos, argumentos y declaraciones tan burdas, tan contradictorias, tan absurdas. Dolor y nudos de bronca.

Unxs pibes con la cabeza cubierta escalan por el frente de un edificio y hacen la primera intervención de la marcha: pincel en mano y pegamento, dejan el rostro y nombres de algunos los muertos Franco Amaya, Sergio Cuello, Juan Alarcón, Pichón Escobay. Podrían cubrir todo el frente. Sólo en los últimos dos años se contabilizan 10 casos fatales en manos de la Policía de Córdoba. Con esta preocupación la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos de Córdoba (APDH Córdoba) solicitó al Gobernador Juan Schiaretti una audiencia con “carácter de urgente” en el mes de agosto. Entrando en diciembre, con el expediente dormido, el gobernador no se da por notificado.

Difícil eludir la sucesión de los casos, y la crisis de la institución policial. En los primeros seis meses de 2022 un total de 218 uniformados fueron apartados de sus trabajos debido a que quedaron bajo la lupa del Tribunal de Control Disciplinario de las Fuerzas de Seguridad de Córdoba. El 88,2% corresponden específicamente a efectivos de la Policía de la Provincia, y según el Tribunal en la gran mayoría de los casos, los desplazamientos de personal fueron por sumarios motivados por denuncias de violencia de género, seguidos de mal desempeño y violencia institucional.

Casos que han logrado relevancia y aparecer en las agendas de los medios nacionales: Blas Correa es uno, el femicidio de Cecilia Basaldúa es otro. Este último  tiene policías señalados por la familia, confesiones logradas mediante aprietes, encubrimiento y un juicio forzado contra un joven inocente. Pero aún sin dar con el autor material.

Difícil desentenderse también de la fuerza y el sentido que moviliza la Marcha de la Gorra en Córdoba. No atender a los fuegos, la danza y la ceremonia a metros de la Legislatura, rodeada de vallas y un puñado de policías. Las familias prenden velas dispuestas en la calle formando una figura hecha de bidones de agua, flores de santa rita, naranjas y manzanas. 

 “Libertad para ocupar las calles y habitar y circular por nuestros montes”. Se escucha en los parlantes, ampliando los límites del transitar urbano pero también señalando que las políticas violentas, extractivistas, excluyentes son comunes. Acá y un poco más allá. Que son múltiples los derechos arrebatados. “Que no nos quiten crecer en las calles, ni las noches en la plaza ni las tardes de río”. El final de la marcha es un abrazo, la canción que la cantante Sara Hebe escribió inspirada en la marcha, sintetiza el deseo:

“No encuentro mejor manera de aguantar este embretao

Que imaginarme suelto, vivo y enamorao”.

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#NiUnaMás

Hoy es el día para luchar contra las violencias, y mañana también

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Este informe del Observatorio Lucía Pérez dimensiona la cartografía de la violencia patriarcal, con la esperanza de encontrar una forma de prevenirla y erradicarla. Los pies en la calle contra las violencias. Y lo que hay que cuidar: la vida. 

300 femicidios y travesticidios: uno cada 26 horas
339 marchas para exigir justicia: una por día
211 infancias huérfanas: no hay forma de dimensionar lo que esto significa.
En los padrones públicos y de libre acceso de nuestro Observatorio podés encontrar toda la información que hay detrás de estos números. Está actualizada diariamente e incluye hasta la fuente de donde surgen los datos, que permanentemente chequeamos y renovamos caso por caso. En total, el padrón de femicidios y travesticidios ya suma 4.177.
También llevamos padrones públicos de tentativas de femicidios, desaparecidas, violaciones, denuncias registradas por provincia y funcionarios denunciados por violencia de género.
Día a día y desde hace más de una década bordamos así esta cartografía de la violencia patriarcal con la esperanza de encontrar una forma de prevenirla y erradicarla.
Periódicamente junto a las familias víctimas de estas violencia analizamos lo que esta información representa hasta descubrir algunas claves. Por ejemplo, aprendimos a diferenciar los femicidios y travesticidios generados por las violencias parentales de aquellos generados por la impunidad territorial, donde el dominio narco genera las condiciones necesarias para arrasar con la vida de mujeres y trans. El ejemplo más cruel es Rosario, que este año ya suma 50 mujeres asesinadas por una violencia territorial que cuenta con la necesaria complicidad de policías y servicios penitenciarios, es decir el Estado. Obtener justicia en estas condiciones es algo negado de por sí y precisamente por ello, lo que alienta la continuidad de estos crímenes.
La forma de construir justicia, entonces, sigue siendo la que nos legaron Madres y Abuelas: con los pies en la calle. Los datos son claros: este año hubo una marcha por día gritando “Ni una más”.
Lo que representan estas movilizaciones que sacuden las periferias en todo el país no es fácil percibirlo desde la centralidad porteña, capturada por la parálisis y el vaciamiento que los kioscos de género ejercen sobre el movimiento para contenerlo y disciplinarlo. Advertimos entonces: cuidado con “los cuidados”. Con esa etiqueta se vienen ahora los recursos, los discursos y los programas que pretenden catalizar las energías sociales hacia tareas de reparación de lo que precisamente el sistema enferma y rompe.
Nosotras no vamos a cuidar este sistema.
Nosotras no vamos a sanarlo, ni a alimentarlo ni a criarlo.
Nosotras vamos a sacudirlo hasta que caiga.
Y lo vamos a hacer bailando, gritando y conspirando el 25 de noviembre, día internacional de lucha contra la violencia patriarcal, y también al día siguiente, y al siguiente, y más.
Nosotras nos organizamos y reunimos para cuidar lo que hoy está en riesgo: la vida.

Los padrones públicos y de libre acceso se pueden ver en www.observatorioluciaperez.org

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