Nota
Jornadas La protesta social no es delito: primer round contra la criminalización
¿Usted es la maestra que hace lío? , pregunta, jocosa, la abogada Mara Puntano. – Sí. ¿Y usted es la abogada de estos revoltosos?, responde la maestra Marina Schifrin, la primera argentina condenada por cortar una ruta, mientras señala a los hermanos Hippie y Pepino Fernández, miembros de la Unión de Trabajadores Desocupados (UTD) de Mosconi y dos de los 600 procesados por ejercer su derecho a la protesta en la provincia de Salta. La docente había viajado 18 horas desde Bariloche, Río Negro; los otros tres, 27 horas desde General Mosconi, Salta, para participar de la Semana contra la Criminalización de la Protesta que organiza el colectivo Alerta Salta, en Buenos Aires. Los cuatro se reunieron por primera vez el sábado al mediodía en un bar de Monserrat en lo que podría haberse denominado «La mesa de los procesados». Porque, como si fuera poco, se sumó María José Castells, la estudiante de Ciencias Económicas que tiene una causa en la justicia por haber ido a conocer in situ la actividad la UTD. Son apenas un puñado de los más de 3.000 encausados por pedir trabajo, salud y educación en la República Argentina de la última década. Pero no son casos cualquiera. · Schifrin cortó la ruta en 1997 -apenas un año después de la pueblada de Cutral-Có y cuando los piquetes todavía no habían llegado al Conurbano- para reclamar por el reintegro de un descuento salarial. Fue denunciada por la C´smara de Turismo y resultó condenada a tres meses de prisión en suspenso y a dos años de inhibición de participar en cualquier manifestación pública tanto en primera como en segunda instancia. Su caso es el primero de este tipo en la Corte Suprema de Justicia y puede transformarse en un leading case: cómo falle el Tribunal depender -en buena medida- la suerte del resto de los procesados. · Pepino Fernández es el recordman argentino de los procesados, con 76 causas sobre sus espaldas. «No hay artículo del Código Penal que no me hayan querido endilgar», señala con más humor que fastidio. Estuvo casi dos meses preso y salió en libertad bajo caución. El juez pretendía que pague 10.000 pesos en concepto de fianza. «Una burla para un desocupado», subraya su abogada Puntano, quien logró cambiar ese monto por el compromiso del ex trabajador de YPF de presentarse todos los meses en el juzgado para estampar su firma. «Paso por lo menos tres días por semanas en juzgados y comisarías. Declarando o tocando el pianito», describe el miembro UTD. El acoso judicial se convirtió en una verdadera condena: cuanto más tiempo tenga que pasar por tribunales, menos tiempo le queda para el trabajo social. Un teléfono celular interrumpe las presentaciones de rigor. Una radio quiere hacerle una nota a Puntano, defensora de 600 desocupados salteños, entre ellos Pepino Fernández y su hermano. «Yo ya perdí la cuenta de cuántas causas tengo», aclara Hippie. Hay una tercera Fernández procesada: Eva, hermana de los otros dos y acusada -aunque no haya ninguna evidencia que lo compruebe- de instigar el incendio de las oficinas de Tecpetrol. «Esta gente no sale a la ruta a cometer un delito, sino a exigir al gobierno que los escuche. Exige que se cumpla su derecho constitucional a un trabajo digno. Por eso pedimos que se apruebe una ley de amnistía para todos los procesados por la lucha social y la reforma del Código Penal, para que no se pueda criminalizar más la protesta». Mientras Puntano concede la entrevista, los demás siguen charlando: -¿Vos pudiste seguir trabajando a pesar de la condena? , pregunta Pepino a Schifrin, que comenta lo que le costó conseguir la licencia gremial para participar de estas jornadas. -Sí. Vamos a ver qué pasa después de que el fallo esté firme, contesta la maestra. -Allá, en Mosconi, tenemos una maestra, Titi Guerrero, que cuando la procesaron por un corte de ruta, enseguida la sumariaron y no la dejaron dar más clase. En Salta están procesados hasta los gendarmes que no tienen trabajo, dicen que son los maestros de los piqueteros , resume el hombre de la UTD. La situación en la Patagonia no es mejor. El 9 de junio -informa Schifrin- comenzará el juicio oral y público a otros cuatro docentes por un corte de ruta en el puente que une a las ciudades de Neuquén y Cipoletti. También se trataba de un reclamo salarial. «Yo vengo con la idea de formar un comité de solidaridad a nivel nacional con los procesados por la protesta social. Tendría la misión de generar una base de datos en internet con todas las causas y de darle difusión al tema. El gobierno dijo que no quería judicializar la protesta y también habló en un momento de la amnistía. Hay que presionarlo para que lo cumpla. Pero este comité tendría que estar formado por los procesados, no por sus abogados. Porque se trata más de una cuestión política que legal».
Primera escala: Ciencias de la Comunicación
Terminado el almuerzo, los cuatro marcharon a la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires, en Parque Centenario, para participar de uno de los talleres del Foro de Economía Social y Solidaria. Allí los esperaban varias decenas de personas interesadas en escuchar sus casos. Mara Puntano abrió el encuentro dándole un contexto a lo que sucede en Salta. Recordó que en la zona petrolífera de la provincia, el 80 por ciento de la población quedó desocupada cuando se privatizó YPF y que los despedidos de entonces, llevan doce años reclamando que se les pague lo que les corresponde por el Programa de Propiedad Participada. «Hay una ley y una sentencia judicial que reconoce esa deuda, pero todavía nadie vio ni un peso”. Y agregó: «Como son desocupados, no tienen un sindicato que los defienda, están excluidos de la sociedad, no tienen medios para ser escuchados y están cansados de elevar notas al gobierno nacional, al provincial, a los diputados y senadores. En esa zona sería muy fácil dedicarse al contrabando o al tráfico de drogas, pero ellos prefieren cortar rutas para exigir trabajo digno. Ni siquiera quieren planes o bolsones: quieren trabajo. La ruta es el único escenario que les queda. No puede ser que tengan que pagar 45 pesos una garrafa de gas mientras están parados sobre oro negro: es la segunda zona productora de petróleo del país.» A Hippie Fernández le toca explicar cómo se hace para subsistir doce años sin trabajar. «Nosotros siempre decimos que detrás de la protesta viene la propuesta. Y como el trabajo, la educación, la salud no son temas que ocupen a nuestros ministros, intendentes, o diputados; en la UTD asumimos esos roles para que nuestros hijos tengan un futuro.»
Hippie comenzó entonces a desplegar carpetas y planos para mostrar la cantidad de proyectos autogestionados que realizó la UTD: aulas, huertas, las de primeros auxilios, viveros. También mostró una hoja llena de sellos y dijo con bronca: «Acá están todas las firmas de las instituciones que nos manifestaron sus apoyos. Para muchos somos vagos, una lacra, o simples piqueteros, pero les dimos a la comunidad lo que no le dieron los políticos». En General Mosconi, la UTD se convirtió en una especie de municipalidad paralela: los habitantes les piden a los piqueteros lo que la burocracia estatal les niega. Luego, Hippie habló de los problemas de salud de los habitantes de Mosconi. Del elevado número de muertes por cáncer, de las enfermedades renales y de la diabetes, padecida por el 60 por ciento de la población. «Las empresas no sólo nos saquean, sino que también nos contaminan». El miembro de la UTD sigue mostrando carpetas con proyectos: un basurero ecológico, el horno de ladrillos para las comunidades aborígenes, una universidad, el emprendimiento de 400 hectáreas donde se siembran porotos, maíz, mandioca, soja. Pepino suma: «Toda la producción es orgánica porque genera más fuentes de trabajo. Y se hace todo a pulmón, con un tractor de 1956, con caballos prestados”. Las preguntas: por qué no llegan estas noticias a Buenos Aires, por qué los movimientos sociales no unifican sus reclamos. Schifrin responde: «No llega la información a la Capital porque no hay un federalismo real y también por los propios intereses de los medios. En el interior, por ejemplo, está lleno de maestros procesados por querer construir un país mejor. Pero también tenemos que hacernos cargo que en el campo popular hay una gran fragmentación: muchos primero te hacen un análisis de sangre y de saliva y después ven si te ayudan. Mientras tanto se mueren compañeros». El tema de la muerte se instaló en la charla. La UTD tiene cinco militantes asesinados sin que haya prosperado ninguna investigación judicial al respecto. Entre ellos, el asesinato de Aníbal Verón, el nombre que le dio nombre a más de una organización piquetera. «Lo mataron porque le debían nueve meses de sueldo», recordó Pepino «Nosotros queremos salvar vidas, pero dicen que somos delincuentes. Nosotros tenemos causas por cortar una ruta para reclamar que arreglen tres puentes donde murieron más de cuarenta personas. Cuando lo arreglaron, no se murió nadie más. Así que salvamos vidas»..
El taller terminó, pero los procesados no paraban de contestar preguntas en los pasillos de la facultad. Tardaron una eternidad en llegar al bar de la planta baja para tomar el café que se debían del almuerzo. Y seguían contestando preguntas: «¿Cómo se hace para defender a 600 procesados?», le preguntaron a Mara Puntano. «Con ganas», contestó y completó: «Hay un montón de comisiones de derechos humanos, en sindicatos, facultades que tienen fondos y no hacen nada o destinan todo a defender a una sola persona. En Salta, los desocupados tienen que juntar plata para pagarse los estampillados de los trámites».
A Hippie Fernández le preguntaron por la crisis energética: «Es un verso. En la Argentina, el metro cúbico de salida de pozo cuesta 45 centavos de dólar. Pero las empresas no exploran acá para que el país le compre a Bolivia, donde las mismas empresas venden el gas a 1,38». A su lado, su hermano daba cuenta de las paradojas de su infierno grande: «Los mismos empleados judiciales que nos toman declaración a nosotros nos piden que la UTD los apoye en las movilizaciones por aumento salarial»: Los preguntones seguían haciendo cola, querían conocer la historia de voz de sus protagonistas. Tienen tiempo hasta el viernes a las 11, cuando la última actividad de la Semana contra la Criminalización de la Protesta se haga en las escalinatas de Tribunales.
Protesta social
Marcha de jubilados: medias, bochinches y ningún dólar en las orejas

Un miércoles tranquilo en la ronda de jubilados en Congreso, que despierta dudas ante la necesidad de hacer “un poco más de bochinche”. Como homenaje al Día del Jubilado (domingo pasado) hubo un puesto de hamburguesas y choripanes de la UTEP. “El hambre es desesperante” dijo una de las mujeres que servía a esa cola ampliada con gente de la calle en busca de qué comer. Historia de cómo sobrevivir a una jubilación hiper mínima (porque encima se arrastra una deuda). Los alfajores, las medias, y la salud encontrada en el gesto de movilizarse.
Por Lucas Pedulla Fotos Juan Valeiro/lavaca.org
A sus 76 años, Luis Relinque tiene que vender medias para llegar a fin de mes.
–Si no trabajo, no como.
Y para comer tiene que trabajar, aunque hace once años que está jubilado. El único día que no sale a vender por la zona de Once es el miércoles, cuando camina las diez cuadras que separan su casa –Remedios de Escalada, sur del conurbano bonaerense– de la parada del 37 que lo deja en el Congreso de la Nación.

El dato, que solo en esta Argentina pareciera naturalizarse, lo explica fácil:
–Soy jubilado de la mínima. Cobro $400.000 limpios, justos. El mismo día de cobro pago la luz, el gas, el agua y con todo lo que tengo me quedan limpios, justos, $210.000. Si no trabajara, son $7.000 por día hasta el mes siguiente. ¿Cómo hacés?
La pregunta flota mientras alrededor se dispone la movilización de cada miércoles. La Rama de Trabajadoras y Trabajadores de Espacios Públicos de la UTEP (gremio de la economía popular), llamada “Lxs Parrillerxs”, puso un puesto para regalar choripán y hamburguesas por el Día del Jubilado, que fue el domingo. Se sumó mucha gente de la calle: “El hambre es desesperante”, dice una señora mientras corta el pan. Sobre la vereda se acomodan trabajadoras y trabajadores de la ANSES, que denuncian una “sangría por goteo” en el organismo encargado de las jubilaciones y pensiones: el Gobierno abrió un plan de retiros voluntarios, el segundo del año. Un trabajador dice a lavaca: “En el anterior se fueron más de 1.000 personas. Muchos agarran porque están muy endeudados. La idea es que quede un ANSES chico, si es que queda”.

Por su parte, Luis tendría que estar cobrando un poco más: en septiembre la mínima llegó a $498.633,20, contando el bono de $70.000, congelado hace 30 meses: según el Centro de Economía Política de la Argentina (CEPA), si fuera por movilidad Luis y cinco millones de jubilados y jubiladas más tendrían que percibir un bono de $223.148. Pero Luis cobra solo $400.000 limpios porque está endeudado: hace ocho años sacó un crédito.
–Se me cayó un árbol del fondo de casa en la cabeza. Tuve derrame cerebral. También me hizo pelota la rodilla: hoy tengo una prótesis. Mirá vos, es la misma rodilla que la policía me reprimió en una marcha el año pasado: la tengo peor. Me queda este año de crédito, así que espero para fin de año terminar de pagarlo y poder cobrar un poquito más.

Por eso todos los días –salvo los miércoles– sale a vender tres pares de medias a $1.000: camina mirando a todos lados para que los “parásitos con uniforme” no le decomisen la mercadería, como viene ocurriendo en la ciudad de Buenos Aires bajo la gestión de Jorge Macri. Antes Luis vendía alfajores y podía hacerle algún regalo a su nieta de 13 años, o darse un gustito como ir al teatro. Pero los alfajores subieron tanto que ya no es negocio. Cuenta que la idea de las medias le llegó mirando la televisión.
–Veía a tanto operador político en la tele que pensé: si las medias me salen lo mismo que un chupetín, quizá la salida a esta crisis sea chupar medias, en serio te digo.
Luis habla y piensa con mucho humor, pero siempre aclara que lo dice en serio. Cuenta que fue la primera persona que puso un boliche gay en provincia de Buenos Aires – “Chelovecos, en 1974”–, que también tuvo una tanguería y que por muchos años se dedicó a cocinar en su casa para geriátricos o centros de jubilados. Como siempre trabajó por su cuenta, pudo jubilarse con una parte de aportes y otra de moratoria.

–Hoy el Gobierno la cortó, pero la moratoria ayudó mucho. Conozco gente que nunca aportó y ahora te dice: “Cristina chorra”. Bueno, entonces devolvé la jubilación o donala a un comedor.
A diferencia de lo que dijo el presidente Javier Milei tras su discurso en Naciones Unidas en Nueva York, a Luis –como argentino– no le salen dólares por las orejas. Es una de las tantas razones por las que no se pierde ningún miércoles.
–Hace unos años me quedé viudo. Me pasaron todas, pero yo le aconsejo a la gente mayor que venga a la marcha. No sólo como protesta, sino porque es bueno para uno. Es una cuestión de salud. A mí me ayudó mucho porque me olvidé de mí: me acuerdo más de la madre de Milei que de mí. En serio, te digo. Algunos jubilados me dicen: “No, mejor me voy a hacer un estudio al médico”, pero es como un coche en el mecánico: algo siempre te van a encontrar. No digo que esté mal, ojo, pero hay gente que está todo el día en la casa mirándola por televisión y pensando en sí mismo. Con hacer un cartel o pensar alguna cosita, ya la cabeza se me despeja.

La semana pasada, Luis trajo el “Desodorante Javo”, con una característica premium: “Te deja seco las 24 horas”. ¿Qué significa ese humor en la lucha de cada miércoles?
Luis es crítico:
–Yo vengo porque la jubilación me alcanza nomás para diez días. Me gustaría que hagamos un poco más de bochinche. Acá nos encerraron. Venimos y damos una ronda: no tenemos nada para festejar pero damos la vuelta olímpica como si fuéramos campeones. Luego, a casa. Hay que ir al Obelisco, a Corrientes. Acá no nos ve nadie. No estoy en contra, porque nos encontramos, pero haría un poco más de calle. Lo único que falta es que nos pongan mesas y nos hagan jugar a las damas: para eso voy a la plaza de mi barrio. En Lanús me preguntan: “¿Luis, no marchan más?”.
La marcha –la ronda a la que Luis pide más bochinche– está por empezar.
¿Qué espera?
–Mirá, el día que no pueda caminar más ni vivir a medias, me amenazo al Presidente así me vienen a buscar: ya averigué que no me sacan la jubilación, me llevan en cana, y al menos tengo una lamparita para leer algún libro y amigos que me traerán algún sanguchito de miga. Lo mismo que haría en casa lo hago allá. En serio, te digo.
¿Hay opción B?
–Que cambie el Gobierno. Eso daría un poquito de esperanza. La primera medida tendría que ser darnos un aumento. De mínima. Esta lucha que hacemos va a pasar a la historia como algo que era necesario hacer. El que no labura ni lucha, no come.
Hincha de Independiente y fanático de Manal, Luis se despide y se mete a la marcha.
Revista Mu
MU 216: Qué, cómo y cuándo cambió todo


Ley de Tierras y después: Cambio de tema
Durante meses el gobierno logró imponer los temas, los tiempos y las preguntas. Hasta que una discusión sobre la tierra parió otra cosa. Lo que apareció detrás y después de ese debate no es –solo– una disputa jurídica ni económica, sino una pregunta más profunda sobre la soberanía, la identidad y el futuro. De César Aira a Peter Thiel, una lectura de la actualidad para crear lo que falta.
Por Claudia Acuña

Viaje a la vida en el Paraná II: En modo Costa Pobre
Los incendios y el dragado que rompen el ecosistema, los countries ocupándolo todo, el extractivismo de arena para el fracking, las privatizaciones, la contaminación masiva, la indolencia estatal: el Paraná debería ser un río de todos, pero parece un río de nadie. Navegación desde Escobar hasta las Lechiguanas, pasando por Costa Pobre, barrio popular amenazado, que simboliza mucho de esta historia. Voces e imágenes de quienes siguen defendiendo la vida del aire, el suelo, el agua y la justicia.
Por Francisco Pandolfi
Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

Atanor condenada por contaminación: La odisea
Más de 200 muertes en seis manzanas del Barrio Química, la contaminación probada del agua, aire y suelos, y el “daño irreversible” al Paraná en San Nicolás ratificado por la Corte Suprema bonaerense. La sanción económica es mínima para una multinacional (equivalente a dos camionetas) pero está por comenzar la causa penal a sus ejecutivos. Lo que cuentan el barrio y el abogado Fabián Maggi sobre este viaje de más de una década para que no haya impunidad.
Por Lucas Pedulla
Fotos: Sebastián Smok/lavaca.org

Agroecología en Misiones: El libro de la selva
Una cooperativa agroecológica de quince familias produce alimentos sin químicos en medio de la selva misionera y muestra cómo cultivar de un modo sano y rentable. Unión Campesina, los secretos de la tierra, la casa de las semillas, y una decisión: hacer mucho y hablar menos. El método del Fukuoka misionero. ¿Cuál es la rueda que está girando?
Por Francisco Pandolfi
Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

Delia Tedín, decoración, política y clases altas: Mucho gusto
Con tupido árbol genealógico y privilegios de cuna, aprendió el valor de la diversidad y la rebeldía frente a un ambiente que “olía a odio”. Eligió su propia vida como decoradora, sin perder nunca de vista el contexto social. Sus pasiones: fomentar el trabajo y la creatividad del país, y combatir la idea de que las personas tienen la culpa si les va mal en estos tiempos. Conversación sobre bombas, estupidez, poder, Nerón y el arte de mantener los ojos abiertos.
Por Sergio Ciancaglini
Fotos: Juan Valeiro

Carne de cañón: las víctimas travestis-trans de la dictadura
A 50 años del golpe de Estado, el Archivo de la Memoria Trans reunió en un libro testimonios individuales, relatos colectivos y el registro del Juicio Brigadas, el primero que toma como víctimas del terrorismo de Estado a mujeres travestis trans. El libro no habla solo de violencia, sino también del humor, la amistad, la resistencia y las formas que ellas inventaron para poder seguir vivas. Pistas sobre dónde encontrar claves para el futuro.
Por Evangelina Bucari

El libro La nueva oligarquía: Tecnopoder
¿Quién gobierna el mundo? ¿Qué transformaciones y deformaciones de la democracia se están intentando? ¿Qué pasa con la soberanía? ¿A quién hay que vigilar? Temas de La nueva oligarquía, del sociólogo argentino Ariel Goldstein y editado por Marea. Aquí, fragmentos que invitan a su lectura para bucear varios dilemas del presente.

Zoe Hochbaum: Comerse el mundo
Actriz, bailarina, escritora, productora: 27 años, una nueva película y un programa de radio. Zoe puede oscilar entre la comedia con flamenco, los monstruos literarios y la reconstrucción de los vuelos de la muerte. El homenaje al radioteatro, y el ejercicio de la amistad como salvavidas para los tiempos en los que la realidad parece querer fagocitarnos.
Por María del Carmen Varela
Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

Crónicas del Más Acá: Rambo al sur
por Carlos Melone
Nota
La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.
Por Bernardina Rosini
El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.
Lo que no se puede creer
Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.
Varones
Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org
«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.
Dónde está Delicia
Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.
Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.
Justicia sin apellido
Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»
Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.
La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
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