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El quiebre de la Quebrada: Crónica desde el corte en Purmamarca

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En la provincia de Jujuy sigue pasando de todo: detenidos en medio de la seguidilla de represiones que salen a cuenta gotas, denunciando golpes y tormentos en prisión (al cierre de esta edición aún quedaban 16 personas dentro del penal de Alto Comedero); los docentes que ayer por la tarde tuvieron una reunión con el Gobierno provincial y evaluarán en asambleas la nueva propuesta salarial de un piso de 200 mil pesos; y múltiples cortes de ruta en distintos puntos de la provincia en rechazo a la reforma de la Constitución, por los bajos sueldos y en apoyo a la lucha docente. Uno de los cortes más significativos es el de Purmamarca: por la cercanía a la capital; porque allí se dio el martes pasado una cacería por parte de las fuerzas policiales; y porque a partir de la represión, varias comunidades se instalaron en esta trinchera. ¿Hasta cuándo? La pregunta tiene una única respuesta: “Hasta que se vaya el gobernador Gerardo Morales”. Crónica y voces que cuentan lo que pasa y lo que está en juego.

Por Francisco Pandolfi desde Purmamarca. Fotos de Lina Etchesuri

De San Salvador a Purmamarca hay una hora de viaje pero no hay transporte público, como sí había años atrás. Las opciones son micro (más caro) o remis compartido (un poco menos caro). Ya en viaje, el paisaje no tiene precio: los ojos se desbordan de belleza con la inmensa Quebrada de Humahuaca como acompañante. Se ve a simple vista una biodiversidad magnífica, con caballos y vacas e infinitos cactus; un degradé de verdes impresionante, que dibuja la pintura más hermosa. 

Del lado derecho serpentea el Río Grande, que de grande no tiene nada, porque por tramos solo hay un hilito, y cuando se amplía, se agranda por un par de metros, no más. «Ahora por lo menos hay algo de agua: muchos años no hubo ni para el riego», cuenta el remisero, que de repente para; para con previo aviso.

En la entrada de Purmamarca, 54 kilómetros al norte de la capital jujeña de San Salvador, el pueblo definió que el show no debe continuar. Y cortó el acceso, primero de manera total y, desde ayer, abierto cada seis horas. 

Un primer corte con ramas gruesas en el piso que configuran la barricada inicial. La segunda, unos metros más adelante, con maderas, ramas y chapas. Entre medio, dos palos de madera devenidos en estandartes y sostenidos con sendos montículos de piedras: en uno flamea la bandera whipala; en el otro, la bandera argentina. 

En la entrada al pueblo se leen dos inscripciones: “Pedimos la renuncia de Morales, abajo la reforma” y “Esto es Argentina, no China”. Al lado, un pasacalle blanco con letras rojas denuncia: “No a la reforma; sí al agua, no al litio”.

“No hay vuelta atrás”

Desde lavaca viajamos a Purmamarca para hablar con las comunidades originarias que decidieron ponerle punto final a su paciencia, debido a dos motivos principales: “Haber venido a matarnos el martes pasado y haber promulgado la reforma constitucional sin ningún tipo de consultas y a espaldas del pueblo”.

Bien pegadito al típico cartel turístico que en este caso dice Purmamarca, una bandera con letras verdes pintada prolijamente, reza: “Nación Kolla”. Al lado, un vecino de Maimará pide anonimato mientras masca coca. Tiene 26 años, dice que no tiene miedo, pero que prefiere no revelar la identidad porque “Morales está dispuesto a cualquier cosa”. Y refleja otro matiz de su bronca: “Además de la deshumanización que demostró al venir a cazarnos, nos trató de ignorantes. Por eso, ya no hay vuelta atrás. Hay focos de resistencia en todos lados, que renuncie ya”.

Nicolasa es de Tilcara Sumaj Pacha, tiene 31 años, 5 hijos, entre los cuales está su bebé de 5 meses, a quien acuna mientras habla: “Nunca pensé exponer a mis hijos de esta manera; estoy muy triste, jamás había pasado algo como lo del otro día. Fue horrible, agarraban a cualquiera, no importaba si era una mujer, un niño, les daba lo mismo. Morales es un traidor, una mala persona que está vendiendo a la Argentina con sus negociados, con la explotación del litio que nos quita el agua, que nos quita la vida”.

Hasta las 5 de la tarde, el sol calienta como si fuera pleno verano. Quien no tiene gorro, tiene sombrero, o un pañuelo o una remera que cubren las cabezas. Promediando la tarde, irrumpe el viento, de repente. Con calor, con frío, el pueblo resiste igual. “Nos tiraron a matar, porque buscaron callarnos; y lograron todo lo contrario. Acá estamos firmes y de acá no nos movemos”, dice Nora, que si no se supiera el contexto, pareciera que festeja otro campeonato mundial: está pegada a la ruta 9 con una vuvuzela celeste y blanca que sopla sin parar. Al costado está Mariana, 48 años, de Maimará. No tardan demasiado en empañársele los ojos: “Este gobierno basura quiere quitarnos los territorios; eso quedó claro en los puntos de la reforma que quiso modificar para tener la potestad sobre nuestras tierras. Morales es un dictador”. El llanto la hace parar. Se seca las lágrimas y avanza: “Por eso llevamos adelante el Tercer Malón de la Paz y, como siguieron sin escucharnos, recién ahí tomamos la ruta; nos mandaron a reprimir, no nos dejamos vencer y nos volvieron a reprimir. El martes estábamos pacíficamente cantando; había mujeres y abuelas entonando coplas y empezaron su guerra. Vinieron a matarnos”, cuenta, mientras se señala la nalga y la pierna, donde recibió balazos de goma. Y muestra la frente, moretoneada, blanco de gases lacrimógenos.

Un día después de la descarnada balacera, el miércoles 21 de junio se celebró el nuevo año andino (año 5531) y se realizó la ceremonia del Inti Raymi, la fiesta del sol. “Pese a la tristeza que quedará marcada por haber iniciado un nuevo año de esta manera violenta, el Tata Inti, nuestro sol, nos dio energías para seguir”, enseña Mariana. Otra compañera algo más joven, la complementa: “Estamos protegidos por guías sagradas y espirituales; por nuestros ancestros; por una fuerza superior que nos da fortaleza”, siente Semilla.

Durante el día, en varios momentos la tensión se apodera de la atmósfera, sobre todo cuando hay sospechas de infiltraciones por parte de la Policía, de la gobernación, de los servicios de inteligencia. No sería la primera ni la última vez. “Hay muchos infiltrados que vienen y nos sacan fotos; quieren provocarnos miedo. A muchos nos han amenazado de muerte”, dice Semilla, apodo que busca cuidar su identidad. Tiene argumentos pasados y también recientes: “Hace pocos días notamos que una persona era infiltrada. Un compañero logró sacarle el bolso y adentro tenía armas reglamentarias. No le tenemos miedo a Morales, pero sí a la gente que manda Morales, quien conduce un aparato violento y turbio, que de un segundo a otro puede montar lo que desee”. Se indigna: “El martes nos tiraron con gases vencidos para hacernos más daño aún; nos tiraron balazos a los ojos como en Chile; nos quieren hacer mierda, no les importa nada”. La indignación le da paso a la angustia: “Realmente parece una dictadura, con gente marcada, con listas negras, con camionetas que levantan gente sin patente, con personas que tenemos que estar hablando con otras identidades o sin mostrar la cara”.

El apoyo minero

Así como hubo situaciones tensas, también las hubo de emoción, de aliento, de contención. Antes del mediodía, llegaron una veintena de obreros de la empresa de cal Tilianes, lindante a Purmamarca, para solidarizarse con el reclamo: “Nosotros también tenemos los salarios bajos, mientras que la empresa no deja de producir nunca. Trabajamos 8 horas por día, 6 días a la semana y cobramos entre 130 mil y 160 mil pesos”, manifiesta Julio Zambrano. Su compañero y delegado Teófilo Suárez, 45 años, del pueblo kolla, completa: “No llegamos a fin de mes. El día 18, o 20 como tarde, estamos pidiendo un adelanto o un préstamo a la propia compañía, que nunca terminamos de pagar, endeudándonos con créditos cada vez mayores”. Por la tarde, arribó un grupo masivo de trabajadores de la mina El Aguilar, la más antigua del país según Daniel López, uno de los delegados: “Venimos a solidarizarnos con nuestros pueblos originarios, y también a denunciar las condiciones en las que trabajamos”. Enumera tres puntos: “Incumplimiento en el convenio colectivo, bajos salarios e inseguridad laboral”. ¿El empleador? “Hasta la pandemia era Glencore, una multinacional suiza canadiense; desde enero de 2022 la compró el Grupo Integra, del empresario José Luis Manzano”.

Existen motivos concretos que las comunidades plantean para revocar la reforma constitucional. “Se trató de un acuerdo entre Morales y el PJ traidor cuyos constitucionales estuvieron a favor de la reforma. En sólo 36 días crearon una nueva constitución, sin consulta previa, lo cual es inconstitucional. Ese tirano tiene que caer e ir preso, por perverso, por mala gente”, argumenta Semilla. Suma Aurora, de 41 años, de La Puna jujeña: “La reforma saca derechos a todo el pueblo, no sólo a los originarios. Violó leyes nacionales al sacarla a las apuradas; no informó sobre los cambios, no hizo reuniones, no intentó acordar con su gente; es inaceptable”.

Otro de los ítem que integra el reclamo masivo refiere a los bajos salarios. Explica Lucía, 48 años, que cocina y limpia en una escuela, además de tener un negocio de venta de comidas: “El gobierno paga muy poco a los estatales, no llegamos a la canasta básica. Esta situación nos afecta a casi todo el pueblo, y por eso me sumé, pero jamás pensé que pudiera pasar algo así”. Mientras sirve arroz desde una olla enorme que alimenta a las centenares de personas que sostienen el corte, continúa -a la par de no poder contener el llanto: “Sentí mucho miedo y sólo pensé en mis hijos, ¿qué iban a hacer si me pasaba algo? ¿Por qué pasar por esto si no estábamos haciendo nada? ¿Por qué este gobierno maldito?”. Jacinto tiene 83 años y vive en Yavi. Dice que no sabe leer, pero que eso no le imposibilitó ser campesino, ni trabajar la tierra, ni sembrar papas, maíz, zanahorias, entre muchos otros cultivos. Tiene 7 hijos, 14 nietos y 5 bisnietos. Y todavía tiene ganas de luchar: “Sacar a Morales es la única solución, pero no que venga alguien similar, porque sino se sigue perdiendo la confianza en quienes gobiernan. Es lógico que suceda eso: hoy Morales nos quiere quitar la tierra, como otros quisieron hacer lo mismo años atrás”.

Termina otro día más de lucha; de trinchera; de corte de ruta. Pero antes Aurora dice que necesita erradicar prejuicios, tergiversaciones y mentiras que se fueron sembrando en los últimos días. Y en los últimos años. Y en las últimas décadas. “Desde el gobierno y desde sus medios de comunicación comprados nos dicen que estamos por un plan, cuando no es así; estamos acá por la vida, por el agua, porque sin ella no habrá plantas, ni habrá animales y todo será desierto y deriva para las próximas generaciones”. Sigue: “Nos tratan de violentos y es mentira; violento fue el Estado”. Sigue: “Nos dicen terroristas, cuando ese mote le va al gobernador, que está loco, que es un asesino que dio la orden de eliminarnos”. Sigue: “Nos tildan de kirchneristas y no es así. No militamos en el kirchnerismo, militamos por la vida. Lo que pasa es que quieren meter acá más y más empresas chinas que exploten el litio, y no los vamos a dejar”.

El final no es en frase modo bronca; ni es una denuncia certera. Porque Aurora, a toda esa impotencia acumulada, la canaliza y la vuelve canción. Y entonces ya no tiene los ceños fruncidos ni el rostro rígido. Aurora, como el significado de su nombre, sueña un nuevo amanecer, y ese no será, si no es luchando, si no es cantando: “En La Puna somos callados, pero cuando nos joden, nos levantamos; prefiero libres o muertos, pero jamás esclavos”.

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MU 215: Sin chamuyo

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MU 215: Sin chamuyo
Este número 215 de MU ☝️viene con doble tapa, que podría ser una frase: Sin chamuyo, a remarla.




MU 215: Sin chamuyo

Viaje a la vida en el Delta: Y la nave va

Mientras el gobierno nacional privatiza la principal vía navegable del país con un nivel de tráfico comercial gigantesco y opaco, quienes habitan el delta advierten sobre el impacto a una forma de vivir, al humedal que provee biodiversidad, y a una soberanía que se pierde río abajo. Viaje en barco de MU desde el bajo delta bonaerense, para conocer y escuchar a isleños, productores, docentes, ambientalistas y vecinos que resisten otra avanzada sobre un territorio en disputa.

Por Francisco Pandolfi




MU 215: Sin chamuyo

Gonzalo Giles, pensador y comunicador «disca»: Error en el sistema

Gonzalo Giles, activista del movimiento disca que resiste el ajuste.
Es mudo pero logra hacerse oír. Humor, creatividad y política:
“Necesitamos menos caudillos y más gente que construya”.

Es escritor, activista y referente de una generación que convirtió la experiencia de la discapacidad en una potencia de comunicación y acción. Ahora prepara un espacio propio para intervenir en política. Una conversación sobre prejuicios, salud mental, amores, liderazgo, y “lo disca” como una categoría desde la cual pensar –y reconstruir– un país. 

Por Sergio Ciancaglini




MU 215: Sin chamuyo

La dictadura en el delta: Los sonidos de El Silencio

La quinta El Silencio fue un centro clandestino en el que la dictadura escondió en 1979 a 40 personas secuestradas. ¿Cuánto se sabía y cuánto se callaba entre las islas y ríos del Delta? Un viaje a ese paisaje y a esa realidad: la alianza entre una vecina y una historiadora, lo que cuentan los sobrevivientes, los barcos de la muerte y la investigación de chicos de la zona, con sus preguntas y sus grabadores, para entender el pasado y mucho del presente.

Por Lucas Pedulla




MU 215: Sin chamuyo

Violencia policial en Constitución: La ley y el orden

La Policía de la Ciudad asesinó a Víctor Vargas (foto) disparándole tres balazos por la espalda. Intentó ocultar la verdad del crimen pero la investigación judicial detectó a los culpables y se abrió una causa sobre la relación entre la venta de drogas y la complicidad policial. ¿Quién era Víctor? Constitución como tierra de nadie y la violencia institucional contra prostitutas, travestis y quienes tratan de sobrevivir a la crisis de cada día.

Por Claudia Acuña




MU 215: Sin chamuyo

El «Woodstock ambiental» contra los agrotóxicos: De película

Alarmados por los pesticidas y sus efectos de contaminación ambiental y humana, estudiantes y un maestro de una escuela pública cordobesa empezaron a componer canciones. Convocaron tímidamente a artistas, y se sumaron más de 300. Ya hicieron tres discos y un recital en el campo. Una canción para mi tierra es el film que relata esa aventura que empezó en una comunidad, siguió por decenas de escuelas y tiene contagios en defensa del ambiente y la vida desde España hasta el Amazonas.

Por María del Carmen Varela




MU 215: Sin chamuyo

Un biodrama del presente: Puta madre

La obra Putamadre muestra los mandatos, la soledad de las mujeres que crían solas, y una sociedad que las juzga antes de escucharlas. Lejos de la maternidad romántica, humor, amor y la historia real de una madre con su hijo todavía preso: ambos en escena, él a través de una filmación desde la cárcel. Lo que puede el arte para derrumbar prejuicios.

Por Evangelina Bucari




MU 215: Sin chamuyo

La Cogolla: Flor de cultivo

Yael Frida Gutman mezcla cabaret, transformismo, música y humor para hablar de cannabis, autogestión y libertad: una obra que crece desde hace cinco temporadas y convierte cada función en una celebración, una conversación y una invitación a pensar.

por María del Carmen Varela




MU 215: Sin chamuyo

Desentendimiento: Fingir demencia

Sabemos lo que pasa, pero no hacemos nada. La filósofa eslovena Alenka Zupančič escribió Desentendimiento-Una forma perversa de la razón en la crisis permanente, sobre ese rasgo que no es el “negacionismo” y que consiste en eso que llamamos “fingir demencia” (o normalidad). Las fake, el oscurantismo, y los que se creen por encima de la gente.

Por Franco Ciancaglini

MU 215: Sin chamuyo

Crónicas del Más Acá: Parlantes

Por Carlos Melone

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MU 214: Mujer maravilla

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Ella y sus dos hijos llevan glifosato en su sangre, al igual que muchos y muchas en
Pergamino, localidad contaminada por el agronegocio donde dieron batalla y hoy
protagonizan un juicio histórico contra productores y funcionarios. ¿Será justicia?




MU 214: Mujer maravilla

Ganar la vida: La historia de (no) ficción de Sabrina Ortiz

Su hijo Ciro tenía 120 veces más agrotóxicos que lo “admisible”. Su hija Fiamma, 100 veces más; ella, 58. Viven en Pergamino, llamada “la capital del veneno”, donde se encontraron pesticidas hasta en el agua de red. Bajo amenazas de muerte Sabrina inició una denuncia convertida en un juicio histórico que está por tener sentencia buscando terminar con la impunidad. La acompaña una abogada de lujo: ella misma se recibió como parte de su lucha, porque nadie se atrevía a representarla. No es una película sino un retrato de la Argentina actual: un modelo de contaminación, enfermedad y muerte, frente a la lucha de las comunidades que no se resignan a un presente tóxico.

Por Francisco Pandolfi




MU 214: Mujer maravilla

La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich

El teatro antidisturbios del presente: descontrol de las fuerzas represivas, cientos de heridos, detenciones arbitrarias, armado de causas, y un proceso judicial que poco tiene de justicia. Los casos de Milton Tolomeo y Eneas Gallo, aún detenidos por protestar el día de la Ley de Reforma Laboral, hablan de la impunidad con la cual se maneja el gobierno con aval de jueces y fiscales. Lo cuentan ellos, sus familiares y defensas en esta investigación especial.

Por Lucas Pedulla




MU 214: Mujer maravilla

Década perdida: Marta Montero, mamá de Lucía Pérez

“Estamos como el día 1”. La frase de la madre de la joven asesinada en 2016 remite a aquel año: cuando denunciaron que dos narcofemicidas habían abusado y asesinado a su hija, hasta hoy, dos juicios después, pues la impunidad sigue consagrada. De motivar el Primer Paro Nacional de Mujeres a la decisión que tomó Marta ahora: estudiar abogacía. La injusticia como una tortura y la lucha como un tejido social que sigue en Mar del Plata, con un centro cultural, un bachillerato y un movimiento que no se amilana.

Por Evangelina Buccari




MU 214: Mujer maravilla

La Cordobaza: 3J y el Ni Una Menos en la provincia de Agostina

La undécima edición del Ni Una Menos llegó a Córdoba con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. La gente salió a la calle bajo la lluvia once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta. Cómo se busca justicia.

Por Bernardina Rosini




MU 214: Mujer maravilla

El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión

¿Qué explica que una banda que rechazó las reglas de la industria se haya convertido uno de los fenómenos culturales más masivos de la Argentina? Desde la producción de sus discos hasta la organización de sus recitales, desde el vínculo con su público hasta la construcción de una comunidad capaz de sobrevivir a su propio fundador, la historia del Indio Solari y sus grupos también es la historia de una forma de crear, pensar, sentir y organizarse, con la autogestión como herramienta y filosofía de vida.

Por Francisco Pandolfi, Mariano Randazzo y Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Mundo Chueco: Jorge Chueco Romero, sacerdote de Ciudad Oculta

Es cura en Ciudad Oculta. Todos los miércoles acompaña el reclamo de jubilados en el Congreso, donde aguanta los palazos y el gas pimienta. No cobra la asignación de la Curia, sino que vive de su trabajo como obrero y albañil. Una “camicharla” entre los murales del barrio: qué hacer con la vida, Bergoglio, el Indio, el peronismo, y una lista de cosas importantes.

Por Sergio Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

El trava power: Las Simbióticas

Nacidas en las sierras cordobesas, mezclan cumbia, humor travesti y compromiso político. Entre canciones, risas y reflexión, sus integrantes reivindican la construcción de redes, la diversidad y la alegría como forma de resistencia.

Por María del Carmen Varela




MU 214: Mujer maravilla

Ser de luz: Nina Suárez

Acaba de sacar el disco El lado oscuro, donde enfrenta algunos fantasmas y ausencias familiares y amorosas, acaso dos versiones de lo mismo. Lo hizo con un power trío que se suena todo. Ella compone, canta y toca la guitarra de una manera conmovedora y que remite inevitablemente a su madre, Rosario Bléfari. Breve semblanza de una artista capaz de brillar con la oscuridad.

Por Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Crónicas del más acá: GPS

Por Carlos Melone

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La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

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Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.

Por Bernardina Rosini

El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.

Lo que no se puede creer

Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.

Varones

Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org

«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.

Dónde está Delicia

Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.

Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.

Justicia sin apellido

Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»

Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.

La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

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