#NiUnaMás
El grito que falta: familiares de víctimas de femicidios reclaman justicia y escucha estatal
En San Martín, familiares de víctimas de femicidios se dieron cita el mismo día en que Alberto Fernández anunció medidas contra la violencia machista. Dieron así la letra que falta y que urge para atender a las familias destruidas por la impunidad y la pobreza. De los 63 femicidios en lo que va del 2020 a la mirada histórica de qué significa el Estado femicida: historias y crónicas de los casos y las voces que denuncian los abismos entre las políticas y la realidad.
La Plaza Sarmiento, en Villa Ballester, es parte del partido general San Martín, la Ciudad Juárez bonaerense, donde la lógica femicida sigue extrañas coincidencias de secuestros, descuartizamientos, búsquedas, encuentros por parte de mujeres, complicidad policial e impunidad judicial. Ese es el lugar del encuentro de familiares de víctimas de femicidios el domingo 1 de marzo.
A la Plaza Sarmiento van llegando decenas de madres e hijas con remeras blancas que llevan estampadas los rostros de las mujeres asesinadas. Muchas llegan llorando y no pueden ni hablar. Todas se abrazan, y comparten desde el dolor que las une la fuerza y las ideas para lograr salir del lugar en el que están: la injusticia, las amenazas, la falta de escucha estatal, la pobreza.
Muchas de las madres llegan con sus nietos de las manos: es que quedaron, tras las muertes, además de todo a cargo de ellos. La mamá de Débora Giménez, asesinada el 12 de enero de este este año, dice que le contó a su hija que su madre ahora es una estrella, y la niña le preguntó entonces si mañana, durante el primer día de clases, su estrella-madre la vería vestir el delantal de primer grado.
Entre lágrimas, Paola, abuela devenida en segunda madre, le dice que sí, y que su madre como todas las mujeres asesinadas también están hoy junto a las decenas de mujeres que posan juntas con las manos en alto, gritando “presente”, en la plaza Sarmiento de Villa Ballester.

Cambiar el enfoque
El mismo día en que el Presidente Alberto Fernández anunció medidas contra la violencia machista (el refuerzo de una línea telefónica y capacitación para funcionarios), por la tarde familiares de víctimas de femicidios se citaron a 30 km del Congreso, para pedir justicia por sus hijas y hermanas y reclamar medidas concretas y urgentes. La coincidencia con la apertura de sesiones fue casual, y por eso más simbólica.
La jornada estuvo convocada y organizada por la familia de Araceli Fulles, la joven de 22 años desaparecida el 1 de abril y encontrada asesinada el 27 abril de 2017. Las sospechas sobre sus femicidas incluyen bandas pesadas del barrio, con vínculos parentales con policías y garantía judicial. Como parte del corolario de esa mafia, el único detenido por su crimen, Darío Badaracco, fue asesinado a golpes y con agua hirviendo en abril del 2019 en el penal de Sierra Chica.
Su caso es paradigmático en la zona, y no hay nadie en los barrios que no conozca la sonrisa de la joven, su fanatismo por River, el amor de sus padres y la fuerza de sus hermanos; todos, juntos, organizaron este emotivo encuentro que funcionó como un abrazo colectivo. Otra excusa: juntar firmas para convertir el “banco rojo” de la plaza Sarmiento en un monumento a Araceli y a todas las víctimas de femicidio.
Desde Pompeya viajó también la familia de Carla Soggiu, la mujer de 28 años que fue secuestrada, violada y golpeada por su pareja, y que tras la denuncia por esa violencia –por la cual se lo condenó a 6 años de prisión en suspenso- fue hallada flotando en el Riachuelo, cuatro días después de activar el botón antipánico. Su crimen no se investiga como femicidio ni conecta el hecho con la golpiza.
Las historias de estas dos mujeres bastan para dar cuenta de qué hablan hoy las familias cuando reclaman justicia y de por qué la bandera que cuelga de la reja de la canchita de la plaza que dice “Estado femicida” no es una consigna sino una realidad. Mónica, la madre de Araceli, apuntó desde el escenario contra la impunidad que encubre a todos los casos: “La justicia es corrupta. La policía está involucrada. Nos sentimos desamparados”, mencionó. Sin embargo, también aclaró que el motivo del encuentro es amplificar una voz común: “Las víctimas no nos callamos más. Nos van a tener que escuchar, porque estamos muy empoderadas”.
Por su parte, el padre de Carla, Alfredo, fue contundente: “Necesitamos que la justicia patriarcal cambie el enfoque. En los juicios se habla solo de nuestras hijas, de lo que hacían, y eso no puede ser. No queremos que nuestras hijas estén en una foto: las queremos con nosotros”.

Femicidios 2020
Al tiempo que el verano mediático agitaba el brutal crimen de Fernando a manos de una patota en Villa Gessel, ocurrieron al menos 63 femicidios en lo que va del 2020, poco amplificados por los medios. En la Plaza está la familia de Débora Giménez, 26 años, fallecida el 12 enero a raíz de un disparo en la cabeza el día 5. Paola, su madre, cuenta el caso: “Ella era policía: siempre traba de ayudar a todo el mundo, era muy servicial. Tenía un mes de casada y quince días que se había mudado a Derqui con el marido, cuando vivió toda la vida en San Martin. El día 5 yo recibo un llamado a las cuatro y pico de la mañana diciéndome que ella se había pegado un tiro. Al llegar al hospital nos cuentan que mi hija había llegado sin el marido, que después dijo que ella se había intentado suicidar. Preguntamos cuál era el ingreso del orificio: tenía un orificio de bala de entrada del lado izquierdo, cuando mi hija no maneja la zurda”.
Su pareja, el policía Pablo Gómez, apuró la hipótesis del suicidio, pero algo no cerraba: “El marido me llama contando que supuestamente ella se disparó y hace todo un teatro de que ella estaba mal, estaba depresiva, cuando en noviembre ella tuvo su tratamiento y el psicológico le dio bien, por eso la dejaron seguir trabajando. Él declara que mi hija estaba drogada en el momento de los hechos, pero en los estudios que le hicieron estaba limpia”.

Las autopsias siguen desmintiendo al hombre, que igual se encuentra libre: “Estamos esperando que el fiscal entregue las escuchas de teléfono secuestrado de mi hija”. Una de sus hermanas es testigo de una llamada clave: “Previo a todo esto, mi hija a las 3 de la mañana llama a mi otra hija llorando diciéndole “voy para tu casa”. Como no llegó a la casa mi hija la llama para preguntarle qué pasó, y ahí Débora atienda y deja la llamada abierta, y mi otra hija escucha toda la discusión que este hombre niega. Por eso el fiscal secuestró el teléfono”.
Paola derrama una lágrima por palabra y asegura que ya conocía a la mamá de Araceli, Mónica, antes del asesinato de su hija: “He acompañado a muchas de las marchas, conocía a la mamá de Araceli, pero nunca creí estar acá cómo madre”.
¿Qué ve en común en todos los casos?
La mayoría de los asesinos son hombres manipuladores. Mi hija siempre estuvo apoyando esta lucha, siempre me decía que uno tiene que vivir por sus hijos, brindarles lo mejor y enseñarles a confiar. Me duele que no haya confiado para pedirme ayuda, porque ella era víctima de este hombre que la maltrataba, la golpeaba, y la mayoría de estos casos son así: estos hombres manipulan y las tiene sometidas.
¿Cómo se logra justicia?
Hay que empezar a hacer marcha a la fiscalía. Yo no tenía abogado, tantas veces me iba sola de los Tribunales sin nada… La única manera que te escuchen es llevar gente, hacer barullo, sino nadie te escucha.

La burla estatal
Natalia Sabán tenía 16 años y vivía en villa Hidalgo, José León Suárez. El 8 de diciembre de 2019 su familia recibido un llamado similar al caso de Débora: Natalia tenía un tiro en la cabeza. Falleció finalmente el martes 10, a las diez y media de la mañana. Quién fue, según su madre Malvina: “El día 9 el novio de ella y toda su familia desaparecieron de la casa y nunca más se los vio: tienen pedido de captura”. Todos los caminos llevan a responsabilizar a Matías Agustín Cano (20), ex novio de la joven, presente en el momento de los hechos.
Malvina: “(A Matías) Lo conocíamos de vista, ni siquiera lo había presentado. El muchacho no llegó a nuestra casa ni nada. Esto pasó un domingo; estaba en la casa de mi hermano comiendo y después se fue a mi casa; estuvo ahí hasta las 8 y media y dijo que se iba a la casa de la abuela y no, se había ido a la casa del novio. Y 11 y cuarto de la noche nos enteramos que tenía un tiro: no sabíamos dónde, salimos al hospital y nos encontramos que tenía un tiro en la cabeza”.

¿Qué se sabe de la escena del disparo?
Estuvieron cuatro personas: la madre, el novio de mi hija, mi hija y la amiga, nadie más. La amiga no habla porque dice que está amenazada. Y la familia de él dice que la que disparó fue una criatura de 10 años. Se hizo la reconstrucción del hecho y no da lo que dice el nene: dice el arma estaba empuñada con las dos manos, la altura tampoco le daba. El nene dice que tiró y los médicos forenses dicen que Nati tenía el arma apoyada en la cabeza. Hay contradicciones.
¿Cómo se mueve la causa?
La causa la estamos moviendo nosotros, nosotros llevamos la mayoría de las cosas, de testigos. Nosotros nos movemos más que todos y por eso hacemos, cada mes, una marcha a la fiscalía para que se muevan y no quede en el olvido como otras chicas que quedan como si nada. Lo único que estoy pidiendo es justicia, que los asesinos de ella estén presos, que caigan, que empiecen a mover lo que haya que mover para que los agarren. Incluso ellos estuvieron otra vez en la villa hasta que yo llamé al patrullero, y la comisaria de Suarez me decía que no había móvil para ese momento. Todo es así: es como si fuera que la misma policía se burla de uno.
¿Cómo les cambió la vida?
Nos cambió la vida totalmente. Yo tenía 2 hijos, Nati era la mayor y mi hijo menor tiene 14 años. Nati era la alegría de la familia, el domingo era juntarse, ella jugaba a las cartas, le gustaba bailar, iba a danza. Ahora ya no es nada igual; tratamos de seguir adelante haciendo cosas, queremos que se haga justicia, nos movemos nosotros, estamos acá hoy acompañando a ellos también, mutuamente nos acompañamos. Pasamos por el mismo dolor todas las que estamos acá.
¿Qué tienen en común y que reclaman hoy en esta Plaza?
Hay mucho en común: siempre es la pareja de las chicas. No hay mucha diferencia: a mi hija le pegaron un tiro, a la otra la violaron, a la otra la enterraron, pero siempre es un novio. Eso es lo que más bronca te da, porque vos estas confiado que tu hija tiene alguien que la quiere y después mira cómo termina todo. Lo peor que hay es la impunidad, que no haya justicia. Eso estamos pidiendo.
Organizarse y remar
Mariana lleva en su remera blanca la foto de Kevin, su hijo, asesinado en circunstancias no esclarecidas por cuatro balazos cuando se encontraba trabajando de remisero. Junto a siete otras madres, tres de ellas familiares de mujeres asesinadas (entre ellas, la mamá de Natalia Sabán), crearon la asociación Resurgir después de vos, desde donde motorizan un programa radial con el mismo nombre. Desde esa asociación también presentaron al Consejo Deliberante de 3 de febrero una iniciativa para que los reconozca como especialistas para asistir a familiares de víctimas de femicidios y asesinatos. Todas son del conurbano bonaerense.
¿Cómo se conocieron?
En los tribunales. Hacía muy poquito que había pasado lo de mi hijo. Malvina se acercó, después nos encontramos en un canal de cable, y fue surgiendo la idea de organizarnos. Hicimos el programa de radio, y acá estamos.
¿Qué tienen en común?
Todas atravesamos el mismo dolor. Son diferentes causas pero el dolor es el mismo.
¿Qué es lo que más duele?
La pérdida de un hijo, de una hija, la falta de justicia. Estamos muy enojadas, no nos apoyan en nada. Tenés que estar re mando contra la corriente continuamente y no puede ser así. Una tendría que estar más tranquila pensando que los q le hicieron esto a nuestros hijos van a recibir el castigo que corresponde.

Cae la tarde en Villa Ballester, mientras se despide el caluroso sol del domingo y las sirenas de la policía municipal quedan iluminando la Plaza Sarmiento. Las banderas, colgadas en las rejas de la canchita, recuerdan a las mujeres cuyos crímenes, sus coincidencias, lograron reunir a familias disímiles, de distintas partes del conurbano y la Capital, sorprendidas por el dolor y la injusticia, curtidas en esta organización que busca forjar su propia reparación histórica, su propia Verdad y Justicia, y su Nunca Más.
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Cecilia Basaldúa: su cuerpo, en una fosa común

Por Bernardina Rosini para lavaca.org
Desde Córdoba
Bajo la lluvia, debajo de un árbol, rodeados de las personas que los acompañan desde el femicidio de Cecilia Basaldúa, hace 6 años, sus padres hicieron una conferencia de prensa que no tendría que haber sido necesaria. Susana Reyes y Daniel Basaldúa debieran estar viviendo esta jornada de otro modo. Debieran poder decirle a su hija que la extrañan pero que lograron hacer justicia, que descanse en paz. En cambio, están parados en el cementerio de San Vicente de Córdoba Capital, en una ciudad que no es la de ellos, sin saber con certeza si el cuerpo que está allí es el de Cecilia.
Este sábado se cumplen seis años desde que apareciera el cuerpo de Cecilia Basaldúa en un codo de río de Capilla del Monte. Tenía signos de abuso sexual y estrangulamiento. Llevaba veinte días desaparecida. Era la peor noticia que podían recibir sus padres. Hoy reciben otra: Cecilia está enterrada en una fosa común, junto a desconocidos (según el reporte que les entregaron se tratan de “Silvia Becerra” y “Eduardo Arce”) en este cementerio. Nadie les avisó. No fueron notificados. No estuvieron presentes. No dieron su autorización.

«A nosotros nos mataron a nuestra hija y queremos justicia», dice Daniel. «Debe haber responsables, debe haber firmas, nombres de quienes han autorizado esto. Se tiene que encargar la misma justicia de dar con el o los asesinos pero también de los responsables de estos traslados del cuerpo. Ya sé cuál es su argumento: que nosotros sabíamos, y lo digo de nuevo acá: nosotros no sabíamos nada».
Susana apunta a los próximos pasos: «Queremos un ADN. Nosotros no tenemos la certeza de que allí está enterrada Cecilia. Es una incógnita».
Un cuerpo desaparecido
La abogada querellante Gisela Videla explicó lo que esa incógnita significa en términos jurídicos y humanos: «Desde una perspectiva de derechos humanos, el cuerpo de Cecilia, hasta que no se sepa efectivamente dónde está, es un cuerpo que está desaparecido. Si hoy nos dicen que en la morgue ya no está y estaría supuestamente acá, pero con una cadena de custodia rota, no sabemos efectivamente: el cuerpo de Cecilia está desaparecido hasta que se haga este ADN». Y agregó: «Desde el punto de vista humano, es una crueldad manifiesta y sistemática que se viene dando para con estos padres. Sigue siendo un ninguneo y un manoseo de una situación tan dolorosa como es la de perder a una hija y a seis años que no haya ni una persona imputada en relación al hecho en sí».
Para entender cómo se llegó hasta acá hay que volver a noviembre de 2021. Antes de que comenzara el juicio que finalizaría absolviendo a Lucas Bustos, la querella presentó por escrito su oposición explícita a que el cuerpo fuera retirado de la morgue judicial. La familia quería avanzar con pericias más exhaustivas. El escrito quedó en el expediente. El cuerpo fue enterrado igual.
La familia no supo nada de esto hasta octubre de 2024, en una reunión con la actual fiscal de la causa, Sabrina Ardiles –la cuarta en hacerse cargo de una investigación que pasó también por Paula Kelm, el fiscal de Cámara Sergio Cuello, Barrera y Nelson Lingua–. Ardiles les mostró un papel, un comunicado. El cuerpo de Cecilia no estaba en la morgue judicial como ellos suponían desde hacía cinco años.
Cuando la fiscal habló públicamente sostuvo que la familia había sido notificada. La abogada querellante Daniela Pavón lo desmintió: el oficio estaba en la causa desde noviembre de 2021, pero la querella no tuvo acceso al expediente de Bustos desde su elevación a juicio. No existieron las varias notificaciones que mencionó Ardiles. El cuerpo de Cecilia Basaldúa fue inhumado sin autorización, sin consentimiento, y en condiciones que los propios trabajadores del cementerio calificaron hoy como «extrañas».

¿Quién mató a Cecilia?
Cecilia no murió una sola vez. La mató uno o varios femicidas que todavía caminan libres. La mató una fiscal que apuró el cierre de la investigación, mantuvo en prisión dos años a un joven inocente y puso la firma para que se desarrollara lo que terminó siendo un simulacro de proceso judicial. La mató un sistema que apostó durante años a fiscales que demoraron, desgastaron y clausuraron posibilidades reales de avance en la causa. La mató la burocracia que perdió el oficio, o lo ocultó, o simplemente decidió que no importaba notificar a sus padres que el cuerpo de Cecilia sería retirado de la morgue y enterrado. Cada institución que intervino en esta causa dejó su marca sobre ella. Una cadena de violencias. Una cadena de femicidas.
Además de los cuatros fiscales, el cuadro de estos seis años es éste:
- Cuatro policías presos por violencia de género, entre ellos quienes dirigieron la búsqueda y la investigación original.
- Un imputado absuelto porque las pruebas no existían.
- Un sospechoso principal -Mario Mainardi, la última persona que alojó a Cecilia en Capilla del Monte- que vendió sus pertenencias, borró mensajes, pintó la casa donde ella se hospedaba (donde se registraron once muestras positivas de luminol) y se mudó a Rosario: libre, sin imputación, sin investigación que lo alcance.
- Y un cuerpo enterrado sin autorización, en una ciudad que no es la de su familia, en una fosa que no eligieron.
La Ley de Víctimas 27.372 existe para que nada de esto ocurra: garantiza el derecho a ser asesorado, a acceder a la justicia, a recibir protección y a ser escuchado durante todo el proceso penal. El Estado cordobés la violó en cada uno de esos puntos tal vez porque se entrena para lo contrario.
Al cerrar la jornada en el cementerio, Daniel y Susana repitieron el profundo agradecimiento a quienes siempre los acompañan, “la familia Basaldúa ahora es grande, y yo sé que Cecilia nos está dando fuerza, está por ahí dándonos fuerza”. Gran número de las mujeres presentes vinieron desde Capilla del Monte, traen su rostro y gritan “Cecilia Gisela Basaldúa, ¡Presente! ¡Ahora y Siempre!”
Este sábado la actividad continuaba en Capilla del Monte donde la Mesa de Trabajo «Justicia por Cecilia» convocó una movilización “por Memoria, por Verdad y Justicia, y para que los culpables de su femicidio sean condenados”.
La semana que viene, sus abogadas harán una presentación judicial para determinar responsabilidades en torno a las órdenes que se dieron para sepultar sus restos sin consultar a la familia.

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Adiós a Claudia Rodríguez: la Trans andina que propuso politizar el amor

Referente del movimiento trans latinoamericano, activista, poeta, escritora y tanto más, escribió sobre su infancia, la militancia trans, la vida sexual y se autoproclamó Miss Sida en 2007. Claudia Falleció este 29 de Noviembre. Su pelea incluyó al pueblo mapuche, la educación pública, los sin techo, y planteó siempre una filosa crítica al neoliberalismo, que quita posibilidades de vida y las transforma solo en posibilidad de consumo. En uno de sus viajes a la Argentina compartió con la revista MU sus ideas sobre el orgasmo, el feminismo sin resentimiento, la creación, y por qué hay que politizar el amor. Un modo de homenajearla, de recordarla, y a la vez de volver a estar en contacto con un pensamiento y una acción que dejan una sensible huella cultural, artística y política.
Por María del Carmen Varela
Foto: Lina Etchesuri
#NiUnaMás
Un mes sin Brenda, Lara y Morena: lo que se sabe de la trama narcofemicida

Este lunes se está cumpliendo un mes del triple narcofemicidio. La causa que investiga el asesinato de Brenda (20), Morena (20) y Lara (15) tiene nueve personas detenidas y tres prófugas. Una de ellas es Alex Ydone Castillo, acusado de ser el dueño de los 30 kilos de cocaína que habrían sido robados, posible móvil de los brutales asesinatos.
Lo increíble: Castillo estaba preso pero fue excarcelado “por razones humanitarias” durante la pandemia del coronavirus, según lo reveló el periodista de Infobae Federico Fahsbender. En su artículo se detalla que Ydone Castillo había sido detenido en Argentina por una circular roja de Interpol –emitida desde Perú, su país de origen– por “un movimiento de 51 kilos de cocaína”. Fue la Sala II de Casación la que lo excarceló. Desde que quedó en libertad, el gobierno peruano tampoco envió en los plazos pertinentes el pedido formal de extradición. Y siguió libre.
Los otros dos prófugos de la causa del triple narcofemicidio son David González Huamani (“El loco David” o “El Tarta”, por tartamudo) y Manuel Valverde, tío de Tony Janzen Valverde, alias “Pequeño J”, que está detenido en Perú a la espera de un juicio de extradición.
Los narcos robados
A Huamani, Celeste Magalí Guerrero (una de las detenidas que mayor información aportó) lo reconoció dentro de su casa del barrio Villa Vatteone. Fue una de las personas reconocida por tener guantes de látex. Huamani también aparece en la declaración de Víctor Sotacuro, detenido en Villazón, frontera con Bolivia, acusado de manejar el auto de apoyo a la Chevrolet Tracker blanca que levantó a las chicas en las calles de Ciudad Evita el 19 de septiembre. Sotacuro dijo que fue Huamani quien lo contrató para hacer los viajes de esa noche y que le pidió que le llevara ropa para cambiarse. Sotacuro declaró que lo fue a buscar a Varela y lo llevó hasta la 1-11-14, en el Bajo Flores, y dijo que Huamani estaba sucio de barro, al igual que otros dos hombres que se subieron a su auto. La mamá de Morena lo señaló como el que maneja la droga en Las Antenas, un barrio de Lomas del Mirador, y en la Palito, en San Justo, dos localidades de La Matanza.
Según una de las hipótesis de la investigación, los prófugos Castillo, Huamani y Valverde integran la organización cuya droga había sido robada. Sobre ellos pesan órdenes de captura internacional. Esa línea también busca a otros tres sospechosos, todavía no identificados, pero que en el expediente aparecen como “NN Paco”, “NN Nero”, y el “canoso de la Glock”, en referencia al arma que llevaba un hombre que Guerrero ubicó en su casa, bajándose de la camioneta con Pequeño J, en las calles Río Samborombón y Chañar.
Quiénes están en prisión
Hasta el momento las nueve personas detenidas son:
- Daniela Ibarra (19) y Maximiliano Parra (18), quienes encontraron limpiando con lavandina la casa de Varela.
- Celeste Magalí Guerrero (28) que alquilaba la casa. Su declaración aportó múltiples detalles que la justicia debe corroborar. Por un lado, explicó la estructura del clan, con jerarquías divididas en “Abuelos”, “Papás”, “Tíos”, “Pequeños” y “Mulos”, según el orden de importancia en la organización. Según su declaración, Pequeño J, que era presentado como el líder de una banda narco transnacional, en realidad tenía un rol menor, aunque lo ubicó en la escena del crimen. También declaró cómo esa noche fueron a comprar artículos de limpieza y bidones de nafta.
- Miguel Villanueva Silva (25), pareja de Guerrero. A ambos los detuvieron en un hotel alojamiento. Ella declaró que, al llegar a la casa de madrugada, lo vio con la mano ensangrentada y, según dijo, le confesó que había matado a una de las chicas al intentar escaparse. Un kiosquero del barrio de Florencio Varela dijo que Silva había ido a comprar con otro chico y que le dejó una mancha de sangre en la reja del comercio, que su mujer terminó limpiando.
- Ariel Giménez (29), uno de los acusados de cavar la fosa en la casa.
- Víctor Lázaro Sotacuro (41). Al principio se creía que solo era remisero pero, según Guerrero, tiene un lugar importante en la estructura. El hombre declaró que nunca estuvo en la escena, que no era el dueño de la droga robada, que tampoco era el jefe de la banda y que su apodo no era “El Duro”, como había dicho Guerrero. De todas formas, según La Nación, Sotacuro pagaba las cocheras en las que se estacionaban los cuatro vehículos de la banda: la Chevrolet Tracker blanca (que fue incendiada), el Volkswagen Fox blanco que manejó, un Renault 19 gris y un Chevrolet Cruze negro. Sus abogados pidieron un careo con Guerrero por supuestas “contradicciones”.
- Florencia Ibáñez (30), sobrina de Sotacuro, acompañante en el Volkswagen Fox, fue detenida luego de salir de los estudios de A24, donde defendió a su tío y dijo que habían pasado por el recorrido de la Tracker de casualidad. El fiscal Arribas dijo que Ibáñez reconoció que el móvil de los femicidios había sido un robo de un cargamento de droga que pertenecía a su pareja, el prófugo Alex Ydone Castillo.
- Tony Janzen Valverde, alias “Pequeño J”, 20 años. Guerrero lo ubicó en su casa con Sotacuro y el “canoso de la Glock”. También dijo que Pequeño J había llamado a Villanueva para pedirle la casa para una fiesta. Está detenido en el penal de Cañete, en Perú, a la espera de la extradición. La declaración de Guerrero lo rebajó en la estructura: hoy está acusado de organizar dealers. Según la investigación, el abuelo y el papá de Valverde también se dedicaban al negocio narco. Su padre fue asesinado. Una cámara de seguridad ubicó a “Pequeño J” el 6 de septiembre a la salida de un pool de Flores con Lara y otra joven.
- Matías Ozorio (28), ladero de Pequeño J. Su historia es increíble y grafica una época: el periodista Carlos Burgueño contó que el joven tenía un trabajo en relación de dependencia en el Hospital Italiano –obra social, aportes, vacaciones, aguinaldo–, lugar del que se hizo echar, según sus familiares, para cobrar una indemnización que invirtió en el mundo cripto. Entre sus apuestas estuvo $Libra, bendecida por el presidente Javier Milei, cuyo desplome hizo a Ozorio perder todo y pedir un préstamo a un transa. Ya no se despegó de lo narco. Según Guerrero, fue una de las tres personas que cavó los pozos en la casa de Varela. Como Pequeño J, fue detenido en Perú. Guerrero también declaró que Ozorio le traía cocaína en 100 o 120 envoltorios que ella vendía a un valor de $10.000 cada uno.
Vínculo de confianza
Según publicó La Nación, el fiscal Carlos Arribas describió: “Tras producirse la referida sustracción cuyos autores fueran presumiblemente allegados o conocidos las víctimas, fue que mediante maniobras de engaño, y ardides y aprovechándose de su especial condición de vulnerabilidad, integrantes de la organización mencionada precedentemente, en su mayoría de sexo masculino, lograron establecer un vínculo de confianza con las tres jóvenes, por lo que el 19 de septiembre de 2025, a las 21.29, consiguieron las jóvenes abordaran una Chevrolet Tracker blanca con dominio que había sido robado, en la que viajaban al menos tres personas. El vehículo contaba con el apoyo de un Volkswagen Fox blanco en el que circulaban al menos otras dos personas de la organización y de Chevrolet Cruze negro”.
Según las publicaciones, todavía no está claro quiénes integran el grupo que habría robado el cargamento de cocaína. Pero la descripción de la estructura hace presumir que la causa está próxima a pasar a la órbita de la Justicia Federal.
Ya pasó un mes.
Las familias de Brenda, Lara y Morena siguen exigiendo justicia.

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