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La tercera desaparición de Julio López

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Primero fue la dictadura. Este año, el 18 de septiembre, Jorge Julio López volvió a desaparecer. Y ahora el propio caso empieza a esfumarse, secuestrado de las noticias y la «agenda» política. Mientras siguen las amenazas e intimidaciones, se oye claramente el silencio oficial y el de las empresas mediáticas. Hubo un comando que se adjudicó la ejecución, hubo violación del domicilio (custodiado) de Nilda Eloy, quien además recibió misteriosas llamadas desde el Ejército. En tiempos en que nadie puede decir «no sabía», algunas ideas sobre los modos de pensar y actuar en estas situaciones.

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«Desde hace bastante parece que hubiera una orden de hacer desaparecer la noticia de la desaparición» dice Nilda Eloy a lavaca, sin intenciones de plantear un trabalenguas, sino de describir la actualidad. Eloy es una de las querellantes en el juicio que culminó con la condena por genocidio contra Miguel Etchecolatz. El otro querellante, Jorge Julio López, está desaparecido desde el 18 de septiembre último. El testimonio de López (como el de Eloy, como el de tantos otros) resultó una descripción detallada, y una prueba, sobre los centros policiales-clandestinos de represión, sobre los tormentos, homicidios y aberraciones cometidos allí. El día de la lectura del alegato contra Etchecolatz, López no llegó a la sala de audiencias.
-¿Hubo novedades en el caso, Nilda?
-No, en la investigación no. Pero sigue la campaña de intimidación, eso no se frenó. Hubo amenazas a integrantes de organismos, y también a gente que participó en marchas reclamando por López, o ha colaborado de alguna forma. En La Plata hubo universitarios amenazados, hubo también estudiantes secundarios. Y está la visita que hicieron a mi casa.
>>>Llamada desde el Ejército
Nilda dice que parece «tragicómico». Hace pocos días volvió con su hija a su casa, ubicada en La Plata, y percibió que había habido visitas. «Pese a la custodia de la Policía Federal, entraron a mi casa. No robaron, no sacaron papeles, sino que se comieron la cena. Yo había guardado empanadas y se comieron todas menos una que dejaron por la mitad, cortada con un cuchillo. Cuando fui a preguntarle a los custodios de la Policía Federal qué había pasado, me contestaron: ‘sin novedad, señora’. Los que entraron no rompieron la cerradura, ni nada. Ese es el tipo de mensajes que te dejan hoy en día: la sensación de que te pueden hacer lo que quieran, en cualquier momento».
En muchos otros casos la técnica es esta: suena el teléfono, nadie contesta del otro lado, y cortan. O preguntan por la persona (como para constatar que saben a quién están llamando) y luego cortan.
La propia Nilda, el 16 de septiembre, recibió llamadas en la que se escuchaban gritos como de una sesión de torturas.
Adriana Calvo, de la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos, relata algo asombroso. El juez Arnaldo Corazza (que también está amenazado) ordenó investigar todas las llamadas al teléfono de Nilda Eloy, y la sorpresa fue que aparecieron cinco intentos de comunicarse desde el Edificio Libertador, sede de la jefatura del Ejército. El Ejército contestó al juez que como las llamadas se habían realizado desde un interno, no tenían modo de saber cuál era. El juez insistió y el Ejército, en una tarea de «inteligencia» (si cabe el término), logró detectar esforzadamente el interno desde el cual habían llamado.
Calvo: «Era de una oficina donde había una señora a cargo que dijo que no había llamado a nadie. Pero contó que tiene un amigo periodista y que tal vez él quería llamar a Nilda Eloy para hacerle alguna consulta. Por supuesto, jamás se supo quién era ese periodista, ni se supo nada más de tales llamadas».
La conclusión de Adriana es obvia: «A veces queda la sensación de que este país no tiene remedio. Yo no sé si hay una locura generalizada, burocracia, o si es parte de una maniobra para meter miedo».
Además de Eloy y el juez Corazza, la coordinadora Justicia Ya! ha denunciado que también han sido amenazados Isabel Chicha Mariani (Presidenta de la Asociación Ahaní y fundadora de Abuelas de Plaza de Mayo), el camarista Leopoldo Schiffrini, dos fiscales que llevan causas de derechos humanos, tres jueces de tribunales orales, y Emilce Moller, sobreviviente de La Noche de los Lápices (recibió una carta firmada por tres ex comisarios de la bonaerense). Justicia Ya! denunció también que tras participar en diferentes actividades y marchas relacionadas con el caso López, fueron agredidos Ariel y María Montes en dependencias policiales, un familiar de la ex detenida desaparecida Cristina Saborido fue tajeado, y un militante del Partido Obrero (Pablo Giachello) fue golpeado con amenazas por su participación en ese tipo de encuentros.
>>>Etchecolatz y el anciano
Desde el 21 de septiembre la casa de Nilda Eloy es custodiada por la Policía Federal, con los resultados ya relatados, y personal de la Policía Bonaerense la custodian a donde vaya. «Eso es lo que no quieren otros testigos de los juicios pendientes por violaciones a los derechos humanos: que los custodie la bonaerense» cuenta ella, sobre un país donde demasiada gente aprende desde hace décadas a cuidarse de quienes deberían protegerla.
Otra noticia que casi no se difundió: un presunto grupo de «resistencia republicana» anunció por correo electrónico al Ministerio del Interior, a la agencia oficial Telam, y a las empresas Clarín y a Página 12, que López había sido ejecutado a las 15.15 del 19 de septiembre. Eloy: «Nos llamó la atención que eso no fuera difundido por esos medios. En cualquier otro secuestro, si alguien se lo adjudica, sea o no cierto, eso sale publicado. A esa hora, ese día, terminó el discurso de Etchecolatz, donde dijo que los jueces no lo condenaban a él, sino a ellos mismos». Etchecolatz pronunció además esta oración: «Yo sé que me van a condenar y no tendrán vergüenza de poder condenar a un anciano enfermo, sin dinero y sin poder».
Nilda ha empezado a sospechar que quizás Etchecolatz no estaba hablando de sí mismo, y no encuentra quien pueda desmentirla con demasiado énfasis.
-¿Mantienen contacto con los funcionarios?
-No. Salvo los de los primeros días, después nadie volvió a hablar con nosotros, ni a informarnos nada. Pusieron teléfonos, hay muchos llamados, pero todo parece provocado por el señuelo de la recompensa. es como si hubiera una ceguera que hace ver el caso como una cosa aislada. Y no se lo puede ver así, lamentablemente, sino en el marco en el que sucede.
-¿Cuál es ese marco?
-Campañas de amenazas, mails, golpizas a familiares, secuestros durante algunas horas de gente que estuvo en las marchas. Además, tenemos un desaparecido, y un cuerpo NN que todavía no se sabe de quién es».
Puede recordarse que en las primeras horas tras la desaparición apareció un cadáver baleado y calcinado, vieja usanza de los grupos de tareas y de la Triple A. Se sospechó que podía ser de López, luego se desmintió, pero demasiada gente parece haber olvidado una sencilla pregunta: ¿quién era?
>>>El silencio y el perrito
-Nilda¿Por qué un caso como el de López puede caer en el silencio, otra vez, en un país con la historia que ha tenido la Argentina?
-A ver… tal vez la respuesta esté en la propia dictadura, que convirtió a la sociedad en un masivo indvidualismo, un «no te metás». Ya fuimos un país dominado por el miedo como herramienta de control social. Pero esto es inventarlo de nuevo.
Sobre el silencio que percibe en las empresas de medios, Nilda sostiene: «Me dan vergüenza ajena, qué querés que te diga. Que doblen tanto las rodillas, que sean tan genuflexos con los gobiernos de turno». El argumento del miedo, o el de la censura, no existe en estos tiempos: «No, a mi me parece más agachada, que otra cosa».
La búsqueda de López también tiene una característica que alarma a Eloy: «Pegan carteles que dicen: Buscamos a Julio. Pero es como si se hubiera perdido. Se perdió el perrito, pegás carteles y salís a tocar timbres. Esto no es así. Parece increíble tener que decirlo».
-¿Usted cómo está Nilda?
-(Un silencio, un suspiro) Con una sola seguridad: no hay que bajar los brazos.
Adriana Calvo percibe que en toda esta cuestión está pasando algo crucial: el tiempo.
«Y al pasar el tiempo, se va produciendo una decantación de la noticia. Ya no hay lugar para la duda». Esa duda es la que se instaló sobre la posibilidad de que López no fuera víctima más que de un desvarío o un shock emocional. El 6 de octubre, durante una marcha organizada por el gobierno, Estela Carlotto (presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo) dijo a quienes le ponían micrófonos adelante: «Creo que después de esto López se va a animar a salir», fomentando así la teoría del escondido por propia voluntad.
Adriana Calvo: «Hoy ya hay una certeza que uno no quiere poner en palabras. Todos querríamos pensar eso, que está vivo y bien. Pero esa certeza de que las cosas no son así hay que ponerla en lucha, en protesta, en acción. Eso genera miedo. Se hace difícil transformar ese miedo en bronca, movilización, reclamo».
-¿Qué impresión tiene sobre lo que hace el gobierno al respecto?
-Hay una mezcla de inoperancia y de ocultamiento, no sé en qué proporciones de cada cosa.
-¿Qué sería lo que se oculta?
-Si hay avances, si se investiga. ¿Por qué se oculta? Algunos enviados del gobierno bonaerense dijeron que si se investiga a fondo, se pone en juego la gobernabilidad de la fuerza. No se necesita demasiada perspicacia para entender. Para mí hay una intención de que todo siga como siempre, que no pase nada, que todo esto se olvide, que nadie se acuerde de Julio López. Pero no sé qué gobernabilidad es que te secuestren una persona y vos no puedas hacer nada.
Según Adriana el corte en la prensa, el momento en el que el caso comenzó a esfumarse de la llamada «agenda mediática» fue a partir de aquella marcha organizada por el gobierno y algunos organismos planeando la consigna «Buscamos a Julio». La marcha movilizó al piqueterismo oficialista, a los organismos y movimientos que adhieren al gobierno, también a otros organismos que no quisieron restar su participación, y fue masivamente cubierta por la prensa. En su punto culminante, se propinó a los asistentes la lectura de un poema de Pablo Neruda.
«Hay algunos medios que dicen que quieren publicar algo» cuenta Adriana. «Y me plantean: dame por favor algo nuevo para publicarlo. Necesitan una noticia, como si no fuera suficiente noticia que cada día sigue estando desaparecido Julio López».
Los medios saben de lo que se trata, supuestamente, teniendo en cuenta la cantidad de suplementos memoriosos que regaron durante marzo, a 30 años del golpe militar:
-Claro, se desgarran las vestiduras con el terrorismo de Estado, la censura, las barbaridades. ¿Y ahora qué? ¿Nos olvidamos todo? ¿Cómo puede ser que no haya nadie en el canal estatal que plantee poner un cartel diciendo ‘JulioLópez sigue desaparecido’? ¿O un recuadrito en la tapa los diarios?
Adriana no tiene en cuenta que los periódicos prefieren dedicar esos espacios a generalas, ofertas opcionales de música para geriátricos, investigaciones culinarias y otros despliegues de ese tipo. Dice:
-Para mí, hay una pretensión de normalizar la idea.
-Que sea una noticia que ya pasó.
-Que sea normal que esté desparecido. La noticia sería que aparezca vivo, o que aparezca el cadáver.
>>>No hay respuestas, pero tampoco preguntas
El razonamiento de Adriana Calvo despierta otra cuestión: no hay respuestas, pero tan grave como eso es que no haya preguntas. «Nadie le pregunta nada al presidente, al ministro del interior, al gobernador, al de seguridad. ¿Qué están haciendo, qué se está investigando? Nadie pregunta nada, como si el tema no existiera».
-Adriana, ¿cómo está usted?
-Bien (y sonríe como sorprendida por lo que acaba de decir). ¿Bien? es el mismo proceso que tenemos todos. Te acordás de Julio y pensás: ¿cómo puede ser? Nadie lo tiene asumido. Hay ofrecimientos de contención terapéutica para muchos familiares. No es que se hayan velto locos, ni rayados, ni que anden arrastrando un cepillo de dientes. Ni siquiera es que tengan miedo, sino que hay una angustia, una preocupación permanente.
-¿Qué le diría a una persona que está con ese ánimo?
-Que no se deje hundir. La única forma de salir de esto es reclamando, protestando, pateando, puteando, marchando en la calle. es la forma de que no quede en lo personal. Aún con miedo se pueden hacer cosas. Y el miedo empieza a achicarse. Y hacés más cosas. Salís, te movés.
-Escapar de la jaula privada.
-No hay que quedarse en esa jaula del miedo, la desazón y la soledad. si uno se queda paralizado no tiene ni siquiera con quién compartir lo que le pasa.

  • El domingo 12 habrá una jornada de difusión del tema en los parques de buenos Aires, con mesas, murgas y pines reclamando la aparición convida de Julio López.
  • HIJOS de La Plata está preparando un escrache, esta semana, al ex director de seguridad de la Policía bonaerense, Rodolfo González Conti, acusaso de al menos 103 casos de torturas y desapariciones ocurridos en la Comisaría 5º.
  • Los organismos pedirán, también esta semana, una ampliacion de indagatoria por genocidio a todos los procesados en la causa de la Comisaría 5º, como un modo de que la setencia contra Etchecolatz sea el puente para el juzgamiento de todos los que participaron de esos crímenes de lesa humanidad.
  • El 18 de noviembre se realizará una nueva marcha en Buenos Aires. Si no hay novedades previas, ese día se cumplirán dos meses de la desaparición de un hombre llamado Jorge Julio López, en un país donde se hace complicado descubrir si hay remedio para tantas enfermedades.

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Perú: racismo, criminalización y disciplinamiento como trasfondo de más de 60 muertes

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Lavaca habló con dirigentes sociales y campesinas, que analizan la represión desatada tras la crisis institucional que dejó al menos 60 muertos, miles de heridos y centenares de detenidos, con imágenes de tanques entrando a la universidad pública incluidas. El rol del Congreso, la figura de Dina Boluarte, la raíz histórica, racista y clasista de la derecha peruana. La ligazón con la agenda extractivista con la desestabilización actual que busca criminalizar y disciplinar a las voces de comunidades y organizaciones sociales que denuncian la situación como «dictadura cívico-militar».  

Dina Boluarte tiene más muertos en Perú por la violencia institucional, que días de gestión.

Según la Defensoría del Pueblo de Perú al momento son al menos 56 los muertos por la represión, miles de heridos, y centenares de detenidos. Organizaciones sociales reportan, por su parte, más de 60 muertes. Todo ocurrió en menos de cincuenta días: desde que la vice Dina Boluarte asumió el Ejecutivo el 7 de diciembre de 2022, cuando fue detenido el entonces presidente Pedro Castillo. 

Mientras tanto las calles siguen siendo un escenario de marchas y repudios contínuos: solamente el martes 24 de enero la Defensoría del Pueblo registró 85 cortes de rutas nacionales, además de movilizaciones y bloqueos en 39 vías provinciales. 

¿Cómo interpretar lo que está ocurriendo?

Melania Canales es dirigenta social de la región de Ayacucho; diez de los muertos pertenecen a esa localidad. Además, es ex presidenta de la Organización Nacional de Mujeres Indígenas Andinas y Amazónicas del Perú. Sintetiza así para lavaca los reclamos sociales de los cuales además fue protagonista: 

  • “Uno de los principales reclamos es que haya un referéndum para la Asamblea constituyente; existe hoy una Constitución de 1993, hecha por el dictador Fujimori, que ha privatizado todo en Perú: luz, agua, carreteras, pistas, empresas mineras. Esa es la Constitución que le da todo el poder al empresariado, es la peor Constitución de América Latina, el empresariado se lleva sus ganancias y no paga nada”.
  • ”Esta Constitución ha permitido que la salud y la educación sean un negocio. Prácticamente nos despoja de nuestros territorios colectivos de los pueblos y mujeres indígenas, y no nos permite la participación del pueblo organizado en espacios de poder de decisión. También nos criminaliza. Por eso exigimos referéndum y buscamos una nueva Constitución”.
  • “Pedimos también la renuncia de la traidora y asesina Dina Boluarte. Y la renuncia de la mesa directiva del Congreso”. 
  • “Y exigimos paz. Una paz con justicia. Eso exigimos en el Perú”. 

La Universidad atacada

A la cadena de violencia desde el gobierno se sumó la última semana la brutal represión en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM) que incluyó el ingreso de 400 policías junto a fuerzas especiales con tanques que derribaron las puertas, disparos y gases lacrimógenos, y donde más de 205 estudiantes fueron detenidos.

Natali Durand es docente de antropología en la Universidad. Dos estudiantes de su clase fueron detenidos, y ella describe: “Ha sido un atropello a la autonomía de la Universidad. Los estudiantes habían abierto las puertas para alojar a las personas que estaban llegando de distintas regiones para marchar”. 

Desde todo el país llegaban delegaciones a lo que se denominó la Nueva Marcha de los Cuatro Suyos, y la Universidad funcionaba como alojamiento y espacio de encuentro y logística. Pero cuando entró la policía, explica Natali “quedaban pocos manifestantes, eran más los alumnos que se encontraban dentro de la Universidad, algunos en la toma, otros en la residencia universitaria, eso es muy preocupante porque entraron a la residencia universitaria”. Desde entonces parte de los docentes y estudiantes piden la destitución de la actual rectora Jeri Ramón. 

El Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) condenó la represión y expresó que “la entrada de la policía a la sede universitaria es una violación flagrante de la autonomía”. Además rechazó la “decisión del gobierno de recurrir a la violencia para enfrentar la crisis en el país”. Y remató: “La actitud del gobierno del Perú se coloca al margen del respeto a los Derechos Humanos”.

La traición de Dina

¿Dónde se encuentra la semilla del actual conflicto?

Responde Natalí Durand: “Para entender la semilla de esto podríamos irnos hasta 200 años atrás, pero creo que ahorita lo más grave ha sido la descomposición política que tuvimos desde 2016 cuando el partido de la señora Keiko Fujimori (hija del ex dictador) ganó la mayoría absoluta en el Congreso. Desde 2016 lo que se generó fue un desbalance de poder a favor del Ejecutivo”.

Sin embargo (o tal vez por eso mismo) el profesor y político Pedro Castillo, con el partido Perú Libre, ganó las elecciones en segunda vuelta a la misma Fujimori, y gobernó desde el 28 de julio de 2021 hasta la declaración de su “permanente incapacidad moral” por parte del Congerso, el 7 de diciembre de 2022. Castillo fue docente de escuela primaria, presidente del Comité de Lucha del Sindicato Único de Trabajadores de la Educación del Perú (SUTEP) y encabezó la huelga docente de 2017.

El 7 de diciembre de 2022 Castillo fue detenido y destituido luego de 16 meses de gobierno. Horas antes había anunciado el cierre temporal del Congreso, pero ante esto sus propios ministros comenzaron a renunciar y a calificar la situación como un autogolpe. Con las fuerzas armadas y la policía en contra, el Congreso trató, una vez más, la moción de vacancia contra el entonces presidente bajo la acusación de “incapacidad moral”. Castillo fue detenido y destituido; juró entonces quien era su vicepresidenta, Dina Boluarte quien, entre otras cosas, tenía en el propio Congreso denuncias por presunta infracción constitucional que fueron rápidamente archivadas. 

Dice Natalí Durand: “Si bien es legítima sucesora, se había dicho que iba a renunciar y pedir elecciones. A su asunción la gente la asume como una traición. A su vez, en la derecha no la ven como parte: en el momento en que no le sirva más la van a soltar. Ahora ella les sirve porque el presidente del Congreso no puede ejercer funciones de presidente, tiene que llamar a elecciones en un periodo de 3 a 9 meses como máximo. Ella no quiere renunciar porque sabe que, si renuncia, la van a dejar sola y le espera un proceso judicial fuertísimo”. 

La actual presidenta no tiene bancada propia en el Congreso ni un partido que la apoye.

La pregunta entonces es quién tiene el poder hoy en Perú.

La voz desde las calles

Melania Canale, dirigenta social de la región de Ayacucho, remarca que la situación actual puso luz sobre el “racismo y el clasismo en nuestro país”. Sigue: “Perú ha sido el centro del colonialismo: cuando se creó la república peruana hace 200 años se hizo con los descendientes de los españoles, los ‘mistis’ y los criollos, y los pueblos indígenas y afro estuvimos ausentes. Entonces lo que vino fue una dominación de una clase media alta privilegiada. Hay una desigualdad grande, que se ha agudizado, los derechos se convirtieron en negocios, como la educación, la salud, y la participación política”. 

Melania define a Pedro Castillo como el primer “marrón” (por el color de su piel) que llegó a la presidencia. Y define: “Hemos sentido que al marrón no lo aguantaban”. A la actual presidenta la llama “la usurpadora”. Dice: “En estos momentos, aunque ella ganó junto a Castillo, representa a la derecha. El Congreso ha sido un obstáculo que a Pedro Castillo no lo dejó gobernar, siempre estaba ahí promoviendo su vacancia. Dina tenía una denuncia, pero la archivaron en el Congreso. Realmente esto se veía venir. Acá, la derecha política del Perú es una derecha arrastrada, que siempre se entrega por completo a la oligarquía” 

¿Tiene relación el problema con las agendas extractivistas? 

Está muy ligado. Hace poco una funcionaria de Estados Unidos ha dicho que en Sudamérica están el agua dulce, los minerales, el litio. Aquí están paralizadas varias mineras por los reclamos de las comunidades. Hay también contaminación de los ríos, de la tierra, mucha gente con metales pesados en la sangre, y además estos empresarios no dejan nada…

¿A qué atribuís la actual represión? 

Es una caza de brujas. En Ayacucho hay 8 detenidos dirigentes y dirigentas de organizaciones, los han llevado hasta Lima, acusados de terroristas. No somos asesinos, no somos terroristas. Están buscando descabezar a las organizaciones, meter miedo, criminalizar y perseguirnos, inventando fantasmas. No hay libertad en este país: por eso decimos que estamos viviendo una dictadura cívico militar. 

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Las cosas que hay que hacer para trabajar – Capítulo 1

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La nueva serie documental de lavaca: El mundo de la autogestión en Argentina a través de ocho capítulos sobre experiencias recientes de diferentes cooperativas que lograron recuperar empresas vaciadas o quebradas por las patronales. Dirigida por Patricio Escobar, autor de La crisis causó 2 nuevas muertes.

Dos mil personas que integran empresas recuperadas de toda la Argentina se reúnen en un acto histórico en la Aceitera La Matanza. ¿Qué buscan? Impulsar el proyecto de Ley de Recuperación de Unidades Productivas que facilite que cooperativas de trabajo pongan en marcha empresas quebradas o vaciadas por las patronales. El movimiento lleva 20 años sin ley, pero ha recuperado no sólo trabajo sino también dignidad y vida, con 400 fábricas en el país que dan trabajo en total a más de 14 mil obreras y obreros. Su lema: Ocupar, resistir y producir.

Las cosas que hay que hacer para trabajar Dirección: Patricio Escobar.
Producción integral de Cooperativa de Trabajo Lavaca: Claudia Acuña, Sergio Ciancaglini, Anabella Arrascaeta, Lina Etchesuri, Sebastian Smok, María del Carmen Varela, Franco Ciancagini, Lucas Pedulla.
Fotografía: Lina Etchesuri y Sebastian Smok. Cámara: Patricio Escobar, Guillermo Guevara, Sebastian Smok.
Música: Guido Donato y Tomás Lobov.
Edición: Damián Finvarb.

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Cuatro años de in-justicia por el femicidio de Carla Soggiu       

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En la Plaza de la Memoria de Pompeya, junto a vecinos, vecinas, otras familias víctimas de femicidios y organismos de derechos humanos del barrio, se recordó este domingo a Carla Soggiu frente al mural que hizo el barrio, a cuatro años del femicidio. Estuvo presente Alfredo Soggiu (foto) el padre de Carla. Sin culpables por el crimen, y sin siquiera un fiscal que lleve adelante la causa, la familia se transformó en querellante e impulsa que se investigue la responsabilidad de Diego Santilli, por entonces Ministro de Seguridad porteño, por la falla en el sistema del botón antipánico que debía protegerla. El ex marido de Carla fue acusado por violación, pero el crimen sigue impune. La idea sobre quién cuida a lxs vecinxs.  

El acto en la Plaza de la Memoria de Pompeya (fotos: Ailín Soria)

“A pesar de que pasaron cuatro años cada día siento más injusta su partida, que le hayan quitado la vida. Tanto su pareja, como el gobierno de la Ciudad, como la justicia, todos la mataron un poco a mi hija”. 

Alfredo, papá de Carla Soggiu, está parado en la Plaza de la Memoria del barrio porteño de Pompeya, a cuadras de donde su hija murió. Desde ahí habla. Frente a él vecinos y vecinas que escuchan; a su lado, familiares de otras víctimas de femicidios; y en su espalda, el mural desde donde su hija mira al barrio junto a letras negras que dicen: verdad y justicia. 

Ni botón ni GPS

El 15 de enero de 2019, cuatro años atrás, Carla Soggiu pidió ayuda 5 veces apretando el botón antipánico que tenía después de haber denunciado a su pareja. Pese a que el sistema contaba con ubicación GPS, la empresa no pudo ubicarla. Carla estuvo desaparecida hasta que un barrendero encontró su cuerpo en el riachuelo. Según la autopsia, murió por “asfixia mecánica por sumersión”. 

Ella tenía un botón antipánico porque días antes, el 26 de diciembre de 2018, su ex pareja, Sergio Nicolás Fuentes, la secuestró, violó y golpeó brutalmente, con su hija menor como testigo. Carla tenía hidrocefalia, los golpes destrozaron la válvula. Cuando logró huir lo denunció ante la la Oficina de Violencia Doméstica, y le dieron el botón antipánico que días después no la protegió.  

Con el Poder Judicial en contra

Sergio Nicolás Fuentes fue condenado por la violación a seis años de prisión, pero la causa por el femicidio fue archivada, cuando la familia se enteró ya había pasado un año.

Pidieron entonces que la justicia porteña investigue por qué no funcionó el botón antipánico: el fiscal de primera instancia archivó el pedido.

Apelaron, el fiscal de Cámara también lo archivó.

Fue cuando alegaron que la Ley de Víctimas autoriza que se abra la investigación sin asistencia de un fiscal, y así lograron que se los acepte como querellantes.

En ese punto están ahora, sin fiscal el impulso de la causa depende de la familia. El objetivo es que se investigue la responsabilidad de Diego Santilli, por entonces Ministro de Seguridad porteño, por la falla en el sistema del botón antipánico que debía proteger a Carla.  

Dice Alfredo, papá de Carla: “Después de tanto tiempo de lucha, con el acompañamiento de un montón de gente incondicional, recién logramos meter una causa contra uno de los asesinos de mi hija. Más que nunca necesitamos el acompañamiento de todos, que nos ayuden a caminar. Por mis nietos, por mi señora, también por mí. Lo necesito, que me acompañen”. 

A su lado están Susana y Daniel, padres de Cecilia Basaldúa, víctima también de un femicidio y de un Poder Judicial que intenta garantizar impunidad en lugar de justicia. Susana explica: “Las familias sentimos mucha impotencia, esto no tiene que pasar más. Tenemos que luchar y acompañarnos porque es lo que nos hace fuertes”. Susana se detiene para nombrar a Roxana, mamá de Carla Soggiu que no está presente, se quedó cuidando a sus dos nietos, hijes de Carla, que hoy tienen 6 y 8 años. Sigue: “Nuestras hijas no pueden volver a la vida pero queremos que descansen en paz, y lo van a hacer cuando haya justicia”. 

Daniel (en el centro), y Susana, rodean a Alfredo, el padre de Carla Soggiu. (Fotos: Ailín Soria).

Vecinos cuidándose

Vecinos y vecinas del barrio forman un semicírculo para escuchar. Entre ellos están presentes los integrantes del Instituto de la Memoria de Pompeya, responsables de cuidar y crear la Plaza de la Memoria donde ocurre este ritual de abrazo hacia la familia. Además del de Carla hay murales dedicados a Ezequiel Demonty (el joven asesinado por la Policía en el Riachuelo), por la Noche de los Lápices, por Hebe de Bonafini, entre otros.

“La lucha se sostiene con amor, con alegría y con memoria”, dice Alberto, integrante del espacio, y cuenta que fue en 2006 cuando se propusieron visibilizar a les desaparecides del barrio, crearon la plaza, y empezaron a marchar juntos.

Pronto se dieron cuenta de cómo aparece la violencia institucional y estatal hoy, dice: “A veces reflota en estas formas: femicidios, travesticidios, desaparición de jóvenes en situación de calle. Los únicos que nos cuidamos somos los vecinos a los vecinos”. 

Luego, la foto de Carla se levanta alto y se grita presente, con su sonrisa y su mirada desde la pared.

Fotos: Ailín Soria.
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