Sigamos en contacto

Nota

La voz del Copahue

Publicada

el

El alerta rojo por la actividad eruptiva en el volcán Copahue de Neuquén, y la evacuación de 800 vecinos de la cercana Caviahue (del lado argentino) y más de 2.500 (del lado chileno), ponen a la luz a toda una comunidad  y pueblos originarios mapuche que rechazan  proyectos de  explotación geotérmica en la zona para alimentar de energía a las mineras. El lonko Pedro Huayquillán incluso viajó a Buenos Aires para entrevistarse con el ingeniero Alberto Levy, del Banco Interamericano de Desarrollo. Le explicó que la comunidad considera al volcán un ser vivo, y que no permitiría que se haga el proyecto. Los enviados de la revista Mu viajaron a Caviahue, subieron al Copahue y hablaron con vecinos de la localidad y con las comunidades mapuche.  Aquí el saldo de esa investigación, cuando el volcán recién se estaba despertando.

La voz del Copahue

La comunidad Huayquillán que se opone a los proyectos en el volcán. Foto: Lina Etchesuri

Alto en el cielo

La defensa del volcán Copahue en Neuquén
Las comunidades mapuches y las asambleas de vecinos de Copahue y Caviahue salieron a defender al volcán amenazado por un proyecto geotérmico que busca abastecer de energía a la minería a cielo abierto. Las erupciones, la reunión con el BID, un encuentro con los ancianos, y datos sobre cómo el progreso puede ser un fracaso.  
En la comunidad mapuche Huayquillán los ancianos se reunieron y me contaron que el volcán es un ser vivo, un espíritu. Poco después el abogado de la comunidad agregó: “Es una creencia cultural que hay que respetar, así como los mapuches respetan al pueblo cristiano que cree en ángeles, o que Jesús nació de una virgen que murió y se fue volando al cielo”.
He tenido la inquietante ventaja de haber sido formado y educado; o sea: vivo confundido. El aeromodelismo evangélico nunca me resultó lógico, el racionalismo moderno tampoco (aunque es otra creencia respetable). No tengo carnet indigenista, ecologista, ni ambientalista. Pero después de una marcha de 3 horas volcán arriba, con las piernas temblando por el esfuerzo, los pulmones aullando por aire, perfumado de azufre, transpirando en medio de un viento helado a 2.600 metros de altura, la piel roja por el sol y su reflejo de hielo, con la sangre y el corazón y el asombro alborotados, y la mente blanca como la nieve junto al cráter humeante del volcán Copahue, empecé a percibir a qué se referían los ancianos: creo que hablaban del futuro.

Un mapuche en el BID
Con la convicción de que agujerear una zona volcánica y periglacial, sin siquiera consultar a la comunidad local, es una iniciativa un tanto extravagante, Pedro Huayquillán, el lonko de la comunidad que lleva el apellido de su familia, escaló el 25 de octubre su propia cuesta hasta el piso 19 de la calle Esmeralda al 100 en un artefacto llamado ascensor. En ese paraje funciona la sede del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
Huayquillán había llegado a Buenos Aires desde Neuquén acompañado por dos miembros de la Asamblea de Vecinos Autoconvocados de Caviahue, Adrián Tata González y Paula Kubli, y por el abogado de la comunidad, el doctor Cristian Hendrickse. Habían hecho una colecta entre los vecinos para pagar los pasajes en avión, más baratos que el colectivo.
Dice el lonko Pedro: “El gobierno de Neuquén anunció la construcción de una planta geotérmica en la zona del Copahue. Sería una ofensa muy grande porque estarían castigando al volcán, que para nosotros es un pillán, un espíritu, un ser vivo. Si permitimos eso, vamos a ser responsables de no defenderlo. Queremos que el volcán sea libre. La comunidad decidió no permitir que se haga ese trabajo”.
El gobierno neuquino viene redoblando, desde marzo, el anuncio de que la obra en Copahue es irreversible, con una inversión de 134 millones de dólares de los cuales el 70% seria aportado por el BID. Por esos días el volcán, tranquilo desde hace 12 años, empezó a humear.
Los representantes de la canadiense Geothermal One y la australiana Earth Heat fueron, junto al secretario de Minería Jorge Mayoral, a entrevistarse con el ministro de Planificación, Julio De Vido, en junio de este año. Anunciaron que a fin del mismo mes comenzarían la construcción de la planta.
Se sacaron la foto, pero la obra no empezó.

La voz del Copahue

Lonko Pedro Huayquillán en el Banco Interamericano de Desarrollo. Foto: Lina Etchesuri


Respeto kelper
Hendrickse se ríe pensando que huyó del conurbano rumbo a la Patagonia en busca de una vida serena, que terminó contaminada por el avance megaminero a cielo abierto en toda la región. El proyecto geotérmico le despierta los siguientes argumentos:
“Viola el convenio 169 de la OIT que plantea la consulta libre, previa e informada de cualquier acción que pueda afectar a los pueblos indígenas”.
“Vulnera el inciso 17 del artículo 75 de la Constitución que exige asegurar la participación de los pueblos originarios en la gestión referida a sus recursos naturales y a los demás intereses que los afectan”.
“La Constitución en su Disposición Transitoria 1º referida a Malvinas plantea que el reclamo de soberanía se hace respetando el modo de vida de sus habitantes como objetivo irrenunciable. Somos todos iguales ante la ley: así como se debe respetar el modo de vida de los kelpers habría que respetar el de los mapuches, que además es un pueblo preexistente al propio Estado”.
“El proyecto está en un área natural protegida, y en zona periglacial donde por ley está prohibida la actividad”.
“Caviahue es un lugar turístico y no quiere una industria de generación de electricidad para alimentar mineras”.
Parece la gran pregunta: ¿qué clase de sistema impone un proyecto que una comunidad rechaza?
La voz del Copahue

Asambleístas de Caviahue. Foto: Lina M. Etchesuri


Glaciar o rolito
Los argumentos de Hendrickse son apenas el comienzo: “Habíamos presentado recursos de amparo que fueron aceptados por la jueza Ivonne San Martín y la Cámara de Apelaciones. Pero el Superior Tribunal de Justicia los desestimó. Uno de nuestros argumentos es que la zona es periglacial”.
Definición según la Ley N° 26.639 bautizada Régimen de Presupuestos Mínimos para la Preservación de los Glaciares y del Ambiente Periglacial:
“Se entiende por ambiente periglacial en la alta montaña, al área con suelos congelados que actúa como regulador del recurso hídrico. En la media y baja montaña al área que funciona como regulador de recursos hídricos con suelos saturados en hielo”.
Agrega el abogado: “El propio Copahue posee un glaciar que puede verse junto al cráter y que figura en todos los estudios sobre la zona. Pero basándose en un informe del ingeniero Darío Trombotto, el Tribunal neuquino dijo que lo que hay en el Copahue no es un glaciar sino formaciones de hielo. Mientras no afectaba ningún interés económico era un glaciar. Ahora es una bolsa de rolito”.
El señor Trombotto, debe decirse, rechaza las definiciones de la Ley y ha sido asesor de etnias mineras, como la canadiense Xstrata Cooper que, casualmente, según el anuncio de Geothermal y Earth Heat acordó la compra de electricidad generada en el Copahue, para su proyecto binacional Pachón, en San Juan. Pachón será tres veces más grande que Veladero, exportará cobre, plata, oro y molibdeno vía Chile, con pronóstico extractivo de 20 años. La cordillera perforada, sin agua y contaminada queda para las llamadas futuras generaciones. Según estudios recientes, Pachón amenaza a 205 glaciares.
Traducción: se utilizaría una energía supuestamente más limpia que la petrolera o la hídrica, para abastecer de electricidad a la megaminería a cielo abierto. Barrick Gold acaba de anunciar también proyectos geotérmicos en San Juan para sus minas. La razón acaso no es la mayor limpieza de la geotermia sino que es más barata: más rentabilidad para las corporaciones mineras.
Para la provincia el interés, según lo expresó Pedro Salvatori, presidente de la Agencia de Promoción y Desarrollo de Inversiones (ADI) es recuperar 60 millones de dólares, por los llamados bonos verdes, material opaco con que los países desarrollados siguen contaminando, pero premian a los proyectos de los subdesarrollados que no emiten anhídrido carbónico y otros gases a la atmósfera.
Sin embargo, la geotermia emite ácido sulfhídrico (segundo veneno del ranking letal, tras el cianuro), dióxido de azufre, amoníaco, metano, radón (siguen las firmas). Consume enorme cantidades de agua que en Caviahue sólo puede extraerse de las lagunas Las Mellizas, única fuente de agua potable. Y en distintos lugares (México, Nueva Zelanda, Suiza, Chile y dos emprendimientos en Estados Unidos) ha generado, según el caso, subsidencia (hundimiento de los suelos), sismos, agotamiento del recurso térmico, aniquilamiento de acuíferos y destrucción de fuentes termales. Así es la energía limpia en oferta.
La voz del Copahue

El padre José María Dorfeo y el abogado Cristian Hendrickse. Foto: Lina M. Etchesuri


La madre del borrego
El Lonko y el abogado piden café con leche. Hendrickse relata: “Como el Poder Judicial actúa arbitrariamente al no admitir el recurso de amparo, dijimos: plan B. Busquemos a la madre del borrego, al que pone la plata”.
¿Cómo fue la reunión con el ingeniero Levy del BID? Pedro Huayquillán: “Nos recibió muy bien. Yo expliqué nuestra cosmovisión. Como pueblo estamos convencidos de que la Naturaleza siempre va a ser superior a lo que el hombre invente. Y le dije que la comunidad ha hecho una reunión y un acta: ya dijimos que no. Y él nos contestó que no hay ningún avance, que estamos muy lejos del proyecto, y quedó disponible para escucharnos en cualquier momento”.
Hendrickse le recordó a Levy otro detalle: “El BID ha aprobado políticas para los pueblos indígenas que imponen establecer salvaguardas para la preservación de la integridad cultural de los pueblos. El que propone un proyecto tiene que manifestar qué factores pueden tener un impacto negativo ambiental y cultural. La empresa no lo ha hecho, y le ha ocultado al banco que existe una comunidad. La zona del Copahue no es el desierto, allí viven personas que deben ser tenidas en cuenta”.
Operaciones subversivas
El BID aprobó en 2006 su Política Operativa sobre Pueblos Indígenas “para asegurar que sus actividades y operaciones no perjudiquen o subviertan a los pueblos indígenas y sus derechos”. Como medida específica explica que se requerirá “evidencia de que el proponente del proyecto ha llegado a acuerdos satisfactorios y debidamente documentados con los pueblos afectados, o se ha tenido su consentimiento”.
El párroco de Loncopué, Caviahue y Copahue, José María D’Orfeo, reflexiona: “No es que el BID sea Teresa de Calcuta, pero uno puede exigirle que cumpla sus propias normas”.
La voz del Copahue

La asamblea mapuche. Foto: Lina M. Etchesuri


Santo sepulcro
ara no remitirse a postulados bancarios, ni siquiera de Calcuta, el abogado Hendrickse argumentó algo más ante Levy: “Le recordé que el BID forma parte de la OEA, cuya carta de derechos humanos es el Pacto de San José de Costa Rica”.
La interpretación en materia de territorio indígena ya fue hecha por la Corte Interamericana de Derechos Humanos en 2001 en el caso Mayagna Sumo Awas Tigni contra Nicaragua, le explicó Hendrickse. Dice la Corte en el punto 149 de ese fallo:
“La estrecha relación que los indígenas mantienen con la tierra debe de ser reconocida y comprendida como la base fundamental de sus culturas, su vida espiritual, su integridad y su supervivencia económica. Para las comunidades indígenas la relación con la tierra no es meramente una cuestión de posesión y producción sino un elemento material y espiritual del que deben gozar plenamente, inclusive para preservar su legado cultural y transmitirlo a las generaciones futuras”.
Sostiene Hendrickse: “Perforar el volcán es vulnerar la cultura y la espiritualidad mapuche. Equivale a que hagan un proyecto geotérmico en el Santo Sepulcro. La comunidad cristiana pondría el grito en el cielo, por más garantías que le den de que no contamina”.
Pedro Huayquillán termina el café con leche. Cuando todo está dicho, lo mejor es el silencio.
La voz del Copahue

La asamblea mapuche. Foto: Lina M. Etchesuri


Termas, nieve & asamblea
Caviahue está a 380 kilómetros de la capital neuquina; 18 kilómetros más allá aparece Copahue con sus termas. A mitad de camino, el volcán. En Caviahue viven 600 personas. En Copahue, en invierno, nadie: el pueblo queda absolutamente deshabitado y aislado por la nieve, como un decorado vacío, hasta que en diciembre comienza la temporada de termas. Las aguas de Copahue figuran entre las mejores del mundo por su variedad y sus propiedades para la salud: huesos, piel, articulaciones, circulación, vías respiratorias y el ánimo. “La tradición es que venía gente mayor, pero cada vez llega más gente joven con problemas de estrés”, dice Javier Álvarez, que organiza excursiones al volcán y apoya la movida contra el proyecto geotérmico.
Hay grandes piletones –o lagunas– en los que burbujean distintos tipos de agua: Verde, Sulfurosa, del Limón, Ferruginosa, del Mate, de Vichy. La laguna del Chancho es una de las más populares por sus múltiples efectos terapéuticos. Hay todo un dispositivo de atención médica y de hotelería, que involucra trabajo para unas 500 personas, mayoritariamente de Loncopué, distante a 65 kilómetros.
Caviahue es otro imán de descanso y excursiones en verano, pero con un fuerte agregado invernal como centro de sky. “No soy mapuche, pero aprendí a amar a la naturaleza. Y aprendí que no se le puede creer al gobierno provincial porque estamos cansados de ver cómo entregan recursos. Hasta la pista de sky la concesionaron 30 años a un andorrano. Imaginate los recursos energéticos”, reflexiona la vecina Paula Kubli.
“Nos influyó mucho la gente de Loncopué, que logró frenar a las mineras y arrasó en el referéndum prohibiendo la minería”, aporta Tata González, mesero del Café literario Machive que dirige otro asambleísta y empleado hotelero, Darío Chinito Benítez. El referéndum de Loncopué se concretó en junio de este año, con 80 % de asistencia a las urnas y 83 % de votos contra la minería: 2.125 a 388.
En la asamblea de Caviahue hay también trabajadores provinciales (Bárbara Maldonado, Patricia Mañas), artesanas como Verónica Mulloni, docentes ramificados al turismo como Santos Bossio, cabañeros, guías… todos llegaron a Caviahue buscando hacer su vida, todos captaron que ese derecho hay que saber ganárselo.
La erupción social ocurrió cuando los vecinos hicieron contacto con las comunidades mapuche, a través del abogado Hendrickse, del párroco de la región José María D’Orfeo y de la asambleísta, docente e integrante de la Pastoral Aborigen Viviana Vaca, entre otros vecinos de Loncopué.
El fracaso del progreso
En Caviahue han sabido escuchar promesas de progreso. El proyecto geotérmico anterior colapsó y quedan las ruinas de galpones a los que les crece el hielo adentro como si fuesen cubeteras gigantes.
Otro hallazgo fue el de calefaccionar con vapor del volcán las calles de Copahue, para que la ciudad puediese funcionar en invierno creando una especie de losa radiante bajo el asfalto. Todavía pueden verse los fósiles de esa obra. “Hicieron una inversión de 12 millones de dólares, pero todo tan mal, con materiales tan precarios, que no duró ni una temporada”. Nadie pensó en otro detalle: por más que transformen a Copahue en un sauna calefaccionado, queda aislado por la nieve en el tramo que va desde Caviahue, tema que hasta ahora las autoridades pertinentes no han resuelto (como si se tratase de la única ruta con nieve del cosmos). “Debían creer que la gente iba a venir en helicóptero”, dicen los vecinos.
Hubo también una usina hidroeléctrica que es otro fantasma que puede ser visitado. En Copahue además hay una pista de aterrizaje que prometía ser un aeropuerto, desde la presidencia de Raúl Alfonsín. Su único defecto es que no sirve para aterrizar ni decolar, porque está mal orientada. La inauguraron dos o tres veces, con idéntico entusiasmo por cortar cintas. Hoy el hormigón está cuarteado y la pista es como algunos proyectos políticos: una construcción en medio de la nada, que no va a ninguna parte.
Santos: “Ves todo esto y pensás: ¿con qué cara te dicen que van a hacer un proyecto geotérmico con todas las salvaguardas para que no haya ningún problema? ¿Quién va a controlarlo?”. La muerte de siete personas por el reciente derrumbe de un edificio en Neuquén acaso ilustra sobre las salvaguardas que pueden aplicarse a las multinacionales mineras.
Libros vivos
El Lonko Pedro invitó a MU a Colipilli, 90 kilómetros más allá de Loncopué, donde los Huayquillán hacen la invernada antes de trasladarse a la veranada en Caviahue con familias, ovejas, chivos, y sueños.
Al volante, el cura D’Orfeo que hace 26 años transita la zona desde que fuera ordenado por el obispo Jaime De Nevares. Responsable del mate, la asambleísta Viviana Vaca. Sorpresa: Pedro había reunido a los mayores mapuche, algunos ancianos y otros no tanto, para recibirnos. “Son nuestros libros vivos”, explicó el lonko elegido hace dos años.
Nos sentamos en ronda en una cabaña de madera con paredes que simulan ladrillos. Llego desde una cultura en la que cada reunión suele parecer un amasijo de palabras, gestos, intercambios, fórmulas, roscas, poses, pulseadas, sondeos, negociaciones, medios y fines. Aquí hay silencio. Descubro que tengo en la mano el grabador, el celular, el apuro en el alma, una libreta y tres biromes en el bolsillo, un pen drive, papelitos, direcciones, billetera, tarjetas, registros, dni, llaves, dos analgésicos, tres caramelos… El silencio me descoloca.
Pedro se pone una vincha. Él también viene de sus pulseadas en los parajes del BID, pero aquí existe otra noción del tiempo. Creo que empiezo a entender algo. Estar ahí es un hecho en sí mismo. El silencio –esta clase de silencio– es una creación que me permite mirar esos rostros ajenos a la estética y acaso a la ética urbana. Siento que poseen algo que espero no suene pomposo: dignidad, elegancia.
La reunión y las personas se toman su tiempo. Tal vez la sabiduría, o la libertad, consistan en una forma de relacionarse con el tiempo.
La voz del Copahue
Para adelante o para atrás
Pedro dice: “Ustedes son la gente más grande, con experiencia, saben lo que es el Pillán para nosotros”. El Pillán es el espíritu. Y es el volcán. “No queremos que lo sigan manoseando. Estuve en Buenos Aires para que sepan que la comunidad no acepta esas obras. El banco dijo que todavía no van a poner la plata. Así que aquí estoy”.
Luego nos presentamos los viajeros.
Un hombre habla: “Hay una gran equivocación. No es por ofender al huinca, pero quiere ser más que Tata Dios”.
José Luis Hauquillán tiene una campera polar encima de su delantal de maestro de la escuela de la comunidad: “Viene gente de afuera, se mete, y arranca. Agarran lo que quieren. Como si fuera de ellos. Como si los mapuche no existiéramos. Y la tierra habla. Cada día está peor. Le pasa al volcán. La atmósfera no respira. En vez de ir para adelante, todo va para atrás”. Según esta visión, el progreso puede ser retroceso. “Somos humildes, tranquilos, y pensamos. A nadie le gusta que nos vengan a revolver. Vamos a defender la naturaleza. Es lo último que tengo para decir”.
Otros mayores contaron que sus abuelos iban al volcán, dejaban los caballos lejos, respetaban al Pillán, rogaban, trabajaban, eran parte de la naturaleza, usaban las aguas termales, criaban animales, plantas e hijos, criaban paz.
Pedro: “Hoy pensé que hubo una época mala, la campaña del desierto, se salvó un puñadito de gente. Nuestros ancestros. Y aquí estamos”.
Técnicamente, son sobrevivientes del mayor genocidio de esas tierras, no muy reconocido que digamos. “Ustedes son los que dan fortaleza. La tribu Huayquillán está viva”.
Pedro se emociona. “Sé que todas las comunidades piensan como nosotros, aunque anden ofreciéndoles trabajo o cosas a algunos lonkos”. La tradición criolla del clientelismo jamás ha sido ajena a estos pueblos, pero en los últimos años (Loncopué es un ejemplo) las comunidades empezaron a plantarse, a salir a las rutas, a iniciar acciones judiciales, y a aliarse en la práctica con vecinos no mapuches, tras observar que los lonkos dóciles y las promesas políticas son como dice José Luis: todo para atrás.
Le pregunto a Pedro qué pasará si gobierno neuquino y las empresas multinacionales insisten con el proyecto: “Iremos a la Justicia. Y si no, todo lo que haya que hacer lo haremos. Reacción va a haber. Ojalá no haga falta. Sólo queremos seguir nuestra vida”.
La voz del Copahue

Pillán Kuse de la comunidad. Foto: Lina M. Etchesuri


Apuntes urgentes 
El lonko Pedro sostiene que cada comunidad en la que hay un pueblo es como un volcán, y que todas están conectadas, como cuando los volcanes están en actividad.  Otro anciano llamado Castoriadis decía algo parecido refiriéndose al magma: lo que las sociedades pueden ser capaces de hacer emerger. Apunto entonces lo que tengo en el volcán de mi cabeza:
1) Una observación: “Están contaminando a la gente. Creería que tenemos que ser más libres”. No habla de los mapuche. Fue vendedor ambulante, cuando el comercio era un medio de comunicación: “Iba por los parajes, llevaba mercadería, papa, cebolla, compraba cueros y lanas. Así aprendí que uno puede lograr las cosas. Tenemos la misma capacidad que cualquier persona”.  Los mapuche fueron limados a fuerza de sometimiento y matanzas para creer lo contrario. La historia está cambiando.
2) El cura D’Orfeo estuvo reunido con los representantes locales de Geothermal One y Earth Heat, Guillermo Juárez y otra persona de apellido Greco. El encuentro fue con el obispo de Neuquén Virginio Bressanelli. “Le mintieron diciendo que tenían el apoyo de todas las comunidades mapuches. El obispo les contestó que sin licencia social, se olvidaran del proyecto”.
3) Tras la reunión del Lonko con el BID el gobierno neuquino a través de Pedro Salvatori anunció que la financiación del proyecto geotérmico se buscará en un 100% en la Australian Securities Exchange, el mercado de valores australiano. Hendrickse: “Si es así, quiere decir que se cayó lo del BID”.
4) Los vecinos de Caviahue están enviando mails en inglés a los brokers (operadores de bolsa) contándoles que se está agrediendo la cultura de un pueblo originario y que los vecinos rechazan el proyecto, por lo que se trata de un área un tanto volcánica, no sólo por el Copahue. Como para que sepan que están arriesgándose a una inversión repudiada por las comunidades. De acuerdo a las leyes australianas los brokers tienen obligación de informar esa situación a los posibles inversores.
6) El gobierno neuquino insiste en que el proyecto se hará.
7) Hendrickse: “Lo hacen como estrategia comunicacional para quebrar la voluntad. Rendite, que no tiene sentido luchar. Mucha gente lo cree. En Loncopué y en muchos otros lugares se ha visto que se puede tener en contra al gobierno, municipios, legisladores, jueces, multinacionales y medios, y sin embargo lograr lo que la comunidad se propone”.
En el volcán
Llegar al cráter nos llevó tres horas. Cada tanto tomábamos un sorbo de agua. Nos condujo Tata, un baqueano inalcanzable. Lina bebiendo con la cámara esa desmesura paisajística.
Cruzamos 5 ó 6 cerros: subir lo que parece imposible, bajar tratando de no desnucarse, caminar con levedad cuando se puede: lo de siempre.
Hay formaciones de nieve que parecen olas heladas sobre las que hay que avanzar con un estallido de hielo a cada paso. Por momentos el cansancio es abrumador. Y después vuelve el aire, como si se ampliaran los propios límites.
Para llegar bien arriba, dice Tata, hay que clavar los talones, para afirmarse.
El Copahue humeaba hongos cada vez mayores, blancos, de vértigo, aliento suave a azufre. “Está activo, pero con buena onda”, dice Tata. En la pared posterior del cráter se ve el glaciar que los jueces dicen que no existe. Pese a estar junto al cráter, jamás escuché un silencio como ese. Tampoco sé si conocí un cielo de ese color.
Allá abajo veo a Caviahue, su lago gigante en forma de U, cerros y bosques de araucarias, las lagunas Las Mellizas que parecen mentira de tan azules. Más atrás están Copahue y las termas, y allá se ven los campos de veranada.
Y de pronto entiendo: toda esa zona, todo lo que alcanzo a ver, es un círculo que llega casi al horizonte, bordeado de montañas, que fue la boca inmensa de un volcán 100 veces mayor que el Copahue, hace millones de años.
Después, la naturaleza dejó emerger la vida que ahora estoy viendo.
Tal vez sea eso: hacer todo lo que hay que hacer para dejar que fluya la vida. Perdón. Son cosas que se sienten allá arriba, aunque creo que lo mejor es escuchar qué nos dice el silencio.

 

Nota

La ronda, en la mirada de Cecilia Bethencourt

Publicada

el

Tercera entrega del registro colaborativo de la ronda de las Madres de Plaza de Mayo, que se propone así transmitir el valor de la constancia, de los pies en el espacio público, de la gota a gota que orada la piedra, la no violencia contra la violencia, su valor social, su peso histórico, sus 40 años de coreográfico diseño: media hora, todos los jueves, 2.391 veces al 15 de enero, fecha a la que corresponde esta cobertura realizada por la fotógrafa Cecilia Bethencourt. Toda la producción será entregada a ambas organizaciones de Madres y al Archivo Histórico Nacional. Invitamos a quienes tengan registros de las rondas realizadas estos 40 años a que los envíen por mail a [email protected] para sumarlos a estos archivos. Esta iniciativa es totalmente autogestiva.

La ronda, en la mirada de Cecilia Bethencourt
Foto: Cecilia Bethencourt. Hermanas pertenecientes a la Línea Fundadora de Madres de Plaza de Mayo, marchan en la Ronda de numero 2391 por la lucha de la Memoria, la Verdad y la Justicia en Buenos Aires, Argentina el 8 de febrero de 2024.

“Elegí trabajar interviniendo las fotos a través de la perforación de las imágenes como acto de resiliencia y lucha para llenar de luz el valor de la constancia, la memoria, esa huella que queda en cada paso de esfuerzo de Las Madres de Plaza de Mayo. Una luz que habla de la resistencia, la fortaleza, un atravesar la violencia con la no violencia, un reclamo por la Verdad y la Justicia”.

La ronda, en la mirada de Cecilia Bethencourt
Foto: Cecilia Bethencourt. Pina del Fiore, Madre de Plaza de Mayo se colaca el pañuelo blanco sobre su cabeza, simbolo con el que se identifican a lo largo de estos años para reclamar por sus hijos desaparecidos en la dictadura militar durante la Ronda de los jueves numero 2391 en Plaza de Mayo, Buenos Aires, Argentina el 8 de febrero de 2024.

La ronda, en la mirada de Cecilia Bethencourt
Foto: Cecilia Bethencourt. Pina del Fiore, Madre de Plaza de Mayo, perteneciente a la Asociación llega a Plaza de Mayo para marchar en la Ronda de los jueves numero 2391 en reclamo de Verdad y Justicia en Buenos Aires, Argentina el 8 de febrero de 2024.

La ronda, en la mirada de Cecilia Bethencourt
Foto: Cecilia Bethencourt. Carmen perteneciente a la Asociación de Madres de Plaza de Mayo, marcha junto a militantes, activistas y turistas en la Ronda numero 2391 en Buenos Aires, Argentina el 8 de febrero de 2024.

Sobre Cecilia Bethencourt

IG @cebethania
Es fotógrafa, psicóloga y comunicadora audiovisual. A través de su trabajo explora temas de construcción de identidad, cuerpos, sexualidad, memoria y procesos de transformación con un enfoque transdisciplinario. Centrándose en nuevas formas y posibilidades de vinculación. En el año 2022 edito su primer libro “Otra Piel” trabajo fotográfico de autorretratos realizado en pandemia. Actualmente trabaja en sus dos nuevos proyectos multidisciplinarios uno sobre el cuerpo en las trabajadorxs sexuales y sus derechos negados y otro sobre la desintegración del lenguaje, recuerdo y memoria.

Seguir leyendo

Nota

“Jamás provocaríamos un incendio”: la respuesta de la comunidad mapuche acusada por el gobernador de Chubut por el fuego en Los Alerces

Publicada

el

La comunidad mapuche lof Paillako realizó una recuperación territorial en 2020, dentro del Parque Nacional Los Alerces, en lo que históricamente fue hábitat mapuche tehuelche. Días después de iniciarse el fuego, Ignacio Torres apuntó como responsable a la comunidad y puntualmente a uno de sus integrantes, Cruz Cardenas, con pruebas inexistentes. El “mapuchómetro” y los incendios que vienen desde 2008. Las no respuestas del gobernador y del presidente interino del Parque. El comunicado de la Coordinadora del Parlamento Mapuche Tehuelche de Río Negro, lo que dice la Constitución y la respuesta de toda una comunidad que cuenta cómo, desde su cosmovisión, la vida se vive de otra manera.

Texto: Francisco Pandolfi/ Fotos: Nicolás Palacios

desde Esquel

El jueves 25 de enero por la noche comenzó el incendio en el Parque Nacional Los Alerces que, dentro de su jurisdicción y fuera de sus límites ya en tierras provinciales, quemó alrededor de 8 mil hectáreas. Cinco días después del primer foco, el gobernador de Chubut, Ignacio Torres, afirmó lo siguiente sobre las responsabilidades del fuego:

“Una vez controlado el incendio vamos a empezar con una investigación muy fuerte para quienes hacen esto desde hace muchos años en Chubut. Lo hacen para tomar tierras. Son delincuentes que tienen un negocio inmobiliario. El problema no son los pueblos originarios sino estos delincuentes que bajo falsas banderas toman tierras en Neuquén, en Río Negro, en Chubut y creo que es momento de ponerle un parate definitivo”.

“Hay que separar los pueblos originarios de los delincuentes que no están legalmente constituidos, como es el caso de la toma en el Parque Nacional Los Alerces, que no tiene nada que ver con los pueblos originarios. El delito es del exbrigadista Cruz Cardenas que se autopercibe de Pueblos Originarios pero no está reconocido. Quiero hacer esta diferenciación: en Chubut convivimos en total armonía con Pueblos Originarios, que es gente trabajadora y de bien y no tiene nada que ver con estos pseudo mapuches que se embanderan para cometer delitos, tomar tierras, amedrentar a los vecinos, incendiar campos y zonas privadas”.

“Jamás provocaríamos un incendio”: la respuesta de la comunidad mapuche acusada por el gobernador de Chubut por el fuego en Los Alerces

Escenas del bosque incendiado en la Patagonia. (Foto Nicolás Palacios para lavaca)

Apuntados por el gobernador

Al escuchar estas declaraciones en Radio Rivadavia –luego replicadas por una tropa de medios de comunicación– se podría presumir que absolutamente todas las pruebas existentes en la causa judicial por el incendio, que lo lleva el Tribunal Federal de Esquel, condenan como autor a Cruz Cardenas, integrante de la comunidad mapuche Paillako.

Sin embargo, hasta el momento no hay absolutamente ningún indicio que culpe a Cruz Cardenas ni a nadie de la lof.

Desde lavaca intentamos comunicarnos con Ignacio Torres para preguntarle qué pruebas ostenta para asegurar lo que dijo tres semanas atrás, el domingo 28 de enero. Hasta el cierre de la edición de esta nota, no había respondido al pedido de entrevista.

La comunidad mapuche Paillako (“tranquilo”, en mapuzungun) recibe a este medio para charlar, como una especie de derecho a réplica, sobre el señalamiento del máximo mandatario provincial. El encuentro se da en ronda dentro de la comunidad, que está dentro de los límites del Parque Nacional Los Alerces, que a su vez está dentro de lo que históricamente fue territorio habitado por el pueblo mapuche-tehuelche.

Hace cuatro años que la lof Paillako inició la recuperación de su territorio en ese lugar, donde hace más de cien años vivieron sus ancestros. “Mis abuelos paternos se instalaron un tiempo antes de la creación de Parques Nacionales (1937), que cuando llegó empezó con los desalojos y sometimientos hacia las poblaciones. Antes acá era todo abierto y Parques achicó y cerró espacios, hasta llegar al día de hoy que para hacer cualquier cosa debés pedirle permiso, ya sea para hacer un baño o poner una chapa”, cuenta Cruz Cardenas, el apuntado por Torres y compañía.

Tiene 35 años, le dicen “Lemu” y trabajó varios años como brigadista. Aunque no está acostumbrado a dar notas, consensuaron colectivamente salir a hablar. “Necesitamos que se difunda lo que está pasando acá. Esto es día a día y están avanzando contra nosotros; acaban de arrestar a un peñi de otra comunidad (Matías Santana, testigo en la desaparición y muerte de Santiago Maldonado), están cazando mapuche por todos lados”.

“Jamás provocaríamos un incendio”: la respuesta de la comunidad mapuche acusada por el gobernador de Chubut por el fuego en Los Alerces

Cruz Cárdenas, señalado por el gobernador. (Foto Nicolás Palacios para lavaca)

Mapuchómetro

El gobernador se refirió a Cárdenas como quien se “autopercibe de Pueblos Originarios pero no está reconocido”.

Reflexiona Cruz: “El ser mapuche siempre lo sentí, aunque mis padres no se reconocían así; me decían que mi apellido era español, no mapuche. Junto a una machi (líder espiritual) fui haciendo mi propio camino de reconocimiento y comprendí la importancia de reivindicar y recuperar el territorio. Acá se dio la resistencia de las poblaciones preexistentes y las masacres winkas; estuvieron los invasores, con sus armas poderosas. Eso generó nuestra recuperación del territorio hace cuatro años”. Va más allá: “Cada familia tiene un proceso de reconstrucción, en lo espiritual, en la lengua”.

Maru, a su lado, también conforma la comunidad. Su compañero es mapuche y ella pertenece al pueblo charrúa. Tiene a su pichi (pequeño) en brazos. “Uno de los motivos para preservar el territorio es el acompañar a las crianzas, que tengan una alimentación real, que no se críen pensando que la comida crece en una góndola, sino que sepan que viene de la tierra, cómo cultivarla; que entiendan cómo criar, cuidar y respetar a un animal, incluso si lo van a comer; que puedan crecer más sanos y que si se enferman, conozcan la medicina que también crece en la tierra”.

A la izquierda está Lliuto, lamien (hermana) de la lof: “El ser mapuche no tiene que ver con lo externo, sino por lo que uno siente, la conexión con el lugar. Es un bajón que el gobernador utilice un mapuchómetro cuando habla. Es difícil conectarse con el entorno rodeados de cemento, de ruido, del estrés que nos provoca la rutina. Cuando uno quiere volver al territorio siempre está latente la pregunta, ¿cuál es el mío? Ahí caemos en la realidad de que somos un pueblo que quisieron exterminar, que sufrió un genocidio, que hubo mucha tristeza. Mis abuelos dejaron de hablar en mapudungun para resguardar a sus hijos y a sus nietos, porque les pegaban en la escuela. Por esa historia, este proceso lo atravesamos con mucho dolor, pero lo encaramos con más fuerza para reivindicar nuestra tierra, que nos siguen negando hoy”.

Enlaza la cosmovisión mapuche con lo que está pasando en Los Alerces. “Si uno tiene un vínculo con el territorio, si puede sentir esa conexión, se es mapuche en todos lados; siempre con respeto, claro. Por eso jamás se nos ocurriría hacer un daño como provocar un incendio; nos duele un montón saber que se están perdiendo años y años de vida… porque la vida va más allá de lo humano y nosotros luchamos por defender lo que hay a nuestro alrededor”.

Foto Nicolás Palacios para lavaca

¿Quién negocia con las tierras?

Tras las declaraciones del gobernador, la Coordinadora del Parlamento Mapuche Tehuelche de Río Negro repudió sus dichos: “Sobre el pueblo mapuche históricamente se ha construido la imagen de la violencia: invasor, asesino y ahora terrorista, negando su preexistencia al Estado. Este discurso ha sido utilizado para avalar la violencia estatal, que hace 145 años ocupó el territorio de la Patagonia, luego de la campaña genocida. En la actualidad la defensa del territorio por parte de las comunidades mapuche tehuelche frente al extractivismo salvaje es catalogada como terrorismo. Este argumento pretende ser utilizado para enviar nuevamente al Ejército al territorio”.

En otro fragmento, denuncian: “En este discurso anti-mapuche, el gobernador se arroga el derecho de reconocer quién es mapuche y quién no, algo claramente contrario a derecho. Años atrás éramos quienes poníamos en amenaza la soberanía argentina, ¿hoy somos quienes incendiamos nuestro propio territorio? El gobernador expresa que la intencionalidad de los incendios y la responsabilidad del pueblo mapuche tehuelche están dadas porque detrás de cada conflicto comunitario hay un negocio inmobiliario de tierras. Es ilógico, no somos nosotros quienes negociamos el territorio con empresarios extranjeros. No somos nosotros los invasores. No somos nosotros quienes provocamos los incendios de nuestro propio territorio”.

La comunidad Paillako además de defenderse de las acusaciones del gobierno provincial, también denuncia atentados: “En los cuatros años que lleva esta recuperación, intentaron prendernos fuego ocho veces, porque no quieren que estemos acá”, afirma Cruz Cardenas. “Es muy doloroso la destrucción; lo que se está perdiendo en el bosque costará muchos años en volver. Se regenerará si se cuida como se debe, si es que estos fuegos no se originan para explotar la montaña, para limpiar y después hacer algún emprendimiento”.

–Con las leyes actuales de Parques Nacionales las tierras no se pueden vender.

–Cruz: Muchos dicen que en Parques Nacionales no pueden hacerse negocios inmobiliarios, ni explotaciones, pero hay muchas hectáreas quemadas que ya no corresponden a Parque, son parte de terrenos fiscales de la provincia.

–Lliuto: En el Parque hay una gran cantidad de negociados, emprendimientos inmobiliarios que no lo tiene la gente mapuche…

Cruz, ¿por qué creés que el ensañamiento fue hacia vos?

–Ellos saben que para cualquier explotación y mega proyecto que dañe la tierra, van a tener una oposición del pueblo mapuche. Entonces, esto les sirve para pedir con más fuerza que nos desalojen y poner a la gente en nuestra contra para sacarnos del camino.

“Jamás provocaríamos un incendio”: la respuesta de la comunidad mapuche acusada por el gobernador de Chubut por el fuego en Los Alerces

El bosque sigue humeando tras los incendios. Foto Nicolás Palacios para lavaca

Preexistencia sin valor

Cruz Cardenas, junto a su compañera, fueron denunciados por el delito de usurpación cuando llevaron a cabo la recuperación territorial. El abogado defensor, Gustavo Franquet, le explica a lavaca: “La acusación de usurpación no tiene ningún sustento, porque las familias de Cruz y de su compañera son pobladoras del lugar, han estado históricamente ahí; ellos hicieron una recuperación de su identidad e inmediatamente comenzó el hostigamiento de Parques Nacionales y la denuncia por usurpación. La respuesta que reciben del Estado no es de reconocimiento, ni de respeto a ese proceso entendiendo que son pueblos preexistentes como dice la Constitución Nacional y que tienen derecho a recuperar y construir plenamente su identidad. No, al contrario, lo que supuestamente te lo dan en las grandes palabras que figuran en la Constitución, después te lo sacan en las mezquindades de los funcionarios y del Poder Judicial”.

La causa está elevada a juicio en el Tribunal Oral Federal de Comodoro Rivadavia. En las declaraciones que hizo Torres dijo que “la causa es por una toma de hace varios años, de 2016”. El mismísimo expediente lo desmiente, ya que la recuperación data de enero de 2020. Dice Franquet: “La cantidad de cosas sin sentido que dijo el gobernador de Chubut… Esta gente es todo el tiempo así, está acostumbrada a decir cualquier cosa. Evidentemente decir cualquier cosa es la característica de esta época, pero claro que tuvo una intención: lo hizo para apretar a que los desalojen”.

La vegetación que sobrevive, y la que quedó incendiada en la ladera de uno de los cerros. (Foto Nicolás Palacios para lavaca)

5 grandes incendios en 15 años

Este incendio no es el primero que ocurre en este Parque. En los últimos quince años hubo cuarenta focos intencionales y cinco grandes fuegos que arrasaron en 2008, 2015, 2016, 2023 y 2024 alrededor de 17 mil hectáreas.

La anterior gestión del Parque Nacional Los Alerces había iniciado una mesa de diálogo con la lof Paillako para destrabar el conflicto. “Habíamos llegado a un buen acuerdo; la negociación implicaba varios puntos, entre ellos que nosotros habilitemos un camino que cerramos por seguridad cuando hicimos la recuperación, y desde Parque se iba a reconocer nuestro territorio. Para eso nos exigieron tener una personería jurídica, que en verdad nosotros no creemos necesario tener, pero igual la hicimos. Sin embargo, el intendente de Parque (Hernán Colomb) renunció en agosto pasado y el diálogo se cortó”.

Dice la comunidad: “A raíz de los últimos incendios, levantamos el bloqueo del camino que habíamos hecho; hablamos con los brigadistas y razonamos que lo mejor era habilitar ese lugar y que se volviera a utilizar ese camino”.

Hoy en día, Parques Nacionales no tiene autoridades elegidas. El directorio está acéfalo y en el Parque Nacional Los Alerces se nombró como interino al guardaparques Danilo Hernández Otaño, con quien la comunidad aún no tuvo contacto. El pedido de entrevista previo a la publicación de esta nota, no fue contestado.

Re-existir

En Paillako hay vacas, caballos, gallinas, abejas y anhelan a que pronto haya ovejas también. Hay huertas familiares, comunes entre varias rucas (casas) y hay una siembre comunitaria, entre la totalidad de la lof. “Acá se da muy bien la papa, la haba, el ajo, las arvejas, el trigo; los cereales se dan casi todos”, dice Maru. Agrega Cruz: “También los árboles frutales, como manzanas, ciruelas, guindas, frambuesas y frutillas. Nuestro propósito es ir haciendo mayores escalas para garantizar una buena alimentación y que nos permita hacer intercambios”.

“Jamás provocaríamos un incendio”: la respuesta de la comunidad mapuche acusada por el gobernador de Chubut por el fuego en Los Alerces

Vida vegetal y vida humana: una idea de comunidad. (Foto Nicolás Palacios para lavaca)

¿Qué molesta de que estén acá? Intercalan la voz, en ronda, y confeccionan una respuesta común: “Nada, nada, no les estamos molestando en nada. Si les molesta es porque somos mapuche. Porque ni siquiera es que jodemos al turismo. Pensemos: quienes perjudican el turismo son los que le echan miedo al turista por la existencia del mapuche, esas personas generan los problemas, no nosotros. Y otra cosa: la comunidad tiene menos de 2 mil hectáreas, mientras que el Parque Nacional Los Alerces cuenta con 250 mil. O sea, tampoco es que estamos tomando el parque, ¿no?”.

Agregan: “Creemos que lo que jode es que nunca vamos a estar de su vereda, nunca pensaremos en explotar la tierra para hacer plata y hacerla bosta. Hoy ni siquiera se puede acampar gratis en el Parque (dormir una noche en un camping oscila entre 12 mil y 14 mil pesos), antes era todo libre y ahora la mayoría es privado. Por eso es importante recordar que las leyes de Parque están hechas en tiempo de dictadura (firmadas por Jorge Rafael Videla); en base a eso se manejan hoy”.

Cierra la comunidad, entre mate y mate, mientras los pichis corren, comen frutas, se caen y se vuelven a parar: “Se viene difícil el futuro, complicado, eso lo sabemos; nosotros tenemos que estar fuertes, amparados por las fuerzas que nos protegen en este lugar; acá vamos a resistir, no pueden sacarnos de nuestro territorio, no vamos a permitir más desalojos”.

“Jamás provocaríamos un incendio”: la respuesta de la comunidad mapuche acusada por el gobernador de Chubut por el fuego en Los Alerces

La reunión de parte de la comunidad con lavaca. (Foto Nicolás Palacios para lavaca)

Seguir leyendo

Nota

Incendios en Chubut: Lo que el fuego no se llevó

Publicada

el

El incendio generado en el Parque Nacional Los Alerces, que ya lleva quemadas alrededor de 8 mil hectáreas, se extendió a la población rural de Alto Río Percy, a 13 kilómetros de la ciudad de Esquel, en Chubut. La casa más alejada es la de Gisela y Lorena, dos amigas que debieron autoevacuarse con las llamas a menos de quinientos metros. Creyeron que habían perdido todo, pero su casa se salvó. Alrededor, se quemó todo. La explicación de lo inexplicable. La falta de prevención. La vida en un paraíso, ahora arrasado por el fuego. Y una colecta colectiva, para empezar la reforestación. Desde Esquel. Texto: Francisco Pandolfi

Dos pasos y medio. Ni más ni menos. 

Sesenta centímetros.

Ni más ni menos.

No hay nadie en el poblado rural Alto Río Percy, donde viven alrededor de cien personas en las afueras de la ciudad chubutense de Esquel, que no hable de “milagro”, de “cosa de mandinga”, “de creer o reventar”, “de algo fuera de lo común, nunca visto”.

Acá, todo lo que se ve es impresionante. Impresionantemente triste. Impresionantemente carbonizado.

Y en medio de todo quemado, una casa sin quemar.

La vida, como oasis en un desierto rodeado de muerte.  

Autoevacuadas

El fuego en el Parque Nacional Los Alerces comenzó el 25 de enero y una semana después, el domingo 4 de febrero, arrasó con centenares de hectáreas del Percy. En total, ya se quemaron alrededor de 8000 hectáreas, el fuego continúa activo y, aunque según las autoridades el fuego está controlado, preocupan las condiciones meteorológicas (más de 30 grados) y que sigan prendidos varios focos.

Uno de ellos está ahí nomás de una casita hermosa que levantaron con muchísimo esfuerzo Gisela Finocchiaro y Lorena Domínguez, amigas desde hace más de 15 años. La nombraron Monte Lontano. Lontano, en italiano, significa lejano. 

Esta casita es la última del poblado, la más alejada. Tan distanciada que, cuando empezó el fuego en Los Alerces, y previendo que podría avanzar hacia el Percy, colgaron un cartel a un kilómetro del hogar, para avisarle a las autoridades que más allá había una vivienda. El cartel voló por el calor. Y ellas debieron irse cuando las llamas se les vinieron encima: “El domingo 4 de febrero fue el momento más crítico; el fuego se acercó bastante y decidimos irnos a Esquel, que está a 13 kilómetros, con la convicción de que el incendio no alcanzaría la casa. Pero ni bien llegamos, nuestro vecino Fabián nos llamó para decirnos que ya estaba muy cerca, que lo mejor era volver a sacar lo más importante. Regresamos y el fuego ya estaba detrás nuestro, a 500 metros; nos quedamos paralizadas, nuestra casa que habíamos hecho con tanto cariño y amor, no iba a zafar. En esos minutos le rogamos a Defensa Civil que bajaran nuestras cosas, pero debimos autoevacuarnos solas. Por una aplicación de la NASA, seguimos el devenir del fuego y vimos cómo había pasado por nuestra casa, pero a la mañana siguiente nos llamaron que se había salvado; no lo podíamos creer”.

Incendios en Chubut: Lo que el fuego no se llevó

Gisela y Lorena en el bosque quemado a metros de su casa / Foto: Nicolás Palacios para lavaca

Prevenir para no curar

Gise invita a pensar: “No nos gusta generar discordia por cómo debimos autoevacuarnos, pero sí nos parece importante contar lo que pasó. Al tener un vehículo pudimos sacar algunas cosas en tiempo récord, pero a nivel país debemos prepararnos de otra manera; hay que tener cuadrillas ya preparadas y no esperar a que pase algo para saber qué es lo que se puede hacer; hay que ganarle de mano al fuego, tener los caminos preparados; si queremos bosques nativos hay que cuidarlos, limpiarlos; acá no se puede llegar donde está el fuego porque no está preparado el área o los suficientes recursos para atacar el fuego. Hace más de 15 años que a Alto Río Percy no le dan bola; el intendente acaba de asumir y este fue su bautismo; confío que todo va a cambiar, pero necesita ayuda de provincia y nación”. 

Lore invita a pensar: “No podés tener brigadistas sin estar en planta permanente, contratados, con un mísero sueldo. Están arriesgando su vida… Me da la sensación de que el gobierno improvisa, va viendo en el camino lo que va pasando, pero todo lo que está en juego es vida. Desde el insecto más pequeño, los árboles, los animales hasta la gente que vivimos acá; estamos hablando de vidas. Alto Río Percy es parte del ejido municipal de Esquel, hoy es noticia nacional, pero nunca se le prestó atención; la gente tiene problemas en el invierno para arrear los animales, no se limpian los caminos, no hay agua, no hay gas”.

Cementerio en el paraíso

Los postes de ciprés que sostienen la casa a un metro de altura están tiznados. Los vidrios que dan a la sala de estar y a la cocina están quebrados. El que da a una habitación en el primer piso, a seis metros de altura, también. ¿Cómo no explotaron? “Pusimos doble vidrio y se rompió la placa del exterior, pero soportó la interna. De haber sido un vidrio común, la casa estaría toda quemada, porque una vez que agarraba las cortinas y luego la madera, chau”. 

Dentro del hogar todo está intacto; con cenizas y un leve olor a humo, pero nada haría imaginar lo que se ve a través de esos vidrios resquebrajados: un cementerio de árboles en medio del paraíso. Esqueletos de un bosque que ya nunca será igual. “Era el hábitat natural de muchas especies nativas que han muerto. Se quemaron lengas, ñires, lauras, radales, todo el bosque nativo. Respecto a la fauna, no sabemos cuántos animales se quemaron y cuántos se escaparon, en una zona donde hay ciervos, liebres, huemules, chanchos jabalíes, pumas, vacas y muchas aves. Esto es una catástrofe natural inconmensurable, a nuestro vecino más cercano, que está a mil metros de acá, se le quemó el 85% de su campo y el fuego quedó a menos de cien metros de su casa”. 

El olor a quemado penetra por las fosas nasales, aunque lo peor se lo llevan los ojos. Todo es gris alrededor de Monte Lontano. O casi todo. Las chicas están sentadas en el deck de madera. Contemplan hacia adelante, literal y metafóricamente. “Miramos el filo del pasto seco, lo que dejó el fuego y es inevitable pensar qué hubiera pasado si se quemaba la casa. Posiblemente hubiéramos vendido todo, o regalado, porque quién te va a comprar esto si no tiene bosque. Quizá nos hubiéramos ido, incluso de la ciudad”. 

Reflexiona Lore: “Tomamos este mensaje que nos da la naturaleza, que tuvo una fuerza imparable y esquivó a la casa dándonos un mensaje. La naturaleza nos quiere acá y vamos a reforestar para poner este lugar mucho mejor de lo que estaba. Teníamos un proyecto a futuro que era construir unos dormis para alojar a turistas”. 

La interrumpe Gise: “Lo tenemos, no hablemos en tiempo pasado”. 

“Es verdad, lo tenemos”. Sonríe Lore y agrega: “Retrocedimos un montón de casilleros, pero lo vamos a lograr en algún momento”.

Incendios en Chubut: Lo que el fuego no se llevó

Alto Río Percy, poblado rural arrasado por el fuego / Foto: Nicolás Palacios para lavaca

Un desastre que no termina

El terreno lo compraron en 2018 y a inicios de 2019 empezaron a construirlo, con la ayuda del papá y los hermanos de Lore que son albañiles. A finales de ese año comenzaron a habitarlo. “En esta casa veo a mi papá, que falleció hace un año por una grave enfermedad; veo el esfuerzo de mis hermanos; veo a mi sobrinos chiquitos, que les encanta venir. Como no hay señal, no usan el celular, no están detrás de una pantalla y salen a buscar huesos de dinosaurios, a explorar el bosque; saben que no deben matar insectos ni arrancar ramas de los árboles. Tal vez sean ellos quienes vean esto totalmente verde, como alguna vez existió”.

El fuego sigue activo en todos sus frentes (en la cola, que es en la zona del cerro Centinela donde se originó el incendio; en la cabeza, que es en el Percy; y en los flancos derecho e izquierdo). Contextualiza Lore: “Hay árboles de hasta 200 años quemados y esto no terminó, es un desastre. Se levanta el viento y se reactiva el fuego; hay camionetas, helicópteros y aviones trabajando todo el día, es un caos todavía”.

Completa: “El fuego se originó de forma intencional, no hay dudas; se hicieron dos focos simultáneos dentro del bosque en una zona que no es accesible, que no todo el mundo conoce y que hay que saber llegar y luego salir después de hacer fuego; todavía no hay elementos para culpabilizar a nadie”.

Incendios en Chubut: Lo que el fuego no se llevó

Lengas, ñires, radales, algunas de las especies carbonizadas /Foto: Nicolás Palacios para lavaca

Colecta colectiva

Lo que se pisa es pura cenizas. Y con los pasos, lo que se huele es puro humo. Se ve un caño de plástico de un biodigestor destrozado por el fuego; se ve una mesa de roble en la que los sobrinos de Lore juegan a tomar el té, que sobrevivió. Se ven raíces sobresalidas y muertas, troncos y ramas carbonizadas; se ve una parra de uva rosada que le regaló la abuela de Gise, antes de fallecer unos meses atrás, que también sobrevivió. Debajo del piso flotante, se ven enormes troncos de leña que habían juntado para calefaccionar el hogar. El fuego quedó a centímetros de ahí. Un poco más allá del escenario sombrío y calcinado, la belleza de los cerros Colorados y Nahuelpan; los morros coloridos y un ecosistema que fusiona la estepa patagónica y el bosque andino. “Este lugar es maravilloso. Tenemos montaña. Tenemos ríos. Tenemos lagos; tenemos agua que brota de las montañas. Nosotras sacábamos agua de una vertiente, que el fuego la arrasó, al igual que la manguera que teníamos y el estanque”, siente Lorena, de 34 años. 

La escucha Gise, de 39, que comparte: “El otro día fuimos a preguntar cuánto nos costaba comprar los metros de manguera que necesitamos para sacar el agua de la casa del vecino más próximo y casi nos largamos a llorar. Para nosotras hoy es imposible comprarlos. Hace cinco años salía ocho veces menos de lo que sale ahora. Sin agua, además de no poder vivir, tampoco podremos reforestar”. 

A las chicas se les quemaron 700 metros de manguera de dos pulgadas. Ahora necesitan 1000 metros. Comprar de una pulgada y abaratar los costos, les sale más de un millón de pesos. Los 1500 metros de alambrado también se quemaron. Reponerlos cuesta un millón ochocientos mil pesos. También se incineraron filtros, postes, varillas, caños, la tranquera y el estanque. 

Para colaborar con Gise y Lore, comenzamos desde lavaca una campaña de donación a esta cuenta:

Gisela Roxana Finocchiaro
CVU: 0000003100033965245782
Alias: SICILIANA.NEL.CUORE
CUIT/CUIL: 27308957700
(Por transferencia bancaria o Mercado Pago)

“Mucha gente se comunicó de afuera, de La Plata, Formosa, Mendoza, Córdoba,  Buenos Aires para ayudar; eso nos llena el alma. Las pérdidas materiales duelen, pero la pérdida invaluable es el bosque, aunque estamos convencidas que lo vamos a recuperar”, sienten y comparten ambas. “Teóricamente, desde provincia, nación y empresas privadas pusieron mucha guita, esperemos que llegue donde realmente hace falta. Los damnificados estamos a la vista. Ojalá que no haya que esperar, porque la gente se cansa de esperar”.

Piano, piano

–¿Hay algo que quisieran agregar para terminar la nota? 

–Lore: Que ese domingo la pasamos muy feo. Que cuando tuvimos que cerrar la puerta, le dije a Gise que dejara puesta la llave, que para qué iba a cerrar… Gise agarró una virgencita y empezó a rezarle, y yo le pedí a mi papá que no permitiera que se quemara la casa.

–Gise: Somos las últimas pobladoras del Percy, pero fuimos las primeras para el fuego. Por eso Monte Lontano, estamos en la loma del culo, quién nos mandó acá…

Se ríe Gise. Se ríe Lore. Se ríen juntas. Después de la charla, después de las fotos, se levantan y van a buscar las botellas de agua que pudieron cargar desde la ciudad de Esquel, y empiezan a regar zonas carbonizadas, pero con un hilito verde, con un pastito, con alguna raíz que aparenta estar viva. “Piano Piano va lontano”, dice Gise en italiano, y luego lo traduce al castellano: “Despacio, despacio, se llega lejos”.

Incendios en Chubut: Lo que el fuego no se llevó

“Vamos a reforestar para devolver el bosque que había” / Nicolás Palacios para lavaca

Seguir leyendo

LA NUEVA MU. El facho

La nueva Mu
Publicidad
Publicidad
Publicidad

Lo más leido