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Las lecciones de Bolivia: Jenny Santander, del Movimiento Indígena Pachacuti

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Felipe Quispe no pudo viajar a Bolivia, pero sí esta mujer que con voz tranquila transmitió ideas contundentes. Opinó que los movimientos argentinos «luchan por reivindicaciones muy simples» y destacó el grado de conciencia que desarrolló su pueblo gracias a la lucha y a un cambio de lógica: «hemos aprendido a construir poder desde otro lugar». El secreto está en un concepto político que recogen de la filosofía aymará: la comunidad. «La diferencia central es que la autoridad es la comunidad, no el que la representa. Entonces ¿dónde está el poder? Está en las bases. Esa es la diferencia».

Felipe Quispe no vino a la Argentina. Cuando estaba en la fila para abordar el avión que lo trasladaría desde Santa Cruz de la Sierra a Buenos Aires, las autoridades migratorias le impidieron la salida del país, invocando una orden judicial de arraigo emitida tiempo atrás en el marco de un juicio por su participación en actos de insurgencia a comienzos de la década pasada. En esa época, Quispe encabezaba el Ejército Guerrillero Túpac Katari (EGTK), por lo cual pasó cinco años en la cárcel. En 1997, Quispe fue liberado gracias a la presión de diversas marchas aymaras e inmediatamente después, se convirtió en el nuevo secretario ejecutivo de la poderosa Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUCTB) y fundó el Movimiento Indígena Pachacuti (MIP), por el que fue electo diputado en el 2002.

«Lamentamos mucho que Quispe no esté hoy aquí y por respeto a ustedes, que vinieron hasta acá a escucharlo, los esperamos para darles las explicaciones y contarles que en mayo o junio próximo se concretará esta visita, tan importante para nosotros, ya que consideramos que en Bolivia se está gestando una verdadera opción de resistencia a cuya suerte está ligada gran parte de los destinos Latinoamericanos». Con estas palabras, Roberto Marino, del MTR anunció la frustración de la charla que ese miércoles, a los 18, estaba anunciada en la Facultad de Ciencias Sociales. Sin embargo, a su lado estaba la dirigente aymará Jenny Santander, encargada de Relaciones Internacional del MIP, dispuesta a poner las cosas en su lugar:

«No quisiera lamentar, sino repudiar esta actitud bochornosa del gobierno boliviano. Pero sabemos que los ríos siempre encuentran la manera de conectarse, incluso subterráneamente, y de alguna manera encontraremos nosotros las formas de intercambiar nuestras preocupaciones y luchas. Estoy aquí, invitada por los hermanos piqueteros y, en estos pocos días, he podido ver el trabajo urbano de estas organizaciones que luchan en un mismo sentido, aunque con diferentes conceptos culturales. Sin embargo, tengo la esperanza de que en esos movimientos todavía pueda haber un recuerdo, un halo de lo que fue y puede ser la comunidad. La comunidad en su más alto sentido ideológico, en el cual nosotros estamos planteándonos la respuesta a la crisis de este sistema decadente, al estado de barbarie al que nos somete, donde la individualidad se convirtió en un dios. Hombres sin trabajo, niños desnutridos, mujeres enfermas de hambre. Esta es la realidad del sistema y, hasta ahí, podríamos pensar que estamos casi destruidos. Pero sólo es así si la Humanidad no asume una conciencia de esto y si no retomamos lo que nuestros ancestros nos han enseñado, en el sentido del respeto a la cosmovisión en la cual todos somos hermanos y nos debemos respeto: tierra, animales y personas. En nuestro país, estas condiciones están dadas. Hemos llegado a un alto desarrollo de conciencia política. Tenemos claro nuestros objetivos y nuestras metas porque son resultado de un proceso que nos ha enseñado algo muy interesante: la construcción del poder desde otros espacios. También nos ha enseñado que el reconocimiento de la autoridad solo la damos nosotros. Si nosotros desconocemos la autoridad, no hay autoridad. No hay. Así de simple. También hemos visto, en especial en este proceso que se ha dado desde el levantamiento de octubre, que nos faltan armas. Las armas que teníamos no han sido suficientes. Pero esta conclusión ha sido producto de una discusión de todo un pueblo, no de un grupo, como solía hacer las izquierdas de antaño, esos grupos que operaban en nombre de los pueblos y que asumían acciones en su nombre. Esta vez, es el pueblo todo el que debate, decide y acciona. Y es dentro de este proceso en el que estamos. Ahora nos queda como tarea actual la organización de las ciudades. Y esto es algo que podemos aprender de ustedes, que han avanzado bastante. En lo poco que vi hasta ahora, noté que si bien las luchas de los movimientos argentinos son por reivindicaciones muy simples, que hasta este sistema -con un poco de voluntad- podría atender, han avanzado en la organización de espacios de trabajo comunitario. Hasta el gobierno de ustedes ha corroborado que los piqueteros están trabajando. Nosotros vemos esos espacios de trabajo como escuelas. Escuelas de convivencia, de vida cotidiana, de estructuración de células importantes para constituir una masa con otros objetivos. Por todo esto es que creo que debemos repudiar la actitud del gobierno boliviano de impedir que una persona se entrelace, como lo estamos haciendo aquí, para aprender uno del otro y juntos de todo. Muchas gracias.»

Con esas palabras, Jennifer resumió todo el programa de acción y la filosofía de su movimiento, e incluso su mirada sobre los movimientos argentinos. Estaba claro, entonces, que era necesario escucharla.

-¿Qué entienden ustedes por la construcción de comunidad como herramienta política?

-Es muy diferente a la concepción marxista. Es una forma ancestral, que tiene formas, usos y costumbres muy fuertes. El proceso de octubre, en Bolivia, por ejemplo, es un claro ejemplo de cómo desarrollamos nuestro trabajo. El conflicto estalla porque una comunidad decide aplicar su ley, que no es la de los blancos. Los aymará consideran que el robo reiterado debe castigarse con la muerte. Y así se hizo. Luego, la ley boliviana intentó castigar lo que consideraba un homicidio y arrestó al dirigente de la comunidad. Ahí comenzó la protesta y la marcha. Y eso, que llevó a todo el pueblo a salir a la calle, terminó dictando, durante la marcha, otras consignas. Para cuando las autoridades quisieron liberar al detenido creyendo que con esto iban a aplacar la movilización, ya era tarde; para entonces estamos en la calle por la no venta del gas y la renuncia del presidente. Así cayó un gobierno y así la gente desenterró las armas que tenía guardadas desde la revuelta de los años ´50. Es este ejercicio y defensa de la comunidad, desconociendo las leyes del sistema, el que desencadena la caída del sistema.

-Pero el sistema, de alguna manera, se reacomodó…

-En octubre la batalla consistía en la aplicación de tres planes o tácticas de lucha. La primera la llamamos «la pulga» porque significaba picar aquí y luego allá y saltar a otro lado y seguir picando. Así se organizaron los primeros cortes y barricadas. No como algo permanente, sino como ataques que saltaban en una esquina y, para cuando iban a reprimir allí, saltaba en la otra y así sucesivamente. La verdad es que volvimos locos a los uniformados. El segundo plan se llamaba «hormigas rojas» y consistía en avanzar y arrasar. La gente demostró ahí verdadero conocimiento sobre los puntos a los cuales atacar: no quedó casi nada en pie del Ministerio de Trabajo ni un ladrillo de oficinas de gobierno. El tercer plan se llamaba «taraj´chi» que es el nombre de un ave que ocupa el nido que deja vacío otra ave. Era el plan para tomar el gobierno y esto es lo que nos faltó. Es por eso que llegamos a la conclusión de que para llevarlo a cabo nos faltaron armas.

-¿Este plan fue ideado por Quispe, la conducción del movimiento…?

-De ninguna manera el hermano Quispe está autorizado a tomar decisiones por sí solo. Cada una de las medidas deben recorrer primero las comunidades y debatirse allí y recién después se concertan. Todo el plan fue debatido por las comunidades y su evaluación posterior también. Esto responde a una lógica de construcción política diferente: la aymará.

-¿Cuál fue el proceso por el cual el movimiento decidió abandonar la lógica marxista y abrazar la lógica aymará?

– Todos nosotros tuvimos una fuerte formación marxista. Sin embargo, hemos reflexionado mucho sobre esto y nos hemos preguntado cosas tales como cuál es esa presión cultural tan fuerte, capaz de mantenerse durante siglos y que ha logrado sobrevivir en las sociedades, a pesar de la opresión. Esas cosas han sido descuidadas… el peso de esa cultura y hasta dónde debemos asumirlas si queremos modificar la realidad. Cómo interactuar con ellas. El de Chiapas ha sido un fenómeno muy importante en ese sentido y nos ha servido para pensar en estos temas.

– De alguna manera lo que se produce es un cambio de lógica en la construcción política. Por ejemplo, hablabas de que la autoridad solo existe en tanto y en cuanto la reconozcamos ¿Cómo se construye otra forma de autoridad, entonces?

-La diferencia central es que la autoridad es la comunidad, no el que la representa. Entonces ¿dónde está el poder? Está en las bases. Esa es la diferencia.

-Eso significa, en la práctica, que el dirigente tiene que estar muy comprometido con el trabajo comunitario…

-Lo está. Y profundamente, tanto que llega hasta aspectos de la vida privada. No estoy hablando de lo relacionado con los sindicatos urbanos, donde el dirigente puede ser soltero, viudo o divorciado y puede hacer de su vida cotidiana lo que le da la gana. En la comunidad, no puede ser dirigente si no está casado, por ejemplo. Toda la actitud cotidiana, humana, está controlada por la comunidad.

-¿Cuál es el trabajo concreto que realiza el movimiento en las comunidades?

-Nunca hemos dejado de trabajar, en estos años, en relación con las comunidades. Son ellas las que nos solicitan cursos de capacitación en distintos ámbitos, por ejemplo. Pero, a su vez, los que somos de las ciudades vamos a esos cursos a aprender mucho de ellos. Entonces, el proceso es apuntalar todo lo que signifique la organización propia de la comunidad. Y eso es lo que estamos haciendo. Hay puntos que concentran mayor grado de organización que otros, pero todas las comunidades tienen hoy la capacidad para generar no solo movilización, sino control de sus acciones. Hoy día el control es tan efectivo, que cada comunidad sabe a quién le toca marchar, a quien le toca entrar en huelga de hambre y quien no lo ha hecho. Entonces, cuando se va a las marchas, el tipo de control es fordista: fulano está y tiene que hacer tal cosa. Y otro, tal otra.

-¿Y ese control quién lo ejerce?

– La comunidad. En la comunidad hay diferentes autoridades y hasta grados de representación. Y son rotativos. No hay poderes que sean absolutos ni permanentes. Quien decide si esa representación está bien o mal hecha o ejercida es la base.

– También mencionaste tu opinión sobre lo que viste de los movimientos piqueteros argentinos. Hablaste de reivindicaciones simples…

-Es lo que noté, hablando con gente de algunos movimientos. ¿Por qué luchan? es la pregunta. Y hay que desarrollar un alto grado de conciencia para que la respuesta no sea simple. Esto es algo que nosotros hemos aprendido, incluso, durante el proceso de participación en las elecciones. En la ciudad, cuando la gente vota por determinado partido, tiene la esperanza de que ese partido le retribuya por el voto una fuente de trabajo o una ayuda. Es una relación de tipo prebendal. En el campo no. Esperan que se refleje las necesidades de su comunidad. Ese ha sido el sentido de nuestro trabajo.

– No debe ser sencillo articular las necesidades de una comunidad con los objetivos del poder central, porque son mundos destinados a confrontar…

— Así es. Y tampoco es fácil que la base entienda que nosotros llegamos a las elecciones, entramos en el Parlamento y cumplimos fielmente lo que dicta la Constitución boliviana, cuando en realidad nosotros nos oponemos a ella. Lo que hay que explicar es que la construcción de esta democracia actual no la hemos hecho nosotros, simplemente hemos sacado una cantidad de diputados -seis- y adecuarnos, cosa que tampoco ha sido sencillo. Tenemos problemas con el idioma, problemas porque no aceptamos asesores blancos … Inclusive, a manera de anécdota, los diputados nos comentaban que los mozos que trabajan en el Parlamento no podían entender que un indio, alguien que ellos han considerado toda su vida inferior, tuviese que ser atendido por ellos. Entonces, tomaban represalias, como por ejemplo, cobrarles más caro.

– Y ahora que llegado al parlamento ¿Les ha resultado la vía electoral una opción válida?

-La experiencia ha sido mala con el Parlamento. No hemos, por ejemplo, podido impedir que el sueldo corrompa a los hermanos que están allí. Ahora, por ejemplo, se aproxima en Bolivia una elección municipal, de los gobiernos locales, y lo hemos estado discutiendo y creemos que lo mejor sería no participar o solamente participar en los lugares que sí tengamos preeminencia, para conseguir un poder más homogéneo. Pero es algo que todavía está en discusión. De todas formas, la parte electoral no es nuestro fuerte ni para nosotros lo más importante, porque no nos permite construir desde la base.

-Ese tipo de construcción, en los hechos, cómo funciona ¿a través de asambleas?

– La asamblea es una actividad muy permanente en la comunidad. Generalmente, las decisiones se adoptan por consenso o, si no es posible, se vota. Se discute allí todo tipo de temas: desde los más pequeños hasta los más grandes. Esa es la forma. Y en el Movimiento, así es también. Son las comunidades las que llevan sus mociones, de acuerdo a lo que ha decidido la asamblea de su comunidad.

-¿Con qué problemas se enfrentó el movimiento al tener este tipo de organización?

– Se ha acercado mucha gente indígena, con y sin formación. Algunos no han comprendido los objetivos centrales del movimiento y, en muchos casos, han sido presas de intereses foráneos que intentaron destruir la organización.

-¿Intentaron cooptarlos?

-Nos han cooptado. De hecho, muchos se han ido, pero no con bases, porque estas rupturas no son reflejo de una comunidad que no está de acuerdo con tal acción o línea política, sino de intereses personales o de grupos pequeños que pretenden hacer política de otra manera. Por eso la organización macro, la base, está intacta. Y lo de octubre nos ha servido para fortalecernos. Antes se hablaba de nuestra debilidad, que el liderazgo de Felipe estaba acabado y todo eso que generalmente se usa como arma para destruir un movimiento en construcción, que está organizándose.

-¿Cuál ha sido la base teórica en esta construcción política?

-El katarismo es la base fundamental. Tupac Katari nos ha dado grandes enseñanzas a nivel no solo de lo que debe ser la ideología, sino el significado de ese «volveré y seré millones». Creemos que ahora somos esos millones y de él hemos aprendido métodos de lucha, tácticas y estrategias, todo. Después de Katari, han venido otros luchadores y pensadores que, si bien la historia oficial los ha dejado de lado, queda mucho de ellos dentro de nuestra simbología y que forma parte de esa tarea de reconstruir lo que ha sido destruido. Parte de esa simbología es el motivo por el cual el MIP se funda en el lugar donde Katari murió. Es algo que tiene mucho de místico y de cultural. Hay quienes se dedican a difundir la parte religiosa, otros que se dedican al idioma, otros a la educación… es una gama tan grande de cosas que lo que implica es pensar muy diferente para poder entenderlo.

– Tu tarea de llevar adelante las relaciones internacionales del MIP ¿qué implica?

– Me he relacionado con organizaciones de Perú, he viajado al Ecuador, a Colombia, he ido a la lucha contra el ALCA, a Venezuela, pero ha sido difícil porque siempre ha estado la presencia de un hombre que ha acaparado la atención internacional, como Evo Morales, con quien yo tengo una muy buena relación personal. Pero eso no me impide decir que pesa más la propaganda que tiene afuera que el poder que tiene adentro. No es que yo quiera competir con él, sino de a poquito construir relaciones con organizaciones que nos encuentren, nos conozcan y, si creen que esta es una opción válida y consideran importante tener relaciones con nosotros, decirles que estamos abiertos. He aprendido a tener mucha paciencia, porque la paciencia es la base para consolidar un trabajo político.

-¿Qué tiene este proceso boliviano como potencia que lo diferencie de los movimientos que conociste en el resto de Latinoamérica?

– La diferencia fundamental, para mí, es el alto concepto ideológico. Esto tiene una supremacía.

-¿Qué significa esto cuando lo comparás con los movimientos argentinos?

-Los movimientos piqueteros y sociales que vi están detrás de cosas muy pequeñas, de objetivos inmediatos que cualquier gobierno, si hace un pequeño esfuerzo, los puede cumplir. He visto que en el Ecuador, por ejemplo, las organizaciones están muy enfermas por el trabajo de las ONGs. Han dejado todo objetivo de fondo por cuidar ciertas pegas del Banco Mundial, grandes financiamientos, etc. Estos son problemas que en mi país no ocurren. A pesar de que el hermano Evo sí trabaja con varias ONGs, pero nosotros nos hemos sacado todas de encima. ¿Cómo se llaman esos animales que chupan la sangre?

-¿Sanguijuelas?

-Bueno: el hermano Quispe dice que las ONGs son sanguijuelas. Y nos las hemos tenido que sacar de encima para que no chupen la sangre de los indios.

-¿Tiene que ver esto con las condiciones que imponen para aportar financiamiento?

-No solo con eso, sino con la falta de comprensión del tema indio. Y esto no es solo un problema de las ONGs, sino de los gobiernos, los partidos de izquierda… que al igual que algunas ONGs, quizá tengan buenas intenciones, pero no llegaron a entender la problemática, realmente entenderla. Por ejemplo, el aymara es algo tan difícil de comprender, su lógica, su estructura mental es algo tan difícil…

-Y si la tuvieras que explicar a alguien que la desconoce, como yo, totalmente ¿cómo sintetizarías en pocas palabras esa lógica?

– Es que no manejan la lógica dialéctica, que es la que conocemos. No es: sí o no. Ellos te van a decir si y no al mismo tiempo, que no es lo mismo que sí, pero tampoco es lo mismo que no. Y eso tiene un montón de connotaciones a nivel de discurso, a nivel de acciones, a nivel de mirar con otros lentes la realidad.

-Y el compromiso para la acción ¿cómo se logra? ¿Cuándo lográs que digan sí, más allá de las palabras, a una lucha?

-Hay compromiso en la medida en que se sienta identificado con el otro, que es igual a él. Porque la opresión ha sido tan fuerte, que si te ven un poco blanca, desconfían de ti.

-Es decir que confían en las personas, no en las palabras…

-Ni en las personas ni en las palabras, sino en las acciones de las personas. Es por eso que Felipe se encumbra de otra manera y desde otro lugar. Por ejemplo, Evo no se identificó de inmediato como un indio, se vestía incluso al comienzo de tal forma que parecía un blanco más. Y nosotros usamos la palabra indio con toda la intención de apropiarnos del nombre con que esta sociedad nos llama. La irreverencia de Felipe nos ha servido mucho para ganar nuevamente autoestima como indio. El hecho de que se plante y diga a una autoridad: «a usted lo voy a dejar parado (plantado, esperando) porque a mi me han dejado muchos años parado». O cuando el gobierno da algo, que responda: «yo no tengo porqué agradecer. No te voy a agradecer porque no te estoy pidiendo nada. Te exijo lo que a mi me corresponde.» Lo que no pasaba con otros líderes, que más o menos se ponían de rodillas o festejaban cada cosa que obtenían como si fuera una gracia. Esa irreverencia de Felipe nos fortaleció y eso fue definitivo en este proceso: sumarle al grado de conciencia el grado de autoestima necesaria para concretarla.

– Este grado de conciencia que vos decís que se alcanzó en Bolivia ¿cómo se desarrolló?

-Es la experiencia del mismo pueblo en la lucha la que la genera. Si recorremos la historia, vemos que los pueblos indígenas nunca han dejado de pelear. Y desde el 2.000 para acá, ha sido guerra tras guerra, muertos tras muertos. Pero, además, no podemos dejar de ver que estamos viviendo una etapa de decadencia del sistema que es insalvable. Este sistema no ha podido cumplir objetivos mínimos. Al pueblo boliviano, por ejemplo, ni siquiera le puede dar las reivindicaciones inmediatas como aquí. No tiene esa capacidad. Entonces, no hay donde más…no hay dónde más. Y ahí, en ese punto, es donde el pueblo sabe, instintivamente, hacia dónde dirigirse.

– En lo personal, este camino recorrido ¿qué significó?

– Yo estudiaba Psicología, comencé a trabajar dentro de la izquierda tradicional y un día preparamos una conferencia sobre el tema religión e indigenismo. Estábamos muy orgullosos de nuestro trabajo, pero cuando comenzó la conferencia, los integrantes de las comunidades que vinieron a escucharnos se levantaron y se fueron. Y yo los seguí para saber por qué. Desde entonces, ese camino que inicié ese día me modificó gratamente. Me hizo sentir contenta conmigo misma por ser india, lo que antes no ocurría. Me causaba mucha inseguridad el hecho de no poder ser blanca, en todo el sentido estricto de la palabra. Mis propios padres, por ejemplo, no me enseñaron a hablar aymara ni quechua para que no me discriminen y eso, por el contrario, me provocó una gran indignidad. Logré, en este camino, ganar autoestima y encontrarme a mí misma.

Confiar en que el Estado, debidamente interpelado y presionado, haga algo tangible para mitigar la inseguridad de la existencia no es mucho más realista que la esperanza de acabar con la sequía mediante la danza de la lluvia. (…) Allí donde ha fracasado el estado, quizá la comunidad, la comunidad local, la comunidad físicamente tangible, material, una comunidad encarnada en un territorio habitado por sus miembros y por nadie más (nadie que no pertenezca a ella) provea el sentimiento de seguridad que el mundo, en sentido más amplio, evidentemente conspira en destruir.

INFORME ENERO-FEBRERO 2026 DEL OBSERVATORIO LUCÍA PÉREZ DE VIOLENCIA PATRIARCAL

Temporada de femicidios

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Por el Observatorio Lucía Pérez de Violencia Patriarcal (https://observatorioluciaperez.org/)

Durante el verano de este 2026 sufrimos un femicidio y una tentativa de femicidio cada día y medio. Un promedio alarmante que, además costó la vida de cuatro criaturas; tres de ellas apenas superaban el año.

Las víctimas tienen un rango etáreo que va de los 78 a los 17 años y dejaron a 16 infancias huérfanas.

Los datos: enero y febrero suman 43 femicidios y 43 tentativas de femicidio.

No son cifras. Son vidas, como la de Natalia Cruz (foto principal), en Campo Quijano, Salta: su hermana también fue víctima de femicidio años atrás. Hubo marchas para exigir justicia durante casi todos los días desde el día del crimen en que se fugó su asesino –17 de febrero– hasta ayer, cuando finalmente lo atraparon, consecuencia de haber logrado con estos reclamos que la fiscalía ofrezca una importante suma de recompensa por información sobre su paradero.

Lo que deja este verano también es la condena a perpetua por los  femicidios territoriales de las hermanas Estefanía y Marianela Gorosito, de 25 y 28 años, en Rosario, Santa Fe, la ciudad más castigada con este tipo de asesinatos.

Temporada de femicidios

Estefanía y Mariela Gorosito, dos femicidios territoriales en Rosario.

Así el Poder Judicial reconoció por primera vez y explícitamente la relación entre la violencia del narcotráfico y la de género. Tal como expuso claramente el fiscal Patricio Saldutti “Estefanía y Marianela fueron asesinadas en un contexto de violencia de género extrema. Fueron tratadas como moneda de cambio o como mensajes enviados a través de sus cuerpos para saldar deudas. El desprecio por su condición de mujeres es evidente en la forma en que fueron captadas, trasladadas y descartadas como si sus vidas no valieran nada”.

El condenado es Pablo Nicolás Camino, de 31 años, jefe de una cédula de la banda narco Los Monos, quien ya acumula 40 años de prisión por delitos de homicidio, balaceras y asociación ilícita y está procesado, entre otras causas, por el ataque al supermercado que pertenece a la familia de Antonella Roccuzzo, esposa de Lionel Messi.

Temporada de femicidios

Pablo Nicolás Camino, condenado por el femicidio de las hermanas Gorosito.

Pablo Camino ordenó la ejecución de las hermanas desde el penal donde cumple condena. Es decir: estaba bajo la responsabilidad de las autoridades penitenciarias en el momento de organizar el crimen. A Marianela le dispararon ocho veces. A Estefanía, cinco. Sus cuerpos fueron encontrados en un basural al día siguiente de la ejecución.

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Ley de explotación laboral

Conste en actas

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lavaca.org

Fotos: Lina Etchesuri y Tadeo Bourbon /lavaca.org

A las 12 del mediodía el Frente de Sindicatos Unidos (FreSU) hizo su ingreso a la Plaza de los Dos Congresos con una columna poderosa con mix de gremios de la CTA y los más combativos de la CGT.

A las 12:50 se fueron.

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El Congreso desde la plaza. Foto: Lina Etchesuri /lavaca.org

En ese momento las columnas de movimientos sociales –Libres del Sur, Movimiento Evita, UTEP, MTE– se adelantaron para ocupar el lugar, sobre Yrigoyen pasando Solís, frente al vallado.

A las 13:40 las banderas del Evita comenzaron el éxodo.

En ese momento comenzaron a oírse más los megáfonos de los partidos de izquierda que se agolpaban sobre Rivadavia, casi esquina Callao, frente al vallado.

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La izquierda llegó y se fue, para esquivar a los clásicos Encapuchados con Mochilas Nuevas. Foto: Lina Etchesuri /lavaca.org

A las 14 irrumpió la banda Cuatro Encapuchados con Mochilas Nuevas que no formaban parte de la movilización. Tiraron unas piedras, quemaron unos cartones.

A las 14:07 el camión hidrante empezó a rociar todo lo que tenía delante.

A las 14:11, los partidos y las organizaciones de izquierda comenzaron la retirada.

A las 15 sólo quedaba un pequeño grupo, algunos jubilados y mucha –mucha– policía, que no dejaba transitar ni a vecinas del barrio que iban a comprar remedios.

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Foto: Lina Etchesuri /lavaca.orgi

A las 17 la plaza estaba desolada,  a excepción de un pequeñísimo grupo cantando Ska-P.

“Somos los obreros, la base de este juego
en el que siempre pierde el mismo.
Un juego bien pensado en el que nos tienen callados
y te joden si no quieres jugar. Baila hermano el vals del obrero.”

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Memorias de la Ley Banelco. Esta vez las transferencias se realizaron con éxito. Foto: tadeo Bourbon /lavaca.org

A las 22.35 el proyecto de explotación laboral se convirtió en ley.

Hasta Dios tuvo un mal día: fue este.

PD) La Comisión Provincial por la Memoria (CPM) contabilizó 122 personas heridas y cuatro detenidas, la gran mayoría reprimida cuando se manifestaba en el Obelisco, a las 10.30 de la mañana, contra los despedidos de la fábrica de neumáticos FATE.

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Al irse la gente, nuestra fotógrafa Lina Etchesuri saca fotos de los volantes. Abajo el resultado.

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Foto: Lina Etchesuri /lavaca.org

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MU 210: La batalla final

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MU 210: La batalla final

El femicidio de Lucía Pérez a manos de dos narcos de Mar del Plata motivó el primer Paro Nacional de Mujeres. Tras una larga luchar familiar y social se logró la condena, pero ahora una nueva maniobra judicial puede dejar impunes a los culpables. Un ejemplo de que todo lo que conseguimos está en peligro. ¿Podrán?



Las notas de esta edición:

MU 210: La batalla final

Negacionismo de Estado: Informe 2025 del Observatorio Lucía Pérez

¿Qué hay detrás de la avanzada oficial para negar los femicidios? Radiografía de cómo cada poder del Estado, por acción u omisión, busca ocultar las causas y consecuencias del asesinato de mujeres. Y por qué lo hace. Por Claudia Acuña


MU 210: La batalla final

El Aleph (versión putas): Entrevista a Georgina Orellano

¿Cuánto cuesta la vida? ¿Cuánto vale? La dirigente de AMMAR y la actualidad desde la esquina: lo que se ve, lo que no se escucha, las falsas soluciones progresistas, lo que hay que abolir. Lo narco, la revolución, el cuerpo, la salida. Una recoridapor sus tatuajes, y todo lo que significa ser puta. Por Claudia Acuña y Lucas Pedulla



MU 210: La batalla final

Carla Soggiu: La impunidad avanza

Carla recibió un botón antipánico por las agresiones de su pareja, que la ató, golpeó y violó delante de su hija de dos años. Semanas después de ese hecho, accionó cinco veces ese botón pero la policía no la encontró. Apareció muerta en el Riachuelo. Las complicidades, las burocracias, el rol de Diego Santilli y la lucha de una familia que define el caso como un femicidio de Estado. Por Francisco Pandolfi



MU 210: La batalla final

Alma y vida: El femicidio de Lucía Pérez, hoy

¿Qué es la justicia? ¿Cómo enloquecer a una familia? ¿Por qué buscan eliminar la figura de
femicidio? ¿Cuál es el rol práctico del Estado y el negacionismo? El Tribunal de Casación resolvió que el de Lucía Pérez no fue un femicidio. La política de la misoginia como aversión hacia las mujeres y el paralelismo con lo narco que vende droga junto a las escuelas. Las “sumisitas”, la violencia y el sometimiento. Marta y Guillermo: una familia que trabaja en comunidad, y las claves para que las pesadillas no sigan asesinando a los sueños. Por Sergio Ciancaglini



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Crónicas del más acá: Al trote

POR CARLOS MELONE



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El Caliban y las brujas: La obra Fuerza mayor, protagonizada por jubiladas

La alianza entre Jubilados Insurgentes con integrantes del Teatro Caliban parió está obra que pone en escena lo que pasa todos los miércoles frente al Congreso. Una forma creativa de elaborar la actualidad con las herramientas del teatro, para hacer sentir, pensar e interpelar a los más jóvenes. Por Franco Ciancaglini



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Sin berretines: Lo que nos cuenta la cárcel

Estudiantes de Sociología y Trabajo Social que cumplen condena en la cárcel de San Martín comparten sus reflexiones sobre la libertad, el encierro, y la actualidad más acá de las rejas. ¿Cómo funciona lo narco? ¿Qué implica buscar plata fácil? Lecciones sobre educación, berretines y prejuicios, el sentido de la vida, y la teoría de la bobalización. Por Sergio Ciancaglini



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Sin protección: Ley contra el Acoso y después

Perdió estado parlamentario el proyecto de ley de acoso en ámbitos laborales y académicos: una muestra de la desidia y el abandono de las políticas de género. Del caso Brieger a Milei, cómo sigue la organización de las mujeres para empujar lo imposible en tiempos de motosierra, fascismo y un Congreso estancado. Por Evangelina Bucari



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Con horizonte: 38º Encuentro Plurinacional en Corrientes

Cien mil personas participaron del 38º Encuentro Plurinacional de Mujeres y Diversidades. MU lo registró con crónicas día a día, que pueden leerse en lavaca.org. Compartimos aquí parte del registro fotográfico y una mirada sobre la trastienda de debates que explican mucho de lo que pasó en un evento extraño y extraordinario. Por Claudia Acuña. Fotos de Line Bankel



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Sin cuerpo: La ¿impericia? en la causa de Cecilia Basaldúa

A lo largo de este 2025 la nueva instrucción que investiga el femicidio de Cecilia Basaldúa, ocurrido en el año 2020 en la localidad cordobesa de Capilla del Monte, Cambió fiscales, tomó nuevas pruebas y amplió testimoniales. Sin embargo, en el marco de un proceso judicial que avanzaba, una noticia coronó la impunidad en esta causa: hace cuatro años que el cuerpo de Cecilia fue retirado de la morgue judicial sin el consentimientode la familia. Por María Eugenia Marengo


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