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Luciano Arruga: detalles y sorpresas de la primera jornada del juicio

Comenzó el juicio por las torturas cometidas contra el joven de 16 años que luego fue desaparecido y en 2014 apareció muerto. El clima en la sala, los testimonios, las piruetas de los abogados, y los enigmas pendientes.

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Comenzó el juicio por las torturas cometidas contra el joven de 16 años que luego fue desaparecido y en 2014 apareció muerto. El clima en la sala, los testimonios, las piruetas de los abogados, y los enigmas pendientes.

Luciano Arruga: detalles y sorpresas de la primera jornada del juicio

Fotos: Leandro Alba, de El1 Digital


Desde bien temprano, el operativo de seguridad desplegado este lunes 4 de mayo en la sede de la Unión Industrial de La Matanza levantó vallas que sirvieron como mural para colgar diversas clases de banderas con el rostro de Luciano Arruga. Un móvil de la Bonaerense cortaba la calle Juan Florio en dirección a la avenida Illia, en pleno San Justo. Por una cuestión de capacidad, ese fue el lugar elegido para realizar el juicio por torturas a Luciano Arruga, el joven de 16 años de Lomas del Mirador que fue detenido ilegalmente durante nueve horas en el destacamento policial de esa localidad, que no estaba acondicionado para alojar detenidos, mucho menos un menor. Allí, aquel 22 de septiembre de 2008, lo golpearon, le escupieron la comida y amenazaron con violarlo, según denunció la familia en esta primera audiencia.

Móviles y galletitas

De a poco, las organizaciones sociales y políticas comenzaron a llegar y poblar lo que sería un escenario histórico: por primera vez en democracia un policía llegaba a juicio por torturas. Se trata de Julio Diego Torales, quien el 22 de septiembre de 2008 estaba a cargo del destacamento, y a quien Luciano señaló como uno de los tres policías que lo torturaron ese día. Se espera que, en el desarrollo de las audiencias, surjan elementos para saber la identidad de los otros dos oficiales.
En esta primera audiencia hubo cámaras periodísticas frente a la Unión Industrial: TV Pública, Crónica, 360 TV, CN23 y TN filmaban la llegada de los móviles policiales mientras se acreditaban periodistas de El 1 Digital (de la Universidad Nacional de La Matanza), La Retaguardia, InfoJus, Cosecha roja y FM En Tránsito. Eran las 11 de la mañana. Había también integrantes de organizaciones como Suteba (Sindicato Unificado de Trabajadores de la Educación de la provincia de Buenos Aires), Apdh (Asamblea Permanente por los Derechos Humanos), H.I.J.O.S y Correpi (Coordinadora contra la represión policial e institucional).
La sala se armó en un galpón de la Unión Industrial distrital especialmente acondicionado.  El Tribunal Oral en lo Criminal N°3, es presidido por Diana Nora Volpicina, con Liliana Logroño y Gustavo Navarrine como vocales. Y buscó otorgar la solemnidad que se espera en estos casos, en medio de carteles con publicidad de galletitas, resortes y productos eléctricos.
A las 11:39 ingresaron los jueces.

Luciano Arruga: detalles y sorpresas de la primera jornada del juicio

Fotos: Leandro Alba, de El1 Digital

¿Preso político?

El silencio en la sala sólo era perturbado por los murmullos y las cámaras de fotos. Un batallón se puso delante de Torales: no paraban de fotografiarlo.
Los jueces llamaron a Torales, nacido el 16/6/1980, DNI 28.003.616, secundario completo, de Florencio Varela.  Se sentó en el banquillo.
Le preguntaron nombre, apellido, si tiene algún apodo, y dónde se desempeñaba hasta el momento de ser detenido. Respondió que era oficial principal en Laferrere.
Se levantó y se instaló en medio de su equipo de abogados, conformado por Juan Grimberg y su hijo; y Gastón Jordanes y otro ayudante.  Algunos firmaron a último momento sus cargos.
Luego se leyeron los lineamientos de las partes.
El Ministerio Público Fiscal, representado en el juicio por José Luis Longobardi, especificó que Luciano Arruga fue conducido y detenido al destacamento de Lomas del Mirador entre las 11 y las 19.30 de aquel día, y que allí fue “maltratado” por tres oficiales, entre ellos Torales. Fue amenazado: “Te van a llevar a la Comisaría 8 º donde están los violines” (en referencia a los violadores). Además, Longobardi agregó que el traumatismo que sufrió Luciano producto del maltrato debe ser encuadrado como torturas, ya que “se lo intentó humillar, se lo destrató como persona”.
A su lado estaban los tres abogados que representan a la familia de Luciano. María Dinard y Maximiliano Medina, del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) y Juan Manuel Combi, de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos de La Matanza. Dinard argumentó que Luciano estuvo incomunicado, en un “extremo estado de vulnerabilidad, y aislado”. Que Torales “lo golpeó en el rostro y cuerpo”. Y que el joven de 16 años sufrió “amenazas contra su integridad sexual”.
Finalmente, los lineamientos de la defensa de Torales, argumentados por el abogado Juan Grimberg, despertaron algunas risas en la sala: “Mi defendido tiene que cargar por ser un detenido por razones políticas, influenciado por un organismo con llegada al Poder Ejecutivo Nacional”.  Además, tildó al proceso de “exótico” y de “engendro jurídico”, ya que la “imputación no responde a los derechos humanos” porque la acusación era “inexistente”.
Entonces el TOC llamó a la primera testigo del juicio: Mónica Alegre, mamá de Luciano.

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Fotos: Leandro Alba, de El1 Digital

“Me están matando a palos”

La jueza le pidió nombre completo, domicilio, le recordó que la ley castiga con 10 años de prisión a los que mienten. Mónica Alegre miraba. Sobre su profesión u oficio, sencillamente respondió: “Trabajo como artesana”.
Le preguntaron si conocía a Torales: “Lo conozco de ese día”. Contó que Luciano salió el 22 de septiembre temprano, entre las 7 y las 7.30 de la mañana a trabajar a la fundidora donde iba con su hermano menor. Pasado el mediodía un móvil policial llegó a su casa, en el barrio 12 de Octubre de Lomas del Mirador, y le informó que su hijo estaba preso por robo, supuestamente de un mp3 y un celular). Mónica fue al destacamento. “Me hicieron esperar ahí”, dice. Cuenta que lo vio al propio Torales, que le dio la mano. “Quiero ver a mi hijo”, repitió sus propias palabras Mónica. Le dijeron que su hijo estaba “incomunicado, detenido por robo”.
Mónica: “Atiné a llamar a mi hija. No sabía de leyes”. La hija de Mónica es Vanesa Orieta.
Recordó que alrededor de las 14.30, nerviosa, pidió ver a Luciano. Escucharon un grito. Relató Mónica: “Vane dice que lo suelten. Se ve que Luciano escucha la voz, y dice: ´Vane, sacame de acá que me están matando a palos´. Se escucha que se cierra una puerta. Se escucharon ruidos, gritos: ´Salí, no me pegues´. Pido sacarlo, pero no tenía la documentación. Entonces fui a buscar la partida de nacimiento: necesitaba ese papel”. Lo tenía su hermana.
Mónica fue a buscarlo hasta Puente La Noria. Se tomó dos colectivos (“Habré tardado dos horas”). Volvió y lo presentó. Serían las 19. Cuando entregaba la documentación, salió un policía. “No me acuerdo el rostro, tenía la cabeza gacha”. Luciano lo señaló: “Él me pegó –recuerda Mónica- y Torales le pregunta: ´¿Quién te pegó´. Luciano dice: ‘Vos. Y él también’”.
La mamá de Luciano recordó un diálogo que tuvo con su hijo en aquel momento y durante la vuelta. Ella le decía que se calle, que no dijera nada. Luciano le respondió: “A vos porque no te recagaron a palos, no te reventaron los huesos, no te escupieron gargajos al sánguche ni te pegaban mientras lo comías”.
Mónica también recordó cuando Torales le dijo “negro rastrero” a Luciano. Ella estaba enfrente. Fue después de que Luciano agarrara el celular que el policía estaba cargando para arrojarlo, nervioso. “Cuando salimos lo quise abrazar y me dice que no lo toque, que le dolía”. Agrega: “Le vi marcas en el pómulo, rojo, como hinchado”.
Esa misma noche Vanesa llevó a Luciano al Policlínico de San Justo a constatar las heridas.
A partir de las preguntas del fiscal, Mónica recordó más detalles:

  • Recuerda que Torales le dijo a Luciano: “Te callás o te meto de vuelta adentro. Te voy a mandar al pabellón rosa. ¿Ya lo conocés, no?”
  • Luciano tenía mucho miedo después de esa detención. “Cambió: ya no quería salir. Se volvió cuidadoso”.

Ofrecimiento para robar

El fiscal pidió que quede constancia por omisión de un párrafo del expediente. Citó la foja y la línea. «¿Empezando de arriba o de abajo?» consultó la jueza. El fiscal pidió además agregar al testimonio una frase de Luciano: “Vos me pegaste mientras otros dos me sostenían” y la de la amenaza de llevarlo a la Comisaría 8º “donde estaban los violines”.
Mónica agregó, mirando al Tribunal: “Todo empezó cuando tuvo el ofrecimiento de robar para la policía. Lo amenazaban. Le pusieron una escopeta al pecho. Lo estaban ahogando de a poco, hasta que llegó el 22 de septiembre. Ahí empezó una persecución”.
A pedido de sus abogados, Mónica dibujó un croquis del destacamento. Recuerda otra frase de su hijo tras el hostigamiento: “Cuando veas un patrullero, cruzate de calle”. Mónica respira. Le dan un vaso del agua. Desde el Tribunal le preguntan si quiere esperar para seguir.
Responde: “No. Ya estoy acostumbrada”.
La sala la escuchaba citar a Luciano: “El día que yo me vaya cuidá a mi hermana. Es mi vida. Y a mis hermanos. Yo me voy a ir antes que vos, ma. Poné mi camiseta de River. Prometeme que me vas a envolver con mi bandera”. Agregó Mónica: “Los sueños de conocer el mar y de terminar el estudio, ya no estaban”.
La defensa pidió la palabra. Grimberg le preguntó por qué se fue esa tarde del destacamento e intentó confundir los horarios respecto a su partida. Mónica respondió: “Ninguna persona tiene un reloj para marcar que tiene que ir a la comisaría a buscar a su hijo”. Grimberg insistió con planteos confusos. Maximiliano Medina, del CELS, se lo apuntó a la jueza. La jueza lo obligó a reformular.
“¿Por qué se retiró?”, insistió Grimberg.
“Usted ya la hizo (la pregunta). Ya contestó”, dijo la jueza Volpicina.
“Yo le contesto”, resolvió Moni, con total paciencia. “Señor abogado: era la única manera de sacar a mi hijo” (al ir a buscar la partida de nacimiento).
Medina pidió que quede constancia de ello.
Grimberg le preguntó luego si habló con algún funcionario en el momento para sacar a Luciano. Mónica dijo que no. Le preguntó si tenía asesoría legal en ese instante. Tampoco.
Pidió el micrófono fue otro de los abogados de Torales, Gastón Jordanes. Le preguntó a Mónica por qué cree que a Luciano le ofrecieron robar. La querella apuntó que se limitara al objeto procesal. “De eso me encargo yo”, dijo Volpicina que, finalmente, le dio la razón.
Luego Grimberg desató una risotada en la sala. Preguntó qué hacía Luciano con el carro un carro y “¿qué opinaba de que un chico de 16 años esté obligado a cartonear?”.
La presidenta del Tribunal: “Es impertinente. No sé a qué apunta”.
Mónica, de todas maneras, contestó, tranquila: “Me sentía orgullosa, porque él había rechazado dignamente una oferta de robar para la policía, con el mismo orgullo con el que hasta ahora soy la madre de Luciano Arruga”.
A las 13.30, los jueces ordenaron un cuarto intermedio.

“Todo político”

Volvieron a las 13.50.
El fiscal convocó a la testigo específica de la defensa, la mamá de Torales: Zulma Noemí Robles de Torales. Dijo que es profesora de Economía. Grimberg le preguntó, concretamente, la “circunstancia” por la que está pasando su hijo.
Zulma: “Es horrendo. Lo han tratado como un verdadero delincuente. Se le ha negado todo derecho como persona y ser humano. Dijeron que se podía fugar, que podía tomar represalias. Lo trataron peor que a un asesino”. Contó que fue a hablar con el juez Gustavo Banco (el mismo que tiene un jury de enjuiciamiento por haber pinchado los teléfonos de la familia Arruga), y que éste le dijo: “Tené paciencia, tu hijo es un perejil”. El juez le dijo que el tema era “todo político” y le dijo también: “No justifico estar 6 meses por un moretón” y “yo hago lo que mis jefes me ordenan”.
La presidenta del Tribunal la interrumpió: “Las decisiones judiciales no están en tela de juicio cuando se juzgan otras cosas”.
Grimberg le preguntó cómo se compone su familia. Además de Torales, hay otros dos miembros que pertenecen a Policía Bonaerense. Dijo que Torales desde chiquito quiso ser policía.
La mujer agregó: “La Policía no me preguntó nada. Le corresponde esto también”.
No más preguntas.

Traumatismos

Luego fue el turno -por separado- de dos profesionales de la salud.
La primera fue la médica legista María Fontela, que en septiembre de 2008 trabajaba en el Cuerpo Médico Forense de La Matanza. De su informe surge que Luciano “no presentaba lesiones traumáticas”, apuntó el fiscal Longobardi. “Es así”, respondió ella. “Cuando un aprehendido es acompañado, se le saca a ropa, los pantalones hasta los tobillos”. Explica que se lo ve con luz especial, se le hace levantar los brazos y que gire. Ella no vio nada.
Ante la pregunta del fiscal, Fontela apuntó que “hay heridas que si son muy recientes o añejas no se pueden notar”, y “que no siempre los hematomas colorean la piel”, sino que “hay tocarlo”. Pero si las heridas no se notan, entonces no hay tacto. Ella afirmó que no tocó a Luciano.
Después de Fontela, pasó el médico Gabriel González, que el 22 de septiembre 2008 hacía guardias en el Policlínico de San Justo. Él firmó el certificado donde constaban las lesiones que sufrió Luciano. Cuenta que a las 23 horas de ese día atendió al “paciente” Luciano Nahuel Arruga. “Traumatismo región facial, de frente y lado izquierdo”, anotó. Le pidieron describir la lesión: “Es un golpe, simple, no hay hematoma. Es inflamatorio”.
Especificó que sin “marca” no consignan golpes pese al dolor del paciente.
La querella le pidió más especificidad. “Se produce con golpe con un artefacto romo. Puede ser puño o superficie lisa”. No recuerda más detalles. La defensa de Torales pregunta si pudo ser un cachetazo. González remarca: “Es raro que sólo un cachetazo deje un traumatismo”. Dinard, del CELS, pide que esa respuesta conste en actas.

Medio rengo

Se llamó al estrado a Juan Gabriel Apud, amigo de Luciano desde los 5 años. Vivía a la vuelta de su casa. Él fue uno de los que vio llegar al barrio a Luciano con Mónica luego de la detención. Él también charló con el joven en los días posteriores. Es zapatero. “Luciano fue detenido en varias ocasiones, solo o con amigos”, declaró. “Esa vez lo habían culpado de un ilícito y apareció golpeado, con lágrimas en los ojos”.
Apud recuordó: “Tenía un moretón en el pómulo”. En ese momento no contó nada. “Caminaba medio rengo. Tenía un golpe en uno de los tobillos”. Contó que al otro día pudieron hablar un poco más. “Lo golpearon mucho”, señaló. “En la espalda tenía rayas, como si fueran con el bastón que usa la policía. Lo tiraron al piso, lo golpearon, lo escupieron. Desde ahí empezó a cambiar su modo de ser. Ya no quería salir con el carro. Tenía miedo por los policías, que le decían que vaya a laburar a otra zona”.
Grimberg, al igual que a lo largo de toda la audiencia, pidió leer fojas del expediente para marcar una contradicción. Para la fiscalía y el particular damnificado no había tal contradicción: eran dos formas distintas de expresar lo mismo El Tribunal dio lugar. El abogado ancló en un detalle menor: Apud había declarado en un principio que Mónica traía a Luciano como “arrastrando” porque “no podía caminar”. El joven: “Es una forma de decir. Estaba apoyado alrededor del cuello de su madre”.
El último testimonio fue de Rocío Gallegos, quien vivía con Vanesa Orieta, la hermana de Luciano, cuando fue la detención ilegal del adolescente. “Vanesa estaba preocupada por cómo le habían pegado a su hermano”, declaró. “Ella habló con Torales, le dijo: ‘Vos le dijiste que lo iban a violar’”. Gallegos recordó los diálogos que mantuvo con Luciano en los días posteriores, cuando el joven estaba asustado tras la detención. “No sé qué hacer porque la policía no me deja circular cerca de mi casa”, decía Luciano.
Al igual que cada uno de los testigos, Gallegos señaló que Luciano cambió después de la detención: “Lo empecé a ver diferente, venía más tiempo a casa. Con el tiempo me di cuenta que estaba pidiendo ayuda”.

Condena social y justicia

A Luciano lo desaparecieron cuatro meses después de esta detención ilegal. Desde el 31 de enero de 2009 la familia lo buscó incansablemente.
La noticia de la identificación de su cuerpo llegó el 17 de octubre de 2014, luego de que se aprobara el habeas corpus que obligó al Estado a poner en marcha los mecanismos para su búsqueda. En todo ese tiempo, quien impulsó la investigación fue la propia familia. A raíz de ese descubrimiento, se supo que Luciano había sido atropellado a las 3.21 de la madrugada en el cruce de General Paz y Emilio Castro en un episodio al menos confuso, mientras parecía querer escapar cruzando a la carrera la General Paz, que fue trasladado por el SAME, que falleció el 1º de febrero de 2009 a las 8 de la mañana en el Hospital Santojanni,. Allí lo catalogaron como NN y ese fue su destino en la Morgue Judicial y el Cementerio de la Chacarita hasta 2014.
Después de años de construcción de condena social, este lunes comenzó otra instancia.
Se espera para este martes el testimonio de Vanesa Orieta.

INFORME ENERO-FEBRERO 2026 DEL OBSERVATORIO LUCÍA PÉREZ DE VIOLENCIA PATRIARCAL

Temporada de femicidios

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Por el Observatorio Lucía Pérez de Violencia Patriarcal (https://observatorioluciaperez.org/)

Durante el verano de este 2026 sufrimos un femicidio y una tentativa de femicidio cada día y medio. Un promedio alarmante que, además costó la vida de cuatro criaturas; tres de ellas apenas superaban el año.

Las víctimas tienen un rango etáreo que va de los 78 a los 17 años y dejaron a 16 infancias huérfanas.

Los datos: enero y febrero suman 43 femicidios y 43 tentativas de femicidio.

No son cifras. Son vidas, como la de Natalia Cruz (foto principal), en Campo Quijano, Salta: su hermana también fue víctima de femicidio años atrás. Hubo marchas para exigir justicia durante casi todos los días desde el día del crimen en que se fugó su asesino –17 de febrero– hasta ayer, cuando finalmente lo atraparon, consecuencia de haber logrado con estos reclamos que la fiscalía ofrezca una importante suma de recompensa por información sobre su paradero.

Lo que deja este verano también es la condena a perpetua por los  femicidios territoriales de las hermanas Estefanía y Marianela Gorosito, de 25 y 28 años, en Rosario, Santa Fe, la ciudad más castigada con este tipo de asesinatos.

Temporada de femicidios

Estefanía y Mariela Gorosito, dos femicidios territoriales en Rosario.

Así el Poder Judicial reconoció por primera vez y explícitamente la relación entre la violencia del narcotráfico y la de género. Tal como expuso claramente el fiscal Patricio Saldutti “Estefanía y Marianela fueron asesinadas en un contexto de violencia de género extrema. Fueron tratadas como moneda de cambio o como mensajes enviados a través de sus cuerpos para saldar deudas. El desprecio por su condición de mujeres es evidente en la forma en que fueron captadas, trasladadas y descartadas como si sus vidas no valieran nada”.

El condenado es Pablo Nicolás Camino, de 31 años, jefe de una cédula de la banda narco Los Monos, quien ya acumula 40 años de prisión por delitos de homicidio, balaceras y asociación ilícita y está procesado, entre otras causas, por el ataque al supermercado que pertenece a la familia de Antonella Roccuzzo, esposa de Lionel Messi.

Temporada de femicidios

Pablo Nicolás Camino, condenado por el femicidio de las hermanas Gorosito.

Pablo Camino ordenó la ejecución de las hermanas desde el penal donde cumple condena. Es decir: estaba bajo la responsabilidad de las autoridades penitenciarias en el momento de organizar el crimen. A Marianela le dispararon ocho veces. A Estefanía, cinco. Sus cuerpos fueron encontrados en un basural al día siguiente de la ejecución.

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Ley de explotación laboral

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lavaca.org

Fotos: Lina Etchesuri y Tadeo Bourbon /lavaca.org

A las 12 del mediodía el Frente de Sindicatos Unidos (FreSU) hizo su ingreso a la Plaza de los Dos Congresos con una columna poderosa con mix de gremios de la CTA y los más combativos de la CGT.

A las 12:50 se fueron.

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El Congreso desde la plaza. Foto: Lina Etchesuri /lavaca.org

En ese momento las columnas de movimientos sociales –Libres del Sur, Movimiento Evita, UTEP, MTE– se adelantaron para ocupar el lugar, sobre Yrigoyen pasando Solís, frente al vallado.

A las 13:40 las banderas del Evita comenzaron el éxodo.

En ese momento comenzaron a oírse más los megáfonos de los partidos de izquierda que se agolpaban sobre Rivadavia, casi esquina Callao, frente al vallado.

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La izquierda llegó y se fue, para esquivar a los clásicos Encapuchados con Mochilas Nuevas. Foto: Lina Etchesuri /lavaca.org

A las 14 irrumpió la banda Cuatro Encapuchados con Mochilas Nuevas que no formaban parte de la movilización. Tiraron unas piedras, quemaron unos cartones.

A las 14:07 el camión hidrante empezó a rociar todo lo que tenía delante.

A las 14:11, los partidos y las organizaciones de izquierda comenzaron la retirada.

A las 15 sólo quedaba un pequeño grupo, algunos jubilados y mucha –mucha– policía, que no dejaba transitar ni a vecinas del barrio que iban a comprar remedios.

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Foto: Lina Etchesuri /lavaca.orgi

A las 17 la plaza estaba desolada,  a excepción de un pequeñísimo grupo cantando Ska-P.

“Somos los obreros, la base de este juego
en el que siempre pierde el mismo.
Un juego bien pensado en el que nos tienen callados
y te joden si no quieres jugar. Baila hermano el vals del obrero.”

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Memorias de la Ley Banelco. Esta vez las transferencias se realizaron con éxito. Foto: tadeo Bourbon /lavaca.org

A las 22.35 el proyecto de explotación laboral se convirtió en ley.

Hasta Dios tuvo un mal día: fue este.

PD) La Comisión Provincial por la Memoria (CPM) contabilizó 122 personas heridas y cuatro detenidas, la gran mayoría reprimida cuando se manifestaba en el Obelisco, a las 10.30 de la mañana, contra los despedidos de la fábrica de neumáticos FATE.

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Al irse la gente, nuestra fotógrafa Lina Etchesuri saca fotos de los volantes. Abajo el resultado.

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Foto: Lina Etchesuri /lavaca.org

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MU 210: La batalla final

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El femicidio de Lucía Pérez a manos de dos narcos de Mar del Plata motivó el primer Paro Nacional de Mujeres. Tras una larga luchar familiar y social se logró la condena, pero ahora una nueva maniobra judicial puede dejar impunes a los culpables. Un ejemplo de que todo lo que conseguimos está en peligro. ¿Podrán?



Las notas de esta edición:

MU 210: La batalla final

Negacionismo de Estado: Informe 2025 del Observatorio Lucía Pérez

¿Qué hay detrás de la avanzada oficial para negar los femicidios? Radiografía de cómo cada poder del Estado, por acción u omisión, busca ocultar las causas y consecuencias del asesinato de mujeres. Y por qué lo hace. Por Claudia Acuña


MU 210: La batalla final

El Aleph (versión putas): Entrevista a Georgina Orellano

¿Cuánto cuesta la vida? ¿Cuánto vale? La dirigente de AMMAR y la actualidad desde la esquina: lo que se ve, lo que no se escucha, las falsas soluciones progresistas, lo que hay que abolir. Lo narco, la revolución, el cuerpo, la salida. Una recoridapor sus tatuajes, y todo lo que significa ser puta. Por Claudia Acuña y Lucas Pedulla



MU 210: La batalla final

Carla Soggiu: La impunidad avanza

Carla recibió un botón antipánico por las agresiones de su pareja, que la ató, golpeó y violó delante de su hija de dos años. Semanas después de ese hecho, accionó cinco veces ese botón pero la policía no la encontró. Apareció muerta en el Riachuelo. Las complicidades, las burocracias, el rol de Diego Santilli y la lucha de una familia que define el caso como un femicidio de Estado. Por Francisco Pandolfi



MU 210: La batalla final

Alma y vida: El femicidio de Lucía Pérez, hoy

¿Qué es la justicia? ¿Cómo enloquecer a una familia? ¿Por qué buscan eliminar la figura de
femicidio? ¿Cuál es el rol práctico del Estado y el negacionismo? El Tribunal de Casación resolvió que el de Lucía Pérez no fue un femicidio. La política de la misoginia como aversión hacia las mujeres y el paralelismo con lo narco que vende droga junto a las escuelas. Las “sumisitas”, la violencia y el sometimiento. Marta y Guillermo: una familia que trabaja en comunidad, y las claves para que las pesadillas no sigan asesinando a los sueños. Por Sergio Ciancaglini



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Crónicas del más acá: Al trote

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El Caliban y las brujas: La obra Fuerza mayor, protagonizada por jubiladas

La alianza entre Jubilados Insurgentes con integrantes del Teatro Caliban parió está obra que pone en escena lo que pasa todos los miércoles frente al Congreso. Una forma creativa de elaborar la actualidad con las herramientas del teatro, para hacer sentir, pensar e interpelar a los más jóvenes. Por Franco Ciancaglini



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Sin berretines: Lo que nos cuenta la cárcel

Estudiantes de Sociología y Trabajo Social que cumplen condena en la cárcel de San Martín comparten sus reflexiones sobre la libertad, el encierro, y la actualidad más acá de las rejas. ¿Cómo funciona lo narco? ¿Qué implica buscar plata fácil? Lecciones sobre educación, berretines y prejuicios, el sentido de la vida, y la teoría de la bobalización. Por Sergio Ciancaglini



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Sin protección: Ley contra el Acoso y después

Perdió estado parlamentario el proyecto de ley de acoso en ámbitos laborales y académicos: una muestra de la desidia y el abandono de las políticas de género. Del caso Brieger a Milei, cómo sigue la organización de las mujeres para empujar lo imposible en tiempos de motosierra, fascismo y un Congreso estancado. Por Evangelina Bucari



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Con horizonte: 38º Encuentro Plurinacional en Corrientes

Cien mil personas participaron del 38º Encuentro Plurinacional de Mujeres y Diversidades. MU lo registró con crónicas día a día, que pueden leerse en lavaca.org. Compartimos aquí parte del registro fotográfico y una mirada sobre la trastienda de debates que explican mucho de lo que pasó en un evento extraño y extraordinario. Por Claudia Acuña. Fotos de Line Bankel



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Sin cuerpo: La ¿impericia? en la causa de Cecilia Basaldúa

A lo largo de este 2025 la nueva instrucción que investiga el femicidio de Cecilia Basaldúa, ocurrido en el año 2020 en la localidad cordobesa de Capilla del Monte, Cambió fiscales, tomó nuevas pruebas y amplió testimoniales. Sin embargo, en el marco de un proceso judicial que avanzaba, una noticia coronó la impunidad en esta causa: hace cuatro años que el cuerpo de Cecilia fue retirado de la morgue judicial sin el consentimientode la familia. Por María Eugenia Marengo


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