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Rojava: la revolución de las mujeres

«Luchamos por todas las mujeres del mundo, por romper fronteras y barreras», dice una de las militantes de las fuerzas kurdas de las Unidades Femeninas de Protección.

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“Luchamos por todas las mujeres del mundo, por romper fronteras y barreras”, dice una de las militantes de las YPJ. Por El Xemillero, desde el Kurdistán sirio.

Rojava: la revolución de las mujeres

Mujeres durante las celebraciones del 8 de Marzo n Derbesi, cantón de Cezire. Foto: Kimmie Taylor


En la federación autónoma del norte de Siria, Rojava, apenas se ven árboles. La distancia es una larga pradera verde con extractores de petróleo perfilados en un horizonte naranja. Sus lagunas negras arden al sol para transformar este oro negro en diésel. El embargo por parte de Turquía en el norte, el Kurdistán iraquí al Este y el terror yihadista amenazando el sur hacen que no sea posible venderlo, y así el aire se llena de benceno y gases que hacen que tu cabeza pierda perspectiva del suelo, que tambalee tu caminar. Pero este manto de hierba ya es bosque en la mente de la gente.
La tierra rota por la guerra es un hervidero de proyectos de todo tipo, en los que las mujeres es su centro. “La mujer es la tierra, la tierra es la base de la comuna, la comuna es la base de la sociedad…”, nos explica Zey­nep. Las comunas son los organismos sociales más básicos, compuestos por cientos de familias que conforman la sociedad de Rojava.
Zeynep es la personificación de la revolución agraria de las mujeres. Nos recibe con unos alicates colgando de un bolsillo trasero de su pantalón y una pistola del otro. Mientras, ordena a varios hombres que arreglen una de las verjas de los grandes invernaderos que gestionan. Su piel color tierra se estremece bajo una amplia sonrisa. Lleva una camiseta que dice “no soy normal”.
Rojava: la revolución de las mujeres

Una milioiana de las YPG porta un AK-47. Foto: Kimmie Taylor

Cooperativas agrarias

Esta mujer de pelo corto y caminar holgado es una ingeniera del Kur­distán turco que lleva un año trabajando en un proyecto de amplios terrenos de cultivo e invernaderos que cederá a las mujeres de la zona para que trabajen juntas de forma cooperativa, abasteciendo a 18 comunas. Nos confiesa que no tenía conocimientos de cultivo y contesta que todo lo “aprendió de internet”. Aquí se preparan 201.000 semillas de tomates, berenjenas, pimientos y calabaza. También nos muestra 3.000 plantones de árboles y 268 frutales, y nos habla de un proyecto de plantación de soja para transformarlo en aceite de cocina. Además, el proyecto incluirá el cultivo de maíz, único en la región. “¡Maíz Rojava 2016!”, bromea. Es, sin duda, un oasis ideológico que crece en forma de naturaleza.
Todas las ramas de la sociedad de Rojava tienen un terreno común revolucionario que se va labrando paso a paso. su política se basa en la ecología social y en un sistema horizontal de confederalismo democrático, ideas impulsadas por el líder del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), Abdullah Öcalan, que, desde la cárcel en la isla turca de Imrali, predica esas ideas heredadas de Murray Bookchin, anarquista estadounidense muerto en el año 2006. Para que esto sea posible, Öcalan, conocido como ‘Apo’, afirma que las mujeres deben recuperar el terreno perdido. “¡El trabajo de las mujeres es el primer frente!”, exclama Zeynep.
Las calles de Rojava están asfaltadas de un simbolismo que a menudo gira alrededor de la figura de Öcalan. Pero las mujeres encuentran en su historia innumerables ejemplos de compañeras que impulsaron la unión de mujeres por la libertad. La activista kurda Sakine Cansız, parte del grupo fundador del PKK (junto con Öcalan), se convirtió en un símbolo de resistencia femenina. Su asesinato en París en 2013 fue un duro golpe al espíritu kurdo, pero se fue para quedarse.
Las mujeres de Rojava se organizan mayoritariamente a través de la organización de mujeres soberana Congress Star, hasta marzo denominada Yekitiya Star. Ésta se encuentra interconectada con el Movi­miento Democrático Po­pular de Kurdistán Oeste. Sabah, una de sus integrantes encargadas de la coordinación, explica que las mujeres manejan la tierra trabajando en cooperativas o colectivos autónomos organizados de manera horizontal, sin un marco legal definido. “El objetivo no es vender, es conseguir que las mujeres se organicen y trabajen para ellas mismas, para obtener la independencia total del hombre”, nos cuenta.
Uno de los proyectos de Congress Star es una academia de mujeres que realiza cursos de unos meses para educar a la población. Entre sus asignaturas está la unión de la ecología y la economía, entendidas como una vuelta a la realidad de las mujeres. “Es una tercera forma de hacer, ver y entender la realidad”, nos explica una de las profesoras. Para ellas todo empieza con las mujeres, las más oprimidas, y por eso en ellas está la clave para cambiar la sociedad.
Otras asignaturas son el estudio de la anatomía del cuerpo femenino y defensa personal, apoyada en tres pilares: defensa, nutrición y reproducción. Todas las asignaturas tienen un enfoque de ruptura con el sistema capitalista y patriarcal. La profesora habla de revolución radical mientras compartimos tranquilamente un té con pastas, parece la combinación perfecta.
La lista de proyectos destinados al women power es sorprendente. La Fundación de las Mujeres Libres de Rojava, por ejemplo, organizada dentro de Congress Star, tiene múltiples planes en marcha nunca antes implementados en este lado del planeta, como un proyecto de pueblo exclusivo para mujeres. Cuando una de ellas sufre maltrato y huye a una casa de mujeres, se encierra ahí como en una prisión, nos cuenta una de las responsables del proyecto. “Este pueblo puede ser la base de una sociedad libre, donde las mujeres y sus hijos puedan liberarse del sistema patriarcal” recalca.
Estas ideas se engloban dentro de la ginología o ciencia de la mujer, un enfoque radical de lucha contra el patriarcado acunado en esta revolución de los cuerpos, almas y mentes. Su contenido se elabora, debate y discute en una casa cuyo amplio salón es arropado por una alfombra morada y fotografías de las personas mártires de la revolución. Aquí estudian los diferentes tipos de feminismo e integran teorías de todo tipo para apoyar el contenido ideológico de estos tiempos. “Hay muchas teorías que critican el sistema: anarquistas, marxistas, etc. Nosotras estudiamos todas para formar un pensamiento propio”, dicen. Y explican que su misión es impulsar una ciencia que agrupe todas las teorías de los movimientos feministas bajo un mismo paraguas, sin caer en tópicos.
A pesar de ello, la gente de a pie sigue sus roles tradicionales. Mu­jeres y hombres cubren sus extremidades a pesar del calor, y la sexualidad es un gran tabú, pero la revolución va a paso lento. Ilham, la encargada de una casa de mujeres en Qamishli, que sirve como mediación en conflictos que implican a las mujeres, explica que los cambios deben darse poco a poco para no generar rechazo. “La libertad comienza dentro de ti misma, sin importar cómo te vistas”, explica. Las casas de mujeres sirven de centro de reunión para solucionar problemas familiares antes de tener que acudir a la justicia. “La construcción de una sociedad democrática comienza construyendo una familia democrática,” añade. Mien­tras conversamos, un matrimonio entra en la sala, el hombre con expresión de derrota se sienta en una silla mientras un grupo de mujeres escucha a su esposa. Parece el mundo al revés.

Rojava: la revolución de las mujeres

Foto: Kimmie Taylor

Salud revolucionaria

Escondida en una calle en la ciudad de Serekania encontramos una pequeña clínica para mujeres, uno de los múltiples proyectos de la Fun­dación de las Mujeres Libres de Rojava. Mujeres de varios rincones del territorio llegan aquí caminando y son atendidas por cuatro enfermeras y por la doctora Ronahi Azad.
Vestida con atuendo kurdo, nos explica que cada vez llegan menos medicamentos y se ve obligada a improvisar. “¡Para realizar exploraciones de garganta uso la linterna de la parte de atrás de mi mechero!”, exclama con una gran sonrisa. Nos dice que a pesar de las limitaciones uno de sus objetivos es acompañar a las mujeres a autoconocerse. La clínica hace cursos de dos o tres meses en atención primaria para formar a futuras enfermeras y ofrece apoyo psicológico por los traumas de la guerra, empoderando a toda la que pisa este lugar.
Clínicas y hospitales de toda Ro­java son un libro abierto al cambio hacia la salud integral, la autonomía y la integración de las mujeres en todos los ámbitos. Según el director del centro de rehabilitación militar de la ciudad de Qamishli, en el cantón de Cezire, “la vida tiene cuatro pilares básicos: la cultura, la naturaleza, las mujeres y la libertad”.
Nos cuenta que debemos recuperar la salud a través de un cambio de sistema que vaya hacia una igualdad real. Su discurso sigue una línea parecida a la del ecofeminismo, que aquí se teoriza para aplicarse en hospitales y clínicas de Rojava. En la pared se proyectan diapositivas mostrando esta visión. Un grupo de unas 30 personas observamos con la boca abierta una imagen de una mujer amamantando a su hijo con uno de sus pechos y a una cabra con el otro.
Los valores relacionados con los cuidados, la atención, la comida, la salud y el bienestar emocional son representados por las mujeres y caen en la sombra de los valores masculinos de productividad, desarrollo, industria y poder empresarial. La sociedad de Rojava le da la vuelta a esos valores, poniendo por delante los intereses de la tierra y de la mujer, que al pie del cañón renace poco a poco de una opresión milenaria.

Mujeres en guerra

La población kurda repartida principalmente en el sur de Turquía, oeste de Iraq y norte de Siria lucha por su liberación como pueblo, por hacerse un hueco en el mundo, a la vez que impulsa un sistema de valores democrático y participativo. Su ejército, que batalla contra diversas fuerzas, entre las que se encuentra el Daesh (Estado Islámico), se divide en facciones de hombres y mujeres. Estas mujeres son el brazo armado de la ‘ginología’.
“Luchamos por todas las mujeres del mundo, por romper fronteras y barreras”, dice una de las militares de las fuerzas kurdas de las Unidades Femeninas de Protección (YPJ), compuestas únicamente por mujeres. Su intensa mirada se destina hacia un idea que arde en los corazones de estas mujeres dueñas de sí mismas.
Otra de sus compañeras explica que luchan con armas obsoletas pero que aun así están ganándole la batalla al extremismo islamista. “Cuando tu corazón y tu mente trabajan en una misma dirección, no importa lo que tengas entre las manos, puedes luchar con ello”.
Las YPJ dejan su vida atrás para regalársela a la libertad de su pueblo, pero principalmente para que las mujeres recuperen su espacio y se liberen de toda opresión. No podía ser de otra manera en este nuevo mundo que florece entre el furor de una sangrienta guerra que está desafiando al mundo.

Declaración de Rojava por una Siria Federal

El 17 de marzo, el Consejo Constitutivo del Sistema Federal de Rojava llegó a un acuerdo de nueve puntos que “será considerado como un modelo de solución de la crisis siria”. En ellos se establece, por ejemplo, que “la futura Siria pertenecerá a todos los sirios y es el sistema federal democrático basado en la participación de todos los componentes de la sociedad lo que hará establecer esto”, y la “constitución de un sistema federal democrático para Rojava, en el norte de Siria”. También se establecía un Comité Organizacional que deberá preparar un contrato social para este sistema político en el plazo de seis meses.
Derecho a una participación igualitaria
El punto 6º de la Declaración de Rojava establece que “la liberación de la mujer es la esencia del Sistema Democrático Federal. La mujer tiene derecho a una participación igualitaria y es la que toma las decisiones en relación con los temas que la conciernen. Es representada por igual en todos los ámbitos, incluyendo los aspectos sociales y políticos”.
Un Contrato Social para Rojava
En enero de 2014, dos meses después de que Rojava proclamase su autonomía, se publicó una Constitución provisional de sus tres regiones (Afrin, Jazira y Kobane). La Carta del Contrato Social de Rojava establece que “en búsqueda de la libertad, la justicia, la dignidad y la democracia y conducido por los principios de la igualdad y la sostenibilidad ambiental, la Carta proclama un nuevo contrato social, basado en la convivencia y el entendimiento mutuo y la paz…”.
La nota completa se puede leer en el periódico español Diagonal.

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Encuentro a la hora del té: Hebe de Bonafini, Chicha Mariani y una reunión para hacer historia

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Tiempo, emoción y galletitas. Memoria, humor y lucidez. Esos fueron algunos ingredientes de una reunión histórica y nutritiva ocurrida en 2010 entre Hebe de Bonafini y María Isabel Chicha Mariani. Una charla para recordar un día como hoy, 4 de diciembre, en el que Hebe cumpliría años, porque cuenta parte del nacimiento de un inédito tipo de movimiento social conformado por mujeres desesperadas ante la desaparición de sus hijas e hijos, nietas y nietos, tras el golpe del 24 de marzo de 1976. ¿Por qué recordar? Porque quienes olvidan todo o tienen amnesia, no saben quienes son hoy, en este momento.

Este encuentro de 2010 ocurrió en La Plata entre dos vecinas: Hebe (fallecida en 2022, quien era presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo) y Chicha (quien fallecería en 2018, fundadora de Abuelas de Plaza de Mayo). Estaban distanciadas desde hacía 29 años, y la propuesta de nota en MU permitió reunirlas. ¿Qué nos dicen sobre el presente los primeros tiempos en la historia de lucha por la aparición de sus hijos y nietos? Los viajes, las gestiones, las anécdotas, la causa de la pelea, sus reflexiones e intercambios, en los principales tramos de esta conversación inolvidable.

Por Sergio Ciancaglini

A las 6 de la tarde sonó el timbre, con una puntualidad de los tiempos en que vida o muerte podían depender de la exactitud de las citas de madres, abuelas y familiares de desaparecidos. En la casa de la fundadora de Abuelas de Plaza de Mayo, María Isabel Chorobik de Mariani, Chicha, había una mesa con tetera, tazas y medialunas, que por un rato desplazaron expedientes judiciales, recortes de diarios y denuncias de su creación más cercana, la Asociación Anahí. A esa casa de la calle 47 de La Plata, llegó Hebe de Bonafini, presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, con masas, un huevo de Pascua (enviado por Alejandra, su hija) y galletas dietéticas.
Besos, abrazos. Chicha ha perdido casi totalmente la vista. Por eso es Hebe la que dice: “Nos vestimos igual. Estamos en la misma murga”. Las risas ayudaron a sobrellevar la emoción de este encuentro en el que cada palabra y cada silencio tuvieron una carga que mejor que adjetivar, es conocer.
Chicha tiene 86 años, Hebe 81, y ambas una lucidez sin edad.
Se habían distanciado hace 29 años. Se volvieron a ver en marzo, en una exposición sobre Clara Anahí, la nieta que Chicha busca desde noviembre de 1976. Hebe fue a esa muestra en Canal 7, y del reencuentro fugaz nació la idea de una charla con MU. Con tiempo, té y galletitas.

Encuentro a la hora del té: Hebe de Bonafini, Chicha Mariani y una reunión para hacer historia

La reunión en casa de Chicha, después de 29 años distanciadas. Foto: lavaca.org

Sonrisas junto al paraíso

Hebe tiene dos hijos desaparecidos, Jorge y Raúl. A Enrique Mariani, el hijo de Chicha, lo mataron en 1977. En noviembre de 1976, un ataque de la Bonaerense bajo órdenes de Ramón Camps reventó literalmente la casa donde había al menos cinco personas que fueron acribilladas, entre ellas la nuera de Chicha, Diana Teruggi. Allí estaba Clara Anahí, tres meses de edad.
Hebe y Chicha se conocieron en noviembre de 1977, con la llegada a Buenos Aires de Cyrus Vance, enviado del presidente norteamericano James Carter, que iba a participar en un acto en Plaza San Martín. Chicha: “Yo había conocido a Licha (Alicia De la Cuadra, un hijo y una hija embarazada desaparecidos) y me dijo que podíamos ir a darle un ‘testimonio’ a Vance. Yo era una bruta, daba clases de Artes Visuales en el Liceo de La Plata pero no sabía viajar a Buenos Aires. Aprendí que un testimonio era un papel con mi caso. Cuando llegué me quedé paralizada. Estaban los funcionarios, todo lleno de milicos armados, los perros, en otro lugar había mujeres. Todas empezaron a gritar. Y se pusieron los pañuelos que tenían escondidos. Y yo sin saber qué hacer, con el papelito apretado contra el pecho. Vino una mujer corriendo, me dijo: ‘Dame el testimonio’, y se lo llevó a Cyrus Vance. Era Azucena Villaflor, la fundadora de Madres”.
Con Licha ya habían resuelto encontrarse allí mismo con otras mujeres que buscaban a sus nietos. “Nos juntamos abajo de un paraíso, frente al Colegio Militar. Nos debían estar filmando desde adentro. Conocí a Ketty (Beatriz Neuhaus) y me llevé una sorpresa: me saludó con una sonrisa. Y Eva Castillo, lo mismo. Pensé que no tenía que andar con esa cara de desgraciada, si ellas intentaban que el encuentro no fuera tan ingrato”.
Así, el 21 de noviembre, nacía Abuelas. Hebe, intencionadamente: “¿No era el 22 de octubre, entonces?” La diferencia de fechas es parte tal vez de las distancias nacidas con la salida de Chicha de Abuelas, en 1989. “Hubo cosas que no me gustaron y siguen sin gustarme, pero no quiero hablar de eso. No quiero que nada demore el trabajo de buscar a mi nieta”. Hebe: “Pero tu trabajo fue fundamental, y en los momentos más difíciles con vos al frente, fue que lograron recuperar a los primeros 60 chicos. Todos lo sabemos. Y por eso te quiero decir que todas las Madres te mandan un beso grande, te apoyamos totalmente en lo que necesites”.
Chicha se emociona, y me cuenta: “Pero aquel día, cuando me iba a volver, la veo a Hebe que dice: ¿quién va para La Plata? Cuando me acerqué, no me preguntó si quería que fuéramos juntas. Directamente me dijo: ¡vamos!” Se ríen y Hebe agrega datos no descartables: “Los pañuelos eran en realidad los viejos pañales que guardábamos para nuestros nietos. Los habíamos usado primero en octubre, para poder reconocernos en una marcha a Luján. Las que nunca los usaron fueron Azucena, y Esther Careaga, porque decían que parecíamos monjas”. Azucena, Esther y Mary Bianco desaparecieron poco después, en diciembre de 1977, operativo de la ESMA alrededor de la Iglesia de la Santa Cruz, merced a la infiltración de un falso hermano de desaparecidos, que en realidad era Alfredo Astiz.
 

Madre de la bombacha roja

Los viajes de estas dos mujeres recién comenzaban. Chicha empieza a reírse, recordando uno de sus regresos en colectivo, desde Quilmes.
 
Hebe: Yo iba con la carpeta de denuncias, paraguas, piloto, fiambres y chorizos.
Chicha: Y yo llevaba salamines, lo hacíamos medio para disimular, y para hacer algún mandado de paso.
H: Cuando llegamos, me paro, se me cae la pollera, y quedo en bombacha.
C: Escuché la risotada de Hebe, que para no largar los chorizos no se subía la pollera. No la veía bien porque yo iba agarrada a los salamines. Pensé que tenías combinación.
H: ¡No! Para mi las enaguas eran cosa de vieja, y para colmo me habían regalado una bombacha roja y era justo la que llevaba puesta. Más trola imposible.
Otra ronda de té. Chicha toca la mano de Hebe.
 
C: Pero te quiero recordar algo más, también por el 77 o 78. Un día apareciste con vestido celeste, planchadito. La noche anterior se había escuchado un tiroteo. Viniste a avisarme que ibas a ver qué pasaba. Y llevabas una canastita con comida por si había alguien que necesitara algo. Te pregunté si querías que fuera con vos, dijiste que no. Fue una prueba de coraje. Yo no me atrevía a ir.
H: Esas cosas nacen pensando en que si tu hijo está en esa situación…
C: El tema es cómo superar el miedo sin paralizarse.
H: Las mujeres lo sabemos. Es como parir. No pensás en vos, ni en quedarte quietita, pensás que tenés que hacer fuerza para que nazca y sea sano. Pero además, se llevan a tu hijo ¿Hay algo peor, más horrible? Así que nada: hay que seguir.
C: Yo pensaba que si me llevaban no iba a aguantar ni dos minutos en la mesa de torturas. Soy muy sensible al dolor. Mi ilusión era morirme enseguida. Qué tonta, ¿no?
H: Una piensa estupideces. Yo andaba siempre con cepillo de dientes, calzoncillos y pañuelitos en una bolsita, por si encontraba a mis hijos. Todos éramos muy inocentes. Hasta los chicos. Un día entro al cuarto del mayor y estaba con unos amigos, todos atándose. ¿Qué hacen? “Practicamos cómo desatarnos por si nos agarran”. Creían que les iban a dar tiempo.
C: Nunca imaginaron la perversión.
H: Habían preparado todo para saltar a lo del vecino. Pobres. A uno de mis hijos lo encontraron por mi vecina, que dijo que había reuniones en la casa y pasaba algo raro.
C: Pensar que tanta gente pudo ayudar, pero se calló. No sé qué tenemos adentro. El enano fascista.
H: Pero fijate al revés: otro vecino salió a avisarle a mi hijo que lo esperaba la policía, y entonces se lo llevaron a ese vecino. Después lo soltaron, pero el tipo no quería ni verme. Es difícil juzgar.
C: Sí, pero yo veo que tenemos raíces. Hace mucho quiero hacer un libro, la Historia de la Infancia Argentina. Desde los españoles que llevaban chicos y chicas indígenas como esclavos y sirvientes, después los terratenientes con derecho a hacerles hijos a las mujeres campesinas y apropiarse de ellos. El derecho de pernada, que todavía existe, del patrón sobre la primera noche de cada niña. Hagamos un salto: llegan los militares, se llevan a los chicos, y mucha gente lo ve bien. Yo creo que es todo ese residuo ancestral, que produjo la enorme vergüenza de un pueblo que se supone culto, pero no abrió la boca, no tomó la defensa de ningún niño. Me atrevo a decirlo porque es mi pueblo. Pero no puede ser que haya parecido normal que los chicos sean secuestrados y apropiados.
H: Hacé el libro. Nosotras lo podemos imprimir.
C: Te cuento algo más. El secretario de Pío Laghi, monseñor Celli, les dijo a dos abuelas, Elba Ford y Delia Penela: “Dejen de molestar, imagínense los chicos están con familias que pagaron 4.000 pesos por cada uno, eso les dice que los van a cuidar bien”.
 
Hebe da un respingo. “Tengo una información muy importante que contarte cuando estemos solas”.
Les propongo apagar el grabador. “No, totalmente solas. Encerradas en el baño”, dice Hebe, entre las carcajadas de Chicha. ¿El baño es un lugar para intercambiar datos? Hebe: “Claro. Hay cagadas, pero de otra clase”. Chicha: “Me estoy divirtiendo. Mirá, cada una habrá hecho o dicho cosas. Pero somos leales”. En una época engañaron a Chicha diciéndole que podría recuperar a su nieta. “Le hice a Hebe un poder para que cuidase a mis padres por si yo tenía que irme al exterior. Todavía lo tengo guardado”.
 

El día que se distanciaron

Siguen las cataratas de diálogos:
C: ¿Te acordás cuando estuvimos con Sandro Pertini? (Presidente de Italia)
H: Estábamos en un departamentito vacío, con dos camas y dos colchones. Como éramos cuatro (con Elida Galetti y María Del Rosario Cerrutti) nos turnábamos: cama sin colchón, o colchón en el piso. Calentábamos agua en una jarrita para poder bañarnos.
C: Salimos de compras y vos llevabas la comida en una bolsita.
H: Comprar era un lío, como no sabíamos italiano, tenía que hacer el gesto de limpiarme el que te dije para que entendieran de queríamos papel higiénico.
C: Y de repente nos avisan que vayamos urgente al Quirinale, que Pertini nos iba a recibir. Salieron los del protocolo, agarraron nuestros tapados pero Hebe no quería darles el tapadito ni la bolsa de comida.
H: ¡Con lo que nos costaba la comida, mirá si se las voy a dar! Además yo había salido así nomás, con ropa medio feona, no quería sacarme el tapado. Pertini lloró con nosotras, denunció a la dictadura. No lo reconoció a Videla. Fue de los pocos.
C: Pero cuando salimos, en esos salones principescos, había un sillón de terciopelo con la bolsita de nuestra comida.
¿Cuándo se distanciaron?
C: Capaz que ni te diste cuenta. Yo me enojé con vos en la Catedral de Quilmes. Las Madres la habían tomado. Yo las acompañaba. Seríamos 20 entre todas. Hiciste un comentario de esos que hacés vos, fuerte. Yo dije: “No podemos seguir discutiendo”, y me abrí.
H: Ya me acuerdo, fue en 1981, después de la primera Marcha de la Resistencia. Claro, lo querían mucho al obispo (Jorge Novak) y yo le decía de todo. Fue así: terminó la Marcha y nos fuimos para Quilmes. Teníamos termos, frazadas, hasta walkie talkie (en la era pre-celulares y pre-Internet). Estábamos comiendo heladito en la plaza, todas separadas para que nadie se diera cuenta. Juanita Pergament se encargaba de la prensa. Pero llegó antes de tiempo con los periodistas, tiramos los helados y nos metimos corriendo antes de que nos cerraran la Catedral. Se armó un quilombo padre. Y ya ni sé qué le habré dicho al viejo ese. Me decían: “Claro, tomás la Catedral del que sabés que no te va a echar”. Y claro, no iba a ir a una donde nos rajaran. El ayuno duró 12 días, hasta Navidad. Pero es cierto, siempre fui una desbocada. Ella no (señalando a Chicha). Ella lo que tuvo es el rigor, la prolijidad para investigar todo. Impresionante.
C: Mi desesperación era encontrar a Clara Anahí. Todo lo que fuera distraer esa búsqueda para discutir, me sacaba de quicio. Pelear con Hebe no tenía sentido. Además, te acordás que una vez en tu casa te dije: mi hijo está muerto. Mi búsqueda es diferente. Las Abuelas tenemos que recurrir a la justicia. Las Madres tienen otro reclamo. Fue bueno que cada una fuera por su lado.
  

La hora del secreto

Hebe cuenta que a pedido de su hijo Raúl una vez sacó a una mujer y a un chiquito al Brasil, todos con documentos falsos, en plena dictadura. “Lo llevaba en brazos yo, porque si agarraban a la mamá, por lo menos se salvaba la criatura”. Chicha tuvo lo suyo, pero en democracia: “Con Mirta Baravalle, una valiente, llevamos a un chiquito a Brasil, donde tenía familia. La mamá había muerto ese día en el ataque a La Tablada (enero de 1989). Lo hicimos en secreto. Nunca supe de él”.
 
¿Cuáles son las claves para actuar en estas situaciones donde todo parece en contra?
C: Hay que aprender a mirar para afuera de uno, de la casa, captar todo lo que hay alrededor. Aprender todo lo que quepa en el cerebro, en el cuerpo y en la memoria.
H: Es cierto. No pensar en uno. El otro soy yo. Lo que le pasa al otro me pasa a mí. Y no parar. Como hizo Chicha. Lo que está haciendo ahora es muy importante con la Asociación Anahí. Hay que conocer eso. Porque ella tiene un modo especial que le llega mucho a la gente. Hoy como funciona la política, no sirve. Hay que cambiar el estilo. A nadie le interesa hablar de marxismo, trotskismo ni peronismo. No te dan bola. Funciona que haya gente como Chicha, o las cosas que hacemos nosotros con el Ecunhi (Espacio Cultural Nuestros Hijos, en la ex ESMA), con la Universidad, la radio y todo lo demás”.
 
Sobre el presente, Chicha dice: “El gobierno hizo avances, pero para mí falta que apuren a las fuerzas militares para que digan qué pasó con los desaparecidos y los chicos apropiados. Lo saben, tienen el material. Entonces, que digan la verdad”.
Hebe: “¿Te digo lo que te tengo que contar”. Chicha le responde “vamos” y zarpan las dos tras una puerta vaivén. La reunión no fue en el baño, sino en la cocina de la casa de Chicha. Vuelven, sin apiadarse del cronista.
Hebe: No sabés lo que te perdiste.
Chicha: Ya lo sabrás alguna vez.
Hebe: Ella sabe unas cosas. Yo sé otras. Es lo que hicimos siempre. Juntar lo que cada una sabe, y armar el mapa, para saber dónde estamos paradas.

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Orgullo

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Texto de Claudia Acuña. Fotos de Juan Valeiro.

Es cortita y tiene el pelo petiso, al ras en la sien. La bandera se la anudó al cuello, le cubre la espalda y le sobra como para ir barriendo la vereda, salvo cuando el viento la agita. Se bajó del tren Sarmiento, ahí en Once. Viene desde Moreno, sola. Un hombre le grita algo y eso provoca que me ponga a caminar a su lado. Vamos juntas, le digo, pero se tiene que sacar los auriculares de las orejas para escucharme. Entiendo entonces que la cumbia fue lo que la protegió en todo el trayecto, que no fue fácil. Hace once años que trabaja en una fábrica de zapatillas. Este mes le suspendieron un día de producción, así que ahora es de lunes a jueves, de 6 de la mañana a cuatro de la tarde. Tiene suerte, dirá, de mantener ese empleo porque en su barrio todos cartonean y hasta la basura sufre la pobreza. Por suerte, también, juega al fútbol y eso le da la fuerza de encarar cada semana con torneos, encuentros y desafíos. Ella es buena jugando y buena organizando, así que se mantiene activa. La pelota la salvó de la tristeza, dirá, y con esa palabra define todo lo que la rodea en el cotidiano: chicos sin futuro, mujeres violentadas, persianas cerradas, madres agotadas, hombres quebrados. Ella, que se define lesbiana, tuvo un amor del cual abrazarse cuando comenzó a oscurecerse su barrio, pero la dejó hace apenas unas semanas. Tampoco ese trayecto fue fácil. Lloró mucho, dirá, porque los prejuicios lastiman y destrozan lazos. Hoy sus hermanas la animaron a que venga al centro, a alegrarse. Se calzó la bandera, la del arco iris, y con esa armadura más la cumbia, se atrevió a buscar lo difícil: la sonrisa.

Eso es Orgullo.

Foto: Juan Valeiro/lavaca.org

Al llegar al Congreso se pierde entre una multitud que vende bebidas, banderas, tangas, choripán, fernet, imanes, aros, lo que sea. Entre los puestos y las lonas que cubren el asfalto en tres filas por toda Avenida de Mayo hasta la Plaza, pasea otra multitud, mucho más escasa que la de otros años, pero igualmente colorida, montada y maquillada. El gobierno de las selfies domina la fiesta mientras del escenario se anuncian los hashtag de la jornada. Hay micros convertidos en carrozas a fuerza de globos y música estridente. Y hay jóvenes muy jóvenes que, como la chica de Moreno, buscan sonreír sin miedo.

Eso es Orgullo.

Orgullo

Foto: Juan Valeiro/lavaca.org

Sobre diagonal norte, casi rozando la esquina de Florida, desde el camión se agita un pañuelazo blanco, en honor a las Madres, con Taty Almeyda como abanderada. Frente a la embajada de Israel un grupo agita banderas palestinas mientras en las remeras negras proclaman “Nuestro orgullo no banca genocidios”. Son quizá las únicas manifestaciones políticas explícitas, a excepción de la foto de Cristina que decora banderas que se ofrecen por mil pesos y tampoco se compran, como todo lo mucho que se ofrece: se ve que no hay un mango, dirá la vendedora, resignada. Lo escaso, entonces, es lo que sobra porque falta.

Y no es Orgullo.

Orgullo

Foto: Juan Valeiro/lavaca.org

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Orgullo

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Cómo como 2: Cuando las marcas nos compran a nosotros

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(Escuchá el podcast completo: 7 minutos) Coca Cola, Nestlé, Danone & afines nos hacen confiar en ellas como confiaríamos en nuestra abuela, nos cuenta Soledad Barruti. autora de los  libros Malcomidos y Mala leche. En esta edición del podcast de lavaca, Soledad nos lleva a un paseíto por el infierno de cómo se produce, la cuestión de la comida de verdad, y la gran pregunta: ¿quiénes son los que realmente nos alimentan?

El podcast completo:

Cómo como 2: Cuando las marcas nos compran a nosotros

Con Sergio Ciancaglini y la edición de Mariano Randazzo.

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