Sigamos en contacto

Nota

Venezuela: un hombre o una revolución

Publicada

el

Qué significó desde abajo la revolución bolivariana. La recorrida de lavaca por Venezuela incluyó desde una barriada pobre de Caracas hasta una provincia del centro del país para conversar sobre el futuro de la revolución. Un debate que la muerte del presidente Hugo Chávez actualiza y resignifica.
Chavez
Son las diez de la mañana, es domingo y eso significa que toda Venezuela se une en una misma sintonía: Aló Presidente, el programa que conduce el primer mandatario Hugo Chávez, un fenómeno de audiencia y liturgia política de dimensiones sorprendentes.
Todos lo ven.
Los que lo odian, porque lo odian.
Los que lo aman, porque lo necesitan.
Los militantes, porque es su líder.
Los funcionarios, porque es su jefe.
Las emisiones no duran menos de cuatro horas, aunque solo Chávez sabe cuándo terminan. Incluyen entrevistas que el presidente realiza micrófono en mano, cámaras ocultas como la que revelaron las impudicias de la Cumbre marplatense y hasta pasos de reallity show, como cuando un ministro perdió su puesto frente a la audiencia por pretender inaugurar viviendas realizadas tres años antes.
Su efecto es contundente.
– Tengo que mirarlo para saber qué hacer- explica un diputado provincial.
– ¿Por ejemplo?
– Hace unas semanas el presidente anunció una gran marcha contra el Alca. Al otro día todos nos pusimos a buscar los micros, la gente, todo… .
– ¿No hubo otra instancia de debate: reuniones, asambleas, charlas…?
– En Venezuela, hoy por hoy, no hay otra instancia de encuentro con el Presidente, que es la conducción de la revolución. Él podrá reunirse con su grupo de asesores, escucharlos y todo eso, pero si un ministro, funcionario, militante o pueblo quiere saber para dónde vamos, tiene que mirar Aló Presidente.
Si uno mira la pantalla y, sobre todo, si escucha luego las consecuencias que su emisión tiene, puede concluir sin vacilaciones que esta versión del socialismo del siglo XXI propuesta por Hugo Chávez –justamente desde Aló Presidente–  es solamente un efecto del poder mediático.
Pero ya se sabe: en Venezuela la televisión miente.
 
Caracas no es bonita ni prolija. Los embotellamientos, bocinazos y sirenas la estremecen sin piedad y a la hora de ir o regresar al hogar, el venezolano de a pie pone a prueba su estoicismo, maltratado por el oleaje de automóviles que transforman un trayecto de 20 minutos en una agonía de tres horas y la ceremonia de cruzar una avenida en un acto de fe. Una consecuencia lógica de esta república del petróleo, donde el litro de combustible cuesta 100 bolivarianos y una gaseosa de marca, 1.200.
El subte, en cambio, es un refugio impecable, donde está prohibido comer y penalizado arrojar un papel y a donde un río de venezolanos de a pie se amontona a toda hora en vagones con aire acondicionado. Solo hay tres líneas y las tres deben combinarse para llegar desde el centro de Caracas hasta el barrio de Antímano, una barriada pobre trepada a un cerro desde donde cuelgan –literalmente- las casas que habitan 140 mil almas que hasta hace pocos años no figuraban ni en los mapas.
Margy fue la encargada de dibujar en un papel el perímetro de su parroquia, una de las 23 en las que está dividida el barrio de Antímano.
-Empecé sola y lo primero fue ir casa por casa para preguntar por los problemas, las necesidades, las urgencias. Después, dibujé el plano y con todo eso, comenzó el trabajo de organizar.
Esta mujer de 40 años y tres hijos es una de las 90 promotoras comunitarias del Instituto de Desarrollo Endógeno, la herramienta que el gobierno de Chávez creó
“para darle batalla a la exclusión”.
 
El primer paso fue instalar los consultorios de la Misión Barrio Adentro, un plan sanitario hijo de un acuerdo entre Venezuela y Cuba, firmado en abril de 2003 para formalizar el intercambio de petróleo por médicos.
Estamos a la orden. Sea paciente: espere su turno. Cuando entre a la consulta recuerde que otros esperan y quizá no sean tan pacientes como usted”. El cartel escrito a mano está en la puerta del consultorio o, mejor dicho, “Casa de la Salud y la Vida”, que atiende a 250 familias de la parroquia de Margy. Hay allí dos médicos clínicos, un odontólogo y un ginecólogo permanentes que atienden desde las 8 hasta las 12 y por la tarde realizan las visitas domiciliarias. Solo uno es venezolano. El consultorio funciona en una casa de familia que alberga profesionales y equipos.
– Al principio no venía mucha gente, pero hoy podemos notar los resultados. Las embarazadas ya vienen al control y han aprendido que es necesario hacerse chequeos todos los meses, lo cual es una novedad para ellas. Las patologías más comunes, como la hipertensión, están cediendo porque la prevención en casos como esos da mucho resultado – , explica el médico cubano que, junto a su mujer enfermera, está allí desde hace un año, que sumará otros dos antes de su regreso a la isla. Allí han dejado un hijo de 8, cuyo recuerdo les nubla la mirada.
– Podríamos traerlo, pero preferimos que se quede allá porque la adaptación sería brava.
Uno puede imaginar por qué: el impacto de la marginación ha convertido a Antímano es uno de esos territorios donde el hambre se alimenta de la violencia.
La planilla escrita a mano por el doctor contabiliza 36 consultas realizadas en un solo día de atención y esto implica que cada uno recibió gratuitamente atención médica y medicinas. Ahora, además, como parte de la segunda etapa del plan que comenzó a implementarse a principios de 2004, cada barrio cuenta con una clínica donde pueden realizarse desde tomografías hasta análisis clínicos, también en forma gratuita.
 
El segundo hijo del intercambio con Cuba es la llamada Misión Robinson, que aplicó el método Yo sí puedo>, creado por la profesora cubana Leonela Relys para alfabetizar a un millón de venezolanos. La segunda etapa está ahora en plena expansión y para explicársela a un argentino la mejor síntesis podría ser esta: la entrega de un plan social implica la obligación de estudiar. Esto significa que cada venezolano recibe 1.300 bolivarianos (unos 50 dólares) para asistir a la primaria, secundaria o universidad y representa, en los hechos, que prácticamente toda una barriada como la de Antímano esté metida desde las seis de la tarde hasta las nueve de la noche adentro de un aula.
El tercer paso fue el anuncio de la creación de las Escuelas Bolivarianas y la de Antímano es una. Cuatro pisos impecables, con aulas perfectas, equipo de computación de última generación (con conexión satelital y software libre), cocina de restaurant cinco estrellas y vajilla de acero inoxidable para los 750 niños que allí estudian. Pero nada de eso funciona.
– Esta es una Escuela Bolivariana nominal, porque la construcción tuvo un fallo importante: la luz. Tenemos un circuito eléctrico de 110 wats y para poner en funcionamiento todo necesitaríamos uno de 220. Una de las consecuencias es que no podemos prender la bomba de agua, así que no podemos cocinar, por ejemplo. Desde abril que está todo listo, pero nada de lo que hay acá se puede usar. Los alumnos se van a las 11, aunque deberían tener clases hasta las 17.
Podría sospecharse que la directora Gladys Ramírez disfruta con la explicación, especialmente cuando presenta los dos coquetos salones de preescolar que despiertan la admiración de los visitantes.
– Pero no vaya a creer que todo esto lo hizo el gobierno: es trabajo de las maestras.
-¿El mobiliario lo compraron ellas?
– No, lo provee el Ministerio de Educación. Pero ellas decoraron todo.
La recorrida sigue por las aulas del primer piso, que albergan una biblioteca en cada una, además de los útiles para cada alumno. La directora prefiere explicar que la escuela provee de todo el material didáctico necesario para los estudiantes de la siguiente manera:
-Tenemos prohibido pedir libros.
Para cuando llegamos a la cocina está claro cuál es el apagón.
¿Quién debería atender la cocina?
– Las madres de los alumnos. El plan prevé que tiene que haber una madre por cada 50 alumnos, lo que aquí daría un total de 15, que deben organizarse en una cooperativa. El colegio debe dar el desayuno, el almuerzo y la merienda y ellas reciben toda la mercadería y el pago por su trabajo. Pero nada de eso puede hacerse porque falta la luz.
– Desde la ventana puede verse una columna de alumbrado público. En Argentina y en suelo bonaerense, esa sería una solución…
– Pero aquí no hacemos las cosas así.
– ¿Así cómo?
– Sin paciencia.
La visita introduce un tema clave que Margy no sabe cómo responder exactamente: cúal es el grado de participación de los vecinos de Antímano en las decisiones que los afectan.
– Hacemos asambleas, pero viene poca gente. Están contentos, felices con el presidente, pero todavía falta mucho para organizarlos.
– ¿Quién debería organizarlos?
–  Nosotros, en los núcleos. (así llaman a las unidades que impulsa el Instituto Endógeno).
 
 
En Antímano puede apreciarse cuál es hoy el verdadero desafío de la revolución bolivariana. De arriba hacia abajo, el gobierno de Hugo Chávez ha decretado salud y educación universal y gratuita (incluso inversamente paga) para todos los venezolanos de a pie, pero no alcanza.
A varios kilómetros de allí, en la provincia central de Guárico, un diputado provincial, dirigente y militante social, lo sintetiza del siguiente modo:
– Ideológicamente este país es otro, pero subjetivamente no.
Fidel  tiene 42 años, es abogado y tiene un proyecto: cuando concluya su mandato quiere estudiar en París un postgrado de Derecho Administrativo porque cree que hay que darle a las reformas actuales un marco jurídico que las amarre en forma definitiva.
Está preocupado.
Chávez representa un vehículo fascinante que le permite proclamar aquellas cosas por las que ha luchado toda su vida. La oposición ha quedado fragmentada desde el intento fallido de asaltar el poder y está cocinándose en su propia salsa. “Nadie quiere ceder el primer puesto”, sintetiza Fidel. Sin embargo, no ningunea el poder de fuego de los enemigos.
-La semana pasada fui a un recital y en la penúltima fila estaba el alcalde de Caracas. Cuando lo detectaron, diez mil personas al unísono comenzaron a gritar: ¡fuera, fuera!. La escena era escalofriante. El alcalde no se movía y la multitud cada vez gritaba más fuerte. Se te helaba la sangre. Hasta que Juan Luis Guerra salió al escenario y diluyó la situación con música… Yo me quedé pensando por días y días en esa escena.
– ¿Y a qué conclusión llegaste?
–  Que así es el odio. Y que si bien es una inmensa mayoría la gente que ama a Chávez, nuestro desafío es convertir ese amor en convicción. Y no sé de cuánto tiempo disponemos para hacerlo, sin que el odio nos gane.
 
En estos días, sin embargo, Venezuela parece demasiado tranquila a pesar de estar a las vísperas de una elección parlamentaria. Para Fidel, sin embargo, ese representa el nudo del problema.
– Las elecciones distorsionan todo. La lógica electoral no nos permite pensar en la lógica revolucionaria, la que necesitamos para profundizar los cambios.
– El dilema sería: elecciones o revolución.
– Así es. Porque para profundizar los cambios hay que decantar. La revolución es un molino que tritura contradicciones. Ahora mismo hay gente que sigue con la vieja lógica política de armar organizaciones, aparatos o lo que sea para aprovecharse de los recursos del Estado. Hay corrupción, burocracia y egoísmos que es necesario erradicar. Para lograr el cambio cultural que necesitamos es necesario plantearle claramente a esa gente: o cambian o se van. Pero no puedes hacerlo en plena época electoral, donde es necesario el consenso para juntar los votos. Eso significa alianzas, apoyos, concesiones.
– ¿Cuánto influye el factor Chávez en este proceso?
– Sin Chávez no hay revolución. Es así y tenemos que aceptarlo, incluso para superarlo. La gente lo ama  y apoya los cambios por ese amor. Necesitamos a Chávez, así como necesitamos tiempo para realizar el cambio cultural que una revolución requiere. La pregunta que nos urge es cuánto tiempo tenemos, porque estamos metidos en un proceso que nos cambió todos los parámetros. En dos años hemos conseguido más que en los últimos veinte. Hoy podemos decir que tenemos organizaciones sociales, que hay misiones que están logrando transformaciones importantes, pero también que hay otras que tienen serios problemas.
– ¿Por ejemplo?
– El plan alimentario acumula serias denuncias de corrupción y todos sabemos que es clave. La gente te quiere, pero además te apoya porque les ha llegado salud y educación por primera vez en sus vidas. Pero con hambre es muy difícil hacer la revolución y si tienes problemas de corrupción en el reparto de comida, estás en un brete. Cuando denunciamos esto, algunos nos piden que nos callemos porque –dicen- hablar de estas cosas no ayuda al proceso revolucionario. Pero lo único que no ayuda a la revolución es el silencio.
Algo es cierto: en Venezuela todos hablan abiertamente de estos problemas. No hay reunión formal o informal de funcionarios o militantes en donde no esté presente la cuestión de la participación, el necesario cambio cultural, el tiempo. Tres factores que parecen trancados en el embotellamiento político que atraganta al venezolano de a pie, en este avasallante tránsito de misiones, discursos, amores y odios.
El almuerzo con Fidel ya está llegando a los postres y no ha parado de hablar, aunque confiesa que pocas veces lo hace. La última pregunta lo deja desarmado.
– ¿Cómo te imaginás la Venezuela que querés en diez o veinte años? 
– (Larguísimo silencio) < No lo sé. Es que estamos corriendo tan en el día a día que ninguno de nosotros se ha puesto a pensar hacia donde vamos. Y aunque no lo creas, todas las semanas miramos Aló Presidente para enterarnos.
 
Estamos, otra vez, en la cumbre de Antímano y bajar de allí implica deslizarse por un tobogán de escalones y precarias  pasarelas improvisadas durante años de marginación. Hay olor a cloaca, basura y miseria y un sinfín de gente amable que sonríe feliz y repite una frase conmovedora:  “ahora existimos”.
Durante el viaje de regreso, es Ruth la encargada de sintetizar la historia que hay detrás de este desafío del siglo XXI. Ella es una morena perfecta, de esas que hacen girar cabezas a su paso. Es madre de un hijo de ocho años y viuda desde hace siete meses. Su marido fue el primer médico venezolano en sumarse a la Misión Barrio Adentro y murió cuando una bacteria le fulminó el hígado.
Ahora Ruth es la coordinadora del Instituto de Desarrollo Endógeno, pero antes fue una militante de la agrupación Bandera Roja de la cual desertó cuando se dio cuenta que los discursos guerrilleros no se correspondían con prácticas que promuevan un cambio social. Así fue, cuenta Ruth, como las diferentes agrupaciones de la izquierda tradicional se fueron vaciando hasta quedar convertidas en lo que el chavismo encontró: partidos vacíos, cuadros dispersos formados en la militancia más férrea y la gente toda en la calle, desafiando por sí misma al sistema.
Del 89 al 93 la agitación social no se contuvo y Ruth misma fue una de las tantas que salió a la calle con algo más que piedras en la mano, capucha y borceguíes. A los 15, la apresaron. En el sótano donde la torturó la policía le mostraron las fotos con las que la identificaron: la reconocieron por los borceguíes.
– Desde entonces, todos los días me cambio los zapatos.
Ahora lleva unas sandalias rojas de taco alto.
– ¿Es correcto decir que la generación del Caracazo es la que está ahora en el gobierno?
– Así es. Por ejemplo, el día que me detuvieron me deformaron la cara interrogándome por mi hermano. Él ahora está en el ministerio de Relaciones Exteriores encargado del plan de formación de los funcionarios que comienzan la carrera diplomática.
Ese plan de formación incluye un mes de pasantía en un barrio pobre de Caracas y tres de sus estudiantes son los que nos acompañan en este viaje. Cuentan que reciben un ingreso de 800.000 bolivarianos (poco más de 300 dólares) durante los dos años y medio que dura la carrera, excepto ese mes que están en el barrio. La idea es que vivan exactamente igual que los vecinos y compartan los planes sociales que luego deberán relatar y defender en estrados internacionales.
Yolanda, una de las tres pasantes, tiene el proyecto de llegar a Japón a través de esta vía y por eso está estudiando paralelamente ese idioma, además de dar clases de Gerencia Social en la Universidad Bolivariana. De lunes a sábado, recorre el trayecto que le insume dos horas y cuarto hasta llegar a Antímano y regresa a su casa cerca de la medianoche, luego de transitar todas las escalas que tiene hoy su vida.
 
Margy, Fidel, Ruth, Yolanda tienen algo más en común: la noche del 11 de abril de 2002, cuando un asalto al poder intentó desalojar a Hugo Chávez del gobierno. Ese día, los cuatro hicieron lo mismo que tantos venezolanos de a pie: tomaron las armas y salieron a la calle.
La pregunta que todavía queda sin respuesta es si fue para defender a un hombre o a  su revolución.
 

Publicada originalmente en lavaca.dream.press el 16/11/2005

#NiUnaMás

Hoy es el día para luchar contra las violencias, y mañana también

Publicada

el

Este informe del Observatorio Lucía Pérez dimensiona la cartografía de la violencia patriarcal, con la esperanza de encontrar una forma de prevenirla y erradicarla. Los pies en la calle contra las violencias. Y lo que hay que cuidar: la vida. 

300 femicidios y travesticidios: uno cada 26 horas
339 marchas para exigir justicia: una por día
211 infancias huérfanas: no hay forma de dimensionar lo que esto significa.
En los padrones públicos y de libre acceso de nuestro Observatorio podés encontrar toda la información que hay detrás de estos números. Está actualizada diariamente e incluye hasta la fuente de donde surgen los datos, que permanentemente chequeamos y renovamos caso por caso. En total, el padrón de femicidios y travesticidios ya suma 4.177.
También llevamos padrones públicos de tentativas de femicidios, desaparecidas, violaciones, denuncias registradas por provincia y funcionarios denunciados por violencia de género.
Día a día y desde hace más de una década bordamos así esta cartografía de la violencia patriarcal con la esperanza de encontrar una forma de prevenirla y erradicarla.
Periódicamente junto a las familias víctimas de estas violencia analizamos lo que esta información representa hasta descubrir algunas claves. Por ejemplo, aprendimos a diferenciar los femicidios y travesticidios generados por las violencias parentales de aquellos generados por la impunidad territorial, donde el dominio narco genera las condiciones necesarias para arrasar con la vida de mujeres y trans. El ejemplo más cruel es Rosario, que este año ya suma 50 mujeres asesinadas por una violencia territorial que cuenta con la necesaria complicidad de policías y servicios penitenciarios, es decir el Estado. Obtener justicia en estas condiciones es algo negado de por sí y precisamente por ello, lo que alienta la continuidad de estos crímenes.
La forma de construir justicia, entonces, sigue siendo la que nos legaron Madres y Abuelas: con los pies en la calle. Los datos son claros: este año hubo una marcha por día gritando “Ni una más”.
Lo que representan estas movilizaciones que sacuden las periferias en todo el país no es fácil percibirlo desde la centralidad porteña, capturada por la parálisis y el vaciamiento que los kioscos de género ejercen sobre el movimiento para contenerlo y disciplinarlo. Advertimos entonces: cuidado con “los cuidados”. Con esa etiqueta se vienen ahora los recursos, los discursos y los programas que pretenden catalizar las energías sociales hacia tareas de reparación de lo que precisamente el sistema enferma y rompe.
Nosotras no vamos a cuidar este sistema.
Nosotras no vamos a sanarlo, ni a alimentarlo ni a criarlo.
Nosotras vamos a sacudirlo hasta que caiga.
Y lo vamos a hacer bailando, gritando y conspirando el 25 de noviembre, día internacional de lucha contra la violencia patriarcal, y también al día siguiente, y al siguiente, y más.
Nosotras nos organizamos y reunimos para cuidar lo que hoy está en riesgo: la vida.

Los padrones públicos y de libre acceso se pueden ver en www.observatorioluciaperez.org

Seguir leyendo

#NiUnaMás

Violencia e impunidad: el círculo que denuncian las familias víctimas de femicidios

Publicada

el

Familiares víctimas de femicidios, transfemicidios y desapariciones de todo el país realizaron colectivamente la declaración que compartimos de manera completa en esta nota. Lo que denuncian: «El círculo de la violencia no termina cuando ocurre el femicidio». La vulneración constante del derecho de acceso a la justicia, las situaciones que se repiten en todos los territorios y un llamado a todas las familias de víctimas y sobrevivientes a organizarse  para desarmar la impunidad que garantiza que la violencia siga existiendo. 

Noviembre 2022
Argentina

Declaración de la Asamblea nacional de familias víctimas de femicidios y desapariciones

¡¡No hay justicia porque no tenemos garantizado el derecho de acceso a la justicia!!

Los familiares víctimas de femicidios, transfemicidios, desapariciones hoy denunciamos de cara el 25 de noviembre, Día Internacional contra la Violencia hacia las Mujeres, la situación terrible que vivimos. El circulo de la violencia no termina cuando ocurre el femicidio. La misma Justicia, las fuerzas policiales y el Estado, que no toman denuncias, o que si lo hacen no garantizan el resguardo de quienes denuncian, continúan violentando a las familias que luchan por justicia. A lo largo y ancho del país los relatos se repiten una y otra vez. La enorme mayoría de los procesos judiciales se encuentran para las víctimas en su más completa impunidad. Los femicidas, abusadores y violentos de nuestras hijas, hermanas, sobrinas, madres siguen en libertad. Soportamos un gran dolor de tener que perder a nuestros seres queridos y tenemos que investigar nosotros, presentar pruebas, golpear puertas, exponernos ante violentos y mafiosos porque sea cual sea la fiscalía de turno, nada hacen. En desapariciones y asesinatos relacionados con las distintas mafias de los territorios, la impunidad es todavía peor. Sabemos perfectamente que son cómplices y beneficiarios de los negocios ilegales. Es repetitivo en cada una de estás causas la falta de acceso a la justicia, la impunidad y el accionar del poder judicial. No sólo no investigan, sino que además intentan ensuciar la memoria de nuestras hijas, responsabilizando a ellas y a sus familias de haberse buscado su destino. En varios momentos, tenemos que soportar que los propios jueces nos denuncien a nosotros de violentos por ir a exigir explicaciones y pedir justicia, y hasta nos han reprimido con la policía. En este tipo de causas las familias tenemos que sacar de nuestros bolsillos y movernos para conseguir por ejemplo peritos de parte, ya que los peritos del poder judicial fallan a favor de los femicidas y abusadores garantizando la impunidad. Los costos elevados de las tasas al llegar a instancia de Corte Suprema también nos imposibilita acceder a la justicia. Cómo siempre tenemos que hacerles recordar a través de escritos al poder judicial nuestra ley de víctimas, donde casi siempre es denegada y violentando nuevamente nuestros derechos, haciéndonos imposible hacer justicia por nuestras hijas. Somos familias trabajadoras, de barrios humildes, que tenemos salarios por debajo de la canasta familiar, por lo que dejamos de comer cuando tenemos que solventar todos estos costos ¿Sabe la población que para acceder a un juicio en la Corte Suprema hay que pagar $300.000?

Las leyes, como la Ley de Víctimas o la Ley Micaela, son solo cuadros de decoración en las oficinas de las instituciones gubernamentales. Incluso en los distintos ministerios y secretarías de mujeres, que no dan salida alguna a los reclamos que elevamos. Cada vez que trabajan en un expediente, no tienen en cuenta que allí no hay solo papeles, que hay una vida que arrebataron de la peor manera, violentamente, pasando por las peores vejaciones y que detrás estamos las familias que sólo quieren verdad y justicia.

Ponemos en alerta a todas las familias de este país porque la violencia contra mujeres y niñas no va a frenar mientras siga existiendo este régimen de impunidad. Si te matan o desapareces y no pasa nada, nadie va preso, a nadie investigan, nadie te busca. Y si se sale a reclamar, el poder judicial vuelve a violentarnos, una y otra vez, la violencia contra nuestras víctimas nunca frena.

Es por esto que llamamos a todas las familias de víctimas y sobrevivientes a organizarse. No existe ninguna otra forma de conseguir justicia por nuestras víctimas sino es luchando. La Justicia nos invisibiliza para que no se sepa la terrible situación que se está viviendo, por eso convocamos a una gran jornada de lucha para este 25 de noviembre. Necesitamos que todas las personas, personalidades y organizaciones nos ayuden a visibilizar lo que está pasando con las causas. En todo el país tenemos que levantarnos y realizar una acción común, organizando y visibilizando nuestra situación en todas las provincias, donde nuestros reclamos estén en las primeras líneas. Queremos tomar la palabra para contar lo que pasa porque tenemos una agenda urgente. No solo de instancias judiciales cercanas muy importantes, sino que hay compañeras desaparecidas en este mismo momento que tenemos que encontrar ya.

Saludamos al gran movimiento de mujeres que nos ha dado el único respaldo que hemos tenido. Las familias nos hemos puesto de pie y no vamos a aceptar más impunidad. Convocamos a que demos esta lucha en unidad, con toda la fuerza.

Asamblea nacional de familias víctimas de femicidios y desapariciones

Silvana Capello, mamá de Agustina Fernandez, asesinada el 2/7/2022 en Cipolletti, Rio Negro, en un supuesto robo. El único testigo, supuesto amigo, la dejó tirada, aún no hay nadie detenido. Ella viajó desde La Pampa a Cipolletti a estudiar medicina por un futuro y me la devolvieron en un cajón.

Jose, papá de Alejandra Nahir Álvarez, asesinada el 10/10/2020 en Jujuy. Tenía 17 años y un bebé de 6 meses.

Oscar, papá de Barbara Zabala, asesinada el 6/12/2019, el día que cumplía 20 años en Pehuajó, Buenos Aires. El femicida, Brian David Dirassar, fue condenado a prisión perpetua.

Matilde Peñalva, mamá de Camila Peñalva, asesinada el 5/3/2020 en Jujuy. Fue envenenada con plaguicida por su ex pareja. Está detenido y esperamos prisión perpetua. Hay fecha de juicio oral para febrero y marzo del 2023.

Victor Catan, hermano de Micaela Catan, asesinada quemada el 6/4/2020 por su concubino Patricio Orellana en Santiago del Estero. El transfemicida fue demorado por 20 minutos, cuando sucedió el hecho hizo abandono de persona, pido orden de detención para Orellana.

Susana Basaldua, mamá de Cecilia Gisela Basaldua, desaparecida el 5/4/2020. Su cuerpo fue encontrado el 25/4/2020, en Capilla del Monte, Córdoba. En el juicio se acusó a una persona sin pruebas, el jurado lo absolvió. La familia pide un nuevo juicio que investigue a los verdaderos responsables.

Analía, mamá de Camila Flores, asesinada el 11/12/2020. Su asesino sigue libre. Pedimos que la justicia de Santa Fe actúe y dejen de cubrir asesinos, y que el gobierno nos de apoyo porque estamos a 1000 kilómetros del lugar del femicidio y no contamos con los medios para tener un abogado que nos ayude y logre hacer justicia para nuestra hija. Que no quede en suicidio porque a Camila la mataron, ella no se mato, ella quería volver a su casa.

Marta, mamá de Lucía Pérez, asesinada el 8/10/2016 en Mar del Plata, Buenos Aires por Matías Farías y Juan Pablo Offidani. En el juicio fueron condenados por venta de droga y no por femicidio. Se logró la anulación de ese juicio y se impulsó un jury a los jueces que pretendieron consagrar la impunidad. El nuevo juicio comenzará el 7 de febrero de 2022.

Fabiana Morón, mamá de Julieta del Pino, asesinada por Cristian Romero el 25/7/2020 en Berabevú, Santa Fe. Fue golpeada, estrangulada hasta matarla, arrastrada y enterrada en un pozo en el patio de su casa con cal, tierra, losa de cemento y un tanque de agua arriba. Luego a la mañana se fue a trabajar con el hermano de Julieta como si nada, mientras toda mi familia la buscaba. El asesino fue condenado a prisión perpetua.

Noemi, mamá de Lia Vasquez, asesinada el 13/11/2020 en Puerto Madryn, Chubut. Tenía 14 años. Se espera la fecha de juicio para Gabriel Orellana, de 22 años.

Fany Roman, mamá de Valeria López, desaparecida desde el 26/1/2020 en Virreyes, Buenos Aires. En el momento de su desaparición tenía 40 años y dos hijos varones de 17 y 23 años. La causa se caratuló como “averiguación de paradero”, su familia exige que se cambie a“desaparición forzada”.

Marisa y Facundo, mamá y papá de Luna Ortiz, asesinada el 3/6/17 en Tigre, Buenos Aires. El único detenido fue liberado en mayo de 2022. Su familia aun sigue en busca de justicia por que se reconozca el femicidio.

Esperanza Valdivieso, madre de Yesica Valdivieso, asesinada el 5/1/2021 en Mayor Buratovich, Buenos Aires. El femicida Juan Torrejón Huallpa fue condenado a prisión perpetua.

Graciela Altamirano, tía de Viviana Altamirano, desaparecida desde el 28/4/2004 en Tigre, Buenos Aires. El sospechoso, 16 años después, en 2020, asesinó a su esposa y se suicidó.

Lisette Fernandez, hermana de Mica e hija de Nancy Fernandez, asesinadas en 2013 y 2014, en Tigre, Buenos Aires. El femicida está preso, pero solamente por narcotráfico.

Monica, mamá de Iara Rueda, desaparecida el 24/9/2020, luego de que un compañero del colegio la citara para entregarle unos materiales y la tarea. La familia salió a buscarla desde un primer momento mientras la policía ponía excusas y no la buscaba. Los rastrillajes llegaron recién después de una pueblada en Palpalá, Jujuy. Su cuerpo fue encontrado el 28/9/2020 en un lugar donde los vecinos habían rastrillado días antes, luego de un llamativo apagón en todo el pueblo. Por su femicidio se encuentran detenidos Raúl Arnaldo Cachizumba y Mauricio Esteban Abad, y hay involucrado un menor de 17 años. La familia realizó a su vez una denuncia a funcionarios por incumplimiento de deberes.

Roxana y Alfredo, mamá y papá de Carla Barrera Soggiu. Tenía 28 años, 2 hijos en ese momento de 2 y 4 años. Murió el 15/01/19, la encontraron en el Riachuelo, en CABA, cuatro días después. Sufrió violencia de género por parte de su marido Sergio Nicolas Fuentes, condenado a 6 años por golpearla, violarla, atarla y privarla de su libertad. Carla tenía hidrocefalia, tenía una válvula en su cabeza donde fue salvajemente golpeada. Por considerar la situación de alto riesgo le dieron un botón antipánico que activó en varias oportunidades y no la encontraron porque el GPS no funcionaba, no la localizaba. El Estado también es responsable.

Blanca Osan, mamá de Agustina Fredes, quien murió en Mar del Plata, Buenos Aires, el 23/4/2017, meses después de ser violada y torturada física y psicológicamente por su ex pareja. cuando tenía 18 años. Agustina estaba embarazada como consecuencia de estas violaciones. Le realizaron una cesárea donde le extrajeron el bebé, también el vaciamiento de su útero y ovarios. El 23/04/2017, su familia la llevó desvanecida al hospital Materno Infantil de Mar del Plata, pero luego fue trasladada al H.I.G.A. Allí, les informan que por la demora del traslado y la falta de oxígeno Agustina tenía muerte cerebral. El informe de las autoridades establece que Agustina falleció por embarazo ectópico. Cuando la familia pidió que se realizara una autopsia, les fue negada. El jefe policial que estaba encargado de la investigación de su muerte es familiar de Acevedo, su violador. Por las denuncias que Agustina había realizado, Matías José Acevedo fue llevado a juicio y condenado a 15 años de prisión por abuso sexual con acceso carnal en un contexto de violencia de género. Su familia denuncia que fue femicidio.

Mariela Tacacho, mamá de Paola Tacacho, asesinada el 30/10/2020 por Mauricio Parada, en Tucumán, luego de haber hecho 15 denuncias en su contra entre 2015 y 2020. La última fue en mayo del mismo año que la asesinó.El femicida la apuñaló y se suicidó. Por su actuación en las denuncias que había hecho se destituyó al juez Juan Francisco Pisa considerando que incumplió con los deberes a su cargo.

Ana, tía de Priscila Martinez, desaparecida el 23/02/2020, había sido llevada de manera engañosa por su tío Ruben Oscar Navarro. Desde ese momento la policía no quiso actuar, no querían tomar la denuncia porque garantizaban que ella volvería. Ese mismo día Priscila estaba muerta, violada, golpeada. La familia y vecinos empezamos a hacer la búsqueda por nuestros propios medios. Fue encontrada debajo de la cama del asesino el 15/04/2020 en Santiago del Estero. Tenía 15 años. Ahora esperamos el juicio.

Leticia Escobar, mamá de Gisela Grispi, asesinada en 23/11/2020 en Colón, Entre Ríos. El femicida Heraldo Martiarena fue condenado a prisión perpetua.

Erica Rojas, mamá de Andrea Rojas, víctima de una violación en grupo de hijos del poder en Burruyacú, Tucumán. Los familiares de los acusados no dejan de hostigar y amenazar a la denunciante y su círculo íntimo.

Podés descargar el documento aquí.

Seguir leyendo

Nota

Hebe en la plaza: jueves de ceniza

Publicada

el

Cinco de las seis integrantes vivas de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, con sus pañuelos blancos, inclinadas hacia el césped y cubiertas por paraguas que oficiaban como sombrillas ante los 31º de calor, enterraron este jueves las cenizas de Hebe de Bonafini junto a la Pirámide de Mayo en su cara norte, la que exhibe el Escudo Nacional.

Mujeres cuyos nombres casi no se conocen fuera de la Asociación: Visitación de Loyola, Josefa de Fiore, Irene de Chueque (de la filial Tucumán), Sara Mrad y Carmen Arias. No pudo llegar, desde Mendoza, María Domínguez.

Alrededor del enrejado había una multitud tal vez inesperada que ocupó abigarradamente gran parte del lugar. Su canto recurrente fue el histórico: “Madres de la Plaza, el pueblo las abraza”. Revoloteando cerca de la pirámide como moscardones con hélices había al menos unos ocho drones tomando imágenes del entierro de las cenizas de Hebe.

Luego las Madres (dos de ellas en silla de ruedas) fueron llevadas en una camioneta hacia un costado, se bajaron, e iniciaron la ronda número 2.328, esta vez no alrededor de la Pirámide como cada jueves a las 15.30 sino de toda la Plaza.

Con tanta cantidad de gente la movida no fue muy organizada. Alguien diagnosticó, con cara de saber: “Mucho inorgánico, no tienen experiencia”.

Esa “falta de experiencia” se reflejaba en las lágrimas. En gritos como “gracias Hebe”. En gente muy humilde mezclándose con funcionarios y militantes, o refrescándose en las fuentes, según un linaje que proviene de ciertos octubres. Se percibía también en las miradas de asombro ante lo que ocurría alrededor. La inorganicidad fue justamente una de las cosas más emocionantes de esta marcha que no fue la fiesta que Hebe había propuesto: “El día que yo me muera no tienen que llorar, tienen que bailar, tienen que cantar, hacer una fiesta en la plaza». Tal vez quede para más adelante.

Sobre las rejas había carteles escritos a mano como “Gracias Hebe” y “Amor con amor se paga”. Otra canción histórica: “Olé olá, como a los nazis les va a pasar, a donde vayan los iremos a buscar”. En un segundo círculo alrededor de la Pirámide se veían las banderas de sindicatos y organizaciones sociales que acompañaron el acto.

Las Madres hablaron luego, muy brevemente, agradeciendo a Hebe por todo lo hecho.

Carmen contó: «Una vez le dije: ‘yo no soy Hebe’, y ella me contestó: ‘claro, vos tenés que ser Carmen'». Visitación (la mayor del grupo, 98 años) dijo: «Hebe me jugó sucio. Yo era la que tenía que irme primero. Pero bueno, los quiero mucho» dijo a la multitud.

Del otro lado de la plaza había otra Madre, de la Línea Fundadora, Nora Cortiñas. Ambas partes de Madres (la Asociación y Línea Fundadora) quedaron acérrimamente separadas desde fines de los 80. Nora, emblema histórico de la causa de los derechos humanos pasados y presentes, fue la única integrante de Línea Fundadora este jueves, y leyó como siempre los nombres de varios de los desaparecidos recibiendo la clásica respuesta, «Presente», antes de retirarse.

El lugar (donde se ve la sombra) en el que se enterraron las cenizas de Hebe de Bonafini. Fotos: Lina Etchesuri para lavaca

¿A dónde habrá ido Hebe?

Las cenizas –que quedaron bajo el césped junto a un rosario que le regaló el Papa Francisco– desenterraron un recuerdo de una charla de Hebe con lavaca. Era 2008. Su mirada era más clara y penetrante que nunca porque poco antes había dejado de usar lentes tras una operación de cataratas. Estábamos en su oficina, adelantó la cabeza sobre el escritorio como para contar un secreto y dijo:

–No le tengo miedo a la muerte porque ya hice todo lo que quise en mi vida. Me pasó de todo, pude putear, insultar y abrir la boca para cualquier cosa. Me pegan, y más fuerte pego.

En otra ocasión, como estaba haciendo sus programas en Radio de las Madres, explicó:

–Si un día de estos me voy, capaz que consigo algún mecanismo para hacer el programa desde arriba. O desde abajo, andá a saber a dónde me mandarán.

Después de decir esas cosas había dos reacciones de Hebe: una sonrisa entre inocente y cómplice, o una risotada sísmica.

Los que crean en asuntos del más allá soñarán con que Hebe de Bonafini haga su programa o cualquier otra cosa desde algún paraíso (de hecho allí la imaginaron los Curas en opción por los pobres al hablar durante el acto en la Plaza). En la grieta, habrá quienes crean que Hebe solo se merece hospedaje en los sótanos infernales, mientras ella se reía con esas cosas.

Como cunden toda clase de biografías, aquí van solo algunos apuntes a partir de las notas, entrevistas y experiencias de lavaca con ella, que tal vez brinden ciertas perspectivas y pistas sobre su forma de actuar, o que tal vez sean apenas un humilde e inorgánico intento de despedida.

La fuente de la Plaza de Mayo. Jueves 24 de noviembre, con el linaje de antiguos octubres. Fotos: Lina Etchesuri para lavaca.

La oficina en la plaza

Hebe invitó a lavaca, también en 2008, a la primera visita que las Madres hicieron al Liceo Naval de la Ex Esma, que les fue cedido por el Estado. “Ahora estamos acá, y vamos a llenar esto de vida. No vamos a poner un museo. Para museo estamos nosotras que somo viejas. Acá vamos a poner un centro cultural para que haya creación vida (así nacía el Espacio Cultural Nuestros Hijos-ECuNHi). Pero llegamos a esto por más de 30 años de lucha en la calle. Ése es el verdadero lugar”.

¿Por qué la calle es el verdadero lugar? “Porque la calle te iguala, es lo más liberador. La calle, la plaza, hacer las cosas públicas”.

Brindó entonces lo que puede tomarse como una explicación de por qué se crearon las Madres como organización autónoma en 1977, en lugar de incorporarse a organismos ya existentes:

“Nosotras íbamos a los organismos de derechos humanos, y había que esperar que te atendieran. Te atendían, y había un escritorio en el medio. En la plaza no había que esperar a nadie: te tomabas de los brazos y empezabas a caminar. O hablabas. O pensábamos juntas qué hacer, y lo hacíamos. Empezó lo colectivo. Era el único lugar donde nos sentíamos iguales, y libres. Allí pudimos comunicarnos con la gente, pudimos denunciar”.

No hubieran podido alquilar una oficina, ni pensaron en hacerlo. La oficina era la plaza, y al proponerle esa imagen, ella dijo: “En la plaza no hay puerta para entrar ni para salir, como hay en las oficinas, en los comités y en los juzgados. En la plaza no hay timbre para tocar. Y el techo es el cielo: no tenés techo. Todo lo que ponés es tu cuerpo. Para mí en la calle se decide la lucha, se decide la libertad, se decide la justicia. Ningún pueblo se libera yendo a las oficinas ni a los tribunales”.

¿La calle es el lugar de la democracia?

Respuesta en modo Hebe: “¿De qué democracia hablamos? Yo me hago buches con esa palabra. Si hablamos de democracia participativa, de que la gente sea feliz, de que no haya ni un chico con hambre, entiendo. Pero mientras sea un sistema representativo, no es democracia. A mí no me representan tipos como Balestrini (Alberto, entonces diputado y dirigente del PJ bonaerense, ya fallecido), ni los que están en el Congreso, que sigue siendo una porquería”.

Las Madres en ronda alrededor de la Plaza . Fotos: Lina Etchesuri para lavaca.


¿Por qué no los padres?

Aquella vez Hebe se declaró hincha de Gimnasia y Esgrima de La Plata. Su marido, Humberto Toto Bonafini era mecánico y llegó a jugar de wing izquierdo en la tercera división de ese club. “Muy gambeteador. Yo lavaba las camisetas, y él me ayudaba con los chicos, y lavaba los pañales”. Los  pañales blancos de tela, cuando no existían los descartables, serían luego el primer símbolo que las Madres usaron para reconocerse en la calle, entre la multitud, en una movilización juvenil a Luján en octubre de 1977.

“Azucena (Villaflor de Devincenti) y Esther (Ballestrino de Careaga) no los querían usar, decían que parecíamos monjas, pero al final los pañuelos quedaron”. Se convirtieron en uno de los grandes símbolos de los derechos humanos en el siglo 20. Azucena había fundado Madres. Ella y Esther junto a Mary Ponce de Bianco fueron las tres madres desaparecidas en diciembre de 1977 en el operativo de la Iglesia de la Santa Cruz, que incluyó a las monjas francesas Alice Domon, Leonie Duquet y a siete familiares más, grupo infiltrado por el marino Alfredo Astiz que se hizo pasar por hermano de un desaparecido. (Muchos cuerpos sin identificación comenzaron a aparecer más tarde en las costas de San Clemente y Santa Teresita, y fueron enterrados como NN en el cementerio de General Lavalle. En 2005 el Equipo de Antropología Forense determinó que uno de esos restos era de Azucena. Sus cenizas fueron enterradas también al pie de la Pirámide de Mayo).  

Al hablarme Hebe de su marido, le pregunté por el rol de los hombres, los padres: “Los padres tuvieron miedo, algunos acompañaron y otros no. Mi marido era un hombre que tenía mucho miedo. Encima recibíamos amenazas. Así que ellos quedaban como el resguardo de la familia sin intervenir. Pero yo no tenía miedo”.

Fotos: Lina Etchesuri para lavaca

La mesa de luz y el miedo

¿Cómo fue el trayecto de Madres? Dos indicios según Hebe: “Primero, hay que tener ideas. Y aparte, romper las bolas. Y juntarse con otros. Lo más importante es ser creativas. Yo tengo un cuaderno en la mesa de luz. Me despierto si se me ocurre algo y lo anoto para que no se me escapen las ideas. Además, lo fundamental es que uno sea dueño de su propia forma de lucha, que le dé un carácter diferente y colectivo. Nosotras de la nada salimos a enfrentar a la dictadura. Creamos una nueva forma de política y de presentarnos ante la sociedad. ¿Qué había que hacer, llorar todo el tiempo? No, lo que más te fortalece es la denuncia. Y superar el miedo”.
Fácil de decir, pero ¿cómo se supera el miedo? “Las mujeres conocemos en carne propia otro miedo, el de parir. Es un miedo no por una misma, sino por el bebé, que te obliga a moverte, hacer fuerza, pujar. Esto fue lo mismo”.

“No pensás en vos, ni en quedarte quietita, pensás que tenés que hacer fuerza para que el bebé nazca y sea sano. Pero además, se llevan a tu hijo ¿Hay algo peor, más horrible? ¿A qué le vas a tener miedo? Así que nada: hay que seguir”.

Mostrando una foto en la que se la ve en 1982 en la calle, con una canasta de mimbre (y todavía con anteojos), acorralada por caballo y policía de la Montada, Hebe comentaba: “En la canasta llevaba el pañuelo, y una bombacha por si caía presa. También llevaba cepillo de dientes, calzoncillos y remeras por si encontraba a mis hijos, para que pudieran cambiarse de ropa. Éramos ingenuas, pero nunca dejamos de buscar”.

Pese a esa ingenuidad (o gracias a ella) se estaba creando una nueva forma de hacer política y hasta comunicación: se mantuvo viva la denuncia en plena dictadura, Mundial 78, Guerra de Malvinas, leyes de perdón, indultos y tantos etcéteras convirtiendo al país en un símbolo de la posibilidad de hacer justicia, pese a todo.

Fotos: Lina Etchesuri para lavaca

La máquina de joder


A fines de los 80, queda dicho, las Madres se separaron. Asociación por un lado, Línea fundadora por otro.

En 2001 se instalaron en la plaza el 20 de diciembre cuando el gobierno de De la Rúa solo parecía reaccionar con represión y asesinatos a la crisis que él mismo había desatado. La represión a las Madres (que andaban trompeándose con los caballos de la policía y que fueron golpeadas con el entusiasmo que caracteriza a las autopercibidas «fuerzas del orden») es uno de los hechos que también simbolizaron el contenido real del gobierno -por así llamarlo- de la Alianza.

Ya en 2003 la Asociación (en cuyas marchas se cantaba La Internacional cada jueves) dio un viraje al oficialismo por primera vez en su historia, con Néstor Kirchner como presidente.

Hebe contaba a lavaca: “Me la pasé diciendo que Menem, Duhalde y Kirchner eran la misma mierda. Y después tuve que ir a decirle: «Señor presidente, me equivoqué, yo dije que usted es la misma mierda que los otros pero no: usted es totalmente distinto». Y se lo reconocí así, sinceramente. Las Madres somos muy libres para decir lo que pensamos”.

El oficialismo se extendió a Cristina pese a que Hebe había considerado al peronismo como fascista (mote que le había endilgado también a Kirchner). Pero decía en 2009: “Apoyamos a Cristina, que es una mina con mucha personalidad. Pero yo no soy peronista, ni kirchnerista ni nada de eso. Para mí el peronismo siempre fue el fascismo. Sabía que había peronistas de izquierda pero creía que los habían matado a todos. Ahora me parece que puedo apoyar un proyecto al que habrá que seguir exigiéndole. Yo no pido nada para mí. No fui a pedirle a Kirchner la radio. La puse. Y este lugar lo ocupamos hace nueve años peleando con todo el mundo. Hasta la calesita de Congreso se la arrancamos a Ibarra (Aníbal, ex intendente porteño). Primero hacemos, y después pedimos permiso. Mirá, a nuestros hijos los tiraron vivos al río, y no pudieron. Los quemaron y no pudieron. Los enterraron y no pudieron. Y no pudieron porque estamos nosotros y vamos a vencer”.
¿De qué modo? “Haciendo. Haciendo: yo me convertí en la máquina de joder”.


En 2003 fueron detenidos en General Mosconi, Salta, varios integrantes de la Unión de Trabajadores Desocupados (UTD) formada por ex trabajadores del petróleo que estuvieron entre los primeros piqueteros del país y que además de defender el trabajo, fueron pioneros también en la defensa de la naturaleza y el ambiente amenazados ya entonces por las desforestaciones para ampliar los cultivos de soja transgénica. La situación carcelaria y los abusos policiales hacia los integrantes de la UTD eran desesperantes.

Hebe dijo: “Yo si querés hablo con el diablo. Vos conseguime el teléfono”. Habló efectivamente con el gobernador Carlos Juárez (y no se sabe si con alguien más dentro del oficialismo) y eso colaboró en la liberación de los presos de Mosconi. También recuerdo en los primeros días de 2006 su llamado: “Hay gente que me viene a ver, es terrible, nadie los escucha, nadie los recibe, te pido que hables con ellos”. Se refería a los familiares de las víctimas de Cromañón, el boliche incendiado el 30 de diciembre de 2005 con un saldo de 194 muertos y al menos 1.432 heridos. En esa tragedia, como en tantas del país, los oficialismos porteño y nacional fueron mucho más gambeteadores que Toto cuando jugaba al fútbol.

Hebe fue también pionera en el reconocimiento y el abrazo al universo trans, colaborando en abrir la posibilidad de la cooperativa textil Nadia Echazú, un modo de brindar trabajo a ese colectivo. O acompañó resistencias como la de la fábrica de cerámicos Zanon en Neuquén, viajando especialmente a la provincia para acompañar la ocupación de la fábrica que finalmente pudo volver a funcionar en manos de sus trabajadores.

Fotos: Lina Etchesuri para lavaca.

Madres sin madres

¿Cómo imaginaba Hebe a la Asociación cuando ya no hubiera madres vivas? Respuesta de 2008: “La última madre que quede viva estará acá mirando lo que pasa. Y después… será de todos. Sergio (Shocklender) es el alma mater. ¿Sabés qué veo más complicado? Que sigan las rondas en la Plaza. Eso va a ser lo más difícil de conservar”. Tenía en su despacho en aquel momento fotos de Shocklender con su hijo Alejandro (“Mi hijo y mi nieto” dijo señalándolos) además de un busto del Che Guevara, pañuelo blanco y negro palestino, fotos de su hija Alejandra, de Hugo Chávez, Fidel Castro y Néstor Kirchner.

Confieso que la respuesta sobre Shocklender como «alma máter» de Madres me dio miedo, reacción que luego se vería confirmada por el desastre alrededor del proyecto de viviendas “Sueños compartidos” y los escándalos judiciales por los cuales los hermanos Sergio y Pablo Shocklender y Hebe terminaron en infinitas batallas judiciales alrededor de un dinero también desaparecido y una situación que ella definió como «traición». También llegó más tarde su amistad y apoyo público al general César Milani, sospechado, acusado y finalmente absuelto por casos de desapariciones durante la dictadura en un caso como el del soldado Alberto Agapito Ledo, absolución que los organismos de derechos humanos y la familia siguen considerando como parte del universo de la impunidad.  

Ese acercamiento al poder y al Estado fue parte de lo que ella quiso que ocurriese con Madres. Cuando le planteamos que la actitud de las organizaciones de derechos humanos frente al Estado tendría que ser, por lógica, de autonomía, ella respondió: “Pero por eso mismo siempre dije que no somos un organismo de derechos humanos, sino una organización política sin partido. Eso nos da libertad. Por eso no vamos a los juicios ni nada de eso. Que lo hagan los abogados. Entre concentrarme en meter presos a los militares, o en evitar que un solo chico tenga hambre, no dudo: salvo al chico”. Otro argumento: «Es «mucho más preocupante que un pibe se prostituya, que si sueltan a Etchecolatz o lo condenan. Me importa un culo eso» decía entonces en referencia a Miguel Etchecolatz, ex comisario de la bonaerense y mano de obra barata del general Ramón Camps en tiempos de la dictadura.
Pero a la vez razonaba Hebe: “Nosotras no estamos en el Estado, y nunca vamos a dejar la plaza ni la calle. La lucha es desde afuera agrupándonos y haciéndonos fuertes. Eso te da libertad. Los que se meten en el Estado terminan entrando en la lógica del sistema que queremos combatir”.

La cuestión social la ponía en una sintonía totalmente diferente y era lo que le justificaba haberse lanzado incluso a la construcción de viviendas populares. Contó una vez que había llorado al escuchar a una mujer que le reconoció que robaba, y que le había enseñado a sus hijos a robar. “Me dijo: ‘ahora no robo, porque trabajo para hacer las casas’. ¿Sabés qué? Estas personas ya no sabían lo que era la belleza. La belleza de un color, de las plantas. Tenemos que salir de toda esa mierda. Una chiquita de 11 años me contó que fumaba paco desde los 9, y la mamá también. Como la madre trabaja, ella volvió a estudiar, y no fuman más. Está aprendiendo danza árabe. Si lo que hacemos vale para eso, es un montón”.

Un relato sobre sus miedos: “Para mí la democracia es igualdad. Y mientras yo pase por una esquina y vea a los pibes comiendo las basuras que tiran de una casa o un restaurante, para mí la democracia no sirve para una mierda. ¿Vos sabés que yo a los chicos de la calle, a los cartoneros, no les pregunto nada nunca? Pero no porque no me animo, sino porque le tengo miedo a la respuesta”.

¿Qué imagina? “Qué sé yo. A veces, a la noche, pasaba y los saludaba. La gente los esquiva, esconden la cartera. Pero los cartoneros son más buenos que nosotros. Entonces les decía: ‘qué tal, buenas noches’. Y uno un día me dijo: ‘buenas noches para usted que va a dormir en una cama, para mí no, porque me voy a cagar de frío’. Me quedé dura. Por eso nunca les pregunto nada. Le tengo miedo a la respuesta”.

En uno de esos intercambios en su oficina, de pronto se escucharon voces y risas desde la cocina. Allí estaban las otras madres. Siempre se podrá hablar de su valor, de su capacidad de movilización, de su creatividad.

Pero aquella vez Hebe me señaló otra cosa, que hoy recuerdo mirando el césped donde están sus cenizas, rodeadas de gente inorgánica y falta de experiencia, de drones, de banderas, de algunos funcionarios y de enigmas que llevará muchos jueves revelar.    

“¿Sabés qué fue lo que nos mantuvo fuertes siempre? Eso que escuchás: la alegría. Pese a los crímenes y pese al miedo y pese a todo. La alegría. Si no, te morís”.

Fotos: Lina Etchesuri para lavaca.
Seguir leyendo

LA ÚLTIMA MU: MARICI WEW

Publicidad
Publicidad
Publicidad

Lo más leido

Anticopyright lavaca. Todas nuestras notas pueden ser reproducidas libremente. Agradecemos la mención de la fuente.