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Medio ambiente y contaminación

La vida plastificada: cada semana nos hacen tragar el equivalente a una tarjeta de crédito

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«Ingerimos el equivalente a una tarjeta de crédito por semana» explica Andrés Arias, doctor en Biología. Son 5 gramos semanales de plástico que incorporamos a nuestros organismos. Tenemos el plástico en la sangre, que lo distribuye por todo el cuerpo, aparece hasta contaminando la placenta, y nos llega a través de los alimentos, el agua envasada, y hasta el agua de de lluvia.

Arias integra un comité de Naciones Unidas que trabaja en la solución de la contaminación plástica. El origen: La matriz petrolera-energética como encrucijada insostenible. Las consecuencias ambientales y en los cuerpos, por tratarse de disruptores endocrinos que pueden ser cancerígenos. El reciclado, los residuos, los basurales: ¿qué hacer? El rol de Argentina y otra forma de contaminación: cómo es hacer ciencia sin soberanía ni mirada a largo plazo. Una conversación en el marco del VIII Congreso de Salud Socioambiental organizado por la Facultad de Ciencias Médicas de Rosario. Por Francisco Pandolfi.

La vida plastificada: cada semana nos hacen tragar el equivalente a una tarjeta de crédito
Andrés Arias. Foto: Francisco Pandolfi

Esta entrevista al científico Andrés Arias (48 años, doctor en Biología del Conicet especializado en contaminantes orgánicos y plásticos en ambientes oceánicos) podría empezar así: 

“Los microplásticos están en la sangre, en los testículos, en las heces”.

O así:

“Los microplásticos están en el agua envasada, en el agua de lluvia, en los alimentos, en todos lados”.

O así: 

“Sin saberlo, consumimos una tarjeta de débito o crédito por semana”. 

O así:

“De 16 mil productos químicos que pueden contener los plásticos, sólo mil son seguros”.

O así: 

“Está comprobado en un 100% que los microplásticos ejercen daños en modelos biológicos”. 

Andrés Arias nació y vive en Bahía Blanca. Trabaja en el Instituto de Oceanografía desde hace 21 años y es docente de la Universidad Nacional del Sur, donde estudió bioquímica. Integra el Comité Científico Asesor para Plásticos y Microplásticos de Naciones Unidas. Tras exponer en el VIII Congreso de Salud Socioambiental que se desarrolló en Rosario en junio pasado, charla con MU.  

Empecemos por lo más básico: ¿qué es el plástico?

El plástico es un polímero, que es una cadena de monómeros. Para que se entienda: un polímero es un tren compuesto por diferentes vagones, y esos vagones son pedacitos de hidrocarburos. Hay diferentes tipos de hidrocarburos, en cuanto a composición química, solidez, características. El etileno es uno. Si yo tengo vagones de etileno, formo un tren de polietileno. Así se van constituyendo todas las resinas plásticas, agrupadas en dos grandes bloques: las termomoldeables (el polietileno, el polipropileno); y las termoestables (el caucho sintético, los guantes, los globos, las cubiertas de vehículos). La materia prima para todas estas resinas es el petróleo en un 99.8% y a partir de esto se obtienen cientos de productos plásticos.

¿Quién gobierna esta industria?

Como todo en el mercado, el mercado es su propio dios y quien impone las reglas. La industria del plástico es compleja porque todo el ciclo de vida del plástico, desde la fase inicial (la extracción de petróleo) hasta que se confecciona el producto final y luego pasa a ser un desecho es totalmente multinacional. En el medio hay cientos de empresas intermedias, aunque las grandes productoras no son más de 50 en el mundo. También existe cierto mercado de reciclado que es extremadamente bajo y los productos, en general, son de menor calidad por problemas estructurales de diseño del plástico, que lo hacen poco reciclable. Hay una extensión de la vía lineal del producto más que una verdadera circularidad: el producto reciclado no suple la producción de plástico virgen, sino que produce algo de menor calidad. Entonces, no porque se recicle un kilo voy a elaborar un kilo menos de plástico virgen.

Andrés Arias explica que el consenso científico, generado a partir de miles y miles de publicaciones y evidencias a lo largo del mundo, es plantear cómo transformar los problemas que hoy genera el plástico, pero sin demonizarlo. “Soluciona miles de obstáculos diarios, y hasta salva vidas, ni hablar de sus aplicaciones en salud, en las estructuras para agua potable, en la construcción. Lo que demuestran las investigaciones es que puede ser más seguro toxicológica y químicamente, así como más sostenible en la producción y diseño para que sea más reciclable”.

¿Cuáles son los principales problemas por la contaminación del plástico?

La cantidad de plástico que se produce y la demanda cada año mayor. Hay una correlación directa entre lo que produzco y la cantidad de fugas al ambiente, es decir, cuanto más produzco, más emisión de plástico al ambiente hay. Mientras la curva de producción siga en aumento hacia el infinito, hacia el infinito también irá la fuga de plástico al ambiente. Hoy no hay límites en la producción y cada uno produce lo que quiere y el mercado demande. En un planeta finito no podemos producir infinitamente nada y lo que producimos debe tender hacia una circularidad. Cada año se produce más plástico desde cero mediante el petróleo, por lo que se linkean dos grandes paradigmas en crisis: la dependencia de los combustibles fósiles y la producción masiva de sustancias. Existe una adicción a la matriz petrolera/energética que trae aparejada una gran cantidad de subsidios mayormente estatales a la producción y extracción de petróleo. Esto genera la fabricación de plástico barato y a gran escala, sin ser reciclable, lo que termina siendo 100% insostenible. 

¿Qué porcentaje se recicla hoy?

De cada diez productos plásticos producidos desde 1950 hasta acá, seis es basura; uno, se incinera; menos de uno (8%) se recicla; y el resto está en uso. Es preocupante que seis de cada diez sean residuo, en el mejor de los casos enterrado y en el peor dando vueltas en el ambiente, en el océano, en la tierra, en la atmósfera. Este esquema no es sostenible. Se estima que para 2040 el reciclado aumentará a un 14%, lo cual no es ninguna solución. A la tasa actual de producción no podemos pretender que la única alternativa venga del reciclado.

¿Cuáles son las consecuencias de este sistema?

Generar esta cantidad de basura es recargar las ciudades, los sistemas de recolección, los rellenos sanitarios y las plantas de tratamientos de agua de afluentes. En todos ellos se está rebalsando el plástico, sea visible o invisible en forma de micropartículas. Las plantas de tratamiento de agua son impactadas todo el tiempo por micropartículas de plástico que se desprenden del lavado de la ropa por ejemplo. Y estamos hablando de miles y miles de toneladas. Cuando no hay plantas de tratamiento las micropartículas terminan en ríos, lagos u océanos. En la mitad del planeta no existen rellenos sanitarios y sí basurales a cielo abierto que generan grandes consecuencias al ambiente y mayor vulnerabilidad económica. Los países más poderosos, con un mayor consumo de plástico, al saber que construir un relleno es costoso, porque consume tierras y recursos, exportan su basura plástica a las naciones con menos recursos, que no tienen otra opción que construir megabasurales.

Mercado chatarra

En su ponencia en el VIII Congreso de Salud Socioambiental de Rosario afirmó que los seres humanos tenemos plástico acumulado en sangre, placenta, testículos, heces, así como lo hay en alimentos, agua envasada y de lluvia. “En el cuerpo tenemos una escala de concentración de 1-36 partículas por gramo, es decir, son muchísimos microplásticos. Las consecuencias clínicas no están claras –aunque hay indicios de los daños–, y correlacionar presencia con efectos nunca es sencillo ni unívoco, porque estamos expuestos a múltiples factores. Sí hay certezas: están presente en los cuerpos, los respiramos y los ingerimos. Llegan a nuestros órganos. Hay investigación respecto a la clínica humana, pero hace falta más. Está comprobado en un 100% por miles de estudios, que ejercen daños en modelos biológicos y tejidos celulares por los aditivos químicos del plástico, que son disruptores endocrinos o causan efectos mutagénicos o cancerígenos. Es muy común en un objeto que diga ‘libre de ftalatos’, sustancia utilizada en la fabricación del plástico que terminó siendo prohibido para uso humano por alterar las hormonas. Otro ejemplo es el Bisfenol A, que dispara la obesidad infantil. Esto se nota en países como Estados Unidos, con alto consumo de plásticos en la comida chatarra”.

¿Los aditivos químicos están regulados? 

No, cuando hablamos del mundo químico en los plásticos significan más de 16 mil sustancias, de las cuales solo mil están reguladas en tratados internacionales. Nos quedan 15 mil desreguladas, lo que genera incertidumbre en cuanto a los efectos. Para esto se necesita más ciencia independiente que regule sustancias y no un mercado que se regula a sí mismo.

Planteás que cada humano ingiere en gramos el equivalente a una tarjeta de crédito por semana, por la cantidad de microplásticos que consume sin saberlo. ¿Qué significa esa sustancia en nuestro cuerpo?

Si va a tener efectos o no sobre humanos, hasta ahora no tenemos las pruebas suficientes, pero lo que sí sabemos es que no deberíamos estar ingiriendo ni respirándolo, nosotros ni ningún organismo. No tendría que estar en el aire, en el agua, en alimentos. Ingerimos unas 45 mil partículas por año; y un número similar las respiramos, lo que da 90 mil. Si cada una pesara 0.005g serían unos 225g al año, que da 4,3g por semana, el peso de una tarjeta. En el agua envasada hay 94 microplásticos por litro, mientras que en el agua que sale de la canilla hay 4 microplásticos por litro. ¿Cómo llegamos hasta acá? En 1950 comenzó a producirse el plástico, hasta ese momento había cero millones de toneladas. Hoy, alrededor de 500 millones de toneladas anuales de plástico virgen. Desde el año 2000 a 2020 pasamos de una escala de producción de uno a dos, la duplicamos. Y solo en 2020 creció un 10%. De seguir a este ritmo, en 2050 tendremos mil millones de toneladas. No se puede sobrevivir a esta escala de producción infinita.

¿Cuáles son las estrategias para mejorar la situación?

La clave está en cambiar cómo producimos y cómo consumimos. Para cambiar lo que se fabrica urge un mercado regulado y no que se autorregula, y eso solo se conseguirá con un consenso mundial, no desde una ordenanza municipal, provincial o nacional, sobre todo cuando es un mercado 100% internacional y desperdigado. Por eso necesitamos un acuerdo global de plásticos y es lo que Naciones Unidas exhorta en su asamblea general de 2021: que los más de 200 países pacten distintos aspectos para revertir la situación.

Arias es el único científico argentino en las reuniones impulsadas por Naciones Unidas desde 2022 para lograr “un tratado global sobre la contaminación plástica”, y que finalizarán en agosto de este año. “Ya llegamos a un primer borrador completo que tiene 19 puntos, cada uno aborda diferentes facetas en la producción, consumo, comercio, seguridad química, transición, protección de las comunidades más vulnerables y los recicladores. Será legalmente vinculante y eso es importante, porque cada país está obligado a cumplirlo. Un tratado global es una gran gesta y al mismo tiempo un desafío, en el cual muchísimos intereses colisionan: las grandes petroleras influenciando a los países, y cada país con sus economías y sus intenciones de baja o alta ambición ambiental, según las exigencias de sus comunidades. Hay un bloque de más de 100 naciones con altas ambiciones, pero otro grupo que no (los países petroleros) y ahí se empantana la negociación. En Ginebra, Suiza, se hará la última sesión con todos los países presentes donde se espera consensuar un documento final”.

República plástica

La coalición de científicos que integra Andrés la conforman más de 600 investigadores que deben cumplir algunos requisitos: estar activos, tener un historial significativo en el tema y estar libre de intereses. La mayoría son científicos estatales. Richard Thompson, uno de los coordinadores de la coalición, fue quien inventó el término microplástico. Dice Arias: “En 2004, trabajando con muestras de agua y lupa en mano, descubrió que había pequeñas partículas en todos lados, y que las aves las comían frecuentemente. De ahí nació el concepto del microplástico”. Esta coalición es la encargada de confeccionar un documento con evidencias y datos, para cada delegación nacional que discute el tratado del plástico. “La responsabilidad será de cada país y no depende de ningún científico ni activista. Las delegaciones son las únicas que votan”.

¿Cuáles son los puntos clave del tratado global?

Lo simplifico: poner hitos de reducción en la producción. No queremos frenarla, pero sí necesitamos una reducción progresiva del plástico virgen. De lograrse, lo que ya está hecho –el desecho plástico– aumentará su valor, que hoy prácticamente es de cero. Si el desecho aumenta, la industria se interesará más en tratarlo, reciclarlo y reingresarlo al circuito. Otra clave es la simplificación química: menos químicos y todos seguros. Y la trazabilidad química: los productores deben declarar qué producto químico añadirán, algo que hoy nadie está obligado a hacer. Además, hay que invertir en ciencia y tecnología, en el ecodiseño de nuevas estructuras de resinas plásticas, materiales que permitan una mayor eficiencia en el reciclado, orientado a la circularidad. Del modo que hoy se fabrica es difícil reciclar, al haber muchas resinas mezcladas; cada productor intermedio le agrega los químicos que quiere, generando un cóctel impredecible. Por último: una transición justa; no se puede tratar a todos los países por igual. En las naciones más pudientes deben recaer mayores exigencias. Son ellas las que deben subsidiar a las de menos posibilidades. Si cumplimos estos puntos centrales, hay un sendero de salida a esta situación.

¿Qué rol juega Argentina en este escenario?

No escapa al modelo global de producción y consumo, de hecho el consumo de plástico es alto. Se suma a problemas en la recolección y en la exposición final en rellenos sanitarios. Hay muchos basurales a cielo abierto y cada uno es una fuente constante de emisión de plásticos al ambiente. Es una problemática en todo el sur global: Sudamérica, África, muchos países asiáticos. Además, Argentina tiene muchas diferencias entre municipios, dependiendo de las demandas de la propia sociedad. El país necesita una ley de envases que incluya el concepto de responsabilidad extendida del productor, algo que existe en varios países limítrofes. ¿Qué significa? El productor que obtiene ganancias al introducir al mercado una botella que se vende en 5 minutos, sea también responsable del destino de ese plástico vacío que ya es basura y por consiguiente un problema para la municipalidad, que debe definir qué hacer con ella.

¿Cómo es hacer ciencia hoy en Argentina?

Hablo de mí y por todos los científicos de Conicet, universidades, el sistema público de ciencia y técnica: afecta mucho este presente. En la financiación, a nivel estatal la mayoría está cortada, solamente nos queda pedir a organizaciones del exterior. En los países desarrollados que se toman como modelo económico –Noruega, Suecia, Irlanda–, la ciencia es estatal y altamente financiada, porque desde ahí surge la alimentación al mercado. Por eso, a ninguno de esos Estados se le ocurriría recortar en ciencia y educación. Pensar que un país puede progresar económicamente así es un error conceptual gigante; no sucede no solo en países del primer mundo, tampoco del segundo ni del tercero. Los científicos tienen un salario digno y acorde a su capacidad técnica, mientras acá sucede lo contrario. Ya hay muchos investigadores que renunciaron y comenzaron a cambiar de trabajo, a salir del sistema científico o a emigrar del país a buscar mejores pagas, aun al costo del desarraigo. También vemos que los jóvenes están muchísimo menos interesados en acceder a la docencia universitaria, porque el salario es paupérrimo. Se preguntan con razón: ‘¿para qué estudiar siete años, hacer cursos, estar altamente capacitado y dar clases por 200 mil pesos, que es el sueldo de un asistente de práctica hoy?’. Esto, extendido en el tiempo, termina en un decrecimiento de la población tanto docente como científica, y a mi criterio, en el colapso.

Medio ambiente y contaminación

Juicio por agrotóxicos en Pergamino: exigen penas de hasta cinco años de prisión

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Comenzaron los alegatos de un proceso judicial histórico en el que el Tribunal Federal 2 de Rosario juzga a dos ex funcionarios del municipio bonaerense de Pergamino y a cinco productores agropecuarios, además de un fumigador y un ingeniero agrónomo. La querella solicitó penas que van de tres a cinco años de prisión efectiva para los agricultores, acusados de contaminar la salud humana y el ambiente. La fiscalía estuvo en sintonía con la querella: pidió dos años de ejecución condicional para los ex funcionarios, y entre tres y cuatro para los dueños de los campos, además de exigir el decomiso de los inmuebles donde hicieron las aplicaciones ilegales. El pasado de uno de los abogados defensores como ex juez de menores en la dictadura.

por Francisco Pandolfi

Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

–Pruebas y certezas del daño que hacen los agrotóxicos, sobran. Y seguiremos luchando hasta que nadie más sufra sus consecuencias, nunca más.

Así habló Sabrina Ortiz en la puerta del Tribunal Oral Federal 2 de Rosario, minutos después de haber terminado los alegatos de la querella –de la que ella es parte– en un juicio sin precedentes en Argentina: están sentados en el banquillo de los acusados productores (Fernando Cortese, Mario Roces, Víctor Tiribó y los hermanos Carlos y Hugo Sabatini), un ingeniero agrónomo (José Luis Grattone), un fumigador (Cristian Taboada) y –lo que resulta extraordinario por lo inédito– funcionarios que debían controlar las pulverizaciones en el municipio de Pergamino: Guillermo Naranjo y Mario Daniel Tocalini.

Juicio por agrotóxicos en Pergamino: exigen penas de hasta cinco años de prisión

Las querellantes Alejandra Bianco y Sabrina Ortiz, en la puerta del juzgado junto a sus abogados Carlos González Quintana y Fernando Cabaleiro.

Desde 2007 Sabrina comenzó a denunciar: la fumigaban a 10 metros de su casa en el barrio Villa Alicia. Fue comprendiendo la mecánica de cultivos transgénicos, fumigaciones, contaminación, enriquecimiento de productores y enfermedades para la población expuesta. En 2011 alzó más la voz, cuando las fumigaciones la intoxicaron y le hicieron perder su embarazo de seis meses. 

Luego sufrió dos ACV. 

Luego se confirmó que tanto ella como sus pequeños hijos tenían agrotóxicos en sus cuerpos, lo que explicaba las enfermedades que padecían. 

Luego, ante la ausencia de abogados que tomaran su caso, empezó a estudiar derecho y se recibió en 2018, cuando inició la causa penal (Cortese Fernando Esteban y otros s/envenenamiento). El 4 de febrero pasado –8 años después–, empezó este juicio que incluyó la declaración de 52 testigos en 16 audiencias de la etapa de instrucción, y que acaba de entrar en la recta final: los alegatos.

Pruebas de sobra

El turno de la querella ocurrió este miércoles 27 de mayo. En la sala, Sabrina parece calma, confiada. Y un poco cansada. Cada tanto, hace anotaciones en un papel. “Se hizo eterno todo este proceso”, le dirá luego a lavaca. Junto a ella está Alejandra Bianco, también víctima, querellante y vecina. Los abogados Carlos González Quintana y Fernando Cabaleiro tomaron la palabra por casi tres horas. Algo de lo mucho que explicaron para fundamentar la acusación. 

–Probamos las responsabilidades penales concretas de los acusados y sus delitos hacia el ambiente –agua, aire y suelo– y a las personas expuestas. Demostramos que no fueron hechos aislados sino una práctica sistemática y catastrófica para la salud física y emocional; el veneno ingresaba por las hendijas de las casas, cerraduras, canillas, haciendo un cóctel terrorífico de moléculas de agrotóxicos con altísimo grado de peligrosidad en barrios sometidos a una exposición crónica.

–Esto lo confirmaron pruebas obtenidas de pericias rigurosas y testimonios de científicos que atestiguaron, como el doctor en ciencias químicas Guillermo Hough: certificó que en los pueblos fumigados hay una prevalencia de cáncer del 36% más que en otros territorios.

–En este juicio, además de enfermedades también hablamos de muertes, como la hija de Paola Díaz –una de las vecinas denunciantes– que murió de leucemia a los 11 años; o de Florencia Morales, vecina fallecida en 2023. Los productores tenían conocimiento de que estaban enfermando.

–Nos hubiera alcanzado con mostrar la distancia que no cumplían (la ordenanza vigente en ese entonces era 100 metros de exclusión desde el área urbana), pero fuimos más allá y nos sobró prueba para demostrar la vinculación directa entre las fumigaciones y el daño, lo que encamina a este juicio a sentencias condenatorias.

Reducción de daños

–El municipio de Pergamino quiere volver a la ordenanza que limitaba las fumigaciones a 100 metros de distancia del ejido urbano y descartar la prohibición actual de 1095 metros, ordenada por una medida cautelar. Desde que rige esa orden judicial hubo una reducción drástica de agrotóxicos en cuerpos y ambiente. Pedimos que este tribunal se expida en contra de esa regresión y que la medida cautelar vigente se amplíe a todas las escuelas rurales.

–La ahora ex secretaria de Salud de Pergamino, María Martha Perretta, confesó que el municipio no cumplió ninguna ordenanza en el cuidado del ambiente. 

–Las fumigaciones se hicieron en una clandestinidad total, de madrugada, fuera de toda legalidad, a diez metros de las viviendas, sin recetas agronómicas y sin avisar cuándo fumigaban. Así trabajaban los productores juzgados, y así también quienes debían controlarlos.

–Guillermo Naranjo era el director de la Dirección de Ambiente Rural de Pergamino y en el juicio confesó que en muchas ocasiones no iban a controlar (junto al auditor Mario Tocalini) porque ya había un ingeniero agrónomo contratado por el productor. O sea, admitió que el poder de policía del Estado se lo otorgaban a un particular. Así quedó demostrado la discrecionalidad de los funcionarios y que no hubo eficacia en el control; cada productor hacía lo que quería con las aplicaciones.

Juicio por agrotóxicos en Pergamino: exigen penas de hasta cinco años de prisión

Los jueces Román Pablo Lanzón y Eduardo Daniel Rodrigues Da Cruz y la jueza Elena Beatriz Dilario.

50 y 50

Detrás de donde me siento a escuchar la segunda jornada de alegatos, cuatro mujeres preguntan por el medio de comunicación en la se publicará esta nota. A su modo, ejercen la defensa de los imputados. 

–¿Vas a cubrir también lo que diga el alegato de la defensa? Porque esto es un cincuenta y un cincuenta, eh…

Lo que alegó la fiscalía

La audiencia de este jueves comenzó con el alegato del Ministerio Público Fiscal, representado por el fiscal Federico Reynares Solari. 

–En la inspección ocular realizada en Pergamino, vimos la ósmosis entre los campos y las viviendas. Me llevó a pensar cómo vivieron los vecinos fumigados tanto tiempo ahí, porque la Justicia llegó con los hechos ya sucedidos. Para que el discurso de las víctimas haya llegado a juicio, queda claro la potencia que tiene, porque las condiciones de producción de ese discurso eran adversas.

–El municipio de Pergamino, además de querer deslegitimar el reclamo, no tuvo en sus prioridades la gestión ambiental. Y la respuesta penal tampoco fue la adecuada: esto empezó en 2018, se podía haber tratado antes, hubiese sido más sano para todos.

–Quedó claro que se superó el estándar de peligrosidad para el ambiente y eso generó una eclosión en los cuerpos de las personas. No hay explicación alternativa. El daño genético que tiene el hijo de Sabrina Ortiz no lo causó el haber tomado detergente del pico…

–No hay ninguna evidencia científica que vaya en la dirección contraria al planteo de las víctimas. Hubo un desprecio por la salud humana y lo peor no fue el uso de agroquímicos, sino el no tener en cuenta a las personas que podían hacerles daño. Las personas juzgadas son personas expertas en sus rubros, no hubo error, sabían lo que hacían.

Pedido de condenas

La querella solicitó 5 años de prisión efectiva y 10 de inhabilitación profesional para los productores Fernando Cortese y Mario Roces y para el ingeniero agrónomo José Luis Grattone, sobre quien se subrayó su conocimiento técnico y profesional como agravante. A Cortese le atribuyeron un rol central en las fumigaciones, además de haber amenazado al papá de Sabrina Ortiz. A Roces lo acusaron de amenazas, hostigamientos y de haber asesinado al perro de Sabrina, como forma de amedrentamiento. Pero Sabrina no se calló.

Para Víctor Tiribó se solicitó una pena de 4 años de cárcel efectiva –y no 5–, “por ser el único con una postura reflexiva ante las denuncias y haber dejado de producir con venenos en su campo”

A los hermanos Carlos y Hugo Sabatini –por habérseles probado un solo hecho de contaminación– se les pidió 3 años y el doble de inhabilitación para producir. Para el fumigador Cristian Taboada no se exigió condena por trabajar al servicio de un productor y tener un rol secundario.

La fiscalía estuvo en la misma sintonía con la querella, aunque un escalón por debajo: pidió dos años de ejecución condicional para los ex funcionarios, y entre tres y cuatro para los agricultores, además de exigir el decomiso de los campos donde hicieron las aplicaciones ilegales y de las máquinas fumigadoras. “No es una mera sanción económica el decomiso de los inmuebles, sino una reconversión ambiental, una eco recuperación y una manera de neutralizar una fuente de peligro”, explicó el fiscal Reynares Solari. 

A los ex funcionarios del municipio de Pergamino, Guillermo Naranjo y Mario Tocalini, titular y auditor de la Dirección de Ambiente Rural, 2 años de ejecución condicional y 4 años de inhabilitación. No se pidió prisión efectiva por considerar que estaban insertos en un distrito “que no tenía una política activa en prevención de los hechos”.

Un defensor ex juez en la dictadura

Al finalizar el alegato de la fiscalía, comenzó el de la defensa. Tomó la palabra el abogado Juan Carlos Marchetti, que patrocina a cinco de los acusados: los productores Sabatini, el fumigador Taboada y los ex funcionarios Naranjo y Tocalini. En su intervención, dijo que anteriormente fue juez. En efecto, fue juez de Menores de la ciudad bonaerense de San Nicolás durante la dictadura, y quien impidió durante veinte años que Manuel Gonçalves Granada (nieto 57 restituido) conociera su identidad tras entregarlo en 1977 a amigos del marido de su prima.

Juicio por agrotóxicos en Pergamino: exigen penas de hasta cinco años de prisión

El abogado delante de los imputados. El Dr. Juan Carlos Marchetti fue juez de la dictadura. Impidió durante dos décadas la restitución de identidad a un nieto desaparecido. Es abogado además de corporaciones fabricantes de agrotóxicos.

Marchetti, además, representa jurídicamente a la empresa Atanor, la principal productora del país de tres herbicidas tóxicos –glifosato, atrazina y 2,4D–, con la que contaminó el río Paraná. https://lavaca.org/mu181/tuve-tu-veneno-contaminacion-en-san-nicolas/

Ilustrados

Marchetti pidió la absolución para sus cinco defendidos. Dijo que no hubo delitos y que las acusaciones parten de premisas falsas.

Para defender a los ex funcionarios, echó la culpa hacia arriba, al municipio gobernado por Javier Martínez, del PRO/ Juntos por el Cambio, desde el 2015. Dijo que trabajaban con precariedad de recursos, que eran solo dos personas y tenían un auto para moverse en 10 mil hectáreas que abarcaba la prohibición de las fumigaciones. No podían evitar la acción del productor, había una imposibilidad material. Además, tenían sueldos exiguos”. Y agregó que hoy mejoró el resguardo del ambiente: ya no hay dos personas en el área, ahora hay tres.

Para defender a los productores y al fumigador, Marchetti –traje gris oscuro, brilloso, camisa, corbata, peinado raya al costado– usó una misma palabra: “ilustrado”. “Señores jueces, deben verle las manos a los hermanos Sabatini, no hay ilustración. Es el perfil de la gente honesta, sana, incompatible con un acto de malicia”. Sobre Taboada: “Es un hombre simple que seguía instrucciones, trabajador, un peón de campo no ilustrado”.

Para que no se vuelva a repetir

Como cierre del alegato querellante, el abogado Carlos González Quintana resumió:

–La sentencia puede ser histórica, crear un precedente, una doctrina para que no se vuelva a repetir y no llegar siempre con los hechos consumados. Tuvimos testimonios, pericias, documentos, una convergencia de vecinas y vecinos de distintas clases sociales denunciando la misma práctica, expuestos por más de una década bajo la responsabilidad de los acusados. 

Y compartió una estrofa de la canción Preguntitas sobre Dios, de Atahualpa Yupanqui.  

Hay un asunto en la tierra

Más importante que Dios

Y es que naide escupa sangre

Pa’ que otro viva mejor

Y es que nadie escupa sangre

Pa’ que otro viva mejor.

La canción fue una premonición en muchos sentidos. Yupanqui era pergaminense, como Sabrina Ortiz y tantas madres de barrios fumigados, y tantas vecinas y vecinos que esperan el veredicto que se calcula se conocerá a mediados de junio.

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