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Hattrick: Pasión de cibernautas

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Un juego de estrategia que reune a un millón de personas en el mundo y en Argentina, 40 mil. El DT de la Selección Nacional es un estudiante de derecho que movilizó la solidaridad de esta comunidad global.

Hattrick: Pasión de cibernautas

Nicolás Ierino mira por televisión el partido de Boca mientras juega al fútbol por la computadora. Ni siquiera manipula un joystick. Simplemente piensa una estrategia y la escribe con la esperanza de que su equipo, Havencloud, tenga una gran actuación en el partido del próximo domingo. Por el desempeño de su plantel y por su comprometida participación, Nicolás fue elegido director técnico de la Selección Argentina de Hattrick, un juego virtual que simula el mundo de la pelota, al que ya se suscribieron un millón de cibernautas en el mundo, 40.000 de ellos residentes en el país, que conforman una verdadera cofradía solidaria.
Diseñar un equipo de Hattrick implica contemplar muchas variantes. Hay que comprar y vender jugadores, hacerlos entrenar durante la semana, delinear la formación titular y su estrategia, acordar salarios con los empleados del club, negociar con los sponsors, construir o reformar estadios y administrar la economía de la entidad deportiva que cada participante –denominado mánager– crea. “Somos una especie de mezcla entre el Coco Basile y Julio Grondona”, sintetiza Nicolás.
Como en la vida real, la economía de estas instituciones virtuales cobra un peso determinante en el juego y condiciona el resto de las variables. Con los bolsillos llenos será posible comprar mejores jugadores y habrá mayores chances de ganar partidos y premios en efectivo. De esta manera, se incentivará al público a asistir a la cancha y aumentará así la recaudación. A su vez, si todo esto ocurre, los sponsors invertirán más dinero en la camiseta y en la publicidad estática del estadio.
“Como en el fútbol verdadero, el que más tiene cuenta con mejores equipos. Pero hay que saber cuándo comprar y cuándo vender un jugador. Los jugadores mejoran su nivel y su cotización con los entrenamientos semanales. Pero nunca los tenés que hacer entrenar tanto como para no poder pagarles el sueldo de tanto que valen”, advierte Nicolás. El entrenador sabe de qué habla. Los tres primeros equipos ganadores de la Hattrick Masters –el torneo internacional que reúne a los campeones de todos los países– abandonaron el juego inmediatamente después de salir campeones, porque sus equipos cayeron en bancarrota debido a los elevados costos que implicaba mantener planteles colmados de estrellas.
Los jugadores se compran y venden en subastas: durante tres días se ofrecen online y el mejor postor se los lleva. Cada uno tiene características distintas, más allá de sus posiciones (delanteros, mediocampistas, defensores, arqueros o polifuncionales). Pueden ser habilidosos, cabeceadores, malintencionados, deshonestos, rápidos o tan imprevisibles que son capaces de hacer un gol de media cancha y darle también una pizca de azar al juego. Cada jugador virtual puede tener ocho niveles de habilidad diferente y cada siete semanas de entrenamiento asciende uno, lo que implica mejorar tanto su calidad como su cotización. Los entrenamientos pueden ser de pelota parada, de defensa, de ataque o, incluso, motivacionales. “Eso puedo funcionar para un partido –asegura Nicolás–, pero después que se desmotivan están igual que al principio: no mejoraron su técnica ni su valor. A lo mejor está bueno para una final, que es un partido a todo o nada.”

Nace una estrella
El Hattrick nació en 1997, cuando el sueco Björn Holmer necesitaba poner a prueba un nuevo software de bases de datos y se le ocurrió hacerlo –para que la actividad resultara más divertida– mediante un juego en el que se simulara la gestión de un equipo de fútbol. Esa misma base de datos es la que se encarga de ponderar cada una de las variables: entrenamiento, selección de jugadores, táctica de juego, gestión económica, etcétera. Si el manager las utilizó con mayor inteligencia que su rival, será premiado con la victoria, de lo contrario conocerá el sabor amargo de la derrota.
En sus comienzos, Hattrick era un simple juego entre amigos que se difundía boca a boca. Pero en el año 2000 la empresa Extralivesab decidió invertir en este entretenimiento virtual para desarrollarlo y masificarlo. Actualmente existen 110 ligas nacionales y ya fue traducido a 40 idiomas. El país con mayor cantidad de participantes es España (casi cien mil), mientras que Irak es el que menos tiene, con apenas 9. Y en Lisboa, la capital de Portugal, ya se abrió el primer Hattrick Café.
Cada liga de Hattrick se organiza con doce categorías: los dos primeros de cada una ascienden, mientras que los dos últimos descienden. La Primera cuenta con ocho equipos que disputan partidos de ida y vuelta. La temporada dura 16 semanas y todos los domingos hay fecha. También se juegan partidos amistosos entre semana. Los campeones de cada país participan de un torneo entre sí y cada nación, a su vez, tiene una selección mayor y otra sub 20. “Al revés de lo que muchos podrían pensar, Argentina no es una potencia. No podemos competir con los suecos que llevan diez años entrenando jugadores”, se justifica Nicolás. De todas formas, al dt virtual no le va tan mal desde que asumió: lleva 8 partidos ganados y dos empatados. Su estrategia, dice, es poblar de jugadores el mediocampo, para que el rival no toque la pelota.
Durante la semana, el manager da las instrucciones, tanto deportivas como económicas, y el domingo en la cancha se ven los pingos. El partido dura 90 minutos y se puede seguir online mediante un texto corrido que aparece en la pantalla y cuenta el partido de una manera muy similar al relato radial (la Federación de Málaga los relata por una radio de Internet).
Jugar al Hattrick es gratuito, pero con un pago adicional los usuarios pueden acceder a ciertas funciones que, si bien no inciden en el resultado de los partidos, hacen más atractiva la participación: se puede elegir color de camiseta, escudos institucionales, visibilizar las caras a los jugadores o ponerle nombre a la hinchada.
Dentro del propio juego existe también un foro donde la comunidad intercambia tácticas y estrategias. Sólo hay algunas cuestiones que los códigos hattrick prohíben debatir: la política, la religión y, aunque parezca mentira, el fútbol real. “Sería imposible, la mayoría es fanática de sus equipos”, argumenta Nicolás y agrega: “La comunidad es bárbara, te soluciona cualquier problema”.
Él conoce a fondo la solidaridad de la comunidad hattrick. Hace un año le detectaron un cáncer del sistema linfático y a la brevedad los fanáticos del juego propusieron organizar una colecta para costearle los medicamentos, que le cuestan 12.000 pesos mensuales. Finalmente, no hizo falta porque la obra social se hizo cargo de todos los gastos. Jugadores rosarinos le enviaron una pelota firmada y otros fanas santafesinos lo fueron a visitar mientras estuvo internado.
La comunidad hattrick permanentemente organiza actividades presenciales: se reúnen en una pizzería, en una disco o en una cancha de fútbol cinco de Belgrano para jugar algún picado. También se realizaron encuentros que llegaron a convocar hasta cien personas en torno a un infaltable asado en el Parque Sarmiento. Algunos –que son hinchas del mismo equipo en la vida real– se reúnen en las tribunas de cemento para ver fútbol: la hinchada de Vélez hasta tiene una bandera que los identifica. Y ya sueñan con inscribir su equipo de carne y hueso para que comience en primera d de la Asociación del Fútbol Argentino. En todos estos encuentros Nicolás ocupa un lugar central. Cada dos temporadas se realizan elecciones para determinar quién es el entrenador de la selección nacional y este estudiante de derecho cosechó más de mil votos que lo ungieron en el Coco Basile virtual.

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