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Brigada Eva

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Eva Giberti. Sus febriles 78 años la encuentran dando un salto: de referente feminista a funcionaria del Ministerio del Interior. Aquí comparte los misterios de ese trayecto.

Brigada Eva“¿Eva Giberti?… ¡Me acuerdo cuando enseñaba a masturbarse por televisión!”. El comentario aparece y no sé si es un recuerdo riguroso, cierto, pero, ¿cuánto importa? En todo caso lo que marca es otra cosa: cómo Eva Giberti es un nombre asociado al gusto por desacomodar las cosas; la figura de una señora que corrió los muebles de lugar, un poco a lo kamikaze, y se convirtió por eso en un mito al uso argentino (y femenino): Giberti es desde “la que planteó que Freud no había acertado una sobre las mujeres” hasta “la primera que defendió el derecho de los homosexuales a adoptar”.
Ahora tiene 78 años y está haciendo algo extraño para su edad y su historia: es funcionaria.
Cuando vamos al Ministerio del Interior para verla, resulta que ocupa la oficina 700 (el número puede dar una pista de lo que son ciertas reparticiones públicas). El despacho tiene un escritorio, una computadora de pantalla chata como un papel, una biblioteca con sus libros y nada más. Las paredes están lisas y peladas, sin cuadros, tan despojadas que parecen más blancas. Me pregunto por qué.
Eva nos prometió una hora de entrevista, pero va a hablar mucho más. La ventaja con ella es que hablar no le cuesta (“cuando empecé a hacer televisión, en Canal 7, prendían la cámara y me decían: hablá 15 minutos”); la desventaja es que resulta difícil adaptar la oreja a los nuevos tonos de su discurso. Así, elogia durante unos minutos interminables a Aníbal Fernández, cuenta cosas reveladoras sobre la prostitución infantil, dice que acá está “en el riñón del poder”, repasa tramos clave de su vida: la fama temprana, el encarcelamiento de su hijo, la soledad. Cuando no se acuerda de un nombre después de una hora de entrevista, se impacienta:
–Falta de memoria: es la tercera edad.
Así pasa otra hora, y media más. Habla, y en la antesala un comisario espera ser recibido. Ella sale a disculparse dos veces por la demora. Cuando la entrevista termina se cumplieron casi tres horas y el comisario ya no está.
 
El periodismo
Eva nació en Buenos Aires el 21 de mayo de 1929. Su primer título fue el de maestra normal, pero se hizo conocida como periodista a principios del gobierno de facto de Pedro Eugenio Aramburu. Estaba recién divorciada, (“Hernán tenía tres años”, recuerda), todavía no se había recibido de psicóloga pero ya era asistente social y para mantener al hijo había empezado a trabajar en la revista Mundo Argentino.
Una denuncia sobre malos tratos a los adolescentes detenidos en la Colonia Hogar Ricardo Gutiérrez la llevó a ofrecerse para investigar el caso. Aprovechando su condición de asistente social, entró a la Colonia y la recorrió con dos fotógrafos: “Fuimos un domingo porque sabíamos que el director no iba a estar”. Durante la visita, con la guía de los internos, se las ingeniaron para llegar a las celdas de castigo. Los fotógrafos tomaron imágenes de los chicos golpeados. “Hicieron fotos de las espaldas marcadas y además, encontraron los chicotes que los celadores usaban para azotarlos, unas lonjas de cuero crudo manchadas con sangre”. Las robaron: uno de los fotógrafos las sacó ocultas en la caja de su cámara.
Esa noche la revista publicó la primera de una serie de notas con el título “Operación Desamparo”. “Nos llaman de la Casa Militar, nos dicen que no iban a tolerar ese tipo de prensa amarilla y que el Presidente quería vernos. Aramburu había asumido hacía poco y éramos bastante inconscientes, no hacíamos una lectura política de la situación. Vamos a la Casa de Gobierno y Aramburu nos dice que lo que habíamos hecho era poco serio. Entonces el fotógrafo abre su caja y pone los cueros con sangre sobre la mesa. Aramburu se quería morir”.
Al año siguiente fundó la sede argentina de Escuela para Padres, que introdujo el psicoanálisis en los medios. La Escuela empezó como una columna en el diario La Razón –que en esa época tenía una tirada masiva de 500 mil ejemplares–, y reuniones con los padres a nivel privado; tenía un enfoque crítico del autoritarismo en los colegios y en las familias.
Eva seguía con las investigaciones sobre la violencia. Por ejemplo, mientras trabajaba en los consultorios externos de la Cátedra de Pediatría del Hospital de Niños armó una encuesta sobre si las madres les pegaban a sus chicos. Para abarcar a todos los sectores sociales, extendió el estudio a consultorios privados. Había supuesto que ninguna encuestada reconocería el castigo, o que lo disimularían. Pero sorprendentemente no fue así: las madres admitían los maltratos e incluso describían de qué manera los llevaban a cabo. “Vimos cómo los castigos formaban parte de una pauta cultural transmitida de padres a hijos, respaldada por la necesidad adulta de expresar agresividad y aceptada como una forma de educación”.
 
Los mitos
La Escuela existió desde 1957 hasta 1973. En el medio, Eva hizo televisión (Buenas tardes, mucho gusto; Sábados circulares de Mancera), formó pareja con el pediatra Florencio Escardó –25 años mayor que ella– y tuvo a Vita. Su segunda hija nació de parto vertical, en cuclillas, para pujar mejor. Giberti había cuestionado lo artificial del parto horizontal, cómodo para el médico pero no para la madre ni para el niño. Fue unos de los primeros nacimientos de este tipo realizados en las clínicas argentinas.
Las fotos de la época la muestran con una belleza altiva. Ya era reconocida por su pelea por la igualdad de género y los derechos de los niños y acumulaba premios por su labor periodística y televisiva. Le pregunto por aquello de enseñar por televisión a masturbarse “Que enseñara no; eso es algo que la gente tiene que aprender por su cuenta –contesta–. ¡También dicen que yo decía que estaba bien que los chicos saltaran sobre los sillones!”.
¿Y no es verdad?
¡Nooo!, jamás lo dije en la vida. Es que cuando entrás al mito te hacen decir cualquier cosa.
¿Qué significaba, entonces, en aquellos años trabajar cuestiones de género?
En la década del 60 los artículos sobre la mujer eran agitativos, no había estudios desarrollados, así que escribía desde la indignación. Por ejemplo, a principios de los 70 hice una nota en Damas y Damitas, que dirigía Julia Constela, diciendo “la virginidad es un estado del alma”, con una descripción de lo que es el himen. Y secuestraron el número. Después creamos el primer movimiento de psicoanálisis y género, éramos jugadas porque en esa época el psicoanálisis era sagrado. Metimos una cuña fuerte contra el trabajo psicoanalítico ortodoxo, ese de la inferioridad de la mujer y otros disparates freudianos.
 
La cárcel
En 1973, su hijo Hernán Invernizzi fue detenido cuando estaba haciendo el servicio militar, acusado de abrir las puertas a un grupo del Ejército Revolucionario del Pueblo que intentó copar el Comando de Sanidad del Ejército. Lo condenaron a cadena perpetua. En la casa de Eva el teléfono dejó de sonar. “Me quedé con cinco amigos. Toda la gente de radio y televisión, el periodismo, nunca me volvieron a llamar, ni siquiera para preguntar si estaba resfriada”.
Empezó otra época, de visitas a la cárcel. “Íbamos con Vita a Magdalena. Como el penal quedaba más cerca de La Plata, nos instalábamos en un hotel los viernes para poder visitarlo el fin de semana, hasta que el propio Hernán nos avisó que se estaban llevando mucha gente en La Plata”.
De las visitas y las requisas a los familiares (Hernán pasaría también por Caseros y Devoto) Eva escribió Mujeres carceleras, un grupo en las fronteras del poder. “Fue una de las mejores cosas que escribí en mi vida, un folleto totalmente psicoanalítico, pero en el que pude describir las requisas y el modo de funcionar de las guardiacárceles. Lo editó la apdh”.
Cuando volvió la democracia, Hernán cumpliría un récord como preso político, al pasar 12 años y nueve meses privado de su libertad. Eva, que había acompañado a Madres y Abuelas desde los tiempos difíciles, eligió como nuevo abogado defensor a Florencio Varela, un ex funcionario de la dictadura. “Yo había tenido como primer defensor al coronel Luis Perlinger que patrocinó a Hernán como soldado y él mismo después fue preso; después hubo un par de abogados de derechos humanos que se acercaron, pero era un caso de justicia militar, era muy complicado y en esa época no era fácil representar a un preso político, no era que estuvieran todos locos por hacerlo. Entonces mi abogado personal me propuso consultar a Florencio Varela. A esa altura iba a ver a quien fuera. Me valió, por supuesto la hostilidad de la gente de los organismos de derechos humanos, cosa que yo puedo entender, pero había que sacarlo a Hernán de la cárcel”.
 
El programa
En el programa Las víctimas contra la violencia que hoy coordina, una de las medidas que implementó fue la creación de una Brigada Niños y Niñas, un patrullero camuflado que sale a recorrer las calles.
¿Hay más prostitución infantil?
Sí, hay más.
¿Por qué?
Porque son los clientes los que están en crecimiento. O sea, la convicción de los sujetos de que pueden disponer de las nenas es una convicción en aumento. No sólo acá, sino en el mundo.
¿Cómo son los prosituyentes?
No hay un perfil, quiero decir que puede ser cualquier padre de familia o cualquier muchacho que crea que así le es más fácil. Cuando un sujeto se interesa por una niña de 12 años en realidad lo que busca es eliminar a una testigo de su sexualidad, porque si vos le pagás a una mujer que ejerce la prostitución, la mujer es una testigo inteligente de lo que vos hacés. Se trata de una sexualidad que tiene más que ver con el goce del abuso del poder que con la sexualidad en sí.
 
La brigada está integrada por una psicóloga, una asistente social y dos policías que salen de recorrida con una camioneta camuflada. Cuando encuentran un auto que trata de acercarse a una nena o cuando la nena ya subió y está teniendo sexo, la camioneta se acerca, bajan dos oficiales de policía, golpean la ventanilla y detienen al prostituyente. Lo más difícil, cuenta Giberti, es la reacción de las niñas. “Son víctimas que no saben que son víctimas, ni se dejan tratar como víctimas. Forman parte de un problema grave porque lo que hacen es pedirnos que nos vayamos y las dejemos ‘trabajar’ tranquilas”.
¿Entonces?
Lo único exitoso es que detenemos al tipo, y es relativamente exitoso porque los jueces tienden a liberarlo.
 
Al problema con los jueces lo vieron desde la primera intervención. “Fue a una cuatro por cuatro en la que iba un señor. Las colegas ven que sube una niña, los policías bajan, golpean el vidro, ‘identificación, Policía Federal’. Ahí descubren que la niña, que debía tener 14 ó 15 años, era travesti. Ella salta por la puerta de atrás, pierde un zapato y se va corriendo. El señor estaba in fraganti, porque la evidencia de su pantalón era indiscutible, así que lo llevamos detenido por corrupción de menores, pero el juez lo liberó”.
Poco después se toparon con lo mismo al detener a una cafishia. “Las colegas ven el movimiento de las chicas en la esquina, miran en los alrededores, localizan a una señora en la cuadra que les parece sospechosa. La detienen y la señora tiene una lista con los nombres de todas las chicas, ésta cien, ésta debe tanto, etc. Y al juez no le pareció que esto fuera algo digno de ser investigado, aunque la señora era evidentemente una rufiana. Y lo que finalmente pasó fue que los rufianes se dieron cuenta de que es un peligro tenerlas en la calle porque nosotras llegamos, entonces, ¿qué han hecho? No están más en la calle. Las nenas están en un boliche con un celular. Las llaman y hacen la cita en un departamento que está metido dentro de un consorcio. Las han sacado de la calle”.
 
El poder
Misterios del poder: Giberti dice que le dan todo lo que pide, pero al final de la entrevista, mientras hacemos las fotos, le pregunto por las paredes sin cuadros. Qué raro que no tenga ninguno. “Traje una reproducción de Pettoruti. ¡Pero no consigo que lo cuelguen!”, confiesa. Hago la cuenta: asumió en marzo de 2006.
¿No pasa lo mismo cuando pide algo más arriba?
No, no. Me dan todo. Esto es estar en el riñón del poder. (Acá siguen cinco minutos de elogios para el ministro Fernández)
Así que no encontró ninguna…
No, no: acá la única complicación que encuentro es que no conozco de Derecho Administrativo. A veces hay cosas que quiero hacer rápido y los tiempos administrativos son lerdos.
 
No da más detalles; rechaza toda posibilidad de meterse en el tema: “Yo entré a este Ministerio ya siendo Eva Giberti, por lo cual fue muy fácil para mí levantar el teléfono, llamar a determinada gente, a jueces, toda gente amiga o que si no es amiga me atiende. Así hice la gestión, llamando por teléfono”. Le comento que en la página oficial del Ministerio aparece como “socióloga”. “Ya lo vi (se pone de evidente mal humor) Pero no lo escribió el Ministerio, sino un periodista para un diario de la provincia de Buenos Aires”.
 
Las denuncias
El programa tiene tres brigadas: además de la Brigada Niños y Niñas, hay otra contra la violencia familiar que asiste a la gente en el momento mismo de la violencia, en la calle o en el domicilio, y la tercera interviene en comisarías, cuando llega la víctima de violación. Acompañan a las mujeres para que mantengan la denuncia y el violador sea identificado; se aseguran de que reciban la píldora del día después y el kit contra infecciones. “Trabajamos en la calle. Por ejemplo, cuando nos llaman para denunciar un hecho violento –puede llamar la víctima, una escuela, los vecinos–, llega primero el patrullero porque si el sujeto está armado hay que desarmarlo y pegadito llegamos nosotros, y ahí hacemos un acta, vemos si hay que serenar, si hay que llamar al same, nos subimos a la ambulancia con ella, le buscamos un refugio si es necesario. Trabajamos en la urgencia, no somos una oficina de asistencia a la víctima.
¿Por qué?
Porque el Gobierno de la Ciudad ya las tiene, ¿por qué vamos a repetir? Ponemos toda nuestra energía en lo que no existe.
 
Las estadísticas mostraron que el 56 por ciento de las víctimas de violencia son mujeres, más un 15 por ciento de niñas y un 15 por ciento de niños. Hay un 9 por ciento de hombres y en el 5 por ciento de los casos restantes no hay una distinción clara entre el agresor y la víctima. “Es decir que se da lo que se denomina violencia cruzada”. Los datos corresponden al período entre noviembre de 2006 y marzo de 2007, en el que atendieron 453 casos. Como el programa es nuevo, no se ha medido todavía si hay una tendencia a denunciar más los hechos de violencia que antes.
Al armar las brigadas, Giberti encontró que lo más difícil era conseguir gente preparada para trabajar en la calle. “Necesitaba cien personas de base, entonces colgué en Internet el pedido que decía ´psicólogos y trabajadores sociales, con matrícula´. A la primera llamada hubo 5 mil currículums. Bueno: a mí me costó llegar a rescatar cien”.
¿Cuál fue el problema?
Que las universidades no forman gente para trabajar en terreno, mucho menos para trabajar con víctimas. Las niñas prostituidas no existen en el plan de estudios, como no existe la trata de personas. Hacíamos entrevistas a gente con currículums maravillosos, pero cuando empezábamos el diálogo veíamos que tenían la cabeza llena de escuela francesa y ni idea de su país. Las facultades son guetos en los que la gente se forma para trabajar exclusivamente en el consultorio.
 
La entrevista ya está terminando. Antes de irnos, pedimos ver el centro de atención telefónica del programa. Una secretaria nos acompaña por el interior del edificio. El Ministerio tiene una arquitectura desconcertante: un ascensor moderno, pasillos con olor a hospital, una escalera de mármol que no conduce a ningun lado (sería más exacto decir que desemboca en un pedazo de cielorraso agujereado). Finalmente, llegamos a la sala donde dos psicólogos esperan los llamados. No es nuestro día de suerte. En el rato que estamos el teléfono no suena. Me pregunto cuánto podrá hacer Giberti en este lugar. ¿Hacía más antes? ¿Cómo miraría aquella Giberti de 30 años a la actual? Ella dice que en el cargo aprendió a esperar. “Yo siempre he sido una persona de presionar, pero ahora, acá, la necesidad me está enseñando a ir con ciertas estrategias”.
¿Por ejemplo?
Si quiero allanar un prostíbulo donde hay chiquitas, puedo allanar ya, pero si le pido a inteligencia de Gendarmería que siga a la red, es posible que cuando finalmente allane, allane en firme..
¿Qué le dio más poder, este lugar o…?
(Giberti no deja terminar la pregunta y anticipa su respuesta) Esto me dio un ejercicio del poder protegido. Éste es un tipo de poder que yo desconocía.

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